Gaetano Parisio

Dreambeach vs Aquasella

Nos introducimos en el fin de semana más electrónico del verano con la celebración del 18 cumpleaños del Aquasella y la segunda edición del DreamBeach Villaricos. Muchos han sido los debates acerca de cual de los dos festivales tiene mejor cartel, cual ha convocado a los mejores djs, etc… lo que esta claro es que ambos son los festivales electrónicos, junto al Monegros, con mayor solera en nuestro país.

Norte o Sur, Aquasella o Dreambeach, Techno y hard- techno o una propuesta más generalista… sea como sea, desde Bythefest hemos preparado una playlist juntando las mejores propuestas de un festival y otro. Aquí tenéis nuestra lista más electrónica del verano!

Temas:

- Carl Cox: If i fall (Would you let me?)

- Krewella: Alive

-Marco Carola: Open Source

- Armin Van Buuren: In and out of love

-Richie Hawtin: Call it what

- Knife Party: Bonfire

-Netsky: Eyes closed

- W&W: Bigfoot

- Cristian Varela: Pornogames

- Doctor P.: Flying Spaghetti monsters

-Paco Osuna: Atopisimo

- Dub Elements: Black ninja

- Ben Sims: Welcome to the club

- Paul Kalkbrenner: Sky and sand

- Fátima Hajji: Violines

- Sven Väth: Komn

- Oscar Mulero: Like a wolf

 

 

 

cabecera crystal

ASÍ TE CONTAMOS EL ARENAL SOUND

Tiene algo de spring break, esas vacaciones primaverales americanas en las que los estudiantes se abonan a la juerga y el desenfreno. El Arenal Sound es menos destroy, pero se ajusta al modelo. Miles de adolescentes de fiesta non stop en un recinto en el que la bebida varía de precio según la hora (de 14 h. a 18 h. es más barata), se prohibe a la prensa hacer fotos del camping (bajo contrato firmado) y no es extraño encontrarse con padres que dejan a sus tiernos infantes en la puerta del festival para pasar a recogerlos de madrugada. Como un resort o un parque temático, el Arenal Sound pone el espacio y la música, el resto es cosa de las hormonas, las ganas de divertirse y la capacidad de (des) control de cada uno. Bienvenidos a un nuevo concepto de festival, en el que un porcentaje muy elevado de público está más preocupado de hacerse el selfie de turno que de saber quién está sobre el escenario.

 

 

JUEVES

Bien es cierto que, cuando el grupo tiene tirón, la gente responde dándolo todo. Ocurrió a primera hora de la tarde del jueves, en el escenario principal, con La Pegatina. Si Mano Negra depuraron la patchanka, la banda catalana devalúa la fórmula (cumbia, reggae, rock, rumba, ska y lo que se tercie) hasta convertirla en pura y simple pachanga, en la que no falta ni uno solo de los tópicos asociados a la verbena. Invitaron a cantar a Santi Balmes (Love of Lesbian) en “Amantes de lo ajeno”, pusieron al público a bailar y terminaron provocando vergüenza ajena en la presentación de los diferentes componentes del grupo, que empezó con bromas a costa de “The Final Countdown” (Europe) o “We Will Rock You” (Queen) y terminó con el “Achilipú”, el “Borriquito como tú” y demás artillería pesada de fiesta mayor.

 

 

Mientras tanto, en el escenario de la playa, Zulú 9:30 tocaban para apenas un centenar de personas, ya que su propuesta musical es muy similar a la de La Pegatina, pero carecen de su capacidad de convocatoria. Se diría que un festival que hace sold out y cifra su asistencia diaria en más de cuarenta mil personas debería tener público a todas horas para todos los escenarios, pero como no se permite el acceso de comida al recinto, mucha gente abandona las instalaciones para abastecerse de alimento y bebida en el camping. De hecho, Elefantes tampoco despertaron gran expectación. Su inesperado regreso (no parece que hubiera hordas de fans reclamándolo) se nutrió mayoritariamente de público flotante, es decir, de gente que pasaba por delante del escenario camino de otro sitio. En las primeras filas, en todo caso, sí que se congregaron algunos seguidores fieles, que pudieron comprobar cómo Shuarma sigue poniendo todo de su parte para convertirse en el David Bowie barcelonés. Huelga decir que sin éxito éxito, claro.

 

 

El protagonismo catalán continuó con Els Amics de les Arts y su pop progresivo, que también convocó a un número reducido de público. Y es que ningún escenario volvería a lucir repleto hasta la llegada de Love of Lesbian. Asistir a dos conciertos suyos en menos de una semana (habían actuado el domingo pasado en el Low Festival) supone una dura prueba hasta para el cronista más curtido, pero allá que fuimos. Craso error. Ofrecieron más de lo mismo, con la única novedad de que un corte de luz les obligó a parar durante diez minutos. Balmes devolvió el detalle a La Pegatina invitándolos a compartir el escenario en “Víctimas del porno” y el resto fue como siempre: Citas a “Como yo te amo” (Raphael), imitación de Jorge Javier Vázquez, “Club de fans de John Boy”, “Si tú me dices Ben, yo digo Affleck”… El día de la marmota.

 

 

Una visita al escenario Negrita sirvió para comprobar que L.A. siguen cómodos cultivando el rock americano cantado en inglés y con ocasional espíritu power pop, como si Wilco se juntaran con R.E.M. y Tom Petty para pasar el rato. Dicho de otro modo: Sonido reconocible, ejecución intachable, algunas canciones resultonas y la inevitable sensación final de sucedáneo, porque es imposible que mejoren (o incluso igualen) a sus modelos.

 

 

Y así, como quien no quiere la cosa, casi a la una de la madrugada (hubo un ligero retraso en la programación a causa del corte sufrido por Love of Lesbian), salía al escenario Desperados la artista que justificó la jornada del jueves en Burriana. Porque Crystal Fighters reunieron más público, pero Azealia Banks fue la reina de la noche. Una artista internacional con fama de esquiva y en actuación exclusiva, que tras un warm up a cargo de su DJ apareció radiante en el escenario, acompañada de cuatro bailarinas y una pareja mixta de coristas (al fondo del escenario y poco iluminados). Una auténtica diva del nuevo siglo, que ni siquiera necesita un álbum (formato jubilado por internet) para disponer de prime time festivalero, y que es consciente de la época de culto a la personalidad en la que vive (su presencia en los visuales fue avasalladora). Puede que M.I.A. (su pase en el FIB sigue muy reciente) ofrezca un melting pot sonoro más completo, pero Azealia Banks no se queda atrás a la hora de hilvanar hits: “No problems”, “1981″, “Esta noche”, “Liquorice” o “Luxury” obligan a recordar a raperas de rompe y rasga que la precedieron, como Lil’ Kim, pero para cuando interpreta “212″ sobran las comparaciones. Voz, estilo, clase y actitud comprimidos en cincuenta concisos minutos.

 

 

El delirio llegaría, pasadas las 3 de la madrugada, con Crystal Fighters, que no tardan en tocar “LA Calling” como pura demostración de fuerza, elevando la temperatura a las primeras de cambio. Ataviados como en sus últimas visitas a nuestro país, a mitad de camino entre una tribu chamánica y una pandilla de crusties, desplegaron su idiosincrasia neohippie de inclinación raver utilizando las dos mejores armas de que disponen: Los coros y el ritmo. Con eso les basta (la txalaparta es mera anécdota) para rendir a sus pies a un público que les adora, y que además, a esas horas, es presa fácil ante argumentos como “Love Natural” y el resto de su repertorio. No pasarán a la historia, pero miles de españolitos recordarán dentro de unos años que se desmelenaron al son de sus canciones. Después de su show nos batimos en retirada.

 

VIERNES

Como consecuencia de la abrumadora reiteración de nombres que exhiben los festivales, las crónicas desde Burriana son selectivas, otorgando prioridad a artistas que actúan en exclusiva o que no han pasado anteriormente por otras citas estivales españolas este año. Por eso, el viernes, nos tomamos la libertad de pasar por alto a Sidonie, The Right Ons, Triángulo de Amor Bizarro o Izal, grupos que han actuado muy recientemente en Contempopránea, BBK Live, San San, Low, FIB, etc. y que ya han sido objeto de reseña en byTHEFEST. Así pues, nuestro picoteo del viernes comenzó con uno de los platos fuertes del Arenal Sound 2014: Miles Kane, buque insignia de la nutrida representación británica de la jornada.

 

 

Y lo cierto es que supo estar a la altura. Salió acompañado por su banda al son del “Loaded” de Primal Scream, arrancó con “Inhaler” y no dio tregua en la hora y cuarto que duró su concierto. Lo suyo es clase pop inglesa en una tradición que se inicia en los Beatles, pasa por The Who o Bowie y llega hasta Paul Weller, uno de sus modelos indiscutibles (no hay más que escuchar “You’re Gonna Get It”). Se sintió a gusto desde que pisó el escenario, y fue dejando caer perlas como “Counting Down The Days” o “What Condition Am I In?”, consciente de que en sus dos álbumes no hay material de relleno. En “First Of My Kind”, el teclista Ben Parsons se desdobló a la trompeta, para dar paso después a un “Give Up” en el que, como es costumbre, introdujeron un guiño a “Sympathy for the Devil” (The Rolling Stones), y tras “My Fantasy” llegaría un tramo final apoteósico, con “Don’t Forget Who You Are”, “Rearrange” y un largo “Come Closer”, que cerró un pase impecable, de gran nivel. Sin duda, el mejor de la jornada.

 

 

Los jóvenes Peace comparten bastantes influencias con Kane, y además les añaden otras sin demasiado disimulo, como The Cure (muy evidente en “Lovesick”). El único álbum de la banda de los hermanos Koisser prometía una actuación refrescante y sin complejos, que sin embargo dejó un sabor de boca agridulce al poner en evidencia que todavía están buscando una identidad propia. Del acento bailable que toman prestado a Foals (“Wraith”) al toque afro deudor de Vampire Weekend (la guitarra de “Bloodshake”), apuntan maneras en todas las direcciones a las que parecen dirigirse, pero da la sensación de que todavía no saben a qué carta apostar el indudable potencial que poseen. En todo caso, una estupenda oportunidad para ver a una banda en crecimiento que puede deparar muchas alegrías en el futuro.

 

 

La siguiente cita en el escenario principal era con Biffy Clyro. Como Miles Kane y Peace, no lograron llenar, pese a lograr una notable respuesta de público, circunstancia que vuelve a poner sobre la mesa las reflexiones a propósito de la primera jornada del Arenal Sound: ¿Dónde están los famosos “sounders” durante los conciertos? Pues de botellón en el camping (y en las calles), a la espera de que los disc jockeys tomen el recinto. Pero vamos con la banda escocesa. La Wikipedia define “mascletà” como “un disparo pirotécnico que conforma una composición muy ruidosa y rítmica”, y lo cierto es que no hay mejor manera de explicar cómo fue el concierto del trío, que en vivo se amplía a quinteto. Basado en pilares como una imagen efectista y un apabullante sonido, el directo de Biffy Clyro es una descarga metálica en toda regla, barnizada de rock alternativo para penetrar mejor en el mercado mainstream, pero cortada por el mismo patrón que la de Muse. Es decir, tan sobrada de desmesura como vacía de contenido. Lo cual no quiere decir que Simon Neil no pusiera toda la carne (y los tatuajes) en el asador. Lo suyo fue una ración de grandilocuencia “Biblical”.

 

 

Antes de encarar la recta final del día, el picoteo del viernes incluyó un somero vistazo a los georgianos LOUDspeakers, uno de los ganadores del concurso de grupos del festival, que desgranaron sus oscuras melodías de inspiración post-punk ante un número muy reducido de espectadores. También una visita al escenario Negrita, para constatar que Estereotypo son, hoy por hoy, la versión española de Rinôçérôse (y que pueden cargarse “Love Me Do” sin pestañear).

 

 

Casi a las 3 de la madrugada, llegó el turno de The Wombats, ese trío de Liverpool cuyos miembros parecen salidos del club de empollones del instituto. Para no romper la tradición de la jornada, también ellos se miran en la historia del pop británico, que asumen sin otra intención que ser un eslabón más de la cadena. Divertidos, saltarines e inocuos, se alimentan de britpop con algún aliño electro, que convierten en canciones tan dignas como carentes de especial encanto, una banda sonora ideal en el contexto de un festival en el que la música no deja de ser un ingrediente más, y no necesariamente el de mayor importancia: Durante el concierto de Biffy Clyro, se pudo ver a Miles Kane en la zona VIP. En el FIB, no hubiera podido dar un paso sin que alguien le abordara. En el Arenal Sound, la única chica que se le acercó con un móvil fue para pedirle que le sacara una foto con una amiga. ¿Hemos dicho ya que este es un festival diferente?

 

SÁBADO

Mientras la chavalería se dedica a sacar el máximo partido al móvil (¿serán las empresas de telefonía las mayores beneficiadas de los festivales?), los grupos continúan actuando en los diversos escenarios de un Arenal Sound dividido en dos mitades: Por un lado, los conciertos; por otro, las suelas del calzado deportivo en combustión, que dicho sin pedantería es, pura y simplemente, quemar zapatilla. Los primeros se desarrollan en horario de tarde y noche, con desigual asistencia de público. Lo segundo reclama su jurisdicción de madrugada, y reúne a miles de “sounders” frente al disc jockey de turno hasta que vuelve a salir el sol. Burriana, a way of life.

 

 

Nuestro picoteo del sábado comenzó con Russian Red. Aunque disponía de hora y cuarto, ofreció unos ajustados cincuenta minutos en la línea de sus pases en el 101 Sun Festival y La Mar de Músicas. La formación de cuarteto arropa mejor sus canciones, y su voz sigue siendo el eje sobre el que pivota un repertorio en el que se echan en falta hits, pero que ha ganado mucho en empaque eléctrico. Lo que no cambia es su escasa capacidad para empatizar con el público, incluso cuando suelta la guitarra y se aventura por el escenario micro en mano. En todo caso, su concierto fue un simple aperitivo (ya que vamos de tapas) comparado con el ciclón que nos esperaba en el escenario principal.

 

 

Nadie estaba preparado para Matt and Kim. La expectación era más bien escasa cuando salieron a un escenario enorme en el que solo se veía, en un pedestal, un teclado y una batería. Y entonces aparecieron Matt Johnson (nada que ver con el mítico líder de The The) y Kim Schifino para redefinir el concepto de espectáculo pop. Que ella se ocupe de la batería podría servir para establecer comparaciones con The White Stripes, pero todo lo que en Meg White era discreción y mesura se convierte aquí en extraversión y descaro. Es cierto que “Lightning”, su cuarto y último disco, no es su mejor trabajo, pero su directo es dinamita pura. Desde que arrancan con “Overexposed”, exhiben una aplastante ironía que cuestiona la papilla mainstream utilizando sus mismas armas, para poner en pie un show repleto de momentos memorables. El reparto de globos para que el público los lance al aire en la rotunda “Now” (creando un efecto digno de las celebraciones que montan los Flaming Lips) es solo uno de los múltiples recursos con los que obtienen la meta deseada: Convertir su actuación en una fiesta, en la que la gente participa coreando la estupenda “Let’s Go”, Kim se carga la corrección política animando a todo el mundo a practicar sexo o depuran el minimalismo pop a ritmo de negras en “Don’t Slow Down” (otro temazo irresistible).

 

 

Ojo: La juerga, que es descomunal (Kim acaba de pie entre el público, sostenida por la gente), no va en detrimento de un contenido musical abundante en proteínas, desde su alto octanaje hip hop (rítmo, actitud) hasta un uso prodigioso de los snippets (fragmentos de otros temas reutilizados a conveniencia), que incluye citas al “Ignition” de R. Kelly, el socorrido “The Final Countdown” (con una intención radicalmente diferente a como lo utilizó La Pegatina el jueves), “Big Spender” (del musical “Noches en la ciudad”) o la magistral “Push It” (Salt-n-Pepa). Como buenos hijos de la cultura del sample, cortan, pegan y colorean a velocidad de vértigo, y además tienen canciones como “Daylight” o “It’s Alright”, escogidas para cerrar su extenuante actuación, que en manos de The Wombats (por citar un grupo que también ha participado en el festival) no pasarían de ser pequeños ejercicios indie-pop, pero que en las de estos dos majaras de Brooklyn se convierten en auténticos acontecimientos. Boca abierta y ojos como platos.

 

 

Seguramente fue el acelerón anímico provocado por Matt and Kim, pero el caso es que los daneses The Asteroids Galaxy Tour nos cayeron en gracia. Mette Lindberg recuerda poderosamente a la Debbie Harry de finales de los setenta, sensación que se refuerza gracias a algunas canciones de aire disco y bajo elástico como “Heart Attack” (que no “Heart of Glass”). Las trompetas (virtuales, tocadas desde el teclado) de “The Golden Age” conectan su propuesta con el revival neosoul, pero es un espejismo que, por fortuna, dura poco en directo, aunque parezca la razón de ser de sus discos. Porque cuando interpretan temas como “Inner City Blues” están más cerca de las cadencias narcóticas de “Screamadelica” (Primal Scream) que del pastiche retro. Habrá que estar atentos a su nuevo álbum (del que tocaron algún tema) para ver si trasladan al estudio ese ocasional trance opiáceo que son capaces de producir en vivo.

 

 

Camino del escenario principal nos asaltó una de esas reflexiones de baratillo que provocan los festivales. Y es que Placebo se presentaban como cabezas de cartel de la jornada (y no sería descabellado decir que también del festival) y, sin embargo, parecían un grupo viejo (acaban de cumplir veinte años) en el contexto del Arenal Sound. Quizá las derivaciones soul de The Asteroids Galaxy Tour y el remozado sonido mod de Miles Kane puedan ser calificados como retro, pero probablemente el de Burriana es el único festival español que no recurre a la nostalgia incorporando grupos veteranos reunificados o viejas glorias en mayor o menor estado de decrepitud. Sí, entre los grupos españoles del cartel abunda el relleno y la medianía, y quizá la selección internacional no sea de campanillas, pero se centra en bandas de trayectoria todavía corta, formaciones nacidas casi en su totalidad en el nuevo siglo, que representan, para bien o para mal, el “ahora” (o una parte de ese ahora) de la música pop. Un dato a tener en cuenta cuando sus competidores (todos de mayor prestigio) recurren al “antes” con frecuencia cada vez mayor.

 

 

Cerrado el paréntesis reflexivo, conviene aclarar que Placebo fue el grupo que más gente reunió y que ofrecieron un show intachable. Seis músicos en escena, una escenografía notable (especialmente efectivas las pantallas en la parte superior del escenario) y un repertorio al que algunos le achacaron la ausencia de hits del pasado, pero que tenía sentido si lo que deseaban era reivindicar su último trabajo, que recupera su sonido inicial y es el motivo por el que están de gira. Así que empezaron con “B3″ (una de sus canciones más Smashing Pumpkins) y acto seguido enlazaron “For What It’s Worth” y “Loud Like Love” (que da nombre al álbum). “Scene of the Crime”, “A Million Little Pieces” o “Exit Wounds” fueron otros de los temas nuevos que interpretaron, y solo se permitieron mirar atrás recurriendo a “Meds”, del que tocaron “Space Monkey”, “One of a Kind” o “Song to Say Goodbye”, entre otras. Nada de su debut y solo “Every You Every Me” y “Special K” de su primera etapa. En el bis, una versión de “Running Up That Hill” (Kate Bush), “Post Blue” e “Infra-Red”. Ovación y vuelta al ruedo avalada por sus fans, aunque en realidad su discurso sonoro resulta bastante monocorde y no presenta demasiados motivos para el entusiasmo objetivo.

 

 

Los suecos The Royal Concept recogieron parte del público de Placebo al tomar el relevo en el escenario Negrita. Todo lo que tienen de majos, entusiastas, saltarines y fashion lo transmiten a un repertorio que suena como si Phoenix hubieran nacido para ser ídolos teen-pop. “On Our Way”, “D-D-Dance” o “Gimme Twice” son canciones resultonas, y aunque David Larson abusa del vocoder, no es óbice para que cause estragos entre las jovencitas de las primeras filas (sobre todo, cuando se despoja de la camisa y baja al foso). Como ocurre con la mayoría de bandas de su país, son un sucedaneo más o menos afortunado de sus modelos anglosajones (en este caso, francés). Aprovecharon para felicitar al público español por tener nuevo rey (ejem), solventaron algún que otro ligero contratiempo de sonido y se lanzaron de cabeza al ritmo sincopado, recurso infalible para poner a bailar a la audiencia adolescente, que respondió al reclamo con entusiasmo.

 

 

La última parada del día fue en el escenario principal, con Buraka Som Sistema. Batería, kit de percusión, laptop y tres vocalistas (dos hombres y una mujer) para desplegar el kuduro progresivo que caracteriza a la formación portuguesa. Una mezcla de afrobeat, ragga, zouk antillano y kizomba angoleño que con canciones como “Hangover” lanza a la estratosfera a un público que reacciona como el perro de Paulov ante el estímulo bailable, y al que llegada la madrugada le da igual ocho que ochenta. Lo cual no quiere decir que la propuesta del grupo fuera de perfil bajo. Más aún: por el mero hecho de buscarle los tres pies rítmicos al gato en un entorno en el que prima el recurso fácil (o ritmo machacón, o subidón subidón), vale la pena destacar su enérgica actuación. Después llegarían Boys Noize, pero para entonces el comando byTHEFEST había emprendido la retirada.

 

DOMINGO

El festival bajó el telón dejando un sabor agridulce, ya que si la jornada del sábado destacó por las sorpresas, la del domingo estuvo marcada por las decepciones. Pero vayamos por partes, porque el día empezó muy bien, gracias a El Columpio Asesino. Hay que ver cómo ha crecido la banda navarra desde aquellos primeros discos en que coqueteaba con el indie o el sonido Manchester. “Ballenas muertas en San Sebastián”, su último (y mejor) álbum, ha completado el giro apuntado en “Diamantes”, y su directo es de una solidez aplastante. Abren con “Babel” y “Escalofrío”, con ecos de Suicide y krautrock que han asimilado con absoluta naturalidad. De hecho, la electrónica asume el protagonismo, pero el show no es una fiesta. Las canciones de El Columpio Asesino hablan de coches bomba y de mochilas abandonadas en estaciones, mientras Cristina Martínez fustiga un pad de percusión electrónica. Música acorde con tiempos sombríos, que la propia Cristina y Álvaro Arizaleta recitan más que cantan, y en la que no hay lugar para concesiones. Como mucho, la trompeta de “Edad legal” (a cargo del teclista Íñigo Sola) y un tramo final en el que el alucinado público adolescente que asiste a su pase puede soltar la presión acumulada con “Toro”, su tema más conocido. Magníficos.

 

 

Reciente aún su actuación en el Bilbao BBK Live, los londinenses Bastille llegaron al Arenal Sound para mostrar el reverso de El Columpio Asesino. Lo que en los españoles es densidad sonora, actitud y compromiso, en los ingleses se convierte en puro escapismo. Reunieron a una gran cantidad de público en el escenario grande y salieron al son de la sintonía de “Twin Peaks” (Angelo Badalamenti), que para eso tienen un tema titulado “Laura Palmer”, pero desde que comenzaron con “Bad Blood” y “Weight of Living, Pt. II” quedó claro que son una boy band enmascarada de promesa synth-pop. Su estética, la imagen que proyectan, los bailes de Dan Smith, las melodías y el tratamiento vocal de las canciones van en una dirección muy clara, y las hordas de jovencitas que les aclamaban en las primeras filas demuestran que la fórmula les ha funcionado. Otra cosa es que su propuesta sonora posea alguna solidez. Que no es el caso. Del puñetazo de realidad servido por El Columpio Asesino pasamos sin solución de continuidad a temas trufados de coros de estadio que sustentan proclamas como “You Will Live Forever” (en “Poet”). El final, con “Of The Night” (especie de spin-off de “The Rhythm of the Night”, de Corona) y “Pompeii”, ratificó su triunfo entre una chavalería que, al terminar su concierto, huyó masivamente hacia el camping, de donde ya no volvería hasta bien entrada la madrugada.

 

 

Ese fue el motivo por el que FM Belfast empezaron su actuación ante un público más bien escaso. Aunque quizá otra de las razones sea la música que sonaba por los altavoces para amenizar la espera. Abramos paréntesis. Queridos técnicos de sonido del mundo: Ya sabemos que “In the Air Tonight”, de Phil Collins, suena fabulosa por los potentes altavoces de los grandes equipos, y que debe ser la grabación sonora más perfecta que existe, pero, de verdad, es horrible. No insistáis. Basta. Por favor. Y, ya puestos, lo mismo vale para los temas de Dire Straits. Cerramos paréntesis. La banda islandesa (curiosa la fijación de los programadores del Arenal Sound con los países nórdicos), que este año también ha pasado por el Sónar, salió al escenario dispuesta a darlo todo. De hecho, hasta se diría que iban pasados de revoluciones. Como unos !!! (Chk Chk Chk) de garrafón, abonados al trazo grueso, comparten con Matt and Kim, que habían actuado el sábado, el gusto por el snippet, pero mientras que el dúo de Brooklyn lo utiliza como recurso irónico, para FM Belfast es un gancho populista. Así, el público, que mayoritarimante no conoce “Brighter Days”, puede levantar el puño y asentir satisfecho cuando la convierten en “Wonderwall” (Oasis). La operación se repite en “Nicole” con el “Pump Up The Jam” de Technotronic (elección lógica, ya que su sonido deriva hacia el eurodisco) o en “I Don’t Want to Sleep Either” con “(You gotta) Fight for your right (to party)”, de Beastie Boys, mientras otros temas propios como “DeLorean” o “Everything” pasan más desapercibidos, pese al despliegue bailable y de cariz humorístico que se gasta el grupo liderado por Lóa Hlín Hjálmtýsdóttir y Árni Rúnar Hlöðversson (sí, sus nombres son bastante más intrincados que sus canciones). Al final, tanto va el cántaro a la fuente (la lista de préstamos se amplía con el “Bring the Noise” de Public Enemy) que termina por romperse, y la cita anecdótica se come literalmente el discurso principal cuando les da por regresar al escenario y abrir el bis con “Welcome to the Jungle” (Guns N’Roses). A mitad de “Lotus” (su particular versión del “Killing in the Name of” de Rage Against The Machine), y como sobrepasaban el tiempo de actuación asignado, les cortaron el sonido. Por pesados.

 

 

No obstante, la gran decepción de la noche llegó de la mano de Mando Diao. Es evidente que en “Aelita”, su último disco, ya no queda nada de aquel simpático grupo de garage que fueron en sus comienzos (nada extraordinario, por otra parte), pero verlos aparecer en escena y pensar que habían sido captados por una secta fue todo uno. No ayudó el místico discurso inicial sobre un amigo muerto de cáncer hace un año, ni unos trajes diseñados por su peor enemigo, ni una escenografía que parecía una reproducción de la Fortaleza de la Soledad de Supermán construida por un artista fallero. Siendo benévolos, se diría que los suecos buscaban un impacto glam. Siendo crueles, que se han apuntado a la cienciología. En cualquier caso, entraron en materia musical con “God Knows” y la cosa tampoco mejoró. Inevitable recordar a los noruegos A-ha escuchando el barnizado sintético que han dado a su repertorio con objeto de amoldarlo al cariz bailable de su sonido actual. Para cuando tocaron “Sweet Wet Dreams” (con un arreglo de guitarra española que apesta a tópico) la rechifla era general, exceptuando a los incondicionales, que lo son, lógicamente, de su etapa más reciente, y que pudieron saltar a gusto con “Gloria”, que puso el cierre, y con un bis en el que tocaron “Dance With Somebody” y “Black Saturday”. Verlo para creerlo.

 

 

Los ingleses Circa Waves tenían todos los números para convertirse en la revelación del día. Insultántemente jóvenes, debutaban en España sin haber publicado aún su primer álbum, pero con un puñado de singles que les han convertido en una de las promesas de la escena anglosajona. Ya hay quien asegura que son los nuevos Strokes, y escuchando “Young Chasers” habría que darle la razón. Pero también recuerdan a The Kooks, Vaccines o Libertines (“Get Away”). Efectivamente, suenan a cualquier cosa menos a ellos mismos. En todo caso, la personalidad la pueden adquirir con el tiempo, porque todo lo demás lo tienen: Frescura, contundencia, repertorio (presentaron bastante material nuevo) y concisión: En 35 minutos habían terminado. Convincentes, aunque todavía demasiado miméticos.

 

 

Disc jockeys aparte (no, no amanecimos en la playa), quedaba por ver a los sudafricanos Die Antwoord, razón de la visita a Burriana de no pocos “sounders”, que reventaron el escenario principal para asistir a una demostración de fuerza que, sin embargo, supo a poco. Porque Ninja y Yo-Landi Vi$$er ofrecieron una ración de hip hop intachable, rapeando con flow y actitud agresiva sobre las bases del efectivo DJ Hi-Tek, pero de un grupo con su trayectoria visual previa (sus notables clips) se esperaba una performance más espectacular. No faltaron hits como “Enter the Ninja”, “I Fink U Freeky”, “Baby’s on Fire” o ese “Pitbull Terrier” en el que samplean a Goran Bregovic. Tampoco el talante tan particular que exhiben, que ellos denominan zef y que conjuga el sonido rave de los noventa con el orgullo white trash. Su presencia impone, cuando suben los bpm’s arrollan a todo el que se ponga por delante, y la voz de rata histérica de Yo-Landi contribuye a crear un ambiente psicótico que, de alguna manera, convierte el show en una ceremonia que transmite cierto peligro y hasta un componente insano, que enloquece a un público entregado de antemano. Dan miedo, y al mismo tiempo son conscientes de su condición de producto pop de masas. El signo de los tiempos. El año que viene, más.

 

Fotos: Liberto Peiró

cabecera jeff mills

DREAMBEACH VILLARICOS: MANUAL DE USO

Unas cuantas temporadas separan Dreambeach Villaricos 2014 de las grandes producciones del cine clásico como “Lawrence de Arabia”,del gran David Lean, de las más modestas a cargo de Sergio Leone, Clint Eastwood y Lee Van Cleef, o de las más cutres y casposas, pero no menos divertidas, de Terence Hill y Bud Spencer. Denominador común: un paisaje almeriense donde el polvoriento Desierto de Tabernas queda sustituido por las refrescantes olas que bañan las playas orientales de la provincia de Almería con su inagotable insistencia. En este caso, la de Villaricos, en Cuevas del Almanzora. Un paraje muy cercano a Palomares, lugar archiconocido para quienes ya peinamos canas debido al infame incidente nuclear hispano-yanqui que Fraga Iribarne, ministro de Franco a la sazón y fundador de Alianza Popular (seguro que se podría mejorar el currículum), resolvió pizpireto con unos calzones del tamaño de la Catedral de Santiago.

 

 

Pero no teman, la única radiación que van a recoger sus cuerpos turgentes por aquellas inmediaciones será la solar. Crema protectora, gorrita, pamela o capazo si es de los que gastan tamaño buque, toalla, tienda de campaña, un par de mudas y neceser secreto compondrían el kit mínimo de supervivencia en la nueva edición de Dreambeach, veterano festival de electrónica veraniega heredero del desaparecido Creamfields. Hedonismo a go-go bajo los auspicios de un cartel consonante que vamos a repasar, aunque sea sucintamente, a continuación. Por cierto: el video de presentación de la edición de este año podría titularse algo así como “frenesí en la playa” a juzgar por el extático júbilo del público que inunda sus imágenes (mejor que no lo vean sus padres).

 

Carl Cox

 

Un rooster mejorado notablemente (a priori) respecto al del año pasado, gracias a la presencia de lumbreras de caché como el habitual Carl Cox (yo diría que este tipo tiene dobles, como Franco) o el también histórico y calvorota vocacional Richie Hawtin alias Plastikman, que aterrizará esta vez sin su monolito de LEDs de última generación. A éstos se les unen en el último momento dos supervivientes más de la electrónica de los noventa (y más allá) como Jeff Mills (palabras mayores, oigan), padre del colectivo Underground Resistance directamente desde Detroit (y autor de piezas tan subyugantes todavía hoy como “The Bells”junto a la Orquesta Filarmónica de Montpellier), y JoshWink (otro festero impenitente de altos quilates).

 

Josh Wink

 

Como no podía ser de otra manera, se da un previsible predominio de pinchadiscos nacionales, aunque experimentados en los circuitos internacionales y no sólo domésticos, juramentados todos ellos para proporcionar al joven público predominante diversión sonora non-stop durante los días 8 y 9 de agosto entre remojón y remojón. Entre ellos podríamos mencionar al veterano Óscar Mulero, a Paco Osuna, artista internacional no menos bregado consu minimalismo house con remezclas de temas de Plastikman para el sello Plus8 en la cartera, al ecléctico y sorprendente Lollypop o a Ramiro López, Horacio Cruz, Cristian Desmedt, Christian Varela, Chus & Ceballos y tantos otros, incluidos los andaluces, como no podía ser menos, tales como Bony Stuche y compañía. Bien.

 

Óscar Mulero (Foto: Jerry Knies)

 

En la misma onda sensual latina nos encontraríamos a gente como Andrea Oliva; no precisamente sensual es la bass music de Aphex (no confundir con Aphex Twin, a pesar de las concordancias: eso no se hace, chaval); el napolitano Gaetano Parisio amerizará con su eficaz techno progresivo, que puede recordar con un tono menos siniestro a magos del género percusivo y minimalista como Psychick Warriors of Gaia (escuchen su reciente “I’m loosing you”) o al mejor Villalobos (el EP “Refrain”, de 2009, le avala). Hombre a seguir en esas noches de canícula. Pero si prefieren ver algo diferente, no deben perderse al atractivo Roberto Mendoza y su sorprendente mezcla de house y violín con la que dejaría patédefuá al mismísimo Nicolás Paganini (sin síndrome de Marfán) versus Herbert on acid (de garrafón), a la vez.

 

Gaetano Parisio

Por lo que respecta a los artistas foráneos, con Agoria(el francés Sébastien Devaud) está asegurada una buena sesión de house infectado del mejor techno de Detroit, el más fino y sutil si atendemos a su álbum “Impermanence”(2011), donde precisamente figuran invitados como Carl Craig, technomaster de segunda generación como es sabido, y gran guardian de la lama techno, o Kid A. Nada nuevo bajo el sol pero todo un must del nuevo Dreambeach. Otra cita imprescindible es sin duda la de Maya Jane Coles, cuyo LP “Comfort” (2013) copó las listas de mejores álbumes internacionales, con la presencia de gente como Tricky y Miss Kittin entre sus surcos (con perdón). La exótica hierofante londinense ofrecerá seguramente su cara deep house más accesible dejando su alias dubstep, Nocturnal Sunshine, para otra ocasión. Supongo.

 

Agoria

 

Viajando a la Europa del Norte cabría destacar al inquieto Adam Beyer y su techno sueco de vocación global, claro; el holandés de mirada traviesa Armin Van Buuren, maestro del trancedel que en la web del festival traducen la siguiente declaración: “No es sólo amor por la música, es pasión. Mucho más que un hobbit, es un modo de vida”… Vive Dios que pateando el mundo como lo hace el rubiales seguro que tendrá los pies peor que Frodo Bolsón; el teutón MatthiasTanzmann o el también neerlandés Joris Voorn y su siempre resultona maleta de hard techno.

 

Adam Beyer

 

Y hasta aquí hemos llegado. Mencionar y comentar a los casi ochenta artistas que completan el cartel de Dreambeach 2014 (entre ellos, Snoop Dog o Marco Carola) no parece razonable. Sí lo es seguramente acudir a la cita y disfrutar del festival como un hobbit en las fiestas del pueblo o como un clubber del siglo XXI. A elegir. Nombres interesante hay unos cuantos. Eso sí: no se olviden el kit de supervivencia mencionado más arriba y la crema solar, que después todo es llorar.

 

Maya Jane Coles (Foto: Siehe)

 

Matt & Kim

CRÓNICA ARENAL SOUND: SÁBADO

Mientras la chavalería se dedica a sacar el máximo partido al móvil (¿serán las empresas de telefonía las mayores beneficiadas de los festivales?), los grupos continúan actuando en los diversos escenarios de un Arenal Sound dividido en dos mitades: Por un lado, los conciertos; por otro, las suelas del calzado deportivo en combustión, que dicho sin pedantería es, pura y simplemente, quemar zapatilla. Los primeros se desarrollan en horario de tarde y noche, con desigual asistencia de público. Lo segundo reclama su jurisdicción de madrugada, y reúne a miles de “sounders” frente al disc jockey de turno hasta que vuelve a salir el sol. Burriana, a way of life.

 

Russian Red

 

Nuestro picoteo del sábado comenzó con Russian Red. Aunque disponía de hora y cuarto, ofreció unos ajustados cincuenta minutos en la línea de sus pases en el 101 Sun Festival y La Mar de Músicas. La formación de cuarteto arropa mejor sus canciones, y su voz sigue siendo el eje sobre el que pivota un repertorio en el que se echan en falta hits, pero que ha ganado mucho en empaque eléctrico. Lo que no cambia es su escasa capacidad para empatizar con el público, incluso cuando suelta la guitarra y se aventura por el escenario micro en mano. En todo caso, su concierto fue un simple aperitivo (ya que vamos de tapas) comparado con el ciclón que nos esperaba en el escenario principal.

 

Matt and Kim: Globos para todos

 

Nadie estaba preparado para Matt and Kim. La expectación era más bien escasa cuando salieron a un escenario enorme en el que solo se veía, en un pedestal, un teclado y una batería. Y entonces aparecieron Matt Johnson (nada que ver con el mítico líder de The The) y Kim Schifino para redefinir el concepto de espectáculo pop. Que ella se ocupe de la batería podría servir para establecer comparaciones con The White Stripes, pero todo lo que en Meg White era discreción y mesura se convierte aquí en extraversión y descaro. Es cierto que “Lightning”, su cuarto y último disco, no es su mejor trabajo, pero su directo es dinamita pura. Desde que arrancan con “Overexposed”, exhiben una aplastante ironía que cuestiona la papilla mainstream utilizando sus mismas armas, para poner en pie un show repleto de momentos memorables. El reparto de globos para que el público los lance al aire en la rotunda “Now” (creando un efecto digno de las celebraciones que montan los Flaming Lips) es solo uno de los múltiples recursos con los que obtienen la meta deseada: Convertir su actuación en una fiesta, en la que la gente participa coreando la estupenda “Let’s Go”, Kim se carga la corrección política animando a todo el mundo a practicar sexo o depuran el minimalismo pop a ritmo de negras en “Don’t Slow Down” (otro temazo irresistible).

 

Kim Schifino, caminando sobre el público

 

Ojo: La juerga, que es descomunal (Kim acaba de pie entre el público, sostenida por la gente), no va en detrimento de un contenido musical abundante en proteínas, desde su alto octanaje hip hop (rítmo, actitud) hasta un uso prodigioso de los snippets (fragmentos de otros temas reutilizados a conveniencia), que incluye citas al “Ignition” de R. Kelly, el socorrido “The Final Countdown” (con una intención radicalmente diferente a como lo utilizó La Pegatina el jueves), “Big Spender” (del musical “Noches en la ciudad”) o la magistral “Push It” (Salt-n-Pepa). Como buenos hijos de la cultura del sample, cortan, pegan y colorean a velocidad de vértigo, y además tienen canciones como “Daylight” o “It’s Alright”, escogidas para cerrar su extenuante actuación, que en manos de The Wombats (por citar un grupo que también ha participado en el festival) no pasarían de ser pequeños ejercicios indie-pop, pero que en las de estos dos majaras de Brooklyn se convierten en auténticos acontecimientos. Boca abierta y ojos como platos.

 

Mette Lindberg (The Asteroids Galaxy Tour)

 

Seguramente fue el acelerón anímico provocado por Matt and Kim, pero el caso es que los daneses The Asteroids Galaxy Tour nos cayeron en gracia. Mette Lindberg recuerda poderosamente a la Debbie Harry de finales de los setenta, sensación que se refuerza gracias a algunas canciones de aire disco y bajo elástico como “Heart Attack” (que no “Heart of Glass”). Las trompetas (virtuales, tocadas desde el teclado) de “The Golden Age” conectan su propuesta con el revival neosoul, pero es un espejismo que, por fortuna, dura poco en directo, aunque parezca la razón de ser de sus discos. Porque cuando interpretan temas como “Inner City Blues” están más cerca de las cadencias narcóticas de “Screamadelica” (Primal Scream) que del pastiche retro. Habrá que estar atentos a su nuevo álbum (del que tocaron algún tema) para ver si trasladan al estudio ese ocasional trance opiáceo que son capaces de producir en vivo.

 

Placebo

 

Camino del escenario principal nos asaltó una de esas reflexiones de baratillo que provocan los festivales. Y es que Placebo se presentaban como cabezas de cartel de la jornada (y no sería descabellado decir que también del festival) y, sin embargo, parecían un grupo viejo (acaban de cumplir veinte años) en el contexto del Arenal Sound. Quizá las derivaciones soul de The Asteroids Galaxy Tour y el remozado sonido mod de Miles Kane puedan ser calificados como retro, pero probablemente el de Burriana es el único festival español que no recurre a la nostalgia incorporando grupos veteranos reunificados o viejas glorias en mayor o menor estado de decrepitud. Sí, entre los grupos españoles del cartel abunda el relleno y la medianía, y quizá la selección internacional no sea de campanillas, pero se centra en bandas de trayectoria todavía corta, formaciones nacidas casi en su totalidad en el nuevo siglo, que representan, para bien o para mal, el “ahora” (o una parte de ese ahora) de la música pop. Un dato a tener en cuenta cuando sus competidores (todos de mayor prestigio) recurren al “antes” con frecuencia cada vez mayor.

 

El show de luces de Placebo

 

Cerrado el paréntesis reflexivo, conviene aclarar que Placebo fue el grupo que más gente reunió y que ofrecieron un show intachable. Seis músicos en escena, una escenografía notable (especialmente efectivas las pantallas en la parte superior del escenario) y un repertorio al que algunos le achacaron la ausencia de hits del pasado, pero que tenía sentido si lo que deseaban era reivindicar su último trabajo, que recupera su sonido inicial y es el motivo por el que están de gira. Así que empezaron con “B3″ (una de sus canciones más Smashing Pumpkins) y acto seguido enlazaron “For What It’s Worth” y “Loud Like Love” (que da nombre al álbum). “Scene of the Crime”, “A Million Little Pieces” o “Exit Wounds” fueron otros de los temas nuevos que interpretaron, y solo se permitieron mirar atrás recurriendo a “Meds”, del que tocaron “Space Monkey”, “One of a Kind” o “Song to Say Goodbye”, entre otras. Nada de su debut y solo “Every You Every Me” y “Special K” de su primera etapa. En el bis, una versión de “Running Up That Hill” (Kate Bush), “Post Blue” e “Infra-Red”. Ovación y vuelta al ruedo avalada por sus fans, aunque en realidad su discurso sonoro resulta bastante monocorde y no presenta demasiados motivos para el entusiasmo objetivo.

 

Baño de masas para David Larson (The Royal Concept)

 

Los suecos The Royal Concept recogieron parte del público de Placebo al tomar el relevo en el escenario Negrita. Todo lo que tienen de majos, entusiastas, saltarines y fashion lo transmiten a un repertorio que suena como si Phoenix hubieran nacido para ser ídolos teen-pop. “On Our Way”, “D-D-Dance” o “Gimme Twice” son canciones resultonas, y aunque David Larson abusa del vocoder, no es óbice para que cause estragos entre las jovencitas de las primeras filas (sobre todo, cuando se despoja de la camisa y baja al foso). Como ocurre con la mayoría de bandas de su país, son un sucedaneo más o menos afortunado de sus modelos anglosajones (en este caso, francés). Aprovecharon para felicitar al público español por tener nuevo rey (ejem), solventaron algún que otro ligero contratiempo de sonido y se lanzaron de cabeza al ritmo sincopado, recurso infalible para poner a bailar a la audiencia adolescente, que respondió al reclamo con entusiasmo.

 

Buraka Som Sistema

 

La última parada del día fue en el escenario principal, con Buraka Som Sistema. Batería, kit de percusión, laptop y tres vocalistas (dos hombres y una mujer) para desplegar el kuduro progresivo que caracteriza a la formación portuguesa. Una mezcla de afrobeat, ragga, zouk antillano y kizomba angoleño que con canciones como “Hangover” lanza a la estratosfera a un público que reacciona como el perro de Paulov ante el estímulo bailable, y al que llegada la madrugada le da igual ocho que ochenta. Lo cual no quiere decir que la propuesta del grupo fuera de perfil bajo. Más aún: por el mero hecho de buscarle los tres pies rítmicos al gato en un entorno en el que prima el recurso fácil (o ritmo machacón, o subidón subidón), vale la pena destacar su enérgica actuación. Después llegarían Boys Noize, pero para entonces el comando byTHEFEST había emprendido la retirada, previsor ante la movida jornada dominical que pondrá punto final al festival.

Fotos: Liberto Peiró

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MONEGROS DESERT FESTIVAL: MANUAL DE USO

¿Hace falta situar el desierto de los Monegros en el mapa? ¿Esa zona poco poblada del valle del Ebro que un día del mes de julio de cada año se peta con cuarenta mil almas en vela? La mayor “rave de España”, según reza la publicidad del multitudinario evento maño, acoge este año a una pléyade de hierofantes del escenario de la electrónica dance no necesariamente de tendencia hedonista, cuyo repaso íntegro nos llevaría seguramente hasta el día de su estreno, el 19 de julio de nuestro Señor, James Brown. Bueno, hay que reconocer que de funk concebido según el maestro de Carolina del Sur habrá poco. Pero la música negra sí estará presente en forma de techno, house, hip hop y una buena parte de sus múltiples variantes para todos los gustos y disgustos.

 

Chris Liebing

 

Observando el cartel, parece evidente que la sangre joven gana la partida a una serie de veteranos fijos en este tipo de acontecimientos, como el alemán Chris Liebing y su techno para las masas y el orgullo gay; el maestro de Brigthon Dave Clark, al que se le debe recordar con simpatía no solo por sus inteligentes sesiones como DJ, de y a las que vive entregado en los últimos años, sino también por discos como “Archive One” (1996) y “Devil’s Advocate”(2003), especialmente el primero; o el maestro de las fiestas y el buen rollo techno, el incombustible pinchadiscos Carl Cox directamente de Manchester, hombre ubicuo donde los haya (y no va con segundas).

 

Maceo Plex

 

Pero el 20 hour non-stop anunciado en la web del festival (aquí les ganan la partida Happy Mondays con sus “24 Hour Party People”) fija su atención en la piel turgente de DJ’s y demás artistas recientes, muchos de ellos nombres conocidos en los circuitos internacionales de clubs a pesar de su juventud, entre los que destacamos al bristoliano Eats Everything (¿alguna duda acerca de lo que ingiere Daniel Pearce?) con su sutil y gozosa selección de electrónica de baile; Gasier y su versión del minimal techno, un poco en la onda abisal de Plastikman/Richie Hawtin; el no menos elegante y disfrutable Jamie Jones; el techno funk de Maceo Plex; sin olvidarnos del londinense Ben Sims o del italiano Ilario Alicante, especie de Villalobos transalpino curiosamente autor del tema”Vacaciones en Chile”.

 

 

Misstress Barbara

 

Por el lado más inclasificable aparecen estrellas de neón asiduas al festival como Misstress Barbara (de nombre real Barbara Bonfiglio, italiana de nacimiento y canadiense de adopción) con su pop electrónico intimista, autora de “Many Shades of Grey”(2012), su álbum más reciente, y de una versión no especialmente original del “Dance me to the end of love”, de Leonard Cohen; el hard techno con toques orientales de la también exótica Fatima Hajji; estrellonas de las fiestas lujosas y el famoseo yanqui como Steve Aoki (conocido, entre otras cosas, por remezclar saraos como”Dancin’ til dawn”, de Lenny Kravitz); o el acid jazz contemporáneo de Cookin’ Soul, los Nightmares On Wax nacionales y una opción a seguir para los degustadores de la verdadera canela en rama.

 

 

Para quienes prefieren su buena ración de BPMs y cuatros por cuatros, Monegros sirve platos bien repletos, como es costumbre. Boys Noize, que llega pluriempleado a las carpas aragonesas con Dog Blood (un pseudónimo que no evoca precisamente al verano del amor), perlas ximobayianas como “Ecstasy; one for you, one for me” (yo pediría derechos de autor) y remezclas para Kaiser Chiefs o Depeche Mode (con “Personal Jesus” en su particular purgatorio); el hard techno del germano-tunecino Loco Dice (vaya y lo sabrá); desde Brasil con dolor, los no precisamente melífluos Pet Duo; y el prolífico Sonny Moore y su alias electro-house de efluvios dubstep, Skrillex. Uf. Como para perdérselo.

 

 

Siguiendo la línea dura, y ya en el sector estatal de este Amarna ibérico que es Monegros, una sola tierra, un solo Dios-Sol (de justicia), tenemos a Marc Maya, otro habitual de aquellos lares, Óscar Aguilera, Paco Osuna y Raul Mezcolanza (sin comentarios, no es un apellido compuesto), el techno-sex de Los Suruba o el house florido de los supremos Aitor Ronda y Andrés Campo.

Pero como no todo va a ser hedonismo en la roca, Monegros hace hueco a los sesudos practicantes del hip hop con propuestas, de nuevo nacionales, como el senior a pesar de su juventud Juan Solo y su rap de denuncia (todo un pleonasmo); el también intimista de la palabra Lírico; maestros del flow como Natos y Waor, autores de gemas del ripio en castellano tipo “soy un puto inestable, depresión constante, actitud sobresaliente”, brillante en su concepción del clasicismo letrista del hip hop; o el sevillano Tote King. En el sector internacional podrán deglutirse las rimas urbanas de A$AP Rocky (de Asap Mob), los holandeses Dope D.O.D o los disgustados ONYX.

 

 

Mucha amnesia para pachás del space floor, parece atisbarse. En cualquier caso, una ocasión única para pasarlo bien, y de paso, no joder demasiado el ecosistema endémico del amenazado desierto de los Monegros. ¡Ay! ¡Cómo añoro la época dorada de los crusties! Himnos tan infecciosos como “Daydream”, de los anarco-punks Back to the Planet, preferiblemente en su remezcla a cargo de Orbital, todavía resuenan en mi cabeza. Chicos, a tomar ejemplo.

José Manuel Caturla

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EL ELECTROSPLASH, EN DIEZ NOMBRES

Si muchos festivales indies parecen producto de la clonación, otro tanto ocurre con los especializados en electrónica, en los que también se repiten con demasiada frecuencia los mismos nombres. ElectroSplash, al menos, puede sacar pecho porque cuenta ya once ediciones, y al celebrarse a lo largo de tres jornadas se puede permitir el lujo de exhibir un cartel muy amplio y bastante ecléctico, aunque el house en todas sus variantes es el género que domina. Se celebra en la playa Fora Forat de Vinarós (Castellón), entre el 12 y el 14 de julio. De entre los más de sesenta artistas de su cartel, seleccionamos diez que ofrecen sobradas razones para estar pendientes de sus actuaciones.

 

Ángel Molina

Palabras mayores. Probablemente, el productor y disc jockey más famoso en la historia de la electrónica española, y quizá también el de mayor repercusión internacional. Curtido en infinidad de batallas, Ángel Molina destaca por su precisa técnica (pocos mezclan como él) y su debilidad por los sonidos más sintéticos y robustos, que le han llevado a investigar las corrientes sonoras menos convencionales, aunque no le hace ascos a ningún estilo dentro del género (del hard techno al disco, pasando por el electro). En activo desde principios de los noventa (pinchó en el Sónar en 1994), el catalán es siempre garantía de profesionalidad, y se ha ganado por derecho propio que su nombre luzca con la tipografía más grande en el cartel del festival.

 

Ángel Molina

 

Tensnake

Tensnake es Marco Niemerski, un productor de Hamburgo que vivió su mayor momento de gloria en 2010, cuando el tema “Coma Cat” se convirtió en uno de los más reclamados de la temporada en la escena de clubes. Su estilo tiene clara influencia disco, producto de una adolescencia en la que se alimentó a base de soul, boogie, funk y pop tecnificado de los ochenta. Prolífico creador de singles, no ha debutado en formato largo hasta este año, que es cuando ha visto la luz “Glow”, un álbum con el que asegura que buscaba sorprender al oyente, y que cuenta con algunos invitados de auténtico lujo, como Nile Rodgers (Chic), Jamie Liddell, Stuart Price o Fiora, que hace su aparición estelar en el tema “58BPM”.

 

 

Legowelt

El holandés Danny Wolfers, más conocido como Legowelt, es uno de esos músicos a los que resulta difícil seguir la pista, ya que lleva desde principios de los noventa produciendo música con más de una docena de proyectos diferentes. Como muchos otros, se sintió fascinado rápidamente por el sonido de Detroit (Blake Baxter, Underground Resistance, Model 500) y Chicago (Farley Jackmaster Funk, Mr. Fingers), hasta evolucionar hacia presupuestos más afines a Aphex Twin o Drexciya. Sin embargo, más allá de sus influencias, si hay algo que ha hecho famoso a Wolfers es su directo, considerado uno de los mas freaks del panorama electrodisco actual. Razón más que suficiente para que recomendemos su actuación en ElectroSplash.

 

Legowelt

 

Nina Kraviz

En la foto de su perfil de Facebook, la rusa Nina Kraviz aparece cubriendo su cara con un smiley. ¿Hacen falta más pistas para constatar su pasión por el house? Empezó como periodista, pero pronto se paso al otro lado de la mesa de mezclas para hacer bailar al personal: Primero, a base de house de Chicago y techno de Detroit, y actualmente integrando una variedad de estilos en sus sesiones que llega hasta el pop. Para ella, la buena música no tiene fronteras. Es una de las bazas más sólidas del sello Rekids, con el que ha editado diversos trabajos, y ha colaborado con Richie Hawtin en el ENTER. Project de la sala Space (Ibiza). También ha desarrollado sus facetas como cantante y productora, siendo una de las mujeres más relevantes de la actual escena electrónica.

 

 

Craig Richards

Dice el especialista Javier Blánquez que el tech-house se distingue por su alta fidelidad, al recuperar los agudos y cuidar los detalles sin caer en la trampa de la megalomanía. Un género que plantea una alternativa al trance y en el que es un maestro el veterano Craig Richards, disc jockey británico que compartió el proyecto Tyrant con Lee Burridge y ha sido durante años el director musical del club Fabric de Londres, uno de los templos de la música electrónica contemporánea. Un tipo impredecible, que puede combinar los beats más abstractos con el sonido techno y que tiene en su haber algunos CD-mixes realmente espectaculares, entre ellos uno exclusivo para la desaparecida revista Dancedelux, realizado en el ya lejano 2005. Un clásico.

 

Craig Richards

 

Pional

El madrileño Miguel Barros debutó oficialmente en 2010, con el single “A Moon Point”, y al año siguiente, gracias a “Last House on the Left”, ya era considerado “el secreto mejor guardado de España” por parte de la prestigiosa independiente Permanent Vacation y pinchaba en clubes de Alemania, Dinamarca y Holanda. Muy cercano a John Talabot, con quien ha compartido giras, en 2013 dio un nuevo paso adelante al fichar con Young Turks, subsello de XL Recordings en el que también militan The xx, El Guincho o Holy Fuck. Con ellos editó el pasado noviembre “Invisible/Amenaza”, un EP en el que sigue a caballo entre el house, la música disco y la electrónica orgánica, que presentó en la última edición del Primavera Sound.

 

 

Jupiter Lion

Un fabuloso trío procedente de Valencia, integrado por dos disc jockeys (Vicente Sais y Gonzo in Vegas) y un guitarrista reconvertido en bajista (Jose Guerrero, también en Betunizer y Cuello), que debutó en 2012 con un sugestivo álbum homónimo, protagonizado por marciales ritmos motorik (con conexión krautrock) y adictivos mantras de cualidades hipnóticas. Después del verano publicarán “Brighter”, un doble álbum llamado a abrirles las puertas del mercado internacional (en el extranjero, la prensa se vuelve loca con ellos). Proponen una travesía sonora de vocación hedonista en la que también reverberan ecos cósmicos y se agolpan los estímulos sensoriales, que zambullen al oyente en una película imaginaria de ciencia ficción distópica. Avisamos: Su directo es como una apisonadora.

 

 

BFlecha

La gallega Belén Vidal regreso este año al Sónar (donde ya estuvo en 2009), y allí desplegó los numerosos atractivos de “βeta” (2013), un debut largamente esperado en el que ha volcado todas sus filias sonoras: el funk, las líneas de sintetizador ochenteras, el r&b de ayer y hoy o la música de baile más sofisticada (como el 2step y el house primitivo). Publica con su propio sello discográfico, Arkestra (que comparte con Mwëslee), y ha confirmado sobradamente la expectación que despertaron sus dos primeros EP’s: “Ceja de Carnival” y “Qvasi Naves”. La prueba es que BFlecha también ha pasado por el Vida Festival y en unas semanas estará en el Low de Benidorm. Una chica con un brillante futuro por delante.

 

BFlecha

 

Sutja Gutiérrez

El polifacético artista de Vinarós juega en casa. Y no es ningún principante. Este año ha publicado “Cult & Truth”, su notable primer disco de estudio, pero antes ya disponía de diversas referencias domésticas que contribuyen a perfilar un personaje enigmático y desbordante de ideas. Un artista versátil, que lleva años tras los platos de clubes españoles, franceses o belgas, y que ha compartido cartel con Digitalism, Tiga, Destructo, Samy Jo (Scissor Sisters), Apparat o John Talabot. Mezcla la electrónica con el pop, el sonido de baja fidelidad con la vocación experimental y el esoterismo con la indietronica, en una combinación irresistible plasmada en grabaciones como “Trendy Rock Hits” (2012), “Original soundtrack” (2013) o “White ponycorn in my room” (2013), todas ellas disponibles (y en descarga gratuita) en su web.

 

 

beGun

El pasado mes de junio, beGun recibía el Premio UFI de la Música Independiente en categoría electrónica por su disco “Shanghai”. Es el último reconocimiento al trabajo del joven productor catalán Gonçal H. Moreno, que llegará a ElesctroSplash después de pasar por festivales de Atenas, Liverpool y Montreal. Un artista de imparable proyección internacional que cultiva un chillwave de armonías complejas e hipnóticas con bases rítmicas de influencia dub y alma pop, sin dejar de lado géneros de vanguardia como el future garage o el bass experimental. Elementos que se conjugan para evocar la cara más amable del dubstep, aquella en la cual el género se encuentra en la frontera con el dreampop y la electrónica de corte paisajístico.

 

BFlecha

ENTREVISTA: BFLECHA

La viguesa BFlecha es una de las más firmes promesas de la música de baile nacional. “βeta” es su primer larga duración, y en él recoge multitud de influencias hilvanadas por ritmos cálidos, como el R&B, el funk o los sintetizadores ochenteros. Hablamos con Belén Vidal, la mujer detrás del proyecto, para que nos contara más del mismo y de sus experiencias en los escenarios.

 

Eres productora, DJ y ahora también compositora, con un primer álbum –”βeta” (2013)– en la calle. ¿Esa ha sido la evolución lógica y necesaria para expresar tus inquietudes?

Yo me considero más productora y músico que DJ, es mi vocación. Empecé tocando y componiendo en bandas. Después de eso, todo surgió de manera natural, básicamente porque me compré un ordenador que venía con el software de audio que utilicé para grabar maquetas, y a partir de ahí fui encontrando maneras diferentes de hacer la música. Eso me llevó a la producción musical. Pero siempre he escrito canciones, en esta evolución hay una línea continua; es lo mismo, pero adaptado a la época y a la tecnología.

 

Pero empezaste tu carrera en estilos alejados de lo que haces ahora mismo ¿Cómo ha sido esa evolución, ese camino?

Realmente son las mismas canciones, pero tocadas de otra manera, es bastante parecido. Cuando empecé a producir en una línea más electrónica, alrededor del año 2000, utilizaba más samplers, y ahora más sintetizadores, pero básicamente es lo mismo, hay una evolución porque mejoras con el tiempo.

 

“βeta” es un trabajo bastante coral, en el disco te apoyas en algunos de tus compañeros de Arkestra, el colectivo discográfico en el que estáis todos englobados. ¿Cómo surgen esas colaboraciones?

En el disco hay canciones que son mías y hay canciones que acabé con Mwëslee, que es con quien más trabajé. También hice una con Noaipre –Lava Templada– y otra con Hosoy –A Marte–. Hay bastante labor en conjunto, incluso algunas eran canciones mías que acabaron ellos. Me gusta mucho colaborar con otros músicos porque es más divertido; sobre todo con Mwëslee, que es quien más ayudó con la idea global y el sonido. Dos cabezas siempre piensan más que una. Me gusta colaborar con gente porque, además, te sales de tu zona de confort y te hace ir más allá.

 

¿Queríais enriquecer la música de los unos con los otros?

Había una canción de Noaipre, que Mwëslee me mandó hace tiempo. Era suya, pero yo empecé a trabajar sobre ella, y al final, como quedó bien con el resto del disco, dijimos: “Pues podemos meterla”. Pero tampoco fue pensado, estábamos trabajando desde hace tiempo y realmente somos amigos, es más natural, estas cosas salen como tienen que ser.

 

Un par de años antes de la salida de tu debut, ya se venía hablando de su inminente publicación pero, aunque fuiste adelantando pequeñas píldoras, se retrasó más de lo esperado. ¿A que fue debido este retraso?

Necesitaba tiempo, madurar las letras, ponerlas todas juntas, porque al final es una obra y tiene que tener un equilibrio. Buscar todo eso, desarrollar los conceptos, las ideas. Algunas canciones son de hace dos años, pero otras se hicieron al final. Quería ponerlo todo en común de una manera global. Además, con el tiempo asienta todo mejor. Y también estuve haciendo remixes y otras cosas, no permanecí parada.

 

 

En tu trabajo hay una gran amalgama de referencias, pero mayoritariamente están englobadas dentro de la música negra. ¿De dónde te vienen esas influencias? A los españoles, ¿nos representa mejor esa música cálida que la frialdad de la electrónica centroeuropea?

A mí siempre me gustó esa música, en los locales que había en Vigo cuando empezamos a pinchar con Arkestra había bastante variedad; un local que te ponía hip hop, otro funky o R&B, otro era más rollo club con música tirando a house… También había conciertos más experimentales. Todo eso nos hizo ser más abiertos y a mi, esa música, me marcó personalmente.

 

Nutres tu música de atmósferas y letras con referencias a la ciencia ficción, incluso a la poesía futurista. ¿Qué importancia tiene dotarla de un concepto?

A veces la tiene y a veces no. En ocasiones, un concepto te ayuda y te sugiere algo en la canción, te crea como una imagen, te ayuda, pero tampoco hay una regla fija.

 

Eres una de los miembros fundadores del colectivo Arkestra, que cuenta con sello discográfico propio y se fundamenta en la colaboración de sus integrantes. ¿Qué inquietudes necesitabais cubrir para crear Arkestra?

Teníamos gustos en común y no encontrábamos sitio donde desarrollar justo lo que nos gustaba. Empezamos pinchando y haciendo conciertos, cubriendo un poco la música que no había aquí.

 

¿Qué crees que aporta que los propios músicos se organicen alrededor de este tipo de colectivos o núcleos en vez de alrededor de las clásicas discográficas o agencias de management?

Creo que es la forma más natural, por decirlo de alguna manera. Es algo que, si hace falta, se hace, como una necesidad. Si lo haces entre amigos y hay un interés mutuo, yo creo que eso siempre es más real.

 

Aun teniendo conexión, hacéis cosas diferentes. ¿Qué os aportáis unos a otros?

No todos hacemos lo mismo, cada uno tiene características diferentes y nos gusta hacer cosas con gente que no hace exactamente lo mismo. En ese sentido, nos hace más abiertos y nos nutrimos los unos a los otros.

 

 

Hace poco estuviste en Nueva York, dentro del Spain Fresh Fest y, en general, tu música funciona muy bien fuera de España. ¿Es la electrónica española un producto musical fácilmente exportable?

Igual que nosotros escuchamos música en inglés, en otros países les puede llegar a gustar nuestra música. Yo, a veces, no presto atención a la letra de la música que escucho, porque está en otro idioma. Igual se puede aplicar a otros países.

 

¿Y eso a pesar de cantar en castellano?

Ya te digo, yo escucho música en inglés y me pasa igual, hay gente a la que le llega la música. Está claro que si entiendes las letras es un punto más a tu favor, aunque si no te gustan igual hasta es un poco contraproducente. Si no lo entiendes, no te puede producir un prejuicio y puedes escuchar la música.

 

Este año has participado en el SOS 4.8, el Vida o el Sónar y tienes por delante el Low o el ElectroSplash, por poner algunos ejemplos. ¿Qué diferencias planteas en tus shows dependiendo de si actúas en un festival especializado en electrónica o en uno de música indie?

En principio, el set es el mismo. Lo que me planteo de forma diferente es si se pueden proyectar audiovisuales, si se dan las condiciones, pero realmente es igual para todos. El objetivo es llevar al directo las canciones del disco, pero acompañándolas con las canciones de los otros EP’s –”Ceja de Carnival”, “Kosmic Lovers” y “Qvasi Naves”–, haciendo algo que englobe toda mi trayectoria.

 

¿Cómo ha sido la experiencia de volver al Sónar, pero esta vez con un trabajo discográfico ya publicado y siendo una artista algo más consolidada?

La experiencia ha sido muy buena, para mi es un honor estar allí porque es uno de los festivales de referencia.

 

Es uno de los más festivales especializados más importantes a nivel mundial. ¿Representativo el nivel de la escena electrónica nacional?

Creo que hubo mucha y muy buena representación española.

 

Una vez publicado “βeta”, y después de una trayectoria en la que has ido avanzando a través de etapas diferenciadas, ¿con qué expectativas afrontas el futuro de tu carrera?

Quiero seguir haciendo lo mismo, seguir componiendo temas, porque estoy bastante cómoda y cada vez me encuentro mejor. Se va perfilando todo y creo que el tiempo siempre favorece.

David Blutaski

Foto: Eva Díez