101 Sun Festival

CRÓNICA 101 SUN FESTIVAL: SÁBADO

Segundas partes nunca fueron buenas, sirva de muestra “El imperio contraataca” o “Terminator II”. Cariacontecida y mohína se presentaba la segunda jornada del 101 Sun Festival ante el peso del determinismo histórico. Sin embargo poco duró la tristeza y los dolores de barriga en casa del pobre. Cual Bez monesco se disfruta de la puesta en escena de We Are Standard que, a que negarlo, juega con la nostalgia musical de New Order (“Bring me back home”), de los Stones Roses (“Love me”) o de los Happy Mondays (“Something bigger”). Final de fiesta feliz con confeti y divertida despedida de Deu Txakartegi al más puro estilo Julio Iglesias.

 

We Are Standard

 

Lourdes Hernández ha madurado. Su proyecto Russian Red ha pasado de la desnudez de sus primeras entregas, que le proporcionaron un amplio número de fans y recelos críticos ante tantos parabienes, a una banda que arropa, mima y esponja un sonido que se ha sofisticado en “Agent Cooper”. Otro cambio que ha sufrido la artista madrileña es el de su voz, que ha ganado en matices. Su última entrega muestra acordes y desacuerdos, no obstante el concierto se hace acogedor gracias a esa voz etérea y envolvente que, por momentos, tiende al Nueva York de Luna con preciosas guitarras, aunque en el concierto sufrió un percance (se le rompió una clavija del ampli) que la cantante superó con destreza y valentía.

 

Expectación ante Russian Red

 

Toundra están adscritos a un género, el post rock, que goza de tantos adeptos como críticos. Aunque pertenezca al grupo de adeptos que prefiere la electricidad a los desarrollos sinfónicos, uno no puede evitar la sensación de pensar que los conciertos de estos grupos responden a una puesta en escena implantada por Mogwai que todos siguen a pies juntillas. Los madrileños suenan compactos, con algún deje metalero que se agradece, y si no llega a sonar la campana, terminamos perdiendo el combate por KO.

 

Toundra

 

¿Me gusta el disco de Temples? No. ¿El rock psicodélico? No en su variante lisérgica, más en la línea del John Lennon de “Shelter song” o en la vertiente de T.Rex (“Keep in the dark”). ¿Tienen pericia instrumental y público? Sí. No obstante, en previsión de mis prejuicios y las posibles reacciones en mi cuerpo, tracé un plan para sobrevivir mental o físicamente al divagar pastoral. En caso de que mi mente dijese basta, tararear “White riot”; en caso de que mi cuerpo se abotargase como el de Doug Quaid al exponerse a la atmósfera marciana, una dosis de cianuro. Venga, sé humilde, abre tu mente, ponte una camisa floreada con chorreras… No obstante…

 

Temples

 

El mundo de Amaral ha girado en torno a la inadaptación individual, pletórica o el malestar colectivo. Las secuelas de la crisis han acentuado la carga política de su discurso, obvia y precisa en “Ratonera”, si bien, ya estaba presente con anterioridad, y mejor resuelta musicalmente, en “Revolución/Héroes” con la que cerraron el concierto. Después llegaría un bis fallido y anticlimático, en el que interpretaron una canción nueva. De hecho, las diversas novedades pasaron desapercibidas entre su público, mucho más dispuesto a corear y disfrutar sus grandes éxitos. La banda, rodada y ejemplar, repasa un cancionero en el que figura lo mejor de su discografía: “Sin tí no soy nada”, “Moriría por vos”… Causa desazón ver al público distendido coreando canciones sobre yonkis o sobre un suicida alcohólico con tanta ligereza, el rock glam de estribillo tan Rosendo que es “No sé qué hacer con mi vida”, su personal “Hand in Glove” (“Van como locos”) o ese glorioso punteo que hubiese firmado Will Sergeant en mi favorita, “Hoy es el principio del final”.

 

Amaral

 

Un grupo que tiene a una mujer a los tambores no puede ser malo. Un grupo que tiene a Leah Shapiro a los tambores es tu ruina. Porque distraído con posibles escenas de pescadores de gambas en “True Detective”, de ajustes de cuentas en el Bada Bing, de un club entarimado de “Treme” donde unas botas de piel de caimán levantan el polvo al son de toda la negritud que sus compañeros interpretan, la dulce Leah toca la batería como quien remacha los clavos de tu ataúd. Mientras agonizas con las baladas ponzoñosas, con los ritmos narcóticos, con el groove final que te está sirviendo Black Rebel Motorcycle Club. He visto a los mejores músicos del festival. Quienes me subyugaron y retorcieron. Quienes tocaron ritmos obscenos. Quienes parecían salidos del averno.

 

Black Rebel Motorcycle Club

 

El Rey Julien ha nacido. Larga vida al Rey. Porque la puesta en escena estéticamente descacharrante de Crystal Fighters, con esos ropajes que parecen diseñados por una marca en la que todos los modelos son iguales aunque su nombre comercial sea lo contrario, tiene como eje central a Sebastian Pringle transmutado en un autoproclamado rey lémur de cola anillada. Zumbón, y por momentos zumbado y bailón: “Yo quiero marcha, marcha. ¿Tú quieres? ¡Marcha!”, parecía decir y responder el extasiado e histriónico público. Concierto festivo salpicado de todas sus gemas, cada persona que fuese a Londres se debiera hacer un viral imitando el vídeo de la canción, con dos exuberantes coristas como sustitutas de Maurice y Mort y un guitarrista exhibicionista. Podemos decir que hemos estado en el centro del hype y lo hemos disfrutado como niños comiendo helado una noche de verano.

 

Crystal Fighters

 

Terminó la primera edición del 101 Sun Festival con notable éxito artístico y de público. El año que viene, más y mejor.

 

Javier Pérez

Foto: Rafa Marchena

The 1975

CRÓNICA BILBAO BBK LIVE: VIERNES

El Bilbao BBK Live acogía ayer su segunda jornada sin dar respiro a quienes vieron amanecer al ritmo de The Suicide of Western Culture -estaba previsto que su actuación del jueves finalizara a las 6.45 h.-; a priori, la más discreta de su novena edición. Además del cabeza de cartel, The Prodigy, quienes actuaron en el mismo emplazamiento en 2008, repetían visita al Bilbao BBK Live Jack Johnson y El Columpio Asesino. Los navarros no subieron entonces a Kobetamendi, pues tocaron a las 13 h. frente al Teatro Arriaga -centro neurálgico de la ciudad-, emplazamiento y hora poco frecuentes que pretenden acercar el festival al corazón de Bilbao, y que este año han acogido actuaciones a la hora del vermú. A las 11 h. de hoy sábado, por ejemplo, la Rock´n´Kids Band repasaba hits ya inmortales para un público infantil y familiar.

 

Dawes (Foto: Rhythm And Photos)

 

Con todo el mundo instalado ya el jueves, la subida y el acceso al recinto festivo resultaban más fluidos, aunque cada vez cuesta más -valga la redundancia, por la cuesta- escalar los ochocientos últimos metros, mortales. Rompe el silencio Chet Faker, solapado en la carpa con los californianos Dawes, quienes cierran con “From the Right Angle” un bolo que gustó. La mayoría del público, ajeno a ellos, se lo toma con tranquilidad y se expande por el recinto; son muchos los que aprovechan para visitar los stands promocionales y hacerse con los atuendos y disfraces -¡menuda fauna pupula por Kobetamendi!- que más tarde lucirán. Similar situación se encuentran Animic, quienes tocan encima de un bus a las puertas del recinto. No es ni la hora ni el lugar para su interesante atmósfera.

 

The 1975 (Foto: Music Snapper)

 

Fue con The 1975 y, sobre todo, con Bastille, cuando las campas de Kobetamendi comenzaron a tomar color, con miles de fans agolpados ya bajo las tablas. Nos gustaron más los primeros, joven banda galesa -con compatriotas entre el público- que factura un pop que no puede ser menos que delicioso en temas como “Chocolate”, y actuaron con entusiasmo en un escenario que de día y sin juegos de luces extra se antoja inmenso. Más inofensivos, en actitud y en sonido, aunque también enérgicos, resultan los londinenses Bastille, quienes tras cantar al ‘ritmo de la noche’, -“Of the Night” lo llaman ellos y no importa que no suene muy bien pues, de lo popular que resulta, funciona- cerraron con su celebradísimo “Pompeii”, con los últimos cientos de festivaleros a la carrera, en el trayecto que va de la entrada del recinto al pie del escenario.

 

Bastille (Foto: Tom Hagen)

 

Para entonces había tocado en el Stage 2 Frank Turner a la misma hora que Conor Oberst -vocalista de Bright Eyes-, con Dawes como banda de apoyo, en la aún accesible carpa Sony; dos bolos, a priori, para un público similar. Oberst, aunque aceptó peticiones del público, se mostró más introspectivo, un puntito más oscuro que Turner, muy comunicativo y locuaz con el público, al que quiso hacer participe de su directo. Con “Wessex Boy” abrió Turner, con “Another travelin’ song” cerró Oberst.

 

Conor Oberst (Foto: Tom Hagen)

 

La misma fórmula se repite con Izal y Jack Johnson, quienes actúan en escenarios enfrentados y alejados. La nula accesibilidad de la carpa elige por nosotros. Izal está imposible, así que visitamos al surfista hawaiano. Jack Johnson nos acoge con “Good People” y en apenas un instante se despide ya con “Better together”; muy positivo él. Estimulante y curiosa resulta su mirada a “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin -rapeo de Merlo Podlewski incluido-. Además del bajista, conforma el cuarteto Adam Topol a la batería y Zach Gill, fantástico al piano y al acordeón. Jack Johnson, por su parte, tocó principalmente en acústico, la guitarra y, como no, el ukelele. Muchos declararon su actuación demasiado pausada y relajada para la altura del festival; a nosotros, tras girar de aquí para allá como peonzas, nos devolvió el equilibrio y la calidez. Caras muy sonrientes entre los que siguieron con atención su actuación.

 

Jack Johnson (Foto: Tom Hagen)

 

En un día brumoso y fresco -escarmentado, el festivalero luce ya chubasquero-, se nos hizo de noche para cuando Foster The People atacó el escenario principal en horario de banda grande. Arrancaron enérgicos y encendieron al público con “Coming of Age” y un Mark Foster -sudando la camiseta- como protagonista absoluto. En disposición inusual, con el batería en un lateral y de costado al público, el sexteto hizo un alarde técnico con cinco teclados -menos el batería, ¡uno cada músico!- y una ristra de pedaleras impresionante. Sonaron bien e hicieron vibrar al público (más adolescente) cerrando con su hit “Pumped Up Kicks”; un triunfo que se antoja efímero.

 

Foster The People (Foto: Rhythm And Photos)

 

Al contrario que Foster The People, nadie podrá decir que The Prodigy sea una banda actual, aunque la mecha de sus explosivos nunca se humedece. El trío británico comandado por Liam Howlett se presentó como quinteto en escena con Maxim y Flint, sobre todo este último, resistiendo a las voces. Repetían actuación tras su visita de 2008 y no parecía que pudieran ofrecer nada nuevo pero, viejos zorros, saben que su beat big sigue sonando poderoso e incluso excesivo.

Exhaustos para entonces, medianoche ya, botar o desfallecer es la única alternativa y, seguimos el bolo a tan solo diez cuerpos de distancia de la banda, donde el sonido se vuelve una cuestión física y sacude el cuerpo. En 2008 “The Law” fue la apertura y sonó “Out of Space” como cierre. En esta ocasión no suena esta última. No importa, “Breathe” es el primer tiro y, con actitud punk, “Smack My Bitch Up” el último. El pogo es salvaje en nuestras inmediaciones y el bolo, intuimos, prescindible para los que lo siguen desde el fondo.

 

La fiesta no se detiene en Kobetamendi (Foto: Music Snapper)

 

Antes de ‘la bajada’ -a la ciudad, se entiende-, nos adentramos valientes en una imposible carpa, preocupantemente saturada, dejando en el escenario secundario a Palma Violets -debieron sonar muy bien-, donde actuaban los esperadísimos El Columpio Asesino; los navarros aglutinaron más audiencia que los londinenses. Ni la preocupación por no pisar a nadie -mucha gente sentada e incluso tumbada en las praderas adyacentes-, ni la de poder respirar nos impidieron ya disfrutar de la presentación de “Ballenas muertas en San Sebastián” -qué nombre más poético- ni del megahit “Toro”, cantado por miles de gargantas como colofón a la jornada. El eco de su estribillo, “te voy a hacer bailar toda la noche…”, flota aún en Kobetamendi.

Anartz Bilbao

Band of Horses

CRÓNICA CRUÏLLA BARCELONA: VIERNES

En el Parc del Fórum se inauguró ayer una nueva edición del festival de mestizaje Cruïlla, una propuesta arriesgada para un público ecléctico, que acudió allí desafiando la ola de calor que prometía la tarde. Se concentra en él un tipo de espectador más nacional que guiri y más familiar que exclusivamente joven. Es de agradecer que se haya rediseñado el espacio para la comodidad, albergando cinco escenarios mucho más próximos de lo que estamos acostumbrados los asistentes del Primavera Sound. ¡No más caminatas eternas! También la duración estipulada de los conciertos, de entre una hora y cuarto y una hora y media, da más oportunidades a los artistas de explayarse en los setlists, sin marcar la diferencia entre los cabezas de cartel y las bandas más minoritarias, dando igualdad de tiempo para todos.

 

Otro éxito de público

 

Inauguró la primera parte de la jornada la banda Santos, liderada por Santos Berrocal y Florenci Ferrer, conocidos productores del estudio barcelonés Blind Records, que aparecieron en escena acompañados por cuatro músicos, dispuestos a dar espectáculo con gafas de sol y camisas floreadas. Mientras iban desengranando sus canciones, tanto nuevas como de su disco “Homenajes”, Santos, pandereta en mano, se iba descamisando y despeinando, llegando al final del concierto contento y hecho un cristo. Para ser una de las actuaciones inaugurales, la carpa del Periódico de Catalunya estaba llena de seguidores y curiosos, entre los que se encontraban también niños completamente absortos en la puesta en escena.

 

Santos

 

Paralelamente, el equipo de graffiteros de Graffic Impact empezaba a plasmar las caras de los músicos en algunos de los muros del festival y los demás asistentes se distribuían entre las secciones de lounge, los stands de las organizaciones sin ánimo de lucro y un parque infantil plagado de adultos. A destacar que se nos permitió cargar el móvil con energía solar en uno de los stands. Todo muy en la línea de la propuesta pro-cultural que abandera el Cruïlla.

 

Angus & Julia Stone

 

Minutos antes de las siete de la tarde, ya se aglomeraba en torno al escenario Deezer una pequeña multitud a la espera de los australianos Angus & Julia Stone. Gente comiendo en las gradas (horario inglés) para no perderse detalle de esta carismática banda de indie folk. Sin duda, la que más brillo en escena fue ella: Vestida con minifalda, calcetines altos y zapatos dorados, supo camelarnos hablando en español y tocando algunas versiones míticas, entre ellas “Girls Just Wanna Have Fun” (Cindy Lauper) y el tema central de la película “Grease”. A pocos metros y en el mismo timing, la Orchestra Fireluche se recreaba en el pequeño escenario del Estrella Lounge, un oasis con tumbonas y hierba sintética en medio del Fórum. Una vez más, la proximidad entre espectáculos nos permitió no perder detalle de ambos.

 

Damon Albarn

 

Estaba por llegar uno de los picos cumbres de la jornada. Damon Albarn empezó en el escenario Estrella, acompañado por una banda que lucía sombreros canadienses al estilo Pharrell, el más peculiar de todos, el bajista, vestido con traje chaqueta azul, corbata roja y pantalón corto, que se regaló con un par de bailes que hicieron sombra al mismo Albarn. El británico se estrenó con canciones de su álbum en solitario “Everyday Robots”, incluida la homónima. Pero los que estuvimos atentos a su paso por el SOS 4.8 de Murcia sabíamos que no todo el concierto iba a estar dedicado al último tramo de su carrera. Tocó “Kingdom of Doom” (de su proyecto paralelo The Good The Bad & The Queen), “Clint Eastwood” (Gorillaz), y varias versiones de Blur para terminar: “Out of Time” solo al piano y “All Your Life” con banda otra vez, antes de una emotiva “Heavy Seas of Love”. Recibió la visita de un espectacular coro de góspel y la incursión de un seguidor argentino, que cantó junto a él una de sus melodías más latinas. Albarn es un músico de bandera, y a pesar de que terminó bañado en sudor y sin quitarse la chupa de cuero, estuvo entregado en todo momento, regalando tres bises y dándose sus correspondientes baños de masas. Seguidor de las causas justas, no desmereció en el directo masivo con su combo de soul pop y trip hop, y supo hacer notar más que nunca sus influencias africanas. ¡Bravo por él!

 

Nueva Vulcano

 

Paralelamente, Nueva Vulcano, uno de los grandes nacionales, estuvieron presentando canciones nuevas (algunas que ya pudimos escuchar en su directo en el Festival Primera Persona), acompañados por Marc Clos a los teclados y segundas percusiones. A pesar de que la carpa estaba a reventar y la voz sufría un ligero acople, ofrecieron el concierto más enérgicos de la jornada, asistidos por sus hinchas usuales. Para compensar la presentación de su futuro trabajo, regalaron a sus habituales un bis con “El día de mañana”, y los que no pudieron desgañitarse con las nuevas canciones, terminaron aquí por quedarse afónicos.

 

Band of Horses

 

Entrada la noche, el espacio pareció alienarse para el emotivo directo de Band of Horses. Los de Seattle subieron a escena mientras la luna llena coronaba el cielo e iluminaba el mar y a todo el oleaje de gente que se concentraba extasiada en su directo. A los seguidores no parecieron afectarles las críticas a su último trabajo “Acoustic at The Ryman”, que ha sido tachado de sensiblón. Pero a pesar de la buena acogida, la banda de Ben Bridwell ofreció un concierto lineal, más al estilo del sonido americano de Bruce Springsteen que de la psicodelia ácida de Neil Young. Las pullas no desalentaron a la avalancha de seguidores que vibraron en masa cuando cerraron con la conocida “The Funeral”. Y Bridwell lo agradeció con un “este ha sido uno de los mejores conciertos que hemos hecho nunca.” Habrá que darle un voto de confianza.

 

Tinariwen

 

Tras la pausa de rigor, llegó una de las actuaciones más esperadas del cartel. Pasan pocos minutos de medianoche y los músicos y guerrilleros tuareg Tinariwen colman el escenario TimeOut vestidos con espectaculares túnicas y turbantes. Es impresionante ver a artistas con este atuendo tan poco habitual de los conciertos indies, que llevaron con nobleza y sobriedad. Presentaron su último trabajo, “Emmaar”, grabado en Estados Unidos. Son personajes valientes, pero también muy empáticos, y supieron llevarse al público de calle con su blues psicodélico en la línea de Jimi Hendrix, y sorprendentemente parecido a The Velvet Underground. Iniciáticos, cadenciosos y muy sonrientes, incitaban a dar palmas a cada minuto e instruían al público en una coreografía tribal a la que nos lanzamos con ganas. Experiencia irrepetible que vivieron unos pocos, ya que el record de asistencia se lo llevaron Calle 13, que actuaban paralelamente.

 

Calle 13

 

René Pérez, aka Residente, acompañado por una banda de guitarras, bombo, trompeta y set completo de batería, se exhibió con el torso desnudo y el pecho palomo a lo largo de la hora y media que duró su concierto. La muchedumbre bailaba de pie tanto en el centro como en las gradas, y tarareaba con gusto. Nos dedico “Tu No Puedes Comprar El Sol” y “Ojos Color Sol”, antes de cerrar con la archiconocida “Atrévete Te Te”. Un directo que movió masas, una fiesta de rap mestizo, cumbia y otros ritmos calientes. Muy bailable, pero cojeó en la puesta en escena, si se compara con los Violadores del Verso, que empezaron justo cuando terminaron los puertorriqueños.

 

Violadores del Verso

 

Doble V, que hace nada celebraron su decimoquinto aniversario, no se mostraron para nada desmejorados. Mucho más agudos y más certeros, ofrecieron un directo apabullante de agresividad rap, con visuales que evocaron el ejercito comunista y la guerra nuclear. Lírico sobresalió entre sus compañeros por su facilidad vocal y ofreció un discurso a favor del apoyo mutuo entre las troupes de raperos, breakers, patinadores y graffiteros. Menos criticar y más darse la mano, “no nos creamos el hype” apuntó en uno de sus primeros speechs. Ilustradas palabras de una banda que ha sabido mantenerse en pie de guerra más de una década y que continúan honestos. Un cierre perfecto para un festival que justo acaba de empezar. La noche del sábado promete más y mejor.

Fotos: Xavi Mercadé

 

Lori Meyers

CRÓNICA 101 SUN FESTIVAL: VIERNES

Si bien el sur existe en otras citas de innegable relevancia musical, el 101 Sun Festival viene a paliar en Málaga la ausencia de macroconciertos estivales que se han propagado por el resto de la geografía española. La referencia turística internacional, especialmente británica, aunque el público local era mayoritario, de la Costa del Sol, la bonanza del clima y su buena conexión eran ingredientes previos que hacían presagiar el éxito del festival. Si a esto sumamos un elenco sólido, repleto de referentes internacionales y nacionales de la escena indie, la fórmula se ha demostrado ganadora. Futuras ediciones pondrán a prueba la viabilidad y evolución del festival hacia propuestas musicales más arriesgadas y menos obvias, así como en la mejora de infraestructuras. De ahí que detalles como las interminables colas para usar los escasos urinarios, las papeleras de reciclaje distribuidas por el recinto, o unos simples guantes para las personas que recogen la basura del suelo sean detalles relativamente fáciles de subsanar.

Las actuaciones se reparten entre dos espacios. Por una parte, La Térmica, en sesiones matinales de sábado y domingo, con grupos noveles. Por otra, el estadio de atletismo Ciudad de Málaga, donde se concentran los grandes nombres del festival en dos escenarios, que alternan los conciertos con precisión suiza.

 

Vista general de escenario principal

 

A media tarde, con levante suave, dio comienzo el 101 Sun Festival de la mano de los malagueños La Cena, con su pop de regusto sixties. Poco después Niños Mutantes Dj’s hicieron un recorrido histórico desde el pop yeyé hasta una última parada en sus paisanos, Los Planetas, con “Cumpleaños total”. Polock presentaban su reciente “Rising up”. Su estilizado pop, mecido entre ritmos sintéticos y estribillos hedonistas, se hizo disfrutable y contó con el beneplácito del, aún escaso, público dispuesto a bailar desde el minuto uno. Con todo, la alargada sombra de Phoenix sobrevuela todo su repertorio por lo que, desde ya, debieran dar pruebas de una madurez que les llevase a desarrollar una identidad propia.

 

Triángulo de Amor Bizarro

 

Frente a la algarabía juvenil anterior, Triángulo de Amor Bizarro supusieron una ducha escocesa, con la bombona de butano bajo mínimos y en una noche de noviembre. Son los herederos del Santo Grial carismático de toda la tradición del rock español que se sabe casquivano, melindroso e incisivo. De Parálisis Permanente a Ilegales, de Esplendor Geométrico a Los Planetas, suyo es un presente demoledor y necesario. Demoledores por su música imperecedera, la semilla del mal plantada en el subsuelo de la Factory, y necesarios porque si la vida mata y duele, su mensaje caustico y mal encarado supone una bofetada para nuestra aburguesada conciencia. Comenzaron con un sonido saturado. para alternar sacudidas sónicas con caramelos pop, la imperecedera “ De la monarquía a la criptocracia” o su canción más claramente comercial, “Estrellas místicas” (todo lo pop que puede ser la coz de una mula), que entusiasmaron a su público.

 

Lori Meyers

 

Lori Meyers jugaban una clara carta ganadora, ya que la plaza de Málaga suele ser afín a su discografía, por sus exitosos conciertos en el pasado y los recuerdos a una veintena de poblaciones de la provincia. Disfrutaron de una franja horaria propicia para el lucimiento y desplegaron un repertorio pop que han depurado de tal manera, que en su caleidoscópico mosaico sonoro entran los ribetes soul, el pop de ayer, hoy y siempre y los ritmos sintéticos, y los éxitos se suceden de manera arrolladora. La respuesta del público fue visceral ante su tridente más aclamado (“¿A-ha han vuelto?”, que casi nos provoca un soplo en el corazón, “Mi realidad” y “Alta Fidelidad”) o el ya habitual cameo de Anni B Sweet en “El tiempo pasará”, que no admite peros esnobistas. Una debilidad personal: “Tokio ya no nos quiere”, hipotético anverso de esa moneda del mejor escapismo emocional de Graná cuyo reverso sería “De viaje” (Los Planetas). Al finalizar el concierto, dirigí mi mirada hacia el público colindante y no hallé nada en lo que poner los ojos que no fuese recuerdo de la felicidad.

 

Spector

 

Spector no son lo que parecen. Ni amenazaron a nadie con un revólver sobre la mesa de mezclas ni han compuestos gemas pop pluscuamperfectas. Son un grupo ampuloso y grandilocuente al que las luces de mi entendimiento no me permitieron prestar atención. Letras dolientes, mazacote musical (¡Esos teclados, por Dios!). Quizás debieran haber elegido otro músico al que rendir homenaje a la hora de bautizarse musicalmente. Phil, tu música nos mola, tus tocayos no.

 

Franz Ferdinand

 

Franz Ferdinand pretenden regresar a la exitosa senda del post punk que los vio nacer con “Right Thoughts, Right Words, Right Action”. Es su manera de aferrarse a una tabla de salvación según un modelo trotón que palidece frente a logros pretéritos. Su última entrega posee un puñado de temas resultones que, empedrados entre lo más granado de su discografía, permite que en directo ganen enteros con respecto a la sensación causada en la sosegada escucha casera. “Evil eye” (¿pretenden emular a Gorillaz?), “Bullet” (¿Pixies más Supergrass?) o “Love illumination” cuadran con unas canciones que mantienen el tipo diez años después. Escuchar “Take me out”, “The dark of the Matinée” o “The fallen” y permanecer impasible es un oxímoron. Con todo, mis mejores momentos siguen siendo “Ulysses” y “Outsiders”, estropeada con un efectista gang bang de los músicos contra la batería. Los peros: los tics rockeros, el constante compadreo pelota, la euforia impostada de Alex Kapranos, los prolongados interludios musicales para generar el clímax que les hicieron desviarse de la contundencia de un buen crochet (sirva de ejemplo la concreción ramoniana del bis con “Jacqueline”) que, en caso de haber aprovechado mejor el tiempo colocando gemas como “Evil and Heathen” o “Eleanor put your boots on”, habrían hecho su propuesta más atractiva. Pegas que quizás no concuerden con la opinión mayoritaria del público rendido a sus pies.

 

Rinôçeròse

 

La ingrata tarea de continuar un festival con el público en franca retirada, tras las estrellas de la noche, recayó en Havalina y Rinôçeròse. El grupo madrileño presentó un directo rocoso y contundente, que les emparenta con la trilogía siniestra de The Cure y que debiera disponer de una oportunidad más propicia para apreciar sus méritos. Porque este humilde escriba hubiese preferido que de Franz Ferdinand, metidos en el costal lúdico festivo, se hubiese pasado, más conciertos no garantizan más placer y su secuenciación es importante, a la casilla de Rinôçeròse. Menos cansado y embotado habría disfrutado más de la lúbrica y rítmica propuesta del dúo francés.

Javier Pérez

Fotos: Rafa Marchena

 

 

Crystal Fighters

CRÓNICA BILBAO BBK LIVE 2014: JUEVES

El verano bilbaíno presenta un julio otoñal, con cielos encapotados y lluvia, pero respetó ayer el inicio de la novena edición del Bilbao BBK Live festival, evento que ha logrado colgar el cartel de sold out agotando tickets y completando el aforo, cifrado en 40.000 espectadores por día.

Paradójicamente, mientras grandes dinosaurios del pop de dilatada trayectoria como Police, The Cure o Depeche Mode habían sido siempre el reclamo principal del Bilbao BBK Live -no obstante el record de asistencia lo tenía Metallica, pues en el Botxo siempre han tirado más los sonidos contundentes-, dos bandas surgidas en el tercer milenio son las responsables de tamaño éxito, los escoceses Franz Ferdinand y, principalmente, el dúo de Akron The Black Keys -el tercero en discordia, The Prodigy, está próximo a cumplir 25 años en los escenarios y vuelven al festival tras su paso por la edición de 2008; son el cabeza de cartel más discreto de este año-. Serán miles los festivaleros que mañana acudirán al Bilbao BBK Live con el único reclamo de escuchar “Lonely Boy” en directo.

 

El recinto, a rebosar (Foto: Rhythm And Photos)

 

El Bilbao BBK Live se celebra en la cima de Kobetamendi, atalaya inmejorable para observar la ría de Bilbao y entender por qué la ciudad responde al nombre de “El Botxo” -hoyo redondo-. Para cuando Eskean Kristö -única banda en euskera en la actual edición-, Future of the Left y Parquet Courts rompieron con contundencia el silencio y abrieron raudos el festival, eran miles los aficionados que se encontraban aún en el trayecto de subida -en bus o, resoplando en las cuestas, a pie-, con muchos de ellos atrapados en el acceso al camping. Dentro del recinto, la fiesta no tomaría color hasta la aparición en la escena principal de John Newman, pues con el sonido vintage de Allen Stone el ambiente es aún relajado y con White Lies todavía hay aficionados tumbados en la hierba, en plan picnic.

 

John Newman (Foto: Music Snapper)

 

El veinteañero británico John Newman, camisa y calcetines blancos, traje negro y un tanto fondón, presentaba su album debut “Tribute” apoyado en dos poderosas coristas. Entusiasmó a las primeras filas con el cierre, “Love me Again”, demostrando el poder de un hit.

Desde su irrupción en la escena de los festivales estivales, el recinto del Bilbao BBK Live es siempre similar, pero modificado año tras año. Así, en la actual edición nos encontramos con que se afina en la ubicación de los escenarios para tratar de abrir el entorno. El festival se expande y delimita mejor el espacio de cada escenario; el acceso a los mismos es, por consiguiente, algo más complicado -no resulta práctica la entrada a la carpa, Stage 3-. El sold out y la aglomeración de público no parece resultar peligrosa, pero sin que la sensación sea de agobio, el tránsito resulta a veces incómodo, recuerda -salvando las distancias- a lo que es hoy el Primavera Sound en este aspecto.

 

The Last International (Foto: Rhythm And Photos)

 

Vetusta Morla son una de las bandas más queridas del festival, no en vano la de ayer era su cuarta visita; el evento bilbaíno y la banda de Tres Cantos caminan en paralelo. Al son de los tambores, comenzaron presentando su último lanzamiento con “La deriva” y “Fuego”. Hablan de perderse y de encontrarse, de tener tiempo para desdoblarse. Así pues, los dejamos atrás y corremos al Stage 3, carpa de Sony, donde Hercules & Love Affair solapan su actuación con la de los madrileños. No volveremos ya donde ellos, aunque de los comentarios escuchados podemos decir que su directo encantó una vez más. Similar será después la exposición a la par de Phoenix en el escenario Heineken y de The Last Internationale en la carpa Sony. En esta ocasión, tras escuchar el entusiasta arranque de los franceses con “Entertainment” y un enérgico batería -llegamos también al cierre, en el que el vocalista Thomas Mars trato de surfear entre el público, o al menos bracear en él-, también preferimos el cuerpo a cuerpo de la contundente y combativa banda garagera, compuesta por músicos de Rage Against the Machine y comandados por la frontwoman Delila Paz, cual Patti Smith rejuvenecida.

 

Hercules & Love Affair (Foto: Rhythm And Photos)

 

Hercules & Love Affair resultó, en una carpa que hizo explosión y resultó insuficiente -lo sería en adelante, en especial con Dorian-, el directo que más disfrutamos en la jornada inaugural del Bilbao BBK Live 2014. La clausura, espectacular con “Blind”, aunque no sonara en la voz de Antony Hegarty (de Antony & the Johnsons). En cuarteto, el Dj Andrew Butler transformó Kobetamendi en pista de baile, secundado por dos vocalistas, uno tocado con un sombrero cordobés, el otro, travestido y feminizado con un vaporoso vestido con transparencias. Con luces de neón y corazoncitos en las pantallas, presentaron “The Feast of the Broken Heart” con un directo que resultó ser una oda a la diversidad sexual -con presencia de artistas locales de vanguardia en la pista-.

 

Franz Ferdinand (Foto: Tom Hagen)

 

Sudorosos y felices, se acerca el momento estelar de la noche, con la presencia de Franz Ferdinand y, cerrando el escenario principal, Crystal Fighters -entre ellos, Phoenix en el Stage 2-. En principio, nos seduce la propuesta de los escoceses, quienes sin fuegos de artificio ni malabares luminiscentes lo fían todo a sus canciones. Les sobra escenario y, protegidos por unos amplificadores en los que forman las palabras “Thoughts-Words-Action”, se muestran como cuarteto compacto sin que Alex Kapranos, que tiene su aquel, tome más que el justo protagonismo. Pero… se desfondan en un largo y generoso directo en el que suenan en torno a una veintena de temas. Con las cartas boca arriba, abren con “No You Girls”, “Dark of the Matineé”, “Right Action” y “Do you Want To” -con mal sonido- mientras bota y se desgañita el público; no tarda en llegar “Evil Eyes” y ni siquiera se guardan en la manga el as de “Take me Out”, que suena -¿grave y ralentizada?- junto con “Love Illumination” en la parte final, pero no como clausura, para la que, ya sin más fichas, eligen “This Fire”; llueve sirimiri ya en Kobetamendi. ¡Ojo!, la colección de hits expuesta es impresionante y nos hubieran encantado en sala, pero no acaba de convencer del todo en un festival masivo.

 

Crystal Fighters (Foto: Tom Hagen)

 

Todo lo contrario, el de Crystal Fighters, quienes hablan del País Vasco como casi su “tierra madre”, resulta el bolo más festivo y efectivo de la noche. El sexteto, tocado con plumas y envuelto en cuerdas -Sebastian Pringle anuda también el pañuelico de San Fermín- gestiona casi en acústico y de manera exquisita el setlist y trasmite alegría, abriendo con “Solar System” -“País Vasco to San Francisco…” dice la canción- y también en la parte inicial, “Love is All I Got”; cerrando, con el público agitando miles de lucecitas y entregado ya, con “At Home”, “Plage” y “I Love London”. Su fusión de txalaparta -tocada de manera muy poco hortodoxa, la verdad- y electrónica resulta a priori difícil de entender, puede causar desconfianza pero… en directo, vaya si funciona. ¡Menuda rave!

 

Phoenix (Foto: Tom Hagen)

 

La madrugada sigue, suena ya “Tristeza” de Dorian, hablando de sueños que no se cumplen. La carpa aprieta y decimos basta, mañana más.

Anartz Bilbao

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ALRUMBO BYTHEFEST

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CRYSTAL FIGHTERS, CHAMANES EN LAS CUEVAS DEL RAVE

Los británicos Crystal Fighters se han convertido en uno de los grupos indie con más presencia y proyección en España. En parte se debe a los elementos del folclore vasco que han introducido en su estilo, un combinado de rock, psicodelia y baile. En 2013 publicaron “Cave Rave”, su segundo álbum, que presentaron en diversos conciertos y festivales en España. Este año también están presentes en los carteles del Bilbao BBK Live, 101 Sun Festival, Arenal Sound y Solar Fest. El guitarrista Graham Dickson habló con byTHEFEST en una parada de su anterior gira española.

 

Sois habituales de los festivales españoles. ¿Qué destacaríais de ellos?

Creo que en España hay una auténtica cultura de la diversión y del disfrute, y eso hace que la gente viva intensamente cosas como la música, lo cual se refleja en los festivales. Es increíble comprobar cómo el público se va animando a medida que transcurre la noche y se van perdiendo las inhibiciones.

 

¿Crees que todo eso ha facilitado la estupenda conexión que tenéis con el público español?

Es maravilloso cómo nos trata la gente en España y poder experimentar en el escenario esa conexión de la que hablas. En julio volvemos al País Vasco, un lugar que ya conocemos bien porque hemos actuado en otras ocasiones. El año pasado estuvimos actuando en lo alto de una colina con Delorean. Nuestra atracción por la tierra vasca es evidente, porque parte de la inspiración de nuestra música proviene de allí.

 

¿Entendieron en Euskadi vuestra propuesta mejor que en otros puntos de España e incluso del mundo?

Al principio, el público vasco no tenía muy claro qué pensar de nosotros, no sabían si éramos unos impostores aprovechando su legado musical. Pero creo que hemos demostrado que nuestro trabajo está hecho con el máximo respeto y con toda honestidad, y el público vasco lo ha entendido.

 

 

¿De dónde provienen exactamente vuestras influencia vascas?

Laure Stockey, un ex miembro del grupo, tiene raíces allí. Su abuelo era vasco y cuando se estaba muriendo dejó escritos una serie de textos. Ella los leyó, y decidió dárnoslos a nosotros. Fueron una fuente instantánea de inspiración. Cuanto más vamos al País Vasco más aprendemos sobre su folclore y tradiciones, conocemos más gente, sabemos más sobre los instrumentos que tocamos. Personalmente, lo que más me gusta de todo eso es la mitología alrededor de las brujas. Me resulta fascinante porque es un tema que toca diversos aspectos de la existencia humana y sus conexiones con la naturaleza. Ese es el motivo por el que organizamos un concierto en las cuevas de Zugarramurdi.

 

¿Se puede describir vuestra música como un viaje de exploración por diversas culturas musicales?

Más que un viaje de exploración yo lo definiría como un recorrido a través del cual intentamos conectar todo aquello que nos gusta. Se trata de elementos que ya son conocidos, no estamos descubriendo nada, pero la idea es unir todo eso y crear algo nuevo. Todos los miembros del grupo tenemos backgrounds musicales muy distintos y eso hace que unamos rock con electrónica y folclore y otras cosas y que el resultado final nos haga diferentes.

 

¿Dirías que estáis modernizando el folk?

Es posible, aunque no sé si lo conseguimos y desde luego no es nuestra intención, al menos de una manera consciente. Pero si escuchas nuestras canciones sin ningún instrumento más que una guitarra acústica, te das cuenta de que son como viejas canciones folk, así que supongo que nuestras influencias más importantes provienen de canciones folk de los años sesenta y setenta. Se puede decir que nuestro objetivo siempre ha sido conectar tradición y modernidad.

 

Otras de las características de vuestra música es que tiene marcados elementos de celebración.

Espero que así sea, porque es algo que sí buscamos conscientemente. Intentamos hacer canciones que contagien alegría, que suenen hedonistas, algo que sirva para poder evadirse de las presiones que genera la cultura moderna occidental. Se trata de abrir una puerta a otras posibilidades. Hay gente que se refiere a lo que hacemos como música escapista. Nosotros preferimos verlo como una alternativa, abrir un camino nuevo precisamente para que no sea necesario tener que escapar.

 

 

¿Recuerdas algún momento especial en el que se haya evidenciado que ese objetivo se ha cumplido?

A veces, cuando ves algunos tatuajes que se han hecho personas que vienen a vernos, te das cuenta de que el mensaje llega más lejos de lo que tú puedes controlar. Un fan con un tatuaje que hace referencia a tu grupo o tu trabajo es posiblemente uno de los mejores cumplidos que puede recibir un músico.

 

Vuestro último disco se titula “Cave Rave”. ¿Son las cuevas el primer lugar donde se organizaron raves?

Por supuesto. Hay documentos que hablan de cómo hace 75.000 años la gente se reunía en cuevas para tener experiencias con las que expandir la mente. Hoy esas experiencias tienen lugar en los clubes, allí la gente experimenta con los ritmos, el espacio…

 

¿Entonces la música electrónica de baile conecta con nuestros instintos más primarios?

Claro, existen muchas culturas ancestrales en las que la música es una manera para que el individuo abandone su cuerpo, y esto se consigue a través de ritmos que llevan al trance. En ese sentido, se puede decir que Crystal Fighters pueden cumplir la función de un chamán. Salimos a escena e intentamos crear la conexión entre música y espíritu, proyectando nuestras vibraciones. Entiéndeme, no es que la banda haya buscado algo así, pero la experiencia nos ha demostrado que cumplimos un papel que podría ser similar al de los chamanes.

 

“Cave Rave” se publicó ya hace un año, ¿tenéis material nuevo preparado para grabar?

Sí, ya hay varias canciones compuestas pero no puedo adelantar nada al respecto, lo siento. Ni siquiera hemos empezado a tocarlas en los conciertos.

Rafa Cervera

phoenix

BILBAO BBK LIVE: MANUAL DE USO

Con todo el papel vendido se presenta la novena edición del Bilbao BBK Live, que regresa al recinto de Kobetamendi, en las laderas del Monte Kobetas, entre el 10 y el 12 de julio. Plenamente asentado en la geografía festivalera española, vuelve a presentar un cartel heterogéneo y lleno de nombres internacionales de interés, que en algunos casos hacen doblete en el 101 Sun Festival de Málaga. Como siempre, en byTHEFEST hemos establecido una hoja de ruta por días, una guía orientativa para no perderse ninguno de los conciertos destacados. ¿Coincide con la tuya?

 

JUEVES 10

Los escoceses Franz Ferdinand son los cabezas de cartel de la primera jornada. Se estrenaron a lo grande hace diez años, con un disco homónimo que les catapultó al éxito gracias a hits como “Take Me Out”, pero no venían de la nada. Todos sus componentes se habían fogueado previamente en bandas como Yummy Fur o Embryo, de ahí que Franz Ferdinand sorprendieran por la solidez de su propuesta, que destacó en un momento en que la escena rock anglosajona recuperaba la herencia del post-punk, sus guitarras angulosas y sus ritmos bailables. La personalidad del vocalista Alex Kapranos hizo el resto. Tanto “You Could Have It So Much Better” (2005) como “Tonight: Franz Ferdinand” (2009) mantuvieron el listón, aunque no faltó quien les acusó de repetirse, pero las dudas quedaron disipadas el año pasado, cuando “Right Thoughts, Right Words, Right Action” demostró que les queda cuerda para rato.

 

 

El de los franceses Phoenix (en la foto superior) es otro de las grandes nombres del festival. Les costó un poco arrancar, porque sus tres primeros discos tuvieron un impacto creciente, aunque no masivo, pero a partir del tercero, el celebrado “Wolfgang Amadeus Phoenix” (2009), se desató la locura. No solo se convirtieron en un fenómeno de masas, sino que crearon tendencia internacional (no hay más escuchar a los valencianos Polock). “Bankrupt!”, editado hace un año, les ha permitido mantener su privilegiada posición, y en espacios abiertos son una apuesta segura.

 

 

Aún está reciente la conversación que mantuvimos con los madrileños Vetusta Morla a propósito de la publicación de “La deriva”, un esperado tercer álbum que se anunció urgente en el sonido y comprometido en los textos, marcados por la crisis actual, pero que en esencia se mantiene fiel a su trabajos precedentes. El disco llegó tras el “Concierto benéfico por el Conservatorio Narciso Yepes de Lorca”, que grabaron con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (para recaudar fondos destinados a la reconstrucción del centro), y de “Los ríos de Alice”, un álbum instrumental concebido como banda sonora para un videojuego. Tras una primera parte de gira en que la banda ha actuado en salas, afrontan un segundo tramo de festivales que, no hace falta ser adivino, les reportará un éxito igual o mayor que el cosechado hasta ahora.

 

 

Los británicos Crystal Fighters se han convertido en uno de los grupos indie con más presencia y proyección en España. En parte se debe a los elementos del folclore vasco que han introducido en su estilo, un combinado de rock, psicodelia y baile que arrasa por donde quiera que pase. El año pasado publicaron “Cave Rave”, su segundo álbum, que presentaron en diversos conciertos y festivales en nuestro país. Y 2014 no van a ser menos, porque además de actuar en el BBK Live lo harán en el 101 Sun Festival y el Arenal Sound. Según palabras del propio grupo, “en España hay una auténtica cultura de la diversión y del disfrute, y eso hace que la gente viva intensamente cosas como la música, lo cual también se refleja en los festivales. Es increíble comprobar cómo la gente se va animando a medida que transcurre la noche y las inhibiciones se van perdiendo”. Ellos, claro, ponen su granito de arena con canciones irresistibles como “You and I”.

 

 

El baile llegará de la mano de Hercules & Love Affair, que este año celebran una década de existencia con la publicación de “The Feast of the Broken Heart”, su tercer álbum. Llamaron la atención inicialmente tanto por la implicación en la banda de Antony Hegarty (Antony & The Johnsons) como por su fichaje con el prestigioso sello DFA, regentado por James Murphy (LCD Soundsystem), pero con el paso del tiempo su contagioso dance-punk ha demostrado tener entidad propia más allá de los nombres de relumbrón con que pueda estar asociado. Preparad las caderas.

 

 

VIERNES 11

The Prodigy vivieron sus momentos de mayor esplendor a finales del siglo pasado, cuando su explosiva combinación de tempestuosa rítmica electrónica con actitud punk puso patas arribas las pistas de baile y los festivales. Los tiempos (y las modas) han cambiado mucho desde entonces (¿alguien se acuerda de los Chemical Brothers o de Propellerheads?), pero no es arriesgado aventurar que el recinto del Kobetamendi vibrará con hits como “Poison”, “Breathe”, “Smack my bitch up”, “Firestarter” o “Voodoo People”. Suyo será el protagonismo en el fin de fiesta de la segunda jornada.

 

 

Antes, habrán pasado por el festival personajes como Jack Johnson, que practica un folk rock suave y de ascendencia acústica, conectado con la cultura surf. En 2013 publicó “From Here To Now To You”, su sexto álbum, en el que volvió a colaborar su buen amigo Ben Harper y que se situó directamente en el número 1 de las listas de ventas americanas, quizá porque su propuesta sonora cada vez se está impregnando un poco más de esencias pop. Todavía pasto de selectas minorías en España, puede convertirse en una de las más gratas sorpresas del día.

 

 

“Supermodel” es el título del segundo álbum de Foster The People, editado este mismo año y motivo de su presencia en el BBK Live. La banda de Los Ángeles logró que todo el mundo se fijara en ellos con “Torches” (2011), un debut aupado al éxito gracias al apoyo incondicional de MTV. En su nueva entrega, el trío ha desterrado parcialmente el sonido sintetizado de su estreno para apostar por una cualidad más orgánica, acorde con el tono conceptual del álbum, que fue compuesto entre la India y Marruecos, lejos del entorno hollywoodiense en el que la banda suele moverse habitualmente. No es raro que se hayan filtrado algunos guiños africanos o brasileños en sus canciones, que no obstante siguen respondiendo a unos cánones accesibles y para todos los públicos.

 

 

Coincidiendo con su fichaje por un gran sello, Conor Oberst ha recuperado el modo de trabajo de sus inicios. De hecho, “Upside Down Mountain”, su reciente nuevo disco, es el primero que graba únicamente a su nombre desde su debut homónimo, en 2008. Se ha pasado varios meses elaborando un repertorio íntimo y personal, grabado con profusión de arreglos (participan más de veinte músicos), pero sin que los árboles impidan ver el bosque: La abundancia de detalles no resta transparencia a unas canciones en las que resuenan ecos folk, pop o country, en esa tradición sonora americana que Oberst cultiva desde que se dio a conocer. Quizá no está al nivel de sus grabaciones con Bright Eyes y peca de cierto conservadurismo, pero sería injusto ponerle pegas. Música adulta, acomodada, pero también con clase, talento y sensibilidad.

 

 

No es casual que a Frank Turner le hayan con Billy Bragg. Les une su espíritu combativo, un timbre vocal similar y, claro, la actitud punk. Nacido en Baréin y educado en Inglaterra, su discreto debut independiente (“Sleep is for the week”, 2007) le sirvió para llamar la atención de Epitaph, que editó “Love ire & song” (2008), pero fue su cuarto disco, el accesible “England keep my bones” (2011), el que cambió su destino, al vender más de cien mil copias. Polydor le hizo una suculenta oferta, así que Turner abandonó Epitaph para editar “Tape deck heart” (2013) con la multinacional. Un trabajo que supone un paso más hacia su transformación en estrella (muy cerca de la puesta en escena de Springsteen), y que presentará en el festival acompañado de su fiel banda: The Sleeping Souls.

 

 

SÁBADO 12

En “Turn Blue”, el álbum que trae a los Black Keys hasta Bilbao, no hay ninguna secuela de “Lonely boy”, la canción que les catapultó al éxito global. Parece una precaución de Patrick Carney y Dan Auerbach ante una situación que quizá les venía grande, aunque mantienen la entente de producción con Danger Mouse (a su lado desde 2008), que igual invoca a Pink Floyd (“Weight of love”) que pinta con barniz de sofisticación neosuol “Year in review” o “In time”. Hay canciones bailables, como “Fever” o “Gotta get away” (de inconfundible sabor stoniano), pero de lo que casi no queda ni rastro es del crudo y pegajoso blues de sus inicios (“Turn blue” es su octavo disco), pese a que la pulsión rítmica de “It’s up to you now” remita a Bo Diddley. No es un reproche. El dúo de Akron lleva años haciendo evolucionar su sonido con coherencia y cautela, incorporando en cada disco nuevos elementos que no traicionan su filosofía sonora pero evitan que se fosilice. Y ”Turn blue” es un nuevo paso en esa dirección.

 

 

La historia de MGMT es como una montaña rusa. La banda comandada por Andrew VanWyngarden y Benjamin Goldwasser llegó a lo más alto con su debut, “Oracular Spectacular” (2008), después de pensar que nadie se interesaría nunca por ellos y encontrarse al borde de la disolución. El éxito les pilló por sorpresa y no supieron refrendarlo desde el escenario, ofreciendo conciertos muy pobres que parecían condenarlos al olvido, pero perseveraron y consolidaron su sonido con “Congratulations” (2010), reivindicando su papel en la escena neopsicodélica y ajustando mejor su directo. En 2013 publicaron “MGMT”, cuyo título parece indicar un nuevo comienzo. Un disco que les muestra más maduros y asentados, como si hubieran digerido tantos vaivenes y se dispusieran a encarar el futuro con renovadas energías. Habrá que comprobarlo en Kobetamendi.

 

 

The Lumineers se han convertido en una de las grandes promesas de la nueva escena folk-rock (esa en la que destacan Mumford & Sons y Of Monsters And Men). Su pegadiza “Ho Hey” (incluida en el trailer de la película “El lado bueno de las cosas”, hecho más importante de lo que parece) les llevó hasta el número 1 en la lista de iTunes, y su disco debut, homónimo y publicado en 2012, fue número 2 en EE UU y entró en el Top 10 en Gran Bretaña, confirmando una tendencia que parece imparable. Abogan por la ortodoxia, como si los devaneos psicodélicos del weird folk nunca hubieran existido y el indie folk hubiera aceptado su condición de delicatessen para minorias, incapaz de lograr mayores cotas de popularidad, y es indiscutible que esa cualidad que hace su música accesible a todos los públicos es una de sus grandes virtudes.

 

 

Tras publicar dos estupendos discos (“Everything All The Time” y “Cease to Begin”), Band of Horses cambiaron de formación, ficharon por un gran sello y comenzaron a mostrar síntomas de desgaste en “Infinite Arms” (2010), que se confirmaron en el flojo “Mirage rock” (2012). Este año han presentado “Acoustic at The Ryman”, un directo acústico grabado en un templo del country que confunde intimismo con sensiblería y resucita los olvidados unpluggeds para recordar lo innecesarios que fueron. Habrá que estar atentos a su concierto, en el que no faltarán grandes canciones de su primera época, para confirmar si hay que darles por perdidos o todavía tienen cosas interesantes que decir.

 

 

Los Enemigos son unos clásicos del rock español, y su regreso ha sido uno de los más celebrados en nuestro país en los últimos años. Además, Josele Santiago, Fino Oyonarte, Chema “Animal” Pérez y Manolo Benítez han entrado en el estudio para grabar disco nuevo. El álbum, que se titulará, casi con total seguridad, “Vida inteligente”, verá la luz pasado el verano, pero antes estrenarán algunas de sus canciones en el Bilbao BBK Live, depués de la intervención a que fue sometido el cantante del grupo, para extirparle un pólipo de las cuerdas vocales. Josele, totalmente recuperado, llega dispuesto a repasar lo mejor de su notable repertorio.

 

 

Cerramos con Skaters, una banda formada por tres americanos y el británico Joshua Hubbard (Dirty Pretty Things), radicada en Nueva York y abocada con su primer disco, el efervescente “Manhattan”, a recordar el estreno de The Strokes (“Deadbolt”, “One of us”), aunque ellos citan como referentes a The Clash (“Band breaker”, “Nice hat”) Mission of Burma o Pixies. Huelen a hype (imagen, apoyo multinacional), pero se han ganado el voto de confianza y el directo será la prueba del algodón necesaria para comprobar si el futuro es suyo, como parece sugerir su debut.

 

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THE NATIONAL Y THE DIVINE COMEDY, AL BIME

Se está poniendo interesante el cartel de BIME Live, el ambicioso festival (conciertos en vivo y mercado profesional) que se celebrará en Bilbao, del 29 de octubre al 1 de noviembre. Cuando todavía estábamos saboreando la confirmación de Mogwai, llegan nuevos grupos que aún hacen más apetecible la cita. El más importante, The National (en la foto), que se colocan como cabezas de cartel del festival. La banda de Cincinnati publicó el año pasado “Trouble Will Find Me”, y se ha convertido en un nombre de referencia dentro de la escena rock internacional gracias a la seriedad de su propuesta sonora y al carisma de su líder, Matt Berninger.

 

Además de The National, y los ya conocidos Placebo, Mando Diao o Basement Jaxx, hay que sumar al cartel a The Divine Comedy, el exquisito proyecto de chamber pop liderado por Neil Hannon, y a la irlandesa Imelda May, que parece haberle cogido el gusto a nuestro país. Las altas internacionales se cierran con The Orwells, joven quinteto de Illinois con dos álbumes en su haber y un sonido que combina garage, punk, indie y rock and roll.

 

Fuel Fandango, La Maravillosa Orquesta Del Alcohol, Smile, The Weapons y Kometa completan el listado de confirmaciones de ámbito estatal.

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101 SUN FESTIVAL: MANUAL DE USO

El negocio musical, dicen, atraviesa una grave crisis, pero en nuestro país no dejan de aparecer nuevos festivales que parecen empeñados en demostrar lo contrario. El 101 Sun Festival ha sido uno de los últimos en incorporarse al mapa estatal, concretamente en su zona Sur, ya que se celebra los días 11 y 12 de julio en el Estadio de Atletismo Ciudad de Málaga. La programación de su primera edición es ecléctica y para todos los públicos, con importante presencia internacional, y en byTHEFEST no hemos querido perdernos su puesta de largo. Aquí va nuestra hoja de ruta para el festival.

 

VIERNES 11

Cabeza de cartel de campanillas para el debut del 101 Sun Festival: Los escoceses Franz Ferdinand se estrenaron a lo grande hace diez años, con un disco homónimo que les catapultó al éxito gracias a hits como “Take Me Out”, pero no venían de la nada. Todos sus componentes se habían fogueado previamente en bandas que no pasaron del anonimato, como Yummy Fur o Embryo, de ahí que Franz Ferdinand sorprendieran por la solidez de su propuesta, que destacó en un momento en que la escena rock anglosajona recuperaba la herencia del post-punk, sus guitarras angulosas y sus ritmos bailables. El carisma del vocalista Alex Kapranos hizo el resto. Tanto “You Could Have It So Much Better” (2005) como “Tonight: Franz Ferdinand” (2009) mantuvieron el listón, aunque no faltó quien les acusó de repetirse, pero las dudas quedaron disipadas el año pasado, cuando “Right Thoughts, Right Words, Right Action” demostró que les queda cuerda para rato.

 

 

El mismo días se podrá ver a un par de bandas tan jóvenes como prometedoras. Por un lado, Spector, cuarteto londinense que escogió su nombre en homenaje al mítico productor Phil Spector, pero que a nivel musical no mira tanto hacia los años sesenta como esa elección podría sugerir. Su único álbum, “Enjoy It While It Lasts”, despliega un sonido que The Guardian situó “en algún lugar entre Roxy Music y The Strokes, The Killers y Kanye West, Pulp y Frank Sinatra”. Son potentes, modernos y refrescantes, ideales para un festival. También británicos, The Struts comparten con Spector la juventud, las ganas de comerse el mundo y un sonido vibrante que, en su caso, remite al glam rock y la nueva ola. Dos bandas emergentes que denotan la intención del 101 Sun Festival de buscar entre las promesas de futuro a la hora de confeccionar su cartel.

 

 

En el apartado internacional, la jornada se completa con el dance-rock de «Rinôçérôse», mientras que en lo que respecta a grupos nacionales desfilarán por el escenario L.A., Havalina, Polock, Lori Meyers y unos Triángulo de Amor Bizarro que atraviesan su mejor momento. Los gallegos sedujeron al público ya desde su primer trabajo, gracias a un sonido y unas letras hirientes, demostrando su capacidad para domar el ruido y transformarlo en melodía. Se han superado en cada uno de sus tres álbumes, hasta llegar a convertirse en uno de los grupos más importantes de la escena estatal.

 

 

SÁBADO 12

El segundo día de festival también cuenta con reclamo internacional. Y por partida triple. Los británicos Crystal Fighters se han convertido en uno de los grupos indie con más presencia y proyección en España. En parte se debe a los elementos del folclore vasco que han introducido en su estilo, un combinado de rock, psicodelia y baile que arrasa por donde quiera que pase. El año pasado publicaron “Cave Rave”, su segundo álbum, que presentaron en diversos conciertos y festivales en nuestro país. Y 2014 no van a ser menos, porque además de actuar en Málaga lo harán en el BBK Live y el Arenal Sound. Según palabras del propio grupo, “en España hay una auténtica cultura de la diversión y del disfrute, y eso hace que la gente viva intensamente cosas como la música, lo cual también se refleja en los festivales. Es increíble comprobar cómo la gente se va animando a medida que transcurre la noche y las inhibiciones se van perdiendo”. Ellos, claro, ponen su granito de arena con canciones irresistibles como “Love Alight”.

 

 

Black Rebel Motorcycle Club se sitúan lejos de planteamientos bailables, pero son unos auténticos adictos a la electricidad más intensa. Lo dejaron bien claro en su debut, el espectacular “B.R.M.C.” (2001), donde se preguntaban qué había pasado con el rock and roll que amaban, que no es otro que el de The Jesus & Mary Chain, The Stooges o Spacemen 3, bandas de cabecera de este trío de San Francisco que a lo largo de más de una década ha demostrado su versatilidad (el incomprendido tono acústico de “Howl”, de 2005) sin traicionar su sonido. Lo suyo se define con una sola palabra: Actitud. Y el disco que editaron el año pasado, el séptimo de su trayectoria, vuelve a ponerlo de manifiesto, porque “Specter At The Feast”, que así se titula, ha aparecido en un sello creado por la propia banda: Abstract Dragon.

 

 

Si las referencias sonoras de Black Rebel Motorcycle Club están claras, lo mismo pasa con las de Temples, uno de los grupos más interesantes de ese reciente revival psicodélico en el que también se puede encuadrar a Tame Impala. Admirados por Johnny Marr (The Smiths) y Noel Gallagher (Oasis), han sabido revitalizar la tradición lisérgica británica de los sesenta en “Sun Structures” (2014), un disco que es como un viaje repleto de sensaciones. James Edward Bagshaw (voz, guitarra) y Thomas Edward James Walmsley (bajo, voz) comandan con mano firme una formación muy joven (empezaron hace solo dos años) que, sin embargo, muestra una madurez sorprendente. Curiosamente, es lo que ocurre también con The Family Rain, otra banda inglesa, en este caso de blues-rock, con un solo álbum en su haber, el notable “Under The Volcano”.

 

 

Por lo que se refiere a la alineación nacional de la jornada, cuenta con bazas ganadoras como Amaral, Grises, Russian Red, We Are Standard o Toundra, poderoso engranaje de rock instrumental en activo desde 2007, que ha crecido a ojos vista con cada nueva entrega discográfica (tienen tres en su haber) y se aproxima a preceptos post-rock en la tensión de sus largos desarrollos de guitarras. Sacan un álbum cada dos años, así que en 2014 les toca, por lo que el público del festival quizá tenga la oportunidad de escuchar sus nuevas canciones. Merecerá la pena.

 

 

LA TÉRMICA

No se vayan todavía, que aún hay más. Porque paralelamente a la programación oficial, se celebrarán en el 101 Sun Festival una serie de conciertos diurnos, a partir del mediodía del sábado y el domingo, en el Centro Cultural La Térmica. En este escenario, al que podrán acceder de manera gratuita los poseedores del abono del festival hasta completar el aforo, se podrá ver a The Royal Concept, una de las bandas más importantes del rock independiente sueco, o a los huracanados Lisa & The Lips. Además, una selección de grupos nacionales que incluye a Second, Jack Knife, Full, Nora Norman, Smile y Maine Coon. ¿A que entran ganas de acercarse a Málaga?

Foto: Andy Knowles