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Contempopránea Alburquerque

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nilerodgers cabecera

NILE RODGERS, EL HEDONISTA ELEGANTE

Durante una gira por Inglaterra, cuando todavía formaba parte del grupo New York City, a Nile Rodgers le robaron el dinero, el pasaporte y la guitarra, y tuvo que quedarse más tiempo del previsto en Londres. Gracias a eso, Rodgers asistió a un concierto de Roxy Music, y vio con claridad el camino artístico a seguir. Poco después nacía Chic, el grupo que reinó dentro y fuera de la disco music, un emblema cultural que terminaría influyendo en la música pop a diversos niveles, gracias al talento de Rodgers y su irreemplazable socio, el bajista Bernard Edwards. Juntos constituyeron el cuerpo y el alma de Chic –que también tuvo en el batería Tony Thompson a otro de sus músicos clave–, y compusieron y produjeron algunos de los más grandes éxitos de la música negra de los 70.

La trayectoria de Chic fue azarosa y lo mejor de su producción se concentra entre su debut en 1977 y 1982, año en que publican “Believer”. Pero su legado es indiscutible. El bajo de “Good Times” abrió un nuevo camino para la música de baile, y se convirtió en el cimiento rítmico para la primera generación de músicos de hip hop que estaba a punto de nacer. Su línea de bajo inspiró “Rapper’s Delight”, de Sugarhill Gang, y como los grupos blancos también estaban prestando atención, tuvo mucho que ver en “Another One Bites The Dust”, de Queen, e incluso en “Rapture”, de Blondie. La música de Chic era hedonista pero elegante, un concepto que sin duda está ligado a la visión que Rodgers tuvo cuando vio en directo a Roxy Music. La sofisticación de su sonido y de su imagen, incluso las dos modelos que aparecen en la portada de “Chic”, le deben mucho al grupo de Bryan Ferry.

Hasta que fue iluminado por Roxy Music, la idea que Rodgers tenía en la cabeza era la de crear un grupo de rock con músicos negros, una idea que causaba rechazo entre los sellos discográficos a los que les ofrecía el proyecto. Previamente había formado parte de formaciones como los mencionados New York City, pero para cuando se unió a estos, ya había encontrado en Bernard Edwards a su alma gemela. La música había ayudado a Rodgers a escapar de una vida inestable. Creció en Greenwich Village, criado por su madre y su padrastro, ambos yonquis. Militó en los Black Panthers y eso, unido a la ingesta de LSD un día en Central Park, le empujó a escribir “At Last I’m Free”, una de las canciones más conocidas de Chic, que Robert Wyatt terminó haciendo suya en 1978. A Edwards le unió el interés por la música más allá de cualquier género. La conjunción de su guitarra y el poderoso bajo de Edwards terminó por crear un sonido único, un estilo que nació con la música disco, pero acabó trascendiendola. De hecho, las canciones firmadas por Rodgers/Edwards dan continuidad en los 80 a una tradición pop creada y mantenida por otros equipos como el de Holland/Dozier/Holland en Motown o Gamble/Huff en el sonido Filadelfia. A pesar de que sus canciones y su estilo como productores hicieron populares a otros artistas además de a Chic, ellos nunca le robaron protagonismo a la música.

“Dance, Dance Dance”, “Le Freak”, “I Want Your Love”, “My Forbidden Lover” o “Everybody Dance” fueron los emblemas de la época dorada de la música de baile, en la segunda mitad de los 70, cuando el género dominaba las listas de éxitos gracias también al boom de la película “Fiebre del sábado noche”. Chic formaban parte de esa banda sonora de noches interminables de las que el Studio 54 se había convertido en meca. Por eso mismo, también fueron la diana de los ataques que demonizaban al género, tendencia que acabó promoviendo la quema de vinilos discotequeros en un estadio. Del mismo modo que el rock & roll había sido acusado en sus comienzos del música del diablo, la música disco se convirtió en objeto de rechazo por parte de los sectores más reaccionarios del rock, que bajo el lema “Disco sucks”, usaron argumentos homófobos y racistas para intentar erradicar el género. Pero ni la faceta más reaccionaria del rock pudo contener su éxito. Y como ya había ocurrido con Sister Sledge, terminó contagiando a otros artistas, que bajo el toque Rodgers/Edwards tuvieron un notable resurgir comercial, como ocurrió con Diana Ross y el clásico “Upside Down”.

En un gesto poco habitual, el dúo –que operaba bajo el nombre de Chic Organisation cuando trabajaba para otros– comenzó a producir a artistas blancos. Como tales firmaron “KooKoo” (1981), el primer disco de Debbie Harry, grabado cuando la cocaína circulaba por el entorno de Chic con asiduidad. Rodgers y Edwards empezaron a trabajar en solitario y el primero, además de grabar “The Land Of The Good Groove” (1983), comenzó a ser reclamado como productor. Uno de los primeros en llamarle fue Bowie, que le enseñó un álbum de Little Richard y le dijo: “Esto es lo que quiero hacer”. El resultado fue “Let’s Dance” (1983), que con más de siete millones de copias vendidas es hasta ahora el álbum más comercial de Bowie. A continuación le encargaron que produjera el segundo disco de Madonna, artista en la que Warner tenía depositadas grandes esperanzas. “Like A Virgin” (1984) cumplió sobradamente con dichas expectativas, iniciando el periodo estelar de la carrera de Madonna. Chic se iba apagando, pero Rodgers se convirtió en sinónimo de toque midas con sus producciones para Duran Duran, INXS, Peter Gabriel y B-52’s.

La historia de la música pop nos demuestra casi a diario que, salvo contadas excepciones, no importa el éxito que hayas tenido o lo influyente que has sido en un momento determinado, cada tanto tienes que recordarle al público quién fuiste y quién sigues siendo. Rodgers, que perdió a Edwards cuando éste murió a causa de una neumonía en 1996, durante una gira de Chic, se encuentra ahora mismo disfrutando de ese proceso. El libro “Le Freak” (2011), lo devolvió a la actualidad gracias a un relato sincero de una vida y una carrera en las que había momentos de gloria y también de miseria. La intervención de su guitarra en “Get Lucky”, de Daft Punk, no fue casualidad. La que fuera la canción del año 2013 celebraba el optimismo de la misma manera que lo hizo “Good Times” en 1979, y para ello, el toque Rodgers resultaba imprescindible. Un cáncer de próstata ya superado le mantuvo en jaque durante unos meses, pero no pudo con él. Rodgers sigue actuando y colaborando con nuevos artistas, como el astro de la EDM Avicci, o La Roux, en cuyo nuevo disco también han dejado rastro sus guitarras. Él asegura que sueña con poder trabajar con Janelle Monáe, y mientras tanto, exhibe su inolvidable legado musical por los escenarios de medio planeta, como el del Sónar, haciendo aquello que le convirtió en un músico inconfundible.

Rafa Cervera

PALM FEST

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PULPOP FESTIVAL

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Fuel Fandango 2

ASÍ TE CONTAMOS CONTEMPOPRANEA BADAJOZ

En 2013 Contempopranea se hacía mayor de edad. Cumplía 18 ediciones en Alburquerque. Algunos festivaleros no lo recordaran, igual ni lo han vivido, pero hubo un tiempo en que había que ir hasta un pueblo perdido de Badajoz en una especie de romería pop si lo que querías ver eran grupos nacionales, o hasta una localidad costera de la provincia de Castellón si lo que te tiraba era el mercado internacional. Alburquerque o Benicàssim, esas eran las opciones, pocas más. No es que resultaran fáciles las ediciones de 2013 para los dos decanos del festivaleo. En lo que se refiere a Contempopranea, al festival le habían ido surgiendo múltiples dificultades, tanto exógenas, proliferación de una miríada de festivales con un perfil de grupos similar, como endógenas: en cierta forma, el festival se había convertido en la gallina de los huevos de oro para un pequeño pueblo que, como no podía ser de otra forma, lo exprimió todo lo que pudo.

Uno de los principales hándicaps que siempre tuvo Contempopranea fue la falta de plazas hoteleras. Esto se soslayaba con la buena voluntad de unos paisanos que además se sacaban un extra alquilando sus viviendas durante la semana del festival a jóvenes, y no tan jóvenes, que llegaban de todas partes del país. Ocurre que los precios se dispararon tanto que Agustín Fuentes, ideólogo, creador y verdadera alma mater del proyecto, puso el grito en el cielo, o más bien en la prensa, que recogió sus dudas sobre la continuidad del festival. Una llamada personal del actual Presidente de la Junta de Extremadura disipó todas las incertidumbres: Por un lado, garantizó la continuidad de Contempopranea en Alburquerque; por otro, se propuso la creación de un nuevo emplazamiento. Contaría así la edición de 2014 con dos sedes, una en el pueblo, que se seguiría celebrando en verano, y otra en la capital, Badajoz, en primavera. Todo esto acompañado de un incremento muy significativo del presupuesto de ambos festivales, especialmente el de Badajoz, que se convertía así en el “hermano mayor” de la edición de Alburquerque. No se trata de establecer comparativas entre uno y otro, pero hasta unos días antes se ha podido reservar habitación por un precio muy razonable en hoteles de primera categoría en Badajoz. Dicho todo esto, al lío, a la música, que a fin de cuentas es lo que interesa.

VIERNES

De manera sorprendente para muchos de sus jóvenes fans, Izal eran los encargados de abrir el fuego de grandes nombres en el festival (antes había actuado la banda extremeña Burgim). No faltaron a la cita, a pesar de la hora temprana de su actuación, alrededor de dos mil fieles, que coreaban uno tras otro los temas de sus dos discos: “Despedida”, “Palos de ciego”, “Qué bien”, “Agujeros de gusano”, “Magia y efectos especiales”, “Asuntos delicados” o “Prueba y error”. Es el suyo un directo resuelto y enérgico, que seguro ha tenido mucho que ver en la sorprendente irrupción de este grupo en el panorama nacional. No se les puede reprochar que no cale entre sus fans, que saltan y aplauden entusiasmados, aunque quizás al público menos forofo le resulte algo repetitivo en lo que se refiere al esquema de las canciones, que parecen cortadas casi todas por el mismo patrón, sospechosamente cerca en ritmos, letras e incluso en timbre vocal a los celebérrimos Vetusta Morla.

Para el siguiente concierto, protagonizado por Sidonie, habría que esperar treinta minutos. Es otra de las felices ocurrencias de este Contempopranea Badajoz. Un solo escenario principal, que por cierto, sonó de maravilla toda la noche, y para amenizar el tiempo que transcurre entre grupos, DJs pinchando en un pequeño escenario situado justo enfrente del principal, con lo que el público no tiene que entrar en esta espiral loca de no saber a qué fuego atender en que se han convertido algunos festivales. Aprovechamos para loar el espacio: Un recinto amurallado, pero no de cualquier forma, las murallas son las del patio de una Alcazaba del siglo XII, una maravilla arquitectónica que construyeron los almohades en la cima de un cerro, con vistas espléndidas sobre el río Guadiana y Badajoz. Así que después de distraer la mirada en los ojos del puente romano y en los de las mozas que andaban por la Alcazaba, volvimos a Sidonie. Bajo una bandera de Canadá y con una música de himno nacional presumimos que del mismo país norteamericano, hicieron su aparición sobre el escenario Marc, Jesús, Axel y compañía. Empezaron algo destemplados, con temas como “Sierra y Canadá” o “Costa Azul”, pero al abordar otros, especialmente los de su disco “El Incendio”, como “La sombra” o “En mi garganta”, se les notaba muy cómodos. Tienen un repertorio inmenso: “Fascinado”, “Un día de mierda”, “El bosque” o ese “Estáis aquí” del último disco sonaron perfectas y convencieron a un público encantado, que se desgañitó con un fin de fiesta que incluyó una versión del “Video Killed The Radio Star” (The Buggles), además de “Viernes” y “El incendio”.

Máximo respecto para lo que vendría después, The Horrors. Sin duda, el mejor concierto de la noche. Un recital que por sí solo ya justifica la visita a Badajoz. Los británicos dieron una lección de pluscuamperfecto shoegaze, con arrebatos de post-punk y siempre un toque oscuro. Se nota que han tenido que ver con tipos como Chris Cunningham o el Portishead Geoff Barrow. No se les entiende bien, la voz se convierte en un instrumento más que sumar al muro de sonido, apenas se les ve, pero poca falta hacen estas cosas cuando uno encadena temas del calibre de “Chasing Shadows”, “So Now You Know”, “I See You”, “In And Out Of Sight” o los casi diez minutos a los que se fue “Sea Within A Sea”. Hipnótico y subyugante show que sin embargo gran parte del público recibió con cierta frialdad. Supieron emocionar sin recurrir a la estridencia de la que después tirarían sus paisanos Maxïmo Park.

Paul Smith no dejó de brincar y pasó la mayoría de su tiempo subido a los monitores, voceando con un altavoz y contoneándose, con cierta gracia, eso sí. De todas formas, también tienen grandes píldoras pop que engancharon al público: “Give, Get, Take”, “Lydia”, “Drinking Martinis”, “Girls Who Play Guitars”, “Where We’re Going”… Su set fue el más numeroso, pasaron seguro de la quincena de temas y a pesar de que Paul Smith presumiera de que a esas horas solían estar siempre acostados, renegando de su condición de rock & roll stars, si hubiera que dar ese título a alguien la noche del viernes en Contempopranea Badajoz, sería suyo.

Bueno, de ellos, o de Iván Ferreiro, que a pesar de tocar casi a las cuatro de la mañana, tuvo tanto o más público que cualquiera de los anteriores. No se resintió el auditorio por las horas, ni tampoco el setlist del que fuera líder de Los Piratas. Maqueado como un lord, se plantó en el escenario y presumió de estampa, de banda y de repertorio. Con maneras de Frank Sinatra empezó este antiguo rockero, a ratos nuevo Julio Iglesias, que fue entregando una tras otra las piezas que su público le pedía: “Turnedo”, “Abrázame”, “El Bosson de Higgs”… Nada más y nada menos.

 

SÁBADO

Cuando Agustín Fuentes, director de Contempopranea Badajoz, anunciaba el festival, decía que pretendía que el público se sintiera mimado. Damos fe de que lo ha conseguido: Sin problemas en los accesos; con un recinto, la Alcazaba, que parece sacado de un cuento de las mil y una noches; un escenario principal imponente, sobrado de watios de sonido y luz; además de un espacio amable, con posibilidad de sentarte o de recostarte en una ladera de césped con vistas a la ciudad. Pocas quejas debe haber tenido durante el fin de semana. Un festival amable en todos los sentidos para el público y una ciudad, Badajoz, encantada con la visita, y los euros, de un perfil de festivalero que busca algo más que una ristra de nombres y la perspectiva de una melopea musical.

La segunda jornada de esta primera edición de Contempopranea en Badajoz era a priori la más golosa: Nunca había tenido el festival extremeño una pléyade de luminarias del indie pop de este calibre. Entre las ocho de la tarde y las dos de la mañana se iban a suceder en el escenario del festival Veronica Falls, El Columpio Asesino, The Pains of Being Pure At Heart y, sobre todo, la única presencia en un festival europeo de Mercury Rev.

A Veronica Falls les bastaron cuarenta minutos para repasar la colección de perlas de pop sembradas en sus dos discos hasta el momento. Apenas eran las ocho y poco de la tarde, pero ya se veía frente al escenario a una nutrida representación de amantes del indie pop académico esperando el que para ellos era una de los platos principales de la noche. Comenzaron con la más Beat Happening de sus composiciones, “Beachy Head”, de su disco debut, un rayo de surf rock que enganchó al público desde el primer guitarrazo. Al momento llegaría “Waiting For Something To Happen”, tema que da nombre a su segundo disco, con una Roxanne Clifford adorabilísima, que forma un dream team poppie perfecto con los coros y guitarra de James Hoare. Alguno casi le pide matrimonio a la londinense en “Buried Alive”. Cerraron su concierto con las que son seguramente sus dos mejores canciones “Found Love in a Graveyard” y “Come On Over”. Lo que hacen, lo hacen perfecto. No se les puede pedir más.

Después llegarían El Columpio Asesino, uno de los pocos grupos españoles que garantiza un directo tan sólido como disfrutable, además de una cantidad considerable de tickets vendidos. Tienen disco nuevo y arrancaron precisamente con “Babel”, la canción que lo abre. Y siguieron con “A la espalda del mar” y “Ballenas muertas en San Sebastián”, también de este último álbum. Es fórmula recurrente de los grupos cuando han alcanzado cierta madurez y tienen un repertorio considerable de grandes éxitos la de dividir el concierto en dos mitades, una primera dedicada al último trabajo y ya una segunda repasando su historial en riguroso orden de popularidad. Más o menos eso hicieron los pamplonicas. Ocurre que si el último disco desmerece, el concierto acaba dividiéndose en dos mitades, la parte que disfrutan los músicos, hastiados de tocar los mismos temas, y la parte que disfruta el público. No fue el caso. Su nuevo disco está a la altura de sus mejores momentos y desde el primer hasta el último tema la cosa fue un no parar. Cristina cada vez tiene un protagonismo mayor en el grupo, lo mismo toca el teclado, que apalea el pad de efectos electrónicos, que canta, que susurra, que da guitarrazos… es aparecer sobre el escenario y llevarse la primera ovación (y piropos varios). Es un vendaval ella y lo es el grupo. No menos llamativo es ver en primer plano a Álvaro Arizaleta, cantando y sacudiéndole a la batería, o al segundo percusionista, Íñigo Sable, que también se reserva para él uno de los momentos de la noche cuando agarra la trompeta para rematar el concierto en esa catarsis colectiva en que se convierte “Vamos”. Un remate apocalíptico para una faena que ya habían bordado con “Perlas”, “Diamantes” o el himno de la banda, “Toro”. Tensión, violencia desatada, sensualidad, ritmo marcial, el escenario parecía un volcán escupiendo lava, un magma arrasador que contó con una amplificación y una acústica perfecta. El mejor concierto de la noche.

Difícil lo tenían para superarlo los neoyorquinos The Pains Of Being Pure At Heart, habituales de los escenarios españoles, esta vez presentando disco nuevo y formación casi inédita. Solo se mantenía de sus últimas visitas su líder Kip Berman, por el camino se ha quedado la atractiva Peggy Wang, aunque su sustituta (Jess Weiss) no desmereció. Estos son otros que lo que hacen no lo pueden hacer mejor. Es grupo de single fácil, con pintas de niños bien: Sus miembros parecen haber estudiado en la universidad cómo parir hits sin aparente dolor. Del nuevo, temas como “Eurydice” (por momentos, muy Arcade Fire), y de los anteriores, “Young Adult Frictions”,  “This Love Is Fucking Right” o ese grito de we will never die del tema “The Pains Of Being Pure At Heart” con el que terminaron su concierto. Notable alto.

Y llegó el momento que todos estaban esperando, y apareció Jonathan Donahue con una gorra de marinero y bebiendo a morro de una botella de vino que mostraba como un trofeo que acabara de pescar. Él y Grasshopper son los únicos Mercury Rev genuinos sobre el escenario. Necesitó el grupo de unos cuantos temas para encontrar un sonido más o menos digno, y no fue hasta que empezaron con las canciones de “Deserter’s Song” que el público empezó a entrar en el concierto; “The Funny Bird” fue la primera en caer. El histriónico Donahue se empeñaba en simular ser el director de una orquesta imaginaria, (por momentos parecía una caricatura de Luis del Olmo dando señales a su técnico), y la voz iba y venía con la misma facilidad que dificultad tenía el muchacho para mantenerse en pie. Suerte que tenía el micro para agarrarse. No fue mayor el despropósito porque Mercury Rev poseen monumentos como “Opus 40”, “Secret For A Song”, “Holes”, “Goddes On A Highway” o “The Dark Is Rising”, que casi consigue que echáramos a volar. De todas formas, la distancia entre lo que podrían hacer y lo que resultó es demasiado grande.

Para terminar la noche, después llegarían Love Of Lesbian, que congregaron a más público del que ningún grupo había logrado durante las dos jornadas y lo embelesaron con su música chiste. Una puesta en escena interesante, apoyada por cuatro monitores que van mostrando imágenes para ilustrar las canciones, es lo único que se puede salvar del concierto de los catalanes. Su repertorio parece un muestrario de ocurrencias de adolescentes en el parque: “Te hiero mucho”, “Pizzigatos”, “El ectoplasta”, “El hambre invisible”, “Manifiesto delirista”, “Miau” o “Si tú me dices Ben, yo digo Affleck”. Sonaron todas. Además del clásico “Club de fans de John Boy”, y para rematar el delirio y el concierto, la música de un anuncio de cerveza. Señores barrigudos y peludos corriendo como posesos en calzoncillos, caricaturas de Axl Rose, en fin… Como me comentaba un compañero, “parece que Love Of Lesbian han pasado de reírse de ellos mismos a reírse de la gente”. Pero oigan, las cosas como son, la gente, adolescentes féminas en gran número, encantada.

Sentimientos encontrados con la rave abaniquera que montaron a continuación Fuel Fandango. No acabo de ver claro lo de la mezcla esta de electrónica y flamenquito en espaninglish que hacen, aunque a la que se descuida uno se le van los pies con la música y la presencia de Nita, que lucía corpiño y mantón de manila. Daban ganas de arroparla un poco, teniendo en cuento el fresco que corría ya a esas horas por el cerro de la Alcazaba. Al final, The Zombie Kids pusieron el broche bailable a un Contemporanea Badajoz que ha cumplido de sobra con sus objetivos para esta primera edición.

Textos: Santiago Cotes

Fotos: Rafa Marchena

Columpio cabecera

CRÓNICA CONTEMPOPRANEA: SÁBADO

Cuando Agustín Fuentes, director de Contempopranea Badajoz, anunciaba el festival, decía que pretendía que el público se sintiera mimado. Damos fe de que lo ha conseguido: Sin problemas en los accesos; con un recinto, la Alcazaba, que parece sacado de un cuento de las mil y una noches; un escenario principal imponente, sobrado de watios de sonido y luz; además de un espacio amable, con posibilidad de sentarte o de recostarte en una ladera de césped con vistas a la ciudad. Pocas quejas debe haber tenido durante el fin de semana. Un festival amable en todos los sentidos para el público y una ciudad, Badajoz, encantada con la visita, y los euros, de un perfil de festivalero que busca algo más que una ristra de nombres y la perspectiva de una melopea musical.

En Contempopranea, quien no se divierte es porque no quiere

La segunda jornada de esta primera edición de Contempopranea en Badajoz era a priori la más golosa: Nunca había tenido el festival extremeño una pléyade de luminarias del indie pop de este calibre. Entre las ocho de la tarde y las dos de la mañana se iban a suceder en el escenario del festival Veronica Falls, El Columpio Asesino, The Pains of Being Pure At Heart y, sobre todo, la única presencia en un festival europeo de Mercury Rev.

Veronica Falls

A Veronica Falls les bastaron cuarenta minutos para repasar la colección de perlas de pop sembradas en sus dos discos hasta el momento. Apenas eran las ocho y poco de la tarde, pero ya se veía frente al escenario a una nutrida representación de amantes del indie pop académico esperando el que para ellos era una de los platos principales de la noche. Comenzaron con la más Beat Happening de sus composiciones, “Beachy Head”, de su disco debut, un rayo de surf rock que enganchó al público desde el primer guitarrazo. Al momento llegaría “Waiting For Something To Happen”, tema que da nombre a su segundo disco, con una Roxanne Clifford adorabilísima, que forma un dream team poppie perfecto con los coros y guitarra de James Hoare. Alguno casi le pide matrimonio a la londinense en “Buried Alive”. Cerraron su concierto con las que son seguramente sus dos mejores canciones “Found Love in a Graveyard” y “Come On Over”. Lo que hacen, lo hacen perfecto. No se les puede pedir más.

Cristina Martínez (El Columpio Asesino), desatada

Después llegarían El Columpio Asesino, uno de los pocos grupos españoles que garantiza un directo tan sólido como disfrutable, además de una cantidad considerable de tickets vendidos. Tienen disco nuevo y arrancaron precisamente con “Babel”, la canción que lo abre. Y siguieron con “A la espalda del mar” y “Ballenas muertas en San Sebastián”, también de este último álbum. Es fórmula recurrente de los grupos cuando han alcanzado cierta madurez y tienen un repertorio considerable de grandes éxitos la de dividir el concierto en dos mitades, una primera dedicada al último trabajo y ya una segunda repasando su historial en riguroso orden de popularidad. Más o menos eso hicieron los pamplonicas. Ocurre que si el último disco desmerece, el concierto acaba dividiéndose en dos mitades, la parte que disfrutan los músicos, hastiados de tocar los mismos temas, y la parte que disfruta el público. No fue el caso. Su nuevo disco está a la altura de sus mejores momentos y desde el primer hasta el último tema la cosa fue un no parar. Cristina cada vez tiene un protagonismo mayor en el grupo, lo mismo toca el teclado, que apalea el pad de efectos electrónicos, que canta, que susurra, que da guitarrazos… es aparecer sobre el escenario y llevarse la primera ovación (y piropos varios). Es un vendaval ella y lo es el grupo. No menos llamativo es ver en primer plano a Álvaro Arizaleta, cantando y sacudiéndole a la batería, o al segundo percusionista, Íñigo Sable, que también se reserva para él uno de los momentos de la noche cuando agarra la trompeta para rematar el concierto en esa catarsis colectiva en que se convierte “Vamos”. Un remate apocalíptico para una faena que ya habían bordado con “Perlas”, “Diamantes” o el himno de la banda, “Toro”. Tensión, violencia desatada, sensualidad, ritmo marcial, el escenario parecía un volcán escupiendo lava, un magma arrasador que contó con una amplificación y una acústica perfecta. El mejor concierto de la noche.

Kip Berman, líder de The Pains of Being Pure at Heart

Difícil lo tenían para superarlo los neoyorquinos The Pains Of Being Pure At Heart, habituales de los escenarios españoles, esta vez presentando disco nuevo y formación casi inédita. Solo se mantenía de sus últimas visitas su líder Kip Berman, por el camino se ha quedado la atractiva Peggy Wang, aunque su sustituta (Jess Weiss) no desmereció. Estos son otros que lo que hacen no lo pueden hacer mejor. Es grupo de single fácil, con pintas de niños bien: Sus miembros parecen haber estudiado en la universidad cómo parir hits sin aparente dolor. Del nuevo, temas como “Eurydice” (por momentos, muy Arcade Fire), y de los anteriores, “Young Adult Frictions”,  “This Love Is Fucking Right” o ese grito de we will never die del tema “The Pains Of Being Pure At Heart” con el que terminaron su concierto. Notable alto.

Jonathan Donahue, marinero en tierra

Y llegó el momento que todos estaban esperando, y apareció Jonathan Donahue con una gorra de marinero y bebiendo a morro de una botella de vino que mostraba como un trofeo que acabara de pescar. Él y Grasshopper son los únicos Mercury Rev genuinos sobre el escenario. Necesitó el grupo de unos cuantos temas para encontrar un sonido más o menos digno, y no fue hasta que empezaron con las canciones de “Deserter’s Song” que el público empezó a entrar en el concierto; “The Funny Bird” fue la primera en caer. El histriónico Donahue se empeñaba en simular ser el director de una orquesta imaginaria, (por momentos parecía una caricatura de Luis del Olmo dando señales a su técnico), y la voz iba y venía con la misma facilidad que dificultad tenía el muchacho para mantenerse en pie. Suerte que tenía el micro para agarrarse. No fue mayor el despropósito porque Mercury Rev poseen monumentos como “Opus 40”, “Secret For A Song”, “Holes”, “Goddes On A Highway” o “The Dark Is Rising”, que casi consigue que echáramos a volar. De todas formas, la distancia entre lo que podrían hacer y lo que resultó es demasiado grande.

El mesías de Mercury Rev

Para terminar la noche, después llegarían Love Of Lesbian, que congregaron a más público del que ningún grupo había logrado durante las dos jornadas y lo embelesaron con su música chiste. Una puesta en escena interesante, apoyada por cuatro monitores que van mostrando imágenes para ilustrar las canciones, es lo único que se puede salvar del concierto de los catalanes. Su repertorio parece un muestrario de ocurrencias de adolescentes en el parque: “Te hiero mucho”, “Pizzigatos”, “El ectoplasta”, “El hambre invisible”, “Manifiesto delirista”, “Miau” o “Si tú me dices Ben, yo digo Affleck”. Sonaron todas. Además del clásico “Club de fans de John Boy”, y para rematar el delirio y el concierto, la música de un anuncio de cerveza. Señores barrigudos y peludos corriendo como posesos en calzoncillos, caricaturas de Axl Rose, en fin… Como me comentaba un compañero, “parece que Love Of Lesbian han pasado de reírse de ellos mismos a reírse de la gente”. Pero oigan, las cosas como son, la gente, adolescentes féminas en gran número, encantada.

Nita, de Fuel Fandango

Sentimientos encontrados con la rave abaniquera que montaron a continuación Fuel Fandango. No acabo de ver claro lo de la mezcla esta de electrónica y flamenquito en espaninglish que hacen, aunque a la que se descuida uno se le van los pies con la música y la presencia de Nita, que lucía corpiño y mantón de manila. Daban ganas de arroparla un poco, teniendo en cuento el fresco que corría ya a esas horas por el cerro de la Alcazaba. Al final, The Zombie Kids pusieron el broche bailable a un Contemporanea Badajoz que ha cumplido de sobra con sus objetivos para esta primera edición.

Texto: Santiago Cotes

Fotos: Rafa Marchena

Maximo Park cabecera

CRÓNICA CONTEMPOPRANEA: VIERNES

En 2013 Contempopranea se hacía mayor de edad. Cumplía 18 ediciones en Alburquerque. Algunos festivaleros no lo recordaran, igual ni lo han vivido, pero hubo un tiempo en que había que ir hasta un pueblo perdido de Badajoz en una especie de romería pop si lo que querías ver eran grupos nacionales, o hasta una localidad costera de la provincia de Castellón si lo que te tiraba era el mercado internacional. Alburquerque o Benicàssim, esas eran las opciones, pocas más. No es que resultaran fáciles las ediciones de 2013 para los dos decanos del festivaleo. En lo que se refiere a Contempopranea, al festival le habían ido surgiendo múltiples dificultades, tanto exógenas, proliferación de una miríada de festivales con un perfil de grupos similar, como endógenas: en cierta forma, el festival se había convertido en la gallina de los huevos de oro para un pequeño pueblo que, como no podía ser de otra forma, lo exprimió todo lo que pudo.

La nueva sede, un acierto

Uno de los principales hándicaps que siempre tuvo Contempopranea fue la falta de plazas hoteleras. Esto se soslayaba con la buena voluntad de unos paisanos que además se sacaban un extra alquilando sus viviendas durante la semana del festival a jóvenes, y no tan jóvenes, que llegaban de todas partes del país. Ocurre que los precios se dispararon tanto que Agustín Fuentes, ideólogo, creador y verdadera alma mater del proyecto, puso el grito en el cielo, o más bien en la prensa, que recogió sus dudas sobre la continuidad del festival. Una llamada personal del actual Presidente de la Junta de Extremadura disipó todas las incertidumbres: Por un lado, garantizó la continuidad de Contempopranea en Alburquerque; por otro, se propuso la creación de un nuevo emplazamiento. Contaría así la edición de 2014 con dos sedes, una en el pueblo, que se seguiría celebrando en verano, y otra en la capital, Badajoz, en primavera. Todo esto acompañado de un incremento muy significativo del presupuesto de ambos festivales, especialmente el de Badajoz, que se convertía así en el “hermano mayor” de la edición de Alburquerque. No se trata de establecer comparativas entre uno y otro, pero hasta unos días antes se ha podido reservar habitación por un precio muy razonable en hoteles de primera categoría en Badajoz. Dicho todo esto, al lío, a la música, que a fin de cuentas es lo que interesa.

Izal, abriendo fuego

De manera sorprendente para muchos de sus jóvenes fans, Izal eran los encargados de abrir el fuego de grandes nombres en el festival (antes había actuado la banda extremeña Burgim). No faltaron a la cita, a pesar de la hora temprana de su actuación, alrededor de dos mil fieles, que coreaban uno tras otro los temas de sus dos discos: “Despedida”, “Palos de ciego”, “Qué bien”, “Agujeros de gusano”, “Magia y efectos especiales”, “Asuntos delicados” o “Prueba y error”. Es el suyo un directo resuelto y enérgico, que seguro ha tenido mucho que ver en la sorprendente irrupción de este grupo en el panorama nacional. No se les puede reprochar que no cale entre sus fans, que saltan y aplauden entusiasmados, aunque quizás al público menos forofo le resulte algo repetitivo en lo que se refiere al esquema de las canciones, que parecen cortadas casi todas por el mismo patrón, sospechosamente cerca en ritmos, letras e incluso en timbre vocal a los celebérrimos Vetusta Morla.

La puesta en escena canadiense de Sidonie

Para el siguiente concierto, protagonizado por Sidonie, habría que esperar treinta minutos. Es otra de las felices ocurrencias de este Contempopranea Badajoz. Un solo escenario principal, que por cierto, sonó de maravilla toda la noche, y para amenizar el tiempo que transcurre entre grupos, DJs pinchando en un pequeño escenario situado justo enfrente del principal, con lo que el público no tiene que entrar en esta espiral loca de no saber a qué fuego atender en que se han convertido algunos festivales. Aprovechamos para loar el espacio: Un recinto amurallado, pero no de cualquier forma, las murallas son las del patio de una Alcazaba del siglo XII, una maravilla arquitectónica que construyeron los almohades en la cima de un cerro, con vistas espléndidas sobre el río Guadiana y Badajoz. Así que después de distraer la mirada en los ojos del puente romano y en los de las mozas que andaban por la Alcazaba, volvimos a Sidonie. Bajo una bandera de Canadá y con una música de himno nacional presumimos que del mismo país norteamericano, hicieron su aparición sobre el escenario Marc, Jesús, Axel y compañía. Empezaron algo destemplados, con temas como “Sierra y Canadá” o “Costa Azul”, pero al abordar otros, especialmente los de su disco “El Incendio”, como “La sombra” o “En mi garganta”, se les notaba muy cómodos. Tienen un repertorio inmenso: “Fascinado”, “Un día de mierda”, “El bosque” o ese “Estáis aquí” del último disco sonaron perfectas y convencieron a un público encantado, que se desgañitó con un fin de fiesta que incluyó una versión del “Video Killed The Radio Star” (The Buggles), además de “Viernes” y “El incendio”.

The Horrors, en penumbra

Máximo respecto para lo que vendría después, The Horrors. Sin duda, el mejor concierto de la noche. Un recital que por sí solo ya justifica la visita a Badajoz. Los británicos dieron una lección de pluscuamperfecto shoegaze, con arrebatos de post-punk y siempre un toque oscuro. Se nota que han tenido que ver con tipos como Chris Cunningham o el Portishead Geoff Barrow. No se les entiende bien, la voz se convierte en un instrumento más que sumar al muro de sonido, apenas se les ve, pero poca falta hacen estas cosas cuando uno encadena temas del calibre de “Chasing Shadows”, “So Now You Know”, “I See You”, “In And Out Of Sight” o los casi diez minutos a los que se fue “Sea Within A Sea”. Hipnótico y subyugante show que sin embargo gran parte del público recibió con cierta frialdad. Supieron emocionar sin recurrir a la estridencia de la que después tirarían sus paisanos Maxïmo Park.

Paul Smith (Maxïmo Park), en su salsa

Paul Smith no dejó de brincar y pasó la mayoría de su tiempo subido a los monitores, voceando con un altavoz y contoneándose, con cierta gracia, eso sí. De todas formas, también tienen grandes píldoras pop que engancharon al público: “Give, Get, Take”, “Lydia”, “Drinking Martinis”, “Girls Who Play Guitars”, “Where We’re Going”… Su set fue el más numeroso, pasaron seguro de la quincena de temas y a pesar de que Paul Smith presumiera de que a esas horas solían estar siempre acostados, renegando de su condición de rock & roll stars, si hubiera que dar ese título a alguien la noche del viernes en Contempopranea Badajoz, sería suyo.

Iván Ferreiro: ¿El nuevo Julio Iglesias?

Bueno, de ellos, o de Iván Ferreiro, que a pesar de tocar casi a las cuatro de la mañana, tuvo tanto o más público que cualquiera de los anteriores. No se resintió el auditorio por las horas, ni tampoco el setlist del que fuera líder de Los Piratas. Maqueado como un lord, se plantó en el escenario y presumió de estampa, de banda y de repertorio. Con maneras de Frank Sinatra empezó este antiguo rockero, a ratos nuevo Julio Iglesias, que fue entregando una tras otra las piezas que su público le pedía: “Turnedo”, “Abrázame”, “El Bosson de Higgs”… Nada más y nada menos.

Mañana, la segunda jornada. En Bythefest.

Texto: Santiago Cotes

Fotos: Rafa Marchena

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V DE VALARÉS BYTHEFEST

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