Paolo Nutini

CRÓNICA FIB 2014: DOMINGO

El FIB 2014 es historia. Según las cifras oficiales, facilitadas por la organización del festival, una media de treinta mil espectadores ha acudido diariamente al recinto de conciertos de Benicàssim, donde el jueves y el domingo dio la sensación de haber menos gente que el viernes y el sábado. En cuanto a la procedencia del público, un 55% ha sido de nacionalidad británica o irlandesa, un 40% españoles y el residual 5% restante, de otros países. La edición de 2015, que se celebrará del 16 al 19 de julio, mantendrá la filosofía de este año, aunque se anunciaron cambios sutiles sin especificar, destinados a la captación de nuevos públicos.

 

Jessica Sweetman

 

Toda esta información fue facilitada a los medios la mañana del domingo. Por la tarde, a las 18 h., los australianos Blank Realm se subían al escenario Trident para abrir la última jornada del festival a base de canciones con personalidad y de adscripción indie, aunque con detalles de guitarras pop que podían evocar a los Go-Betweens, el grupo de referencia en el género cuando se trata de las antípodas. Tras ellos, el FIB Club acogía a Jessica Sweetman, cantautora sin guitarra que a las primeras de cambio se descolgó con una poco afortunada versión de “Glory Box” (Portishead). No se puede decir que destaque entre la abundante nómina de songwriters femeninas que puebla la escena internacional, y se movió en unas coordenadas estándar que la sitúan más cerca de Sheryl Crow que de Suzanne Vega.

 

Drenge

 

La tarde se iba desperezando y el público seguía siendo escaso, incluso en un escenario Maravillas que entró en juego a las 20 h., con el show de Drenge, un joven dúo de guitarra (y voz) y batería que parece vivir dentro de “Bleach”, el primer disco de Nirvana. Sonido grunge según los preceptos del género que, en todo caso, ejecutan con energía y convicción. Tanta, que parecen llegados directamente desde 1991. Y, por muchas ganas que le pongan, el retraso es de casi veinticinco años.

 

The Presidents of the USA

 

Del Seattle imaginario en que habitan Drenge pasamos al real con The Presidents of the USA, que proceden de la ciudad y decidieron jugar sobre seguro, rompiendo el hielo con una versión de “Kick Out The Jams” (MC5). Después llegarían hits como “Kitty” o “Lump”, un homenaje a Mark Sandman (el malogrado líder de Morphine) o su conocida relectura de “Video Killed the Radio Star” (Buggles). Divertidos, sacando el máximo partido a un bajo de dos cuerdas y una guitarra de tres, ofrecieron la ración de rock cazurrete y saltarín que nunca falta en un festival, y que sin acabar nunca entre lo más destacado del día, proporciona un agradable soplo de aire fresco.

 

Kodaline

 

Como en anteriores jornadas, el nivel del relleno del cartel que ameniza la espera hasta la llegada de los primeros espadas fue tremendamente irregular. Si el sábado los Manic Street Preachers protagonizaron el momento galés de este año, el domingo fueron Kodaline quienes enarbolaron el orgullo irlandés. Su inofensivo folk-pop, con eventuales derivaciones épicas a base de crescendos vocales, se cimenta en la guitarra acústica de su líder, Stephen Garrigan, que guió al público en “All I Want”, cierre con aire de himno que recordó a Coldplay.

 

Nina Nesbitt

 

El discreto debut de Nina Nesbitt en España tampoco pasará a la historia. Es otra cantautora acompañada de banda que combina sensibilidad acústica y eléctrica en canciones sobre vivencias personales relacionadas con trastornos sentimentales (“Peroxide”), que pueden interesar a un sector de público en un abanico de edades muy concreto, pero tienen por delante mucho camino que recorrer si pretenden dejar alguna huella en el futuro. En otras coordenadas sonoras (rock de corte urbano con alguna pincelada de blues) se mueve Hozier, aunque comparte con la Nesbitt la incapacidad para trascender. En ambos casos, su concierto se olvidaba a los pocos minutos de haber finalizado.

 

Travis

 

Con la comparecencia de Travis se iniciaba la sucesión de nombres de relevancia del día. Y lo cierto es que la banda escocesa despachó un concierto de sonido impecable y repertorio digno (“My eyes”, “Flowers in the window”), pero también dio la sensación de que no acabarían nunca. Sosos en grado superlativo, con cierto matiz mesiánico, se abonaron a la guitarra de doce cuerdas de su líder, el barbudo Fran Healy, para sacar adelante una actuación que nos hizo pensar que, sin ser ni mucho menos un grupo de referencia, atravesaron momentos mejores en el pasado.

 

M.I.A.

 

Menos mal que la jornada se arreglaría por fin con M.I.A., que ofreció un show total, cuarenta y cinco minutos non stop que supieron a muy poco (resulta injustificable que su pase fuera tan corto) y en los que arengó al público, se paseó por el foso y se mezcló con las primeras filas, se contoneó al lado de sus dos bailarines y, sobre todo, disparó material de gran calibre con la ayuda de su DJ, en un formato típico del hip hop, aunque en su repertorio abunde la mezcla de géneros. Los visuales subrayaban el carácter reivindicativo de muchas de sus letras, mientras temas como “Bring the Noize” o “Boyz” se iban sucediendo sin pausa, enlazados unos con otros, sin dar tregua a la audiencia. La corta duración del show impidió escuchar bombazos imprescindibles como “Jimmy” o “Born free”, pero así y todo la británica de origen tamil no tuvo dificultades para coronarse como reina del FIB 2014, gracias también a un final en el que brillaron las celebradas “Paper Planes” y “Bad Girls”. Brutal.

 

The Charlatans

 

Aún bajo los efectos de su actuación, nos plantamos en el escenario Trident para vivir una regresión al FIB de otros tiempos, aquel en que la escena inglesa se enseñoreaba del cartel sin necesidad de recurrir a vulgares productos de consumo rápido. Era pues el turno de Charlatans, que volvían a Benicàssim tras actuar en la primera edición y en la del décimo aniversario, y que optaron por lo más eficaz en estos casos: Tocar los hits. “Can’t get out of bed”, “The only one I know”, “Weirdo” o “North Country Boy” fueron cayendo una tras otra mientras Tim Burgess oteaba satisfecho a los miles de personas que bailaban al son de sus canciones, siempre con un pie en el sonido Madchester y otro en la herencia de los Rolling Stones. ¿Previsible? Por supuesto. ¿Poco arriesgado? Sin duda. ¿Eficaz? Absolutamente. Como en el caso de los Manic Street Preachers en la jornada del sábado, el suyo fue un concierto que hubiera pasado desapercibido enmarcado en otro cartel, pero la falta de propuestas musicales de auténtica relevancia que ha padecido el FIB este año termina por situarles entre los destacados.

 

Paolo Nutini

 

Prueba de esa escasez de argumentos musicales de peso en el escenario principal fue el concierto de Paolo Nutini, un guapo vocalista que practica blue eyed soul poniendo en el asador toda la carne de que dispone: Una voz que rompe cuando es necesario, una banda competente en la que no faltan coristas y sección de metal, unas interpretaciones de gran intensidad emocional… Y, sin embargo, no pasa de ser un sosias de Rod Stewart para adolescentes con las hormonas en ebullición. Un artista prácticamente ignoto en España, que visitó de nuevo Benicàssim para complacer al público británico (como muchos otros de los presentes en el cartel).

 

Fin de fiesta

 

Electrónica de after y disc jockeys de diverso pelaje esperaban a quienes desearan apurar las horas que le quedaban a un festival que tiene por delante el reto de enderezar un rumbo que comenzó a variar con la llegada de Vince Power, y que sigue más pendiente del turismo inglés low cost que de su propia historia. En cada una de sus apariciones públicas, Melvin Benn ha subrayado su intención de volver a hacer del FIB algo grande. Este año llegó con el tiempo justo y arrastrando problemas heredados, pero en 2015 tendrá que concretar con hechos sus buenos propósitos. Parece que la coincidencia de fechas con el Latitude Festival (Suffolk), que también dirige, permitirá traer a nuestro país a muchos de los artistas que pasen por allí, pero que en la rueda de prensa de balance del festival asegurara que los cabezas de cartel son la guinda del pastel, una frase que prioriza el carácter vivencial y de experiencia vacacional del festival por encima de su contenido musical, no invita a la tranquilidad. Sobre todo, porque la clase media exhibida en el cartel de este año tampoco permite que se dispare el optimismo. Dentro de un año, la solución.

Fotos: Liberto Peiró

The Libertines

CRÓNICA FIB 2014: SÁBADO

No hay dos sin tres. El FIB sigue su curso tal como empezó: Combinando artistas destinados a satisfacer al joven público británico con nombres de peso que entroncan con los veinte años de historia del festival. No obstante, a primera hora de la tarde los protagonistas siguen siendo los grupos españoles emergentes. El sábado, por ejemplo, le tocó abrir fuego a Skizophonic, formación de Benicàssim que se presentó de negro riguroso y tiró la casa por la ventana incorporando para ocasión tan señalada a tres coristas. Pop con la mirada puesta en la tradición británica clásica revitalizada en los noventa, ejecutado con solvencia y algún apunte original (el trombón).

 

Maronda

 

También de la tierra, aunque de Valencia, Maronda inauguraron el escenario principal a pleno sol, circunstancia poco habitual pero que enlaza con la luminosidad de sus melodías pop de raigambre sesentera y vocación contemporánea. El grupo liderado por Pablo Maronda, que cuenta entre sus filas con Marc Greenwood (La Habitación Roja), Alfonso Luna (Tachenko) y Paco Beneyto (Midnight Shots) solventó el envite con notable.

 

Telegram (Foto: Javier Rosa)

 

Entre ambos, en el escenario FIB Club, Hominidae descargaron un repertorio crudo, en el que las guitarras acaparan el protagonismo ante la ausencia de bajo, y que contiene ingredientes como el garage y el post-punk. A pesar de que el proyecto de los madrileños está en proceso de desarrollo, su pase resultó bastante más atractivo que el de Telegram, una banda con excelente imagen (pantalones de pitillo, ropa a la moda) pero pocas canciones a las que hincar el diente. Sonaron apagados, y en general parecieron más aptos para protagonizar anuncios en revistas de moda que para mantener una carrera musical de interés.

 

Triángulo de Amor Bizarro (Foto: Javier Rosa)

 

Alto y claro: Triángulo de Amor Bizarro es una de las mejores cosas que le han pasado a la música española en los últimos años. Y sí, se están sobreexponiendo en exceso y pueden acabar pagándolo, pero incluso a las ocho de la tarde, ante unos cuantos cientos de espectadores, son capaces de poner a pleno rendimiento su turbina de distorsión y mala leche eléctrica para dar un nuevo puñetazo en la mesa. Canciones como “El himno de la bala” o “El fantasma de la transición” siguen siendo cañonazos infalibles.

En el otro extremo, Jero Romero apuesta por la sutileza y el sonido limpio, casi aséptico. Bien conjuntado con su banda, ofreció una ración de soft rock netamente americano que como ejercicio de estilo admite pocos reproches, pero no es capaz de despertar pasiones. La indiscutible corrección de su pulcra actuación no resultó demasiado estimulante.

 

Katy B

 

El primer plato fuerte de la jornada, al menos a priori, llegaba con Katy B (que no es pariente de Mel B, aunque nombre e imagen pudieran llevar a equívoco), que salió al escenario acompañada de cuatro bailarinas con aspiraciones de cheerleaders y una banda (básicamente, laptops y teclados) en la que destacaba el contundente batería. A las chicas del público no les costó identificarse con una cantante que se acerca al R&B o el neosoul, pero a la que le vendría muy grande el calificativo de diva, sobre todo por las ramplonas derivaciones dance de su repertorio. En el show, de estética eurovisiva, tampoco faltó la balada sensiblera con acompañamiento de piano, y la sensación general fue la de estar contemplando a una aprendiz de Madonna a muchos años luz de su modelo.

 

Lily Allen

 

Lily Allen, en cambio, maneja registros más sugestivos, empezando por una puesta en escena bastante más elaborada y organizada en torno a imágenes de biberones (una posible metáfora sobre el público al que se dirige su espectáculo). Se presentó acompañada de una banda solvente y el obligatorio cuerpo de baile, pero la baza que la diferencia de su predecesora sobre el escenario Maravillas es un repertorio que, sin permitir lanzar las campanas al vuelo, sí que muestra mayor versatilidad, incluyendo, por ejemplo, elementos caribeños (“Smile”). Unido a su carisma personal, fue suficiente para contentar a su legión de fans, aunque la mujer que realmente triunfó el sábado en el FIB lo hizo en un escenario secundario.

 

Cat Power

 

Porque si hay que conjugar la jornada en femenino singular, es obligatorio hacerlo destacando el concierto ofrecido por Cat Power. Desde que pisó las tablas, la otrora imprevisible Chan Marsall dejó claro que estaba dispuesta a ofrecer una actuación para el recuerdo. Abrió con “The greatest”, y pese a los problemas con los monitores, que fueron constantes, supo ganarse al público desde los micrófonos (ya que utilizó dos en diversas ocasiones), dejando en manos de su banda la tarea instrumental. Decisión muy acertada que, a diferencia de cuando se presenta al piano, le permitió desenvolverse a sus anchas por el escenario. Tan cómoda se sintió que hasta se permitió chapurrear en castellano. Una mujer especial que convirtió su actuación en uno de los momentos memorables de una edición en la que no abundan.

 

Manic Street Preachers

 

Por el mismo escenario habían pasado antes unos convincentes Manic Street Preachers, que dieron un concierto sólido en el que repasaron su extensa discografía, desde la inaugural “Motorcycle Emptiness”, hasta un final en el que destacaron la siempre eficaz “You love us” o “If you tolerate this, your children will be next”. A lo largo de su actuación, presentaron temas de su último disco, revisaron “Suicide is painless” (de la película “M.A.S.H.”), recordaron al desaparecido Richey James Edwards (autor de la letra de “Revol”) y despertaron el fervor patriótico de los galeses presentes entre el público con “Design for life”. El sonido, que empezó dubitativo, acabó por afianzarse y contribuyó a que su actuación fuera una de las destacadas de un día que tuvo como cabezas de cartel indiscutibles a The Libertines.

 

The Libertines

 

El telón del fondo, con la imagen de portada de su primer álbum, y la aparición de Carl Barât, con la guerrera roja que hicieron famosa en sus primeras fotos promocionales, no dejaban lugar a dudas: El concierto iba a ser pura nostalgia. Eso sí, los años no pasan en balde y lo que la urgencia y la inmediatez disimulaban hace una década es ahora más difícil de ocultar: The Libertines son una banda de reciclaje sonoro con algunas canciones resultonas y mucha leyenda negra, pero a gran distancia de poder enarbolar la bandera que les sitúe como un grupo de referencia. Lo que no ha cambiado es su atropellado sonido, casi destartalado, que fue ganando en robustez a medida que avanzaba un concierto sin sorpresas, que terminó con el batería Gary Powell al borde del escenario y entonando el “Y viva España” de Manolo Escobar. Por suerte, tal salida de tono fue olvidada rápidamente gracias a un bis que comenzó Pete Doherty en solitario recuperando “What became of the likely lads”, y que coronó luego el grupo al completo con las incontestables “Up the bracket”, “What a waster” y “I get along”. Cumplieron con su papel de estrellas de la jornada más por deméritos ajenos que por méritos propios, pero en el ambiente previo flotaba una posibilidad de estafa que el grupo se encargó de desterrar, dejando un buen sabor de boca de cara a un domingo que dará por cerrado el vigésimo aniversario del FIB. Lo que ocurra, lo contaremos mañana.

Fotos (excepto las indicadas): Liberto Peiró

Paul Weller

CRÓNICA FIB 2014: VIERNES

La segunda jornada en el Festival de Benicàssim tuvo dos protagonistas destacados. Por un lado, Kasabian, cabezas de cartel que respondieron a su condición y arrasaron un recinto en el que se congregó más gente que el jueves, en torno a unas treinta mil personas. Por otro, la lluvia, que hizo acto de presencia en forma de tromba de agua hacia las 22.30 h., sin llegar a trastocar en exceso los planes organizativos (solo afectó al concierto de Automatics, que han sido reubicados el sábado), aunque inutilizó los proyectores y dejó sin imágenes las pantallas de todos los escenarios.

 

La tormenta, protagonista inesperada

 

La tarde se desperezó con un par de bandas españolas que comparten algunas señas de identidad. El trío madrileño Los Claveles destila candor e ingenuidad, y su sonido de vocación amateur recorre el amplio espectro que va de los Modern Lovers al sello K Records, pasando por la nueva ola española, con la que también se emparenta en ocasiones el discurso de Kokoshca, que pese a su nombre (inspirado en el pintor austríaco), no practican el expresionismo, pero ofrecieron apuntes interesantes, aunque estuvieron algo dispersos en el arranque y fueron cogiendo confianza con el paso de los minutos. Flojea la voz femenina, pero es fácil empatizar con la espontaneidad de la banda.

 

Razorlight

 

Los encargados de abrir el escenario principal fueron Razorlight, que no levantaron grandes pasiones. Anclados en tics rock de los setenta (en ocasiones parecían Steppenwolf), con un vocalista que se ha estudiado a conciencia las inflexiones vocales de Bowie y unas canciones (como “Vice”) que siempre dejaban al descubierto su fuente de inspiración, invitaban a comprobar cómo recibiría un FIB mayoritariamente británico a los catalanes Manel. Y lo cierto es que fue el grupo estatal que más público ha congregado hasta el momento. Su folk-pop de tonalidades amables gozó del favor de la audiencia española y demostró su eficacia sin altibajos, pero también sin momentos especialmente climáticos, más allá de canciones como “Boomerang” o “Teresa Rampell”.

 

Manel

 

A diferencia del día anterior, el viernes comenzaron a solaparse los horarios y se hizo necesario tomar decisiones que, por ejemplo, nos impidieron disfrutar en toda su extensión de los interesantes The Parrots, atisbados casi de reojo camino del show de Tom Odell, un joven cantante y pianista que hace lo que puede por ponerse sensible e intenso, pero resulta demasiado convencional. Canciones como “Another love” destilan un romanticismo trasnochado que podría convertirle en el Elton John de su generación (lo cual no es necesariamente un halago), y que a nosotros nos empujaron a cambiar de escenario y buscar el rock directo y sin imposturas de Albert Hammond Jr.

 

Tom Odell

 

El californiano de alma neoyorquina sonó potente y enérgico, y sorprendió a la audiencia (mayoritariamente local) versioneando “Ever fallen in love (with someone)”, de los Buzzcocks. El resto de temas (como “St. Justice”) los extrajo de sus tres discos en solitario, pero tampoco olvidó hacer escala en el repertorio de The Strokes (una contundente lectura de “One way trigger”). Muy solvente.

 

Albert Hammond Jr.

 

Era el turno en el escenario Maravillas de uno de los pesos pesados del día: El legendario Paul Weller regresaba a Benicàssim y lo hizo a lo grande. Con el siempre fiel Steve Craddock a la segunda guitarra y un par de baterías, el veterano músico inglés encaró un concierto en el que derrochó clase a raudales. Como era de esperar, se centró en temas de sus últimas grabaciones, como el rotundo “Wake up the nation”, pero ya en el primer tramo del show dejó caer la magnífica “My ever changing moods”, perteneciente a su época con The Style Council. En la parte central de concierto se enmarañó en unos desarrollos algo espesos, pero volvió por sus fueros en la parte final, donde incluyó un “Start!” con el que reivindicó el legado de los inmortales The Jam. Un concierto de altura durante el cual ya se vislumbraron los primeros rayos de un tormenta que respetó al modfather, pero que estalló en cuanto terminó su pase.

 

Paul Weller

 

Los más perjudicados por la borrasca, aparte de los miles de espectadores que buscaron refugio en las carpas, fueron Of Montreal, que en ese momento estaban actuando en el escenario Trident. No se amilanaron, y tampoco su entusiasta público, que aguantó el chaparrón con actitud ufana y continuó celebrando una colección de canciones espléndidas, impermeables y decididamente escoradas hacia el pop con sabor disco. El suyo fue el triunfo de la clase media, justo antes de que el festival viajara en el tiempo y se plantara durante algunas horas en pleno 1966.

 

Of Montreal

 

El primero que se instaló cómodamente en el pasado fue Jake Bugg. El músico británico volvía al FIB solo un año después de su anterior comparecencia. Y si en 2013 se plantó en el escenario con el único acompañamiento de su guitarra, esta vez lo hizo con toda su banda, con la que recreó un puñado de canciones (sobre todo, las de su disco debut) que evocan sin disimulo alguno el sonido del Bob Dylan convertido a la fe eléctrica. Sin grandes despliegues ni aspavientos de cara a la galería, el joven cantautor jugó bien sus cartas y convenció sobradamente, aunque en su caso da la sensación de que todavía está buscando una voz propia que, sin duda, le permitirá volver en años venideros.

 

Jake Bugg

 

No nos bajamos de la máquina del tiempo para cambiar de escenario y asistir al show de Tame Impala. Proyecciones, sonido y actitud de la banda entroncan con una concepción de la psicodelia que se pretende contemporánea (básicamente, por las conexiones con el resurgir del género responsabilidad de The Flaming Lips), pero que evidencia una innegable tendencia retro. Que una de las canciones que tocaron se titule “Feels like only go backwards” parece toda una declaración de principios, y no es descabellado asociar su sonido con los Pink Floyd más ensimismados. El singular falsete de Kevin Parker y la convicción con que interpretan el repertorio (con temas como “Mind mischief” o “Half full glass of wine”) evita que su actuación se reduzca a un mero ejercicio revisionista del periodo flower power.

 

Tame Impala

 

De vuelta a la explanada principal del recinto, la enorme pantalla rosa al fondo del escenario mostraba una cuenta atrás cuyos últimos diez segundos coreó una masa enfervorecida de público para recibir a Kasabian, que habían ganado antes incluso de aparecer sobre las tablas. Con “48:13” recién publicado y la mayoría de la gente a la espera de su show, los de Leicestershire comenzaron no obstante sin echar el resto, para poco a poco ir aumentado la temperatura hasta terminar logrando el KO por agotamiento del contrincante. Si se tratara de valorar el carisma de su cantante (más bien escaso) o la calidad de sus canciones (muy discutible), habría pie para establecer un debate. Pero si el objetivo era convertir Benicàssim en una fiesta, lo consiguieron con eficacia incuestionable.

 

Kasabian

 

Temas como “Bumblebee” o “Stevie” fueron caldeando a la gente en un progresivo crescendo en el que abundó el dance rock de garrafón, que banaliza las aportaciones de bandas de mayor envergadura como Primal Scream, pero que cumple con su meta de hacer bailar a decenas de miles de personas como si no hubiera mañana. Tras hora y media de show, en el que sonaron hits como “Underdog”, “L. S. F. (Lost Souls Forever)” o “Empire”, el vocalista Tom Meighan se despidió invocando el clásico “All you need is love” (The Beatles) y dejó a la gente preparada para que se distribuyera por las carpas en busca de otros estímulos sonoros que le permitieran prolongar la noche hasta que el cuerpo (y el DJ correspondiente) dijera basta. El nuestro, consciente de que quedan dos jornadas más de festival, optó por una retirada estratégica. Mañana, más.

Foto: Liberto Peiró

Ellie Goulding

CRÓNICA FIB 2014: JUEVES

El FIB celebra en 2014 dos décadas de vida, y su jornada inaugural resumió, quizá involuntariamente, la evolución que ha sufrido el festival en todo ese tiempo. La presencia de James, por ejemplo, podría entenderse como un vestigio de los años de crecimiento y consolidación del proyecto. La veterana formación británica ofreció el mejor concierto del día, combinando temas de su notable último trabajo, “La petite mort”, con clásicos como “Come Home”. Tim Booth sigue siendo un frontman con carisma y personalidad: En el segundo tema ya estaba en el foso, confraternizando con el público de las primeras filas, y no paró de bailar como un epiléptico durante todo el show. Maestros en el arte de contener la épica pop, pasaron de la melancolía bailable de “Curse Curse” a la euforia de su célebre “Sometimes”, rematando una actuación que fue de menos a más, se benefició de las puntuales apariciones de trompeta o violín y dejó claro que no piensan en la jubilación.

 

James

 

Mientras que James encarnan la filosofía que puso en marcha y definió el FIB, el resto del cartel fue paradigmático de la deriva hacia la que se ha dirigido el festival en los últimos tiempos. Volcado en satisfacer la demanda de un público de abrumadora mayoría británica, el escenario principal va siendo ocupado cada vez con mayor frecuencia por una serie de artistas de indudable atractivo para la juventud working class que viaja hasta la costa mediterránea buscando playa y fiesta, pero de interés musical más que dudoso. El caso más evidente es el de Ellie Goulding, estrella masiva en el Reino Unido que cultiva un pop de consumo en el peor sentido del término y que podría haber salido de Factor X o un programa similar. De hecho, parecía una Spice Girl de extrarradio, enfundada en unos shorts y una camiseta de aire poligonero ideales para sus gestos de inspiración gimnástica. Ni su intento de interludio acústico en un tono más intimista redime un show digno de una gala de premios MTV.

 

Ellie Goulding

 

Más o menos como el de Tinie Tempah, rapero de muy bajo perfil que se presentó con Dj Charles y ofreció un set populachero en el que abundó el karaoke, el sonido pregrabado y un hedonismo que se traduce en letras que invitan a la fiesta y el baile, incluida una canción dedicada a Ibiza (“From Miami to Ibiza”). Un vacío que se extiende a su puesta en escena, más efectista que espectacular, y que incluyó ocasionales lenguas de fuego incapaces de esconder la endeblez del discurso sonoro al que acompañaban.

 

Tinie Tempah

 

Cerrando la noche, otra muestra del FIB del presente, y seguramente del futuro: Chase & Status. El inicio del show fue prometedor, e incluyó elementos de ragamuffin, drum’n’bass o jungle, en la línea de Prodigy, pero el grupo (que esta vez sí lo era, ya que contaba con batería y guitarra) se lanzó rápidamente por la senda del house más ramplón, con abundancia de temas cantados en los que los vocalistas hacían acto de presencia virtual a través de la pantalla de vídeo situada al fondo del escenario. Tanto en su actuación como en las de Tempah y Goulding, la respuesta de la gente fue entusiasta, dejando patente el cambio que se ha operado en el público del festival.

 

Chase & Status

 

A mitad de camino entre el FIB del pasado y el actual, unos Klaxons que salieron uniformados de blanco y ofrecieron un repertorio en el que solo hay dos tipos de canciones. Por un lado, melódicos medios tiempos dignos de una boy band. Por otro, temas en que se acercan al maltratado post-punk para vulgarizar su vertiente bailable del mismo modo que los blockbusters de Hollywood han pervertido los hallazgos de las vanguardias cinematográficas. En ambos casos, canciones sin argumentos, que inscriben a la banda en esa tradición cada vez más nutrida de grupos que parecen existir únicamente para actuar en festivales y ante grandes audiencias.

 

Klaxons

 

¿Y dónde encajan los españoles en este panorama? Pues en un segundo escenario ante el que apenas se agrupan un par de cientos de personas (siendo muy optimistas). Una pena, porque pese al calor y la hora (abrieron el festival), los madrileños El Pardo ofrecieron un concierto de art-punk de combate en el que no dejaron títere con cabeza. Sus armas son una sólida mirada crítica (musical e ideológica), unas letras que conectan tanto con el Rock Radical Vasco como con el 15-M y una capacidad asombrosa para traducir en canciones el descontento de un país que ya no aguanta más a su clase política. Completarían un gran programa doble con Triángulo de Amor Bizarro.

 

El Pardo

 

Era lógico que, tras la indómita descarga de El Pardo, las canciones de Mucho supieran a poco, si se nos permite el chiste fácil. Sonaron mejor, pero mostraron menos ideas. Con un cantante de tesitura vocal cercana a Iván Ferreiro y un repertorio anclado en el rock de los setenta (con algún eventual desarrollo psicodélico), podrían competir por ser la banda de apoyo de Leiva. Tremendamente anodinos, y muy poco afortunados en los comentarios entre canciones.

 

Mucho

 

Tampoco convenció el rock progresivo de Persons, liderados por un vocalista demasiado impersonal, que a menudo evoca a The Doors desde los teclados. Solo en el tramo final, cuando mostraron sus filias kraut, lograron levantar el vuelo. En cuanto a Aurora, es la enésima banda granadina según el agotado, cansino, inmovilista y repetitivo canon indie español, mientras que GAF y La Estrella de la Muerte lograron crear seductoras atmósferas a base de rock cósmico y ensimismado, mantras hipnóticos y obsesivos que apenas despertaron el interés de unos pocos espectadores (españoles, se entiende, ya que los ingleses habían acudido en masa a ver a Ellie Goulding).

 

GAF y La Estrella de la Muerte

 

En el mismo escenario, Rafa Cervera demostró durante dos horas un sano eclecticismo y un exquisito buen gusto a la hora de seleccionar los temas de una sesión desengrasante y con cierto sabor nostálgico (abundaron los hits del pasado). Era su primera incursión en la cabina del FIB y dejó claro que pincha tan bien como escribe (como se puede comprobar en byTHEFEST). Y también formando parte de la escuadra española, el madrileño John Gray, que acompañado de percusión electrónica y ritmos pregrabados sirvió una ración de trip-hop con aliño soul que recordó al descafeinado Seal hasta que le dio por versionear “Everybody” (Backstreet Boys).

 

John Gray

 

La primera jornada del vigésimo Festival de Benicàssim deja tras de sí muchas luces, como la más que notoria asistencia de público o el excelente sonido de ambos escenarios, pero también algunas sombras, ya que ha faltado materia prima musical de calidad en el cartel. Por delante, tres días en los que desfilarán por los escenarios nombres de relevancia suficiente como para que la balanza artística se equilibre. Permanezcan atentos.

Fotos: Liberto Peiró

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CRÓNICA CRUÏLLA BARCELONA: SÁBADO

En la segunda jornada del festival, el termino ‘encrucijada’ (cruïlla en catalán) tiene más sentido que nunca cuando se trata de decidir qué concierto elegir. Brillantes propuestas nacionales se solapan con los grandes protagonistas internacionales: ¿Valerie June o Joan Dausà? ¿Jack Johnson o Maria Rodés? ¿Macklemore o Betunizer? ¿Emir Kusturica o Berri Txarrak? ¿Jazzanova o Za!? A pesar de que a los nuestros tenemos más oportunidades de verlos sobre el escenario, siempre es un placer escuchar a Rodés en vivo o ir a los conciertos de Za!, que son de todo menos previsibles. Otro hándicap de este segundo día es el notable incremento de la asistencia, que se ha notado sobre todo en las colas de los servicios y de los puestos de comida. Aún así, las propuestas eran atractivas y valió la pena saltar de escenario en escenario para disfrutar de todo lo que ofrecía la carta. El público también ha regalado momentos estelares, desde una pareja disfrazados de hawaianos –faldas de flecos incluidas– a un cocodrilo, Astérix el galo y unas chicas con moños escultóricos, competencia directa de Marge Simpson. Por lo demás, el resto de los asistentes, iban cómodos y bien preparados para la gincana.

 

Joan Dausà

 

El pistoletazo de salida lo ha dado Joan Dausà, cantautor y compositor de la banda sonora de la película “Barcelona noche de verano”, al que una congregación de fieles vitoreaban con ganas cuando hemos pasado cerca de la carpa de El Periódico de Catalunya. Su música envolvente traspasaba el toldo de plástico y se dispersaba por el ambiente, dando la bienvenida a los primeros visitantes de la tarde. Mientras, en el escenario Time Out, Valerie June empapaba el ambiente de blues del Mississipi, calzada con unas botas que serían la envidia de Nancy Sinatra, y presentando en formato trío canciones de su reciente “Pushin’ Against a Stone”, producido por Dan Auerbach (The Black Keys). Los roadies no perdían pista del concierto desde los laterales del escenario, y los conductores de un yate disfrutaban de la música desde su lugar privilegiado, aparcados en la playa del Fórum.

 

Valerie June

 

Valerie ha terminado puntual para dirigirse al concierto de John Buttler Trio y observarlo a su vez desde un rincón del escenario Deezer. A pesar de que se ha mantenido en un discreto segundo plano, la hemos reconocido por el inconfundible vestido rojo que ha lucido en su directo. Los australianos nos han brindado una sucesión infatigable de solos con todos y cada uno de sus instrumentos. El bajista intercalaba con el eléctrico un espectacular contrabajo totalmente negro. Los dos picos del show se han producido cuando Buttler se ha quedado solo con la acústica, subiendo la intensidad general a base de harmónicos y rasgueos con una guitarra que si no era vieja, estaba muy castigada. También ha conseguido arrancarnos unas risas cuando se ha atrevido con un banjo muy desafinado. Ha parado a media canción espetando: “Este banjo suena de mierda”, y el público a estallado a carcajadas.

 

John Butler

 

Era el respiro antes de empezar con las escalas, de puerto a puerto, para sobrellevar los solapamientos de bandas. Primero el risueño hijo del surf Jack Johnson, que ya contaba con una marabunta de fanáticos esperándole hora antes del concierto. Ha actuado en formato cuarteto, con su guitarra, piano, bajo y batería. Empezó fuerte, tocando tres de sus míticas: “Good People”, “Sitting, Waiting, Wishin” y “Radiate”. Después de esta descarga de hits no nos ha sabido mal escaparnos a echarle un vistazo a Maria Rodés, quién a pesar de que ha tenido algunos problemas de sonido –“¡Qué se me acopla la copla!”, le ha soltado entre risas al técnico– y menos público del que se merecía debido a las complicaciones horarias, ha tocado el repertorio de “Maria canta copla” y otras especiales como “Lejos de Pekín”, explotando todos los formatos: sola, con banda y con invitado especial, Genís Bou al saxo.

 

The Selecter

 

Para no perder fuelle, hemos reanudado la carrera en esta secuencia de conciertos engullidos como si de tapas se tratase. Ratos breves, pero intensos. La siguiente parada eran los británicos The Selecter, vestidos con trajes que eran todo glamour, y liderados por la vocalista Pauline Black, que ha actuado frente a un público hiperactivo. Con un despliegue que incluía flauta travesera, saxo tenor y un saxo barítono que le llegaba por debajo de las rodillas al pequeño músico que cargaba con él. Complejos fuera, han hecho un auténtico show que nos ha hecho desear que más que un revival, su ska vuelva a ser un género de moda. No ha faltado “Danger” y “Too Much Pressure”, esta última parte indispensable de la banda sonora que Kiko Amat eligió para su novela “Rompepistas”.

 

Imelda May

 

Aún a ritmo de ska, seguimos al gentío hacía el concierto de Imelda May, otra dosis del buen glamour añejo a cargo de esta pin-up rockabilly de tupé imposible y voz de diva. Nada afectada por su actuación del día interior en el Festival Pirineos Sur, ha desgranado la mayor parte las piezas que componen “Tribal”, su último trabajo. La audiencia, seducida, cantaba con ella y se impregnaba de un directo con ribetes soul. Ha hecho suyo el escenario, enfundada en un vestido pitón a rayas y deslizándose con total naturalidad sobre unos tacones de aguja.

 

Macklemore

 

Ha sido un día de espectáculos fuertes y puestas en escena grandilocuentes, pero sin duda la más llamativa ha sido la del rapero Macklemore y su compañero Ryan Lewis, que actuaban por primera vez en España y se han atrevido con un show digno del Palau Sant Jordi. La bandera de “The Heist”, su primer álbum como dúo, ondeaba sobre el escenario antes de caer y aparecer una sobrecogedora secuencia de visuales que no ha cesado de impactarnos hasta el final de la actuación. Macklemore ha salido con una camiseta del Barça y se ha desecho en speeches contando lo agradecido que estaba de pisar por primera vez el país. Ha tocado todos los hits, desde “Can’t Hold Us” –que ha contado con la presencia del rapero Wanz y ha repetido para cerrar el espectáculo– a “Thrift Shop”, elegida para abrir el concierto. Para “And We Danced” se ha vestido como en el videoclip, una mezcla de Ziggy Stardust y Steel Panther. También a echado mano del atrezzo para “White Walls” y finalmente ha ondeado una señera en “Irish Celebration”, su reciente sencillo. No han faltado los fuegos artificiales, serpentinas y cañones de humo en los momentos clave. También el acompañamiento ha sido de lujo, con trompeta, violín, chelo y guitarra (más de postín, que por utilidad). Un show en toda regla, al que sólo cabe reprochar el descarado patrocinio de una marca de deportivas que se ha colado durante unos segundos en la pantalla.

 

Emir Kusturica

 

¡Y que la cosa no pare! Otro de los shows más intensos ha llegado justo al terminar Macklemore. El cineasta Emir Kusturica y su No Smoking Orchestra se han montado una boda gitana llena de gags, desde las breves incursiones de la melodía de la Pantera Rosa, que se han repetido entre canción y canción, a un equipo de bailarinas espontáneas que han tomado con éxito el escenario. El público se repartía entre los que bailaban frenéticos twists y los que se atrevían con una sardana acelerada. Todo un derroche de energía, con coreografías en las que participaba todo el arsenal orquestral.

 

Llenazo total

 

Y cuando parecía que iba a llegar el descanso, justo de empalme tocaban Jazzanova y los Za! Por una vez hemos apostado de lleno por la propuesta nacional, ya que se trata de una de las más ruidosas y experimentales que tenemos ahora en escena. El dúo ha estado pletórico interpretando los temas de su “Wanananai” y ha actuado frente a una avalancha de seguidores que parecía que iba a reventar la carpa. Al final del concierto no cabía ni un alfiler, y fuera no quedaban muchas personas dispuestas a continuar con esta delirante sesión del Cruïlla, que nos ha tenido más de ocho horas sin tregua, ofreciendo (y empalmando) propuestas que son todo un derroche de carácter. ¡Suerte que es una vez al año!

 

Fotos: Xavi Mercadé

101 Sun Festival

CRÓNICA 101 SUN FESTIVAL: SÁBADO

Segundas partes nunca fueron buenas, sirva de muestra “El imperio contraataca” o “Terminator II”. Cariacontecida y mohína se presentaba la segunda jornada del 101 Sun Festival ante el peso del determinismo histórico. Sin embargo poco duró la tristeza y los dolores de barriga en casa del pobre. Cual Bez monesco se disfruta de la puesta en escena de We Are Standard que, a que negarlo, juega con la nostalgia musical de New Order (“Bring me back home”), de los Stones Roses (“Love me”) o de los Happy Mondays (“Something bigger”). Final de fiesta feliz con confeti y divertida despedida de Deu Txakartegi al más puro estilo Julio Iglesias.

 

We Are Standard

 

Lourdes Hernández ha madurado. Su proyecto Russian Red ha pasado de la desnudez de sus primeras entregas, que le proporcionaron un amplio número de fans y recelos críticos ante tantos parabienes, a una banda que arropa, mima y esponja un sonido que se ha sofisticado en “Agent Cooper”. Otro cambio que ha sufrido la artista madrileña es el de su voz, que ha ganado en matices. Su última entrega muestra acordes y desacuerdos, no obstante el concierto se hace acogedor gracias a esa voz etérea y envolvente que, por momentos, tiende al Nueva York de Luna con preciosas guitarras, aunque en el concierto sufrió un percance (se le rompió una clavija del ampli) que la cantante superó con destreza y valentía.

 

Expectación ante Russian Red

 

Toundra están adscritos a un género, el post rock, que goza de tantos adeptos como críticos. Aunque pertenezca al grupo de adeptos que prefiere la electricidad a los desarrollos sinfónicos, uno no puede evitar la sensación de pensar que los conciertos de estos grupos responden a una puesta en escena implantada por Mogwai que todos siguen a pies juntillas. Los madrileños suenan compactos, con algún deje metalero que se agradece, y si no llega a sonar la campana, terminamos perdiendo el combate por KO.

 

Toundra

 

¿Me gusta el disco de Temples? No. ¿El rock psicodélico? No en su variante lisérgica, más en la línea del John Lennon de “Shelter song” o en la vertiente de T.Rex (“Keep in the dark”). ¿Tienen pericia instrumental y público? Sí. No obstante, en previsión de mis prejuicios y las posibles reacciones en mi cuerpo, tracé un plan para sobrevivir mental o físicamente al divagar pastoral. En caso de que mi mente dijese basta, tararear “White riot”; en caso de que mi cuerpo se abotargase como el de Doug Quaid al exponerse a la atmósfera marciana, una dosis de cianuro. Venga, sé humilde, abre tu mente, ponte una camisa floreada con chorreras… No obstante…

 

Temples

 

El mundo de Amaral ha girado en torno a la inadaptación individual, pletórica o el malestar colectivo. Las secuelas de la crisis han acentuado la carga política de su discurso, obvia y precisa en “Ratonera”, si bien, ya estaba presente con anterioridad, y mejor resuelta musicalmente, en “Revolución/Héroes” con la que cerraron el concierto. Después llegaría un bis fallido y anticlimático, en el que interpretaron una canción nueva. De hecho, las diversas novedades pasaron desapercibidas entre su público, mucho más dispuesto a corear y disfrutar sus grandes éxitos. La banda, rodada y ejemplar, repasa un cancionero en el que figura lo mejor de su discografía: “Sin tí no soy nada”, “Moriría por vos”… Causa desazón ver al público distendido coreando canciones sobre yonkis o sobre un suicida alcohólico con tanta ligereza, el rock glam de estribillo tan Rosendo que es “No sé qué hacer con mi vida”, su personal “Hand in Glove” (“Van como locos”) o ese glorioso punteo que hubiese firmado Will Sergeant en mi favorita, “Hoy es el principio del final”.

 

Amaral

 

Un grupo que tiene a una mujer a los tambores no puede ser malo. Un grupo que tiene a Leah Shapiro a los tambores es tu ruina. Porque distraído con posibles escenas de pescadores de gambas en “True Detective”, de ajustes de cuentas en el Bada Bing, de un club entarimado de “Treme” donde unas botas de piel de caimán levantan el polvo al son de toda la negritud que sus compañeros interpretan, la dulce Leah toca la batería como quien remacha los clavos de tu ataúd. Mientras agonizas con las baladas ponzoñosas, con los ritmos narcóticos, con el groove final que te está sirviendo Black Rebel Motorcycle Club. He visto a los mejores músicos del festival. Quienes me subyugaron y retorcieron. Quienes tocaron ritmos obscenos. Quienes parecían salidos del averno.

 

Black Rebel Motorcycle Club

 

El Rey Julien ha nacido. Larga vida al Rey. Porque la puesta en escena estéticamente descacharrante de Crystal Fighters, con esos ropajes que parecen diseñados por una marca en la que todos los modelos son iguales aunque su nombre comercial sea lo contrario, tiene como eje central a Sebastian Pringle transmutado en un autoproclamado rey lémur de cola anillada. Zumbón, y por momentos zumbado y bailón: “Yo quiero marcha, marcha. ¿Tú quieres? ¡Marcha!”, parecía decir y responder el extasiado e histriónico público. Concierto festivo salpicado de todas sus gemas, cada persona que fuese a Londres se debiera hacer un viral imitando el vídeo de la canción, con dos exuberantes coristas como sustitutas de Maurice y Mort y un guitarrista exhibicionista. Podemos decir que hemos estado en el centro del hype y lo hemos disfrutado como niños comiendo helado una noche de verano.

 

Crystal Fighters

 

Terminó la primera edición del 101 Sun Festival con notable éxito artístico y de público. El año que viene, más y mejor.

 

Javier Pérez

Foto: Rafa Marchena

Suzanne Vega

UN FIN DE SEMANA EN PIRINEOS SUR

Quienes llevan años acudiendo (el festival cumple veintitrés en 2014) ya lo saben, pero asistir por primera vez a Pirineos Sur impacta. El paisaje se impone de manera abrumadora, y la majestuosidad de las montañas (muchas de ellas, aún con nieve) avisa al visitante del carácter excepcional de un evento que evita la condición acumulativa de los carteles estivales desplegando su programación a lo largo de dos semanas. Una ventaja que se convierte en inconveniente cuando no se puede invertir el tiempo que requiere una selección de artistas de interés más que notable.

El espacio donde se desarrollan los principales conciertos de Pirineos Sur redunda en la singularidad del festival: Un escenario flotante en el embalse natural de Lanuza, frente a un anfiteatro que permite disfrutar de la música en excelentes condiciones, incluso cuando la climatología no acompaña (durante el fin de semana, las temperaturas bajaron hasta los nueve grados). La espectacularidad del escenario, no obstante, conlleva también su penitencia, ya que impide la cercanía del público, que se sitúa ante un foso (literal) de agua que distancia al artista de la gente. Mal menor, en todo caso, o al menos eso parece pensar una audiencia muy heterogénea y mayoritariamente adulta, que planta cara al frío sin pensárselo dos veces.

 

Carmen París

 

El viernes, día 11, la zaragozana Carmen París daba el pistoletazo de salida a la edición de este año con la ventaja de jugar en casa. Primero apareció su numerosa banda, compuesta en un alto porcentaje por músicos cubanos, para interpretar una introducción instrumental inspirada en la zarzuela “Gigantes y cabezudos”, y de inmediato la cantante salió a escena para ofrecer su particular relectura posmoderna de la jota aragonesa. Empresa complicada, en la que lleva años trabajando, y que se salda con resultados desiguales. Porque no es fácil barnizar el género con elementos de jazz o son cubano (los vientos tuvieron especial protagonismo), pero mucho menos aún compaginar en una misma canción la jota, el chotis y la ranchera. Y, además, cantando en inglés. Así, las cosas, su concierto resultó curioso (no es habitual escuchar temas como “The Cry of a Nightingale”), pero también disperso en su intento de abordar casi cualquier estilo existente (blues, góspel, ragtime). La cantante, encantada de conocerse, estuvo parlanchina (quizá demasiado) y ofreció un largo bis en el que cantó “Brindis” y aprovechó para presentar a los músicos.

 

Imelda May

 

El plato fuerte de la jornada, no obstante, llegaría de la mano de Imelda May, que presentaba nuevo disco, “Tribal”. Arropada por una estupenda banda de veteranos del rock and roll, en la que destaca el guitarrista Darrel Higham (que además es su marido), la irlandesa logró caldear el gélido ambiente con un repertorio que es dinamita pura, y en el que destacaron temas como “Wild Woman” o la irresistible “It’s Good to Be Alive”, durante la que jugueteó con el público. Enfundada en un ajustado vestido de leopardo, demostró una clase escénica descomunal, desterrando el peligro de caer en la caricatura retro que tiene todo repertorio de inspiración vintage, para demostrar que el rockabilly y sus géneros afines mantiene la vigencia si se interpretan con convicción y talento. La obligatoria “Johnny’s Got a Boom Boom” cerró un show que tuvo prolongación en un bis en el que destacó una intimista versión de “Dreaming” (Blondie) con el único acompañamiento de un ukelele. Sensacional.

 

Las Hermanas Caronni

 

El sábado por la tarde comenzaron los conciertos gratuitos en el escenario situado en la hermosa localidad de Sallent de Gállego. Allí, Las Hermanas Caronni ofrecieron un repertorio folclórico en el que caben tanto “Los ejes de mi carreta” (Atahualpa Yupanqui) como chacareras, milongas y hasta algún tango. Chelo y clarinete son los instrumentos en los que sustentan una revisión de algunos géneros tradicionales que amenizó una zona del festival donde también se podían visitar un par de exposiciones y se hallaban los diferentes mercadillos (alimentación, ropa, etc).

 

Melissa Laveaux

 

La noche de la segunda jornada contaba con otras dos presencias femeninas de alto nivel (este año, el festival está íntegramente dedicado a las mujeres). Abrió fuego Melissa Laveaux, canadiense de ascendencia haitiana que se presentó con banda y se expresó en castellano con bastante corrección. A mitad de camino entre Tracy Chapman, David Byrne y Ani DiFranco, cultiva un sonido estándar con leve aliño folk, soul o funk, que se arrima a los ochenta en temas como “Pretty Girl” o “You Don’t Even Know My Name”. El mejor momento de su show tuvo lugar hacia la mitad del concierto, cuando se quedó sola en el escenario e interpretó una convincente versión de “Hallelujah” (Leonard Cohen), envite nada sencillo teniendo en cuenta las voces que previamente se han atrevido con ella.

 

Suzanne Vega

 

La estrella de la noche era Suzanne Vega, y respondió a lo que le exigía el guión. Sabe que su último disco, “Tales from the Realm of the Queen of Pentacles”, es uno de sus mejores trabajos, y aunque comienza recordando “Fat Man & Dancing Girl”, pronto introduce en el set temas recientes como “Fool’s Complaint”, “Crack in the Wall” o “I Never Wear White”. Le acompañan el guitarrista Gerry Leonard (también productor del álbum) y un versátil batería y percusionista, con quienes también mira al pasado rescatando temas como “Left of Center” o “The Queen and the Soldier”. Elegante y sobria, dejó para el final las exitosas “Luka” y “Tom’s Diner”, pero aún regresó al escenario por aclamación popular para tocar “In Liverpool” y “99.9ºF”. Un concierto con el que se reivindicó y que supo conducir sin que se produjeran altibajos.

El festival seguirá hasta el 27 de julio, y tanto el lugar donde se celebra como el cartel que propone (ecléctico, alejado de dogmas) bien merecen una visita. No lo dudéis: Pirineos Sur os está esperando.

 

Eduardo Guillot

Fotos: Liberto Peiró

Band of Horses

CRÓNICA CRUÏLLA BARCELONA: VIERNES

En el Parc del Fórum se inauguró ayer una nueva edición del festival de mestizaje Cruïlla, una propuesta arriesgada para un público ecléctico, que acudió allí desafiando la ola de calor que prometía la tarde. Se concentra en él un tipo de espectador más nacional que guiri y más familiar que exclusivamente joven. Es de agradecer que se haya rediseñado el espacio para la comodidad, albergando cinco escenarios mucho más próximos de lo que estamos acostumbrados los asistentes del Primavera Sound. ¡No más caminatas eternas! También la duración estipulada de los conciertos, de entre una hora y cuarto y una hora y media, da más oportunidades a los artistas de explayarse en los setlists, sin marcar la diferencia entre los cabezas de cartel y las bandas más minoritarias, dando igualdad de tiempo para todos.

 

Otro éxito de público

 

Inauguró la primera parte de la jornada la banda Santos, liderada por Santos Berrocal y Florenci Ferrer, conocidos productores del estudio barcelonés Blind Records, que aparecieron en escena acompañados por cuatro músicos, dispuestos a dar espectáculo con gafas de sol y camisas floreadas. Mientras iban desengranando sus canciones, tanto nuevas como de su disco “Homenajes”, Santos, pandereta en mano, se iba descamisando y despeinando, llegando al final del concierto contento y hecho un cristo. Para ser una de las actuaciones inaugurales, la carpa del Periódico de Catalunya estaba llena de seguidores y curiosos, entre los que se encontraban también niños completamente absortos en la puesta en escena.

 

Santos

 

Paralelamente, el equipo de graffiteros de Graffic Impact empezaba a plasmar las caras de los músicos en algunos de los muros del festival y los demás asistentes se distribuían entre las secciones de lounge, los stands de las organizaciones sin ánimo de lucro y un parque infantil plagado de adultos. A destacar que se nos permitió cargar el móvil con energía solar en uno de los stands. Todo muy en la línea de la propuesta pro-cultural que abandera el Cruïlla.

 

Angus & Julia Stone

 

Minutos antes de las siete de la tarde, ya se aglomeraba en torno al escenario Deezer una pequeña multitud a la espera de los australianos Angus & Julia Stone. Gente comiendo en las gradas (horario inglés) para no perderse detalle de esta carismática banda de indie folk. Sin duda, la que más brillo en escena fue ella: Vestida con minifalda, calcetines altos y zapatos dorados, supo camelarnos hablando en español y tocando algunas versiones míticas, entre ellas “Girls Just Wanna Have Fun” (Cindy Lauper) y el tema central de la película “Grease”. A pocos metros y en el mismo timing, la Orchestra Fireluche se recreaba en el pequeño escenario del Estrella Lounge, un oasis con tumbonas y hierba sintética en medio del Fórum. Una vez más, la proximidad entre espectáculos nos permitió no perder detalle de ambos.

 

Damon Albarn

 

Estaba por llegar uno de los picos cumbres de la jornada. Damon Albarn empezó en el escenario Estrella, acompañado por una banda que lucía sombreros canadienses al estilo Pharrell, el más peculiar de todos, el bajista, vestido con traje chaqueta azul, corbata roja y pantalón corto, que se regaló con un par de bailes que hicieron sombra al mismo Albarn. El británico se estrenó con canciones de su álbum en solitario “Everyday Robots”, incluida la homónima. Pero los que estuvimos atentos a su paso por el SOS 4.8 de Murcia sabíamos que no todo el concierto iba a estar dedicado al último tramo de su carrera. Tocó “Kingdom of Doom” (de su proyecto paralelo The Good The Bad & The Queen), “Clint Eastwood” (Gorillaz), y varias versiones de Blur para terminar: “Out of Time” solo al piano y “All Your Life” con banda otra vez, antes de una emotiva “Heavy Seas of Love”. Recibió la visita de un espectacular coro de góspel y la incursión de un seguidor argentino, que cantó junto a él una de sus melodías más latinas. Albarn es un músico de bandera, y a pesar de que terminó bañado en sudor y sin quitarse la chupa de cuero, estuvo entregado en todo momento, regalando tres bises y dándose sus correspondientes baños de masas. Seguidor de las causas justas, no desmereció en el directo masivo con su combo de soul pop y trip hop, y supo hacer notar más que nunca sus influencias africanas. ¡Bravo por él!

 

Nueva Vulcano

 

Paralelamente, Nueva Vulcano, uno de los grandes nacionales, estuvieron presentando canciones nuevas (algunas que ya pudimos escuchar en su directo en el Festival Primera Persona), acompañados por Marc Clos a los teclados y segundas percusiones. A pesar de que la carpa estaba a reventar y la voz sufría un ligero acople, ofrecieron el concierto más enérgicos de la jornada, asistidos por sus hinchas usuales. Para compensar la presentación de su futuro trabajo, regalaron a sus habituales un bis con “El día de mañana”, y los que no pudieron desgañitarse con las nuevas canciones, terminaron aquí por quedarse afónicos.

 

Band of Horses

 

Entrada la noche, el espacio pareció alienarse para el emotivo directo de Band of Horses. Los de Seattle subieron a escena mientras la luna llena coronaba el cielo e iluminaba el mar y a todo el oleaje de gente que se concentraba extasiada en su directo. A los seguidores no parecieron afectarles las críticas a su último trabajo “Acoustic at The Ryman”, que ha sido tachado de sensiblón. Pero a pesar de la buena acogida, la banda de Ben Bridwell ofreció un concierto lineal, más al estilo del sonido americano de Bruce Springsteen que de la psicodelia ácida de Neil Young. Las pullas no desalentaron a la avalancha de seguidores que vibraron en masa cuando cerraron con la conocida “The Funeral”. Y Bridwell lo agradeció con un “este ha sido uno de los mejores conciertos que hemos hecho nunca.” Habrá que darle un voto de confianza.

 

Tinariwen

 

Tras la pausa de rigor, llegó una de las actuaciones más esperadas del cartel. Pasan pocos minutos de medianoche y los músicos y guerrilleros tuareg Tinariwen colman el escenario TimeOut vestidos con espectaculares túnicas y turbantes. Es impresionante ver a artistas con este atuendo tan poco habitual de los conciertos indies, que llevaron con nobleza y sobriedad. Presentaron su último trabajo, “Emmaar”, grabado en Estados Unidos. Son personajes valientes, pero también muy empáticos, y supieron llevarse al público de calle con su blues psicodélico en la línea de Jimi Hendrix, y sorprendentemente parecido a The Velvet Underground. Iniciáticos, cadenciosos y muy sonrientes, incitaban a dar palmas a cada minuto e instruían al público en una coreografía tribal a la que nos lanzamos con ganas. Experiencia irrepetible que vivieron unos pocos, ya que el record de asistencia se lo llevaron Calle 13, que actuaban paralelamente.

 

Calle 13

 

René Pérez, aka Residente, acompañado por una banda de guitarras, bombo, trompeta y set completo de batería, se exhibió con el torso desnudo y el pecho palomo a lo largo de la hora y media que duró su concierto. La muchedumbre bailaba de pie tanto en el centro como en las gradas, y tarareaba con gusto. Nos dedico “Tu No Puedes Comprar El Sol” y “Ojos Color Sol”, antes de cerrar con la archiconocida “Atrévete Te Te”. Un directo que movió masas, una fiesta de rap mestizo, cumbia y otros ritmos calientes. Muy bailable, pero cojeó en la puesta en escena, si se compara con los Violadores del Verso, que empezaron justo cuando terminaron los puertorriqueños.

 

Violadores del Verso

 

Doble V, que hace nada celebraron su decimoquinto aniversario, no se mostraron para nada desmejorados. Mucho más agudos y más certeros, ofrecieron un directo apabullante de agresividad rap, con visuales que evocaron el ejercito comunista y la guerra nuclear. Lírico sobresalió entre sus compañeros por su facilidad vocal y ofreció un discurso a favor del apoyo mutuo entre las troupes de raperos, breakers, patinadores y graffiteros. Menos criticar y más darse la mano, “no nos creamos el hype” apuntó en uno de sus primeros speechs. Ilustradas palabras de una banda que ha sabido mantenerse en pie de guerra más de una década y que continúan honestos. Un cierre perfecto para un festival que justo acaba de empezar. La noche del sábado promete más y mejor.

Fotos: Xavi Mercadé

 

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EL LOW FESTIVAL COMPLETA SU CARTEL

El Low Festival de Benidorm cierra definitivamente su cartel con los suecos The Royal Concept (en la foto), Steve Smyth, The Milkyway Express, Maronda, Cowboy Lovers, Emergency Ponchos, Sra. Robinson, el showcase de Stereo Djs y los ganadores del certamen Budweiser_emerge 2014, los valencianos Lyann. Todos ellos pasarán por los diversos escenarios de la Ciudad Deportiva Guillermo Amor entre el 25 y el 27 de julio. Además, la Red Bull Music Academy cierra su programación de Djs en el escenario flotante de la VIP POOL con Ewan Pearson, Gerd Janson, bRUNA, Kigo, Clip! y Viktor Flores.

The Royal Concept coronan esta nueva tanda de confirmaciones con su mezcla de soul-pop con toques electrónicos. Tras la publicación en 2012 de un EP homónimo se marcaron una gira americana abriendo para The Wombats y  su sencillo “Goldrushed” fue incluida en la banda sonora de “FIFA 13″. El australiano Steve Smyth es un cantautor de brumosa vida itinerante que publicará nuevo trabajo este año, grabado con Joey Waronker en la batería (Atoms For Peace, Thom Yorke, Beck) y Gus Seyffert en el bajo (The Black Keys , Norah Jones). The Milkyway Express mezclan southern rock y blues lisérgico, mientras que Maronda se decantan por el pop de inspiración sesentera.

 

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THE NATIONAL Y THE DIVINE COMEDY, AL BIME

Se está poniendo interesante el cartel de BIME Live, el ambicioso festival (conciertos en vivo y mercado profesional) que se celebrará en Bilbao, del 29 de octubre al 1 de noviembre. Cuando todavía estábamos saboreando la confirmación de Mogwai, llegan nuevos grupos que aún hacen más apetecible la cita. El más importante, The National (en la foto), que se colocan como cabezas de cartel del festival. La banda de Cincinnati publicó el año pasado “Trouble Will Find Me”, y se ha convertido en un nombre de referencia dentro de la escena rock internacional gracias a la seriedad de su propuesta sonora y al carisma de su líder, Matt Berninger.

 

Además de The National, y los ya conocidos Placebo, Mando Diao o Basement Jaxx, hay que sumar al cartel a The Divine Comedy, el exquisito proyecto de chamber pop liderado por Neil Hannon, y a la irlandesa Imelda May, que parece haberle cogido el gusto a nuestro país. Las altas internacionales se cierran con The Orwells, joven quinteto de Illinois con dos álbumes en su haber y un sonido que combina garage, punk, indie y rock and roll.

 

Fuel Fandango, La Maravillosa Orquesta Del Alcohol, Smile, The Weapons y Kometa completan el listado de confirmaciones de ámbito estatal.

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CRUÏLLA BARCELONA: MANUAL DE USO

Los nombres de algunos festivales definen a la perfección su filosofía e intenciones. Cruïlla es una palabra catalana que significa cruce o encrucijada, y eso es precisamente lo que ha propuesto desde sus inicios un proyecto que se ha ido consolidando con el paso de los años y que pretende ser algo más que una sucesión de actuaciones musicales para convertirse en un encuentro de culturas, que dio sus primeros pasos gracias a las asociaciones de inmigrantes, las organizaciones de vecinos y diversas entidades gubernamentales y no gubernamentales. Una propuesta multicultural que, a día de hoy, se ha convertido en un festival al uso, uniendo en su cartel propuestas de origen anglosajón con sonidos mestizos que miran hacia diferentes latitudes del planeta. Este año se celebrará entre el 11 y el 13 de julio, en el Parc del Fórum de Barcelona. La quiniela de Bythefest apuesta por cinco artistas diarios.

 

 

VIERNES 11

Sin lugar a dudas, la presencia de Damon Albarn es uno de los grandes alicientes de la primera jornada del Cruïlla. Será la segunda vez que interprete en España las canciones de su primer disco en solitario, el notable “Everyday Robots”. Antes lo hizo en el SOS 4.8 de Murcia, donde nuestro compañero Jam Albarracín tuvo oportunidad de comprobar que el británico va en serio: “Albarn rompió las hostilidades con ‘Lonely press play’ y desde ese mismo momento quedó clara la enorme calidad de su trabajo. Elegante hasta el extremo, con la voz en un estado óptimo y desgranando con intensidad sus letanías de tempo medio entre el pop y el trip-hop. La guitarra de Seye, los teclados de Mike Smith, la batería de caja muy comprimida de Pauli the PSM y, sobre todo, el bajo obeso de Jeff Wootton, generando una suerte de círculo del que resultaba inútil intentar escapar, flanquearon a un gran Albarn, debidamente trajeado a la inglesa. El exlíder de Blur alternó piezas de su disco de estreno -’Hollow ponds’, ‘Photographs (You are taking now)’, ‘Heavy seas of love’-, con otras de Gorillaz -’Tomorrow comes today’, ‘Kids with guns’-, de The Good, The Bad & The Queen -’Kingdom of doom’- y hasta del repertorio menos evidente de los propios Blur -’All your life’, ‘Out of time’ y la despedida con ‘Tender’-. La grandeza de Damon Albarn se hace incuestionable”.

 

 

El otro gran nombre internacional del día es el de Calle 13, que presentarán su último trabajo, “MultiViral”, justo en un momento en que en España se debate sobre el compromiso de los artistas pop y su implicación política y social. Como los cuatro anteriores, el quinto álbum de Calle 13 contiene tal despliegue de estímulos sonoros e ideológicos que convierte en caricatura a los indignados de fin de semana. Más allá de las colaboraciones que exhibe (de Julian Assange a Silvio Rodríguez, pasando por Tom Morello o Eduardo Galeano), “MultiViral” es un manual de combate y supervivencia en un mundo hostil, que Residente y Visitante conocen de primera mano, no por verlo en los telediarios. Quizá por eso su discurso resulta tan convincente. Y es que si el dúo puertorriqueño continúa en vanguardia de las músicas urbanas (esa denominación que incluye hip hop, reggaeton, rock, cumbia) es porque su propuesta sonora sigue creciendo en todas direcciones con una voracidad inagotable. El fabuloso tema que titula el LP o ‘Gato que avanza, perro que ladra’ demuestran que quienes les desprecian relegándolos al cajón del reggaeton renuncian a una de las propuestas más sugestivas de la música contemporánea.

 

 

Nobleza obliga, hay que destacar también la presencia de Band of Horses en el Cruïlla, aunque la banda americana atraviesa un momento delicado. Tras publicar dos estupendos discos (“Everything All The Time” y “Cease to Begin”), cambiaron la formación, ficharon por un gran sello y comenzaron a mostrar síntomas de desgaste en “Infinite Arms” (2010), que se confirmaron en el flojo “Mirage rock” (2012). Este año han presentado “Acoustic at The Ryman”, un directo acústico grabado en un templo del country que confunde intimismo con sensiblería y resucita los olvidados unpluggeds para recordar lo innecesarios que fueron. Habrá que estar atentos a su concierto, en el que no faltarán grandes canciones de su primera época, para confirmar si hay que darles por perdidos o todavía tienen cosas interesantes que decir.

 

 

Con el blues tuareg de Tinariwen, sin embargo, no hay dudas. La inestabilidad política en Mali (los músicos se cuentan entre los blancos de las milicias islamistas) obligó al grupo a emigrar para grabar “Emmaar”, su sexto disco, aunque el paisaje del desierto californiano de Joshua Tree no debió resultarles del todo extraño. Allí viajaron para trabajar nuevamente con el productor Patrick Votan en un álbum que se ha beneficiado de algunas colaboraciones especiales: Matt Sweeney (Chavez), Josh Klinghoffer (Red Hot Chili Peppers), Fats Kaplin y el poeta Saul Williams. Todos se han dejado seducir por el sonido de la banda, sin caer en las frivolidades de otros special guests anglosajones en discos de grupos africanos. Más allá del lugar donde se haya grabado, “Emmaar” está concebido como un reflejo de la vida tuareg en el Sahara, y captura en toda su belleza la cualidad orgánica que atesora el sonido de la banda, basado en los diálogos entre las guitarras, las diversas voces, la percusión y unas texturas que esta vez aparecen ligeramente más pulidas que en otras ocasiones, sin que por ello el grupo haya hecho concesión alguna. Algo imposible cuando la práctica músical adquiere categoría de compromiso ético.

 

 

En cuanto a Vetusta Morla, aún está reciente la conversación que mantuvimos con los madrileños a propósito de la publicación de “La deriva”, un esperado tercer álbum que se anunció urgente en el sonido y comprometido en los textos, marcados por la crisis actual, pero que en esencia se mantiene fiel a su trabajos precedentes. El disco llegó tras el “Concierto benéfico por el Conservatorio Narciso Yepes de Lorca”, que grabaron con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (para recaudar fondos destinados a la reconstrucción del centro), y de “Los ríos de Alice”, un álbum instrumental concebido como banda sonora para un videojuego. Tras una primera parte de gira en que la banda ha actuado en salas, afrontan un segundo tramo de festivales que, no hace falta ser adivino, les reportará un éxito igual o mayor que el cosechado hasta ahora.

 

Son cinco propuestas, pero hay más, y van desde el posthardcore de los felizmente recuperados Nueva Vulcano hasta el folk-blues australiano de los hermanos Angus & Julia Stone, pasando por Violadores del Verso, históricos del hip hop español, o el mestizaje de Txarango y Bongo Botrako.

 

SÁBADO 12

Recién llegada de Pirineos Sur, donde actúa el viernes 11, Imelda May aterrizará en Barcelona para desplegar nuevamente su show de sabor vintage. La dublinesa practica una mezcla de surf, blues y rockabilly que deslumbró desde su debut, “No Turning Back”, grabado en 2005 con el nombre de Imelda Clabby. “Love Tattoo” (2008) fue el disco que la consagró definitivamente y la convirtió en una diva retro, a mitad de camino entre la estética pin-up y la chulería rockanrolera. En Pirineos Sur presenta su excelente cuarto trabajo, aparecido en abril y titulado “Tribal”. Sabe arañar, sabe seducir (esa maravilla que es “It’s Good To Be Alive”) y te puede arrastrar al fondo de un pantano (“Wicked Way”) sin que te des cuenta.

 

 

Y si la nostalgia es uno de los ingredientes de la fórmula sonora de Imelda May, se convierte en el auténtico motor que impulsa la presencia en el Cruïlla de los británicos The Selecter, surgidos durante la ola de revivalismo ska promovida por el sello Two Tone (con The Specials a la cabeza) a finales de los años setenta. Liderados por la vocalista Pauline Black, debutaron en 1980 con “Too Much Pressure”, un refrescante disco de inspiración jamaicana que incluía hits incontestables como el que daba título al álbum, “On my radio” o “James Bond”. Para su segundo trabajo, “Celebrate the Bullet” cambiaron de sello, y las tensiones internas les llevarían a separarse poco después. No obstante, con el paso de los años han protagonizado diversos regresos (en 2013 publicaron el disco “String Theory”), que siempre han colmado las expectativas de sus seguidores.

 

 

La ración de baile despendolado correrá a cargo de Macklemore & Ryan Lewis, en su primera y única fecha en España. Reconocidos con cuatro premios Grammy (entre ellos, mejor disco de rap y mejor grupo debutante), despliegan una fanfarria hip hop festiva e imaginativa. Macklemore (de nombre real, Ben Haggerty) ya había grabado un EP en su Seattle natal en el año 2000, pero ha sido a partir de su unión con el disc jockey y productor Ryan Lewis, en 2010, cuando la pareja se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas. “The Heist”, el disco que publicaron hace dos años, es un auténtico monumento pop (en su acepción de popular) en el que combinan a Bowie con Kanye West y a Basquiat con Keith Haring. Atención a su espectáculo.

 

 

También prometen juerga Emir Kusturica & The No Smoking Orchestra. El director de cine serbio y su extravagante banda de rock balcánico se lo pasa tan bien sobre el escenario que es imposible no contagiarse de su locura. No graban desde 2007 (año en que editaron “The Wish”), pero en su caso es un factor secundario ante la arrolladora fuerza que imprimen a su música, que ellos mismos llaman “unza unza”, una mezcla de punk, funk, ritmos gitanos, jazz y otros estilos que les emparenta con Gogol Bordello y otras troupes de saltimbanquis musicales.

 

 

Jack Johnson es la calma después de la tempestad, el folk rock suave y de ascendencia acústica, en su caso conectado con la cultura surf. El año pasado publicó “From Here To Now To You”, su sexto álbum, en el que volvió a colaborar su buen amigo Ben Harper y que se situó directamente en el número 1 de las listas de ventas americanas, quizá porque su propuesta sonora cada vez se está impregnando un poco más de esencias pop. Todavía pasto de selectas minorías en España, puede convertirse en una de las más gratas sorpresas de la jornada.

 

 

Como en el caso del viernes, no hay que olvidarse de la letra pequeña, especialmente porque contiene propuestas estatales de gran valor, como la de Maria Rodés, que acaba de grabar una interesante aproximación a la copla. Además, la locura polirítmica de Za! o el turborock de los valencianos Betunizer, entre otras bandas de interés.

 

DOMINGO 13

La tercera jornada del Cruïlla está enfocada al público familiar y tiene algo de regalo para los espectadores de Barcelona. Mientras aquellos que hayan viajado a la ciudad desde otros puntos de España aprovecharán el domingo para regresar a sus lugares de origen, los nativos aún podrán apurar la sed de conciertos con las actuaciones de Blaumut (una de las últimas revelaciones del pop catalán) y, sobre todo, de Zaz, la nueva abanderada de la canción francesa, que ofrecerá su primera actuación en España. Isabelle Geffroy, verdadero nombre de la artista, se maneja con igual soltura en terrenos jazz, rock, blues o latinos, y goza de una posición de privilegio en la escena de su país desde que debutó en 2010 con un álbum homónimo que la llevó de gira por todo el mundo. Su segundo álbum, “Recto Verso”, apareció en 2013, y sus canciones serán la columna vertebral del espectáculo que pondrá el broche final a un festival que sigue creciendo de manera sostenible.