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DESEMBARCO POLACO EN EL PRIMAVERAPRO: “DON’T PANIC WE’RE FROM POLAND” VUELVE CON ENTROPIA, HAŃBA! Y JAAA!

Uno de los showcases más esperados del PrimaveraPro vuelve en 2017 con 3 apuestas de lo más arriesgadas. “Don’t Panic We’re from Poland” se consolida como la iniciativa invitada más experimental y menos previsible. Tres propuestas llegadas desde el Este, desde la Polonia que se reinventa sin conformarse y con la personalidad de un país en un momento efervescente, y así lo muestran Hánba!, JAAA! y Entropia los grupos invitados y protagonistas de “Don’t Panic We’re from Poland” 2017.

ENTROPIA (Psyched Metal)

Convencidos de que el futuro de la humanidad será psicodélico o no será, Entropia nos declaramos seguidores de la visión futurista del mundo de Terence McKenna, que reclama la restitución de la consciencia tribal descartando la civilización materialista que nos rodea”. Con esta carta de presentación llegan los polacos Entropia, grupo de metal psicodélico con toques de black metal cuyo debut, “Vesper”, ya es considerado uno de los clásicos del género en su país. Ahora presentan “Ufonaut”, su segundo asalto, y ya preparan el tercero (para el que anuncian influencias del krautrock y psytrance), consolidados por méritos propios como mucho más que un grupo.

HÁNBA! (Folk punk, musica tradicional polaca)

Hánba! es un cuarteto polaco que, acompañados de instrumentos como el banjo, el acordeón o la tuba, construyen un sonido muy característico. Cercanos al folk y al punk, Hánba! no es, ni de muy lejos, un grupo ordinario. Su disco de debut vio la luz en febrero de 2016, editado por el legendario sello polaco Antena Krzyku, y ya pueden decir que han tocado por medio mundo, incluyendo una gira de 21 fechas por Estados Unidos el año pasado. Tradición y futuro, también pueden ir de la mano.

JAAA! (Electrónica experimental)

Como dicen ellos, JAAA! Son tres personas diferentes que les une una misma sensibilidad. Una sensibilidad que se traduce en forma de música electrónica experimental y que te traslada, eficazmente, hacia otro mundo. Es una musica ideal para dejarse llevar por lo que sientas. Tranquilidad, brillantez, sonidos amables…
En estos tiempos del festín instantáneo, los singles aislados y las playlists fáciles, la filosofía de JAAA!, basada en discos conceptuales, es una rareza solo apta para fans de Thom Yorke, Moderat o Sigur Rós. Obviamente, los conciertos de JAAA! son un espectáculo alucinante. Cada uno de ellos es único, puesto que el grupo improvisa usando un elenco enorme de instrumentos, samples a medida y visuales en riguroso directo. Definitivamente tienes que experimentarlos. Todo hecho des de Polonia, y para compartir.

Así lucen estas 3 formaciones de “Don’t Panic We’re from Poland”, uno de los showcases más esperados del PrimaveraPRO y que siempre aporta diferenciación y riesgo ante el resto de propuesta invitadas.

Os animamos a probar y descubrir.

Don’t Panic! We’re from Poland” es una muestra anual de música actual polaca organizada en Varsovia desde 2009 que se exporta a los festivales de showcases más importantes del mundo desde 2010 (The Great Escape, SXSW, CMJ Music Marathon, Festival Reeperbahn y, en nuestro país, el Primavera Sound).

De la mano del Instituto Adam Mickiewicz y Culture.pl, esta iniciativa recalará porséptimo año en el PrimaveraPro para seguirpromoviendo a algunos de los artistas emergentes con más talento de ese país.

Durante más de una década el Instituto Adam Mickiewicz ha llevado la gestión de Culture.pl, un portal online que contempla la fuente de conocimiento más grande y completa sobre la cultura polaca. El Instituto Adam Mickiewicz, por su parte, es una institución cultural cuyo objetivo es promover internacionalmente la cultura polaca en todas sus formas de expresión.

LIVE ESKORZO (Jaime Walfisch Arroyo) WEB

ESKORZO NOS PRESENTAN EL VIDEOCLIP DE “LA PENA” Y ANUNCIAN SU PRESENCIA EN VARIOS FESTIVALES

Eskorzo anuncia su presencia en el Bull Music Festival de Granada,  Jarana Primaveral de Pozoblanco (Córdoba) y el festival holandés Zomerterras.

Tras el exitoso concierto de presentación el pasado viernes 7 de Abril en el Parque de Fuente Nueva (junto al Colegio Luis Rosales) congregando a miles de fans y niños en un entorno diferente, la banda nazarí continúa presentando el vídeo single adelanto “La Pena” y sumando fechas al calendario festivalero como anticipo a la salida del próximo álbum que será editado en otoño del 2017.

La banda granadina, actuó el pasado fin de semana un acto promocional exclusivo para sus seguidores y los más pequeños del entorno al Colegio Luis Rosales en un concierto especial, fuera del convencionalismo de las salas de conciertos y que puso de manifiesto el magnífico directo de los granadinos. Aquí y ahora, los caníbales del ritmo, vuelven a devorar musas y partituras con la creación de un nuevo trabajo discográfico, en el que una vez más, el estilo propio de los nazaríes chupa de otras savias.

La canción de La Pena es bastante energética, con elementos latinos, punk, copla-rock, y balcánicos, lleva un ritmo muy acelerado y una potencia constante que despierta al más inerte. En contraposición, el extravagante vídeo transita por un ambiente más oscuro, en un submundo lleno de simbolismo, surrealismo y metáforas que narran la poesía de la propia letra. Bienvenido al guateque de las sensaciones, con vosotros “La Pena”, juzguen vosotros mismos.

 

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DOS BANDAS HOLANDESAS EN EL BIME CITY

El BIME es el lugar ideal para descubrir nuevos talentos del panorama musical internacional que actúan frente a público y profesionales.
Bajo el nombre de Dutch Impact, Holanda organiza showcases y campañas para promocionar las bandas y artistas de su país en ferias internacionales de música. Dutch Impact está formado por Performing Arts Fund NL y Buma Cultuur, y trabajan en colaboración con la embajada o consulado holandés.
En esta ocasión presenta dos de sus bandas más prometedoras: el trío de blues psicodélico con tintes étnicos My Baby y The Cosmic Carnival, una numerosa banda que rescata los sonidos más folk y pop de los 60s y 70s.

JUEVES 27 DE OCTUBRE, 20.30h
The Cosmic Carnival + My Baby
La Ribera, Erribera Kalea 20, 48005 Bilbao
entrada gratuita

ASÍ TE CONTAMOS EL BIME LIVE 2015

The Cosmic Carnival es una colorida banda de rock and roll de gran reputación, aclamada por la crítica por tener uno de los más interesantes y prometedores directos de Holanda. A pesar de las muchas influencias, sobre todo de los 60′s y 70′s, su propio material suena fresco y único, mezclando cuidadosamente diferentes géneros en su propio sonido genuino. Bajo profundo, órgano funk, guitarras abrasadores, y ricas armonías vocales. Es groovy, es funky y mola!

En 2014, su segundo disco, “Mon Amour Cher” se presentó con un gran show visual, para fusionarse con la atmósfera de ensueño del álbum. “Un precioso disco de pop psicodélico” y “un fuerte álbum de versátil sonido”, dijo la prensa holandesa.

My Baby juega con el blues psicodélico, el Folk Funk y el ritmo de baile tribal. Con un sonido inspirado en el blues y el folk, pero jugando con la crudeza de del soul de los 60′ y los 70′, el funk e influencias de blues del desierto de África Occidental y Marruecos .

Después del lanzamiento de su aclamado segundo álbum “Shamanaid”, My Baby ha

cautivado a las audiencias de todo el mundo, en más de 200 conciertos con los que han pasado por festivales de renombre como el Festival de Glastonbury, The Great Escape o  Sziget.

My Baby está formado por el dúo de hermanos Sheik (batería) y Cato Van Dyck (voz) y el  guitarrista de Nueva Zelanda Daniel “daFreez” Johnston.

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LA FUNDACIÓN TONY MANERO SE VISTE DE ETIQUETA CON LA OJO EN EL FESTIVAL CONNEXIONS

Que la Fundación Tony Manero se lo están currando para celebrar sus veinte primaveras está fuera de toda duda: primero en su colaboración con el Palo Alto Market editando un 7″ en formato acústico (y haciendo sendas presentaciones a quinteto), celebrando el 20 aniversario deEnlace Funk con la aparición de un tema inédito en el disco “James Brown saved my life”, publicando el ep “V.I.D. (Very Important Discotecas)” en el que rindieron homenaje a los pioneros del disco-funk estatal de todos los tiempos, y realizando sendos conciertos conmemorativos en Bcn y Madrid reventando las salas con dos bolazos.

Pero ahí no queda la cosa, y la Fundación une ahora fuerzas con el Taller de Músics de Barcelona y su OJO (Original Jazz Orquestra) para, en el marco del Festival Connexions, que propone encuentros musicales entre formaciones de distintos géneros, ofrecer un único concierto que promete ser explosivo. En él se unirá el disco-funk de la banda con los arreglos elegantes y potentes de una big band consolidada, en una mezcla que no podemos evitar que nos evoque a la grandilocuencia de las grandes formaciones de los 70, tales como MFSB de Filadelfia o la Salsoul Orchestra.

El concierto estará planteado en dos partes: una inicial con FTM abriendo el show en solitario y calentando motores, para dar paso al grueso del concierto, en el que la OJOvestirá y dará un nuevo color y energía a clásicos y a nuevas versiones de temas de la banda. Superstar, Sex Machine y los suyos hace tiempo que esperaban la oportunidad de revisitar su repertorio con una formación de big band, y el 6 de octubre en la sala Apolo tendrán la oportunidad de hacer realidad este deseo. Recordad que este concierto es único en todos los sentidos, solo hay una fecha programada, solo será en el Festival Connexions, y será la primera vez que los Manero colaboren con una big band, y para l a OJO también será su primera experiencia con una banda de disco- funk contemporáneo… Y pueden saltar chispas!

06.10 Barcelona – Apolo      entradas

el lobo en tu peurta cassette portada

DESCUBRE LO NUEVO DE EL LOBO EN TU PUERTA: “KOCKTURNE’S SESSIONS VOL 1″

El Lobo en tu Puerta puso ayer a la venta “Knockturne´s sessions Vol 1.” en formato cassette de edición limitada.

Buscar referencias conocidas al oír por primera vez a una banda es casi un movimiento involuntario que realizamos los amantes de la música. A partir de hoy, con El Lobo en tu Puerta, no hace falta volver a hacer de nuevo ese ejercicio; nos dejan bien claras algunos de sus referentes y los homenajean en este nuevo extended play. Toda una declaración de intenciones que nos hace más soportable la espera de una futura grabación con temas propios tras haber irrumpido con su “Grabaciones Sumergidas 2015” el pasado año y haber dejado aullando a propios y extraños.

Son HouseWhite StripesZZ TopJohnny Cash…¿Tiene buena pinta, eh? Pues sigue con Beastie BoysTv On The Radio y Danzig.

Siete temas grabados en su local de ensayo en los que se recoge el espíritu frenético de sus -ya afamados- shows en directo.

PRÓXIMOS CONCIERTOS DE EL LOBO EN TU PUERTA

23/09 · Sala X / Sevilla (+ Pinocho Detective + Látigo Mantra + Circinus)

08/10 · Velvet Club / Málaga (+Turbiam)

22/10 · Plantabaja / Granada (+Miraflores)

04/11 · Gruta 77 / Madrid (+3 bandas)

Foto portada: J.M. Grimaldi

05/11 · Deleste Festival / Valencia

DOMINGO PORTADA FIB

ASÍ TE CONTAMOS EL FIB 2016

JUEVES

Por una serie de vicisitudes que no vienen al caso, cuando entré en el recinto festivalero John Grvy ya estaba a punto de terminar su corto set – media hora – en el Escenario Las Palmas, aun así nos dio tiempo para constatar que este chico parece haber embrutecido y personalizado el neosoul y r&b que le trajo a Benicàssim hace un par de ediciones. Bien por John Grvy.

Miramos el horario y los siguientes en tocar eran Perlita en el Escenario J&B South Beach. ¡Hostia! ¡Vaya cambio de nombres más radical tienen los escenarios de este año! Tras un par de minutos de desconcierto –soy un tipo al que le gustan menos los cambios que a Rain Man – me di cuenta de que ese escenario con nombre de carpa era el segundo escenario de siempre y que el FIB Club era ahora una carpa comisionada por Radio 3 en la zona de césped detrás de los puestos de comida. También fue un poco desconcertante que el escenario que suele estar cerrado los jueves –los jueves hay un poco menos de FIB- suele ser este al que me dirigía, el más alejado, y el de la entrada – el odioso bus de bebida energizante, pero que este año parece ser un escenario hecho y derecho- es el que estaba apagado. ¿Lo tienen claro? ¿No? Pues vuelvan a leerlo y dibújenlo en un papel.

Bueno, volvamos a la música: a Perlita les descubrimos en el anterior Monkey Week y desde entonces han pasado de ser unos auténticos desconocidos a colarse en un puñado de carteles importantes, y es que dan bastante juego. Diversión funk, sintetizadores 80’s de un kitsch totalmente provocado, psicodelia sintética y galáctica, un Pedro Perles eufórico en plan showman y vocoder, mucho vocoder. Perfectísimos para el cumpleaños de uno de los productores ejecutivos de Corrupción en Miami (no para un episodio, que ahí se ponían de lo más melancólico y coñazo).

El Guincho / Foto: Pau Bellido

Tras Perlita, en el escenario principal le tocaba el turno a El Guincho. Tenía ganas de ver en directo al canario con su tercer disco –“HiperAsia”-, un disco que me parece el más arriesgado de su carrera y en el que conjuga tantos elementos que es difícil de definir; por un lado está esa personal forma de entender y avanzar el pop que le caracteriza sumando todos los elementos multiculturales posibles –todo lo que está en la calle-, pero por otro también lo deconstruye y te lo lanza entrecortado de una forma que a veces te desorienta. El sonido ahora es igual de adictivo, pero menos vitalista y mucho más introspectivo, quizá más adecuado para otro lugar y a otra hora. A pesar de la trabajada –y en ocasiones racargada- producción, la puesta en escena fue austera, demasiado austera, lo que le restó poder empático y diluyó totalmente el atractivo. Actuó con banda – miembros de Extraperlo – pero a mí me dejó muy frío, y eso que iba con ganas.

Nuestra primera incursión en la Carpa FIBCLUB Radio 3 fue para ver a Teleman, uno de nuestros conciertos recomendados de esta edición del FIB. Los londinenses tienen un estilazo brutal, dominan el pop como solo en las islas pueden hacerlo y son capaces de rugir, de virar al kraut o de crear una melodía brillante como si fueran los mismos Belle & Sebastian. El concierto fue la típica sucesión de buenas canciones que te van acorralando hasta rematarte con temas destinados a ser himnos como “Düsseldorf” o “Glory Hallelujah”. Fue una lástima que no terminaran con alguna de ellas, porque la celebrada y bailada “Not in control” me parece de largo peor canción y por lo tanto peor broche.

Después de la delicadeza de estos jovenzuelos llegaron Soulwax en plan apisonadora. Algunos amigos me comentaron que lo ideal hubiera sido que hubieran programado a los hermanos Dawaele en su faceta de Djs, pero yo pensaba: “¿¿¿otra vez???”. Quizá el rock electrónico, el big beat y el house de trazo grueso de los belgas es demasiado monótono y pesado, pero nos hicieron los 90 muy agradables y solamente por eso hay que respetarles.

Skepta / Foto: Pau Bellido

Mucho más pesado me pareció el grime de Skepta, pero al menos su actuación fue breve. Este rapero inglés apareció enfadado con el mundo y seguramente se fue a su casa más enfadado todavía. Se quejó de los móviles, de la sociedad y del universo, pero no resolvió nada de ello, ni su concierto. Como terapia, bien, vale, acepto.

No me parecía que hubiera demasiada gente, pero luego caí en la cuenta de que era jueves, por lo tanto “estaba petado”. Hacía años que no se veía tanto color un jueves y parecía que el esfuerzo de programar a un cabeza de cartel de tirón como Major Lazer había dado sus frutos. Vamos a ver, no me entiendan mal, para mi Major Lazer es un bluf del tamaño del ego de Vladimir Putin, pero la gente lo goza. No tuvieron más que ponerse a vender motos que parecía que todo el mundo estaba con la billetera en la mano para comprar una. Diplo descargando sus hits enlatados, sus chicos en formato MC dándole cuerpo –una pena que faltaran sobre el escenario muchas de las grandes colaboraciones a la voz-, confetis, arengas y todo sin parar en modo ráfaga. Algo extenuante que solo se sustenta de esta forma, no le busquen más que no lo tiene. Hemos venido a bailar y lo hemos hecho ¿no?

Major Lazer / Foto: Pau Bellido

Todavía nos dio tiempo a llegar al final del concierto de Anni B Sweet y su suavidad y languidez casi nos mata. Propondría que alguien pusiera una cámara hiperbárica entre un concierto como el de Major Lazer y otro como el de Anni B Sweet, no puede ser saludable un salto tan radical. Tras la aclimatación todo bien, pero la impresión fue muy grande y eso que Anni ha virado hacia campos mucho más abiertos que el folk de sus comienzos y que ha enriquecido sus temas hasta llegar a un pop mucho más accesible.

Tras atemperar nuestros ánimos se nos hizo cuesta arriba volver a la algarabía que se preparaba; por un lado el maestro DJ Amable recetando pildorazos de indie mezclado con todo lo imaginable; por otro Marc Piñol, posiblemente el rey de la electrónica culta nacional; y por último el polifacético francés Mr Oizo, que no se ha bajado del caballo ganador desde “flat beat” y que es reclamado tanto por su música en festivales como este, como por bandas como Metronomy para poner imágenes a sus últimos singles. Lo testeamos todo, vimos que el guion seguía su curso de manera perfecta y nos fuimos al hotel ¡Todavía es jueves!

VIERNES

Hoy tendré que adelantar mi reloj de bolsillo, porque quería llegar pronto para ver a The Zephyr Bones – banda que me gusta mucho – y por poco me pierdo a Cosmen Adelaida – banda que me encanta -. Menos mal que llegué justo para ver cómo estos madrileños – con el aderezo del catalán Alex Marull –  domaban el ruido y me lo tiraban a los pies totalmente domesticado como unos auténticos maestros. Tienen grandes canciones, pero terminar los conciertos con el bombazo de “Becerro de oro”  debería estar prohibido, es como retar a Usain Bolt a una carrera y darle diez metros de ventaja.

Después de ver a esta buena banda en familia me fui al Escenario Las Palmas para ver un baño de masas, y es que no solo el fenómeno Hinds continúa creciendo, sino que todavía no sabemos dónde llegará. A estas chicas madrileñas ya las hemos visto tres o cuatro veces en esta revista y por tanto la excusa de “la frescura suple a la destreza” ya no nos sirve. Alguien decía a mi lado: “ya saben tocar bien, pero lo que tocan me sigue sin gustar”, bueno, tampoco es exactamente mi caso, su garage pop es entretenido, es muy casual y esas cosas, pero también es cierto de que su vacuidad es absoluta.

Hinds / Foto: Pau Bellido

Antes de que Hinds terminaran su set, nosotros ya estábamos apostados ante el Escenario Usura… perdón, Escenario Visa, para ver a The Soft Moon, una de las joyas ocultas del cartel de este año. Digo oculta porque en su momento álgido podías llegar a primera fila y volver a la barra sin tocar a nadie, algo inaudito ante la brutalidad que estábamos viendo. El espectáculo de estos californianos fue abrumador, post punk a millones de decibelios, darkwave desgarradora y un sonido totalmente apabullante que solamente quedó deslucido por la obsesión de Luis Vasquez de tocar un cubo de basura metálico a modo de timbal -¿WTF?-.

Tenía muchas ganas de ver a Aries, este proyecto unipersonal de Isabel Fernández me parece reconfortante y atractivo, pero su sonido en el Escenario FIBCLUB fue terrible y después de un par de canciones decidí marcharme, no quería que un problema técnico empañara la imagen que tengo de estas canciones y a bien seguro que habrá oportunidades mejores de disfrutar de ellas.

La siguiente parada en el tren del rock&roll era en el Southampton de Band of Skulls. Vamos a ver, estos chiscos me gustan, tienen singles de una efectividad indudable como “Himalayan” o “I know what I am”, pero hacen un stoner, blues rock, etc. etc. con demasiadas pocas aristas; de manual, de las primeras páginas del manual, de las de resumen. Su concierto fue mucho mejor que el que vi en el DCode de hace un par de temporadas, o en Les Arts de la anterior, pero solamente porque en aquellos había muy poco ambiente y en este el público inglés le dio bastante color.

Cuando salía del “Escenario te dejo dinero si me devuelves un poco más” una horda de ingleses casi me atropella y es que The Vaccines estaban a punto de empezar en el escenario principal. El FIB es un festival eminentemente británico y los movimientos migratorios hacia bandas de las islas son fácilmente predecibles –corriente camping/escenario principal sería como lo llamaría un oceanógrafo-. Desde que The Vaccines tocaran en la primera edición del DCode con un disco de inmediatez absoluta y dejes a unos Beach Boys pasados de speed ha pasado mucho y sobre todo muchas visitas a nuestros festivales. La verdad es que son carne de FIB -¿Cuántas veces han venido?- porque son capaces de empalmar singles durante una hora incluso dejando fuera buenas canciones. La efectividad del espectáculo solo depende de cómo encaren el repertorio, y esta vez tiraron por la calle de en medio, la de la contundencia, la de la fiesta asegurada.

The Vaccines / Foto: Pau Bellido

Otros que chutaron por en medio con potencia fueron Juventud Juché. Adolecieron del mismo sonido engolado de Aries, pero estos chicos pueden prescindir de sutilezas porque son más de derribar puertas a patadas que de tener la paciencia de encajar la llave. “Movimientos” debería ser la consagración de esta banda, están maduros y sobrepasan de largo a esas bandas de “nuevo garage” entre las que los ubican y con las que no tienen nada que ver.

En esta segunda noche del FIB 2016 las guitarras estaban a punto de abandonarnos para dejarnos en manos de un Jamie XX imperial; desde la sutileza del house aderezado de r&b hasta la contundencia drum&bass o el dubstep Jamie parecía que tenía las mangas llenas de ases. Bailar, bailar y bailar, el mundo se podía acabar que nos iba a pillar bailando. Echamos de menos a The XX, pero tampoco queremos perdernos esto. Calientes, calentísimos, nos pasamos por la carpa comisionada por Radio 3 para ver a Hidrogenesse, porque la banda más irreverente y original de nuestro país en muchos años merecía robarle algo de tiempo al británico. No vimos nada que no supiéramos, un espectáculo maravillosamente personal, de letras excéntricamente acertadas, y una carpa llena de gente coreando canciones mucho menos kitsch de lo que parecen.

Jamie XX / Foto: Adrian Morote

La jornada ya había sido realmente satisfactoria, pero nos quedaba un gran postre, nos quedaban The Chemical Brothers. Si hay alguien que enlace entre lo que han significado las más de dos décadas de FIB y lo que nos queda por delante son Rowlands y Simons. Nos han hecho bailar con hits tremendos – cayeron todos- pero siguen sacando discos donde suman perlas a un set list de escándalo. Si has conseguido que sus ritmos nada sutiles y sus melodías incandescentes no te atrapen, no mires las proyecciones de humanoides bailando tras ellos, porque entonces estás perdido.

Ni taxi ni hostias, media hora caminando hasta el hotel, había que transformar en energía cinética el espectáculo que nos acabábamos de zampar.

SÁBADO

Un “este muerto está muy vivo” o un mucho más español “no estaba muerto, estaba de parranda”, servirían perfectamente para ilustrar el FIB de este año, puede que el año del renacimiento. Precisamente ayer sábado se produjo una circunstancia que hacía mucho que no se veía en Benicássim y que en otra época era algo clásico: un lleno hasta la bandera. Nos comentaron que mucho antes de la hora de apertura había chavales con camisetas de Muse en las puertas del recinto haciendo cola para correr a conquistar las primeras filas del Escenario Las Palmas, nosotros les vimos nada más llegar para ver a Cápsula. Nuestra jornada musical comenzó en el escenario principal con los argentinos – pero vascos de adopción –  readaptando el “Ziggy Stardust” de Bowie. Readaptando que no imitando, porque si hay algo importante e imprescindible en este tipo de cosas, es que el músico se lleve el clásico a su terreno, porque no hay nada menos atractivo que una banda tributo y nada más excitante que las versiones con personalidad. Cápsula se llevaron a su rocoso terreno algunas de las mejores canciones que se han escrito nunca, e hicieron que el recuerdo del mito desaparecido fuera un cúmulo de sensaciones encontradas: lloramos con “Five Years” o “Starman”, y no pudimos dejar de bailar con “Sufragette City” o  “Rebel Rebel” en el extra bonus. Solamente por darle una lección de rock&roll a los chavales que esperaban a otra cosa y conseguir levantarles con esa tremenda garra, habría que darles un premio a un desatado y maravilloso Martín y por extensión a Cápsula. Hicieron bailar y corear a varios miles de personas que circunstancialmente ya estaban allí y no era para verles a ellos. ¡Bravo!

Cápsula / Foto: Pau Bellido

Tras recordar a “Ziggy” decidimos sacrificar a La Femme –aunque nos dijeron que fue un concierto tremendo- para ver la segunda parte del concierto de Ramírez Exposure en la carpa de Radio 3. El crecimiento de Víctor Ramírez y su banda es evidente y ya esperamos con curiosidad la continuidad del magnífico artefacto que es “Book of Youth”, un compendio de pop personal, delicado y algo naif, con grandes melodías que te atrapan con una facilidad pasmosa. Con una versión de Marc Johnson se despidió deseándonos un buen FIB, una buena tarde y una buena vida.

Tras comprobar que el melodramatismo pop de Walking Cars era totalmente insoportable, decidimos volver a la carpa para ver a Baywaves, y es que el producto nacional abunda en el cartel de esta edición del FIB. Su lisergia pop te traslada a los dos primeros discos de Tame Impala, aunque quizá con algo más de suavidad y ternura. Estos jóvenes tienen buen gusto para la psicodelia ligera y dulcificada y por lo tanto su escucha es agradable y reconfortante.

De camino a The Coral escuchamos que Zahara estaba haciendo una versión de “Te debo un baile” de Nueva Vulcano, pero las prisas por ir a ver uno de los conciertos importantes de la jornada nos hicieron obviar a la joven de Úbeda. Nada más empezar The Coral vimos que la cosa iba en serio, ya era hora de que alguien rodara el botón del volumen al 11 porque a muchos conciertos parecía que les faltaba ese punch necesario. Estos tipos suenan a clásicos, tienen tantos ingredientes que apabullan; tan pronto te pueden trasladar a los sonidos que dieron nacimiento al brit pop, como al rock más ácido de los 70. Los desarrollos instrumentales resultaban abrumadores y las canciones de su reciente “Distance In Between” se sumaron a la perfección a un repertorio lleno de temas imperecederos. Dieron un señor concierto.

The Coral / Foto: Pau Bellido

Aunque el concierto de The Coral nos pareció magnífico, hicimos una escapada para ver a Lois –las distancias en el FIB no lo son tanto-, porque teníamos muchas ganas de ver la evolución del proyecto de Lois Brea. La verdad es que la palabra perfecta es esa: evolución, porque ya se puede observar cómo van cuajando unas canciones valientes que, llámenme loco, me hacen pensar en David Byrne. New wave y “post muchas cosas recicladas” le sirven a Lois para dar rienda suelta a su creatividad y experimentación, solo por ello merece todo lo bueno que le venga.

El siguiente alto en el recorrido fue para ver a Echo & The Bunnymen, auténticos magos y referentes de los 80. Lejos de sonar puramente nostálgicos, tiraron de una contundencia digna de agradecer. Aunque tienen clásicos para dar tres conciertos, su reciente “Meteorites” (2014) – incluso “Fountain” (2009) – no desmerecen ese legado y por tanto sus conciertos no resultan en absoluto anacrónicos. Con un sonido potentísimo y con un Ian McCulloch con la voz íntegra – algo admirable tras comprobar que continua con la costumbre de trago y calada – , nos llevaron por un viaje oscuro pero evocador hasta estremecernos con “Killing Moon” y mandarnos a otra parte con “Lips like sugar”. A otra parte fue el final del concierto de The Shivas, y es que estos chicos de Portland tienen un enorme encanto. Enmarcados en ese garage pop sixtie tan de moda en la actualidad, con reminiscencias surferas y oceánicas –aunque Portland es más de secano que Toledo-, aciertan en las melodías y suenan menos lo fi que muchos compañeros de generación – el lo fi está bien, pero a veces se agradece alguna melodía cristalina – y se ganaron constar dentro del saco de los descubrimientos de esta edición.

Antes de acabar The Shivas ya parecía que el mundo se fuera a acabar, que las rebajar fueran a comenzar, que regalaran Iphones 6, o que Jesucristo estuviera transformando el agua en cerveza, y es que estaba a punto de comenzar Muse y la gente corría a ver el que para muchos era el único concierto del día. Perdonen el inciso, ¿saben ustedes que odio a Muse?. Bueno, la verdad es que ayer me mediqué bastante ante un posible fallo multiórganico producido por mi alergia al rock grandilocuente y ególatra, pero ese antídoto autorecetado dejó de hacer efecto a las pocas canciones y por mi salud tuve que marcharme. ¿Qué vi? Pues un señor que quiere ser al mismo tiempo Fredy Mercury y Monserrat Caballé, eso sin olvidar que quiere que su guitarra suene más alta que ninguna en el mundo, que seguramente después de fregar estruja los estropajos mientras hace una pose rockera y que si pudiera haría esculpir su rostro en el Monte Rushmore: señores, este es Matt Bellamy y el tipo gordo que le acompaña es su ego.

Muse / Foto: Pau Bellido

Me sentía sucio y la mejor manera de devolverme al camino del estilo y el buen gusto fue con The Kills. Les vi hace unas semanas en el Mad Cool y me encantaron, pero en este FIB me acabaron de enamorar. Mosshart y Hince, Hince y Mosshart, cada uno en su papel son arrebatadoramente sexys, y si a eso unimos la cadencia de unas canciones oscurecidas pero no ennegrecidas, tenemos ante nosotros un espectáculo cojonudo. No acabamos su set porque repitieron casi al dedillo su concierto de Madrid y porque Soledad Vélez y sus nuevas canciones merecían la escapada. La chilena no dejó que el sonido infernal de Muse se colara en su carpa y nos hizo volar con sus nuevas y sintéticas canciones. Es increíble como una trasformación tan profunda pueda mantener intacta la personalidad del artista, se le ve suelta y cómoda y eso se trasmite.

Antes de acabar la noche bailando el house de Disclusure como si el mundo fuera a acabarse, pasamos a ver a Bloc Party y comprobar que la banda de Kele Okereke se está diluyendo como lágrimas en la lluvia. Su punch lleva tiempo perdido, y aunque “Hymns” es menos sonrojante que los anteriores trabajos no queda nada de aquel vigoroso grupo de sus dos primeros trabajos.

DOMINGO

Tras tres jornadas extenuantes no había más remedio que recoger nuestra dignidad maltrecha y encarar la última del domingo con estoicismo, porque el FIB 2016 nos tenía preparado como fin de fiesta un menú variado y suculento.

Si el sábado el recinto del festival había estado a reventar, ayer se preveía un bajón de público monumental, como finalmente corroboramos. Jóvenes ingleses arrastrando el petate con la cara desencajada y quemada por el sol era el estereotipo de humano que nos encontrábamos en sentido contrario cuando nos acercábamos a la entrada desde el parking. Pero nosotros, con más corazón que cerebro, conseguimos llegar pronto para ver a Tijuana Panthers poner en marcha el Escenario VISA. A pesar de que la climatología moderada y suave del fin de semana había decidido abandonarnos por un sol justiciero, los pocos cientos que nos presentamos ante la banda de Long Beach disfrutamos al borde de la lipotimia de una lección de garage sixties y de surf pop de factura impecable y gusto exquisito. En una época en la que el desparpajo y el lo fi enmascaran muchas carencias, da gusto como otras bandas son efectivas sin efectos, solamente con una buena melodía bien llevada; “Redheaded Girl” o “Creature” no necesitan nada más.

Tijuana Panthers / Foto: Adrian Morote

Desde otra parte mucho más sucia del condado de Los Ángeles llegaron Fidlar. Se palpaban muchas ganas por ver a estos tipos que últimamente han despachado algunos de los más refrescantes artefactos de la escena punk californiana; si para Tijuana Panthers éramos unos pocos cientos, para Fidlar ya éramos unos pocos miles. Empezar con una versión íntegra y de factura perfecta del “Sabotage” de los Beastie Boys marcó las intenciones de una banda divertida, adrenalínica y guerrillera. Se encuentran cómodos tanto en el punk pop vitamínico como en el harcore melódico, pueden virar hacia el garage lo fi – “Max Can’t Surf” podría ser perfectamente de los Black Lips”-, o si quieren pueden parecerse a Rage Against the Machine – escuchen “Punks”-, tienen himnos para parar un carro y toda la chavalada allí presente se los sabía de cabo a rabo. Tras una espectacular sesión de mosh pit, en la que varios cientos se pusieron a correr en círculos antes de atacar un divertidísimo pogo, y después de que HELP STAFF 207 sacara de muy malas maneras a dos inofensivos chavales por el foso en uno de los actos más despreciables que he visto en mucho tiempo, Fidlar terminaron uno de los mejores conciertos de este FIB con la mayúscula “Cocaine”.

Fidlar / Foto: Pau Bellido

Tras Fidlar decidimos bajar pulsaciones con Jess Glynne, una artista que arrasa en UK y que tiene un hit como “Rather Me” que se saben todos los británicos presentes en Benicássim. Del rythm&blues al disco más ochentero pudimos reconocer en ella desde a Adele o Beyoncé hasta Whitney Houston. No creemos que pase a la posteridad, pero tampoco tiene la necesidad de crear una corriente filosófica, es pop.

Antes de ver a Mac DeMarco nos acercamos a ver un poco de Catfish & The Bottlemen, el enésimo hype del indie mainstream del Reino Unido. Triunfarán, lo aseguramos, pero su indie pop épico es del montón y no precisamente del montón bueno –además de que la voz de su cantante es irritante-. Recogen todos los ingredientes que funcionaron en bandas anteriores como The Kooks, Two Door Cinema Club, The Vaccines, Palma Violets o Circa Waves, los agitan y te los lanzan a la cara. Si esto es “the next big thing” que paren el coche o me bajo en marcha.

Mac DeMarco y su panda de freaks salieron al escenario muy relajados interpretando los temas más evocadores y tranquilos de su discografía, como “The Way You’d Love Her” o la maravillosa “Salad Days”, temas que el público se sabía al dedillo y que eran solo el preludio de la colección de divertidas excentricidades de Mac y sus amigos. Mientras caían temas ya clásicos de su repertorio como “Cooking Up Something Good”, “Ode to Vicery” o “Let Her Go”, empezó el show de bailes, bromas y de desvestirse –porque lo que llevaba el bajista era un vestido de señora-. También de saltar al público; ese mismo bajista celebró su último día en la banda con un stage diving, lo mismo que hizo DeMarco antes de cerrar el concierto con ”Still Togheter”. El canadiense tiene un carisma fuera de toda duda y dos puñados grandes de buenas canciones, pero aunque el concierto fue de menos a más nos dejó un poco fríos, fue mucho más soso que su último concierto en el Primavera Sound.

Antes de prepararnos para los grandes conciertos del Escenario Las Palmas, pasamos a rendir pleitesía a Chucho en la carpa de Radio 3. Como viene siendo habitual en este nuevo retorno, encara sus sets con la presentación de su nuevo disco y una vez avanzados en materia van soltando píldoras como “Perruzo” o “El Detonador EMX3”. Pero no importa, estas nuevas canciones también serán clásicos algún día. A la media hora exacta de Chucho salimos disparados para ver a Kendrick Lamar y solamente el retraso de casi diez minutos nos permitió llegar para verle salir al escenario. “HOW MUCH A DOLLAR COST?” en una enorme pantalla fija al fondo del escenario fue el único recurso que necesitó el rapero de Compton para vestir su set. Cuando tienes el don de este tío la crudeza de sus letras impacta más si va acompañada con la austeridad sobre el escenario. La banda que le acompañaba al final de las tablas fue dejando fluir sonidos jazzy, funky o góspel para que Lamar relatara con firmeza las vivencias y pensamientos que han hecho de “To Pimp A Butterfly” uno de los mejores discos de hip hop en muchísimos años. Dónde unos necesitan cien productores y mil samplers, Lamar solamente un sinte, una guitarra, un bajo y una batería; dónde otros necesitan diseñar su flow, el solo necesita no dejar de enlazar palabras. Aunque no soltó ninguna arenga social –la verdad es que sus letras ya tienen bastantes- era curioso ver como una audiencia compuesta mayoritariamente por jóvenes blancos ingleses se sabía todas las letras como si fueran auténticos Boyz N The Hood  –con “King Kunta” el karaoke fue impresionante-. En resumen: Kendrick Lamar “King of FIB 2016”.

Kendrick Lamar / Foto: Adrian Morote

Antes de prepararnos para ver a Massive Attack pasamos por el set de Dj Shadow como simple ejercicio de nostalgia, pero después del emocionante espectáculo de Lamar nos pareció que el repertorio de Shadow estaba siendo demasiado lúgubre y denso.

Lo más importante del concierto de Massive Attack era comprobar si su directo no había caído en la autoindulgencia de tanto single reciclado en reclamos publicitario y ni mucho menos fue así. Apoyados en lo que parecía una inmensa sala de máquinas –aunque hubiera una batería y un set clásico, entre las sombras parecía emerger la sala de máquinas de un barco-, fueron densos, contundentes y oscuros. Las cadencias de estos padres del trip hop hacían sudar nitroglicerina y la tensión musical era palpable y apabullante, tan apabullante y efectiva como su clásica sucesión de mensajes intercalados entre noticias locales; pudimos ver desde la de la presencia de Pedro Sánchez y Andrea Levy en el FIB, la mayoría de edad de Froilan, hasta recoger ideas impactantes sobre Turquía, el terrorismo o el Brexit, del que son firmes opositores. Cerraron con “Unfinished Sympathy” con la colaboración de Deborah Miller y a los pocos que habíamos aguantado nos mandaron a casa con las pulsaciones al ritmo de sus suaves sucesiones de bpms.

Massive Attack / Foto: Pau Bellido

La reconciliación del FIB con su público está casi certificada. Esta ha sido sin duda la edición más exitosa en muchos años y parece que han encontrado la clave para que el futuro del festival sea sostenible: cabezas de cartel de mucho tirón como Muse, Kendrik Lamar, Major Lazer o The Chemical Brothers, mucha electrónica, un puñado importante de artistas nacionales para reconciliarse con el público español y algunas píldoras fuera de todas esas líneas para darle consistencia al cartel. El año que viene más.

 

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FIB 2016: CRÓNICA DOMINGO

Tras tres jornadas extenuantes no había más remedio que recoger nuestra dignidad maltrecha y encarar la última del domingo con estoicismo, porque el FIB 2016 nos tenía preparado como fin de fiesta un menú variado y suculento.

Si el sábado el recinto del festival había estado a reventar, ayer se preveía un bajón de público monumental, como finalmente corroboramos. Jóvenes ingleses arrastrando el petate con la cara desencajada y quemada por el sol era el estereotipo de humano que nos encontrábamos en sentido contrario cuando nos acercábamos a la entrada desde el parking. Pero nosotros, con más corazón que cerebro, conseguimos llegar pronto para ver a Tijuana Panthers poner en marcha el Escenario VISA. A pesar de que la climatología moderada y suave del fin de semana había decidido abandonarnos por un sol justiciero, los pocos cientos que nos presentamos ante la banda de Long Beach disfrutamos al borde de la lipotimia de una lección de garage sixties y de surf pop de factura impecable y gusto exquisito. En una época en la que el desparpajo y el lo fi enmascaran muchas carencias, da gusto como otras bandas son efectivas sin efectos, solamente con una buena melodía bien llevada; “Redheaded Girl” o “Creature” no necesitan nada más.

Tijuana Panthers / Foto: Adrian Morote

Desde otra parte mucho más sucia del condado de Los Ángeles llegaron Fidlar. Se palpaban muchas ganas por ver a estos tipos que últimamente han despachado algunos de los más refrescantes artefactos de la escena punk californiana; si para Tijuana Panthers éramos unos pocos cientos, para Fidlar ya éramos unos pocos miles. Empezar con una versión íntegra y de factura perfecta del “Sabotage” de los Beastie Boys marcó las intenciones de una banda divertida, adrenalínica y guerrillera. Se encuentran cómodos tanto en el punk pop vitamínico como en el harcore melódico, pueden virar hacia el garage lo fi – “Max Can’t Surf” podría ser perfectamente de los Black Lips”-, o si quieren pueden parecerse a Rage Against the Machine – escuchen “Punks”-, tienen himnos para parar un carro y toda la chavalada allí presente se los sabía de cabo a rabo. Tras una espectacular sesión de mosh pit, en la que varios cientos se pusieron a correr en círculos antes de atacar un divertidísimo pogo, y después de que HELP STAFF 207 sacara de muy malas maneras a dos inofensivos chavales por el foso en uno de los actos más despreciables que he visto en mucho tiempo, Fidlar terminaron uno de los mejores conciertos de este FIB con la mayúscula “Cocaine”.

Fidlar / Foto: Pau Bellido

Tras Fidlar decidimos bajar pulsaciones con Jess Glynne, una artista que arrasa en UK y que tiene un hit como “Rather Me” que se saben todos los británicos presentes en Benicássim. Del rythm&blues al disco más ochentero pudimos reconocer en ella desde a Adele o Beyoncé hasta Whitney Houston. No creemos que pase a la posteridad, pero tampoco tiene la necesidad de crear una corriente filosófica, es pop.

Antes de ver a Mac DeMarco nos acercamos a ver un poco de Catfish & The Bottlemen, el enésimo hype del indie mainstream del Reino Unido. Triunfarán, lo aseguramos, pero su indie pop épico es del montón y no precisamente del montón bueno –además de que la voz de su cantante es irritante-. Recogen todos los ingredientes que funcionaron en bandas anteriores como The Kooks, Two Door Cinema Club, The Vaccines, Palma Violets o Circa Waves, los agitan y te los lanzan a la cara. Si esto es “the next big thing” que paren el coche o me bajo en marcha.

Mac DeMarco y su panda de freaks salieron al escenario muy relajados interpretando los temas más evocadores y tranquilos de su discografía, como “The Way You’d Love Her” o la maravillosa “Salad Days”, temas que el público se sabía al dedillo y que eran solo el preludio de la colección de divertidas excentricidades de Mac y sus amigos. Mientras caían temas ya clásicos de su repertorio como “Cooking Up Something Good”, “Ode to Vicery” o “Let Her Go”, empezó el show de bailes, bromas y de desvestirse –porque lo que llevaba el bajista era un vestido de señora-. También de saltar al público; ese mismo bajista celebró su último día en la banda con un stage diving, lo mismo que hizo DeMarco antes de cerrar el concierto con ”Still Togheter”. El canadiense tiene un carisma fuera de toda duda y dos puñados grandes de buenas canciones, pero aunque el concierto fue de menos a más nos dejó un poco fríos, fue mucho más soso que su último concierto en el Primavera Sound.

Antes de prepararnos para los grandes conciertos del Escenario Las Palmas, pasamos a rendir pleitesía a Chucho en la carpa de Radio 3. Como viene siendo habitual en este nuevo retorno, encara sus sets con la presentación de su nuevo disco y una vez avanzados en materia van soltando píldoras como “Perruzo” o “El Detonador EMX3”. Pero no importa, estas nuevas canciones también serán clásicos algún día. A la media hora exacta de Chucho salimos disparados para ver a Kendrick Lamar y solamente el retraso de casi diez minutos nos permitió llegar para verle salir al escenario. “HOW MUCH A DOLLAR COST?” en una enorme pantalla fija al fondo del escenario fue el único recurso que necesitó el rapero de Compton para vestir su set. Cuando tienes el don de este tío la crudeza de sus letras impacta más si va acompañada con la austeridad sobre el escenario. La banda que le acompañaba al final de las tablas fue dejando fluir sonidos jazzy, funky o góspel para que Lamar relatara con firmeza las vivencias y pensamientos que han hecho de “To Pimp A Butterfly” uno de los mejores discos de hip hop en muchísimos años. Dónde unos necesitan cien productores y mil samplers, Lamar solamente un sinte, una guitarra, un bajo y una batería; dónde otros necesitan diseñar su flow, el solo necesita no dejar de enlazar palabras. Aunque no soltó ninguna arenga social –la verdad es que sus letras ya tienen bastantes- era curioso ver como una audiencia compuesta mayoritariamente por jóvenes blancos ingleses se sabía todas las letras como si fueran auténticos Boyz N The Hood  –con “King Kunta” el karaoke fue impresionante-. En resumen: Kendrick Lamar “King of FIB 2016”.

Kendrick Lamar / Foto: Adrian Morote

Antes de prepararnos para ver a Massive Attack pasamos por el set de Dj Shadow como simple ejercicio de nostalgia, pero después del emocionante espectáculo de Lamar nos pareció que el repertorio de Shadow estaba siendo demasiado lúgubre y denso.

Lo más importante del concierto de Massive Attack era comprobar si su directo no había caído en la autoindulgencia de tanto single reciclado en reclamos publicitario y ni mucho menos fue así. Apoyados en lo que parecía una inmensa sala de máquinas –aunque hubiera una batería y un set clásico, entre las sombras parecía emerger la sala de máquinas de un barco-, fueron densos, contundentes y oscuros. Las cadencias de estos padres del trip hop hacían sudar nitroglicerina y la tensión musical era palpable y apabullante, tan apabullante y efectiva como su clásica sucesión de mensajes intercalados entre noticias locales; pudimos ver desde la de la presencia de Pedro Sánchez y Andrea Levy en el FIB, la mayoría de edad de Froilan, hasta recoger ideas impactantes sobre Turquía, el terrorismo o el Brexit, del que son firmes opositores. Cerraron con “Unfinished Sympathy” con la colaboración de Deborah Miller y a los pocos que habíamos aguantado nos mandaron a casa con las pulsaciones al ritmo de sus suaves sucesiones de bpms.

Massive Attack / Foto: Pau Bellido

La reconciliación del FIB con su público está casi certificada. Esta ha sido sin duda la edición más exitosa en muchos años y parece que han encontrado la clave para que el futuro del festival sea sostenible: cabezas de cartel de mucho tirón como Muse, Kendrik Lamar, Major Lazer o The Chemical Brothers, mucha electrónica, un puñado importante de artistas nacionales para reconciliarse con el público español y algunas píldoras fuera de todas esas líneas para darle consistencia al cartel. El año que viene más.

Portada: Kendrick Lamar / Foto: Adrian Morote

FIB 2016: CRÓNICA JUEVES

FIB 2016: CRÓNICA VIERNES 

FIB 2016: CRÓNICA SÁBADO

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FIB 2016: CRÓNICA JUEVES

Por una serie de vicisitudes que no vienen al caso, cuando entré en el recinto festivalero John Grvy ya estaba a punto de terminar su corto set – media hora – en el Escenario Las Palmas, aun así nos dio tiempo para constatar que este chico parece haber embrutecido y personalizado el neosoul y r&b que le trajo a Benicàssim hace un par de ediciones. Bien por John Grvy.

Miramos el horario y los siguientes en tocar eran Perlita en el Escenario J&B South Beach. ¡Hostia! ¡Vaya cambio de nombres más radical tienen los escenarios de este año! Tras un par de minutos de desconcierto –soy un tipo al que le gustan menos los cambios que a Rain Man – me di cuenta de que ese escenario con nombre de carpa era el segundo escenario de siempre y que el FIB Club era ahora una carpa comisionada por Radio 3 en la zona de césped detrás de los puestos de comida. También fue un poco desconcertante que el escenario que suele estar cerrado los jueves –los jueves hay un poco menos de FIB- suele ser este al que me dirigía, el más alejado, y el de la entrada – el odioso bus de bebida energizante, pero que este año parece ser un escenario hecho y derecho- es el que estaba apagado. ¿Lo tienen claro? ¿No? Pues vuelvan a leerlo y dibújenlo en un papel.

Bueno, volvamos a la música: a Perlita les descubrimos en el anterior Monkey Week y desde entonces han pasado de ser unos auténticos desconocidos a colarse en un puñado de carteles importantes, y es que dan bastante juego. Diversión funk, sintetizadores 80’s de un kitsch totalmente provocado, psicodelia sintética y galáctica, un Pedro Perles eufórico en plan showman y vocoder, mucho vocoder. Perfectísimos para el cumpleaños de uno de los productores ejecutivos de Corrupción en Miami (no para un episodio, que ahí se ponían de lo más melancólico y coñazo).

Tras Perlita, en el escenario principal le tocaba el turno a El Guincho. Tenía ganas de ver en directo al canario con su tercer disco –“HiperAsia”-, un disco que me parece el más arriesgado de su carrera y en el que conjuga tantos elementos que es difícil de definir; por un lado está esa personal forma de entender y avanzar el pop que le caracteriza sumando todos los elementos multiculturales posibles –todo lo que está en la calle-, pero por otro también lo deconstruye y te lo lanza entrecortado de una forma que a veces te desorienta. El sonido ahora es igual de adictivo, pero menos vitalista y mucho más introspectivo, quizá más adecuado para otro lugar y a otra hora. A pesar de la trabajada –y en ocasiones racargada- producción, la puesta en escena fue austera, demasiado austera, lo que le restó poder empático y diluyó totalmente el atractivo. Actuó con banda – miembros de Extraperlo – pero a mí me dejó muy frío, y eso que iba con ganas.

Nuestra primera incursión en la Carpa FIBCLUB Radio 3 fue para ver a Teleman, uno de nuestros conciertos recomendados de esta edición del FIB. Los londinenses tienen un estilazo brutal, dominan el pop como solo en las islas pueden hacerlo y son capaces de rugir, de virar al kraut o de crear una melodía brillante como si fueran los mismos Belle & Sebastian. El concierto fue la típica sucesión de buenas canciones que te van acorralando hasta rematarte con temas destinados a ser himnos como “Düsseldorf” o “Glory Hallelujah”. Fue una lástima que no terminaran con alguna de ellas, porque la celebrada y bailada “Not in control” me parece de largo peor canción y por lo tanto peor broche.

Después de la delicadeza de estos jovenzuelos llegaron Soulwax en plan apisonadora. Algunos amigos me comentaron que lo ideal hubiera sido que hubieran programado a los hermanos Dawaele en su faceta de Djs, pero yo pensaba: “¿¿¿otra vez???”. Quizá el rock electrónico, el big beat y el house de trazo grueso de los belgas es demasiado monótono y pesado, pero nos hicieron los 90 muy agradables y solamente por eso hay que respetarles.

Mucho más pesado me pareció el grime de Skepta, pero al menos su actuación fue breve. Este rapero inglés apareció enfadado con el mundo y seguramente se fue a su casa más enfadado todavía. Se quejó de los móviles, de la sociedad y del universo, pero no resolvió nada de ello, ni su concierto. Como terapia, bien, vale, acepto.

No me parecía que hubiera demasiada gente, pero luego caí en la cuenta de que era jueves, por lo tanto “estaba petado”. Hacía años que no se veía tanto color un jueves y parecía que el esfuerzo de programar a un cabeza de cartel de tirón como Major Lazer había dado sus frutos. Vamos a ver, no me entiendan mal, para mi Major Lazer es un bluf del tamaño del ego de Vladimir Putin, pero la gente lo goza. No tuvieron más que ponerse a vender motos que parecía que todo el mundo estaba con la billetera en la mano para comprar una. Diplo descargando sus hits enlatados, sus chicos en formato MC dándole cuerpo –una pena que faltaran sobre el escenario muchas de las grandes colaboraciones a la voz-, confetis, arengas y todo sin parar en modo ráfaga. Algo extenuante que solo se sustenta de esta forma, no le busquen más que no lo tiene. Hemos venido a bailar y lo hemos hecho ¿no?

Todavía nos dio tiempo a llegar al final del concierto de Anni B Sweet y su suavidad y languidez casi nos mata. Propondría que alguien pusiera una cámara hiperbárica entre un concierto como el de Major Lazer y otro como el de Anni B Sweet, no puede ser saludable un salto tan radical. Tras la aclimatación todo bien, pero la impresión fue muy grande y eso que Anni ha virado hacia campos mucho más abiertos que el folk de sus comienzos y que ha enriquecido sus temas hasta llegar a un pop mucho más accesible.

Tras atemperar nuestros ánimos se nos hizo cuesta arriba volver a la algarabía que se preparaba; por un lado el maestro DJ Amable recetando pildorazos de indie mezclado con todo lo imaginable; por otro Marc Piñol, posiblemente el rey de la electrónica culta nacional; y por último el polifacético francés Mr Oizo, que no se ha bajado del caballo ganador desde “flat beat” y que es reclamado tanto por su música en festivales como este, como por bandas como Metronomy para poner imágenes a sus últimos singles. Lo testeamos todo, vimos que el guion seguía su curso de manera perfecta y nos fuimos al hotel ¡Todavía es jueves!

Portada: Major Lazer / Foto: FIB

the real kids fuzzville!!!

ARRANCA LA GIRA DE PRESENTACIÓN DEL FUZZVILLE!!! #2 CON LOS DIRECTOS DE THE REAL KIDS

Míticos en la escena underground y reconocidos referentes punk-rockeros desde los 70’s, The Real Kids llegan dispuestos a romper moldes con su potente fuerza musical. Lo hacen dentro de Fuzzville!!! Junk tour 2016, una gira de presentación de la segunda edición de Fuzzville!!! que pasará por Madrid, Alicante, Valencia e Irún entre el 4 y el 8 de julio.

Tras disolverse durante la primera mitad de los 80, los de Boston han vuelto treinta años después y lo han hecho por todo lo alto. Después de girar por Estados Unidos, la banda liderada por el roadie de Ramones, John Felice, demostrará en sus cuatro citas españolas que mantiene la misma energía bruta de siempre, con la que conquistaron (y conquistarán) a los auténticos amantes del punk-rock.

Con tan solo una excepción que los llevó a tocar en ciudades como Nueva York entre 1998 y 1999, The Real Kids firmaron su regreso con la publicación de su último álbum  “Shake…Outta  Control” que presentarán en esta gira junto a sus temas más legendarios como “All  Kindsa  Girls,”  “Do  The  Boob,” o “My  Baby’s  Book”. Sin duda, Fuzzville!!! Junk Tour 2016 se convierte en una cita imprescindible con la que deleitarse bajo el sonido de este cuarteto americano que harán del escenario un auténtico torbellino en base a afilados riffs y salvajes melodías.

Las citas serán en Madrid (Sala El Sol), el 5 en Alicante (Stereo), el 6 en Valencia (Loco Club) y el 8 en Irún (Plaza Urdanibia). Las entradas para todas las fechas están a la venta en Ticketea (Madrid y Alicante) y OneTwoTix (Valencia), mientras que en Irún el acceso será gratuito.

Con el directo de The Real Kids, el público podrá saborear el espíritu de Fuzzville!!!, la fiesta definitiva del punk-rock, el garage y los sellos underground que llegará a Benidorm los próximos 9 y 10 de septiembre con confirmaciones como Thee Oh Sees y Nobunny.

Fechas y venta de entradas

4 de julio, Madrid, Sala El Sol
Entradas aquí: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-the-real-kids-madrid/

5 de julio, Alicante, Stereo
Entradas aquí: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-the-real-kids-en-alicante-fuzzville-junk-tour/

6 de julio, Valencia, Loco Club
Entradas aquí: https://www.onetwotix.com/the-real-kids

8 de julio, Irun, Plaza Urdanibia
Entrada gratuita

james taylor quartet valencia beach festival 940

CRÓNICA DEL VALENCIA BEACH FESTIVAL 2016

No todos los festivales tienen que ser iguales, no todos tienen que ser macroeventos de los que podemos recitar su cartel con los ojos cerrados, solamente con pensar en los artistas de mayor éxito comercial, más de moda o que tienen el espectáculo más colorido. Eso es lo que ha demostrado este pasado fin de semana el Valencia Beach Festival, seleccionando únicamente a un buen ramillete de artistas para poner en primera línea algo que es realmente lo más importante y que en ocasiones olvidamos, la música. Desprovisto de parafernalia, aunque en el espectacular marco del edificio Veles e Vents, que parece que se ha recuperado para eventos menos elitistas que en su concepción, nacía un festival modesto –de tamaño pequeño-, que ha sabido conjugar nombres internacionales y nacionales sin la necesidad de un reclamos más atractivo que el conjunto de ellos en sí mismo.

Nueva Vulcano

El festival se dividía en tres reducidas jornadas que empezaba el viernes con la actuación de Nueva Vulcano, que pasaban a estrenar el escenario de la espectacular terraza tras la baja a última hora de Modelo de Respuesta Polar por enfermedad. Los catalanes son una de las bandas que más pasa por Valencia –al menos media docena de veces desde su retorno discográfico con “Novelería”- y aunque eso produce el fortalecimiento del cariño del espectador, y el que los presentes se sepan las letras de las canciones, también le resta el importante componente de la sorpresa o del anhelo. Aun así, es indudable que la banda tiene un directo inapelable y puede encadenar canciones nuevas y clásicas sin perder un ápice de intensidad, demostrando que su fuerte es realmente el directo. El público no fue demasiado abundante esta primera jornada, y eso hizo que el ambiente fuera algo frío, quizá hasta el final de la actuación de Buzzcocks –siguientes en tocar y de alguna manera cabezas de cartel del festival-, en el que la mítica banda de Pete Shelley y Steve Diggle encadenó los singles que los hicieron una de las bandas más queridas de la primera hornada del punk inglés, y rescató a la banda de Bolton desde el lejano mundo de la apatía.

Buzzcocks

Los intermedios entre conciertos en esta primera jornada fueron amenizados por 2 Many Critics Djs, la pareja que para la ocasión formaron los periodistas Eduardo Guillot y Rafa Cervera, compañeros y colaboradores de esta página. La jornada de viernes se cerró con la actuación de JC Brooks & The Uptown Sound, que volvía a la ciudad después de su visita a la seis años antes para presentar su segundo trabajo y de su presencia en el Turborock, en el que presentaron su debut. La banda de Baltimore sigue esgrimiendo los mismos argumentos que la hacían tan atractiva en su momento; un frontman de personalidad arrolladora que te doblega con su voz soul y funky y un sonido mucho más abierto, con dosis de indie rock que les alejan del simple revival. Ciertamente en su tercer disco se ha potenciado este sonido menos retro, pero en directo continúan teniendo la garra de antaño.

El segundo día comenzaba algo más pronto y con una mayor afluencia de público con Red Buffalo. Estos valencianos recrean un rock and roll muy al estilo de las bandas americanas del género en los 70, más escorados a Allman Brothers que a Credence Clearwater Revival, pero alejados de modernidades como el nuevo alt country, mucho más dulcificado. Tienen un sonido muy compacto y gran destreza, pero militan en un estilo que desgraciadamente está fuera del circuito de moda. Quizá si logran encadenar un par de singles fácilmente reconocibles y que se les programe en algún festival grande, puedan encontrar un hueco que les parece ahora vetado. Fue divertido ver las caras de sorpresa de algunos de los presentes al ver sobre el escenario a Crudo Pimento. La contundencia de su blues, pero también de sus ritmos étnicos, la rasgada voz de Raúl Frutos y la cacharrería que utilizan como instrumentos, hacen de esta pareja de murcianos una de las bandas más excitantes del panorama actual. Es difícil que con una propuesta tan poco convencional y tan poco edulcorada lleguen de repente al gran público, pero lo que sí parece cierto es que van ganando adeptos poco a poco y actuación tras actuación.

Red Buffalo

Tampoco convencionales, pero también considerados como unos de los mejores directos nacionales, son Betunizer. Valencia tiene un tejido underground que ha crecido ajeno a modas indies y el calor del éxito comercial y Betunizer y las bandas que surgen de su entorno son buena muestra de ello. Son hirientes, cáusticos y frenéticos, tienen un directo atronador y son músicos valientes para embarcarse en giras interminables por medio mundo o en proyectos paralelos o colaboraciones alejados de su zona de confort. Su último trabajo “Enciende tu lomo” puede que sea su mejor trabajo, aunque venimos diciendo lo mismo desde hace tiempo.

Las conexiones valencianas Surfin Bichos, y todos los proyectos salidos de la banda albaceteña, son evidentes, por lo que se considera a Chucho un artista de casa. El retorno de la banda de Fernando Alfaro se establece esta vez en el marco de un nuevo trabajo, algo que se agradece porque su nuevo disco es notable y porque esta circunstancia siempre es más coherente. La colección de hits totalmente reconocibles es tremenda, pero las nuevas canciones tienen la energía necesaria para no quedarse atrás. El mismo juego retorcido, el mismo ímpetu punk, pero una frescura renovada es lo que nos traen estos grandes tipos, y con ello, posiblemente convirtieron su actuación en lo más destacado del festival, aunque Guadalupe Plata les siguieron de cerca. Los jienenses bordan sus directos, son viscerales, oscuros y magnéticos. Arrastran el blues por el barro hasta enterrarlo en el pantano, y no necesitan más que sus trucos clásicos para hipnotizarnos. Posiblemente no seamos conscientes del mérito de esta banda, que desde la periferia de la comercialidad indie han conseguido un gran respeto solamente gracias a su trabajo y su buen hacer. Sin duda se lo merecen. Esta segunda jornada, con mayor número de bandas y mayor afluencia de público, amenizada en sus descansos por Hits With Tits Djs, tuvo una alta intensidad de principio a fin y ese fue el comentario generalizado de todos los presentes.

A pesar de ser un festival modesto, el Valencia Beach Festival, contó con una tercera jornada en horario diurno en el que se pudo ver al cantautor norteamericano Marc Jonson, recuperado y reivindicado por Ramírez –que se encontraba, entre otros músicos valencianos, en su banda de acompañamiento-. Aunque lo podemos encajar en el indie pop, su música pasa por el folk e incluso por ligeros trazos de psicodelia, y aunque se podría calificar de sonido atemporal, se hace evidente el peso de composiciones que fueron creadas a principio de los 70.

James Taylor Quartet / Foto: Valencia Beach Festival

Mucho más animada fue la actuación Alex Cooper y su banda, que esta temporada está repasando todo su cancionero aprovechando su trigésimo aniversario como músico. Canciones tanto de Los Flechazos, como de su nueva etapa como Cooper, que hicieron bailar a padres y niños, a nostálgicos modernistas y a curiosos, porque para ello tiene material de sobra. Tras una nueva intervención de Splen Di Ni Dj y el descanso para la comida, James Taylor Quartet, fueron los encargados de cerrar la heterogénea jornada y el festival. Elegancia, clásicos del funky jazz como “Blow Up” o “Green Onions”, más un bagaje y seriedad adquirida en más de treinta años de experiencia, pusieron el broche a un festival que se desmarca de propuestas más comerciales pero también quizá valía más efímera. Un proyecto que pretende cuidar los oídos y que ojalá encuentre la respuesta suficiente para instaurarse en el calendario de eventos en Valencia. El primer paso está dado y poner en valor cultural un edificio como el Veles e Vents, de arquitectura magnífica pero símbolo de épocas pasadas de opulencia, además es una muy buena noticia.

BLACK IS BACK WEEKEND PORTADA

YA ESTÁ AQUÍ LA SEGUNDA EDICIÓN DEL BLACK IS BACK EN SANTANDER

Los días 24 y 25 de Junio Santander será la capital del Soul. Con el apoyo del Ayuntamiento de Santander, la Consejería de Educación, Cultura y Deporte. La segunda edición (En su versión Cántabra) del Festival Black is Back 2016 llega con un cartel que intenta reunir lo mejor del Soul Mundial. Los días 22 y 23 de Junio actividades paralelas que darán paso a dos jornadas inolvidables para los amantes del género, los días 24 y 25 de Junio el Escenario Santander acogerá a la estrella y fenómeno del momento, Charles Bradley & His Extraordinaries, a sus 67 años su música toca el cielo y lo sitúa como la sensación del momento. EL reciente documental “The Soul of America” descubría una historia emocionante y sorprendente. La recompensa lquizás ha llegado un poco tarde para el gran Charles Bradley, pero ha llegado para su suerte y sobre todo la nuestra, todo ello gracias a los chicos de Daptone Records (Saron Jones, etc…). Ellos han sido los responsable de la última obra de James Hunter Six, el británico de 53 años es sin duda la voz del R´n´B. Natural de Colchester, Inglaterra, acaba de publicar su nuevo trabajo “Hold On! Tyambién” en Daptone Records. Su estilo e historia le ha llevado a cruzarse con el gran Van Morrison y facturas obras maravillosas que ya son parte de la historia del Soul. El cartel cuenta la presencia de James Taylor Quartet, los británicos son destacados como una de las mejores formaciones de funk jazz de todos los tiempos, géneros como el Soul, el rock e incluso el Rap son la base de su legado. Desde Chicago llegan Jc Brooks and the Uptown sound, banda de Soul con acercamientos pronunciados al rock e incluso el indie son un “seguro” en directo desde sus inicios en el año 2007. Definido como un Ottis Redding al frente de los Stooges Jc Brooks reúne lo mejor de los clásicos del Soul y el Rock, puesta en escena más que potente y canciones para saborear. The Sister Cookie se han dicho muchas cosas gracias a sus últimas giras, lo que queda claro es que es un huracán llegado desde el Reino Unido con un catálogo de ritmos negros interminable. Sus directos son una demostración de elegancia y actitud como pocas veces has visto. Se suman Escort con su funky Soul y TT Syndicate, cerrando un cartel perfecto y que se antoja difícil volver a tener. Un festival que en su segunda edición se sitúa como uno de los referentes del género.

  • Organiza Delfuego Booking y Heart of Gold
  • 2ª Edición en Santander 24 y 25 de Junio
  • IMPORTANTE: Artistas cabezas de cartel tocarán shows completos, larga duración
  • AFORO:1.000
  • ENTRADAS en WWW.ESMITICKET.COM

Actividades Paralelas:

Filmoteca de Santander: BLACK is BACK 2016 Proyección cine documental musical:
Miércoles 22 de Junio 20h Filmoteca de Santander AMY –  Director: Asif Kapadia 
Documental sobre la famosa cantante británica Amy Winehouse, que cuenta con imágenes inéditas de archivo y entrevistas con la malograda estrella, que murió en julio del 2011 a los 27 años de edad por parada cardíaca consecuencia de sus excesos con las drogas y el alcohol, adicciones agravadas por su bulimia. Amy Winehouse, ganadora de 6 Premios Grammys, se vio desde muy joven afectada por el divorcio de sus padres. Tenía un talento natural para el jazz y el soul y una voz prodigiosa que pronto la hizo una estrella mundial a pesar de lanzar sólo dos discos, pero la fama, la prensa sensacionalista, los intereses de la industria -y de su entorno- y su turbulento amor con el que fue su pareja Blake Fielder-Civil la condujeron finalmente a su trágico destino en su piso de Camden, Londres.

Jueves 23 de Junio 20h Filmoteca de Santander Mr Dynamite – James Brown , Producida por Mick Jagger 
Pionero en el camino que recorre del ‘rhythm and blues’ al ‘funky’, James Brown cambió para siempre la música estadounidense. El documental “Mr Dynamite. James Brown”, producido por HBO, sigue la vida del cantante desde sus primeros años en el difícil sur de Estados Unidos hasta convertirse en uno de los grandes de la música ‘soul’ y en uno de los talentos musicales más reconocidos del siglo XX. El documental utiliza fotografías y escenas de conciertos nunca antes vistas, entrevistas a Brown de una variedad de fuentes (incluidos programas de televisión clásicos como “The Mike Douglas Show” y “Soul Train”), así como reflexiones inéditas de los miembros de la mítica banda de ‘soul’ The JB’s y otras personas que conocieron e influyeron en la vida del cantante.

ASÍ TE CONTAMOS EL MAD COOL FESTIVAL 2016

JUEVES

Ayer certificó su nacimiento un nuevo festival en la capital, el Mad Cool Festival, una ciudad en la que hasta hace poco parecía imposible que siendo tan grande hubiera tan pocos eventos de este tipo (o que los que había desaparecieran) y en la que ahora parece haberse abierto la veda festivalera. No es que en otras partes no aparezcan festivales como el sarampión, pero lo de Madrid y Valencia en estas últimas temporadas recuerda a la abrupta aparición de complejos de edificios de caravista con piscina y pádel. No quiero ser conspiranoico, pero es una coincidencia que me llama la atención, ¿verdad Carmen? (si esto último no lo leen con tono de Iker Jiménez no lo entenderán)

El Mad Cool aparece de una forma muy especial, nace a lo grande. Es curioso que un festival nuevo sea tan ambicioso en su primera edición y consiga programar a dos de los reclamos más importantes del año (sin entrar a enjuiciarlos, ni compararlos con otros), como son Neil Young y The Who, además de un buen puñado de nombres internacionales (grandes, medianos y pequeños), así como una abundante aportación de artistas nacionales de los mismos calibres. Además, es reseñable el estilo musical que intenta englobar el festival, todos (o ninguno), algo mucho más al modo de festivales importantes americanos que europeos; donde se juntan viejas glorias, importantes nombres comerciales internacionales de diversos estilos, bandas foráneas indies con bastante buena prensa, bandas nacionales de moda que arrastran a mucho público, artistas emergentes del mismo target, e incluso bandas jóvenes underground (dentro de un límite, claro). El resultado es imposible de calibrar a priori, pero parece claro que se ha apostado a todos los números y tras esta primera edición, con los datos y el feedback del público, se intentará hacer una segunda edición más a medida. Si sigo pareciendo conspiranoico, perdónenme ustedes.

Tras todos estos “a prioris” comenzamos nuestra andadura en la Caja Mágica haciendo una rápida incursión en el enorme espacio abierto de los grandes escenarios, en el que los alemanes Milky Chance desarrollaban su batiburrillo buenrollista de indie folk con toques a veces reagge, a veces de electrónica suavecita, y vimos que la zona era magnífica. Amplitud, escenario y pantallas espectaculares, sensación de que iba a haber relativa comodidad para recibir a los grandes de cada noche y sensación de prescindibilidad de los que estaban en el escenario en ese momento. ¡Adios, Milky Chance!.

La siguiente decisión a tomar parecía difícil, pero en realidad no lo era: dejamos la pradera principal dónde iba a empezar Lori Meyers y nos marchamos a las cavernas de los escenarios cubiertos en los que actuaban The Kills. La justificación era sencilla: Lori Meyers estaban en el festival para hacer el mismo espectáculo, y tocar las mismas canciones, que en las últimas temporadas -¿Para cuándo nuevo disco?- (me chivan que durante su concierto comentaron que ya lo tienen grabado), mientras que la banda de Mosshart & Hince presentaban ante nosotros “Ash & Ice”, nuevo trabajo tras cinco años en barbecho.

Alison Mosshart de The Kills / Foto: Mad Cool Festival

Si en disco la mutación a un sonido menos sucio y más sintético es evidente, en directo los temas del nuevo disco de The Kills se integraron perfectamente en la apisonadora de post punk sexy del que son expertos (post punk sexy es una definición algo tosca, pero quienes les hayan visto en directo lo entienden). Alison Mosshart continúa siendo la mayor fiera sensual del rock and roll, sus espasmódicos bailes, sus movimientos felinos y su increíble y penetrante voz no tienen rival, y forma junto a Jamie Hince una pareja elegantemente arrolladora. Por poner un pero (hay que buscar las cosas negativas en los buenos conciertos, al igual que me esfuerzo en encontrar algo positivo en algunos conciertos infumables), a Hince le falló el sonido de la guitarra en un par de canciones, la buena noticia es que fue algo técnico y parece que su grave lesión en la mano está olvidada.

Además de para ver nuestra primera actuación en uno de los pabellones del recinto, este concierto nos sirvió para certificar el auténtico caos y las enormes colas que se sufrían en las barras (ya a primera hora), para ver un par de fallos en las pulseras cashless y para esquivar a cientos de personas que se dirigían en sentido contrario en el laberinto de hormigón de escaleras y pasillos de la zona cubierta (nada para lo que vendría después).

Tras salir del Escenario 3 me puse a correr pensando que quizá me había equivocado no saliendo a pillar sitio para ver a The Who que empezaban en menos de diez minutos, pero la zona abierta es claramente lo mejor del festival y llegué sin problemas (y sin querer profundizar más) a la altura de la torre de sonido, y escorado a su derecha me instalé mientras estos magos del rock&roll empezaban con “I Can’t Explain”. El ambiente era extrañamente calmado, y mucha gente parecía haber llegado allí directamente caída de un guindo, pero no voy a ser yo el que se queje de que le dejen disfrutar del gran sonido del escenario principal y de algunas de las mejores canciones de la historia. El concierto de The Who fue el mejor que se puede esperar de estos septuagenarios, el mejor y más digno espectáculo de entre todos los de su generación que o no están en forma, o se pierden en actuaciones efectistas más que efectivas. The Who se limitaron a tocar impecablemente lo mejor de su repertorio, dejando que la pantalla de detrás de la banda fuera la única concesión a la nostalgia, con fotos y metrajes de sus años dorados. Sin darnos cuenta, y sin apenas pausa, cayeron “Substitute”, “Who Are You”, una gran “The Kids Are Alright” con maravillosas imágenes de “Quadrophenia” y por supuesto “My Generation”. Daltrey y Townshend parecían contentos y así lo expresó el guitarrista, ejerciendo para estos menesteres de auténtica voz cantante. El cielo amenazante nos respetó y llegamos al ecuador con “I’m One” a punto de hacernos saltar las lágrimas; “¿hay alguien de 17 años entre el público? Para ellos va dedicada esta canción”, fue la forma de presentarla por Townshend.

Pete Townshed de The Who / Mad Cool Festival

Estos míticos abuelos demostraron que no necesitan alardes que perviertan tan magníficas canciones, que aunque no puedan hacer los antiguos derroches físicos son capaces de tocar y cantar con contundencia y solvencia, que es genial ser una leyenda, pero que lo mejor es seguir siendo una gran banda de rock –como muestra la interpretación de “Pinball Wizard”-. Con la explosión de “Baba O’Riley” y la energía al diez pensaba que aquello terminaba, pero tras presentar una banda en la que está Zak Starkey –el hijo de Ringo-, pusieron el broche final con los fuegos artificiales musicales de “Won’t Get Fooled Again” (no necesitaron unos reales a la segunda canción como Tame Impala). Extasiado me fui a cenar pensando que nada más que por lo que acababa de ver ya hubiera valido la pena pagar la entrada al festival. Hice cola un año para el baño, otro para la cerveza y otro para cenar, y tras eso me dispuse a ver a Garbage.

Roger Daltrey de The Who / Foto: Mad Cool Festival

Perdonen mi atrevimiento, pero después de certificar que el disco de retorno de Garbage es lo mismo pero peor, me fui a ver a The StrypesGarbage continúan con la misma garra sintética escrupulosamente estudiada, esa oscuridad milimetrada, etc etc. pero sin los hits pegadizos de sus dos primeros discos – nada más sonar “Stupid Girl” o “I Thin I’m Paranoid” la comparación se hizo evidente-, así que volver a ver a The Strypes tras hacerlo la semana pasada en el Festival de les Arts no me pareció un pecado. Además, tenía algo que comprobar. No me quedé a gusto con el concierto de los irlandeses en Valencia, y dudaba si era simplemente por ellos o por las circunstancias de la actuación –escenario al aire libre, mucha gente que pasaba por allí sin prestarles demasiada atención-, y efectivamente, en sala, con cercanía y con gente metida en su frenético rythm&blues acelerado la cosa fue muchísimo mejor. Miedo me dio escuchar un rato antes a una chica preguntarle a otra que quiénes era esos The Strypes que iban a ver, y esta responderle: “son como The Strokes”, pero allí realmente parecía que los que estaban sí que sabían de que iba esto. Mucho mejores cuando quieren ser Dr Feelgood o The Jam que cuando en su última época se acercan a Arctic Monkeys, pero en todo caso dieron un concierto redondo y sin respiro.

The Strypes / Foto: Mad Cool Festival

De la contundencia y aspereza de The Strypes, pasamos a la densidad atmosférica (parezco el hombre del tiempo) de Editors. La banda de Tom Smith ya no quiere ser Interpol, ya no practican post punk de radiofórmula y lo que quiere es ser unos U2 que llenen estadios de melancolía. Han suavizado su sonido, son mucho más etéreos, pero siguen conservando esa épica tan de moda que parece contentar a todos. A mí me parecieron un coñazo y me escapé un momento a uno de los cubículos de hormigón a escuchar a Hercules & Love Affair dar una lección de música de baile con clase y solvencia. Melodías acertadísimas, ritmos clásicos remodelados como si se inventaran ahora y una clase desbordante es lo que tienen estos norteamericanos. Les escuché expresar sus condolencias por las víctimas de Orlando y me fui a ver el último concierto grande de la noche: Vetusta Morla.

Vetusta Morla ya no están de gira pero, como todos los grandes reclamos, son capaces de interrumpir su descanso para continuar con el juego de esto de los festivales. Los madrileños se saben este tipo de conciertos al dedillo, ya han dado muchos, no en vano son los padres de una corriente del indie nacional que arrasa en cada plaza y es reclamado en cualquier evento que tenga la intención de recuperar la inversión.

Sus conciertos son misticismo, son himnos coreados por miles (el ambiente de su escenario un jueves de junio a las 3 de la mañana era espectacular), son lo que sabemos. Por mucho que guste, la propuesta no es valiente –por mucho que se llame así la canción con la que terminaron-, o al menos unos años después de su primer disco ya no lo es. Tras ellos tocaba retirada.

Vetusta Morla / Foto: Mad Cool Festivall

Para mañana dejo mi comentario sobre el tema de los horarios del Mad Cool Festival, servicios, buses y demás medios de vuelta a la civilización y continuaré meditando sobre la forma de pago porque traerá “cola”. No puede ser todo hoy, que me pierden interés.

VIERNES

Superviviente a la jornada de ayer – salir del recinto para volver al centro de la ciudad fue similar a huir de Alepo para entrar en Europa, pero vestido de hípster –, volví a la caja Caja Mágica cansado, pero esperanzado porque el Mad Cool había anunciado que había tomado nota de las deficiencias del jueves en cuanto al método de pago, al número de personas en barras y a la señalización en la zona de los escenarios cerrados.

Es loable tener los huevos de crear un monstruo de evento de este calibre desde la nada, programando a gran número de artistas –algunos míticos-, crear un recinto colorido -aunque extraño-, poner en marcha seis escenarios, un mercadillo, una zona de restauración variada, un sistema de pago geek etc. etc., pero con tantos asistentes si algunas cosas no funcionan al dedillo es normal ver casos de desesperación y desorientación a cada dos pasos que se da en el recinto. La valentía a veces se paga, pero es algo noble que merece respeto y un cierto margen de confianza.

Al llegar, el recinto lucía espléndido con el sol iluminando su colorido envoltorio, la todavía escasa gente daba la oportunidad de apreciar sin agobios cada rincón de la enorme explanada dónde se encuentran los dos escenarios grandes y la zona de restauración, mientras tanto Bigott ponía banda sonora a mi inspección. El maño se mecía a ritmo de swing y de indie folk freak y sin dejar de hacer sus peculiares juegos y bromas enfundado en un polo Adidas Ivan Lendl. Mirándole durante la actuación no pude evitar pensar que ese sería el aspecto del tenista checo si le dejaran unos años en una isla desierta.

Me quedé en el escenario grande para ver a Stereophonics (mi jornada iba a oscilar entre los dos tablados grandes), una banda que quizá merecía un poco más de prominencia en el cartel, por su importancia y porque este será su único paso por nuestro país este año.

La banda de un Kelly Jones absoluto protagonista, empezó con mucha energía, rock potente y garra con temas como su reciente “C’Est La Vie”, pero pronto se instaló en el lugar en el que se sienten más cómodos, los medios tiempos. “Indian Summer” y “White Lies” nos llevaron a “Maybe Tomorrow” –el primer clásico de la noche-, y de esta manera volvieron a repartir las canciones hasta “Have Nive Day” a mitad del concierto, y la esperadísima “Dakota” como colofón. Concierto equilibrado de una banda que sabe bastante de grandes eventos. No pasarán a la historia, pero son de una escucha amable y agradable. Amables, como la psicodelia de Temples, la lisergia más limpia y pop que se puede encontrar en esta nueva hornada del género de moda. Mucho, mucho tiempo han rodado con su primer disco – ya les vimos hace tres años en el FIB, antes de publicarlo -, pero esta vez nos dieron una pequeña muestra de lo que será la continuación de “Sun Structures” y que parece irá por el mismo camino. Temples es un grupo de suavidad extrema, glam sin uñas, psicodelia sin mucho ácido, pero bueno, son pegadizos –creo que con el 5,4 que les dieron en Pitchfork ya han tenido suficientes palos los pobres-.

Escenario Matusalem durante la actuación de Temples

Tras los británicos comencé a ponerme nervioso y fui a coger buen sitio para ver a Jane’s Addiction, unos rara avis dentro del cartel y posiblemente la banda más excitante de este primer Mad Cool Festival. Cuando parecía que iba a empezar su actuación, nos sorprendió la aparición del enorme humanoide articulado de La Fura dels Baus, una típica instalación móvil de las suyas, que recorrió en ida y vuelta la llanura verde lo que dura dos grabaciones de “Kannibalen” de Apashe. Cuando se marcharon los de La Fura entonces sí, saltó la grabación de “Señores y señoras, nosotros tenemos más influensia con sus hijos que tú tiene, pero los queremos. Creado y regalo de los Ángelis, Juana’s Adicsión” y Jane’s Addiction salieron con “Stop”, canción que abre “Ritual de lo Habitual”, disco que venían a autohomenajear.

En las primeras filas había mucho fan, mucha camiseta de SoundgardenRed Hot Chili Peppers y demás grupos contemporáneos de Jane’s AddictionPerry Farrel, vestido con un traje rosa con sombrero, y el tatuado Dave Navarro con chaleco y sombrero de cuero, cumplían sus roles a la perfección: el primero de maestro de ceremonias y el segundo de guitar hero.

Fue curioso ver la espantada de curiosos de las zonas cercanas al escenario, Jane’s Addiction son muy afilados y pueden tener pasajes demasiado hard rockeros o tribales demasiado densos si eres un aficionado al indie. Tocaron todo su tercer disco y mostraron todo lo que eran capaces de hacer cuando estuvieron a punto de comerse el mundo. El público disfrutó como loco de “Been Caugh Stealing” y con “Three Days” ejemplarizaron lo que son como banda: extensos y duros riffs de Navarro, contundencia tribal y ritmos funk mientras un par de bailarinas exóticas culebreaban entre los músicos. Farrel dirigía el discurso en cada momento, elegante y simpático, interpretando su cabaret personal y controlando los efectos de su voz el mismo desde el escenario, mientras que Navarro acuchillaba nuestros oídos. Y tras “Classic Girl”, con la que terminaron su repaso a “Ritual de lo Habitual”, llegaron los regalos extra: una versión de “Rebel Rebel”, “Just Beacause”, “Mountain Song” y “Jane Says”, la canción de la protagonista de las adicciones de su nombre.

No pasará a la memoria como un concierto concurrido, puesto que la dureza de la propuesta y el partido de la selección en las pantallas de la zona de comidas le restó bastante público, pero lo que está claro es que los que conocen su música se quedaron más que satisfechos.

El estilo poco “easy listening” de los angelinos convirtió sin necesidad de pensar mucho a Band of Horses en cabezas de cartel. La banda de Ben Bridwel tomándose ese papel al pie de la letra eligió empezar el repertorio de manera enérgica – nada que ver con el maravilloso pero sumamente taciturno concierto que ofrecieron hace unos años en el DCode -, y repartir la presentación de nuevas canciones como “Casual Party” “Solemn Oath”, “In a Drawer” o “Hag” entre increíbles clásicos como “Laredo”, “No One’s Gonna Love You”, “Is there a Ghost” o “The Funeral”, que fueron los momentos más emocionantes de la noche. Band of Horses vinieron a disfrutar y lo demostraron con creces, es indicador que incluso con la dureza de “The Funeral”, Bridwel no podía reprimir la sonrisa o dar algunos saltos. Fue el concierto de la noche.

Por salirme de los dos escenario principales y probar un poco otros estilos me acerqué a medio concierto de la banda de Seattle a ver un momento a Caribou, que por las redes parecía que lo estaban petando, pero al llegar a la puerta del cubículo me di inmediatamente la vuelta, había cientos de personas enfadadas por no poder entrar y amenazaba revuelta.

Electrónica era lo que nos quedaba por ver y era lo que continuaba en los dos escenarios grandes, pero una con dos caras de una misma moneda, por un lado unos The Prodigy con una fórmula agotada y agotadora, y unos Die Antworld que remodelan las mismas coordenadas para ser y sonar actuales. The Prodigy son la quinta esencia del tecno punk de rave que a ritmo de big beat nos voló la cabeza en los 90, pero siguen utilizando las mismas balas y cada vez hieren menos. Sin embargo, la fiesta que se montó en su concierto fue espectacular, porque para eso sirve su música, para sacar la energía y transformarla en calor.

Con los sudafricanos Die Antwoord cerramos nuestro recorrido, escuchándoles rapear sobre bases frenéticas, haciendo un derroche de contacto físico extremo, dándonos un poco miedo, pero imaginando una rave con chavales jóvenes, no con señores de cuarenta años, como sus predecesores en el escenario contiguo.

Die Antwoord

Camino a casa reflexionamos sobre un par de temas extramusicales; las colas para beber son menores, bueno, dentro de los recintos cerrados no; se sigue sin poder pagar en efectivo en barras como habían anunciado por la mañana (al menos a mí no me dejaron); lo de los aforos en los escenarios cubiertos (esos que son difíciles de encontrar porque están poco y mal señalados) es para hacérselo mirar, y te ponen las cosas tan complicadas que casi dan ganas de obviarlos y no ir en toda la noche. Aun así, la cosa pintó mejor que el primer día, también porque por el cartel de este viernes la gente estaba más dispersa. Veremos esta noche con Neil Young como claro aglutinador de atención.