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CRUÏLLA BARCELONA: MANUAL DE USO

Los nombres de algunos festivales definen a la perfección su filosofía e intenciones. Cruïlla es una palabra catalana que significa cruce o encrucijada, y eso es precisamente lo que ha propuesto desde sus inicios un proyecto que se ha ido consolidando con el paso de los años y que pretende ser algo más que una sucesión de actuaciones musicales para convertirse en un encuentro de culturas, que dio sus primeros pasos gracias a las asociaciones de inmigrantes, las organizaciones de vecinos y diversas entidades gubernamentales y no gubernamentales. Una propuesta multicultural que, a día de hoy, se ha convertido en un festival al uso, uniendo en su cartel propuestas de origen anglosajón con sonidos mestizos que miran hacia diferentes latitudes del planeta. Este año se celebrará entre el 11 y el 13 de julio, en el Parc del Fórum de Barcelona. La quiniela de Bythefest apuesta por cinco artistas diarios.

 

 

VIERNES 11

Sin lugar a dudas, la presencia de Damon Albarn es uno de los grandes alicientes de la primera jornada del Cruïlla. Será la segunda vez que interprete en España las canciones de su primer disco en solitario, el notable “Everyday Robots”. Antes lo hizo en el SOS 4.8 de Murcia, donde nuestro compañero Jam Albarracín tuvo oportunidad de comprobar que el británico va en serio: “Albarn rompió las hostilidades con ‘Lonely press play’ y desde ese mismo momento quedó clara la enorme calidad de su trabajo. Elegante hasta el extremo, con la voz en un estado óptimo y desgranando con intensidad sus letanías de tempo medio entre el pop y el trip-hop. La guitarra de Seye, los teclados de Mike Smith, la batería de caja muy comprimida de Pauli the PSM y, sobre todo, el bajo obeso de Jeff Wootton, generando una suerte de círculo del que resultaba inútil intentar escapar, flanquearon a un gran Albarn, debidamente trajeado a la inglesa. El exlíder de Blur alternó piezas de su disco de estreno -’Hollow ponds’, ‘Photographs (You are taking now)’, ‘Heavy seas of love’-, con otras de Gorillaz -’Tomorrow comes today’, ‘Kids with guns’-, de The Good, The Bad & The Queen -’Kingdom of doom’- y hasta del repertorio menos evidente de los propios Blur -’All your life’, ‘Out of time’ y la despedida con ‘Tender’-. La grandeza de Damon Albarn se hace incuestionable”.

 

 

El otro gran nombre internacional del día es el de Calle 13, que presentarán su último trabajo, “MultiViral”, justo en un momento en que en España se debate sobre el compromiso de los artistas pop y su implicación política y social. Como los cuatro anteriores, el quinto álbum de Calle 13 contiene tal despliegue de estímulos sonoros e ideológicos que convierte en caricatura a los indignados de fin de semana. Más allá de las colaboraciones que exhibe (de Julian Assange a Silvio Rodríguez, pasando por Tom Morello o Eduardo Galeano), “MultiViral” es un manual de combate y supervivencia en un mundo hostil, que Residente y Visitante conocen de primera mano, no por verlo en los telediarios. Quizá por eso su discurso resulta tan convincente. Y es que si el dúo puertorriqueño continúa en vanguardia de las músicas urbanas (esa denominación que incluye hip hop, reggaeton, rock, cumbia) es porque su propuesta sonora sigue creciendo en todas direcciones con una voracidad inagotable. El fabuloso tema que titula el LP o ‘Gato que avanza, perro que ladra’ demuestran que quienes les desprecian relegándolos al cajón del reggaeton renuncian a una de las propuestas más sugestivas de la música contemporánea.

 

 

Nobleza obliga, hay que destacar también la presencia de Band of Horses en el Cruïlla, aunque la banda americana atraviesa un momento delicado. Tras publicar dos estupendos discos (“Everything All The Time” y “Cease to Begin”), cambiaron la formación, ficharon por un gran sello y comenzaron a mostrar síntomas de desgaste en “Infinite Arms” (2010), que se confirmaron en el flojo “Mirage rock” (2012). Este año han presentado “Acoustic at The Ryman”, un directo acústico grabado en un templo del country que confunde intimismo con sensiblería y resucita los olvidados unpluggeds para recordar lo innecesarios que fueron. Habrá que estar atentos a su concierto, en el que no faltarán grandes canciones de su primera época, para confirmar si hay que darles por perdidos o todavía tienen cosas interesantes que decir.

 

 

Con el blues tuareg de Tinariwen, sin embargo, no hay dudas. La inestabilidad política en Mali (los músicos se cuentan entre los blancos de las milicias islamistas) obligó al grupo a emigrar para grabar “Emmaar”, su sexto disco, aunque el paisaje del desierto californiano de Joshua Tree no debió resultarles del todo extraño. Allí viajaron para trabajar nuevamente con el productor Patrick Votan en un álbum que se ha beneficiado de algunas colaboraciones especiales: Matt Sweeney (Chavez), Josh Klinghoffer (Red Hot Chili Peppers), Fats Kaplin y el poeta Saul Williams. Todos se han dejado seducir por el sonido de la banda, sin caer en las frivolidades de otros special guests anglosajones en discos de grupos africanos. Más allá del lugar donde se haya grabado, “Emmaar” está concebido como un reflejo de la vida tuareg en el Sahara, y captura en toda su belleza la cualidad orgánica que atesora el sonido de la banda, basado en los diálogos entre las guitarras, las diversas voces, la percusión y unas texturas que esta vez aparecen ligeramente más pulidas que en otras ocasiones, sin que por ello el grupo haya hecho concesión alguna. Algo imposible cuando la práctica músical adquiere categoría de compromiso ético.

 

 

En cuanto a Vetusta Morla, aún está reciente la conversación que mantuvimos con los madrileños a propósito de la publicación de “La deriva”, un esperado tercer álbum que se anunció urgente en el sonido y comprometido en los textos, marcados por la crisis actual, pero que en esencia se mantiene fiel a su trabajos precedentes. El disco llegó tras el “Concierto benéfico por el Conservatorio Narciso Yepes de Lorca”, que grabaron con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (para recaudar fondos destinados a la reconstrucción del centro), y de “Los ríos de Alice”, un álbum instrumental concebido como banda sonora para un videojuego. Tras una primera parte de gira en que la banda ha actuado en salas, afrontan un segundo tramo de festivales que, no hace falta ser adivino, les reportará un éxito igual o mayor que el cosechado hasta ahora.

 

Son cinco propuestas, pero hay más, y van desde el posthardcore de los felizmente recuperados Nueva Vulcano hasta el folk-blues australiano de los hermanos Angus & Julia Stone, pasando por Violadores del Verso, históricos del hip hop español, o el mestizaje de Txarango y Bongo Botrako.

 

SÁBADO 12

Recién llegada de Pirineos Sur, donde actúa el viernes 11, Imelda May aterrizará en Barcelona para desplegar nuevamente su show de sabor vintage. La dublinesa practica una mezcla de surf, blues y rockabilly que deslumbró desde su debut, “No Turning Back”, grabado en 2005 con el nombre de Imelda Clabby. “Love Tattoo” (2008) fue el disco que la consagró definitivamente y la convirtió en una diva retro, a mitad de camino entre la estética pin-up y la chulería rockanrolera. En Pirineos Sur presenta su excelente cuarto trabajo, aparecido en abril y titulado “Tribal”. Sabe arañar, sabe seducir (esa maravilla que es “It’s Good To Be Alive”) y te puede arrastrar al fondo de un pantano (“Wicked Way”) sin que te des cuenta.

 

 

Y si la nostalgia es uno de los ingredientes de la fórmula sonora de Imelda May, se convierte en el auténtico motor que impulsa la presencia en el Cruïlla de los británicos The Selecter, surgidos durante la ola de revivalismo ska promovida por el sello Two Tone (con The Specials a la cabeza) a finales de los años setenta. Liderados por la vocalista Pauline Black, debutaron en 1980 con “Too Much Pressure”, un refrescante disco de inspiración jamaicana que incluía hits incontestables como el que daba título al álbum, “On my radio” o “James Bond”. Para su segundo trabajo, “Celebrate the Bullet” cambiaron de sello, y las tensiones internas les llevarían a separarse poco después. No obstante, con el paso de los años han protagonizado diversos regresos (en 2013 publicaron el disco “String Theory”), que siempre han colmado las expectativas de sus seguidores.

 

 

La ración de baile despendolado correrá a cargo de Macklemore & Ryan Lewis, en su primera y única fecha en España. Reconocidos con cuatro premios Grammy (entre ellos, mejor disco de rap y mejor grupo debutante), despliegan una fanfarria hip hop festiva e imaginativa. Macklemore (de nombre real, Ben Haggerty) ya había grabado un EP en su Seattle natal en el año 2000, pero ha sido a partir de su unión con el disc jockey y productor Ryan Lewis, en 2010, cuando la pareja se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas. “The Heist”, el disco que publicaron hace dos años, es un auténtico monumento pop (en su acepción de popular) en el que combinan a Bowie con Kanye West y a Basquiat con Keith Haring. Atención a su espectáculo.

 

 

También prometen juerga Emir Kusturica & The No Smoking Orchestra. El director de cine serbio y su extravagante banda de rock balcánico se lo pasa tan bien sobre el escenario que es imposible no contagiarse de su locura. No graban desde 2007 (año en que editaron “The Wish”), pero en su caso es un factor secundario ante la arrolladora fuerza que imprimen a su música, que ellos mismos llaman “unza unza”, una mezcla de punk, funk, ritmos gitanos, jazz y otros estilos que les emparenta con Gogol Bordello y otras troupes de saltimbanquis musicales.

 

 

Jack Johnson es la calma después de la tempestad, el folk rock suave y de ascendencia acústica, en su caso conectado con la cultura surf. El año pasado publicó “From Here To Now To You”, su sexto álbum, en el que volvió a colaborar su buen amigo Ben Harper y que se situó directamente en el número 1 de las listas de ventas americanas, quizá porque su propuesta sonora cada vez se está impregnando un poco más de esencias pop. Todavía pasto de selectas minorías en España, puede convertirse en una de las más gratas sorpresas de la jornada.

 

 

Como en el caso del viernes, no hay que olvidarse de la letra pequeña, especialmente porque contiene propuestas estatales de gran valor, como la de Maria Rodés, que acaba de grabar una interesante aproximación a la copla. Además, la locura polirítmica de Za! o el turborock de los valencianos Betunizer, entre otras bandas de interés.

 

DOMINGO 13

La tercera jornada del Cruïlla está enfocada al público familiar y tiene algo de regalo para los espectadores de Barcelona. Mientras aquellos que hayan viajado a la ciudad desde otros puntos de España aprovecharán el domingo para regresar a sus lugares de origen, los nativos aún podrán apurar la sed de conciertos con las actuaciones de Blaumut (una de las últimas revelaciones del pop catalán) y, sobre todo, de Zaz, la nueva abanderada de la canción francesa, que ofrecerá su primera actuación en España. Isabelle Geffroy, verdadero nombre de la artista, se maneja con igual soltura en terrenos jazz, rock, blues o latinos, y goza de una posición de privilegio en la escena de su país desde que debutó en 2010 con un álbum homónimo que la llevó de gira por todo el mundo. Su segundo álbum, “Recto Verso”, apareció en 2013, y sus canciones serán la columna vertebral del espectáculo que pondrá el broche final a un festival que sigue creciendo de manera sostenible.

 

The Parrots

MONKEY WEEK: NUEVAS CONFIRMACIONES

La sexta edición de Monkey Week, a celebrar los próximos 10, 11 y 12 de octubre en El Puerto de Santa María (Cádiz), suma veinte nuevos artistas a su cartel.

En el Circuito de Showcases Fundación SGAE se podrá disfrutar de bandas exclusivamente formadas por chicas con apego por el garage, como Agoraphobia y Deers, impecables muestras de rock a la americana como las de Carlos Vudú y The Milkyway Express, sensibles songwriters estatales como Francis White y Tom’s Cabin, el aroma a spaghetti western de Furia, los paisajes de pradera de Nunatak, la psicodelia bailable de Ocellot, el soul electrónico tamizado de chillwave de John Gray, el rock de alto octanaje de Peachy Joke, el ímpetu punk de Rosy Finch, la tormenta stoner de Monte Terror, el elegante pop electrónico de Suomo, el electrofunk de arcade urdido por Tentacles, la hipnótica y adictiva propuesta sonora de Mirémonos y el rock intenso de Modelo de Respuesta Polar.

Los primeros nombres internacionales que se suman al Circuito de Showcases Fundación SGAE proceden de Dinamarca: otra banda solo con chicas en sus filas, las muy bailables Nelson Can, que llegan a España por primera vez tras sus aplaudidas actuaciones en Roskilde y Eurosonic, y el potente directo de Shiny Darkly, revelación en su país natal, donde ya los comparan con The Horrors y The Black Angels.

Por último, los madrileños The Parrots (en la foto) se sumarán a la Jägermeister Opening Night, que tendrá lugar el viernes 10 de octubre en la Sala Mucho Teatro, tras el grato recuerdo que dejaron sus dos showcases en 2013 y haber actuado este año en citas tan prestigiosas como SXSW (Austin, EE UU).

 

cabecera-vetustamorla-JeronimoAlvarez

VETUSTA MORLA: “NO PODEMOS GUSTARLE A TODO EL MUNDO”

La banda madrileña Vetusta Morla ha publicado este año “La deriva”, un esperado tercer álbum que se anunció urgente en el sonido y comprometido en los textos, marcados por la crisis actual, pero que en esencia se mantiene fiel a su trabajos precedentes. El disco llega tras el “Concierto benéfico por el Conservatorio Narciso Yepes de Lorca”, que grabaron con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (para recaudar fondos destinados a la reconstrucción del centro), y de “Los ríos de Alice”, un álbum instrumental concebido como banda sonora para un videojuego. El guitarrista Guillermo Galván habla sobre el momento actual del grupo.

 

Habeis comentado que “La deriva” es fruto de la urgencia. ¿En qué sentido?

Era casi una necesidad, porque veníamos de grabar con una orquesta sinfónica y de componer la banda sonora de un videojuego, dos proyectos donde la elaboración y el arreglo definían el concepto. Al empezar a trabajar en este disco, nos dimos cuenta de que volvíamos a estar nosotros seis solos, sin ningún músico más, con los instrumentos de siempre, y queríamos tener una fe más clara en el instinto que en lo racional. La idea era intentar ser un poquito más secos, sobre todo en lo estilístico, hacer un disco más basado en el ritmo, con menos ambientes. Tanto las letras como los arreglos estaban marcados por la premura. No era cuestión de prisa ni de intentar hacer las cosas rápido, sino de dejarnos guiar por la primera idea e intentar confiar en nosotros mismos.

 

Una vez terminado, ¿responde a lo que buscabais?

Sí, totalmente. Al apostar por una contundencia mayor en lo musical, queríamos también que hubiera menos metáforas o subtramas en las letras, a diferencia de canciones y discos anteriores, aunque siempre manteniendo nuestra manera de escribir. Probablemente es el disco que más aire tiene y que más grande suena, porque hay menos cosas.

 

Las letras, efectivamente, son un poco más claras, teniendo en cuenta que solían ser bastante crípticas. ¿Tiene que ver con los temas que se abordan?

Todo va de la mano. Igual que en discos anteriores hemos jugado más con atmósferas y con capas sonoras y eso estaba relacionado con lo que se decía en las letras, que eran más metafóricas, en este disco hemos trabajado mucho el qué y el cómo, el contenido y la forma, y por las circunstancias nos parecía que era el momento de hacer un disco más directo, en el que quizá las cosas fueran menos interpretables. El reto era ser directos, pero sin perder la forma de hacer las cosas que tenemos, sin dejar de lado el trabajo con las imágenes, ciertas texturas musicales… Tiene que ver con lo que quieres contar. El disco ha sido muy urgente a la hora de componerlo y grabarlo, pero ha habido muchas reuniones previas para buscar lo que queríamos.

 

La coincidencia temporal y esas letras más explícitas han propiciado que los medios hayan asociado vuestro disco con los de Amaral y Nacho Vegas. ¿Sentís alguna conexión con ellos?

En una situación como la que estamos viviendo, hay ciertos elementos de empatía no solo con bandas, sino con un montón de gente que a lo mejor hace unos años no tenían mucho que ver a nivel estilístico pero, de repente, coinciden en la forma de ver lo que está sucediendo y de entender el mundo. No solo pasa en la música. Tanto en cine como en teatro están surgiendo formas diferentes de hacer las cosas. Y no es solo cuestión de mensaje. A veces nos centramos en que alguien pone el grito en el cielo en una canción, pero estas cosas tienen también mucho que ver con que haya tanta gente trabajando por su cuenta, sin grandes compañías detrás, siendo responsables de sus propios proyectos, planteando un nuevo tipo de industria. En ese sentido, hay bandas con las que coincidimos, aunque tengan intenciones estéticas distintas.

 

“La deriva” se ha presentado como el disco que marca un cambio en Vetusta Morla. ¿Es así?

Entendemos el disco como un cambio respecto al anterior, pero es verdad que tiene más que ver con ciertos planteamientos y enfoques que con un cambio total. Una de las cosas que nos gusta es que sigue sonando a Vetusta Morla. ¿Qué es el sonido Vetusta Morla? Pues no tengo ni idea, pero hay una cierta relación con lo anterior y un cable a tierra con todo lo que hemos venido haciendo. El planteamiento previo de producción y la manera de grabar son muy diferentes de “Mapas”. Para enfocar un disco nuevo siempre nos parece importante saber que vamos a hacer cosas distintas al anterior. Meternos en jardines que no conocemos, salir de la zona de confort, más allá de llegar a un sitio muy distinto, que no creo que sea el caso.

 

¿Os sentís culpables por las bandas clónicas que han aparecido a partir de vuestro éxito?

Vivimos en un sector donde parece que lo más fácil siempre es comparar con el que acaba de hacer algo en la misma línea. A nosotros, cuando empezamos, nos comparaban también con un montón de grupos. Y entiendo que la prensa o los críticos establezcan ciertas coordenadas. Eso es una cosa. De ahí a descalificar a grupos que están empezando y se lo están trabajando muy dignamente, me parece una falta de respeto. No es que nos moleste que les comparen con Vetusta Morla, sino que lo hagan despectivamente, quitándoles mérito.

 

Suele ser despectivo. De hecho, os habeis convertido en el blanco preferido para ciertos sectores cuando se habla de indie mainstream.

Bueno, no sé, tendrán sus motivos… Vuelvo a lo de antes. Si a alguien no le gusta Vetusta Morla, es normal, es sano y justificable. No podemos gustarle a todo el mundo. Pero de ahí a pensar que somos los responsables de sus traumas, hay una distancia. A muchos de mis amigos no les gusta Vetusta Morla. En España hay bandas de todo tipo, y si una no te gusta, a veces es más positivo hablar de lo bien que lo hacen otras que quedarte solo con lo poco que te gusta una. No es algo que nos quite el sueño.

 

Habeis pasado de “Mapas”, un concepto que sugiere una hoja de ruta clara, a “La deriva”, que significa pérdida de rumbo. ¿Casualidad?

Eso está ahí. Si lo has pensado es que hemos soltado ese cable para que la gente lo pueda tener en cuenta. Lo cierto es que “La deriva” surgió casi como un nexo de unión en un momento en que acabamos la gira de “Mapas” y nos íbamos a tomar un tiempo, porque atravesamos unas situaciones personales en las que estaban cambiando muchas cosas en nuestras vidas y nuestro entorno familiar era un poco extraño… “La deriva” nos parecía interesante desde el punto de vista narrativo, porque nos gustaba que las canciones partieran del momento siguiente a que algo hubiera fallado, ese punto en que te das cuenta de que las cosas no van a ser como iban a ser y se necesita una transformación tanto personal como colectiva para llegar a otro lugar. Era un material muy atractivo.

 

Lo que no cambia es la vocación épica. ¿Os sentís herederos de Héroes del Silencio?

Nos lo han dicho en otras ocasiones, pero somos banda muy distintas, sobre todo porque Héroes del Silencio nacen en un momento en que todavía existía la supebanda de rock, de hecho ellos han sido la última en España, antes de que en los noventa se fragmentara todo. En el sentido de tener mucha presencia, seguidores y una imaginería personal, sí podría existir una relación. En cuanto a la manera de entender la música y la estética no creo que tengamos mucho que ver, pero puedo llegar a entender que haya gente a la que le pueda recordar el fenómeno. A mi es una banda que me interesó mucho en su momento, y cuando tenía 14 o 15 años iba a sus conciertos.

 

“Fuego”, uno de los temas del nuevo disco, podría ser vuestro “Sunday Bloody Sunday”. Solo le faltan los redobles de batería.

Solemos jugar mucho con las intensidades y las dinámicas, y es un tema con un ritmo muy marcado desde el principio hasta el final, casi de corte marcial, aunque no tanto como “Sunday Bloody Sunday”. Puede tener cosas en común con canciones de ese estilo. La letra toca cuestiones muy básicas, en tanto que seres humanos, como mantener lo que nos individualiza. Habla de fuego, pero puede ser la esencia, la dignidad, un montón de cosas…

 

¿Y “¡Alto!”? ¿Cómo surgió un estribillo tan folklórico?

Es una canción que tiene un ritmo complejo, de 7×8, extraño para una canción de sus características, pero es de las que da lo mismo cantarla con una guitarra, un ukelele o sin instrumentos. Tiene referencias a música tradicional, folklórica, de otros países. Escuchamos música de Sudamérica y hay cosas que se te quedan porque son muy interesantes. Es una canción que funciona como receso dentro del disco, y habla de la gente que se ha tenido que ir, de cómo se han sentido prácticamente expulsados de su propia tierra.

 

¿Cómo planteasteis los arreglos de las canciones?

Los únicos músicos adicionales que hay son los de la sección de metal, y fue casi una transgresión, porque decidimos que no iba a haber ninguna colaboración. Al final pensamos que en “Una sonata fantasma” nos venía al pelo, teníamos una melodía de metales en la cabeza cada vez que sonaba la canción y decidimos que el concepto no fuera superior a las ganas que teníamos de hacerlo.

 

En todo caso, son arreglos que pecan más por defecto que por exceso.

Sí, eso es. Ha habido un ejercicio bastante importante de contención. La relación entre las dos guitarras ha sido distinta a “Mapas”, y también la manera de enfocar los acordes… Ha habido cosas que se han quedado en las mezclas. No grabamos mucho, está lo imprescindible. Y también hay un trabajo vocal muy importante por parte de Pucho.

 

En los próximos meses pasareis por festivales como el BBK Live, Cruïlla, PortAmérica, Low, Ebrovisión, DCode y Lemon Pop, entre otros. ¿Cómo van a ser los shows?

Hemos planteado una gira en dos partes. La primera la terminamos en La Riviera y fueron conciertos exclusivamente nuestros, en salas o espacios grandes. Tocamos “La deriva” al completo y el show está basado en el disco, aunque también tiene canciones de los anteriores. Y, por primera vez, lleva asociada una puesta en escena. Es una propuesta muy interesante, que hemos trabajado con el diseñador Maxi Gilbert y que divide el show en tres partes: Una primera de concepto más teatral, luego una más rockera y después el final. En festivales lo que hacemos es una mezcla de los tres discos que, por necesidades de guión, es más corta. Tocamos dos horas en sala y en festivales serán unos 75 minutos. Estamos trabajando en la manera de reconvertir el espíritu de lo que hemos estado haciendo en salas para adaptarlo a los festivales.

 

¿No está saturado el mercado de festivales? ¿No tocais siempre los mismos?

Aunque tiene grandes bandas, la escena musical española tampoco es tan grande. Hay tantos festivales, que es normal que se repitan los carteles, no queda otra. Pero pasa en todas partes. Si miras el cartel de Vive Latino (México) de los últimos diez años, el 80% de las bandas son repetidas. Es complicado. ¿Dónde está el equilibrio entre el mantenimiento de la escena y la aparición de nuevas propuestas que la vayan renovando? Y, al mismo tiempo, que sean atractivas para el público. Durante muchos años ha habido un boom de festivales y es verdad que a veces tenías dos a 40 km de distancia con los mismos grupos. Eso es inviable, una saturación evidente, pero también es cierto que aunque sea de una manera más tímida que en otras ocasiones, están saliendo bandas. Pienso en León Benavente, que es gente que viene de otros grupos, pero el año pasado sacó un disco, empezó a tocar y va a ser uno de los platos fuertes en festivales este año. O Fuel Fandango, que están siendo casi de cabeza de cartel en muchos sitios… Hay que darles tiempo, pero los festivales necesitan permeabilidad para que salgan nuevas bandas. Pasa en España y en todos lados.

Eduardo Guillot

Fotos: Jerónimo Álvarez

The Last 3 Lines

PRIMERAS CONFIRMACIONES DEL BIS FESTIVAL

Me and The Bees, Ran Ran Ran, La Banda Municipal del Polo Norte, The Last 3 Lines (en la foto) y The Hills Around son los primeros artistas confirmados para la cuarta edición del BIS Festival (Barcelona Independent Sessions), cuyo objetivo es convertirse en punto de reunión de la escena independiente de Barcelona y que se celebrará los próximos 5 y 6 de septiembre.

La organización pretende que el BIS no sea un festival más, y por eso busca que el BIS sea “un centro de reunión no sólo de aficionados, sino de gente del área de Barcelona que construye música desde todas las variantes (artistas, discográficas, empresas de management, promotoras, medios musicales, tiendas de discos, etc…)”, según explican. Y añaden: “Por eso el BIS es también feria discográfica, porque desde la órbita musical independiente pretendemos juntarnos y entre todos dejar bien claro que la música está aquí para quedarse, a pesar de que en estos tiempos de crisis es precisamente la cultura en general y la música en particular uno de los bienes más descuidados en nuestro país”.

 

Foto: Pablo Díez

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ENOFESTIVAL BYTHEFEST

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