101 Sun Festival

CRÓNICA 101 SUN FESTIVAL: SÁBADO

Segundas partes nunca fueron buenas, sirva de muestra “El imperio contraataca” o “Terminator II”. Cariacontecida y mohína se presentaba la segunda jornada del 101 Sun Festival ante el peso del determinismo histórico. Sin embargo poco duró la tristeza y los dolores de barriga en casa del pobre. Cual Bez monesco se disfruta de la puesta en escena de We Are Standard que, a que negarlo, juega con la nostalgia musical de New Order (“Bring me back home”), de los Stones Roses (“Love me”) o de los Happy Mondays (“Something bigger”). Final de fiesta feliz con confeti y divertida despedida de Deu Txakartegi al más puro estilo Julio Iglesias.

 

We Are Standard

 

Lourdes Hernández ha madurado. Su proyecto Russian Red ha pasado de la desnudez de sus primeras entregas, que le proporcionaron un amplio número de fans y recelos críticos ante tantos parabienes, a una banda que arropa, mima y esponja un sonido que se ha sofisticado en “Agent Cooper”. Otro cambio que ha sufrido la artista madrileña es el de su voz, que ha ganado en matices. Su última entrega muestra acordes y desacuerdos, no obstante el concierto se hace acogedor gracias a esa voz etérea y envolvente que, por momentos, tiende al Nueva York de Luna con preciosas guitarras, aunque en el concierto sufrió un percance (se le rompió una clavija del ampli) que la cantante superó con destreza y valentía.

 

Expectación ante Russian Red

 

Toundra están adscritos a un género, el post rock, que goza de tantos adeptos como críticos. Aunque pertenezca al grupo de adeptos que prefiere la electricidad a los desarrollos sinfónicos, uno no puede evitar la sensación de pensar que los conciertos de estos grupos responden a una puesta en escena implantada por Mogwai que todos siguen a pies juntillas. Los madrileños suenan compactos, con algún deje metalero que se agradece, y si no llega a sonar la campana, terminamos perdiendo el combate por KO.

 

Toundra

 

¿Me gusta el disco de Temples? No. ¿El rock psicodélico? No en su variante lisérgica, más en la línea del John Lennon de “Shelter song” o en la vertiente de T.Rex (“Keep in the dark”). ¿Tienen pericia instrumental y público? Sí. No obstante, en previsión de mis prejuicios y las posibles reacciones en mi cuerpo, tracé un plan para sobrevivir mental o físicamente al divagar pastoral. En caso de que mi mente dijese basta, tararear “White riot”; en caso de que mi cuerpo se abotargase como el de Doug Quaid al exponerse a la atmósfera marciana, una dosis de cianuro. Venga, sé humilde, abre tu mente, ponte una camisa floreada con chorreras… No obstante…

 

Temples

 

El mundo de Amaral ha girado en torno a la inadaptación individual, pletórica o el malestar colectivo. Las secuelas de la crisis han acentuado la carga política de su discurso, obvia y precisa en “Ratonera”, si bien, ya estaba presente con anterioridad, y mejor resuelta musicalmente, en “Revolución/Héroes” con la que cerraron el concierto. Después llegaría un bis fallido y anticlimático, en el que interpretaron una canción nueva. De hecho, las diversas novedades pasaron desapercibidas entre su público, mucho más dispuesto a corear y disfrutar sus grandes éxitos. La banda, rodada y ejemplar, repasa un cancionero en el que figura lo mejor de su discografía: “Sin tí no soy nada”, “Moriría por vos”… Causa desazón ver al público distendido coreando canciones sobre yonkis o sobre un suicida alcohólico con tanta ligereza, el rock glam de estribillo tan Rosendo que es “No sé qué hacer con mi vida”, su personal “Hand in Glove” (“Van como locos”) o ese glorioso punteo que hubiese firmado Will Sergeant en mi favorita, “Hoy es el principio del final”.

 

Amaral

 

Un grupo que tiene a una mujer a los tambores no puede ser malo. Un grupo que tiene a Leah Shapiro a los tambores es tu ruina. Porque distraído con posibles escenas de pescadores de gambas en “True Detective”, de ajustes de cuentas en el Bada Bing, de un club entarimado de “Treme” donde unas botas de piel de caimán levantan el polvo al son de toda la negritud que sus compañeros interpretan, la dulce Leah toca la batería como quien remacha los clavos de tu ataúd. Mientras agonizas con las baladas ponzoñosas, con los ritmos narcóticos, con el groove final que te está sirviendo Black Rebel Motorcycle Club. He visto a los mejores músicos del festival. Quienes me subyugaron y retorcieron. Quienes tocaron ritmos obscenos. Quienes parecían salidos del averno.

 

Black Rebel Motorcycle Club

 

El Rey Julien ha nacido. Larga vida al Rey. Porque la puesta en escena estéticamente descacharrante de Crystal Fighters, con esos ropajes que parecen diseñados por una marca en la que todos los modelos son iguales aunque su nombre comercial sea lo contrario, tiene como eje central a Sebastian Pringle transmutado en un autoproclamado rey lémur de cola anillada. Zumbón, y por momentos zumbado y bailón: “Yo quiero marcha, marcha. ¿Tú quieres? ¡Marcha!”, parecía decir y responder el extasiado e histriónico público. Concierto festivo salpicado de todas sus gemas, cada persona que fuese a Londres se debiera hacer un viral imitando el vídeo de la canción, con dos exuberantes coristas como sustitutas de Maurice y Mort y un guitarrista exhibicionista. Podemos decir que hemos estado en el centro del hype y lo hemos disfrutado como niños comiendo helado una noche de verano.

 

Crystal Fighters

 

Terminó la primera edición del 101 Sun Festival con notable éxito artístico y de público. El año que viene, más y mejor.

 

Javier Pérez

Foto: Rafa Marchena

Suzanne Vega

UN FIN DE SEMANA EN PIRINEOS SUR

Quienes llevan años acudiendo (el festival cumple veintitrés en 2014) ya lo saben, pero asistir por primera vez a Pirineos Sur impacta. El paisaje se impone de manera abrumadora, y la majestuosidad de las montañas (muchas de ellas, aún con nieve) avisa al visitante del carácter excepcional de un evento que evita la condición acumulativa de los carteles estivales desplegando su programación a lo largo de dos semanas. Una ventaja que se convierte en inconveniente cuando no se puede invertir el tiempo que requiere una selección de artistas de interés más que notable.

El espacio donde se desarrollan los principales conciertos de Pirineos Sur redunda en la singularidad del festival: Un escenario flotante en el embalse natural de Lanuza, frente a un anfiteatro que permite disfrutar de la música en excelentes condiciones, incluso cuando la climatología no acompaña (durante el fin de semana, las temperaturas bajaron hasta los nueve grados). La espectacularidad del escenario, no obstante, conlleva también su penitencia, ya que impide la cercanía del público, que se sitúa ante un foso (literal) de agua que distancia al artista de la gente. Mal menor, en todo caso, o al menos eso parece pensar una audiencia muy heterogénea y mayoritariamente adulta, que planta cara al frío sin pensárselo dos veces.

 

Carmen París

 

El viernes, día 11, la zaragozana Carmen París daba el pistoletazo de salida a la edición de este año con la ventaja de jugar en casa. Primero apareció su numerosa banda, compuesta en un alto porcentaje por músicos cubanos, para interpretar una introducción instrumental inspirada en la zarzuela “Gigantes y cabezudos”, y de inmediato la cantante salió a escena para ofrecer su particular relectura posmoderna de la jota aragonesa. Empresa complicada, en la que lleva años trabajando, y que se salda con resultados desiguales. Porque no es fácil barnizar el género con elementos de jazz o son cubano (los vientos tuvieron especial protagonismo), pero mucho menos aún compaginar en una misma canción la jota, el chotis y la ranchera. Y, además, cantando en inglés. Así, las cosas, su concierto resultó curioso (no es habitual escuchar temas como “The Cry of a Nightingale”), pero también disperso en su intento de abordar casi cualquier estilo existente (blues, góspel, ragtime). La cantante, encantada de conocerse, estuvo parlanchina (quizá demasiado) y ofreció un largo bis en el que cantó “Brindis” y aprovechó para presentar a los músicos.

 

Imelda May

 

El plato fuerte de la jornada, no obstante, llegaría de la mano de Imelda May, que presentaba nuevo disco, “Tribal”. Arropada por una estupenda banda de veteranos del rock and roll, en la que destaca el guitarrista Darrel Higham (que además es su marido), la irlandesa logró caldear el gélido ambiente con un repertorio que es dinamita pura, y en el que destacaron temas como “Wild Woman” o la irresistible “It’s Good to Be Alive”, durante la que jugueteó con el público. Enfundada en un ajustado vestido de leopardo, demostró una clase escénica descomunal, desterrando el peligro de caer en la caricatura retro que tiene todo repertorio de inspiración vintage, para demostrar que el rockabilly y sus géneros afines mantiene la vigencia si se interpretan con convicción y talento. La obligatoria “Johnny’s Got a Boom Boom” cerró un show que tuvo prolongación en un bis en el que destacó una intimista versión de “Dreaming” (Blondie) con el único acompañamiento de un ukelele. Sensacional.

 

Las Hermanas Caronni

 

El sábado por la tarde comenzaron los conciertos gratuitos en el escenario situado en la hermosa localidad de Sallent de Gállego. Allí, Las Hermanas Caronni ofrecieron un repertorio folclórico en el que caben tanto “Los ejes de mi carreta” (Atahualpa Yupanqui) como chacareras, milongas y hasta algún tango. Chelo y clarinete son los instrumentos en los que sustentan una revisión de algunos géneros tradicionales que amenizó una zona del festival donde también se podían visitar un par de exposiciones y se hallaban los diferentes mercadillos (alimentación, ropa, etc).

 

Melissa Laveaux

 

La noche de la segunda jornada contaba con otras dos presencias femeninas de alto nivel (este año, el festival está íntegramente dedicado a las mujeres). Abrió fuego Melissa Laveaux, canadiense de ascendencia haitiana que se presentó con banda y se expresó en castellano con bastante corrección. A mitad de camino entre Tracy Chapman, David Byrne y Ani DiFranco, cultiva un sonido estándar con leve aliño folk, soul o funk, que se arrima a los ochenta en temas como “Pretty Girl” o “You Don’t Even Know My Name”. El mejor momento de su show tuvo lugar hacia la mitad del concierto, cuando se quedó sola en el escenario e interpretó una convincente versión de “Hallelujah” (Leonard Cohen), envite nada sencillo teniendo en cuenta las voces que previamente se han atrevido con ella.

 

Suzanne Vega

 

La estrella de la noche era Suzanne Vega, y respondió a lo que le exigía el guión. Sabe que su último disco, “Tales from the Realm of the Queen of Pentacles”, es uno de sus mejores trabajos, y aunque comienza recordando “Fat Man & Dancing Girl”, pronto introduce en el set temas recientes como “Fool’s Complaint”, “Crack in the Wall” o “I Never Wear White”. Le acompañan el guitarrista Gerry Leonard (también productor del álbum) y un versátil batería y percusionista, con quienes también mira al pasado rescatando temas como “Left of Center” o “The Queen and the Soldier”. Elegante y sobria, dejó para el final las exitosas “Luka” y “Tom’s Diner”, pero aún regresó al escenario por aclamación popular para tocar “In Liverpool” y “99.9ºF”. Un concierto con el que se reivindicó y que supo conducir sin que se produjeran altibajos.

El festival seguirá hasta el 27 de julio, y tanto el lugar donde se celebra como el cartel que propone (ecléctico, alejado de dogmas) bien merecen una visita. No lo dudéis: Pirineos Sur os está esperando.

 

Eduardo Guillot

Fotos: Liberto Peiró

Band of Horses

CRÓNICA CRUÏLLA BARCELONA: VIERNES

En el Parc del Fórum se inauguró ayer una nueva edición del festival de mestizaje Cruïlla, una propuesta arriesgada para un público ecléctico, que acudió allí desafiando la ola de calor que prometía la tarde. Se concentra en él un tipo de espectador más nacional que guiri y más familiar que exclusivamente joven. Es de agradecer que se haya rediseñado el espacio para la comodidad, albergando cinco escenarios mucho más próximos de lo que estamos acostumbrados los asistentes del Primavera Sound. ¡No más caminatas eternas! También la duración estipulada de los conciertos, de entre una hora y cuarto y una hora y media, da más oportunidades a los artistas de explayarse en los setlists, sin marcar la diferencia entre los cabezas de cartel y las bandas más minoritarias, dando igualdad de tiempo para todos.

 

Otro éxito de público

 

Inauguró la primera parte de la jornada la banda Santos, liderada por Santos Berrocal y Florenci Ferrer, conocidos productores del estudio barcelonés Blind Records, que aparecieron en escena acompañados por cuatro músicos, dispuestos a dar espectáculo con gafas de sol y camisas floreadas. Mientras iban desengranando sus canciones, tanto nuevas como de su disco “Homenajes”, Santos, pandereta en mano, se iba descamisando y despeinando, llegando al final del concierto contento y hecho un cristo. Para ser una de las actuaciones inaugurales, la carpa del Periódico de Catalunya estaba llena de seguidores y curiosos, entre los que se encontraban también niños completamente absortos en la puesta en escena.

 

Santos

 

Paralelamente, el equipo de graffiteros de Graffic Impact empezaba a plasmar las caras de los músicos en algunos de los muros del festival y los demás asistentes se distribuían entre las secciones de lounge, los stands de las organizaciones sin ánimo de lucro y un parque infantil plagado de adultos. A destacar que se nos permitió cargar el móvil con energía solar en uno de los stands. Todo muy en la línea de la propuesta pro-cultural que abandera el Cruïlla.

 

Angus & Julia Stone

 

Minutos antes de las siete de la tarde, ya se aglomeraba en torno al escenario Deezer una pequeña multitud a la espera de los australianos Angus & Julia Stone. Gente comiendo en las gradas (horario inglés) para no perderse detalle de esta carismática banda de indie folk. Sin duda, la que más brillo en escena fue ella: Vestida con minifalda, calcetines altos y zapatos dorados, supo camelarnos hablando en español y tocando algunas versiones míticas, entre ellas “Girls Just Wanna Have Fun” (Cindy Lauper) y el tema central de la película “Grease”. A pocos metros y en el mismo timing, la Orchestra Fireluche se recreaba en el pequeño escenario del Estrella Lounge, un oasis con tumbonas y hierba sintética en medio del Fórum. Una vez más, la proximidad entre espectáculos nos permitió no perder detalle de ambos.

 

Damon Albarn

 

Estaba por llegar uno de los picos cumbres de la jornada. Damon Albarn empezó en el escenario Estrella, acompañado por una banda que lucía sombreros canadienses al estilo Pharrell, el más peculiar de todos, el bajista, vestido con traje chaqueta azul, corbata roja y pantalón corto, que se regaló con un par de bailes que hicieron sombra al mismo Albarn. El británico se estrenó con canciones de su álbum en solitario “Everyday Robots”, incluida la homónima. Pero los que estuvimos atentos a su paso por el SOS 4.8 de Murcia sabíamos que no todo el concierto iba a estar dedicado al último tramo de su carrera. Tocó “Kingdom of Doom” (de su proyecto paralelo The Good The Bad & The Queen), “Clint Eastwood” (Gorillaz), y varias versiones de Blur para terminar: “Out of Time” solo al piano y “All Your Life” con banda otra vez, antes de una emotiva “Heavy Seas of Love”. Recibió la visita de un espectacular coro de góspel y la incursión de un seguidor argentino, que cantó junto a él una de sus melodías más latinas. Albarn es un músico de bandera, y a pesar de que terminó bañado en sudor y sin quitarse la chupa de cuero, estuvo entregado en todo momento, regalando tres bises y dándose sus correspondientes baños de masas. Seguidor de las causas justas, no desmereció en el directo masivo con su combo de soul pop y trip hop, y supo hacer notar más que nunca sus influencias africanas. ¡Bravo por él!

 

Nueva Vulcano

 

Paralelamente, Nueva Vulcano, uno de los grandes nacionales, estuvieron presentando canciones nuevas (algunas que ya pudimos escuchar en su directo en el Festival Primera Persona), acompañados por Marc Clos a los teclados y segundas percusiones. A pesar de que la carpa estaba a reventar y la voz sufría un ligero acople, ofrecieron el concierto más enérgicos de la jornada, asistidos por sus hinchas usuales. Para compensar la presentación de su futuro trabajo, regalaron a sus habituales un bis con “El día de mañana”, y los que no pudieron desgañitarse con las nuevas canciones, terminaron aquí por quedarse afónicos.

 

Band of Horses

 

Entrada la noche, el espacio pareció alienarse para el emotivo directo de Band of Horses. Los de Seattle subieron a escena mientras la luna llena coronaba el cielo e iluminaba el mar y a todo el oleaje de gente que se concentraba extasiada en su directo. A los seguidores no parecieron afectarles las críticas a su último trabajo “Acoustic at The Ryman”, que ha sido tachado de sensiblón. Pero a pesar de la buena acogida, la banda de Ben Bridwell ofreció un concierto lineal, más al estilo del sonido americano de Bruce Springsteen que de la psicodelia ácida de Neil Young. Las pullas no desalentaron a la avalancha de seguidores que vibraron en masa cuando cerraron con la conocida “The Funeral”. Y Bridwell lo agradeció con un “este ha sido uno de los mejores conciertos que hemos hecho nunca.” Habrá que darle un voto de confianza.

 

Tinariwen

 

Tras la pausa de rigor, llegó una de las actuaciones más esperadas del cartel. Pasan pocos minutos de medianoche y los músicos y guerrilleros tuareg Tinariwen colman el escenario TimeOut vestidos con espectaculares túnicas y turbantes. Es impresionante ver a artistas con este atuendo tan poco habitual de los conciertos indies, que llevaron con nobleza y sobriedad. Presentaron su último trabajo, “Emmaar”, grabado en Estados Unidos. Son personajes valientes, pero también muy empáticos, y supieron llevarse al público de calle con su blues psicodélico en la línea de Jimi Hendrix, y sorprendentemente parecido a The Velvet Underground. Iniciáticos, cadenciosos y muy sonrientes, incitaban a dar palmas a cada minuto e instruían al público en una coreografía tribal a la que nos lanzamos con ganas. Experiencia irrepetible que vivieron unos pocos, ya que el record de asistencia se lo llevaron Calle 13, que actuaban paralelamente.

 

Calle 13

 

René Pérez, aka Residente, acompañado por una banda de guitarras, bombo, trompeta y set completo de batería, se exhibió con el torso desnudo y el pecho palomo a lo largo de la hora y media que duró su concierto. La muchedumbre bailaba de pie tanto en el centro como en las gradas, y tarareaba con gusto. Nos dedico “Tu No Puedes Comprar El Sol” y “Ojos Color Sol”, antes de cerrar con la archiconocida “Atrévete Te Te”. Un directo que movió masas, una fiesta de rap mestizo, cumbia y otros ritmos calientes. Muy bailable, pero cojeó en la puesta en escena, si se compara con los Violadores del Verso, que empezaron justo cuando terminaron los puertorriqueños.

 

Violadores del Verso

 

Doble V, que hace nada celebraron su decimoquinto aniversario, no se mostraron para nada desmejorados. Mucho más agudos y más certeros, ofrecieron un directo apabullante de agresividad rap, con visuales que evocaron el ejercito comunista y la guerra nuclear. Lírico sobresalió entre sus compañeros por su facilidad vocal y ofreció un discurso a favor del apoyo mutuo entre las troupes de raperos, breakers, patinadores y graffiteros. Menos criticar y más darse la mano, “no nos creamos el hype” apuntó en uno de sus primeros speechs. Ilustradas palabras de una banda que ha sabido mantenerse en pie de guerra más de una década y que continúan honestos. Un cierre perfecto para un festival que justo acaba de empezar. La noche del sábado promete más y mejor.

Fotos: Xavi Mercadé

 

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EL LOW FESTIVAL COMPLETA SU CARTEL

El Low Festival de Benidorm cierra definitivamente su cartel con los suecos The Royal Concept (en la foto), Steve Smyth, The Milkyway Express, Maronda, Cowboy Lovers, Emergency Ponchos, Sra. Robinson, el showcase de Stereo Djs y los ganadores del certamen Budweiser_emerge 2014, los valencianos Lyann. Todos ellos pasarán por los diversos escenarios de la Ciudad Deportiva Guillermo Amor entre el 25 y el 27 de julio. Además, la Red Bull Music Academy cierra su programación de Djs en el escenario flotante de la VIP POOL con Ewan Pearson, Gerd Janson, bRUNA, Kigo, Clip! y Viktor Flores.

The Royal Concept coronan esta nueva tanda de confirmaciones con su mezcla de soul-pop con toques electrónicos. Tras la publicación en 2012 de un EP homónimo se marcaron una gira americana abriendo para The Wombats y  su sencillo “Goldrushed” fue incluida en la banda sonora de “FIFA 13″. El australiano Steve Smyth es un cantautor de brumosa vida itinerante que publicará nuevo trabajo este año, grabado con Joey Waronker en la batería (Atoms For Peace, Thom Yorke, Beck) y Gus Seyffert en el bajo (The Black Keys , Norah Jones). The Milkyway Express mezclan southern rock y blues lisérgico, mientras que Maronda se decantan por el pop de inspiración sesentera.

 

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THE NATIONAL Y THE DIVINE COMEDY, AL BIME

Se está poniendo interesante el cartel de BIME Live, el ambicioso festival (conciertos en vivo y mercado profesional) que se celebrará en Bilbao, del 29 de octubre al 1 de noviembre. Cuando todavía estábamos saboreando la confirmación de Mogwai, llegan nuevos grupos que aún hacen más apetecible la cita. El más importante, The National (en la foto), que se colocan como cabezas de cartel del festival. La banda de Cincinnati publicó el año pasado “Trouble Will Find Me”, y se ha convertido en un nombre de referencia dentro de la escena rock internacional gracias a la seriedad de su propuesta sonora y al carisma de su líder, Matt Berninger.

 

Además de The National, y los ya conocidos Placebo, Mando Diao o Basement Jaxx, hay que sumar al cartel a The Divine Comedy, el exquisito proyecto de chamber pop liderado por Neil Hannon, y a la irlandesa Imelda May, que parece haberle cogido el gusto a nuestro país. Las altas internacionales se cierran con The Orwells, joven quinteto de Illinois con dos álbumes en su haber y un sonido que combina garage, punk, indie y rock and roll.

 

Fuel Fandango, La Maravillosa Orquesta Del Alcohol, Smile, The Weapons y Kometa completan el listado de confirmaciones de ámbito estatal.

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CRUÏLLA BARCELONA: MANUAL DE USO

Los nombres de algunos festivales definen a la perfección su filosofía e intenciones. Cruïlla es una palabra catalana que significa cruce o encrucijada, y eso es precisamente lo que ha propuesto desde sus inicios un proyecto que se ha ido consolidando con el paso de los años y que pretende ser algo más que una sucesión de actuaciones musicales para convertirse en un encuentro de culturas, que dio sus primeros pasos gracias a las asociaciones de inmigrantes, las organizaciones de vecinos y diversas entidades gubernamentales y no gubernamentales. Una propuesta multicultural que, a día de hoy, se ha convertido en un festival al uso, uniendo en su cartel propuestas de origen anglosajón con sonidos mestizos que miran hacia diferentes latitudes del planeta. Este año se celebrará entre el 11 y el 13 de julio, en el Parc del Fórum de Barcelona. La quiniela de Bythefest apuesta por cinco artistas diarios.

 

 

VIERNES 11

Sin lugar a dudas, la presencia de Damon Albarn es uno de los grandes alicientes de la primera jornada del Cruïlla. Será la segunda vez que interprete en España las canciones de su primer disco en solitario, el notable “Everyday Robots”. Antes lo hizo en el SOS 4.8 de Murcia, donde nuestro compañero Jam Albarracín tuvo oportunidad de comprobar que el británico va en serio: “Albarn rompió las hostilidades con ‘Lonely press play’ y desde ese mismo momento quedó clara la enorme calidad de su trabajo. Elegante hasta el extremo, con la voz en un estado óptimo y desgranando con intensidad sus letanías de tempo medio entre el pop y el trip-hop. La guitarra de Seye, los teclados de Mike Smith, la batería de caja muy comprimida de Pauli the PSM y, sobre todo, el bajo obeso de Jeff Wootton, generando una suerte de círculo del que resultaba inútil intentar escapar, flanquearon a un gran Albarn, debidamente trajeado a la inglesa. El exlíder de Blur alternó piezas de su disco de estreno -’Hollow ponds’, ‘Photographs (You are taking now)’, ‘Heavy seas of love’-, con otras de Gorillaz -’Tomorrow comes today’, ‘Kids with guns’-, de The Good, The Bad & The Queen -’Kingdom of doom’- y hasta del repertorio menos evidente de los propios Blur -’All your life’, ‘Out of time’ y la despedida con ‘Tender’-. La grandeza de Damon Albarn se hace incuestionable”.

 

 

El otro gran nombre internacional del día es el de Calle 13, que presentarán su último trabajo, “MultiViral”, justo en un momento en que en España se debate sobre el compromiso de los artistas pop y su implicación política y social. Como los cuatro anteriores, el quinto álbum de Calle 13 contiene tal despliegue de estímulos sonoros e ideológicos que convierte en caricatura a los indignados de fin de semana. Más allá de las colaboraciones que exhibe (de Julian Assange a Silvio Rodríguez, pasando por Tom Morello o Eduardo Galeano), “MultiViral” es un manual de combate y supervivencia en un mundo hostil, que Residente y Visitante conocen de primera mano, no por verlo en los telediarios. Quizá por eso su discurso resulta tan convincente. Y es que si el dúo puertorriqueño continúa en vanguardia de las músicas urbanas (esa denominación que incluye hip hop, reggaeton, rock, cumbia) es porque su propuesta sonora sigue creciendo en todas direcciones con una voracidad inagotable. El fabuloso tema que titula el LP o ‘Gato que avanza, perro que ladra’ demuestran que quienes les desprecian relegándolos al cajón del reggaeton renuncian a una de las propuestas más sugestivas de la música contemporánea.

 

 

Nobleza obliga, hay que destacar también la presencia de Band of Horses en el Cruïlla, aunque la banda americana atraviesa un momento delicado. Tras publicar dos estupendos discos (“Everything All The Time” y “Cease to Begin”), cambiaron la formación, ficharon por un gran sello y comenzaron a mostrar síntomas de desgaste en “Infinite Arms” (2010), que se confirmaron en el flojo “Mirage rock” (2012). Este año han presentado “Acoustic at The Ryman”, un directo acústico grabado en un templo del country que confunde intimismo con sensiblería y resucita los olvidados unpluggeds para recordar lo innecesarios que fueron. Habrá que estar atentos a su concierto, en el que no faltarán grandes canciones de su primera época, para confirmar si hay que darles por perdidos o todavía tienen cosas interesantes que decir.

 

 

Con el blues tuareg de Tinariwen, sin embargo, no hay dudas. La inestabilidad política en Mali (los músicos se cuentan entre los blancos de las milicias islamistas) obligó al grupo a emigrar para grabar “Emmaar”, su sexto disco, aunque el paisaje del desierto californiano de Joshua Tree no debió resultarles del todo extraño. Allí viajaron para trabajar nuevamente con el productor Patrick Votan en un álbum que se ha beneficiado de algunas colaboraciones especiales: Matt Sweeney (Chavez), Josh Klinghoffer (Red Hot Chili Peppers), Fats Kaplin y el poeta Saul Williams. Todos se han dejado seducir por el sonido de la banda, sin caer en las frivolidades de otros special guests anglosajones en discos de grupos africanos. Más allá del lugar donde se haya grabado, “Emmaar” está concebido como un reflejo de la vida tuareg en el Sahara, y captura en toda su belleza la cualidad orgánica que atesora el sonido de la banda, basado en los diálogos entre las guitarras, las diversas voces, la percusión y unas texturas que esta vez aparecen ligeramente más pulidas que en otras ocasiones, sin que por ello el grupo haya hecho concesión alguna. Algo imposible cuando la práctica músical adquiere categoría de compromiso ético.

 

 

En cuanto a Vetusta Morla, aún está reciente la conversación que mantuvimos con los madrileños a propósito de la publicación de “La deriva”, un esperado tercer álbum que se anunció urgente en el sonido y comprometido en los textos, marcados por la crisis actual, pero que en esencia se mantiene fiel a su trabajos precedentes. El disco llegó tras el “Concierto benéfico por el Conservatorio Narciso Yepes de Lorca”, que grabaron con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (para recaudar fondos destinados a la reconstrucción del centro), y de “Los ríos de Alice”, un álbum instrumental concebido como banda sonora para un videojuego. Tras una primera parte de gira en que la banda ha actuado en salas, afrontan un segundo tramo de festivales que, no hace falta ser adivino, les reportará un éxito igual o mayor que el cosechado hasta ahora.

 

Son cinco propuestas, pero hay más, y van desde el posthardcore de los felizmente recuperados Nueva Vulcano hasta el folk-blues australiano de los hermanos Angus & Julia Stone, pasando por Violadores del Verso, históricos del hip hop español, o el mestizaje de Txarango y Bongo Botrako.

 

SÁBADO 12

Recién llegada de Pirineos Sur, donde actúa el viernes 11, Imelda May aterrizará en Barcelona para desplegar nuevamente su show de sabor vintage. La dublinesa practica una mezcla de surf, blues y rockabilly que deslumbró desde su debut, “No Turning Back”, grabado en 2005 con el nombre de Imelda Clabby. “Love Tattoo” (2008) fue el disco que la consagró definitivamente y la convirtió en una diva retro, a mitad de camino entre la estética pin-up y la chulería rockanrolera. En Pirineos Sur presenta su excelente cuarto trabajo, aparecido en abril y titulado “Tribal”. Sabe arañar, sabe seducir (esa maravilla que es “It’s Good To Be Alive”) y te puede arrastrar al fondo de un pantano (“Wicked Way”) sin que te des cuenta.

 

 

Y si la nostalgia es uno de los ingredientes de la fórmula sonora de Imelda May, se convierte en el auténtico motor que impulsa la presencia en el Cruïlla de los británicos The Selecter, surgidos durante la ola de revivalismo ska promovida por el sello Two Tone (con The Specials a la cabeza) a finales de los años setenta. Liderados por la vocalista Pauline Black, debutaron en 1980 con “Too Much Pressure”, un refrescante disco de inspiración jamaicana que incluía hits incontestables como el que daba título al álbum, “On my radio” o “James Bond”. Para su segundo trabajo, “Celebrate the Bullet” cambiaron de sello, y las tensiones internas les llevarían a separarse poco después. No obstante, con el paso de los años han protagonizado diversos regresos (en 2013 publicaron el disco “String Theory”), que siempre han colmado las expectativas de sus seguidores.

 

 

La ración de baile despendolado correrá a cargo de Macklemore & Ryan Lewis, en su primera y única fecha en España. Reconocidos con cuatro premios Grammy (entre ellos, mejor disco de rap y mejor grupo debutante), despliegan una fanfarria hip hop festiva e imaginativa. Macklemore (de nombre real, Ben Haggerty) ya había grabado un EP en su Seattle natal en el año 2000, pero ha sido a partir de su unión con el disc jockey y productor Ryan Lewis, en 2010, cuando la pareja se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas. “The Heist”, el disco que publicaron hace dos años, es un auténtico monumento pop (en su acepción de popular) en el que combinan a Bowie con Kanye West y a Basquiat con Keith Haring. Atención a su espectáculo.

 

 

También prometen juerga Emir Kusturica & The No Smoking Orchestra. El director de cine serbio y su extravagante banda de rock balcánico se lo pasa tan bien sobre el escenario que es imposible no contagiarse de su locura. No graban desde 2007 (año en que editaron “The Wish”), pero en su caso es un factor secundario ante la arrolladora fuerza que imprimen a su música, que ellos mismos llaman “unza unza”, una mezcla de punk, funk, ritmos gitanos, jazz y otros estilos que les emparenta con Gogol Bordello y otras troupes de saltimbanquis musicales.

 

 

Jack Johnson es la calma después de la tempestad, el folk rock suave y de ascendencia acústica, en su caso conectado con la cultura surf. El año pasado publicó “From Here To Now To You”, su sexto álbum, en el que volvió a colaborar su buen amigo Ben Harper y que se situó directamente en el número 1 de las listas de ventas americanas, quizá porque su propuesta sonora cada vez se está impregnando un poco más de esencias pop. Todavía pasto de selectas minorías en España, puede convertirse en una de las más gratas sorpresas de la jornada.

 

 

Como en el caso del viernes, no hay que olvidarse de la letra pequeña, especialmente porque contiene propuestas estatales de gran valor, como la de Maria Rodés, que acaba de grabar una interesante aproximación a la copla. Además, la locura polirítmica de Za! o el turborock de los valencianos Betunizer, entre otras bandas de interés.

 

DOMINGO 13

La tercera jornada del Cruïlla está enfocada al público familiar y tiene algo de regalo para los espectadores de Barcelona. Mientras aquellos que hayan viajado a la ciudad desde otros puntos de España aprovecharán el domingo para regresar a sus lugares de origen, los nativos aún podrán apurar la sed de conciertos con las actuaciones de Blaumut (una de las últimas revelaciones del pop catalán) y, sobre todo, de Zaz, la nueva abanderada de la canción francesa, que ofrecerá su primera actuación en España. Isabelle Geffroy, verdadero nombre de la artista, se maneja con igual soltura en terrenos jazz, rock, blues o latinos, y goza de una posición de privilegio en la escena de su país desde que debutó en 2010 con un álbum homónimo que la llevó de gira por todo el mundo. Su segundo álbum, “Recto Verso”, apareció en 2013, y sus canciones serán la columna vertebral del espectáculo que pondrá el broche final a un festival que sigue creciendo de manera sostenible.

 

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CRÓNICA VIDA FESTIVAL

Y pasó el Vida Festival. Presentado como el heredero natural del Faraday, su emplazamiento en la Masia de Can Cabanyes ha terminado por darle al festival empaque propio, alejando la nostalgia de los que considerábamos al festival del Molí del Far como algo más que dos días de música, abriéndonos a una nueva etapa en la que el contexto y el entorno terminaron por tener casi la misma importancia que la programación musical en sí. Y eso es mucho si nos referimos a un cartel en el que nombres como M. Ward o Yo La Tengo han puesto el listón muy alto de cara a próximas ediciones.

En ese campo, la presentación en sociedad del festival y su puesta de largo como acontecimiento musical, el resultado fue de aprobado con nota. Nota alta en realidad. No es fácil implantar un sello propio en tan solo una edición, y el Vida lo ha logrado a la primera, alternando la comodidad del espacio con la propuesta artística. Esta se vio reforzada el segundo día con la sensible mejoría en la asistencia, que borró las sensaciones agridulces del relativo pinchazo de la primera jornada en términos de asistencia. Cuidadosos con los detalles, los responsables del Vida han logrado tejer un marco encantador, quedando la tarea pendiente de fidelizar al público durante todo el festival, más allá de la presencia icónica de una figura como Lana del Rey. Cosas del destino, al heredero del Faraday, el festival que dijo adiós tras tocar techo en términos de popularidad, le costó arrancar en su primera jornada, pinchando en lo único que no dependía de ellos, las cifras de asistencia. La competitividad de los precios y la enjundia del cartel hacían vaticinar un tránsito mayor que el conseguido, especialmente en el primer día.

 

Un entorno ideal

 

Y eso que, Lana del Rey al margen, la programación se desplegó excelente a lo largo de todo el line-up, sobre todo en lo referente a los distintos nombres internacionales que coronaban cada una de las dos jornadas principales del Vida, con M. Ward y Rufus Wainwright en la complicada jornada inaugural –las 5.000 personas que se acercaron al precioso emplazamiento concebido por la organización no lograron completar el aforo- y la más concurrida del sábado, en la que Lana del Rey arrastró masas, por más que Yo La Tengo se queden con el premio simbólico del mejor concierto del festival.

La llegada al Vida impacta. El bosque encantado en el que se emplaza, caminos iluminados en plena naturaleza, contribuye a ello y te hace olvidar la vida marina que se respiraba en el Faraday, festival presente en la mente de muchos camino a Vilanova antes de empezar. Como en un cuento de hadas, todo ocurrió en un bosque fantástico ya desde primera hora de la primera jornada, cuando Alberto Montero, Pau Vallvé y Joan Colomo arrancaron el festival ante una audiencia aún reducida, incrementada con la llegada de Sr. Chinarro, capitán de barco aquí en un escenario minúsculo, una barcaza que lanza un guiño a esa Vilanova marítima ya aludida, con el que completó el primer tramo del festival.

Para muchos, todo empezó con M. Ward. Suya fue la atención mediática en el escenario Estrella Damm, brindando un concierto en el que regaló su versión más rock, aparcando el folk de toque más country con el que ha hecho carrera en solitario. Aguerrido y eléctrico, nos dejó sin “For beginners”, aunque convenció con una puesta en escena más directa que la mostrada en su último paso por Barcelona, cuando se enroló en el cartel del Primavera Sound un par de años atrás presentando su faceta más folkie. Donde allí hubo folk, aquí brilló su versión más rock.

 

M. Ward (Foto: Martina Matencio)

 

Una de las grandes preocupaciones de la organización del Vida ha sido presentarse ante el mundo como un festival en el que prima el bienestar, en un entorno diferente, cuidadoso incluso con la configuración de una parrilla concebida para evitar las solapaciones en su cartel. Ello nos permitió enlazar M. Ward con Timber Timbre caminando tan solo unos pocos metros, en el que fue un buen concierto de los canadienses –no faltó “Black Water”- justo antes del otro gran pico emocional de la jornada, protagonizado por un Rufus Wainwright al que se le esperaba con ganas. Y no falló, pese a llegar fatigado por el vuelo que le trajo al Vida.

Recién aterrizado, Wainwright cumplió en el que fue el concierto con más tirón de la jornada. Se presentó con un formato intimista, y una acústica de órdago, en el que brilló, claro, la infalible “Hallelujah”, abriendo de paso el tramo final del día con Cheatahs. La fluidez de la programación se benefició tanto del tino de la organización a la hora de programar de manera continuada el final de un concierto con el inicio de otro como de la proximidad de los escenarios principales.

 

Rufus Wainwright (Foto: Ray Molinari)

 

Los británicos ofrecieron un set pulido, un contraste de sensaciones reforzado por su combinación de shoegaze y rock con el que supieron convencer a la audiencia, dejando de paso la sensación de que la clase media del festival ha cumplido con creces.

Más o menos a la misma hora que Cheatahs, el Bosc Encantat volvió a llenarse de música con El Último Vecino. A Gerard Alegre se le ha podido ver este año en casi todos los festivales del circuito catalán, lo que no quitó que mucha gente se decantase por él en la primera solapación de la jornada. El responsable de “Un sueño terrible” correspondió con un set vibrante en el que todo, la luz de la luna, la calidez del bosque y, por qué no decirlo, el buen momento por el que pasa la banda, sumó para hacer de la suya una propuesta redonda

A Mishima les tocó protagonizar el último gran concierto de la jornada, con el reto de contener a una audiencia menor de la esperada. Lo lograron aprovechando el dulce momento que atraviesan, en feeling permanente con su público, el mismo que ha asumido como propio hacer de cada presentación de Mishima un karaoke global, fiesta colectiva vertebrada en torno a los himnos marca de la casa que apuntalan el buen momento de Carabén y compañía.

Resuelta la primera jornada con sensaciones muy gratas en lo referente a lo organizativo, el run run camino a la Masía vaticinaba ya desde primera hora una mejor respuesta del público para la segunda. Que el efecto Lana del Rey se iba a notar se percibía ya en las coronas de flores que exhibían sus seguidoras desde primera hora de la tarde en varias localizaciones de Vilanova.

 

Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró (Foto: Ray Molinari)

 

Antes, claro, pasaron cosas. Los conciertos matinales y la cálida presencia de Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró en El Vaixell –su concierto agrupó a espectadores de todas las edades– sirvieron para caldear un ambiente que fue definitivamente a más con Yo La Tengo, protagonistas de hecho de una de las actuaciones más jaleadas de la noche. Los de Hoboken se marcaron un repertorio que alternó temas icónicos –”Sugarcube”– con algunos de los presentados en su último disco, en un concierto de contrastes en el que pasamos del noise de sus pasajes más aguerridos a la calma de “I’ll be around”, en un concierto que gustó a los incondicionales, mezclados con los seguidores más fieles de Lana, que se apilaron en las primeras filas a un par de horas largas del inicio del festival. Hubo espacio para la magia –cuesta mucho no vibrar con “Little Honda”– y para la emoción, la misma que exhala “Ohm”, instalada ya en el panteón de los admiradores del trío, tan sólidos como eficientes.

Todo cuanto rodeó el concierto de Yo La Tengo serviría por sí solo para aprobar con nota al Vida, al que aún le quedaba mucho recorrido para entonces. A Hidrogenesse le tocó lidiar con los gajes de la programación. Encuadrado entre los dos grandes conciertos de la noche, el dúo barcelonés tiró de oficio para amenizar la espera de la gran protagonista del festival, la que más expectativas generó y la que más gente atrajo. Un público ganado de antemano, que trató con veneración a la autora de “Blue Jeans”, cuya entrada fue recibida con gritos casi de pánico, que enmarcaron su arranque con “Cola”.

 

Yo La Tengo (Foto: Ray Molinari)

 

La puesta en escena de Lana del Rey se refuerza con una banda curtida en mil batallas, que defiende un set por el que destilan temas como “Body Electric” o “West Coast”, antesala todos ellos de un “Born to Die” con el que alcanza el primer clímax de la noche. Interpretado su gran hit, el tema llamado a definirla en lo sucesivo, Lana se bajó del escenario y se acercó a sus seguidores para fotografiarse con ellos y darse un baño de masas que, siendo honestos, se hizo algo largo para los que acudimos al concierto ajenos a ese contexto casi religioso, que no eclipsa ni su sólida puesta en escena ni la buena defensa que hizo de su último álbum, un “Ultraviolence” cuyo directo no desmerece el disco, desmintiendo a quienes la acusan de padecer un directo discreto.

De vuelta al escenario, temas como “Ultraviolence” o “Carmen” sirvieron para retomar el pulso de un set que se guardó para la recta final dos de sus mejores bazas. Tanto la sentida “Video Games” como “National Anthem” pusieron la guinda a un concierto que acabó con ofrenda incluida, un ritual litúrgico que coronó a Lana del Rey como la reina de esta primera edición del Vida por aclamación popular. La de sus fans.

Cumplido el gran pico emocional del festival, Katie Stelmanis y The Parrots se repartieron a la audiencia que decidió posponer la cena, alargando el festival más allá de sus nombres más capitales. La primera nos regaló un repertorio synth-pop animado y contagioso, en una sincronía con el público similar a la conseguida por The Parrots en el Bosc Encantat. El surfeo de los madrileños cuajó para enfilar una recta final en la que Pional y los portugueses Paus regalaron contrastes a modo de despedida.

 

La afluencia de público aumentó el sábado (Foto: Ray Molinari)

 

Superado con nota el examen organizativo, al Vida Festival le queda ahora la tarea de dar contenido a su legado, más allá del precioso (y preciosista) marco en el que ha edificado sus pilares y de su decidida apuesta por buscar la exclusividad en el line-up, sin renunciar por ello a la competitividad de los precios y al trato cercano. Acostumbrados como estamos a las masificaciones, se agradece disfrutar de nombres de semejante músculo en las condiciones como las aquí brindadas, tanto en los aspectos más relacionados con la música –los escenarios grandes disfrutan de buena acústica y los pequeños rezuman encanto– como los que envuelven al festival, tanto en la zona de los comedores como en las habilitadas para el descanso.

El reto a partir de ahora será seguir puliendo los detalles hasta engrasar la máquina y acabar de definir el perfil del cartel en lo sucesivo, algo para lo que se antoja vital completar el aforo, único lunar de un festival que parece haber hallado el espacio y fijado las intenciones para desarrollar algo especial. Con rodaje, raro sería que no funcione.

Rubén Izquierdo

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PIRINEOS SUR: MANUAL DE USO

El próximo 11 de julio comienza una nueva edición de Pirineos Sur. El XXIII Festival Internacional de las Culturas volverá a transformar varias localizaciones naturales en uno de los mejores escenarios al servicio de la diversidad y variedad cultural de la música. Serán dieciséis noches de travesía musical que llevarán al público hasta cuatro continentes de la mano de más de medio centenar de artistas.

Pirineos Sur no es un festival al uso. Ni en lo que se refiere a su desarrollo, que se prolonga durante dos intensas semanas, ni en lo que respecta a las instalaciones, ya que en su caso está más que justificado recurrir al tópico del “marco incomparable”: El Valle de Tena, en el Pirineo aragonés, y el embalse de Lanuza, son espacios paradisíacos en los que la música se disfruta a otro nivel.

Además, Pirineos Sur organiza su programación en torno a un tema concreto. En 2014, el lema escogido es el de “Femenino Plural”. Luis Calvo, director del festival, explica el concepto: “Todas las músicas que escucharemos en esta edición están compuestas e interpretadas por mujeres. En la selección ha primado la calidad artística y no otras consideraciones. Las artistas programadas abarcan todo tipo de géneros y subgéneros: pop, raíz, fusión, jazz, rock, tradicional, cumbia, electrónica, canción, afrobeat, blues, flamenco, hip hop… Nada que ver con estereotipos al uso que encasillan a la mujer como cantante de baladas insustanciales o como corista”.

 

El espectacular Auditorio Natural de Lanuza (Foto: Paco Manzano)

 

Los conciertos se reparten entre el Sallent de Gállego (de carácter gratuito) y el Auditorio Natural de Lanuza, y la programación abunda en cantidad y calidad. Esta es la selección Bythefest:

 

IMELDA MAY

11 de julio. Auditorio Natural de Lanuza

Natural de Dublín, practica una mezcla de surf, blues y rockabilly que deslumbró desde su debut, “No Turning Back”, grabado en 2005 con el nombre de Imelda Clabby. “Love Tattoo” (2008) fue el disco que la consagró definitivamente y la convirtió en una diva retro, a mitad de camino entre la estética pin-up y la chulería rockanrolera. En Pirineos Sur presenta su excelente cuarto trabajo, aparecido en abril y titulado “Tribal”. Sabe arañar, sabe seducir (esa maravilla que es “It’s Good To Be Alive”) y te puede arrastrar al fondo de un pantano (“Wicked Way”) sin que te des cuenta.

 

 

SUZANNE VEGA

12 de julio. Auditorio Natural de Lanuza

¿Quien no conoce “Luka”? La californiana tocó el cielo con una canción inolvidable, pero antes de hacerse famosa se había pateado los clubes folk del Village neoyorquino. La fama no le hizo dormirse en los laureles, y siguió grabando temas de éxito como “Tom’s Diner”. Lenta, pero segura, solo ha publicado ocho álbumes de estudio en más de veinte años de carrera, de ahí que nunca bajen del notable. El último, aparecido este mismo año, es “Tales From The Realm of the Queen of Pentacles”, y vuelve a desmostrarlo.

 

 

CUCA ROSETA

16 de julio. Escenario Sallent de Gállego

Cantante portuguesa descubierta por Carlos Zel, que le aconsejó estudiar en profundidad el fado. Lo hizo, y el famoso productor Gustavo Santaolalla se fijó en ella. Su álbum debut, de título homónimo, le sirvió como carta de presentación, y “Raíz”, el segundo, puso de manifiesto que respeta la tradición, pero quiere ir más lejos. Una gran voz.

 

 

ESTER RADA

13 de julio. Escenario Sallent de Gállego

Una israelí de origen etíope que combina ethio-jazz, funk, soul y rhythm & blues con sonoridades negras. Está terminando su álbum debut, después de publicar el EP “Life Happens”, producido por Kuti (Kutiman/Thru-You) y Sabbo (Soulico). Su popularidad va en aumento, y recientemente estuvo actuando en el Festival de Glastonbury. También ha compartido escenario con Alicia Keys en Israel, frente a 8.500 personas.

 

 

SOOM T

14 de julio. Escenario Sallent de Gállego

Es una artista hindú nacida y educada en Escocia, que juega con el reggae, el hip hop, el folk o el dub y ha colaborado con The Orb, T. Raumschmiere, King Creosote, Miss Kittin, Mungos Hifi, Bus o Asian Dub Foundation. Sus proyectos más recientes incluyen grabaciones con Mungos Hifi, Scotch Bonnet y Burns Unit, que popularizaron su canción “Send Them Kids to War”.

 

 

SUSHEELA RAMAN

17 de julio. Escenario Sallent de Gállego

Susheela Raman nació en Londres en 1973, y es hija de emigrantes indios tamil. Irrumpió con “Salt Rain” (2001), que fue nominado al Mercury Prize. En 2007 grabó su cuarto disco, “33 1/3″, donde revisitaba clásicos de Can, Velvet Underground o Jimi Hendrix, y en 2011 editó “Vel”, un trabajo que documenta el viaje de una europea que se adentra en el sur de la India, en el corazón de la música tamil. Su nuevo álbum de estudio, “Queen Between”, contiene colaboraciones de músicos del Rajastán y Pakistán.

 

 

GATO PRETO

22 de julio. Escenario Sallent de Gállego

Gato Preto es un proyecto musical formado por la rapera Gata Misteriosa (Mozambique/Portugal) y el DJ y productor Lee Bass (Ghana/Alemania). Ambos tienen raíces africanas y su música está muy influenciada por una amplia paleta de estilos musicales del continente negro, combinando elementos del kuduro, moombahton, breakbeat y funk. Después de lanzar varios singles y el EP “Era De Gato Preto”, se preparan para presentar su primer disco de larga duración, en el que participan artistas como Angola MC Diamondog, el rapero MC Zulú o Frances B’Crazy (Suiza).

 

 

WUNMI

25 de julio. Auditorio Natural de Lanuza

Nació en Londres, pero a los cuatro años se trasladó a Lagos (Nigeria), donde pasó su infancia y por primera vez se sintió inspirada por la música. Nombra a Fela Kuti, Roy Ayers, James Brown Kate Bush y Sade como sus principales influencias, y se dio a conocer bailando en el vídeo “Keep on Moving”, de Soul II Soul. Después se fue a Nueva York en busca de una carrera internacional que ya es una realidad. Algunos la llaman la Madonna africana; otros, la Fela Kuti femenina. Pero ella tiene personalidad propia.

 

 

ZEBDA

26 de julio. Auditorio Natural de Lanuza

Tras siete años de separación, la legendaria banda de Toulouse se ha reunido de nuevo para grabar un nuevo disco, “Second Tour”. Lo suyo es el activismo entendido como celebración, con la mirada puesta siempre en el ritmo. Afilados y comprometidos, creadores de un estilo único, en el que destilan pop, reggae, ska, rap, rock e incluso chanson, han regresado a primera línea con toda la fuerza y energía, para alegría de sus muchos seguidores. Zebda integra el soul del New York de los 70 y el sonido “Shaft” en unos nuevos temas que auguran un directo de alto nivel.

 

 

NOCHE CASA ÁFRICA

15 de julio. Escenario Sallent de Gállego

Una jornada dedicada a descubrir nuevas propuestas de la escena africana, que en esta ocasión reúne a los tanzanos Jagwa Music y a los ghaneses Oy. Jagwa Music encarnan la evolución del estilo mchiriku, un sonido basado en la percusión que nació hace veinte años en los barrios pobres de la ciudad de Dar es Salaam. Son músicos callejeros, sin apenas más medios que un teclado Casio e instrumentos de fabricación propia. Por su parte, Oy es un dúo radicado en Berlín compuesto por Joy Frempong, una ghanesa-suiza, y por Lleluja-ha, batería y productor. Combinan electrónica y baterías en vivo con loops pertenecientes a grabaciones realizadas en Malí, Burkina Faso, Ghana y Sudáfrica. Recientemente firmaron con el prestigioso sello Crammed Discs.

 

 

DÍAS DE SUR

Con Días de Sur, el festival pretende hacer accesible la cultura a todo el mundo con un programa gratuito que incluye circo, títeres, danza, talleres, exposiciones, cine, pasacalles, acciones solidarias, mercados del mundo y, por supuesto, conciertos, que se celebran por la tarde en el escenario Sallent de Gállego. Entre ellos, destacamos:

 

LAS HERMANAS CARONNI (12 de julio)

Las argentinas Laura y Gianna Caronni publicaron su primer álbum en 2011. Titulado “Baguala de la Siesta”, fue descrito como “el descubrimiento de la temporada” por Didier Varrod, en France Inter. “Vuela”, editado en 2013, está concebido como un homenaje a los compositores que les han inspirado, particularmente el cantante francés Georges Brassens, Lhasa, la familia Carabajal, Rimsky-Korsakov y Ravel.

 

 

THE MAGNOLIA SISTERS (24 de julio)

The Magnolia Sisters es una banda de mujeres que cultiva los estilos musicales del sudeste de Louisiana: cajun, creole, dancehall favorites y porch ballads. Todas ellas son multiinstrumentistas y cambian de un instrumento a otro durante sus conciertos. Un encuentro musical con ellas es una divertida y enriquecedora experiencia, a través del significado de las canciones tradicionales, los sonidos del acordeón, los violines y el banjo, las melodías criollas y las piezas de baile. Su álbum “Stripped Down” fue nominado al Grammy en 2010.

 

 

PASCUALA ILABACA Y FAUNA (26 de julio)

Pascuala Ilabaca es una de las máximas exponentes de la prolífica nueva escena de cantautores chilenos jóvenes. Su música es de raíz tradicional, pero tiene la habilidad de incorporar matices propios del jazz, el pop y el rock e influencias recogidas a lo largo de su vida, en lugares como la India o México. Debutó con “Pascuala canta a Violeta” (2008), y en 2010 publicó dos discos: “Perfume o Veneno” (grabado con su proyecto paralelo, Samadi) y “Diablo rojo, Diablo verde”, junto a su grupo, Fauna, y más centrado en sonidos como la cumbia, el trote o la cueca, aunque no renuncia a añadir ingredientes más actuales, como el drum’n’bass. “Busco Paraíso” (2012) es su último álbum.

 

 

Además, el cartel también incluye conciertos de Amaral, la siempre explosiva Mala Rodríguez, Buika, Marinah (excantante de Ojos de Brujo), la incombustible Martirio, Soleá Morente y Los Evangelistas, Melisa Laveaux, la mexicana Alejandra Robles y otras interesantes artistas de todos los rincones del mundo. Un programa amplio y variado que obliga a viajar hacia el Norte. ¿Te animas?