cabecera crystal

ASÍ TE CONTAMOS EL ARENAL SOUND

Tiene algo de spring break, esas vacaciones primaverales americanas en las que los estudiantes se abonan a la juerga y el desenfreno. El Arenal Sound es menos destroy, pero se ajusta al modelo. Miles de adolescentes de fiesta non stop en un recinto en el que la bebida varía de precio según la hora (de 14 h. a 18 h. es más barata), se prohibe a la prensa hacer fotos del camping (bajo contrato firmado) y no es extraño encontrarse con padres que dejan a sus tiernos infantes en la puerta del festival para pasar a recogerlos de madrugada. Como un resort o un parque temático, el Arenal Sound pone el espacio y la música, el resto es cosa de las hormonas, las ganas de divertirse y la capacidad de (des) control de cada uno. Bienvenidos a un nuevo concepto de festival, en el que un porcentaje muy elevado de público está más preocupado de hacerse el selfie de turno que de saber quién está sobre el escenario.

 

 

JUEVES

Bien es cierto que, cuando el grupo tiene tirón, la gente responde dándolo todo. Ocurrió a primera hora de la tarde del jueves, en el escenario principal, con La Pegatina. Si Mano Negra depuraron la patchanka, la banda catalana devalúa la fórmula (cumbia, reggae, rock, rumba, ska y lo que se tercie) hasta convertirla en pura y simple pachanga, en la que no falta ni uno solo de los tópicos asociados a la verbena. Invitaron a cantar a Santi Balmes (Love of Lesbian) en “Amantes de lo ajeno”, pusieron al público a bailar y terminaron provocando vergüenza ajena en la presentación de los diferentes componentes del grupo, que empezó con bromas a costa de “The Final Countdown” (Europe) o “We Will Rock You” (Queen) y terminó con el “Achilipú”, el “Borriquito como tú” y demás artillería pesada de fiesta mayor.

 

 

Mientras tanto, en el escenario de la playa, Zulú 9:30 tocaban para apenas un centenar de personas, ya que su propuesta musical es muy similar a la de La Pegatina, pero carecen de su capacidad de convocatoria. Se diría que un festival que hace sold out y cifra su asistencia diaria en más de cuarenta mil personas debería tener público a todas horas para todos los escenarios, pero como no se permite el acceso de comida al recinto, mucha gente abandona las instalaciones para abastecerse de alimento y bebida en el camping. De hecho, Elefantes tampoco despertaron gran expectación. Su inesperado regreso (no parece que hubiera hordas de fans reclamándolo) se nutrió mayoritariamente de público flotante, es decir, de gente que pasaba por delante del escenario camino de otro sitio. En las primeras filas, en todo caso, sí que se congregaron algunos seguidores fieles, que pudieron comprobar cómo Shuarma sigue poniendo todo de su parte para convertirse en el David Bowie barcelonés. Huelga decir que sin éxito éxito, claro.

 

 

El protagonismo catalán continuó con Els Amics de les Arts y su pop progresivo, que también convocó a un número reducido de público. Y es que ningún escenario volvería a lucir repleto hasta la llegada de Love of Lesbian. Asistir a dos conciertos suyos en menos de una semana (habían actuado el domingo pasado en el Low Festival) supone una dura prueba hasta para el cronista más curtido, pero allá que fuimos. Craso error. Ofrecieron más de lo mismo, con la única novedad de que un corte de luz les obligó a parar durante diez minutos. Balmes devolvió el detalle a La Pegatina invitándolos a compartir el escenario en “Víctimas del porno” y el resto fue como siempre: Citas a “Como yo te amo” (Raphael), imitación de Jorge Javier Vázquez, “Club de fans de John Boy”, “Si tú me dices Ben, yo digo Affleck”… El día de la marmota.

 

 

Una visita al escenario Negrita sirvió para comprobar que L.A. siguen cómodos cultivando el rock americano cantado en inglés y con ocasional espíritu power pop, como si Wilco se juntaran con R.E.M. y Tom Petty para pasar el rato. Dicho de otro modo: Sonido reconocible, ejecución intachable, algunas canciones resultonas y la inevitable sensación final de sucedáneo, porque es imposible que mejoren (o incluso igualen) a sus modelos.

 

 

Y así, como quien no quiere la cosa, casi a la una de la madrugada (hubo un ligero retraso en la programación a causa del corte sufrido por Love of Lesbian), salía al escenario Desperados la artista que justificó la jornada del jueves en Burriana. Porque Crystal Fighters reunieron más público, pero Azealia Banks fue la reina de la noche. Una artista internacional con fama de esquiva y en actuación exclusiva, que tras un warm up a cargo de su DJ apareció radiante en el escenario, acompañada de cuatro bailarinas y una pareja mixta de coristas (al fondo del escenario y poco iluminados). Una auténtica diva del nuevo siglo, que ni siquiera necesita un álbum (formato jubilado por internet) para disponer de prime time festivalero, y que es consciente de la época de culto a la personalidad en la que vive (su presencia en los visuales fue avasalladora). Puede que M.I.A. (su pase en el FIB sigue muy reciente) ofrezca un melting pot sonoro más completo, pero Azealia Banks no se queda atrás a la hora de hilvanar hits: “No problems”, “1981″, “Esta noche”, “Liquorice” o “Luxury” obligan a recordar a raperas de rompe y rasga que la precedieron, como Lil’ Kim, pero para cuando interpreta “212″ sobran las comparaciones. Voz, estilo, clase y actitud comprimidos en cincuenta concisos minutos.

 

 

El delirio llegaría, pasadas las 3 de la madrugada, con Crystal Fighters, que no tardan en tocar “LA Calling” como pura demostración de fuerza, elevando la temperatura a las primeras de cambio. Ataviados como en sus últimas visitas a nuestro país, a mitad de camino entre una tribu chamánica y una pandilla de crusties, desplegaron su idiosincrasia neohippie de inclinación raver utilizando las dos mejores armas de que disponen: Los coros y el ritmo. Con eso les basta (la txalaparta es mera anécdota) para rendir a sus pies a un público que les adora, y que además, a esas horas, es presa fácil ante argumentos como “Love Natural” y el resto de su repertorio. No pasarán a la historia, pero miles de españolitos recordarán dentro de unos años que se desmelenaron al son de sus canciones. Después de su show nos batimos en retirada.

 

VIERNES

Como consecuencia de la abrumadora reiteración de nombres que exhiben los festivales, las crónicas desde Burriana son selectivas, otorgando prioridad a artistas que actúan en exclusiva o que no han pasado anteriormente por otras citas estivales españolas este año. Por eso, el viernes, nos tomamos la libertad de pasar por alto a Sidonie, The Right Ons, Triángulo de Amor Bizarro o Izal, grupos que han actuado muy recientemente en Contempopránea, BBK Live, San San, Low, FIB, etc. y que ya han sido objeto de reseña en byTHEFEST. Así pues, nuestro picoteo del viernes comenzó con uno de los platos fuertes del Arenal Sound 2014: Miles Kane, buque insignia de la nutrida representación británica de la jornada.

 

 

Y lo cierto es que supo estar a la altura. Salió acompañado por su banda al son del “Loaded” de Primal Scream, arrancó con “Inhaler” y no dio tregua en la hora y cuarto que duró su concierto. Lo suyo es clase pop inglesa en una tradición que se inicia en los Beatles, pasa por The Who o Bowie y llega hasta Paul Weller, uno de sus modelos indiscutibles (no hay más que escuchar “You’re Gonna Get It”). Se sintió a gusto desde que pisó el escenario, y fue dejando caer perlas como “Counting Down The Days” o “What Condition Am I In?”, consciente de que en sus dos álbumes no hay material de relleno. En “First Of My Kind”, el teclista Ben Parsons se desdobló a la trompeta, para dar paso después a un “Give Up” en el que, como es costumbre, introdujeron un guiño a “Sympathy for the Devil” (The Rolling Stones), y tras “My Fantasy” llegaría un tramo final apoteósico, con “Don’t Forget Who You Are”, “Rearrange” y un largo “Come Closer”, que cerró un pase impecable, de gran nivel. Sin duda, el mejor de la jornada.

 

 

Los jóvenes Peace comparten bastantes influencias con Kane, y además les añaden otras sin demasiado disimulo, como The Cure (muy evidente en “Lovesick”). El único álbum de la banda de los hermanos Koisser prometía una actuación refrescante y sin complejos, que sin embargo dejó un sabor de boca agridulce al poner en evidencia que todavía están buscando una identidad propia. Del acento bailable que toman prestado a Foals (“Wraith”) al toque afro deudor de Vampire Weekend (la guitarra de “Bloodshake”), apuntan maneras en todas las direcciones a las que parecen dirigirse, pero da la sensación de que todavía no saben a qué carta apostar el indudable potencial que poseen. En todo caso, una estupenda oportunidad para ver a una banda en crecimiento que puede deparar muchas alegrías en el futuro.

 

 

La siguiente cita en el escenario principal era con Biffy Clyro. Como Miles Kane y Peace, no lograron llenar, pese a lograr una notable respuesta de público, circunstancia que vuelve a poner sobre la mesa las reflexiones a propósito de la primera jornada del Arenal Sound: ¿Dónde están los famosos “sounders” durante los conciertos? Pues de botellón en el camping (y en las calles), a la espera de que los disc jockeys tomen el recinto. Pero vamos con la banda escocesa. La Wikipedia define “mascletà” como “un disparo pirotécnico que conforma una composición muy ruidosa y rítmica”, y lo cierto es que no hay mejor manera de explicar cómo fue el concierto del trío, que en vivo se amplía a quinteto. Basado en pilares como una imagen efectista y un apabullante sonido, el directo de Biffy Clyro es una descarga metálica en toda regla, barnizada de rock alternativo para penetrar mejor en el mercado mainstream, pero cortada por el mismo patrón que la de Muse. Es decir, tan sobrada de desmesura como vacía de contenido. Lo cual no quiere decir que Simon Neil no pusiera toda la carne (y los tatuajes) en el asador. Lo suyo fue una ración de grandilocuencia “Biblical”.

 

 

Antes de encarar la recta final del día, el picoteo del viernes incluyó un somero vistazo a los georgianos LOUDspeakers, uno de los ganadores del concurso de grupos del festival, que desgranaron sus oscuras melodías de inspiración post-punk ante un número muy reducido de espectadores. También una visita al escenario Negrita, para constatar que Estereotypo son, hoy por hoy, la versión española de Rinôçérôse (y que pueden cargarse “Love Me Do” sin pestañear).

 

 

Casi a las 3 de la madrugada, llegó el turno de The Wombats, ese trío de Liverpool cuyos miembros parecen salidos del club de empollones del instituto. Para no romper la tradición de la jornada, también ellos se miran en la historia del pop británico, que asumen sin otra intención que ser un eslabón más de la cadena. Divertidos, saltarines e inocuos, se alimentan de britpop con algún aliño electro, que convierten en canciones tan dignas como carentes de especial encanto, una banda sonora ideal en el contexto de un festival en el que la música no deja de ser un ingrediente más, y no necesariamente el de mayor importancia: Durante el concierto de Biffy Clyro, se pudo ver a Miles Kane en la zona VIP. En el FIB, no hubiera podido dar un paso sin que alguien le abordara. En el Arenal Sound, la única chica que se le acercó con un móvil fue para pedirle que le sacara una foto con una amiga. ¿Hemos dicho ya que este es un festival diferente?

 

SÁBADO

Mientras la chavalería se dedica a sacar el máximo partido al móvil (¿serán las empresas de telefonía las mayores beneficiadas de los festivales?), los grupos continúan actuando en los diversos escenarios de un Arenal Sound dividido en dos mitades: Por un lado, los conciertos; por otro, las suelas del calzado deportivo en combustión, que dicho sin pedantería es, pura y simplemente, quemar zapatilla. Los primeros se desarrollan en horario de tarde y noche, con desigual asistencia de público. Lo segundo reclama su jurisdicción de madrugada, y reúne a miles de “sounders” frente al disc jockey de turno hasta que vuelve a salir el sol. Burriana, a way of life.

 

 

Nuestro picoteo del sábado comenzó con Russian Red. Aunque disponía de hora y cuarto, ofreció unos ajustados cincuenta minutos en la línea de sus pases en el 101 Sun Festival y La Mar de Músicas. La formación de cuarteto arropa mejor sus canciones, y su voz sigue siendo el eje sobre el que pivota un repertorio en el que se echan en falta hits, pero que ha ganado mucho en empaque eléctrico. Lo que no cambia es su escasa capacidad para empatizar con el público, incluso cuando suelta la guitarra y se aventura por el escenario micro en mano. En todo caso, su concierto fue un simple aperitivo (ya que vamos de tapas) comparado con el ciclón que nos esperaba en el escenario principal.

 

 

Nadie estaba preparado para Matt and Kim. La expectación era más bien escasa cuando salieron a un escenario enorme en el que solo se veía, en un pedestal, un teclado y una batería. Y entonces aparecieron Matt Johnson (nada que ver con el mítico líder de The The) y Kim Schifino para redefinir el concepto de espectáculo pop. Que ella se ocupe de la batería podría servir para establecer comparaciones con The White Stripes, pero todo lo que en Meg White era discreción y mesura se convierte aquí en extraversión y descaro. Es cierto que “Lightning”, su cuarto y último disco, no es su mejor trabajo, pero su directo es dinamita pura. Desde que arrancan con “Overexposed”, exhiben una aplastante ironía que cuestiona la papilla mainstream utilizando sus mismas armas, para poner en pie un show repleto de momentos memorables. El reparto de globos para que el público los lance al aire en la rotunda “Now” (creando un efecto digno de las celebraciones que montan los Flaming Lips) es solo uno de los múltiples recursos con los que obtienen la meta deseada: Convertir su actuación en una fiesta, en la que la gente participa coreando la estupenda “Let’s Go”, Kim se carga la corrección política animando a todo el mundo a practicar sexo o depuran el minimalismo pop a ritmo de negras en “Don’t Slow Down” (otro temazo irresistible).

 

 

Ojo: La juerga, que es descomunal (Kim acaba de pie entre el público, sostenida por la gente), no va en detrimento de un contenido musical abundante en proteínas, desde su alto octanaje hip hop (rítmo, actitud) hasta un uso prodigioso de los snippets (fragmentos de otros temas reutilizados a conveniencia), que incluye citas al “Ignition” de R. Kelly, el socorrido “The Final Countdown” (con una intención radicalmente diferente a como lo utilizó La Pegatina el jueves), “Big Spender” (del musical “Noches en la ciudad”) o la magistral “Push It” (Salt-n-Pepa). Como buenos hijos de la cultura del sample, cortan, pegan y colorean a velocidad de vértigo, y además tienen canciones como “Daylight” o “It’s Alright”, escogidas para cerrar su extenuante actuación, que en manos de The Wombats (por citar un grupo que también ha participado en el festival) no pasarían de ser pequeños ejercicios indie-pop, pero que en las de estos dos majaras de Brooklyn se convierten en auténticos acontecimientos. Boca abierta y ojos como platos.

 

 

Seguramente fue el acelerón anímico provocado por Matt and Kim, pero el caso es que los daneses The Asteroids Galaxy Tour nos cayeron en gracia. Mette Lindberg recuerda poderosamente a la Debbie Harry de finales de los setenta, sensación que se refuerza gracias a algunas canciones de aire disco y bajo elástico como “Heart Attack” (que no “Heart of Glass”). Las trompetas (virtuales, tocadas desde el teclado) de “The Golden Age” conectan su propuesta con el revival neosoul, pero es un espejismo que, por fortuna, dura poco en directo, aunque parezca la razón de ser de sus discos. Porque cuando interpretan temas como “Inner City Blues” están más cerca de las cadencias narcóticas de “Screamadelica” (Primal Scream) que del pastiche retro. Habrá que estar atentos a su nuevo álbum (del que tocaron algún tema) para ver si trasladan al estudio ese ocasional trance opiáceo que son capaces de producir en vivo.

 

 

Camino del escenario principal nos asaltó una de esas reflexiones de baratillo que provocan los festivales. Y es que Placebo se presentaban como cabezas de cartel de la jornada (y no sería descabellado decir que también del festival) y, sin embargo, parecían un grupo viejo (acaban de cumplir veinte años) en el contexto del Arenal Sound. Quizá las derivaciones soul de The Asteroids Galaxy Tour y el remozado sonido mod de Miles Kane puedan ser calificados como retro, pero probablemente el de Burriana es el único festival español que no recurre a la nostalgia incorporando grupos veteranos reunificados o viejas glorias en mayor o menor estado de decrepitud. Sí, entre los grupos españoles del cartel abunda el relleno y la medianía, y quizá la selección internacional no sea de campanillas, pero se centra en bandas de trayectoria todavía corta, formaciones nacidas casi en su totalidad en el nuevo siglo, que representan, para bien o para mal, el “ahora” (o una parte de ese ahora) de la música pop. Un dato a tener en cuenta cuando sus competidores (todos de mayor prestigio) recurren al “antes” con frecuencia cada vez mayor.

 

 

Cerrado el paréntesis reflexivo, conviene aclarar que Placebo fue el grupo que más gente reunió y que ofrecieron un show intachable. Seis músicos en escena, una escenografía notable (especialmente efectivas las pantallas en la parte superior del escenario) y un repertorio al que algunos le achacaron la ausencia de hits del pasado, pero que tenía sentido si lo que deseaban era reivindicar su último trabajo, que recupera su sonido inicial y es el motivo por el que están de gira. Así que empezaron con “B3″ (una de sus canciones más Smashing Pumpkins) y acto seguido enlazaron “For What It’s Worth” y “Loud Like Love” (que da nombre al álbum). “Scene of the Crime”, “A Million Little Pieces” o “Exit Wounds” fueron otros de los temas nuevos que interpretaron, y solo se permitieron mirar atrás recurriendo a “Meds”, del que tocaron “Space Monkey”, “One of a Kind” o “Song to Say Goodbye”, entre otras. Nada de su debut y solo “Every You Every Me” y “Special K” de su primera etapa. En el bis, una versión de “Running Up That Hill” (Kate Bush), “Post Blue” e “Infra-Red”. Ovación y vuelta al ruedo avalada por sus fans, aunque en realidad su discurso sonoro resulta bastante monocorde y no presenta demasiados motivos para el entusiasmo objetivo.

 

 

Los suecos The Royal Concept recogieron parte del público de Placebo al tomar el relevo en el escenario Negrita. Todo lo que tienen de majos, entusiastas, saltarines y fashion lo transmiten a un repertorio que suena como si Phoenix hubieran nacido para ser ídolos teen-pop. “On Our Way”, “D-D-Dance” o “Gimme Twice” son canciones resultonas, y aunque David Larson abusa del vocoder, no es óbice para que cause estragos entre las jovencitas de las primeras filas (sobre todo, cuando se despoja de la camisa y baja al foso). Como ocurre con la mayoría de bandas de su país, son un sucedaneo más o menos afortunado de sus modelos anglosajones (en este caso, francés). Aprovecharon para felicitar al público español por tener nuevo rey (ejem), solventaron algún que otro ligero contratiempo de sonido y se lanzaron de cabeza al ritmo sincopado, recurso infalible para poner a bailar a la audiencia adolescente, que respondió al reclamo con entusiasmo.

 

 

La última parada del día fue en el escenario principal, con Buraka Som Sistema. Batería, kit de percusión, laptop y tres vocalistas (dos hombres y una mujer) para desplegar el kuduro progresivo que caracteriza a la formación portuguesa. Una mezcla de afrobeat, ragga, zouk antillano y kizomba angoleño que con canciones como “Hangover” lanza a la estratosfera a un público que reacciona como el perro de Paulov ante el estímulo bailable, y al que llegada la madrugada le da igual ocho que ochenta. Lo cual no quiere decir que la propuesta del grupo fuera de perfil bajo. Más aún: por el mero hecho de buscarle los tres pies rítmicos al gato en un entorno en el que prima el recurso fácil (o ritmo machacón, o subidón subidón), vale la pena destacar su enérgica actuación. Después llegarían Boys Noize, pero para entonces el comando byTHEFEST había emprendido la retirada.

 

DOMINGO

El festival bajó el telón dejando un sabor agridulce, ya que si la jornada del sábado destacó por las sorpresas, la del domingo estuvo marcada por las decepciones. Pero vayamos por partes, porque el día empezó muy bien, gracias a El Columpio Asesino. Hay que ver cómo ha crecido la banda navarra desde aquellos primeros discos en que coqueteaba con el indie o el sonido Manchester. “Ballenas muertas en San Sebastián”, su último (y mejor) álbum, ha completado el giro apuntado en “Diamantes”, y su directo es de una solidez aplastante. Abren con “Babel” y “Escalofrío”, con ecos de Suicide y krautrock que han asimilado con absoluta naturalidad. De hecho, la electrónica asume el protagonismo, pero el show no es una fiesta. Las canciones de El Columpio Asesino hablan de coches bomba y de mochilas abandonadas en estaciones, mientras Cristina Martínez fustiga un pad de percusión electrónica. Música acorde con tiempos sombríos, que la propia Cristina y Álvaro Arizaleta recitan más que cantan, y en la que no hay lugar para concesiones. Como mucho, la trompeta de “Edad legal” (a cargo del teclista Íñigo Sola) y un tramo final en el que el alucinado público adolescente que asiste a su pase puede soltar la presión acumulada con “Toro”, su tema más conocido. Magníficos.

 

 

Reciente aún su actuación en el Bilbao BBK Live, los londinenses Bastille llegaron al Arenal Sound para mostrar el reverso de El Columpio Asesino. Lo que en los españoles es densidad sonora, actitud y compromiso, en los ingleses se convierte en puro escapismo. Reunieron a una gran cantidad de público en el escenario grande y salieron al son de la sintonía de “Twin Peaks” (Angelo Badalamenti), que para eso tienen un tema titulado “Laura Palmer”, pero desde que comenzaron con “Bad Blood” y “Weight of Living, Pt. II” quedó claro que son una boy band enmascarada de promesa synth-pop. Su estética, la imagen que proyectan, los bailes de Dan Smith, las melodías y el tratamiento vocal de las canciones van en una dirección muy clara, y las hordas de jovencitas que les aclamaban en las primeras filas demuestran que la fórmula les ha funcionado. Otra cosa es que su propuesta sonora posea alguna solidez. Que no es el caso. Del puñetazo de realidad servido por El Columpio Asesino pasamos sin solución de continuidad a temas trufados de coros de estadio que sustentan proclamas como “You Will Live Forever” (en “Poet”). El final, con “Of The Night” (especie de spin-off de “The Rhythm of the Night”, de Corona) y “Pompeii”, ratificó su triunfo entre una chavalería que, al terminar su concierto, huyó masivamente hacia el camping, de donde ya no volvería hasta bien entrada la madrugada.

 

 

Ese fue el motivo por el que FM Belfast empezaron su actuación ante un público más bien escaso. Aunque quizá otra de las razones sea la música que sonaba por los altavoces para amenizar la espera. Abramos paréntesis. Queridos técnicos de sonido del mundo: Ya sabemos que “In the Air Tonight”, de Phil Collins, suena fabulosa por los potentes altavoces de los grandes equipos, y que debe ser la grabación sonora más perfecta que existe, pero, de verdad, es horrible. No insistáis. Basta. Por favor. Y, ya puestos, lo mismo vale para los temas de Dire Straits. Cerramos paréntesis. La banda islandesa (curiosa la fijación de los programadores del Arenal Sound con los países nórdicos), que este año también ha pasado por el Sónar, salió al escenario dispuesta a darlo todo. De hecho, hasta se diría que iban pasados de revoluciones. Como unos !!! (Chk Chk Chk) de garrafón, abonados al trazo grueso, comparten con Matt and Kim, que habían actuado el sábado, el gusto por el snippet, pero mientras que el dúo de Brooklyn lo utiliza como recurso irónico, para FM Belfast es un gancho populista. Así, el público, que mayoritarimante no conoce “Brighter Days”, puede levantar el puño y asentir satisfecho cuando la convierten en “Wonderwall” (Oasis). La operación se repite en “Nicole” con el “Pump Up The Jam” de Technotronic (elección lógica, ya que su sonido deriva hacia el eurodisco) o en “I Don’t Want to Sleep Either” con “(You gotta) Fight for your right (to party)”, de Beastie Boys, mientras otros temas propios como “DeLorean” o “Everything” pasan más desapercibidos, pese al despliegue bailable y de cariz humorístico que se gasta el grupo liderado por Lóa Hlín Hjálmtýsdóttir y Árni Rúnar Hlöðversson (sí, sus nombres son bastante más intrincados que sus canciones). Al final, tanto va el cántaro a la fuente (la lista de préstamos se amplía con el “Bring the Noise” de Public Enemy) que termina por romperse, y la cita anecdótica se come literalmente el discurso principal cuando les da por regresar al escenario y abrir el bis con “Welcome to the Jungle” (Guns N’Roses). A mitad de “Lotus” (su particular versión del “Killing in the Name of” de Rage Against The Machine), y como sobrepasaban el tiempo de actuación asignado, les cortaron el sonido. Por pesados.

 

 

No obstante, la gran decepción de la noche llegó de la mano de Mando Diao. Es evidente que en “Aelita”, su último disco, ya no queda nada de aquel simpático grupo de garage que fueron en sus comienzos (nada extraordinario, por otra parte), pero verlos aparecer en escena y pensar que habían sido captados por una secta fue todo uno. No ayudó el místico discurso inicial sobre un amigo muerto de cáncer hace un año, ni unos trajes diseñados por su peor enemigo, ni una escenografía que parecía una reproducción de la Fortaleza de la Soledad de Supermán construida por un artista fallero. Siendo benévolos, se diría que los suecos buscaban un impacto glam. Siendo crueles, que se han apuntado a la cienciología. En cualquier caso, entraron en materia musical con “God Knows” y la cosa tampoco mejoró. Inevitable recordar a los noruegos A-ha escuchando el barnizado sintético que han dado a su repertorio con objeto de amoldarlo al cariz bailable de su sonido actual. Para cuando tocaron “Sweet Wet Dreams” (con un arreglo de guitarra española que apesta a tópico) la rechifla era general, exceptuando a los incondicionales, que lo son, lógicamente, de su etapa más reciente, y que pudieron saltar a gusto con “Gloria”, que puso el cierre, y con un bis en el que tocaron “Dance With Somebody” y “Black Saturday”. Verlo para creerlo.

 

 

Los ingleses Circa Waves tenían todos los números para convertirse en la revelación del día. Insultántemente jóvenes, debutaban en España sin haber publicado aún su primer álbum, pero con un puñado de singles que les han convertido en una de las promesas de la escena anglosajona. Ya hay quien asegura que son los nuevos Strokes, y escuchando “Young Chasers” habría que darle la razón. Pero también recuerdan a The Kooks, Vaccines o Libertines (“Get Away”). Efectivamente, suenan a cualquier cosa menos a ellos mismos. En todo caso, la personalidad la pueden adquirir con el tiempo, porque todo lo demás lo tienen: Frescura, contundencia, repertorio (presentaron bastante material nuevo) y concisión: En 35 minutos habían terminado. Convincentes, aunque todavía demasiado miméticos.

 

 

Disc jockeys aparte (no, no amanecimos en la playa), quedaba por ver a los sudafricanos Die Antwoord, razón de la visita a Burriana de no pocos “sounders”, que reventaron el escenario principal para asistir a una demostración de fuerza que, sin embargo, supo a poco. Porque Ninja y Yo-Landi Vi$$er ofrecieron una ración de hip hop intachable, rapeando con flow y actitud agresiva sobre las bases del efectivo DJ Hi-Tek, pero de un grupo con su trayectoria visual previa (sus notables clips) se esperaba una performance más espectacular. No faltaron hits como “Enter the Ninja”, “I Fink U Freeky”, “Baby’s on Fire” o ese “Pitbull Terrier” en el que samplean a Goran Bregovic. Tampoco el talante tan particular que exhiben, que ellos denominan zef y que conjuga el sonido rave de los noventa con el orgullo white trash. Su presencia impone, cuando suben los bpm’s arrollan a todo el que se ponga por delante, y la voz de rata histérica de Yo-Landi contribuye a crear un ambiente psicótico que, de alguna manera, convierte el show en una ceremonia que transmite cierto peligro y hasta un componente insano, que enloquece a un público entregado de antemano. Dan miedo, y al mismo tiempo son conscientes de su condición de producto pop de masas. El signo de los tiempos. El año que viene, más.

 

Fotos: Liberto Peiró

Lollapalooza

Lo mejor del Lollapalooza 2014

Ya os contábamos a principio de semana como transcurrió el Lollapalooza 2014. Chicago y sus rascacielos fueron testigos por décima vez de uno de los festivales más representativos de los Estados Unidos. Tres jornadas que recopilaron a grandes artistas del momento y que no dejaron indiferente al mundo de la música.

Tres días después de su conclusión empiezan a aparecer en youtube los diferentes conciertos al completo. Nosotros hemos recopilado los que mejor calidad ofrecen para que podáis ver como fue transcurriendo el festival.

INTERPOL

CHVRCHES

SKRILLEX

ARCTIC MONKEYS

FOSTER THE PEOPLE

BOMBAY BICYCLE CLUB

KODALINE

PHANTOGRAM

WRESTLERS

cabecera Die Antwoord

CRÓNICA ARENAL SOUND: DOMINGO

Todo tiene un final. Incluso el Arenal Sound, que se ha prolongado durante casi una semana. El festival bajaba el telón ayer dejando un sabor agridulce, ya que si la jornada del sábado destacó por las sorpresas, la del domingo estuvo marcada por las decepciones. Pero vayamos por partes, porque el día empezó muy bien, gracias a El Columpio Asesino. Hay que ver cómo ha crecido la banda navarra desde aquellos primeros discos en que coqueteaba con el indie o el sonido Manchester. “Ballenas muertas en San Sebastián”, su último (y mejor) álbum, ha completado el giro apuntado en “Diamantes”, y su directo es de una solidez aplastante. Abren con “Babel” y “Escalofrío”, con ecos de Suicide y krautrock que han asimilado con absoluta naturalidad. De hecho, la electrónica asume el protagonismo, pero el show no es una fiesta. Las canciones de El Columpio Asesino hablan de coches bomba y de mochilas abandonadas en estaciones, mientras Cristina Martínez fustiga un pad de percusión electrónica. Música acorde con tiempos sombríos, que la propia Cristina y Álvaro Arizaleta recitan más que cantan, y en la que no hay lugar para concesiones. Como mucho, la trompeta de “Edad legal” (a cargo del teclista Íñigo Sola) y un tramo final en el que el alucinado público adolescente que asiste a su pase puede soltar la presión acumulada con “Toro”, su tema más conocido. Magníficos.

 

Álvaro Arizaleta (El Columpio Asesino)

 

Reciente aún su actuación en el Bilbao BBK Live, los londinenses Bastille llegaron al Arenal Sound para mostrar el reverso de El Columpio Asesino. Lo que en los españoles es densidad sonora, actitud y compromiso, en los ingleses se convierte en puro escapismo. Reunieron a una gran cantidad de público en el escenario grande y salieron al son de la sintonía de “Twin Peaks” (Angelo Badalamenti), que para eso tienen un tema titulado “Laura Palmer”, pero desde que comenzaron con “Bad Blood” y “Weight of Living, Pt. II” quedó claro que son una boy band enmascarada de promesa synth-pop. Su estética, la imagen que proyectan, los bailes de Dan Smith, las melodías y el tratamiento vocal de las canciones van en una dirección muy clara, y las hordas de jovencitas que les aclamaban en las primeras filas demuestran que la fórmula les ha funcionado. Otra cosa es que su propuesta sonora posea alguna solidez. Que no es el caso. Del puñetazo de realidad servido por El Columpio Asesino pasamos sin solución de continuidad a temas trufados de coros de estadio que sustentan proclamas como “You Will Live Forever” (en “Poet”). El final, con “Of The Night” (especie de spin-off de “The Rhythm of the Night”, de Corona) y “Pompeii”, ratificó su triunfo entre una chavalería que, al terminar su concierto, huyó masivamente hacia el camping, de donde ya no volvería hasta bien entrada la madrugada.

 

Dan Smith (Bastille)

 

Ese fue el motivo por el que FM Belfast empezaron su actuación ante un público más bien escaso. Aunque quizá otra de las razones sea la música que sonaba por los altavoces para amenizar la espera. Abramos paréntesis. Queridos técnicos de sonido del mundo: Ya sabemos que “In the Air Tonight”, de Phil Collins, suena fabulosa por los potentes altavoces de los grandes equipos, y que debe ser la grabación sonora más perfecta que existe, pero, de verdad, es horrible. No insistáis. Basta. Por favor. Y, ya puestos, lo mismo vale para los temas de Dire Straits. Cerramos paréntesis. La banda islandesa (curiosa la fijación de los programadores del Arenal Sound con los países nórdicos), que este año también ha pasado por el Sónar, salió al escenario dispuesta a darlo todo. De hecho, hasta se diría que iban pasados de revoluciones. Como unos !!! (Chk Chk Chk) de garrafón, abonados al trazo grueso, comparten con Matt and Kim, que habían actuado el sábado, el gusto por el snippet, pero mientras que el dúo de Brooklyn lo utiliza como recurso irónico, para FM Belfast es un gancho populista. Así, el público, que mayoritarimante no conoce “Brighter Days”, puede levantar el puño y asentir satisfecho cuando la convierten en “Wonderwall” (Oasis). La operación se repite en “Nicole” con el “Pump Up The Jam” de Technotronic (elección lógica, ya que su sonido deriva hacia el eurodisco) o en “I Don’t Want to Sleep Either” con “(You gotta) Fight for your right (to party)”, de Beastie Boys, mientras otros temas propios como “DeLorean” o “Everything” pasan más desapercibidos, pese al despliegue bailable y de cariz humorístico que se gasta el grupo liderado por Lóa Hlín Hjálmtýsdóttir y Árni Rúnar Hlöðversson (sí, sus nombres son bastante más intrincados que sus canciones). Al final, tanto va el cántaro a la fuente (la lista de préstamos se amplía con el “Bring the Noise” de Public Enemy) que termina por romperse, y la cita anecdótica se come literalmente el discurso principal cuando les da por regresar al escenario y abrir el bis con “Welcome to the Jungle” (Guns N’Roses). A mitad de “Lotus” (su particular versión del “Killing in the Name of” de Rage Against The Machine), y como sobrepasaban el tiempo de actuación asignado, les cortaron el sonido. Por pesados.

 

FM Belfast

 

No obstante, la gran decepción de la noche llegó de la mano de Mando Diao. Es evidente que en “Aelita”, su último disco, ya no queda nada de aquel simpático grupo de garage que fueron en sus comienzos (nada extraordinario, por otra parte), pero verlos aparecer en escena y pensar que habían sido captados por una secta fue todo uno. No ayudó el místico discurso inicial sobre un amigo muerto de cáncer hace un año, ni unos trajes diseñados por su peor enemigo, ni una escenografía que parecía una reproducción de la Fortaleza de la Soledad de Supermán construida por un artista fallero. Siendo benévolos, se diría que los suecos buscaban un impacto glam. Siendo crueles, que se han apuntado a la cienciología. En cualquier caso, entraron en materia musical con “God Knows” y la cosa tampoco mejoró. Inevitable recordar a los noruegos A-ha escuchando el barnizado sintético que han dado a su repertorio con objeto de amoldarlo al cariz bailable de su sonido actual. Para cuando tocaron “Sweet Wet Dreams” (con un arreglo de guitarra española que apesta a tópico) la rechifla era general, exceptuando a los incondicionales, que lo son, lógicamente, de su etapa más reciente, y que pudieron saltar a gusto con “Gloria”, que puso el cierre, y con un bis en el que tocaron “Dance With Somebody” y “Black Saturday”. Verlo para creerlo.

 

Mando Diao

 

Los ingleses Circa Waves tenían todos los números para convertirse en la revelación del día. Insultántemente jóvenes, debutaban en España sin haber publicado aún su primer álbum, pero con un puñado de singles que les han convertido en una de las promesas de la escena anglosajona. Ya hay quien asegura que son los nuevos Strokes, y escuchando “Young Chasers” habría que darle la razón. Pero también recuerdan a The Kooks, Vaccines o Libertines (“Get Away”). Efectivamente, suenan a cualquier cosa menos a ellos mismos. En todo caso, la personalidad la pueden adquirir con el tiempo, porque todo lo demás lo tienen: Frescura, contundencia, repertorio (presentaron bastante material nuevo) y concisión: En 35 minutos habían terminado. Convincentes, aunque todavía demasiado miméticos.

 

Circa Waves

 

Disc jockeys aparte (no, no amanecimos en la playa), quedaba por ver a los sudafricanos Die Antwoord, razón de la visita a Burriana de no pocos “sounders”, que reventaron el escenario principal para asistir a una demostración de fuerza que, sin embargo, supo a poco. Porque Ninja y Yo-Landi Vi$$er ofrecieron una ración de hip hop intachable, rapeando con flow y actitud agresiva sobre las bases del efectivo DJ Hi-Tek, pero de un grupo con su trayectoria visual previa (sus notables clips) se esperaba una performance más espectacular. No faltaron hits como “Enter the Ninja”, “I Fink U Freeky”, “Baby’s on Fire” o ese “Pitbull Terrier” en el que samplean a Goran Bregovic. Tampoco el talante tan particular que exhiben, que ellos denominan zef y que conjuga el sonido rave de los noventa con el orgullo white trash. Su presencia impone, cuando suben los bpm’s arrollan a todo el que se ponga por delante, y la voz de rata histérica de Yo-Landi contribuye a crear un ambiente psicótico que, de alguna manera, convierte el show en una ceremonia que transmite cierto peligro y hasta un componente insano, que enloquece a un público entregado de antemano. Dan miedo, y al mismo tiempo son conscientes de su condición de producto pop de masas. El signo de los tiempos. El año que viene, más.

 

Die Antwoord

Fotos: Liberto Peiró

Matt & Kim

CRÓNICA ARENAL SOUND: SÁBADO

Mientras la chavalería se dedica a sacar el máximo partido al móvil (¿serán las empresas de telefonía las mayores beneficiadas de los festivales?), los grupos continúan actuando en los diversos escenarios de un Arenal Sound dividido en dos mitades: Por un lado, los conciertos; por otro, las suelas del calzado deportivo en combustión, que dicho sin pedantería es, pura y simplemente, quemar zapatilla. Los primeros se desarrollan en horario de tarde y noche, con desigual asistencia de público. Lo segundo reclama su jurisdicción de madrugada, y reúne a miles de “sounders” frente al disc jockey de turno hasta que vuelve a salir el sol. Burriana, a way of life.

 

Russian Red

 

Nuestro picoteo del sábado comenzó con Russian Red. Aunque disponía de hora y cuarto, ofreció unos ajustados cincuenta minutos en la línea de sus pases en el 101 Sun Festival y La Mar de Músicas. La formación de cuarteto arropa mejor sus canciones, y su voz sigue siendo el eje sobre el que pivota un repertorio en el que se echan en falta hits, pero que ha ganado mucho en empaque eléctrico. Lo que no cambia es su escasa capacidad para empatizar con el público, incluso cuando suelta la guitarra y se aventura por el escenario micro en mano. En todo caso, su concierto fue un simple aperitivo (ya que vamos de tapas) comparado con el ciclón que nos esperaba en el escenario principal.

 

Matt and Kim: Globos para todos

 

Nadie estaba preparado para Matt and Kim. La expectación era más bien escasa cuando salieron a un escenario enorme en el que solo se veía, en un pedestal, un teclado y una batería. Y entonces aparecieron Matt Johnson (nada que ver con el mítico líder de The The) y Kim Schifino para redefinir el concepto de espectáculo pop. Que ella se ocupe de la batería podría servir para establecer comparaciones con The White Stripes, pero todo lo que en Meg White era discreción y mesura se convierte aquí en extraversión y descaro. Es cierto que “Lightning”, su cuarto y último disco, no es su mejor trabajo, pero su directo es dinamita pura. Desde que arrancan con “Overexposed”, exhiben una aplastante ironía que cuestiona la papilla mainstream utilizando sus mismas armas, para poner en pie un show repleto de momentos memorables. El reparto de globos para que el público los lance al aire en la rotunda “Now” (creando un efecto digno de las celebraciones que montan los Flaming Lips) es solo uno de los múltiples recursos con los que obtienen la meta deseada: Convertir su actuación en una fiesta, en la que la gente participa coreando la estupenda “Let’s Go”, Kim se carga la corrección política animando a todo el mundo a practicar sexo o depuran el minimalismo pop a ritmo de negras en “Don’t Slow Down” (otro temazo irresistible).

 

Kim Schifino, caminando sobre el público

 

Ojo: La juerga, que es descomunal (Kim acaba de pie entre el público, sostenida por la gente), no va en detrimento de un contenido musical abundante en proteínas, desde su alto octanaje hip hop (rítmo, actitud) hasta un uso prodigioso de los snippets (fragmentos de otros temas reutilizados a conveniencia), que incluye citas al “Ignition” de R. Kelly, el socorrido “The Final Countdown” (con una intención radicalmente diferente a como lo utilizó La Pegatina el jueves), “Big Spender” (del musical “Noches en la ciudad”) o la magistral “Push It” (Salt-n-Pepa). Como buenos hijos de la cultura del sample, cortan, pegan y colorean a velocidad de vértigo, y además tienen canciones como “Daylight” o “It’s Alright”, escogidas para cerrar su extenuante actuación, que en manos de The Wombats (por citar un grupo que también ha participado en el festival) no pasarían de ser pequeños ejercicios indie-pop, pero que en las de estos dos majaras de Brooklyn se convierten en auténticos acontecimientos. Boca abierta y ojos como platos.

 

Mette Lindberg (The Asteroids Galaxy Tour)

 

Seguramente fue el acelerón anímico provocado por Matt and Kim, pero el caso es que los daneses The Asteroids Galaxy Tour nos cayeron en gracia. Mette Lindberg recuerda poderosamente a la Debbie Harry de finales de los setenta, sensación que se refuerza gracias a algunas canciones de aire disco y bajo elástico como “Heart Attack” (que no “Heart of Glass”). Las trompetas (virtuales, tocadas desde el teclado) de “The Golden Age” conectan su propuesta con el revival neosoul, pero es un espejismo que, por fortuna, dura poco en directo, aunque parezca la razón de ser de sus discos. Porque cuando interpretan temas como “Inner City Blues” están más cerca de las cadencias narcóticas de “Screamadelica” (Primal Scream) que del pastiche retro. Habrá que estar atentos a su nuevo álbum (del que tocaron algún tema) para ver si trasladan al estudio ese ocasional trance opiáceo que son capaces de producir en vivo.

 

Placebo

 

Camino del escenario principal nos asaltó una de esas reflexiones de baratillo que provocan los festivales. Y es que Placebo se presentaban como cabezas de cartel de la jornada (y no sería descabellado decir que también del festival) y, sin embargo, parecían un grupo viejo (acaban de cumplir veinte años) en el contexto del Arenal Sound. Quizá las derivaciones soul de The Asteroids Galaxy Tour y el remozado sonido mod de Miles Kane puedan ser calificados como retro, pero probablemente el de Burriana es el único festival español que no recurre a la nostalgia incorporando grupos veteranos reunificados o viejas glorias en mayor o menor estado de decrepitud. Sí, entre los grupos españoles del cartel abunda el relleno y la medianía, y quizá la selección internacional no sea de campanillas, pero se centra en bandas de trayectoria todavía corta, formaciones nacidas casi en su totalidad en el nuevo siglo, que representan, para bien o para mal, el “ahora” (o una parte de ese ahora) de la música pop. Un dato a tener en cuenta cuando sus competidores (todos de mayor prestigio) recurren al “antes” con frecuencia cada vez mayor.

 

El show de luces de Placebo

 

Cerrado el paréntesis reflexivo, conviene aclarar que Placebo fue el grupo que más gente reunió y que ofrecieron un show intachable. Seis músicos en escena, una escenografía notable (especialmente efectivas las pantallas en la parte superior del escenario) y un repertorio al que algunos le achacaron la ausencia de hits del pasado, pero que tenía sentido si lo que deseaban era reivindicar su último trabajo, que recupera su sonido inicial y es el motivo por el que están de gira. Así que empezaron con “B3″ (una de sus canciones más Smashing Pumpkins) y acto seguido enlazaron “For What It’s Worth” y “Loud Like Love” (que da nombre al álbum). “Scene of the Crime”, “A Million Little Pieces” o “Exit Wounds” fueron otros de los temas nuevos que interpretaron, y solo se permitieron mirar atrás recurriendo a “Meds”, del que tocaron “Space Monkey”, “One of a Kind” o “Song to Say Goodbye”, entre otras. Nada de su debut y solo “Every You Every Me” y “Special K” de su primera etapa. En el bis, una versión de “Running Up That Hill” (Kate Bush), “Post Blue” e “Infra-Red”. Ovación y vuelta al ruedo avalada por sus fans, aunque en realidad su discurso sonoro resulta bastante monocorde y no presenta demasiados motivos para el entusiasmo objetivo.

 

Baño de masas para David Larson (The Royal Concept)

 

Los suecos The Royal Concept recogieron parte del público de Placebo al tomar el relevo en el escenario Negrita. Todo lo que tienen de majos, entusiastas, saltarines y fashion lo transmiten a un repertorio que suena como si Phoenix hubieran nacido para ser ídolos teen-pop. “On Our Way”, “D-D-Dance” o “Gimme Twice” son canciones resultonas, y aunque David Larson abusa del vocoder, no es óbice para que cause estragos entre las jovencitas de las primeras filas (sobre todo, cuando se despoja de la camisa y baja al foso). Como ocurre con la mayoría de bandas de su país, son un sucedaneo más o menos afortunado de sus modelos anglosajones (en este caso, francés). Aprovecharon para felicitar al público español por tener nuevo rey (ejem), solventaron algún que otro ligero contratiempo de sonido y se lanzaron de cabeza al ritmo sincopado, recurso infalible para poner a bailar a la audiencia adolescente, que respondió al reclamo con entusiasmo.

 

Buraka Som Sistema

 

La última parada del día fue en el escenario principal, con Buraka Som Sistema. Batería, kit de percusión, laptop y tres vocalistas (dos hombres y una mujer) para desplegar el kuduro progresivo que caracteriza a la formación portuguesa. Una mezcla de afrobeat, ragga, zouk antillano y kizomba angoleño que con canciones como “Hangover” lanza a la estratosfera a un público que reacciona como el perro de Paulov ante el estímulo bailable, y al que llegada la madrugada le da igual ocho que ochenta. Lo cual no quiere decir que la propuesta del grupo fuera de perfil bajo. Más aún: por el mero hecho de buscarle los tres pies rítmicos al gato en un entorno en el que prima el recurso fácil (o ritmo machacón, o subidón subidón), vale la pena destacar su enérgica actuación. Después llegarían Boys Noize, pero para entonces el comando byTHEFEST había emprendido la retirada, previsor ante la movida jornada dominical que pondrá punto final al festival.

Fotos: Liberto Peiró

cabecera biffy clyro

CRÓNICA ARENAL SOUND: VIERNES

Ya lo advertimos en el reportaje previo dedicado al Arenal Sound: Como consecuencia de la abrumadora reiteración de nombres que exhiben los festivales, las crónicas desde Burriana son selectivas, otorgando prioridad a artistas que actúan en exclusiva o que no han pasado anteriormente por otras citas estivales españolas este año. Por eso, el viernes, nos tomamos la libertad de pasar por alto a Sidonie, The Right Ons, Triángulo de Amor Bizarro o Izal, grupos que han actuado muy recientemente en Contempopránea, BBK Live, Low, FIB, etc. y que ya han sido objeto de reseña en byTHEFEST. Así pues, nuestro picoteo del viernes comenzó con uno de los platos fuertes del Arenal Sound 2014: Miles Kane, buque insignia de la nutrida representación británica de la jornada.

 

Miles Kane

 

Y lo cierto es que supo estar a la altura. Salió acompañado por su banda al son del “Loaded” de Primal Scream, arrancó con “Inhaler” y no dio tregua en la hora y cuarto que duró su concierto. Lo suyo es clase pop inglesa en una tradición que se inicia en los Beatles, pasa por The Who o Bowie y llega hasta Paul Weller, uno de sus modelos indiscutibles (no hay más que escuchar “You’re Gonna Get It”). Se sintió a gusto desde que pisó el escenario, y fue dejando caer perlas como “Counting Down The Days” o “What Condition Am I In?”, consciente de que en sus dos álbumes no hay material de relleno. En “First Of My Kind”, el teclista Ben Parsons se desdobló a la trompeta, para dar paso después a un “Give Up” en el que, como es costumbre, introdujeron un guiño a “Sympathy for the Devil” (The Rolling Stones), y tras “My Fantasy” llegaría un tramo final apoteósico, con “Don’t Forget Who You Are”, “Rearrange” y un largo “Come Closer”, que cerró un pase impecable, de gran nivel. Sin duda, el mejor de la jornada.

 

Miles Kane, dándolo todo

 

Los jóvenes Peace comparten bastantes influencias con Kane, y además les añaden otras sin demasiado disimulo, como The Cure (muy evidente en “Lovesick”). El único álbum de la banda de los hermanos Koisser prometía una actuación refrescante y sin complejos, que sin embargo dejó un sabor de boca agridulce al poner en evidencia que todavía están buscando una identidad propia. Del acento bailable que toman prestado a Foals (“Wraith”) al toque afro deudor de Vampire Weekend (la guitarra de “Bloodshake”), apuntan maneras en todas las direcciones a las que parecen dirigirse, pero da la sensación de que todavía no saben a qué carta apostar el indudable potencial que poseen. En todo caso, una estupenda oportunidad para ver a una banda en crecimiento que puede deparar muchas alegrías en el futuro.

 

Peace

 

La siguiente cita en el escenario principal era con Biffy Clyro. Como Miles Kane y Peace, no lograron llenar, pese a lograr una notable respuesta de público, circunstancia que vuelve a poner sobre la mesa las reflexiones a propósito de la primera jornada del Arenal Sound: ¿Dónde están los famosos “sounders” durante los conciertos? Pues de botellón en el camping (y en las calles), a la espera de que los disc jockeys tomen el recinto. Pero vamos con la banda escocesa. La Wikipedia define “mascletà” como “un disparo pirotécnico que conforma una composición muy ruidosa y rítmica”, y lo cierto es que no hay mejor manera de explicar cómo fue el concierto del trío, que en vivo se amplía a quinteto. Basado en pilares como una imagen efectista y un apabullante sonido, el directo de Biffy Clyro es una descarga metálica en toda regla, barnizada de rock alternativo para penetrar mejor en el mercado mainstream, pero cortada por el mismo patrón que la de Muse. Es decir, tan sobrada de desmesura como vacía de contenido. Lo cual no quiere decir que Simon Neil no pusiera toda la carne (y los tatuajes) en el asador. Lo suyo fue una ración de grandilocuencia “Biblical”.

 

Biffy Clyro

 

Antes de encarar la recta final del día, el picoteo del viernes incluyó un somero vistazo a los georgianos LOUDspeakers, uno de los ganadores del concurso de grupos del festival, que desgranaron sus oscuras melodías de inspiración post-punk ante un número muy reducido de espectadores. También una visita al escenario Negrita, para constatar que Estereotypo son, hoy por hoy, la versión española de Rinôçérôse (y que pueden cargarse “Love Me Do” sin pestañear).

 

The Wombats

 

Casi a las 3 de la madrugada, llegó el turno de The Wombats, ese trío de Liverpool cuyos miembros parecen salidos del club de empollones del instituto. Para no romper la tradición de la jornada, también ellos se miran en la historia del pop británico, que asumen sin otra intención que ser un eslabón más de la cadena. Divertidos, saltarines e inocuos, se alimentan de britpop con algún aliño electro, que convierten en canciones tan dignas como carentes de especial encanto, una banda sonora ideal en el contexto de un festival en el que la música no deja de ser un ingrediente más, y no necesariamente el de mayor importancia: Durante el concierto de Biffy Clyro, se pudo ver a Miles Kane en la zona VIP. En el FIB, no hubiera podido dar un paso sin que alguien le abordara. En el Arenal Sound, la única chica que se le acercó con un móvil fue para pedirle que le sacara una foto con una amiga. ¿Hemos dicho ya que este es un festival diferente?

Fotos: Liberto Peiró

cabecera crystal

CRÓNICA ARENAL SOUND: JUEVES

Tiene algo de spring break, esas vacaciones primaverales americanas en las que los estudiantes se abonan a la juerga y el desenfreno. El Arenal Sound es menos destroy, pero se ajusta al modelo. Miles de adolescentes de fiesta non stop en un recinto en el que la bebida varía de precio según la hora (de 14 h. a 18 h. es más barata), se prohibe a la prensa hacer fotos del camping (bajo contrato firmado) y no es extraño encontrarse con padres que dejan a sus tiernos infantes en la puerta del festival para pasar a recogerlos de madrugada. Como un resort o un parque temático, el Arenal Sound pone el espacio y la música, el resto es cosa de las hormonas, las ganas de divertirse y la capacidad de (des) control de cada uno. Bienvenidos a un nuevo concepto de festival, en el que un porcentaje muy elevado de público está más preocupado de hacerse el selfie de turno que de saber quién está sobre el escenario.

 

Ambientazo en Burriana

 

Bien es cierto que, cuando el grupo tiene tirón, la gente responde dándolo todo. Ocurrió a primera hora de la tarde, en el escenario principal, con La Pegatina. Si Mano Negra depuraron la patchanka, la banda catalana devalúa la fórmula (cumbia, reggae, rock, rumba, ska y lo que se tercie) hasta convertirla en pura y simple pachanga, en la que no falta ni uno solo de los tópicos asociados a la verbena. Invitaron a cantar a Santi Balmes (Love of Lesbian) en “Amantes de lo ajeno”, pusieron al público a bailar y terminaron provocando vergüenza ajena en la presentación de los diferentes componentes del grupo, que empezó con bromas a costa de “The Final Countdown” (Europe) o “We Will Rock You” (Queen) y terminó con el “Achilipú”, el “Borriquito como tú” y demás artillería pesada de fiesta mayor.

 

La Pegatina

 

Mientras tanto, en el escenario de la playa, Zulú 9:30 tocaban para apenas un centenar de personas, ya que su propuesta musical es muy similar a la de La Pegatina, pero carecen de su capacidad de convocatoria. Se diría que un festival que hace sold out y cifra su asistencia diaria en más de cuarenta mil personas debería tener público a todas horas para todos los escenarios, pero como no se permite el acceso de comida al recinto, mucha gente abandona las instalaciones para abastecerse de alimento y bebida en el camping. De hecho, Elefantes tampoco despertaron gran expectación. Su inesperado regreso (no parece que hubiera hordas de fans reclamándolo) se nutrió mayoritariamente de público flotante, es decir, de gente que pasaba por delante del escenario camino de otro sitio. En las primeras filas, en todo caso, sí que se congregaron algunos seguidores fieles, que pudieron comprobar cómo Shuarma sigue poniendo todo de su parte para convertirse en el David Bowie barcelonés. Huelga decir que sin éxito éxito, claro.

 

Shuarma (Elefantes)

 

El protagonismo catalán continuó con Els Amics de les Arts y su pop progresivo, que también convocó a un número reducido de público. Y es que ningún escenario volvería a lucir repleto hasta la llegada de Love of Lesbian. Asistir a dos conciertos suyos en menos de una semana (habían actuado el domingo pasado en el Low Festival) supone una dura prueba hasta para el cronista más curtido, pero allá que fuimos. Craso error. Ofrecieron más de lo mismo, con la única novedad de que un corte de luz les obligó a parar durante diez minutos. Balmes devolvió el detalle a La Pegatina invitándolos a compartir el escenario en “Víctimas del porno” y el resto fue como siempre: Citas a “Como yo te amo” (Raphael), imitación de Jorge Javier Vázquez, “Club de fans de John Boy”, “Si tú me dices Ben, yo digo Affleck”… El día de la marmota.

 

Els Amics de les Arts

 

Una visita al escenario Negrita sirvió para comprobar que L.A. siguen cómodos cultivando el rock americano cantado en inglés y con ocasional espíritu power pop, como si Wilco se juntaran con R.E.M. y Tom Petty para pasar el rato. Dicho de otro modo: Sonido reconocible, ejecución intachable, algunas canciones resultonas y la inevitable sensación final de sucedáneo, porque es imposible que mejoren (o incluso igualen) a sus modelos.

 

L. A.

 

Y así, como quien no quiere la cosa, casi a la una de la madrugada (hubo un ligero retraso en la programación a causa del corte sufrido por Love of Lesbian), salía al escenario Desperados la artista que justificó la jornada del jueves en Burriana. Porque Crystal Fighters reunieron más público, pero Azealia Banks fue la reina de la noche. Una artista internacional con fama de esquiva y en actuación exclusiva, que tras un warm up a cargo de su DJ apareció radiante en el escenario, acompañada de cuatro bailarinas y una pareja mixta de coristas (al fondo del escenario y poco iluminados). Una auténtica diva del nuevo siglo, que ni siquiera necesita un álbum (formato jubilado por internet) para disponer de prime time festivalero, y que es consciente de la época de culto a la personalidad en la que vive (su presencia en los visuales fue avasalladora). Puede que M.I.A. (su pase en el FIB sigue muy reciente) ofrezca un melting pot sonoro más completo, pero Azealia Banks no se queda atrás a la hora de hilvanar hits: “No problems”, “1981″, “Esta noche”, “Liquorice” o “Luxury” obligan a recordar a raperas de rompe y rasga que la precedieron, como Lil’ Kim, pero para cuando interpreta “212″ sobran las comparaciones. Voz, estilo, clase y actitud comprimidos en cincuenta concisos minutos.

 

Azealia Banks

 

El delirio llegaría, pasadas las 3 de la madrugada, con Crystal Fighters, que no tardan en tocar “LA Calling” como pura demostración de fuerza, elevando la temperatura a las primeras de cambio. Ataviados como en sus últimas visitas a nuestro país, a mitad de camino entre una tribu chamánica y una pandilla de crusties, desplegaron su idiosincrasia neohippie de inclinación raver utilizando las dos mejores armas de que disponen: Los coros y el ritmo. Con eso les basta (la txalaparta es mera anécdota) para rendir a sus pies a un público que les adora, y que además, a esas horas, es presa fácil ante argumentos como “Love Natural” y el resto de su repertorio. No pasarán a la historia, pero miles de españolitos recordarán dentro de unos años que se desmelenaron al son de sus canciones. Después de su show nos batimos en retirada. Por delante, tres jornadas más en las que seguiremos picoteando por los escenarios del Arenal Sound. Permanezcan en sintonía.

 

Crystal Fighters

Fotos: Liberto Peiró

nocturama playlist

NOCTURAMA BYTHEFEST

<iframe src=”https://embed.spotify.com/?uri=spotify:user:bythefest:playlist:6Z1kZJmihVDhMKLRnwPvxn” width=”300″ height=”380″ frameborder=”0″ allowtransparency=”true”></iframe>

cabecera 2manydjs

SANTANDER MUSIC FESTIVAL 2014: MANUAL DE USO

Hace unos años, parecía que el Santander Music Festival optaba a convertirse en una de las grandes citas estivales del norte del país. La presencia de nombres internacionales como Belle & Sebastian, The Dandy Warhols y White Lies (en 2010), de Mando Diao, The Pains of Being Pure at Heart y Crystal Fighters (en 2011), o de !!! (Chk Chk Chk), Fanfarlo y Clap Your Hands Say Yeah (en 2012), apuntaba a un crecimiento moderado pero constante, que el año pasado pareció estancarse (solo Keane y Calvin Harris). De hecho, daba la sensación de que el festival, que completaba el cartel con la ristra de artistas estatales habitual, no acababa de dar el estirón. Una idea que se confirma en la presente edición (la sexta), en la que se echan en falta artistas internacionales de peso. En todo caso, la Península de la Magdalena, en Santander, se prepara para disfrutar de tres días de música (del 31 de julio al 2 de agosto) en los que no faltarán los alicientes. Esta es la selección byTHEFEST, a razón de tres nombres por día.

 

 

JUEVES 31

Antes de hacer escala en el Arenal Sound (donde actuarán el sábado, 2 de agosto), pasará por Cantabria la banda danesa The Asteroids Galaxy Tour, liderada por la vocalista Mette Lindberg y el productor Lars Iversen. Pueden encajar en la escena indie, pero también en coordenadas acid jazz, y dieron el salto a la fama gracias a “Around the Bend”, canción utilizada en una campaña de Apple. Su puesta en escena es ideal para festivales, con una sección de viento de seis piezas que favorece la dinámica bailable de un repertorio que llegó a cautivar a Amy Winehouse, fan declarada de la banda desde que escuchó su primera maqueta.

 

 

Los espectáculos de Standstill no siempre se ajustan de manera adecuada a los espacios abiertos. Su carácter conceptual y el cuidado que ponen en el diseño del entorno escénico dificulta a veces su traducción a recintos multitudinarios. Por eso valdrá la pena comprobar cómo adaptan el singular universo de “Dentro de la luz”, su último disco, a las exigencias del Santander Music Festival. Enric Montefusco y su banda se han labrado una intachable reputación a lo largo de una trayectoria que se inició en el hardcore y cantando en inglés, pero que dio un giro radical con “Vivalaguerra” (2006), disco autoeditado con el que abrieron una exitosa etapa en la que no han dejado de asumir riesgos. Demasiado intelectuales para unos, rabiosamente singulares para otros, lo cierto es que no tienen parangón en nuestro país.

 

 

El caso de León Benavente es curioso. David Cobas (más conocido como Abraham Boba) y Luis Rodríguez, ambos pertenecientes a la banda de Nacho Vegas, Eduardo Baos (Tachenko) y César Verdú (Schwarz) son músicos de largo recorrido y afán estajanovista, pero nunca habían gozado en sus respectivos proyectos anteriores del reconocimiento que están obteniendo desde que se publicó su primer álbum. Su presencia en festivales se ha multiplicado, sus canciones son coreadas como auténticos himnos y no sería de extrañar que pasaran a engrosar pronto la lista de bandas independientes de alcance masivo. Un EP de cuatro canciones titulado “Todos contra todos”, que incluye una versión de Ilegales (“Europa ha muerto”), ha prolongado un momento dulce que coincide (cada uno en su estilo) con el de los dos artistas que completan la alineación del día: Izal e Iván Ferreiro.

 

 

VIERNES 1

Empezando por el final, la guinda de la segunda jornada correrá a cargo de 2Many Dj’s. La pareja de disc jockeys belgas (en la foto superior) lleva años recorriendo el mundo y poniendo a la gente a bailar con sus irresistibles mash-ups. Bien es cierto que la fórmula no se renueva y que, vistos (y disfrutados) un par de veces, el factor sorpresa se diluye, pero no se puede negar su capacidad para mezclar rock, electrónica, dance, hip hop y lo que se les ponga por delante con una habilidad, gusto y sentido del humor difíciles de encontrar entre su legión de imitadores. Auténticas enciclopedias musicales, poseen recursos suficientes para convertir el recinto en una fiesta histórica.

 

 

Archie Bronson Outfit pasaron recientemente por el Vida Festival para presentar “Wild Crush”, su cuarto disco, donde el ahora dúo británico (formado por Arp Cleveland y Sam Windett) mantiene el ingrediente blues-rock con aliño psicodélico que es su seña de identidad en temas como “Cluster up and hover”. Pero pocos grupos en su órbita pueden también evocar a Suicide (“Lori from the outer reaches”) o citar el “I’ll be your mirror” de The Velvet Underground (en “Glory, sweat, and flow”). Un intenso viaje del blues al krautrock en nueve canciones que, seguramente, formarán la columna vertebral de su show en Santander.

 

 

En la misma jornada en que La Habitación Roja y Love of Lesbian también visitarán el festival, El Columpio Asesino hará escala en Cantabria de camino al Arenal Sound. Como muchas otras bandas estatales, los navarros se están pasando el verano yendo de un festival a otro (vienen del Low), para engrasar sobre los escenarios los temas de “Ballenas muertas en San Sebastián”, su estupendo nuevo álbum, en el que logran la amalgama perfecta entre sus influencias de siempre, a saber: El underground neoyorquino de finales de los setenta (Suicide, ESG), los grupos kraut (Beak), la música industrial (Einstürzende Neubauten), el tecno pop (Soft Cell) y los clásicos atemporales. Dinamita pura en directo de la mano de una banda recientemente premiada en México, que es capaz de traducir el desasosiego actual en canciones sin necesidad de caer en recursos obvios.

 

 

SÁBADO 2

Además de Sidonie y Templeton, el último día del Santader Music Festival desfilarán por el escenario Vetusta Morla. Como acaban de pasar por el Low Festival, nada mejor que recordar las palabras de nuestro compañero Eduardo Guillot, que no quedó del todo convencido tras su concierto en Benidorm: “Al directo de Vetusta Morla no se le pueden hacer reproches. Un grupo de sus dimensiones debe ofrecer un espectáculo de primer orden, y los madrileños se apoyan en un diseño de luces y una puesta en escena intachables, desde el telón que se viene abajo a la media hora de concierto hasta los visuales que ilustran las canciones. El problema es que si no se conecta con sus canciones, todo ese envoltorio no es suficiente. En sus discos se puede apreciar con detalle su interés por las texturas y las capas de sonido, pero en directo son una banda de rock bastante convencional, y esos matices (que suelen ser los que propician las comparaciones con Radiohead) se pierden en el marasmo de decibelios que proyecta el grupo. Algo parecido pasa con Pucho, su vocalista, de una profesionalidad fuera de duda, pero poco convincente cuando se adentra por vericuetos existenciales”.

 

 

El regreso de los mallorquines Sexy Sadie ha sido uno de los más curiosos de la temporada. En su momento fue un grupo apreciado por la crítica, pero que no despegó a nivel masivo, quizá porque se expresaba en inglés, y en los últimos tiempos dos de sus componentes (el guitarrista y cantante Jaime García Soriano y el batería Toni Toledo) parecían suficientemente ocupados como músicos de directo de Amaral. Sin embargo, han decidido regresar a los escenarios, donde habrá que comprobar cómo funciona actualmente un repertorio que siempre fue adaptándose a las modas alternativas: Empezaron sonando grunge, pasaron por su etapa indie-pop y finalmente acabaron sacando a relucir sus influencias progresivas, sin quedarse nunca en territorio definido. ¿A la segunda irá la vencida?

 

 

Cerramos el repaso con Glass Animals, una joven banda de Oxford que editó su primer disco, “Zaba”, el pasado mes de junio, y que podría ser la revelación del festival. Amigos desde la adolescencia, a los cuatro componentes del grupo se les abrió el cielo cuando se fijó en ellos el productor Paul Epworth (Coldplay, Bloc Party, Primal Scream), que los fichó para su sello Wolf Tone. A partir de ahí, un EP en el que destacaba el tema “Black Mambo” sirvió para darles a conocer y ponerles en el disparadero. El directo dictará sentencia sobre ellos. Y será en Santander. ¡Empieza el espectáculo!

 

sonorama playlist

SONORAMA BYTHEFEST

<iframe src=”https://embed.spotify.com/?uri=spotify:user:bythefest:playlist:360ZDhL0Z30eV8ZYFnFUAV” width=”300″ height=”380″ frameborder=”0″ allowtransparency=”true”></iframe>