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SONAR infografia

SÓNAR FESTIVAL: INFOGRAFÍA

Una semana nos separa del Festival de música avanzada Sónar, un festival que se presenta este año con uno de los carteles más interesantes de las últimas ediciones.  El festival barcelonés crece a un ritmo trepidante y año a año se presenta con mejor aspecto que el anterior (algo bien dificil a tenor del listón). La reubicación de los eventos diurnos a un espacio mucho más grande como es el recinto ferial de Montjuïc y el incremento de actividades extra musicales afines al mundo digital más las últimas tecnologías de la mano de Sónar+D le han hecho ganar en consistencia y fiabilidad.

En lo estríctamente musical, habrá que estar atentos a los cabeza de cartel que se presentan. Éste año The Chemical Brothers (que presentarán en primicia mundial su nuevo espectáculo en directo), Skrillex (probablemente el artista de mayor repercusión surgido de la escena electrónica americana en los últimos años), Duran Duran (un concierto que tendrá lugar una década después de su última comparecencia en España) y Die Antword (que repiten un año más) son los grupos más importantes. De todos modos, no te pierdas a los 10 imprescindibles byTHEFEST que destacamos en nuestro manual de uso.

En el Sonar podemos encontrar puestos de comida, puestos de merchandising, consignas, puesto de objetos perdidos, zona WiFi (En el Sonar Village del Sonar de Día) y puedes pagar con tarjeta (de todos modos tienes cajeros automáticos en el recinto del Sonar de Día).

En cuanto al transporte, el festival pondrá a disposición de los asistentes el Sonar Bus. El precio del trayecto será de 2,50€ y habrán dos lineas trabajando. La línea 1 irá de Sónar de Día (Av. Rius i Taulet) a Sónar de Noche: viernes y sábado de 20:30 a 23h, mientras que la línea 2 tendrá un servicio ininterrumpido entre Plaça de les Drassanes y Sónar de Noche: viernes y sábado de 20:30 a 8h.

¿App oficial? Sí, la puedes descargar aquí: Android  / Apple

¿Quieres revivir la edición pasada?. Aquí te dejamos la crónica de lo acontecido hace un año: http://bythefest.com/asi-te-contamos-sonar-2014/

Toda la información del Sónar Sónar+D en: http://bythefest.com/festivales/sonar-festival/

ps2015

Primavera Sound 2015 – Infografía

Hablar del Primavera Sound es hablar de un grande, uno de esos festivales que levantan gigantesca expectación, congregan masas y convocan personas de todo el mundo (se trata de todo un referente europeo). Este año cumplirá 15 años (¿recuerdas su primera edición?) y en Bythefest hemos querido hacer una infografía de lo que, a grandes rasgos, nos vamos a encontrar.

El Primavera Sound, año tras año suma actividades paralelas o complementarias, como el Primavera ProPrimavera a la CiutatPrimavera als Barris, los vermuts del Primavera al ParcPrimavera als Clubs o el Primavera als Bars que por primera vez también se realizará en Madrid; además de nuevas actividades dentro del propio recinto como la programación del Heineken Hidden Stage o el Bowers & Wilkins Sound System, ambos por segundo año consecutivo. Dejando de lado estas actividades, en esta infografía te mostraremos los datos más relevantes relacionados con los tres día importantes del festival: 28, 29 y 30 de mayo (¡¡Quedan 2 semanas!!)

No olvides que Bythefest estará el miércoles, jueves, viernes y sábado ofreciéndote en directo toda la información a píe de pista de lo que vaya pasando en los diferentes escenarios (a ver que recorrido escogemos jeje). Podrás seguirnos en Twitter e Instagram con el Hashtag #VíveloconBTF. Además el viernes (recogiendo todo lo que dará de sí las jornadas del miércoles y jueves), sábado y domingo podrás leer a primera hora las más completas crónicas de lo acontecido el día anterior en el festival.

Compra tus entradas al mejor precio en Bythefest: http://bythefest.com/venta-de-entradas

…Y no te pierdas nuestro Manual de Uso Parte 1 (miércoles y jueves): http://bythefest.com/primavera-sound-2015-manual-de-uso-parte-1-de-2/

*El domingo lanzamos la parte 2 del manual, donde analizaremos el cartel de los días viernes y sábado

cabecera lisa & the lips

ASÍ TE CONTAMOS EL BAM 2014

VIERNES 19

A primera hora de la noche, en cuanto la última universitaria abandona la Facultad de Comunicación y Relaciones Sociales que desemboca en la plaza Josep Coromines, la atención se dirige hacia los dos jóvenes que se manejan como operarios detrás de una mesa que ocupa la mitad de un escenario prestado. Junto a ellos, una batería varada como el esqueleto de un cetáceo espera a los galeses Islet, que actuarán más tarde aunque nosotros no vamos a verlos.
En esta plaza de pasear perros empezamos nuestro recorrido por la vigésimo primera edición del BAM (Barcelona Acció Musical), en el contexto de la fiesta mayor de la ciudad, escuchando a Cristina Checa, a quien conocimos por su efímero proyecto Granit, ahora en coalición con quien fuera allí productor, el exSelenitas Eloi Caballé. Ambos hacen el total de Desert, el grupo de dos que ahora es atendido por un público todavía frío y en buena parte casual, pero que muestra cierto interés en dejarse subyugar.

 

Salvo imprevistos, los horarios se cumplen a rajatabla en el BAM. Desert se ha de bastar con tres cuartos de hora que les van a ser suficientes para derramar su pop volátil y entonar este recodo en el corazón de Barcelona. Cristina lo hace con voz de membrana y canto de blusa, sobrevolando el sonido sintetizado de las máquinas, y cuando se cumplen los cuarenta y cinco minutos, pese a que ha sido un directo sin despegue, más por la propia naturaleza evanescente que define la propuesta que por el minutaje impuesto, el personal está más o menos ensimismado. Al fin y al cabo, ha de ser lo que se pretendía, al menos si tenemos en cuenta el título del EP por el que se conoce a Desert, “Envalira”, que cruza los verbos catalanes embadalir (embobar) y delirar. Un neologismo que tal vez habría gustado a Coromines, el filólogo al que se tributa esta plaza entre dos acrónimos siniestros, el del MACBA y el del CCCB.
Mucho más céntrica, aunque en realidad a diez metros, está la plaza dura llamada dels Àngels, otro de los escenarios del festi donde de inmediato arrancan Blouse, combo de Portland de patrón clásico, espolvoreado de un sintetizador perezoso y sin magia, que con su sonido más orgánico va reuniendo vecinos, lateros y paseantes atolondrados. Los Blouse cultivan aspecto retro, la actitud displicente y monótona del roquero alternativo y a lo suyo lo llaman dream-pop, pero yo creo que es porque están dormidos. La plaza no la cohesionan, esto no es un problema de ellos porque va a ocurrir toda la noche y en todas partes, el público mixto es el peaje de los conciertos gratuitos, pero tampoco malgastan talento porque saben cuánto les queda. Y no es mucho.

 

Bajamos las Ramblas que un día fueron nuestras (las bajamos anegados en llanto como hace todo barcelonés desde 1992) y ahora sí, el ritmo. En el Moll de la Fusta, fachada marítima de la ciudad, Sonny Knight & The Lakers despliegan su dispositivo de relojería. Soul añejo y vibrante, sin novedad pero de altura, con un Knight radiante tras el “I’m Still Here” que hace un par de años lo recuperaba para los escenarios tras décadas inactivo, y un cuadro de siete músicos en diálogo. A Knight le falta un poco de negro en la voz, pero lo suple todo vestidito de blanco (que es lo que más raza hace) y termina de convencer en esa modulación suya precisa y vitalista, con la que es muy difícil no empatizar.
Al borde de la dársena, en primera línea de mar, una parte inope del público se deja mecer por los temas más souleros. Cuentan los veteranos que hace años rondaban la zona lanchas de la Cruz Roja, porque en los conciertos siempre había algún borracho que se caía al agua, y aunque hoy eso no ocurre, la gente en el meollo se lo está pasando bien, al menos por arrebatos. El repertorio, con cierto espíritu de pachanga, está muy bien trenzado y guarda mucho lugar para la alusión al respetable, que responde a las trompetas de alerta vital y brinca si hay que brincar aunque siempre dentro de un orden, el que dictan estos profesionales del soul genérico.

 

Hora exacta más tarde, una docena de técnicos hacendosos, dos de ellos con barba, remodelan el escenario para dar lugar a Lisa Kekaula, voz en melocotonazos imbatibles como el “Good Luck” de Basement Jaxx o capitana de The BellRays, que ahora conduce, junto a su marido Bob Vennun, Lisa & The Lips, un equipazo con músicos de Diamond Dogs, The Right Ons o True Loves.
Lisa es un fuego, una madre. En la vida corriente ha de ser un remanso, porque lo da todo aquí. Viste pantalones ajustados que evitan que le vibren los muslos como las tartas, eso nos lo escatima, pero el resto es torrente y supremacía. No logra el caldo completo porque lo que no puede ser, no puede ser, pero consigue por fin que el público se muestre expansivo y por momentos parezca cuajarse con el espectáculo. Ayuda la sofisticación de los lateros, que aquí además de cerveza ofrecen mojitos en bandeja que parecen muy del gusto de las guiris, pero el principal mérito está en la energía de una banda bien ensamblada que, sin hacer derroches, borda la operación tan difícil e inversa a la memoria histórica: dar auténtico soul con genuina alma de rock.
Lo negro, definitivamente, le sienta muy bien a Barcelona.
La estructura supersónica del bolo de Lisa nos lleva a regañadientes, recorriendo el litoral, hacia el recinto del Fòrum…

 

Las fiestas de los pueblos ocurren en la plaza mayor, donde el vínculo ya está hecho, y con el Fòrum sólo se sienten vinculados los visitantes y los primaveras, así que esto, para un barcelonés, ya no es la Mercè, ya no lo parece porque el Fòrum, en su ajenidad natural de bosque cadavérico, opera en contra del ambiente festivo, pero Javiera Mena va a saber cómo reparar eso.
La media de edad baja enteros para escuchar a la chilena, que aunque parapetada tras el dichoso mac que le da autonomía, se muestra confiada y defiende muy bien ese romanticismo suyo basado en una nostalgia temprana de niña del primer mundo. Hay mayoría de seguidores que se delatan tarareando las canciones de la radio en “Sol de invierno”, aunque son los temas más furiosos, los de amoríos menos preocupantes y los que desechan el sosiego del acento chileno, los que ensalzan el bolo, que cuenta con sorpresas poco celebradas como la intervención de Gerard Alegra Dòria, El Último Vecino, poniendo voz y aspaviento en “Al siguiente nivel”.

 

Aunque una buena tropa de mantas no se mueve de las escaleras del anfiteatro, Javiera sintoniza enseguida con propios y extraños gracias a sus modos de diva manejable y a una puesta en escena sencillísima y de absoluto cutrelux, que cristaliza en petardeo y alza el vuelo, como era de esperar, en “Espada”, cuando sus cuatro bailarinas se frotan en vaivén inguinal sendos sables láser que ilustran la metáfora más chabacana y gloriosa del último pop: “Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí”. Enlaza con “Luz de piedra de luna”, abrocha con una selfie colectiva y a otra cosa.
Cuando Frikstailers dejan ir sus primeras pulsaciones en la explanada del Fòrum, somos exactamente siete personas delante. Se pueden contar porque sólo son siete. Siete personas sin amigos ni familia que de inmediato se harán multitud, en cuanto Rafa Caivano y Lisandro Son pisen el pedal de su nave suborbital.

 

Frikstailers, con sus pelucas traídas de Fraggle Rock, sus gafas cegadas y su desmodulador de voz, resultan diáfanos y adorables aun siendo argentinos. Se les ve la ingeniería, son puro folklore y su cumbia digital con arranques hip hop saca a bailar a todo el mundo, incluso a algún catalán. En su primitivismo, la sesión se emparenta a otros recuerdos de esta noche, y si bien el público sigue siendo de su padre y de su madre y odioso en su abundancia de personajes despreciativos con lo que tienen delante, en su perseverancia el dúo se certifica en chamán y a golpe de cadera nos concilia con el cosmos, aunque ocurre poco antes de que decidamos abrirnos paso entre los indígenas y tirar para casa a escribir en absoluto silencio esta primera crónica de cuatro.

 

SÁBADO 20

Todo no puede ser. El BAM es un festival que se dispersa por Barcelona y al que en las jornadas de fin de semana es imposible atender en su totalidad. Luego está el nulo interés que suscitan ciertas bandas para el cronista, quien esta tarde, sin ir más lejos, se ha quedado en su casa. La otra opción era acudir arrastrado por bueyes a la Antiga Fàbrica Estrella Damm, donde Coriolà y Mishima tenían previsto dar lo suyo y, al menos según nuestro deseo, triunfar bien triunfados.

 

 

Declinando lo inocuo, nos conducimos como peatones por los márgenes y empezamos la velada con la chufla de Andrés Schteingart, un pibe en la onda de El Guincho, de filiación más psicotrónica, que encarrila el sábado en el escenario de la Joan Coromines, la plaza que acoge los pases más menudos y en teoría atrevidos del festival y donde la tónica es en cierto modo la de los sonidos un poco abúlicos, la banda sonora de una generación nacida escasa de rabia incluso en sus individuos más inconformes. Pese a lo que digan los mayores, es una opción que también conlleva discurso, de ahí el nombre artístico de Schteingart, El Remolón, que además nos engaña la tensión porque va a propulsión con su cumbia, siempre hacia arriba, incluye cambios de vestuario y aquí secunda sus ritmos de cepa latina las piezas del VJ Ovideo Opendesktop, que hace unos audiovisuales en descomposición que si los chupas te llevan a la fase cuatro. El público, bien bonito, se cimbrea. Es todavía familiar pero augura buena noche.

 

 

No tenemos manera de quedarnos a escuchar la sesión que sigue, cut-up a cargo de Den Sorte Skole, porque la llamada del mainstream nos obliga a subir a la Fàbrica, donde la presencia internacional con más tirón del festi emite su alegría de vivir pero de vivir en casa de los padres, que puestos a hacer balance es donde mejor hemos vivido todos. Nada que objetar a los Klaxons, que actúan en un lugar muy adecuado a su propuesta: la cuadrícula que es el Eixample. La calle esta a rebosar, la convocatoria es multitudinaria, hay personas con ropaje de futbolista y abunda el crío repeinado, uno de ellos con un paraguas, el chaval se ha traído un por si acaso de su madre, pero está en contexto. Los Klaxons salen pidiendo palmas, como los delfines, y en dos temas corroboran que ni tienen power ni tienen poética ni tienen nada. Aspiran a las melodías, pero en tres discos no han dado todavía un himno. En el cuarto tampoco lo harán. Fijar el sentir de una generación no es cosa fácil, simularlo está tirado. El trío, que en directo son cuarteto para echar masilla en los huecos que en estudio cubre la producción, esgrime su mejor baza en los breves momentos de compresión sónica, justo los instantes que su público desatiende. No queremos estar aquí, esto es una música que militariza el pensamiento.

 

 

Eludimos también la cita con Modern Baseball, un guapito, un galán, un simpático y un chistoso que juntos hacen música con sentido de la comedia, piezas de instituto concisas y flechadas. Los hemos visto en YouTube, muy frescos, ejecutando un punk-rock apócrifo y candeal, sin asperezas, que los condena a convertirse en yernos en el momento menos pensado. Los eludimos no por nada, sino porque elegimos acudir de vuelta al refugio del Raval, siempre más estimulante en sus sorpresas. Teníamos ganas de escuchar el hip-hop bailón (o grimcore, de acuerdo) de Linkoban, que ha resultado una tía divertida, ambiciosa y muy hábil gestionando su exotismo de danesa con ascendencia china. Sale a pelo, con un encapuchado al secuenciador y otro a la batería, y sostiene muy bien la faena, locuaz y con un punto insolente, jubilosa y sentimental, entre temas que cantan a SuperMario (“Fire Flower”) o a los chicos de nariz grande (“Big Boys”).

Antes hemos hecho parada eventual y muy nutritiva en la plaza dels Àngels para ver a Grey Filastine, norteamericano afincado en Barcelona que ofrece una puesta en escena tan sencilla como efectiva: candiles de barco y cacharrería, megáfono, chelo, triángulo, bases y mimbres tecnológicos y querencia por la batucada simple. Es en ese reduccionismo de la percusión donde mejor funciona su concepto de sermón sociopolítico, ilustrado por un ciclorama de vídeos que van haciendo geometría del zeitgeist. Sonidos hondos que casan muy bien con el sentir de este barrio. Las plazas, ya todas, hasta la bandera.

 

 

Junto al mar, los británicos Basement, veloces pero sin prisa, hacen la suya mientras el iniciado se va engorilando para sus adentros, agradece las guitarras predominantes y gozará, si la tocan, su versión empacada del “Animal Nitrate” de Suede (donde el “oh-oh-oh”, y esto es significativo, se ha trocado en “ah-ah-ah”). No sabemos si la tocan porque en cuanto llegamos percibimos sobre la capa de gasoil de las aguas una marejadilla procedente del Fòrum, una llamada de la tiniebla que se llama High Tone, viene del sur de Francia y allá que vamos de cabeza.

La fiesta requiere disolución y desorden para merecer ese nombre, y aunque en el Fòrum no hay nada que desordenar porque en el Fòrum no hay nada, el lugar es hoy un océano de niños, de miles de niños y algún que otro gañán molestando a las niñas que nos pone agresivos. Con mucho esfuerzo nos abrimos paso hasta la primera fila del anfiteatro, donde los amplis nos hacen sentir flotante el esternón, y allí damos con una baldosa suelta desde la que surfear lo que queda del día.

 

 

High Tone toman la noche, la templan con su drum and bass contaminado de verbo y nos entregan la condensación, que no sabemos si nos abraza o si nos está abrasando. Los lioneses no atienden a razones, están a oscuras porque no es necesario mirarlos, el público mixto dificulta la comunión pero al cronista, que es un cursi, le baja el santo y siente la música hecha sexo mundial, logra la abstracción y danza desvestido la tralla ascendente. Cuando alzamos los cuernos de saludo para agradecer el final del pase, una onda expansiva de realidad se abre a nuestro alrededor, y aunque los malagueños BSN Posse acaban de tomar el relevo y abren apuntando maneras, van a tener que disculparnos porque, ahora sí, nos vamos a la casa nuestra, dulce y calladita, con la cabeza festiva, un poco rota y a rebosar del residuo que hay que dejar aquí escrito.

En la calle, la temperatura ambiente, según indican los farmacéuticos de guardia, ronda a estas horas los veintitantos. El metro es una aventura difícil y agotadora pero a no perdérsela, incluye cánticos ebrios que alternan la independència con el camarero-qué-una-de-mero, eventuales riñas femeninas con hostias, patadas y hasta palabras malsonantes e incluso una chica que le cuenta a otra, entusiasmada, que tiene un amigo que es poeta.

Barcelona sigue siendo muy bella pese a estar tan tocada de miedo y coerción. En los alrededores del Fòrum, apostados en los semáforos, unos guardias urbanos prohibían a los chavales cruzar con el disco en rojo. La temperatura será la que sea, pero la sensación de bochorno es considerable en estos últimos días del verano.

 

DOMINGO 21

El BAM es un festival escarpado y casi inabarcable en el espacio, pero muy manejable en el tiempo. Su estructura es amable: nos camela el viernes, nos arrastra por el sábado hasta el final de la noche y nos mece el domingo con una programación escueta y balsámica para que el lunes nadie falte a sus clases. Luego, el miércoles, se celebrará la Mercè, patrona de la ciudad, así que en cuanto caiga el sol del martes volverá a llenarse la parrilla, por fin descartando ese Madrid Arena planetario que es el Fòrum, que ya solo acogerá actuaciones de fiesta mayor ajenas al BAM, como Fundación Tony Manero, La Troba Kung-Fú o Delafé y las Flores Azules. Delafé y las Flores Azules, ¡menuda fiesta! Perdón, perdón, perdón.

Hoy salimos de casa con buena luz, pero cuando llegamos al centro es de noche. Llamamos a información y nos mandan a tomar por culo. Nos ocurre algo más que no nos había pasado en cuarenta años, y es que bajamos las Ramblas creyendo que las estamos subiendo. Son los efectos secundarios del tercer día de festival, desorientación y sonambulismo, un estado de conciencia que resultará adecuado para la primera actuación de la velada.

 

 

De los artífices de Ursula y McEnroe llega Viento Smith. Pop afligido. Temas acuarelados. Muchachos sensibles con la camisa desplanchada. Nanas para arrullar osos panda. Una llantina un poco demasiado afectada que en otra plaza, o en ésta misma de haber existido en otra época, se habría resuelto a pedradas, pero que aquí, en un momento dado, se hace con la parroquia. Esto es un mérito. Su disco “Campos Magnéticos” da en el título, si lo dices en inglés, la aspiración primera de Viento Smith, que hacen una música de estarse quietos, un poco inquietos, incluso. Estamos siendo expeditivos, tal vez no es justo, pero es que nos resultan muy morosos en la lírica (la única audacia verbal de su repertorio es la línea “el amor que nos hicimos”, así está el tema) y no tenemos el día para encajar guitarras ultrajadas por arcos de violín.

Ahora toma dos tazas. En la plaza dels Àngels nos espera una segunda ración de melancolía con voluntad luminosa. Lo que habíamos escuchado de ellos no nos convencía nada y tampoco es que ahora lo haya hecho, pero es justo decir que Lanterns on the Lake toman en el directo un cuerpo inesperado. El primer bolo en España de estos británicos pretende bañarnos de pop ululante pero nos resbala, aunque su narratividad plomiza podría estar indicada para muchachas sietemesinas y estandarizadas. Bajo los pies les corre un arroyuelo subterráneo de folk y tienen aspecto de funcionar como el mecanismo de los Sea Monkeys: si los mojas un poco despiertan con forma de hipocampo y se vienen arriba en los epílogos instrumentales, pero en general son pisaflores y una murga. ¡Oh, no, otro arco de violín rasgueando una guitarra eléctrica!

 

 

En el BAM no hay ninguna banda con actitud de sabemos dónde vives, que es algo que de vez en cuando apetece, pero ya nos hemos hecho a la idea y hoy no dejamos de repetirnos que es el día del sosiego. Seguimos trabajando. Trabajamos en la calle. Nos lo pasamos cañón. Ahora el foso de los fotógrafos se alboroza y se pone contento: los que vienen llevan la cara pintada con brillantina.

Moodoïd nos levanta el ánimo con su glam telúrico y su psicodelia acolchada. Pablo Padovani, guapo como un demonio recién nacido, se acompaña de una banda de cuatro mujeres, pero la única sirena es él, que nos conquista y nos fecunda con este proyecto paralelo a su ocupación como músico de sesión, o más bien guitarra de ruta, en los directos de Melody Prochet con su proyecto de dream pop Melody’s Echo Chamber, que involucra a su expareja Kevin Parker de Tame Impala, quien a la postre mezclaría el EP con que se presentó Moodoïd.

A Barcelona llegan con su primer disco, “Le Monde Möö”, todavía caliente tras su publicación hace apenas un mes. Tal vez les faltan temas y un hervor, nada, un baño maría, todavía no son formidables, pero no nos resistimos a emparentarlos, en una primera impresión, con el nunca bien ponderado en nuestro país Matthieu –M– Chedid en sus conatos de espectáculo, sus dejes étnicos, sus falsetes sinceros y su todo sensación. En Barcelona, esta noche, el público no está a la altura, pero goza en silencio canciones como “La lune” o “Je suis la montagne”, tal vez está asimilando la sorpresa y cae en la cuenta de que lamenta que la banda se vaya a retirar cuando suena “De folie pure”, con la que cae telón. Moodoïd elabora una música que se rompe y se recompone y que en esta noche de domingo es la música de nuestros pequeños corazones europeos. Estos parisinos son nuestro descubrimiento de este BAM 2014. Nos los llevamos puestos.

 

 

El último pase del fin de semana corre a cargo de Seward, que vienen con bagaje de auditorio y muy bien afianzados en escena. No deja de ser sintomático que en estos tiempos sin memoria se llame experimental a lo arcaico, que es lo que desarrollan Seward, autóctonos, en su mejunje estrambótico de free jazz, rock enajenado y charanga de aliento sinfónico. El patio se muestra algo reflectante, no atiende, consulta sus redes sociales y sus tonterías. Hay uno que se hace una foto con un palo. Un picado majestuoso con esa ampliación tecnológica consistente en un palo, qué te parece. Seward, que se toman la prerrogativa de una hora larga rompiendo la regla de los tres cuartos clavados por bolo, se hacen un poco esnobs en sus citas a Nicanor Parra o Miguel Piñero y, aunque brindan una actuación con momentos de excelencia, suenan algo cargantes en la plaza del pueblo, donde su indiscutible poso de compostura, tal día como hoy, nos abruma y nos aturde y nos recuerda que se va haciendo tarde y que mañana es jornada lectiva en Barcelona, ciudad de negociantes, emprendedores y pequeñas y medianas empresas.

 

MARTES 23

Cuando retomamos el festival, el día vacío del lunes nos ha incorporado una sensación extraña, como de reencontrarse en la oficina con la propia esposa. A lo largo del martes hay más de una veintena de conciertos repartidos por la ciudad, aunque solo media docena es atribución del BAM, que hoy dedica su programación a Estocolmo, ciudad invitada de las fiestas de la Mercè. Auguramos una noche entre la gravedad y la levitación, sentimos un pesar anticipado, una aflicción nórdica. No va a ser así.

 

 

Los meteorólogos vaticinan lluvia en la plaza Joan Coromines, pero Mariam Wallentin, mitad del dúo de alt pop Wildbirds & Peacedrums, ahora protagonista de un nuevo proyecto, va a disipar toda amenaza. Con un piececito en el lado oscuro, que es el único lugar desde donde se puede vislumbrar la luz, Mariam The Believer suena a acecho, a ritual, pero más tirando a santuario que a funeral. Su música es agorera en los bajos, y su voz, que mana en inglés, da todos los colores e incluso sus excedentes. Mariam la sobreelabora y la humilla y la humilla y la sobreelabora, a voluntad, rebañándose por dentro como las brujas del soul. Hoy elude sus temas de estructura más dentada para ofrecernos clarividencia pop, pagana y un poco justa en la banda, que aunque es funcional se hace monótona y no acaba de arroparla. Da un concierto lineal pero embriaga, da gusto, es buena, sabe lo que hace, vive inspirada y vive en su canto, en el que deja intuir capacidad para transformarse a capricho, si quisiera, en una ristra de latas atadas a la cola de un perro. Si un día le dan un disgusto, puede llegar a convertirse en una Diamanda Galas de bolsillo. Empezamos contentos.

 

 

Cambio de tercio radical. Con un solo álbum en su haber, Postiljonen suena, pues como suena el dream pop, a carajillo de líquido amniótico. Sus reflujos ochenteros emergen encabritados en los sintes, crecen, van encaramando plataformas, se pasan la pantalla de los noventa y echan a arder como una pirotecnia avistada a lo lejos en el cielo gris de este siglo XXI. Una precipitación nostálgica, una nostalgia del futuro un poco gaseosa. Es curioso que la memoria artística de cada generación se limite a la década anterior a la que nacieron, pero eso es un mal ya muy asimilado que no sólo impregna de tristeza esta manera de hacer música, si no que por lo general la sostiene y la hace ternura. Postiljonen, un trío joven que esta noche en Barcelona anuncia su último concierto con esa formación (diríamos, leyéndoles lo gestual, que porque largan a la vocalista), son unos horteras del tamaño de Mónaco, pero el dream pop es así y en esta casa nos gusta y nos pone cara de arpegio. Una pena que hoy no funcione. Son muy bien recibidos pero pronto el escenario de la plaza dels Àngels, donde se manejan a contraluz, se les ha hecho grande. La chica hace el avión pero el público, con perdón, se hace un poco el sueco, y todo resulta en un no se qué muy poco imaginativo, no hay plenitud.

 

 

Volvemos a la Joan Coromines para escuchar a Seinabo Sey, escandinava de incógnito en el pop soulero que practica, sin rastro de frío. La explicación está en sus raíces gambianas y un poco en Destiny’s Child. Llega con sólo dos singles registrados, “Younger” y “Hard Times”, con los que cerrará, en orden inverso, su pase triunfal de hoy. El público, tras el primer impacto que supone descubrir tal madurez de voz en una muchacha de 23 años, pasa al alboroto y en cero coma la está adorando. No hay riesgo pero tampoco hay secreto: buenos temas bien ejecutados. Y un chorrazo natural. Un concierto naturalista, bravo y preciso del que tal vez nos encontremos hablando dentro de un tiempo, porque no es descabellado decir que sí, que tal vez aquí está naciendo una estrella.

 

 

La noche de Estocolmo está muy bien pensada en el irse haciendo boreal, se ilumina, aunque el de Frida Sundemo va a ser un recital un tanto indolente. El público parlante de la plaza dels Àngels dificulta mucho las cosas, pero el combo resuelve. Estábamos convencidos de que veníamos a ver a una chica un poco enfurruñada haciendo pucheros, y sin embargo Frida se gana nuestro respeto, parece tener carretera y disciplina, o al menos bastante determinación, y ahora nos cae bien porque está lejos, ahí arriba, haciendo frente a este público regulero con su pop electrónico sin novedad, algo anacrónico y más expresivo que melódico.

 

 

Pasados treinta minutos de la medianoche tomamos conciencia de que un moderno barcelonés es la cosa más antigua que existe. Zhala lo sabe y llega para darles pábulo con su escenario fluorado y su mamarrachismo kármico. Hace un despliegue de pop neurótico, maquinista y tribal, algo impenetrable, de hecho, casi lésbico y entreverado de sonidos kurdos que lo sofistican. Lo acelera, lo revoluciona y pide volumen brutal a los técnicos de la Joan Coromines, que según hemos ido comprobando a lo largo de la velada, hoy están un poco sopa. Tiene la desfachatez de acabar un tema en fundido pero eso no achica al personal, que se entrega a la euforia y presagia una fiesta que no se va a dar, pues Zhala articula un bolo de apenas media hora para que no se le desparrame en rave, que esto lo paga el ayuntamiento o vete a saber si la embajada.

 

 

El remate es tarea de NONONO, que están pidiendo el chiste en el nombre. Se trata de una banda de un solo tema, “Pumpin Blood”, que con su silbido de jingle ha arrastrado hasta aquí a unos cuantos seguidores atípicos, muy jóvenes, que lo esperan afanosos y que no lo tendrán hasta el final, tras un manojo de medianías. La vocalista, Stina Wäppling, tiene el nombre saltarín y es muy vanidosa, más bien pánfila, con la boca llena de dulzuras. No se sabe si acaba de bajar de Pedralbes y es que ha pasado por un Zara, pero el caso es que ahora canta con los ojos cerrados como quien reza, por darse aires introspectivos y cargar drama en la balada correspondiente. Es una impostura, por supuesto, todo es cuento en el pop ortodoxo de este grupo impropio del BAM, una pochez que, si se la disculpa, viene a completar la panorámica de esta Noche de Estocolmo donde nadie, por cierto, ha cantado ni en finés ni en sueco. No vamos a pedir que nos devuelvan el dinero porque es un festival gratuito.

 

 

Un festival del que aquí termina la edición que hace veintiuno y que hace tiempo que no es lo que era, pero que ahora es lo que es, lo que viene siendo un festival, un mogollón que todo lo devalúa, pero que aporta un agotamiento que hace muy feliz, que nos devuelve al mundo extinguidos y un poco más leves.

Hasta aquí nuestras crónicas impresionistas del BAM 2014. El año que viene, si Dios quiere… ¡Que lo escriba él!

Fotos: Xavier Mercadé (excepto las indicadas)

Future Islands

ARRANCA EL CICLO CLOUDY DOG

El 30 de septiembre arrancará la primera edición del ciclo de conciertos Cloudy Dog, organizado por la promotora barcelonesa del mismo nombre, que pretende acercar a la ciudad condal a algunos nombres de relevancia de la escena indie internacional.

La línea artística del ciclo va del neo-folk de la americana Angel Olsen o el dream folk de Marissa Nadler hasta el synth-pop de Future Islands (en la foto), pasando por Glass Animals (en su primera visita a Barcelona), Peaking Lights (que presentarán “Cosmic Logic”) o una auténtica leyenda del post-punk: los americanos Pere Ubu. Cerrando el cartel, Owen Pallett, que estrenará “In Conflict”.

Siete conciertos que se desarrollarán entre el 30 de septiembre y el 13 de diciembre, con la idea de que el ciclo se consolide y tenga nuevas ediciones en el futuro.

 

Programación completa Cloudy Dog:

 

Angel Olsen

30 septiembre 2014

Sala: La [2] de Apolo

 

Marissa Nadler

7 octubre  2014

Sala: La[2] de Apolo

 

Future Islands 

20 octubre 2014

Sala: Razzmatazz 1

 

Glass Animals 

22 octubre 2014

Sala: La [2] de Apolo

 

Peaking Lights 

6 noviembre 2014

Sala: Music Hall

 

Pere Ubu

28 de noviembre 2014

Sala: La[2] de Apolo

 

Owen Pallett

13 diciembre 2014

Sala: Apolo

 

BAM 2014

CRÓNICA BAM: MARTES 23

Cuando retomamos el festival, el día vacío del lunes nos ha incorporado una sensación extraña, como de reencontrarse en la oficina con la propia esposa. A lo largo del martes hay más de una veintena de conciertos repartidos por la ciudad, aunque solo media docena es atribución del BAM, que hoy dedica su programación a Estocolmo, ciudad invitada de las fiestas de la Mercè. Auguramos una noche entre la gravedad y la levitación, sentimos un pesar anticipado, una aflicción nórdica. No va a ser así.

 

Mariam The Believer (Foto: Rosario López)

 

Los meteorólogos vaticinan lluvia en la plaza Joan Coromines, pero Mariam Wallentin, mitad del dúo de alt pop Wildbirds & Peacedrums, ahora protagonista de un nuevo proyecto, va a disipar toda amenaza. Con un piececito en el lado oscuro, que es el único lugar desde donde se puede vislumbrar la luz, Mariam The Believer suena a acecho, a ritual, pero más tirando a santuario que a funeral. Su música es agorera en los bajos, y su voz, que mana en inglés, da todos los colores e incluso sus excedentes. Mariam la sobreelabora y la humilla y la humilla y la sobreelabora, a voluntad, rebañándose por dentro como las brujas del soul. Hoy elude sus temas de estructura más dentada para ofrecernos clarividencia pop, pagana y un poco justa en la banda, que aunque es funcional se hace monótona y no acaba de arroparla. Da un concierto lineal pero embriaga, da gusto, es buena, sabe lo que hace, vive inspirada y vive en su canto, en el que deja intuir capacidad para transformarse a capricho, si quisiera, en una ristra de latas atadas a la cola de un perro. Si un día le dan un disgusto, puede llegar a convertirse en una Diamanda Galas de bolsillo. Empezamos contentos.

 

Postiljonen (Foto: Rosario López)

 

Cambio de tercio radical. Con un solo álbum en su haber, Postiljonen suena, pues como suena el dream pop, a carajillo de líquido amniótico. Sus reflujos ochenteros emergen encabritados en los sintes, crecen, van encaramando plataformas, se pasan la pantalla de los noventa y echan a arder como una pirotecnia avistada a lo lejos en el cielo gris de este siglo XXI. Una precipitación nostálgica, una nostalgia del futuro un poco gaseosa. Es curioso que la memoria artística de cada generación se limite a la década anterior a la que nacieron, pero eso es un mal ya muy asimilado que no sólo impregna de tristeza esta manera de hacer música, si no que por lo general la sostiene y la hace ternura. Postiljonen, un trío joven que esta noche en Barcelona anuncia su último concierto con esa formación (diríamos, leyéndoles lo gestual, que porque largan a la vocalista), son unos horteras del tamaño de Mónaco, pero el dream pop es así y en esta casa nos gusta y nos pone cara de arpegio. Una pena que hoy no funcione. Son muy bien recibidos pero pronto el escenario de la plaza dels Àngels, donde se manejan a contraluz, se les ha hecho grande. La chica hace el avión pero el público, con perdón, se hace un poco el sueco, y todo resulta en un no se qué muy poco imaginativo, no hay plenitud.

 

Seinabo Sey (Foto: Xavi Torrent)

 

Volvemos a la Joan Coromines para escuchar a Seinabo Sey, escandinava de incógnito en el pop soulero que practica, sin rastro de frío. La explicación está en sus raíces gambianas y un poco en Destiny’s Child. Llega con sólo dos singles registrados, “Younger” y “Hard Times”, con los que cerrará, en orden inverso, su pase triunfal de hoy. El público, tras el primer impacto que supone descubrir tal madurez de voz en una muchacha de 23 años, pasa al alboroto y en cero coma la está adorando. No hay riesgo pero tampoco hay secreto: buenos temas bien ejecutados. Y un chorrazo natural. Un concierto naturalista, bravo y preciso del que tal vez nos encontremos hablando dentro de un tiempo, porque no es descabellado decir que sí, que tal vez aquí está naciendo una estrella.

 

Frida Sundemo (Foto: Xavi Torrent)

 

La noche de Estocolmo está muy bien pensada en el irse haciendo boreal, se ilumina, aunque el de Frida Sundemo va a ser un recital un tanto indolente. El público parlante de la plaza dels Àngels dificulta mucho las cosas, pero el combo resuelve. Estábamos convencidos de que veníamos a ver a una chica un poco enfurruñada haciendo pucheros, y sin embargo Frida se gana nuestro respeto, parece tener carretera y disciplina, o al menos bastante determinación, y ahora nos cae bien porque está lejos, ahí arriba, haciendo frente a este público regulero con su pop electrónico sin novedad, algo anacrónico y más expresivo que melódico.

 

Zhala (Rosario López)

 

Pasados treinta minutos de la medianoche tomamos conciencia de que un moderno barcelonés es la cosa más antigua que existe. Zhala lo sabe y llega para darles pábulo con su escenario fluorado y su mamarrachismo kármico. Hace un despliegue de pop neurótico, maquinista y tribal, algo impenetrable, de hecho, casi lésbico y entreverado de sonidos kurdos que lo sofistican. Lo acelera, lo revoluciona y pide volumen brutal a los técnicos de la Joan Coromines, que según hemos ido comprobando a lo largo de la velada, hoy están un poco sopa. Tiene la desfachatez de acabar un tema en fundido pero eso no achica al personal, que se entrega a la euforia y presagia una fiesta que no se va a dar, pues Zhala articula un bolo de apenas media hora para que no se le desparrame en rave, que esto lo paga el ayuntamiento o vete a saber si la embajada.

 

NONONO (Foto: Rosario López)

 

El remate es tarea de NONONO, que están pidiendo el chiste en el nombre. Se trata de una banda de un solo tema, “Pumpin Blood”, que con su silbido de jingle ha arrastrado hasta aquí a unos cuantos seguidores atípicos, muy jóvenes, que lo esperan afanosos y que no lo tendrán hasta el final, tras un manojo de medianías. La vocalista, Stina Wäppling, tiene el nombre saltarín y es muy vanidosa, más bien pánfila, con la boca llena de dulzuras. No se sabe si acaba de bajar de Pedralbes y es que ha pasado por un Zara, pero el caso es que ahora canta con los ojos cerrados como quien reza, por darse aires introspectivos y cargar drama en la balada correspondiente. Es una impostura, por supuesto, todo es cuento en el pop ortodoxo de este grupo impropio del BAM, una pochez que, si se la disculpa, viene a completar la panorámica de esta Noche de Estocolmo donde nadie, por cierto, ha cantado ni en finés ni en sueco. No vamos a pedir que nos devuelvan el dinero porque es un festival gratuito.

 

El público, feliz (Foto: Xavi Torrent)

 

Un festival del que aquí termina la edición que hace veintiuno y que hace tiempo que no es lo que era, pero que ahora es lo que es, lo que viene siendo un festival, un mogollón que todo lo devalúa, pero que aporta un agotamiento que hace muy feliz, que nos devuelve al mundo extinguidos y un poco más leves.

Hasta aquí nuestras crónicas impresionistas del BAM 2014. El año que viene, si Dios quiere… ¡Que lo escriba él!

 

cabecera lisa & the lips

CRÓNICA BAM: VIERNES 19

A primera hora de la noche, en cuanto la última universitaria abandona la Facultad de Comunicación y Relaciones Sociales que desemboca en la plaza Josep Coromines, la atención se dirige hacia los dos jóvenes que se manejan como operarios detrás de una mesa que ocupa la mitad de un escenario prestado. Junto a ellos, una batería varada como el esqueleto de un cetáceo espera a los galeses Islet, que actuarán más tarde aunque nosotros no vamos a verlos.
En esta plaza de pasear perros empezamos nuestro recorrido por la vigésimo primera edición del BAM (Barcelona Acció Musical), en el contexto de la fiesta mayor de la ciudad, escuchando a Cristina Checa, a quien conocimos por su efímero proyecto Granit, ahora en coalición con quien fuera allí productor, el exSelenitas Eloi Caballé. Ambos hacen el total de Desert, el grupo de dos que ahora es atendido por un público todavía frío y en buena parte casual, pero que muestra cierto interés en dejarse subyugar.

 

Desert

Salvo imprevistos, los horarios se cumplen a rajatabla en el BAM. Desert se ha de bastar con tres cuartos de hora que les van a ser suficientes para derramar su pop volátil y entonar este recodo en el corazón de Barcelona. Cristina lo hace con voz de membrana y canto de blusa, sobrevolando el sonido sintetizado de las máquinas, y cuando se cumplen los cuarenta y cinco minutos, pese a que ha sido un directo sin despegue, más por la propia naturaleza evanescente que define la propuesta que por el minutaje impuesto, el personal está más o menos ensimismado. Al fin y al cabo, ha de ser lo que se pretendía, al menos si tenemos en cuenta el título del EP por el que se conoce a Desert, “Envalira”, que cruza los verbos catalanes embadalir (embobar) y delirar. Un neologismo que tal vez habría gustado a Coromines, el filólogo al que se tributa esta plaza entre dos acrónimos siniestros, el del MACBA y el del CCCB.
Mucho más céntrica, aunque en realidad a diez metros, está la plaza dura llamada dels Àngels, otro de los escenarios del festi donde de inmediato arrancan Blouse, combo de Portland de patrón clásico, espolvoreado de un sintetizador perezoso y sin magia, que con su sonido más orgánico va reuniendo vecinos, lateros y paseantes atolondrados. Los Blouse cultivan aspecto retro, la actitud displicente y monótona del roquero alternativo y a lo suyo lo llaman dream-pop, pero yo creo que es porque están dormidos. La plaza no la cohesionan, esto no es un problema de ellos porque va a ocurrir toda la noche y en todas partes, el público mixto es el peaje de los conciertos gratuitos, pero tampoco malgastan talento porque saben cuánto les queda. Y no es mucho.

 

Blouse

Bajamos las Ramblas que un día fueron nuestras (las bajamos anegados en llanto como hace todo barcelonés desde 1992) y ahora sí, el ritmo. En el Moll de la Fusta, fachada marítima de la ciudad, Sonny Knight & The Lakers despliegan su dispositivo de relojería. Soul añejo y vibrante, sin novedad pero de altura, con un Knight radiante tras el “I’m Still Here” que hace un par de años lo recuperaba para los escenarios tras décadas inactivo, y un cuadro de siete músicos en diálogo. A Knight le falta un poco de negro en la voz, pero lo suple todo vestidito de blanco (que es lo que más raza hace) y termina de convencer en esa modulación suya precisa y vitalista, con la que es muy difícil no empatizar.
Al borde de la dársena, en primera línea de mar, una parte inope del público se deja mecer por los temas más souleros. Cuentan los veteranos que hace años rondaban la zona lanchas de la Cruz Roja, porque en los conciertos siempre había algún borracho que se caía al agua, y aunque hoy eso no ocurre, la gente en el meollo se lo está pasando bien, al menos por arrebatos. El repertorio, con cierto espíritu de pachanga, está muy bien trenzado y guarda mucho lugar para la alusión al respetable, que responde a las trompetas de alerta vital y brinca si hay que brincar aunque siempre dentro de un orden, el que dictan estos profesionales del soul genérico.

 

Sonny Knight

Hora exacta más tarde, una docena de técnicos hacendosos, dos de ellos con barba, remodelan el escenario para dar lugar a Lisa Kekaula, voz en melocotonazos imbatibles como el “Good Luck” de Basement Jaxx o capitana de The BellRays, que ahora conduce, junto a su marido Bob Vennun, Lisa & The Lips, un equipazo con músicos de Diamond Dogs, The Right Ons o True Loves.
Lisa es un fuego, una madre. En la vida corriente ha de ser un remanso, porque lo da todo aquí. Viste pantalones ajustados que evitan que le vibren los muslos como las tartas, eso nos lo escatima, pero el resto es torrente y supremacía. No logra el caldo completo porque lo que no puede ser, no puede ser, pero consigue por fin que el público se muestre expansivo y por momentos parezca cuajarse con el espectáculo. Ayuda la sofisticación de los lateros, que aquí además de cerveza ofrecen mojitos en bandeja que parecen muy del gusto de las guiris, pero el principal mérito está en la energía de una banda bien ensamblada que, sin hacer derroches, borda la operación tan difícil e inversa a la memoria histórica: dar auténtico soul con genuina alma de rock.
Lo negro, definitivamente, le sienta muy bien a Barcelona.
La estructura supersónica del bolo de Lisa nos lleva a regañadientes, recorriendo el litoral, hacia el recinto del Fòrum…

 

Lisa Kekaula

Las fiestas de los pueblos ocurren en la plaza mayor, donde el vínculo ya está hecho, y con el Fòrum sólo se sienten vinculados los visitantes y los primaveras, así que esto, para un barcelonés, ya no es la Mercè, ya no lo parece porque el Fòrum, en su ajenidad natural de bosque cadavérico, opera en contra del ambiente festivo, pero Javiera Mena va a saber cómo reparar eso.
La media de edad baja enteros para escuchar a la chilena, que aunque parapetada tras el dichoso mac que le da autonomía, se muestra confiada y defiende muy bien ese romanticismo suyo basado en una nostalgia temprana de niña del primer mundo. Hay mayoría de seguidores que se delatan tarareando las canciones de la radio en “Sol de invierno”, aunque son los temas más furiosos, los de amoríos menos preocupantes y los que desechan el sosiego del acento chileno, los que ensalzan el bolo, que cuenta con sorpresas poco celebradas como la intervención de Gerard Alegra Dòria, El Último Vecino, poniendo voz y aspaviento en “Al siguiente nivel”.

 

Javiera Mena y El Último Vecino

Aunque una buena tropa de mantas no se mueve de las escaleras del anfiteatro, Javiera sintoniza enseguida con propios y extraños gracias a sus modos de diva manejable y a una puesta en escena sencillísima y de absoluto cutrelux, que cristaliza en petardeo y alza el vuelo, como era de esperar, en “Espada”, cuando sus cuatro bailarinas se frotan en vaivén inguinal sendos sables láser que ilustran la metáfora más chabacana y gloriosa del último pop: “Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí”. Enlaza con “Luz de piedra de luna”, abrocha con una selfie colectiva y a otra cosa.
Cuando Frikstailers dejan ir sus primeras pulsaciones en la explanada del Fòrum, somos exactamente siete personas delante. Se pueden contar porque sólo son siete. Siete personas sin amigos ni familia que de inmediato se harán multitud, en cuanto Rafa Caivano y Lisandro Son pisen el pedal de su nave suborbital.

 

Frikstailers

Frikstailers, con sus pelucas traídas de Fraggle Rock, sus gafas cegadas y su desmodulador de voz, resultan diáfanos y adorables aun siendo argentinos. Se les ve la ingeniería, son puro folklore y su cumbia digital con arranques hip hop saca a bailar a todo el mundo, incluso a algún catalán. En su primitivismo, la sesión se emparenta a otros recuerdos de esta noche, y si bien el público sigue siendo de su padre y de su madre y odioso en su abundancia de personajes despreciativos con lo que tienen delante, en su perseverancia el dúo se certifica en chamán y a golpe de cadera nos concilia con el cosmos, aunque ocurre poco antes de que decidamos abrirnos paso entre los indígenas y tirar para casa a escribir en absoluto silencio esta primera crónica de cuatro.

Fotos: Xavier Mercadé

cabecera Javiera-Mena

BAM: MANUAL DE USO

La Ciudad Condal se prepara para una nueva edición del BAM (Barcelona Acció Musical), un festival gratuito que ha ido cambiando a lo largo de los años, en función de los presupuestos y las directrices de programación. No está de más recordar los míticos conciertos de Peret o Lou Reed en la plaza de la Catedral, la presentación de “Vanishing Point” por parte de Primal Scream en la Estació de França y tantos otros momentos inolvidables que jalonan su historia. Este año, recupera el escenario del Moll de la Fusta, que junto a los situados en la Plaça dels Àngels, la Antigua Fábrica Estrella Damm, el Forum (Explanada y Anfiteatro) y la Plaza Joan Coromines, conforman los espacios que acogerán las actuaciones que tendrán lugar los días 19, 20, 21 y 23 de septiembre. De entre todas ellas, seleccionamos diez propuestas que van de la baza segura a la apuesta de riesgo. Pasen y vean.

 

A Lisa Kekaula la conocimos como vocalista de The BellRays, una potente maquinaria de rock’n’soul en la que destacaba su rotunda presencia: Una imponente mujer afroamericana con una garganta portentosa, capaz de arrasar con todo a su paso. En Lisa & The Lips cambia parte de la alineación de músicos (hay gente de BellRays, pero también de los True Loves de Eli ‘Paperboy’ Reed, Diamond Dogs o los españoles The Right Ons), pero no el objetivo: Volver loco al público a base de infecciosos riffs de guitarra, líneas de bajo funk y, quien sabe si también, como en su disco debut (publicado en 2013), una potente sección de metal. Toda una garantía de sonido huracanado.

 

 

La de Mishima ha sido una evolución tan sorprendente como digna de mérito. Tras un par de álbumes grabados en inglés, optaron por cantar en catalán en “Trucar a casa. Recollir les fotos. Pagar la multa” (2005), y a partir de entonces fueron perfilando un sonido propio, con gran personalidad, que les ha llevado a convertirse en uno de los grupos de mayor éxito de su entorno geográfico, gracias a su habilidad para asimilar y poner al día grandes referentes como The Velvet Underground, Beach Boys, The Divine Comedy, The Go-Betweens… Pop con clase, que hace equilibrios a menudo entre la épica y la emoción, pero que siempre sabe dónde hay que echar el freno para no pisar el resbaladizo terreno de la grandilocuencia.

 

 

Tiene 65 años, pero ya se sabe que la edad de los músicos veteranos no tiene tanto que ver con su fecha de nacimiento como con su capacidad para mantenerse en forma sobre el escenario, y lo cierto es que a día de hoy Sonny Knight sigue ofreciendo grandes conciertos acompañado de The Lakers, una banda con la que ha grabado un disco de título revelador: ”I’m still here”. Nacido en Jackson, Mississippi, debutó en 1965, cuando tan solo contaba 17 años. A mediados de los setenta militó en Haze, pero como otros cantantes soul recuperados recientemente (caso de Charles Bradley o Lee Fields), pasó por periodos críticos y en los ochenta se ganaba la vida conduciendo camiones. En los noventa, Monroe Wright y Maurice Young (The Valdons) le invitaron a unirse a The Bachelors, y en uno de los movimientos pendulares de la historia del pop, le llegó el turno de ser reivindicado entrado ya el nuevo siglo. Esa rehabilitación es la que le ha permitido montar una banda como The Lakers y recuperar el tiempo perdido.

 

 

Klaxons regresan a la ciudad, donde ya estuvieron en febrero, actuando en el BCN Live! by Sony. Después pasaron también por el FIB, donde comparecieron uniformados de blanco y ofrecieron un repertorio en el que solo parece haber dos tipos de canciones. Por un lado, melódicos medios tiempos dignos de una boy band. Por otro, temas en que se acercan al maltratado post-punk para vulgarizar su vertiente bailable. En ambos casos, canciones escasas de argumentos, que inscriben a la banda en esa tradición cada vez más nutrida de grupos que parecen existir únicamente para actuar en festivales y ante grandes audiencias. Lejos queda la moda nu-rave que lideraron, aunque no dejan de aparecer grupos imitándolos.

 

 

El de Javiera Mena (en la foto superior) es un fenómeno único. La chilena se ha declarado siempre fan de Mecano, e incluso llevaba en su repertorio de directo “Yo no te pido la Luna”, la canción italiana popularizada por Fiordaliso y Daniela Romo (y que ha cantado hasta Sergio Dalma). Con tales antecedentes, podía haber acabado como telonera de Laura Pausini, pero el pizpireto sonido synth-pop de sus canciones sedujo a la comunidad indie española, y Joe Crepúsculo grabó una de sus canciones, los festivales comenzaron a contratarla y se convirtió en una estrella moderna mientras ella seguía componiendo canciones para telenovelas de la MTV. “Mena”, su segundo álbum, data de 2010 (en 2013 publicó en digital una recopilación de viejas canciones), así que va siendo hora de que llegue nuevo material suyo. “Espada”, un single aparecido en enero, así parecía ratificarlo, pero hasta agosto no se difundió “La joya”, segundo avance de un álbum que se está haciendo de rogar.

 

 

Seward es una formación experimental barcelonesa en activo desde hace cuatro años, que se resiste a encajar en fáciles etiquetas y que se mira en la música de principios del siglo pasado para escribir sus propias reglas. Se trata de un proyecto con base rock, pero que crece en diferentes direcciones con total libertad, sin corsés estilístico que limiten su ambición sonora. Quienes han asistido a alguno de sus directos hablan de experiencias particularmente intensas, y el BAM ofrece una buena oportunidad para tomarles el pulso en vivo. Presentarán “Home was a chapter twenty six”, un disco que han ido publicando al margen de las convenciones de la industria, en diferentes entregas y usando distintas plataformas y formatos. Una banda diferente.

 

Entre las apuestas más interesantes del cartel hay que destacar a Ibibio Sound Machine. Liderados por la londinense Eno Williams, reivindican su origen nigeriano (y aquí es obligatorio hacer mención del afrobeat) mediante una propuesta excitante que combina elementos del highlife de África occidental (caracterizado por el sonido de las guitarras y los metales) con la música disco y el post-punk (si piensas en Talking Heads, no vas desencaminado). Las letras de Williams se inspiran en las historias que su familia le contaba de pequeña sobre el pueblo ibibio, cuya lengua es el vehículo utilizado en las canciones de su disco debut, editado este mismo año. Temas como “Let’s Dance (Yak Inek Unek)” pondrán patas arriba al público, al tiempo que filtrarán las siempre saludables esencias africanas en la programación.

 

Ojo también con Young Fathers, porque pueden ser otra de las sorpresas del BAM. Se les ha comparado con Massive Attack por su capacidad para generar un sonido propio y multicultural, resultado de las diferentes procedencias de sus tres miembros: Graham Hastings y Kayus Bankole son nacidos en Edimburgo, el segundo de origen nigeriano, mientras que Alloysious Massaquoi es originario de Liberia. En su disco de debut, titulado “Dead” y editado este mismo año, se escuchan las raíces africanas de este trío de MC’s que despliegan un discurso hip hop de corte alternativo salpicado de electrónica y sensibilidad pop.

 

 

Como en aquel EP de presentación que Chucho publicaron en 1995, un perro furioso y amenazante mira desde la portada de “Under color of official right” (2014), el segundo álbum del cuarteto post-punk Protomartyr. Difícil esperar una actitud diferente de un grupo surgido del agujero de miseria en que se ha convertido en los últimos años la tiempo atrás próspera ciudad de Detroit (no solo a nivel económico, recordemos que allí nació la Motown, se coció el protopunk y surgió una de las escenas techno más importantes de la historia). Canciones airadas, angustiosas, que remiten a bandas ilustres como The Fall y Pere Ubu, pero también a históricos del rock de combate como The Clash. No aptos para almas sensibles. Otra apuesta extraida de la letra pequeña.

 

 

Cerramos la lista de destacados reuniendo en un mismo epígrafe a los grupos suecos que protagonizarán el homenaje a Estocolmo programado para la noche del día 23 en las plazas de Joan Coromines y dels Àngels. A excepción de Mariam The Believer, todos los demás actuarán por primera vez en la capital catalana, así que será una buena oportunidad para descubrir la escena de una cidad que suele estar fuera del radar de las tendencias musicales de moda. Hay donde elegir: Del soul de Seinabo Sey, al pop de Zhala, pasando por las atmósferas de Postiljonen, el electro-R&B de Frida Sundermo y los estribillos de pop publicitario del trío NONONO. El BAM es un buffet libre de música. Solo hay que acercarse a Barcelona y servirse.

 

goblin

LEM 2014 ANUNCIA A GOBLIN Y ZOMBIE ZOMBIE

De miedo. Así parece que va a ser la nueva edición del LEM, el festival barcelonés de música experimental que este año se celebrará entre el 9 de octubre y el 19 de diciembre. O al menos eso se deduce tras conocer dos de los nombres destacados que formarán parte del cartel.

Por un lado, la legendaria banda italiana de rock progresivo Goblin (en la foto), célebre por haber firmado algunas de las mejores bandas sonoras de la discografía del maestro del terror Dario Argento. Será su primer concierto en España y, nobleza obliga, interpretarán la música de “Suspiria” (1977).

El programa doble lo completan Zombie Zombie, que además de gastarse un nombre que no deja lugar a dudas, en 2010 publicaron un disco donde revisaban algunas partituras del músico y cineasta John Carpenter.

Skullflower y Aida Nadeem también formarán parte del cartel.

cabecera Ellen Oléria

EL DÍA DE BRASIL LLENA BARCELONA DE RITMO

El Día de Brasil celebra su sexta edición en la ciudad de Barcelona. Será el próximo domingo, 14 de septiembre, en el Muelle de la Marina, en el Puerto Olímpico. Ocho horas de música, al lado de la playa, gratuito y sin estereotipos. Estos cuatro factores convergen desde hace seis años en un festival que pretende mostrar la enorme riqueza cultural del país más grande de Sudamérica sin caer en los tópicos del conocido trinomio “Brasil-Escuela de Samba-Carnaval”.

Entre las novedades de esta sexta edición, a la que ya se le quedó pequeño el parque de la periferia de la ciudad en donde se celebró el primer festival, la música estará acompañada de una amplia muestra gastronómica y cinematográfica. Por primera vez, el cine independiente brasileño mostrará también sus galas a través de una delicada selección de nueve films premiados en festivales internacionales. Será en los Cines Girona, en el barrio de Gracia, entre el 18 y el 21 de septiembre, por 5 euros.

 

 

Pero centrémonos en lo musical y en lo que nos depara el próximo domingo 14, en el que de 10 de la mañana a 10 de la noche, los protagonistas serán los ritmos y sabores brasileños. Cinco conciertos, Dj’s, manifestaciones culturales, capoeira, makulelé, batukadas y actividades infantiles. “Es un día entero intenso, lleno de artes relacionadas con Brasil, y no hay otro evento brasileño de gran porte para la Movida Brasileña”, comenta Cristiano Andrade, artista y productor cultural, fundador de la organización Diversia y cabeza pensante del Día de Brasil desde hace seis años.

En la Barcelona brasileña del día 14 sonarán harmonías de bossa nova, psicodelia, pop-rock carioca y black music, pasando por el tropicalismo con pinceladas de samba, soul, música popular brasilera, funk, hip-hop y mucha poesía. La percusión, el baile y la capoeira también inundarán los espacios del puerto de la ciudad.

 

Banda Querô

 

Y justamente desde el puerto de Santos, en São Paulo, desembarca una de las formaciones más peculiares de este año, la Banda Querô, un grupo de jóvenes y adolescentes que viven en la favela más golpeada por el narcotráfico en esta ciudad portuaria y que empezaron a tocar con la ayuda de la asociación cultural Arte No Dique (Arte en el muelle). Y es que “lo social” se mezcla con “lo musical” y hasta con “lo ambiental” en el Día de Brasil gracias a este grupo nacido en 2003, que tocará al son del samba reggae con uno de los más grandes artistas de la escena musical bahiana, Peu Meurray, un percusionista que ha colaborado con músicos de la talla de Marisa Monte, Carlinhos Brown –con quién grabó su primer disco, “Alfagamabetizado”– o Daniela Mercury.

 

Peu Meurray

 

Pero lo curioso de Peu Meurray es su especial habilidad para transformar ruedas de caucho viejo en tambores artesanales conobjeto de que no haya ninguna excusa para poner en marcha una batucada. Su show-neumático llegará al Muelle de la Marina con ritmos que viajan entre lo primitivo y lo moderno, en una especie de ambiente reciclado con un toque romanticón y groove.

 

Ellen Oléria

 

“Este año hay artistas más pop y músicas con influencias más afro-brasileñas, que vienen del nordeste del Brasil”, comenta Andrade, quien destaca también otra delas perlas de este sueño convertido en festival. Se trata de Ellen Oléria, artista de 32 años que viene de Brasilia, la tierra de los Natiruts, los reyes de la escena musical reggae brasileña más actual. La voz de Ellen tiene un sonido único de black music a la que Andrade se atreve a definir como “una James Brown con faldas y un toque afro”.

 

Wagner Pa & Brazuca Matraca

 

Son muchos los músicos nuevos –al menos en este lado del Atlántico– que mostrarán su talento en la Ciudad Condal a través de este festival, pero también hay espacio para los clásicos de la escena brasileña en Cataluña, para los primeros que se atrevieron a incorporar el catalán a su portugués materno y engancharse a la escena de la Barcelona mestiza. Es el caso Wagner Pa, que abrirá el concierto-maratón presentando su último disco, “Forn de pa”, cocinando con su banda Brazuca Matraca, un álbum en el que ha conseguido hornear tal vez lo más maduro de su carrera musical en Barcelona.

 

Xandele

 

Xandele aportará el toque ecléctico del festival viajando entre el jazz, el soul, el funk y el swing. Viene del sur de Brasil y ya hace más de un año que está en Barcelona. Según Andrade, “es también la revelación del samba rock brasileño y tocará con una big band de ocho músicos, con vientos, percusiones y guitarras”.

 

Solo Sagrado

 

El Moll de la Fusta de Barcelona se convertirá en un lugar sagrado al final de la noche: Solo Sagrado,una banda que nació en Barcelona formada por músicos de samba que se conocieron en la ciudad, llenará el escenario de puros sambistas –al menos diez– para dar paso a una batucada final de “samba enredo”, poco conocida entre las batucadas que llevan la etiqueta de “Made in Brasil” fuera de su país.

Este festival promete un domingo con aderezo brasileño concentrado en la playa de Barcelona sin obligarnos a oír lo más estereotipado que nos llega de este país-continente multimusical y poliédrico que es Brasil.

cabecera coathangers

VUELVE EL PRIMAVERA CLUB

Del 31 de octubre al 2 de noviembre, y tras un año de barbecho, vuelve el Primavera Club, hermano menor invernal del multitudinario Primavera Sound, con la intención de “brindar la oportunidad de descubrir en directo a un gran número de artistas procedentes tanto de la escena internacional como de la cantera nacional, quienes representan la apuesta musical de los organizadores de Primavera Sound para el futuro más inmediato”. Un total de 44 grupos que llegan por primera vez a la capital catalana y a lo largo del fin de semana desfilarán por cinco espacios diferentes: Apolo, La [2] de Apolo, Teatre Principal, El Teatro Latino y Sidecar.

El soul de nuevo cuño y la electrónica más pop están representados por la nueva sensación británica JUNGLE, los australianos Movement, la vigatana CARLA, el joven Ben Khan o Woman’s Hour. En el frente más experimental de la electrónica se encuentran proyectos como Eaux, surgidos de las cenizas de Sian Alice Group, Tobacco o East India Youth.

La parte más guitarrera de la década de los noventa estará representada por Fighter Pillow, Tweens, Cómo Vivir En El Campo desde Madrid, Cenetaph, los canadienses White Lung, el nuevo proyecto de Jennifer Herrema (Royal Trux) Black Bananas o Tony Molina. En cuanto al indie pop, estará presente con formaciones como los canadienses Alvvays, los barceloneses Halcón (con componentes de Veracruz), Me and the Bees, Nisei, británicos Fear Of Men,Younghusband, Horsebeach o We Are Catchers.

La vertiente más extrema y potente del cartel abarca desde del sludge de Rebuig hasta el punk de Cerebral Ballzy, pasando por el encuentro entre el metal y el shoegaze de los americanos Nothing, el hardcore salpicado de noise-rock de los canadienses Greys, los americanos Perfect Pussy, comandados por la volcánica Meredith Graves, o el robusto cuarteto de post-punk Ought. En los terrenos del garage, la psicodelia revisitada y el rock americano se subirán a los escenarios del festival Strand Of Oaks, Fever The Ghost, The Saurs, Childhood, los barceloneses Muñeco, la all-girl band The Coathangers (en la foto), el ex-Violator Steve Gunn con su nueva banda, De Stervende Honden y los vallesanos Opatov.

También presentarán sus propuestas una muestra de artistas difícilmente clasificables, que van desde la experimentación galáctica de Pacosan al pop bailable y espacial del finlandés Jaakko Eino Kalevi, de las miniaturas que basculan entre el folk, el pop y la electrónica de los barceloneses Tirana a la explosiva mezcla de electrónica y psicodelia del dúo Der Panther. El eclecticismo del murciano Cherry, el rock de tintes sombrios de los daneses Lower, el math rock de IEPI, el escurridizo post-punk de Ed Schrader’s Music Beat o el kraut pop cósmico de los madrileños Karen Koltrane también forman parte del heterogéneo line-up de esta nueva edición de Primavera Club, sobre la que volveremos muy pronto con un completo informe.

Esperit

VUELVEN LAS BARCELONA INDEPENDENT SESSIONS

El próximo jueves 4 de septiembre da inicio la cuarta edición del BIS: Barcelona Independent Sessions. Lo hará con una fiesta-pinchada en la sala Sidecar, dentro de la sesión CRIT!, con La Banda Municipal del Polo Norte DJ’s, Nacho Ruiz y Viktor Ollé. El viernes 5 tendrá lugar en el Centre Cultural Albareda el pistoletazo de salida a los conciertos, con las actuaciones de Mourn y Mee and The Bees.

 

Mee and The Bees

 

El sábado 6 comenzarán las actividades en el Auditori de Les Basses con el “De Quintos al BIS”. La sesión matinal es de entrada gratuita, se inicia a las 12 h. y contará con la ya habitual feria discográfica y las actuaciones de Flamaradas y The Hills Around, amenizadas con las pinchadas de Óscar Fernández (Discos de Kirlian) y César Prieto (Discos de Paseo).
A partir de las 19:30 h, volverán los conciertos al Auditori de Les Basses, con Esperit! (en la foto de apertura), La Banda Municipal del Polo Norte, Súper Gegant, Ran Ran Ran, The Last 3 Lines, Ós Bru y la pinchada de Miguel Atienza (La Fonoteca). Una vez finalicen las actuaciones en el Auditori, con la misma entrada se podrá acceder a la post fiesta que se celebrará en La 2 de Apolo, con DJ Coco y HAL 9000.

 

La Banda Municipal del Polo Norte

Band of Horses

CRÓNICA CRUÏLLA BARCELONA: VIERNES

En el Parc del Fórum se inauguró ayer una nueva edición del festival de mestizaje Cruïlla, una propuesta arriesgada para un público ecléctico, que acudió allí desafiando la ola de calor que prometía la tarde. Se concentra en él un tipo de espectador más nacional que guiri y más familiar que exclusivamente joven. Es de agradecer que se haya rediseñado el espacio para la comodidad, albergando cinco escenarios mucho más próximos de lo que estamos acostumbrados los asistentes del Primavera Sound. ¡No más caminatas eternas! También la duración estipulada de los conciertos, de entre una hora y cuarto y una hora y media, da más oportunidades a los artistas de explayarse en los setlists, sin marcar la diferencia entre los cabezas de cartel y las bandas más minoritarias, dando igualdad de tiempo para todos.

 

Otro éxito de público

 

Inauguró la primera parte de la jornada la banda Santos, liderada por Santos Berrocal y Florenci Ferrer, conocidos productores del estudio barcelonés Blind Records, que aparecieron en escena acompañados por cuatro músicos, dispuestos a dar espectáculo con gafas de sol y camisas floreadas. Mientras iban desengranando sus canciones, tanto nuevas como de su disco “Homenajes”, Santos, pandereta en mano, se iba descamisando y despeinando, llegando al final del concierto contento y hecho un cristo. Para ser una de las actuaciones inaugurales, la carpa del Periódico de Catalunya estaba llena de seguidores y curiosos, entre los que se encontraban también niños completamente absortos en la puesta en escena.

 

Santos

 

Paralelamente, el equipo de graffiteros de Graffic Impact empezaba a plasmar las caras de los músicos en algunos de los muros del festival y los demás asistentes se distribuían entre las secciones de lounge, los stands de las organizaciones sin ánimo de lucro y un parque infantil plagado de adultos. A destacar que se nos permitió cargar el móvil con energía solar en uno de los stands. Todo muy en la línea de la propuesta pro-cultural que abandera el Cruïlla.

 

Angus & Julia Stone

 

Minutos antes de las siete de la tarde, ya se aglomeraba en torno al escenario Deezer una pequeña multitud a la espera de los australianos Angus & Julia Stone. Gente comiendo en las gradas (horario inglés) para no perderse detalle de esta carismática banda de indie folk. Sin duda, la que más brillo en escena fue ella: Vestida con minifalda, calcetines altos y zapatos dorados, supo camelarnos hablando en español y tocando algunas versiones míticas, entre ellas “Girls Just Wanna Have Fun” (Cindy Lauper) y el tema central de la película “Grease”. A pocos metros y en el mismo timing, la Orchestra Fireluche se recreaba en el pequeño escenario del Estrella Lounge, un oasis con tumbonas y hierba sintética en medio del Fórum. Una vez más, la proximidad entre espectáculos nos permitió no perder detalle de ambos.

 

Damon Albarn

 

Estaba por llegar uno de los picos cumbres de la jornada. Damon Albarn empezó en el escenario Estrella, acompañado por una banda que lucía sombreros canadienses al estilo Pharrell, el más peculiar de todos, el bajista, vestido con traje chaqueta azul, corbata roja y pantalón corto, que se regaló con un par de bailes que hicieron sombra al mismo Albarn. El británico se estrenó con canciones de su álbum en solitario “Everyday Robots”, incluida la homónima. Pero los que estuvimos atentos a su paso por el SOS 4.8 de Murcia sabíamos que no todo el concierto iba a estar dedicado al último tramo de su carrera. Tocó “Kingdom of Doom” (de su proyecto paralelo The Good The Bad & The Queen), “Clint Eastwood” (Gorillaz), y varias versiones de Blur para terminar: “Out of Time” solo al piano y “All Your Life” con banda otra vez, antes de una emotiva “Heavy Seas of Love”. Recibió la visita de un espectacular coro de góspel y la incursión de un seguidor argentino, que cantó junto a él una de sus melodías más latinas. Albarn es un músico de bandera, y a pesar de que terminó bañado en sudor y sin quitarse la chupa de cuero, estuvo entregado en todo momento, regalando tres bises y dándose sus correspondientes baños de masas. Seguidor de las causas justas, no desmereció en el directo masivo con su combo de soul pop y trip hop, y supo hacer notar más que nunca sus influencias africanas. ¡Bravo por él!

 

Nueva Vulcano

 

Paralelamente, Nueva Vulcano, uno de los grandes nacionales, estuvieron presentando canciones nuevas (algunas que ya pudimos escuchar en su directo en el Festival Primera Persona), acompañados por Marc Clos a los teclados y segundas percusiones. A pesar de que la carpa estaba a reventar y la voz sufría un ligero acople, ofrecieron el concierto más enérgicos de la jornada, asistidos por sus hinchas usuales. Para compensar la presentación de su futuro trabajo, regalaron a sus habituales un bis con “El día de mañana”, y los que no pudieron desgañitarse con las nuevas canciones, terminaron aquí por quedarse afónicos.

 

Band of Horses

 

Entrada la noche, el espacio pareció alienarse para el emotivo directo de Band of Horses. Los de Seattle subieron a escena mientras la luna llena coronaba el cielo e iluminaba el mar y a todo el oleaje de gente que se concentraba extasiada en su directo. A los seguidores no parecieron afectarles las críticas a su último trabajo “Acoustic at The Ryman”, que ha sido tachado de sensiblón. Pero a pesar de la buena acogida, la banda de Ben Bridwell ofreció un concierto lineal, más al estilo del sonido americano de Bruce Springsteen que de la psicodelia ácida de Neil Young. Las pullas no desalentaron a la avalancha de seguidores que vibraron en masa cuando cerraron con la conocida “The Funeral”. Y Bridwell lo agradeció con un “este ha sido uno de los mejores conciertos que hemos hecho nunca.” Habrá que darle un voto de confianza.

 

Tinariwen

 

Tras la pausa de rigor, llegó una de las actuaciones más esperadas del cartel. Pasan pocos minutos de medianoche y los músicos y guerrilleros tuareg Tinariwen colman el escenario TimeOut vestidos con espectaculares túnicas y turbantes. Es impresionante ver a artistas con este atuendo tan poco habitual de los conciertos indies, que llevaron con nobleza y sobriedad. Presentaron su último trabajo, “Emmaar”, grabado en Estados Unidos. Son personajes valientes, pero también muy empáticos, y supieron llevarse al público de calle con su blues psicodélico en la línea de Jimi Hendrix, y sorprendentemente parecido a The Velvet Underground. Iniciáticos, cadenciosos y muy sonrientes, incitaban a dar palmas a cada minuto e instruían al público en una coreografía tribal a la que nos lanzamos con ganas. Experiencia irrepetible que vivieron unos pocos, ya que el record de asistencia se lo llevaron Calle 13, que actuaban paralelamente.

 

Calle 13

 

René Pérez, aka Residente, acompañado por una banda de guitarras, bombo, trompeta y set completo de batería, se exhibió con el torso desnudo y el pecho palomo a lo largo de la hora y media que duró su concierto. La muchedumbre bailaba de pie tanto en el centro como en las gradas, y tarareaba con gusto. Nos dedico “Tu No Puedes Comprar El Sol” y “Ojos Color Sol”, antes de cerrar con la archiconocida “Atrévete Te Te”. Un directo que movió masas, una fiesta de rap mestizo, cumbia y otros ritmos calientes. Muy bailable, pero cojeó en la puesta en escena, si se compara con los Violadores del Verso, que empezaron justo cuando terminaron los puertorriqueños.

 

Violadores del Verso

 

Doble V, que hace nada celebraron su decimoquinto aniversario, no se mostraron para nada desmejorados. Mucho más agudos y más certeros, ofrecieron un directo apabullante de agresividad rap, con visuales que evocaron el ejercito comunista y la guerra nuclear. Lírico sobresalió entre sus compañeros por su facilidad vocal y ofreció un discurso a favor del apoyo mutuo entre las troupes de raperos, breakers, patinadores y graffiteros. Menos criticar y más darse la mano, “no nos creamos el hype” apuntó en uno de sus primeros speechs. Ilustradas palabras de una banda que ha sabido mantenerse en pie de guerra más de una década y que continúan honestos. Un cierre perfecto para un festival que justo acaba de empezar. La noche del sábado promete más y mejor.

Fotos: Xavi Mercadé

 

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