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SÓNAR 2014: MANUAL DE USO

De entre la miríada de propuestas del próximo Sónar, hemos escogido doce nombres para no perderse si te gusta la buena música electrónica. Si además vives en Barcelona, no acudir a alguno de estos espectáculos empezaría a rozar el pecado. Como es sabido, el Sónar es un evento cultural urbano mundialmente conocido, pionero en su concepciones pasadas y presentes, que recoge cada año las mejores propuestas audiovisuales del momento. Y ya se puede decir así, audiovisual, sin que suene a rancia diapositiva o transparencia, o a videoarte ombliguista. Especialmente con una serie de propuestas como las de Platikman, Audion o Massive Attack, que trascienden el campo de la música para penetrar de lleno en el mundo de las imágenes y de las ideas. Siempre con ese punto hedonista o de entretenimiento que requiere todo arte que quiera llegar también al corazón. Ahí va nuestra selección subjetiva, incompleta y jamás aleatoria.

Massive Attack

Ya hemos hablado extensamente del grupo de Robert del Naja (3D) y Grantley Marshall, cuyo pespectáculo re-diseñado junto al vitriólico documentalista Adam Curtis será presentado en las instalaciones del Sónar y, al mes siguiente, en el Low Festival de Benidorm. Dos ocasiones que nos brinda el destino para repasar muchos de los temas clásicos de los de Bristol y su opinión sobre la realidad. Comprobaremos qué grado de conspiranoia tienen estos magos de la música para películas inexistentes que un día se llamó trip hop.

Plastikman / Richie Hawtin

La música de Richie Hawtin oscila entre lo que alguien en un momento de debilidad podría calificar de auténtica monotonía techno y otros de un minimalismo sólo al alcance de los mejores orfebres del silicio. De lo que pocos dudan es de su capacidad para reinventarse estéticamente con ese duendecillo danzarín que siempre ha utilizado como logo y dar a la vez continuidad a su arriesgada concepción del techno. “Objekt”se erige como uno de los momentos álgidos del próximo Sónar. Motivo suficiente para viajar todavía sin pasaporte a la inagotable ciudad natal de Cobi y gastarse los cuartos. Si la bolsa sona, también lo hace el Sónar (siento haberme puesto así).

Trentemøller

Desde Dinamarca con amor llega Anders Trentemøller, poco tiempo después de sorprender a sus fans con “Lost”(2013). Un disco que se unía tardíamente a la corriente mainstream del pop-rock-country-blues tecnificado (lo de country viene por la colaboración con Low en “The Dream”, primer tema del álbum) que abuelos del género como Depeche Mode, a quienes llegaron a telonear el año pasado en la gira de “Delta Machine”, han venido practicando durante casi treinta y cinco años. Eso no significa que los turbios pasajes ambientales del danés hayan pasado definitivamente a la historia. Todo se verá.

 

James Holden

Uno de los mejores discos de electrónica de 2013 fue “The Inheritors”, de James Holden. Publicado por Border Community, sello de su propiedad, el segundo álbum con temas propios de este inquieto músico británico demostraba al mundo que la electrónica no es una arma unívoca, que puede utilizarse imaginativamente si se cuenta con la sensibilidad, la instrumentación y los conocimientos adecuados. Los de Holden parecen de lo más esotéricos a juzgar por títulos tan misteriosos como “A circle inside a circle inside”, “The illuminations” o “Seven stars”. Todo un trip de psicodelia tribal a lo Psychic Warriors of Gaia, que reproducida en directo puede ser garantía de un auténtico trance usted.

Jon Hopkins

Bocado de cardenal, créanme. Su cuarto álbum “Inmunity” se enmarca dentro de lo mejor de la temporada pasada. También viene a la memoria su colaboración estelar junto a Leo Abrahams en “Small craft on a milk sea”(2010), de Brian Eno. Además de King Creosote, Hopinks también ha trabajado con David Holmes, artista irlandés cuya influencia se percibe claramente en el techno emocional de este productor y músico londinense. “Inmunity” camina lejos de cualquier tendencia conocida, aunque no es sencillo afirmar que cree una propia. Sí desde luego para este mago de las sonoridades densas y melancólicas del que se anuncia una puesta en vivo enérgica y mesmerizante. Todo un must de la edición.

 

Moderat

“Moderat II” (2013) no fue una sorpresa, porque ya apareció “Moderat I”en 2009, dos discos bastante similares no sólo en el título y en las portadas. La propuesta de esta banda berlinesa compuesta por Gernot Bronsert y Sebastian Szary (Modeselektor), por un lado, y Sascha Ring (Apparat), por otro, no es sólo jugar (de nuevo) con el nombre de sus respectivos proyectos individuales, sino la de mezclar techno con pop, lo que no quiere decir que de ahí salga tecno-pop. Las melodías no son su fuerte. Sí las ambientaciones ibicencas y los breakbeats burbujeantes que tanto han informado la historia reciente de la electrónica desde el drum’n’bass hasta el dubstep. Repiten en Barcelona tras el Primavera Sound de este mismo año.

 

Theo Parrish

En Detroit no sólo hay techno y edificios abandonados. El house también encuentra su casa, que no su hogar, en la otrora boyante ciudad del motor y en un tipo criado en Chicago de nombre Theo Parrish, que ha encarnado su principal combustible fósil durante los veinte últimos años. No podía ser de otra forma para un artista, sin embargo, poco prolífico en la duración larga, del que ya puestos recomendamos el house experimental de “First Floor”, su primer y último trabajo para Peacefrog en 1998, y “Sound Sculptures Volume 1″(2007), todo un ejemplo de lo que podría hacer un jazz que se considere a sí mismo moderno.Todo lo contrario por lo que se refiere a los maxisingles, formato en el que no ha cesado de publicar casi ininterrumpidamente desde sus inicios serios, a mediados de los noventa. En Sónar sólopinchará discos, pero será garantía de buena música negra.

 

Chris & Cosey

¡Qué decir de Chris Carter y Cosey Fanni Tutti que no haya dicho ya antes y mejor el gran Félix Suárez! ¿Que son la mitad exacta de los míticos Throbbing Gristle, una de las formaciones pioneras en los inagotables años setenta en todo esto que llamamos música electrónica, y más específicamente, música industrial? ¿Que ya en solitario son autores de discos tan subyugantes como “Trance”(1981) o “Songs of love & lust”(1984)? ¿Que lo penúltimo fue su colaboración en directo con Nik Colk de Factory Floor y el álbum “Transverse”? ¿Que “The Space Between” (1980) de Chris Carter sigue pareciéndome una obra maestra? Siempre es interesante atender las evoluciones de esta inquieta y longeva pareja de artistas para quienes los términos oscuro, culto y radical adoptan el seudónimo de arte.

Nils Frahm

Otro berlinés que se suma a la lista de artistas naturales o adoptados por esta ciudad con pasado tan glorioso y terrible. Frahm echa mano de la electrónica en sus discos y directos, pero dispónganse a tomar asiento porque estamos hablando de un pianista que se inspira en la melancolía otoñal de viejo continente practicada en el pasado por gente como Soft Verdict (sin la parte vocal, aunque se le oiga canturrear tras las teclas a lo Glenn Gould) y en las dinámicas minimalistas de Philip Glass y Steve Reich, aunque de expresividad mucho más abierta. La repetición y el staccato juegan un importante papel en la música de este artista de formación clásica, pero su sonido es sutil, por supuesto tonal, y mucho más melódico a pesar de la utilización del piano preparado ideado por John Cage y del juego de la improvisación. Una buena forma de descansar de tanto beat. Y atención a su tema “Says”, una de las mejores canciones de la electrónica cálida del año pasado.

Daniel Miller

Otro clásico, esta vez del pop electrónico. Voz y teclados de los seminales The Normal (el mejor single DIY de la historia, “Warm leatherette”, 1978), ideólogo practicante en Silicon Teens (el álbum “Music for parties”, 1980) y tercio fulgurante de Duet Emmo junto a Graham Lewis y Bruce Gilbert de Wire (el maxi “Or so it seems”). Esto por lo que respecta a lo más interesante de su parte creativa en sentido estricto. Pero como es sabido, Daniel Miller fue durante muchos años el cerebro de Mute Records, casa de los insuperables (para lo bueno y para lo malo, que es poco) Depeche Mode. Capo de la música independiente a la altura de nombres míticos como Tony Wilson (Factory records), Geoff Travis (Rough Trade) y Alan Horne (Postcard Records). Actuará tras los platos y esas gafas de pasta negra que tan bien le sientan. Su mirada zen cada vez recuerda más a la de Leonard Cohen.

 

Chic feat. Nile Rodgers

Temas como “Dance, dance, dance (yowsah, yowsah, yowsah)”, “Good times”, “I want your love”o el archiconocido “Le Freak” son tan familiares como la réplica del sonido del Big Ben en el carrillón de casa de tu madre, y han influido tanto en nuestras vidas que ya no nos damos ni cuenta. ¡Ay, aquellos tiempos en la boite! Desde los Human League de “Louise”, pasando por el “Rip it up” de Orange Juice, el “Let’s Dance” de David Bowie, “Another one bites the dust”de Queen o “Un hombre de verdad” de Alaska y Dinarama, hasta el reciente “Get Lucky”con Daft Punk (busquen la remezcla de diez minutos), todo han sido y son buenas vibraciones. Nile Rodgers, único miembro original en activo de Chic, vive una segunda (o tercera) juventud tras sus gafas negras y pelucón egipcio. A bailar, que son dos días.

 

Audion

Para acabar, una mención para el poliédrico aprendiz de estrella Mathew Dear, que arriba a Barcelona por partida doble, pero principalmente como Audion y con un espectáculo de estética retrofuturista, entre “La fuga de Logan” y un Gary Numan hasta las orejas de cloruro de magnesio, a base de las recurrentes pantallas LED y un juego de luces que promete una experiencia psicodélica y trepidante, dada la tendencia pistera de su proyecto paralelo más conocido. Al igual que Richie Hawtin, ofrecerá una sesión DJ con la que podrá demostrar al mundo, como todos los que pueden, cuánto sabe de música electrónica.

José Manuel Caturla

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PLASTIKMAN: ALMA DE METAL

Pocos hombres blancos han sabido interpretar con tanto acierto y profundidad el llamado techno de Detroit como Richie Hawtin. Un británico de nacimiento, afincado durante su juventud en Canadá, que junto a su amigo John Acquaviva, con quien compartía aventura en el mítico sello Plus 8 a principios de los años noventa (casa también del gran Kenny Larkin), conducían a toda velocidad hacia la ciudad del motor para empaparse del nuevo soul negro. Tan negro que bebía por partes iguales de los más oscuros fundamentos de la música electrónica europea y del complicado lirismo del jazz. Pero para quien no haya escuchado esta música, o lo haya hecho de una forma quizás superficial (por ejemplo, yo durante años), se hace difícil atisbar por lo menos en un primer bautizo de fuego eco alguno de soul o de jazz. Es como decir que Ingrid Bergman procede del hombre negro, algo científicamente demostrado. Y menos con la austera reinterpretación dada por Hawtin en sus diversas encarnaciones, entre las que destacan F.U.S.E. y Plastikman, esta última la más conocida, reservando su propio nombre para las sesiones como DJ.

Hawtin se decantó por la zona más minimalista del devastado (ahora más que nunca) Detroit y por planteamientos que se inspiran en alguna de las paletas y pentagramas más atrevidos del arte del siglo XX, como Rothko, Reich, Glass o May. Los cornudos del arte postmoderno, como diría nuestro Dalí, muestran su fantasmagórica presencia en la aparente linealidad de silicio de un hombre que, por otro lado, ha sabido envolver su música de una cuidada imagen. El logotipo más reconocible de la música techno fue elideado por Hawtin para Plastikman: un duendecillo danzante de guiño ácido que queda muy bien sobre cualquier superficie (incluidos los polígonos industriales) y que ha protagonizado ya la portada de seis álbumes, publicados entre los años 1993 y 2003. Trabajos cada vez menos espartanos y en constante progresión, aunque ninguno de ellos puede considerarse una obra maestra, con la excepción del insondable “Consumed”(M_nus,1998). Una discografía escasa, en la que destaca por derecho propio “Dimension Intrusion”(Warp, 1993), de F.U.S.E., recopilatorio de temas primerizos registrados entre 1990 y 1993 y especialmente informados por el acid house. Un álbum comparable a lo mejor de 808 State y resto de estrellas fugaces del acid, pero que también incorporaba delicadezas como Theychx y A new day, piezas equiparables a Smokebelch I de Sabres Of Paradise (Andy Weatherall), We are the music makers (Aphex Twin) o Belfast (Orbital). Temas históricos que muestran la cara más melancólica y accesible de todos estos ravers consumados. Un camino rara vez perseguido por Hawtin en trabajos posteriores.

Como podía leerse en el libreto interior de “Dimension Intrusion”, el techno no tiene regionalidad a pesar de su origen en el Detroit subterráneo. Su naturaleza es estructural, en el sentido de esquelética, al dejar de lado la melodía y apostar por las estructuras rítmicas y sus matemáticas. Pero aunque el techno ha acabado infectando otros ámbitos (el pop, las bandas sonoras, el rock…), incluso desde los primeros días del precursor synth pop, Hawtin ha preferido seguir indagando en las múltiples posibilidades de las bases rítmicas y en ese perfil, llamémosle científico, no exento de componente lúdico, coetáneo inductor de otros ramajes del minimal techno, como el concebido en los sellos Basic Chanel y Chain Reaction con la ayuda del dub. Mucho ha llovido desde la concepción del techno en la segunda mitad de los años ochenta y primeros noventa. Pero los trabajos de Plastikman no sólo permanecen entre lo mejor de aquella cosecha, sino que continúan todavía vigentes. Su música intrigante y evolutiva va más allá de la criticada funcionalidad de un género cuya máxima realización no se encuentra necesariamente en el baile, saludable modalidad ampliamente promovida por nuestro artista.

Hawtin cerró su serie de discos largos con “Closer”(Novamute, 2003). El final aparente de una progresión iniciada con los prometedores, y ahora míticos, “Sheet One” (Novamute, 1993) y “Musik” (Novamute, 1994). Círculo que pareció cerrarse con la publicación de “Arkives 1993 – 2010″, pero que se ha reabierto recientemente con la presentación del espectáculo Objekt en el museo Guggenheim de Nueva York, protagonizada por una especie de monolito construido a base de LEDs que haría las delicias de los simios de Stanley Kubrick. Un entorno artístico único que ha llevado a la grabación del nuevo álbum de Plastikman, de título “Ex” y de próxima publicación . “Arkives“, que recopilaba toda su discografía hasta la fecha, además de remezclas nuevas y temas inéditos (que en su versión más amplia concluía en más de treinta horas de música), venía envuelto en un suntuoso contenedor confeccionado con materiales reciclables. Una auténtica obra de arte, de una sensibilidad visual que Hawtin y sus asesores han sabido trasladar con sabiduría a sus conciertos. Una experiencia psicodélica que llegó a Barcelona en estreno europeo gracias al nuevo Sónar, festival en el que también actuó un segundo día (esta vez de noche) en sesión especial bajo su propio nombre (leer aquí). Y que no será su única visita a nuestro país este año, puesto que también forma parte del cartel del Dreambeach Villaricos, que se celebra el 8 y 9 de agosto en las Cuevas del Almanzora (Almería).

José Manuel Caturla

 

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JAMES MURPHY: ¡CÁLLATE Y PINCHA LOS HITS!

James Murphy irrumpió en escena con el cambio de siglo, cuando, por cuestiones de fechas y cifras, parecían más necesarios que de costumbre cambios sustanciales en la música pop. Así que se puede decir que llegó en el momento oportuno, y también que lo hizo en el lugar apropiado. Su escenario fue el Nueva York post 11-S, una ciudad cuya escena musical, eclipsada durante años por Manchester, Seattle y Londres, volvía a ganar protagonismo a causa de The Strokes y toda una promoción de grupos -Interpol, The Rapture, Yeah Yeah Yeahs…- a la que también pertenecía LCD Soundsystem, el entonces proyecto de estudio dirigido por Murphy. La diferencia entre él y otros compañeros de generación es que llegó para revivir el espíritu del mutant disco y crear un combinado de baile, experimento y melodía. Justo lo que necesitaba el recién inaugurado siglo para animar sus primeros años.

“Losing My Edge” fue la primera evidencia sonora del grupo, y fue también además un clásico instantáneo. Su letra capturaba la actitud de una nueva generación de aficionados amamantada por internet que solo asomándose a la pantalla de su ordenador podía investigar sobre los primeros ensayos de Suicide, el debut en directo de Can o las obras completas de Gil Scott-Heron. Una canción ciclópea cuyo ritmo rompía con la hegemonía de la electrónica digital y recuperaba la analógica sin hacer prisioneros. “Losing My Edge” anunció una escena internacional que recordaba a los grupos de punk funk británico y neoyorquino, volviendo la mirada a Ze Records, Gang Of Four, Liquid Liquid, Arthur Rusell, las producciones de Martin Hannett y otros puntos de unión entre bajos, sintetizadores y guitarras que podían ser surcados por cualquier influencia posible. Murphy no estaba solo en esta labor de pasión. Compartía objetivos con el diseñador y músico Trevor Jackson, hombre orquesta con Playgroup y fundador de Output, el sello hermano de DFA Records, marca que Murphy puso en marcha con Tim Goldsworthy para editar sus propios discos y los de artistas afines como The Juan McLean, The Rapture o Black Dice.

En connivencia con Goldsworthy, y bajo el emblema DFA, Murphy realizó también gloriosos remixes para Goldfrapp, Soulwax, N*E*R*D, Le Tigre y otros artistas que fueron llenando los noughties con nueva música. Su prestigio como ente moderno subió tantos enteros que hasta el equipo de Mariah Carey mostró interés en que el DFA team la produjera. Indiferente ante su auge en la escala de lo hip y lo cool, Murphy se dedicó a sacar solo maxi singles (“Yeah”, “Beat Connection”) y no mostró todas sus cartas hasta 2004, fecha en la que se publica “LCD Soundsystem”. Para entonces DFA ya había firmado un acuerdo de distribución con EMI que le valió a Murphy bronca y ruptura con Trevor Jackson. Pero lo verdaderamente relevante era que con aquel primer álbum se consolidaba la importancia del grupo, y que la reinterpretación de tantas referencias infravaloradas (The Fall, Contorions, New Order, Suicide, Brian Eno) iba a generar algo nuevo y personal. Un disco que en 2004 se abría con una canción llamada “Daft Punk Is Playing In My house” no podía ser considerado más que de esa manera.

Cuando pasó la fiebre por los ochenta y lo hip era ya otra cosa, LCD Soundsystem se mantuvo a la altura del nivel que su nombre había imprimido. El sello DFA siguió editando a artistas de baile en todas las acepciones del término, haciendo hincapié en aquella en la que el ritmo funk, la repetición y el krautrock hacen buenas migas. La ruptura con Goldsworthy no afectó ni a la línea del sello, que ha seguido indagando en el underground y lo experimental, combinando éxitos de Hercules & Love Affair con reediciones de Pylon y Love Of Life Orchestra, y nuevos artistas de baile como Shit Robot. En cuanto a LCD Soundsystem, Muprhy los convirtió también en grupo de directo y con ello ganaron una experiencia que les hizo evolucionar y transformarse en la banda que en 2007 publicaba “Sound Of Silver”. Con él se convirtieron en un grupo de cierto éxito comercial a la par que seguían haciendo lo que les daba la gana. Temas de seis y siete minutos que no renuncian a la melodía –“All My Friends”-, que siguen invocando al Eno de 1977 y a los Talking Heads de 1980 –“Get Innocuous”-, a Giorgio Moroder –“Someone Great” – y a tantas otras cosas que hasta ese momento nunca habían existido en un mismo contexto artístico fuera de circuitos especializados.

Convencido de que el éxito artístico también puede ser contraproducente, Murphy anunció que LCD Soundsystem grabaría un tercer disco y después de disolverían. Y cumplió su promesa. El álbum llegó en 2010 bajo el título de “This Is Happening”, con canciones que volvían a tener como referente a la alianza berlinesa entre Bowie y Eno, la repetición de los minimalistas aplicada al rock y el punk menos verticalista. “You Wanted A Hit” es su respuesta a los ejecutivos que le pedían eso mismo: un tema de nueve minutos sin la más mínima concesión a los canones de la comercialidad.

En abril de 2011, Murphy se despidió del público con un apoteósico concierto en el Madison Square Garden. Un largo adiós en el que participaron compañeros de DFA e incluso Arcade Fire. “Shut Up And Play The Hits”, la frase que Win Butler le espeta a Murphy cuando éste les presenta, se convirtió en el título de la película –y el reciente disco publicado en vinilo y formato digital– que documentaba aquel adiós a la vez que analizaba lo que había sido LCD Soundsystem, y que pasó a ser un celebrado documental que exploraba el alma de uno de los grupos más importantes de la pasada década. Fiel a su promesa, Murphy echó el cerrojo antes de desvirtuar su proyecto. Desde entonces la afición aguarda a que anuncie nuevo grupo, otro disco, incluso que reactive a LCD. De momento lo tenemos produciendo su propia marca de café y creando músicas para que suenen en el metro de Nueva York, ejerciendo como Dj –en el Sónar aparecerá como tal- y produciendo a Pulp y a Arcade Fire. Es cuestión de tiempo que vuelva a hacer música por su cuenta, solo o acompañado, y cuando eso ocurra, seguramente seguirá siendo todo un acontecimiento.

Rafa Cervera

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CARTEL DEFINITIVO DEL MOTORSOUND FESTIVAL

El italiano Joseph Capriati, los canadienses Art Department y Autoérotique, el joven artista checo Mekki Martin y dos dúos sobradamente conocidos en España, Les Castizosy The Zombie Kids, son algunos de los nombres que completan el cartel del Motorsound Festival, evento de música electrónica que se celebrará en el Circuito del Jarama (Madrid) el próximo 12 de julio.

El pasado 10 de abril se daba a conocer públicamente el festival Motorsound. Ahora, casi dos meses después de su presentación, y tras tres avances de artistas, completa su line up. En el primer avance llegaron dos de los grandes reclamos del festival, Steve Aoki y Luciano. Posteriormente se han ido añadiendo otros nombres como Nervo, Bingo Players, Dubfire, Jamie Jones oDj Nano, hasta completar un cartel con más de cuarenta artistas.

Motorsound no tan sólo un festival de música electrónica. El circuito abrirá sus puertas desde las 12 de la mañana, ofreciendo un extenso abanico de actividades relacionadas con el mundo del motor. El campeonato de Drift, una importante exposición de motos y coches, el circuito de karting, los simuladores de Formula 1, el campeonato de Scalextric y las actividades de “Lorenzo Competición”, impartidas por Xixo Lorenzo, padre del motociclista Jorge Lorenzo, son algunos de los atractivos de la jornada.

Fort-Romeau

ERA ELECTRÒNICA: CARTEL COMPLETO

Fort Romeau, The Option B y Refectori completan el cartel del ERA Electrònica, que tendrá lugar el 19 de julio en el recinto acotado de la masía de Can Gascons (Llagostera, Girona). Después de la confirmación de Wooky, Inuit, Nev.Era y Clip!, se añaden tres nombres más con los que completa el cartel. Tras pasar por el Primavera Sound, Fort Romeau (en la foto) hará disfrutar al público de su concpeción de la electrónica, libre, moderna y experimental. El ecléctico The Option B, aporta en sus sesiones una pequeña parte de su universo musical, siempre cuidadosamente seleccionado y mezclado, invitando a participar al público en sus delirios electrónicos. Y Refectori presentará una de sus sesiones, que priorizan los ritmos vivos y ambientales al mismo tiempo.

Hook cabecera

ASÍ TE CONTAMOS EL PRIMAVERA SOUND 2014

MARTES

El sentido común nos dice que el crecimiento sostenido e indefinido no es algo deseable, pero, oye, aquí están los del Primavera Sound para desafiar este axioma. Lejos de contentarse con el ritmo al que ha ido creciendo el festival, la organización sigue apretando el acelerador, añadiendo escenarios, patrocinadores, grupos de todos los tamaños, estilos y colores, días de programación, etc.. El Primavera ya es, desde hace unos años, un auténtico mastodonte mediático que aglutina todo lo bueno (un cartel que busca un público cada vez más mayoritario pero con un olfato innegable para la selección de propuestas) y todo lo malo (la sensación de estar transitando en una feria de muestras o por un parque de atracciones más que viviendo una experiencia musical) de un acontecimiento festivalero. Una prueba de que el Primavera Sound se ha convertido en un monstruo que todo lo abarca es el calendario de actividades que se celebran alrededor de los tres días centrales: conciertos a la hora del vermut, pases gratuitos (ya sea en salas pequeñas con bandas locales o en grandes espacios con estrellas internacionales), en el metro, en tiendas de discos, showcases con sellos independientes de Barcelona… No hay ser humano que pueda absorber todo lo que ofrece el festival; hay oferta para todo tipo de público. El único riesgo recae en que la omnipresente presión corporativa y de patrocinadores varios acabe arruinando la experiencia, la sensación de ser un extra en un anuncio televisivo.

La noche del martes nos acercamos a la sala Apolo para comprobar cómo se las gastan en las distancias cortas dos bandas de estilos complementarios como Chicha Libre y Antibalas. Los primeros (tres de sus músicos llevaban sombrero e hicieron una versión de “Guns Of Brixton” , de The Clash) cumplieron perfectamente con su papel de teloneros, con un acercamiento a los sonidos afrocaribeños que quizá horrorizaría a los más puristas, pero que logró caldear el ambiente con su cumbia arrabalera y tabernaria. A continuación le llegó el turno a Antibalas, la ya veterana formación de Brooklyn comandada con mano maestra por el músico latinoamericano Martín Perna. Nada más y nada menos que doce músicos dan fuelle a esta engrasadísima locomotora de sonidos inspirados en el libro de estilo afrobeat de Fela Kuti (al que ellos añaden funk y soul) que funcionó a un ritmo constante toda la noche, yendo de menos a más, dejando para el recuerdo un fantástico show lleno de ritmo y calor.

 

MIÉRCOLES

Manda c*jones que ya el miércoles (¡el miércoles!) uno tenga que andar dándole vueltas a la programación, afrontado solapamientos, descartando conciertos y toda la pesca. La propuesta en la coquetona sala Barts era realmente atractiva, la clase de menú dedicado a los paladares más exquisitos: Shellac (sí, ya nos sabemos el guión a la perfección y los hemos podido ver unas diecisiete veces, pero esta vez es en sala, con buen sonido, etc, etc), The Ex y el gurú del free jazz Petr Brotzmann. También quedaba la opción de darse unos abrazos con los amigos del sello La Castanya y todos sus fantásticos grupos de gente guapa y talentosa (Beach Beach, Me and The Bees, Aries). OK. Pues no. Todavía quedaba una tercera opción. Pensar a lo grande. Sacar pecho, coger aire y enfilar para el recinto del Forum a ver los conciertos gratuitos con toda la muchachada. Como si en los siguientes días no fuéramos a estar bastantes horas dando vueltas por el Forum, va y decidimos irnos para allí. ¡El miércoles! Pero la jugada salió de maravilla, ahora veréis. Llegamos justo a tiempo para escuchar los últimos 27 segundos del concierto de Temples (antes habían tocado Fira Fem y Él Mató A Un Policía Que Iba En Moto Y No Llevaba Casco). Llueve un poco, pero nos esforzamos en no pensar sobre la cuestión. Vale. En unos minutos ya empieza a llover en plan llamada de atención. Hace rato que tengo los pies empapados, como si andara por un bosque mojado todo el puto rato. Qué gran sensación.

Le rezo un par de oraciones a Jim O’Rourke: una para que deje de llover ya y otra para que los conciertos de Stromae y Sky Ferreira molen lo bastante como para poder ignorar a las veinte personas que mañana me dirán que Shellac y The Ex molaron un huevo. Jim O’Rourke vive muy lejos de Barcelona (en Tokyo, nada menos) pero de alguna manera ha escuchado mis plegarias y ya ha dejado de llover. No sólo eso (¡gracias, Jim!): Stromae hace un señor concierto. Lo de este chico es formidable (¿lo pillais?). Se pasea por el escenario (cantando, bailando, actuando, dando palmas) como si hubiera nacido para esto. Nadie de las doce mil trescientas veinte personas que me rodean (unas cuantas de ellas belgas, por cierto) podría hacer lo que hace Stromae. Desde que aparece en el escenario uno no puede apartar los ojos de él. Carisma, personalidad, espontaneidad, cercanía y glamour. Me hace pensar en M.I.A. y también en Ariel Pink. Interpreta cada canción como si fuera una minipelícula y al final de cada una de ellas aplaudimos y damos paso al siguiente personaje que se inventa para nosotros. Hacia el final del show va y desenfunda el pelotazo “Alors On Danse” y venga todos a bailar y a hacerse selfies y ya hace rato que no llueve. Estoy a veinticinco metros del escenario, en medio de un mogollonazo de gente (dos inglesas se las apañan para pisarme y meterme el paraguas en el ojo al mismo tiempo) pero Stromae me dice que baile y yo bailo. “Alors On Danse”. Se acaba el concierto y tengo ganas de llamar a Jim O’Rourke y darle las gracias por todo personalmente (no lo hago).

Después sale Sky Ferreira y arranca el concierto con una “Boys” que suena absolutamente infame, como si estuvieran tocando Sunn o))) y ella cantara desde la habitación de al lado. A la tercera canción (“24 Hours”) la cosa ya suena un poquito mejor, pero todos nos hemos dado cuenta de que a Sky Ferreira y sus chavales de negro les falta mucho todavía para llenar un escenario tan grande como éste. Se van sucediendo las canciones de “Night Time, My Time” y me sorprendo pensando en Roxette. La Ferreira -con su look de huésped del Chelsea Hotel- para en mitad de un par de canciones por no sé qué problema de sonido, se toca el pelo, se pone y se quita las gafas de sol. Así llegamos hasta el final del concierto, cuando tienen a bien tocar esa canción rotunda y poderosa que es “You’re Not The One” y durante esos tres minutos de bailoteo feliz y cansado creo firmemente que Sky Ferreira podría llegar a ser algo más que otra Carly Rae Jepsen.

 

JUEVES

Justo cuando las nubes daban paso al sol, empezamos nuestro periplo por el festival con uno de los cuatro conciertos programados en el Auditori, un escenario que cada año acostumbra a ofrecer un buen número de actuaciones imprescindibles. A diferencia de otros años, en esta edición se programaron conciertos allí el mismo jueves. El encargado de abrir el fuego fue Colin Stetson, un músico que estudia los recursos expresivos del saxo en sus canciones. Sirviéndose únicamente de dos saxos (uno de ellos barítono), Stetson recordó a maestros del minimalismo como Terry Riley o Steve Reich añadiéndole un fuerte elemento percusivo e incluso voces -¡todo ello sin dejar de tocar!-. Lástima que -al contrario de lo que sucede en sus discos- el conjunto acabara haciéndose algo reiterativo.

Unos minutos después de Stetson, era el turno de uno de los platos fuertes de la jornada en el Auditori: el ex-Teardrop Explodes, Julian Cope. El chamán, musicólogo, poeta y carismático guitarrista ofreció un impactante concierto centrado en su último disco, “Revolutionary Suicide”, convirtiendo el escenario en una especie de ritual chamánico de efectos altamente intoxicantes. Su concierto era de los más esperados y desde luego no defraudó a ninguno de sus seguidores. Seguro que Julian Cope -obseso estudioso del krautrock alemán- hubiera aprobado nuestra siguiente elección en la ruta, los chilenos Follakzoid. Formado en 2007 y con discos publicados en sellos de referencia como Sacred Bones, el cuarteto desplegó la alfombra voladora y nos llevó de viaje durante unos minutos: krautrock de manual, excelentemente ejecutado, al que el único pero que se le puede poner (la hora de la actuación) no hay que achacárselo a ellos. Era el turno de volver al Auditori, donde en unos minutos empezarían A Winged Victory For The Sullen, el proyecto de ambient y neoclásica comandado por el pianista Dustin O’Halloran y Adam Wiltzie (ex-Stars of The Lid). Fue un lujo dejarse abrazar por sus composiciones atmosféricas e hipnóticas, para las que el dúo contó con el apoyo de un cuarteto de cuerda que ayudó a dar más profundidad al conjunto. Al salir aún estuvimos a tiempo de presenciar parte del show de los holandeses The Ex, cuya efectividad en directo está fuera de toda duda. El veterano cuarteto nos enseñó por enésima vez cómo unir punk con ritmos de raíz africana, ofreciendo un imparable y frenético torrente musical que culminó con su clásica y festiva canción -homenaje a la banda africana Konono #1-, “Theme From Konono”.

Nos trasladamos a continuación al espacio de Llevant, donde el cuarteto femenino Warpaint presentaba las canciones de su segundo disco. Las de Los Ángeles nos dejaron boquiabiertos con una excelente interpretación que no perdió interés en ningún momento, llena de esa sonoridad sofisticada y vaporosa (deudora de Cocteau Twins o The Cure) que tan bien recrean en disco y que por lo visto ayer no es un trabajo de laboratorio, sino fruto de la interacción musical. Un conjunto orgánico y natural que las confirma como una banda a seguir. Tras coger fuerzas unos minutos, nos dirigimos de vuelta a un escenario ATP, que se quedaría pequeño para recibir a Jeff Mangum y sus colegas de Elephant Six. La expectación con que el público congregado ha estado esperando el concierto de Neutral Milk Hotel (recordemos que fue un grupo ignorado en su momento por prensa y público) da material para la reflexión, y el concierto tuvo mucho de tributo y homenaje, casi un ejercicio de restitución de la memoria histórica. Los de Jeff Mangum se esforzaron por borrar las distancias de este espacio tan poco natural para disfrutar de la música de Neutral Milk Hotel, pero lo cierto es que se hizo muy difícil meterse en el concierto, que acabó siendo una experiencia de lo más frustrante. Viendo a Chrome, en cambio, en el escenario Vice, desde luego se pudo vivir el concierto con mucha más comodidad. Nos pudimos acercar al líder de la formación -el carismático Helios Creed- y dejarnos abofetear por su protopunk oscuro y peligroso. Un irresistible mazacote mugriento y ruidoso que sonaba como si subiera directamente de las cloacas y que fue toda una sorpresa (Creed lleva unos treinta años en el negocio).

Como si se tratara del típico primo de Cuenca al que sólo ves una vez al año, eso es más o menos en lo que consiste el reencuentro con Shellac de cada año. No faltamos a la cita y los de Chicago nos dieron exactamente lo que esperábamos (“Steady as she goes”, “The squirrel song”, “The end of radio”) y cómo lo esperábamos (enfermizo post-hardcore primorosamente interpretado). Mientras su concierto del año pasado nos dejó con la sensación agridulce de que quizá ya había llegado el momento de que los de Steve Albini aparcaran el proyecto un tiempo, el show de ayer nos hizo recuperar la fe en ellos, y de qué manera. Vuelta a la zona de Llevant para darnos uno de los mayores baños de masas que viviremos en la edición de este año: Arcade Fire. Diez años después de su debut en España, en el mismo marco del Primavera Sound, volvía el grupo de Win Butler, ya convertido en toda una realidad, uno de esas bandas de impacto transversal que escuchan tus primos de trece años y los compañeros de trabajo que sólo ven futbol. En estos conciertos uno se lo tiene que tomar con calma, pero no se puede negar que el show de Arcade Fire fue de los que se reciben con euforia, sus épicas canciones con estribillos reconocibles y coreables se adaptan al marco como un guante de seda. Viéndolos reventar el espacio Llevant, uno se da cuenta de que no hay ningún otro grupo que encaje mejor en el rol de cabeza de cartel del Primavera. Su show se centró en su último disco, “Reflektor”, pero lógicamente incluyó citas a sus clásicos: “Power Up”, “Rebellion (Lies)” o “No Cars Go”. Todos contentos, Win. Menos mal que tuvimos tiempo de pescar el último tramo de la actuación de Charles Bradley, al que algunos ya habíamos visto en directo (pasó por una edición del añorado Primavera Club hace unos años). Un soberbio e irresistible ejercicio de soul clásico, en el que -al igual que sucede en disco- Bradley ofrece su encendido homenaje al legado de la música negra, legado del que él (aunque en su caso haya sido un reconocimiento tardío) ya forma parte con todo merecimiento.

VIERNES

Los sudafricanos John Wizards (con muchos problemas para poder llegar a Barcelona) tuvieron que cancelar su concierto programado para el jueves y al final se les asignó un slot en el Auditori que había quedado vacante tras la cancelación de Linda Perhacs. La joven banda probó sonido en quince minutos y acabó empezando su concierto con algo de retraso, algo que influyó en su desarrollo. John Wizards lo intentaron, con una contagiosa actitud y grandes dosis de desparpajo, pero tras su show uno se queda con la misma sensación que cuando escucha su primer disco: un atractivo cóctel sonoro (mezcla de electrónica de baile y música de raíces africana) que no consigue disimular la falta de canciones.

Siguiente parada: Drive By Truckers. Al salir del Auditori comprobamos con desolación que el tiempo había cambiado rápidamente y que estaba lloviendo con cierta intensidad, algo que no nos impidió acercarnos a escuchar al quinteto norteamericano y su rock de raíces sureñas. Pudimos disfrutar igualmente de un impecable repertorio de canciones inspiradas en grandes nombres como Steve Earle, Neil Young o Tom Petty. Una lástima que el concierto quedara algo deslucido por las circunstancias adversas. Ya sin lluvia, nos dirigimos al escenario ATP, donde nos encontramos una notable cantidad de público reunida para presenciar el regreso de los británicos Loop, un grupo que veinte años después me sigue pareciendo -opinión muy personal, hablé con amigos a los que les había gustado mucho el show- de lo más mediocre. Viéndolos, uno se pone a pensar qué sentido tiene todo esto de las reuniones y cómo esta tendencia (que Primavera Sound y ATP Festival han explotado hasta la saciedad) refleja una actitud muy característica del consumo cultural del Siglo XXI: estamos acostumbrados a tener acceso inmediato a todo y nos creemos capaces de viajar atrás en el tiempo (como si fuésemos una especie de vampiros culturales), capturar a Loop, The Pixies o quien sea y traerlos al día presente. Por desgracia, la mayoría de veces -no todas, como tendríamos ocasión de comprobar a lo largo del día- el experimento no funciona.

Iba con muchas ganas al reencuentro con Kim Gordon y su proyecto Body/Head (junto al guitarrista Bill Nace) y su breve concierto cumplió con las expectativas de manera sobrada. Poco más de treinta minutos de una intensidad apabullante (un directo que amplifica el impacto del disco que publicaron el año pasado, “Coming Apart”), llena de sonidos primarios y experimentales y gran fuerza lírica. Vanguardia y riesgo cien por cien New York que ahuyentó a una parte de la audiencia que se había acercado de manera casual. El primer gran concierto del día y uno de los mejores en lo que llevábamos de festival. Salimos disparados a la otra punta del recinto, donde nos esperaban Slowdive (en la imagen de cabecera). Intentamos mutar el chip y prepararnos mentalmente para el radical cambio de lugar: en el escenario de Llevant los conciertos son otra cosa. Como es previsible, hay un auténtico mogollonazo de gente (suspiro, cabeceo) y nos situamos más o menos en el área grande de la portería contraria de un campo de fútbol y así nos disponemos a disfrutar del show de los de Reading (otra de las reuniones que pueblan el cartel de la jornada). Un sonido ciertamente bajo de volumen (uno de los mayores problemas en casi todos los escenarios), pero que llegaba con una nitidez cristalina, imprescindible para poder disfrutar del shoegaze atmosférico y etéreo del grupo liderado por Neil Halstead y Rachel Goswell. Estamos a unos sesenta metros del escenario, pero Slowdive están sonando de fábula. Van cayendo hits como “Machine Gun”, “When The Sun Hits” e incluso “Rutti”, una canción que he escuchado cientos de veces en la soledad de una habitación y que al aire libre suena igual de bien. Decíamos un poco más arriba que algunas reuniones funcionan y otras no. La de Slowdive desde luego funcionó.

Poco antes de terminar el concierto dirigimos nuestros pasos hacia el escenario donde actuarían Pixies para poder situarnos en un espacio más o menos cercano. Al llegar ya hay un montón de gente y nos tenemos que mentalizar otra vez de que esto es un macrofestival, de que hay mucha gente que quiere ver a este grupo, etc, etc (algunos lo llamarían autosugestión). Empiezan The Pixies con “Bone Machine”, luego “Gouge Away” y “Caribou” y venga hits, uno detrás de otro (muchas veces he pensado que sólo los Beatles tienen un cancionero más sólido que el de Black Francis y los suyos). Pero algo falla. Por las pantallas podemos ver que sí, que son los Pixies, pero al escucharlos (volumen bajo, falta de nervio, ejecución más o menos pulida pero plana y sin ningún tipo de espontaneidad) nos damos cuenta de que no son los Pixies: son un grupo de versiones de los Pixies formado por miembros de los Pixies. Coca Cola light, como decía un amigo mío. Un sucedáneo. A mitad del concierto damos media vuelta y emprendemos el camino de vuelta hacia el ATP, donde en unos minutos empezarán Slint. Afortunadamente no hay mucha gente esperando el inicio del show y podemos pillar un sitio inmejorable, que nos permitirá disfrutar del concierto en impecables condiciones.

Empieza el show y el ambiente reinante es el de las grandes ocasiones: nadie saca el jodido telefonito móvil y reina el silencio durante todo el concierto. De vez en cuando, uno se encuentra estos momentos en el Primavera y recupera la fe en la humanidad. Corre algo de brisa y el sonido llega con nitidez. De repente Slint están tocando sólo para mí, no hay nadie más en el Forum. Estoy solo, la música llega de algún lugar mágico e indeterminado. Toda la carga existencial que conlleva la experiencia vital capturada en un puñado de canciones, una intensidad sobrecogedora y angustiante, ejecutada con maestría (uniendo precisión instrumental y alma). El típico concierto del que hablaremos durante años y con el que torturaremos al pobre amigo que no pudo venir. Un encuentro histórico, que confirma a Slint como uno de los grandes grupos de su generación y cuyo impacto, lejos de apagarse, se va acrecentando con el paso de los años. Agotados emocionalmente, llegamos a tiempo de pillar los últimos coletazos del concierto de The National y su estilizado y épico adult oriented indie rock. Un concierto en el que hicieron un repaso de su carrera y que gozó de una gran aceptación. De veras que intentamos meternos en la actuación, pero fue imposible por dos factores: por un lado, todavía no nos habíamos recuperado del impacto emocional del show de Slint, y por el otro, se hace casi imposible disfrutar de los conciertos en la zona de Llevant, donde uno sólo puede ver al grupo a menos de treinta metros si llega una hora antes. Era realmente curioso observar a miles de personas siguiendo el concierto de The National por la pantalla que hay detrás de la mesa de sonido, a unos setenta metros de Matt Berninger. Definitivamente no es lo que uno entiende por “ver un concierto”.

SÁBADO

Empezó la jornada del sábado con lluvia y eso provocó que mucha gente buscara refugio en el Auditori, donde actuaba el veterano cuarteto de cuerda Kronos Quartet. Pudimos entrar por los pelos (primera actuación de este año en la que hubo aforo completo) y dejarnos masajear por el versátil acercamiento a la música clásica contemporánea de esta formación de referencia (cuarenta años de trayectoria musical, nada menos). Su concierto incluyó piezas de Terry Riley y Café Tacuba, entre otros, y también composiciones propias para bandas sonoras como la que cerró el concierto (perteneciente al score de “Klimt”). Su fantástico pase tan sólo quedó empañado por la presencia de unas bases pregrabadas que quedaron un poco fuera de lugar.

A continuación se presentaba uno de los solapamientos más dolorosos -al menos a nivel personal- de todo el cartel: Superchunk o Television. Nos dejamos llevar por las sensaciones del momento y la primera cerveza del día nos llevó a elegir a Superchunk. Había visto a los de Chapel Hill en varias ocasiones desde que se reunieron -todas ellas gracias al Primavera Sound- y en ninguna de ellas se habían acercado ni remotamente a lo que eran Superchunk en sus buenos tiempos. Ayer finalmente nos pudimos sacar la espinita. Encendieron esa vitalista turbina de punk indie rock que es capaz de levantar el más sombrío de los días, centrando el repertorio en sus correctos últimos discos -que en directo ganan muchísimos enteros- y lo combinaron con puntuales menciones a clásicos como “Slack Motherfucker”, “Hyper Enough” y una “Precision Auto” que provocó un pequeño terremoto en el pogo. Su concierto nos dejó una sonrisa de oreja a oreja que todavía no habíamos borrado de nuestras caras cuando llegamos al concurridísimo pase del legendario Caetano Veloso.

El icono de la música brasileña se presentó rodeado de cuadros de Malevich y de la joven banda BandaCé -en la que figura su propio hijo, Moreno- que dio un sorprendente aire contemporáneo a sus temas. Veloso podría dedicarse a explotar el cancionero que le hizo popular hace casi cincuenta años, pero, como pudimos comprobar, no se conforma con eso y sigue en constante movimiento. Fue un verdadero lujo poder acercarnos a la carismática, frágil y expresiva figura de uno de los grandes renovadores de la música tradicional brasileña. Antes de que terminara nos dirigimos al escenario Pitchfork, donde actuaba el jovencísimo rapero Earl Sweatshirt, una de las grandes sorpresas de la escena hip hop de los últimos años.

El angelino confirmó que no sólo es un gran rapper, sino que tiene una fuerte personalidad artística, que se proyecta a través de sus canciones y de una carismática presencia escénica. Un concierto strictly hip hop centrado en las canciones de esa obra maestra que es “Doris” y que contrastó en gran medida con el acercamiento de hip hop de grandes estadios que presentaría Kendrick Lamar unos minutos más tarde. La desazón pudo con nosotros al llegar al escenario ATP para intentar presenciar el show del colectivo canadiense Godspeed You! Black Emperor: llenazo de los que hacen época y los aledaños del escenario completamente repletos de público. Nos acabamos situando más o menos en Getafe e intentamos disfrutar del concierto pero -al igual que nos sucedió un par de días antes con Neutral Milk Hotel- fue imposible. Su propuesta no es de las que se pueda paladear siguiendo el concierto a medio gas, como se pudo comprobar con unos primeros diez minutos de ruido que pusieron a prueba a más de uno.

Como no hay mal que por bien no venga, las circunstancias nos llevaron a disfrutar del fantástico show del cuarteto americano The Dismemberment Plan y su curiosa mezcla de hip hop, indie y emo. Los de Washington DC hicieron las delicias de un puñado de seguidores que no se han olvidado de ellos en todos estos años (llevaban unos diez años inactivos) y sonaron igual de frescos, imaginativos e inclasificables que cuando los escuchábamos hace unos quince años. Una de las sorpresas del festival, sin duda alguna. Salimos corriendo para el espacio Llevant donde Kendrick Lamar se presentaba rodeado de una banda de acompañamiento que dio a sus canciones un aire de hip hop para todos los públicos que gozó de una buena aceptación. Tenía cierta curiosidad por ver cómo era recibido un artista de hip hop como cabeza de cartel, pero el hecho de que el angelino se presentara arropado por un formato más o menos tradicional nos impidió comprobar si el público del Primavera está listo para ello o no.

Media vuelta y a caminar hacia el escenario opuesto, donde Nine Inch Nails (quién hubiera dicho hace tan sólo un par de años que un día serían cabezas de cartel del Primavera) se disponían a empezar su actuación. Trent Reznor y su banda de versátiles músicos dieron el mejor concierto de los que se ofrecieron en los escenarios grandes, sin discusión alguna. Una puesta en escena calculada al milímetro, impactante a todos los niveles, con una sonorización espectacular y cuyo interés no decayó en ningún momento. Espectacular. Con la sensación de tener los deberes hechos y de que el Primavera ya llegaba a su fin nos dispusimos a poner punto final a nuestro periplo acercándonos a Ty Segall y Cold Cave. Segall y los suyos (Mikal Cronin al bajo) dieron uno de los mejores conciertos de rock de guitarras del festival, un auténtico bolazo desde el minuto uno hasta el final, que contrastó con la calculadísima puesta en escena de NIN. Eres el puto mejor, Ty. Lo de Cold Cave en comparación -coldwave de aires sofisticados y ochenteros- nos pareció algo insignificante y falto de sustancia y nos lo tomamos como una señal de que ya era hora de tirar para casa.

Cansados pero contentos tras varios días de festival, el Primavera Sound de este año ha dejado -como viene siendo habitual- un balance artístico notable, tanto en las propuestas del Auditori, como en los escenarios grandes o de nivel medio. Se ha podido comprobar que el cartel de este año era bastante variado, pero que le falta algo de riesgo y valentía, sobre todo en la zona media. Otro de los puntos fuertes del festival -sus infraestructuras y servicios- funcionó este año a las mil maravillas: servicio de barras más que suficiente para atender toda la demanda, lavabos, accesos, circulación por el recinto, zona de comida… Uno de los únicos puntos negros sigue siendo la salida del recinto el jueves, cuando no hay red de transportes públicos y la única manera de salir del Forum es andando o en taxi.

Al final de esta edición -como ya sucede cada año- uno tiene la sensación de que el festival ha crecido un poco más de tamaño respecto al año anterior, y hay ciertos aspectos que no se pueden solucionar con un buen manejo de las infraestructuras. En este sentido, la zona de Llevant es uno de los lugares en los que el Primavera presenta su peor cara: masificación total y absoluta y la sensación de que para poder disfrutar del festival uno se tiene que olvidar de que estos escenarios existen -algo que nos comentó más de uno de los asistentes con los que pudimos hablar-. ¿Hasta cuándo podrá seguir engordando el festival sin que la calidad del producto final se resienta?

Texto: Manel Peña

Fotos: Xavi Mercadé

 

 

 

kendrick cabecera

CRÓNICA PRIMAVERA SOUND: SÁBADO

Empezó la jornada del sábado con lluvia y eso provocó que mucha gente buscara refugio en el Auditori, donde actuaba el veterano cuarteto de cuerda Kronos Quartet. Pudimos entrar por los pelos (primera actuación de este año en la que hubo aforo completo) y dejarnos masajear por el versátil acercamiento a la música clásica contemporánea de esta formación de referencia (cuarenta años de trayectoria musical, nada menos). Su concierto incluyó piezas de Terry Riley y Café Tacuba, entre otros, y también composiciones propias para bandas sonoras como la que cerró el concierto (perteneciente al score de “Klimt”). Su fantástico pase tan sólo quedó empañado por la presencia de unas bases pregrabadas que quedaron un poco fuera de lugar.

Superchunk

A continuación se presentaba uno de los solapamientos más dolorosos -al menos a nivel personal- de todo el cartel: Superchunk o Television. Nos dejamos llevar por las sensaciones del momento y la primera cerveza del día nos llevó a elegir a Superchunk. Había visto a los de Chapel Hill en varias ocasiones desde que se reunieron -todas ellas gracias al Primavera Sound- y en ninguna de ellas se habían acercado ni remotamente a lo que eran Superchunk en sus buenos tiempos. Ayer finalmente nos pudimos sacar la espinita. Encendieron esa vitalista turbina de punk indie rock que es capaz de levantar el más sombrío de los días, centrando el repertorio en sus correctos últimos discos -que en directo ganan muchísimos enteros- y lo combinaron con puntuales menciones a clásicos como “Slack Motherfucker”, “Hyper Enough” y una “Precision Auto” que provocó un pequeño terremoto en el pogo. Su concierto nos dejó una sonrisa de oreja a oreja que todavía no habíamos borrado de nuestras caras cuando llegamos al concurridísimo pase del legendario Caetano Veloso.

Caetano Veloso

El icono de la música brasileña se presentó rodeado de cuadros de Malevich y de la joven banda BandaCé -en la que figura su propio hijo, Moreno- que dio un sorprendente aire contemporáneo a sus temas. Veloso podría dedicarse a explotar el cancionero que le hizo popular hace casi cincuenta años, pero, como pudimos comprobar, no se conforma con eso y sigue en constante movimiento. Fue un verdadero lujo poder acercarnos a la carismática, frágil y expresiva figura de uno de los grandes renovadores de la música tradicional brasileña. Antes de que terminara nos dirigimos al escenario Pitchfork, donde actuaba el jovencísimo rapero Earl Sweatshirt, una de las grandes sorpresas de la escena hip hop de los últimos años.

Earl Sweatshirt

El angelino confirmó que no sólo es un gran rapper, sino que tiene una fuerte personalidad artística, que se proyecta a través de sus canciones y de una carismática presencia escénica. Un concierto strictly hip hop centrado en las canciones de esa obra maestra que es “Doris” y que contrastó en gran medida con el acercamiento de hip hop de grandes estadios que presentaría Kendrick Lamar unos minutos más tarde. La desazón pudo con nosotros al llegar al escenario ATP para intentar presenciar el show del colectivo canadiense Godspeed You! Black Emperor: llenazo de los que hacen época y los aledaños del escenario completamente repletos de público. Nos acabamos situando más o menos en Getafe e intentamos disfrutar del concierto pero -al igual que nos sucedió un par de días antes con Neutral Milk Hotel- fue imposible. Su propuesta no es de las que se pueda paladear siguiendo el concierto a medio gas, como se pudo comprobar con unos primeros diez minutos de ruido que pusieron a prueba a más de uno.

Godspeed You! Black Emperor

Como no hay mal que por bien no venga, las circunstancias nos llevaron a disfrutar del fantástico show del cuarteto americano The Dismemberment Plan y su curiosa mezcla de hip hop, indie y emo. Los de Washington DC hicieron las delicias de un puñado de seguidores que no se han olvidado de ellos en todos estos años (llevaban unos diez años inactivos) y sonaron igual de frescos, imaginativos e inclasificables que cuando los escuchábamos hace unos quince años. Una de las sorpresas del festival, sin duda alguna. Salimos corriendo para el espacio Llevant donde Kendrick Lamar se presentaba rodeado de una banda de acompañamiento que dio a sus canciones un aire de hip hop para todos los públicos que gozó de una buena aceptación. Tenía cierta curiosidad por ver cómo era recibido un artista de hip hop como cabeza de cartel, pero el hecho de que el angelino se presentara arropado por un formato más o menos tradicional nos impidió comprobar si el público del Primavera está listo para ello o no.

Kendrick Lamar

Media vuelta y a caminar hacia el escenario opuesto, donde Nine Inch Nails (quién hubiera dicho hace tan sólo un par de años que un día serían cabezas de cartel del Primavera) se disponían a empezar su actuación. Trent Reznor y su banda de versátiles músicos dieron el mejor concierto de los que se ofrecieron en los escenarios grandes, sin discusión alguna. Una puesta en escena calculada al milímetro, impactante a todos los niveles, con una sonorización espectacular y cuyo interés no decayó en ningún momento. Espectacular. Con la sensación de tener los deberes hechos y de que el Primavera ya llegaba a su fin nos dispusimos a poner punto final a nuestro periplo acercándonos a Ty Segall y Cold Cave. Segall y los suyos (Mikal Cronin al bajo) dieron uno de los mejores conciertos de rock de guitarras del festival, un auténtico bolazo desde el minuto uno hasta el final, que contrastó con la calculadísima puesta en escena de NIN. Eres el puto mejor, Ty. Lo de Cold Cave en comparación -coldwave de aires sofisticados y ochenteros- nos pareció algo insignificante y falto de sustancia y nos lo tomamos como una señal de que ya era hora de tirar para casa.

Trent Reznor (Nine Inch Nails)

Cansados pero contentos tras varios días de festival, el Primavera Sound de este año ha dejado -como viene siendo habitual- un balance artístico notable, tanto en las propuestas del Auditori, como en los escenarios grandes o de nivel medio. Se ha podido comprobar que el cartel de este año era bastante variado, pero que le falta algo de riesgo y valentía, sobre todo en la zona media. Otro de los puntos fuertes del festival -sus infraestructuras y servicios- funcionó este año a las mil maravillas: servicio de barras más que suficiente para atender toda la demanda, lavabos, accesos, circulación por el recinto, zona de comida… Uno de los únicos puntos negros sigue siendo la salida del recinto el jueves, cuando no hay red de transportes públicos y la única manera de salir del Forum es andando o en taxi.

¿Quién dijo masificación?

Al final de esta edición -como ya sucede cada año- uno tiene la sensación de que el festival ha crecido un poco más de tamaño respecto al año anterior, y hay ciertos aspectos que no se pueden solucionar con un buen manejo de las infraestructuras. En este sentido, la zona de Llevant es uno de los lugares en los que el Primavera presenta su peor cara: masificación total y absoluta y la sensación de que para poder disfrutar del festival uno se tiene que olvidar de que estos escenarios existen -algo que nos comentó más de uno de los asistentes con los que pudimos hablar-. ¿Hasta cuándo podrá seguir engordando el festival sin que la calidad del producto final se resienta?

Texto: Manel Peña

Fotos: Xavi Mercadé

slowdive cabecera

CRÓNICA PRIMAVERA SOUND: VIERNES

Los sudafricanos John Wizards (con muchos problemas para poder llegar a Barcelona) tuvieron que cancelar su concierto programado para el jueves y al final se les asignó un slot en el Auditori que había quedado vacante tras la cancelación de Linda Perhacs. La joven banda probó sonido en quince minutos y acabó empezando su concierto con algo de retraso, algo que influyó en su desarrollo. John Wizards lo intentaron, con una contagiosa actitud y grandes dosis de desparpajo, pero tras su show uno se queda con la misma sensación que cuando escucha su primer disco: un atractivo cóctel sonoro (mezcla de electrónica de baile y música de raíces africana) que no consigue disimular la falta de canciones.

Drive-By Truckers, bajo la lluvia

Siguiente parada: Drive By Truckers. Al salir del Auditori comprobamos con desolación que el tiempo había cambiado rápidamente y que estaba lloviendo con cierta intensidad, algo que no nos impidió acercarnos a escuchar al quinteto norteamericano y su rock de raíces sureñas. Pudimos disfrutar igualmente de un impecable repertorio de canciones inspiradas en grandes nombres como Steve Earle, Neil Young o Tom Petty. Una lástima que el concierto quedara algo deslucido por las circunstancias adversas. Ya sin lluvia, nos dirigimos al escenario ATP, donde nos encontramos una notable cantidad de público reunida para presenciar el regreso de los británicos Loop, un grupo que veinte años después me sigue pareciendo -opinión muy personal, hablé con amigos a los que les había gustado mucho el show- de lo más mediocre. Viéndolos, uno se pone a pensar qué sentido tiene todo esto de las reuniones y cómo esta tendencia (que Primavera Sound y ATP Festival han explotado hasta la saciedad) refleja una actitud muy característica del consumo cultural del Siglo XXI: estamos acostumbrados a tener acceso inmediato a todo y nos creemos capaces de viajar atrás en el tiempo (como si fuésemos una especie de vampiros culturales), capturar a Loop, The Pixies o quien sea y traerlos al día presente. Por desgracia, la mayoría de veces -no todas, como tendríamos ocasión de comprobar a lo largo del día- el experimento no funciona.

La imagen del festival: Chubasqueros y arco iris

Iba con muchas ganas al reencuentro con Kim Gordon y su proyecto Body/Head (junto al guitarrista Bill Nace) y su breve concierto cumplió con las expectativas de manera sobrada. Poco más de treinta minutos de una intensidad apabullante (un directo que amplifica el impacto del disco que publicaron el año pasado, “Coming Apart”), llena de sonidos primarios y experimentales y gran fuerza lírica. Vanguardia y riesgo cien por cien New York que ahuyentó a una parte de la audiencia que se había acercado de manera casual. El primer gran concierto del día y uno de los mejores en lo que llevábamos de festival. Salimos disparados a la otra punta del recinto, donde nos esperaban Slowdive (en la imagen de cabecera). Intentamos mutar el chip y prepararnos mentalmente para el radical cambio de lugar: en el escenario de Llevant los conciertos son otra cosa. Como es previsible, hay un auténtico mogollonazo de gente (suspiro, cabeceo) y nos situamos más o menos en el área grande de la portería contraria de un campo de fútbol y así nos disponemos a disfrutar del show de los de Reading (otra de las reuniones que pueblan el cartel de la jornada). Un sonido ciertamente bajo de volumen (uno de los mayores problemas en casi todos los escenarios), pero que llegaba con una nitidez cristalina, imprescindible para poder disfrutar del shoegaze atmosférico y etéreo del grupo liderado por Neil Halstead y Rachel Goswell. Estamos a unos sesenta metros del escenario, pero Slowdive están sonando de fábula. Van cayendo hits como “Machine Gun”, “When The Sun Hits” e incluso “Rutti”, una canción que he escuchado cientos de veces en la soledad de una habitación y que al aire libre suena igual de bien. Decíamos un poco más arriba que algunas reuniones funcionan y otras no. La de Slowdive desde luego funcionó.

Black Francis (Pixies)

Poco antes de terminar el concierto dirigimos nuestros pasos hacia el escenario donde actuarían Pixies para poder situarnos en un espacio más o menos cercano. Al llegar ya hay un montón de gente y nos tenemos que mentalizar otra vez de que esto es un macrofestival, de que hay mucha gente que quiere ver a este grupo, etc, etc (algunos lo llamarían autosugestión). Empiezan The Pixies con “Bone Machine”, luego “Gouge Away” y “Caribou” y venga hits, uno detrás de otro (muchas veces he pensado que sólo los Beatles tienen un cancionero más sólido que el de Black Francis y los suyos). Pero algo falla. Por las pantallas podemos ver que sí, que son los Pixies, pero al escucharlos (volumen bajo, falta de nervio, ejecución más o menos pulida pero plana y sin ningún tipo de espontaneidad) nos damos cuenta de que no son los Pixies: son un grupo de versiones de los Pixies formado por miembros de los Pixies. Coca Cola light, como decía un amigo mío. Un sucedáneo. A mitad del concierto damos media vuelta y emprendemos el camino de vuelta hacia el ATP, donde en unos minutos empezarán Slint. Afortunadamente no hay mucha gente esperando el inicio del show y podemos pillar un sitio inmejorable, que nos permitirá disfrutar del concierto en impecables condiciones.

Slint

Empieza el show y el ambiente reinante es el de las grandes ocasiones: nadie saca el jodido telefonito móvil y reina el silencio durante todo el concierto. De vez en cuando, uno se encuentra estos momentos en el Primavera y recupera la fe en la humanidad. Corre algo de brisa y el sonido llega con nitidez. De repente Slint están tocando sólo para mí, no hay nadie más en el Forum. Estoy solo, la música llega de algún lugar mágico e indeterminado. Toda la carga existencial que conlleva la experiencia vital capturada en un puñado de canciones, una intensidad sobrecogedora y angustiante, ejecutada con maestría (uniendo precisión instrumental y alma). El típico concierto del que hablaremos durante años y con el que torturaremos al pobre amigo que no pudo venir. Un encuentro histórico, que confirma a Slint como uno de los grandes grupos de su generación y cuyo impacto, lejos de apagarse, se va acrecentando con el paso de los años. Agotados emocionalmente, llegamos a tiempo de pillar los últimos coletazos del concierto de The National y su estilizado y épico adult oriented indie rock. Un concierto en el que hicieron un repaso de su carrera y que gozó de una gran aceptación. De veras que intentamos meternos en la actuación, pero fue imposible por dos factores: por un lado, todavía no nos habíamos recuperado del impacto emocional del show de Slint, y por el otro, se hace casi imposible disfrutar de los conciertos en la zona de Llevant, donde uno sólo puede ver al grupo a menos de treinta metros si llega una hora antes. Era realmente curioso observar a miles de personas siguiendo el concierto de The National por la pantalla que hay detrás de la mesa de sonido, a unos setenta metros de Matt Berninger. Definitivamente no es lo que uno entiende por “ver un concierto”. Mañana, más.

Texto: Manel Peña

Fotos: Xavi Mercadé

I-AM-LEGION

I AM LEGION ENCABEZAN LAS NUEVAS INCORPORACIONES DE DREAMBEACH VILLARICOS

El festival de música electrónica Dreambeach Villaricos (Almería, 8 y 9 de agosto) ha anunciado quince nuevos artistas. I Am Legion, la unión de dos formaciones tan contundentes como Noisia y Foregin Beggars, es la incorporación estrella en esta nueva tanda, en la que también figuran Dosem, Christian Smith, Ismael Rivas y Perc.

También se hecho saber el reparto de artistas que actuarán cada día en el recinto del festival, en plena playa de Villaricos. Así, sabemos ya que Snoop Dog Aka Snoop Lion actuará junto con Carl Cox o Krewella el viernes día 8 de agosto, tras el special opening set del que se encargará Marco Carola, mientras que el sábado 9 será el día para disfrutar de Armin Van Buuren, Knife Party, Richie Hawtin, I Am Legion o las únicas actuaciones en festivales en España este verano de Netsky (live) o W&W, entre otros. Los abonos entran en un nuevo tramo de precios y ya están disponibles las entradas de día del festival.