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Buen ambiente en las salas

LAS 10 CRÓNICAS MÁS LEÍDAS EN 2014

El año se acaba y desde Bythefest, además de desearos y una buenas navidades y lo mejor en el nuevo año nuevo que entra, os queremos recordar grandes momentos vividos. Aquí os dejamos con las 10 crónicas más leídas a lo largo de 2014:

1. ASÍ VIVIMOS EL VIÑA ROCK

Así nos contó nuestro redactor Francisco M. Peco los tres días del XIX Festival Viña Rock 2014. Cerca de doscientas mil personas lo vivieron junto a nosotros. Éste es el resumen de todo lo que pasó.

2. JORNADA DE DOMINGO EN EL ARENAL SOUND

Todo tiene un final. Incluso el Arenal Sound, que se prolongó durante casi una semana. Éste es el resumen de su última jornada, la del domingo. Grupos como Die Antwoord o Mando Diao pusieron el punto y final al multitudinario festival de Burriana.

3. JORNADA DEL SÁBADO EN EL FIB BENICÀSSIM

La jornada del sábado del FIB siguió su curso tal y como empezó: Combinando artistas destinados a satisfacer al joven público británico con nombres de peso que entroncan con los veinte años de historia del festival. The LibertinesManic Street Preachers, Cat Power o Lily Allen protagonizaron la velada. Así lo vivimos nosotros:

4. JORNADA DEL DOMINGO EN EL LOW FESTIVAL

Tras el sold out registrado el sábado, el Low Festival afrontó una última jornada en la que el reclamo internacional de peso se reducía casi exclusivamente a la presencia de Kaiser Chiefs. Love of Lesbian por su parte, ofreció uno de los conciertos con mayor presencia de público.

5. JORNADA DEL JUEVES EN EL FIB BENICÀSSIM

El FIB, que celebraba dos décadas de vida, comenzó con una jornada inaugural que resumió, quizá involuntariamente, la evolución que ha sufrido el festival en todo ese tiempo. James, Ellie Goulding, Tinie Tempah y John Gray centraron todos los focos.

6. ASÍ VIVIMOS EL DELESTE

Bythefest también estuvo presente en el Deleste festival. Tres ediciones le han bastado para vender todo el papel en una ciudad tan imprevisible como Valencia.

7. JORNADA DEL SÁBADO EN EL MONKEY WEEK

Más de 75 actuaciones en una veintena de recintos. Ese era el menú que ofrecía el sábado el programa del Monkey Week. A todas luces inabarcable. Éste fue el recorrido que escogimos:

8. CRÓNICA DEL DREAMBEACH VILLARICOS

El Dreambeach se ha convertido en uno de los festivales de música electrónica con mayor solera del panorama nacional. Super estrellas como Richie Hawtin o Armin van Buuren (sin olvidarnos de Snoop Dog)  pasaron por Villaricos este veranoNo quisimos perdérnoslo.

9. JORNADA DE MIÉRCOLES Y JUEVES EN EL SONORAMA RIBERA

Las dos primeras jornadas de la decimoséptima edición del Sonorama Ribera estuvieron marcadas por conciertos de la talla de Los Planetas, Automatics y, sobre todo, Raphael, una de las grandes sorpresas de la pasada edición.

10. JORNADA DEL SÁBADO EN EL BBK LIVE

La jornada del sábado, la de clausura, se presentaba a priori como la más interesante del cartel del Bilbao BBK Live 2014, y vaya si respondió. Belako, Kuroma, Band of Horses o The Black Keys: las guitarras y el rock sobresalieron en el día más soleado del fin de semana en Bilbao.

MUSICA / JAH9 & DUBTONIC CREW

ASÍ TE CONTAMOS EL ROTOTOM

SÁBADO 16

Comenzó el Rototom, el encuentro mundial de las culturas del reggae. A las 16 horas todo estaba preparado en el recinto para el público, que a lo largo de dos días ha ido ocupando progresivamente un espacio que durante una semana funciona como una ciudad, una comunidad que convive en armonía y en la que se siente el respeto por el aspecto cultural de la Bass Culture.

 

 

Dos días en los que el tiempo, pese a lo que se temía, ha respetado al festival y ha permitido respirar a los presentes con una temperatura suave y agradable. Era rimera hora de la tarde y los asistentes se iban aposentando en el camping y esparciéndose como una mancha que lo cubre todo. A esas horas, lo más interesante ocurría en la carpa de la Reggae University, donde se proyectaba el documental “Born in Trenchtown”, con un sorprendente lleno, por el día y hora elegidos. Allí tuvieron lugar citas interesantes: Tras el pase, se presentó la ONG Trenchtown Town Reading Center, a través de su portavoz en España, Abril Mills. Por su parte, Donisha Prendergast, nieta de Bob Marley, exponía con pasión las causas que originado el movimiento Occupy Pinnacle, que lucha por preservar ese espacio emblemático para el colectivo rastafari en Jamaica (fragmentado en distintas facciones), ya que allí fundó Leonard Howell el primer asentamiento rastafari. En la actualidad, el Gobierno jamaicano, amparado en la legalidad, ha anunciado que apoya al propietario legítimo de las tierras en su voluntad de construir en la zona. Según explicó Donisha, detrás de la maniobra subyacen otros motivos, relacionados con castigar al movimiento rastafari y acabar con su rebeldía, como ha ocurrido en otros momentos de la historia desde su nacimiento. Junto a ella estaba el artista y agitador cultural jamaicano I-Nation.

 

 

La jornada no hacía más que empezar y las ganas de escuchar a los artistas programados se notaba en el ambiente. Tanto, que para el primer concierto, el de Cornell Campbell, ya se congregaba gran parte de los asistentes. El jamaicano ocupó el escenario con una estética que bebía directamente de la cultura disco de los años ochenta, derrochando negritud y glamour decadente. Comenzó echando mano de clásicos como “Queen of The Ministrels” y “I am The Gorgon”, entre otros clásicos de Studio One, para acabar con una apoteósica versión del clásico “100 Pounds of Collie”, con el público disfrutando al máximo. Junto a él, la banda, los británicos Soothsayers, le dio consistencia al show y dejó clara su sensibilidad para los sonidos más tradicionales. También repasaron temas de su último disco. Una gran manera de empezar la noche.

 

 

Las nuevas generaciones se abrieron paso hasta el escenario principal cuando el rabioso Kabaka Pyramid salió al escenario enarbolando la etiqueta del llamado Reggae Revival. Demostró que le sobra potencia para poder aspirar, con algo más de rodaje y repertorio, a ocupar un lugar entre los grandes. Ofreció un concierto compacto, basado en las letras conscientes, la tradición del ritmo one-drop y los guiños al dancehall. Repasó temas de su disco “Lead The Way” y del anterior, “Rebel Music”.

 

 

La conciencia y la militancia anticapitalista y rastafari de Kabaka Pyramid dio paso a la fórmula de éxito de Busy Signal, quien tras el buen sabor de boca dejado en el Rototom 2013 volvió a demostrar un poderío fuera de toda duda. Solvente y en forma, el artista repasó algunos de los temas de su último disco, “Reggae Music Again”, basado, en gran medida, en el reggae tradicional, aunque no descuidó su faceta dancehall, desgranando algunos de sus éxitos pasados. El público disfrutó de un espectáculo radiante y cargado de energía que alcanzó su punto álgido cuando sonó su éxito “Jamaica Love”, basada en el riddim de “Forever Young” (adaptación de la famosa canción de Alphaville). El desarrollo del tema fue ganando en intensidad y el público respondió al estímulo, porque la calidad lo merecía. Signal cerró su propuesta con toda la fuerza del dancehall, dejando al público en lo más alto.

 

 

Y por fin llegó el momento más esperado, el de ver y oír a la historia viva del reggae, escrita en mayúsculas: Jimmy Cliff. La gran estrella de los setenta llegó cargadísima de energía, aunque su voz sufrió mucho y fue apagándose a lo largo del show, hasta puntos que llegaban a producir padecimiento al espectador. Pero su generosidad en la puesta en escena, dando todo lo que tenía para enganchar y entretener al público, junto con algunos guiños de calidad, apoyados en su repertorio, salvaron el show. Repasó sus éxitos y parte del repertorio de su disco “Rebirth”, producido por Tim Armstrong, cantante de Rancid (antiguo punk, ahora skinhead con interés por el reggae), con el que recupera el sonido del early reggae más estricto. Sin embargo, el directo no anduvo por esos derroteros en cuanto a textura y se situó más cerca del show de una estrella decadente del soul, anclada en una puesta en escena de enérgicos bailes funk y mucha energía positiva. La suya fue una propuesta luminosa y festiva, lo que en realidad es muy coherente con su esencia artística, la de un showman deudor del sentido pop del soul de los años sesenta y setenta.

 

 

No significa que no funcionara. Al contrario. Dentro de esos parámetros, Cliff se entregó por completo al público. Aunque es bien cierto que, en su ansiedad por conectar, en algún momento se deslizó por terrenos delicados e innecesarios, optando por recursos fáciles que quizá funcionen ante públicos generalistas, pero que chirrían en un festival de reggae, como la versión edulcorada de “Hakuna Matata”. Jimmy Cliff no necesita recurrir a esos trucos para levantar a un público entregado de entrada, le sobra repertorio y trayectoria como para ofrecer algo más puro. Dicho esto, necesario es destacar que también hubo lugar para la cultura y las lecciones de historia; hizo una versión del clásico “Rivers of Babylon” con una sección de tambores Nyahbinghi dándole todo el sentido (su grabación es una versión pop de un tema Nyahbinghi), cerrando así el círculo y haciendo llegar a las masas una muestra de esta cultura religiosa. También nos dejó algunos de sus temas ska, como la magnífica “Miss Jamaica”, recordándonos sus orígenes.

 

 

DOMINGO 17

El segundo día del festival la atención estaba puesta en el concierto de Beenie Man, el proclamado rey del dancehall, llegado de Jamaica para poner las cosas en su sitio y volver a revalidar su título. El concierto fue potente, y Man volvió a demostrar la altura a la que está como artista de dancehall, aunque en algunos momentos las fuerzas parecían abandonarle. No es raro, no paró de saltar, arengar, mover al público y cantar. Al final, obtuvo su recompensa y la conexión con el público funcionó a la perfección. Sacó a un grupo de bailarinas y pese a que por momentos desplegó una propuesta de dancehall accesible con tintes comerciales, no dejó desilusionados a sus seguidores más duros a base de temazos.

 

 

Por el escenario principal había pasado antes Romain Virgo, el chico que enamora a las chicas con su estilo suave y elegante, deudor de la gran tradición de cantantes melódicos jamaicanos. El show discurrió por el terreno del dancehall más accesible, haciendo que la casa se viniera abajo al sonar su éxito “We No Worry Bout Them”. Gracias al trabajo y energía desplegada, Romain logró una conexión muy alta con el público que se entregó a su fiesta.

 

 

Y la sorpresa llegó con una artista electrizante e hipnótica, Mo’Kalamity, francesa de origen africano. Empezó su concierto en el Main Stage al principio de la noche, sin aspavientos, con una banda que suena a la perfección y que busca y bebe de los sonidos más cercanos al Black Power de los años sesenta, del soul-jazz y el funk, pasados por la tradición jamaicana. Una flauta travesera que sonaba perfecta ayudaba a crear ese sonido tan cercano a la blaxplotation. La presencia de la cantante sobre el escenario daba un nuevo sentido a lo que oíamos con sus bailes y manera de dirigirse al público. Pura belleza reggae, derrochando actitud y reivindicación. Una mujer fuerte, consciente, exultante y acogedora al mismo tiempo. El concierto de la noche.

 

 

Otra de las sorpresas, de carácter menor, la dio el sound system Soulboys vs Rudeboys, que llenaron la carpa del Ska Club a pesar de coincidir en algunos momentos con Romain. Funcionó a la perfección su propuesta de pinchar clásicos de los sesenta y primeros setenta, seguidos de increíbles versiones sobre las que su DJ desplegaba sus habilidades como toaster (rapero) en el sentido más clásico del término, remitiendo a Dennis Alcaponne y los primeros DJ jamaicanos.

 

 

LUNES 18

Rototom ha ido cogiendo forma y creciendo en los días que lleva en activo y ya ha dejado muy buenos momentos en todos los sentidos, no sólo en el musical. Atendiendo a estos detalles, merece la pena destacar el debate que se desató en la carpa de la Reggae University, durante la ponencia posterior al pase del documental “Living in Waterhouse”, de la productora de Fernando García-Guereta, Nice Time. Tras su visionado, se celebro una mesa redonda en la que García-Guereta planteó la necesidad de acompañar de acciones y reacciones las denuncias y las soflamas revolucionarias en Jamaica, donde la población asiste pasiva a abusos continuos por parte del poder, sin mover un dedo. El debate sobre si el Reggae Revival es un truco de marketing o un movimiento real sigue encima de la mesa. A continuación, Addis Pablo (hijo de Augustus, una de las cabezas visibles del desarrollo del dub en los setenta) estuvo explicando en qué medida el dub ha reaparecido en la escena jamaicana actual.

 

 

Por el escenario principal, el lunes las cosas estuvieron calientes. Anthony B, estrella de la noche, no tenía nada que demostrar. Se le puede achacar que artísticamente está en un momento poco creativo, pero su puesta en escena sigue siendo impoluta. Apareció ataviado con un elegante traje de corbata, turbante Bobo Ashanti (una de las sectas rastas) y su bastón de mando en la mano (simbología rasta, en referencia al bastón de Joshua). Como en otras ocasiones, el artista demostró estar en plena forma, sin parar de animar, arengar y saltar. Mucho “jaka jaka jo” se coreó esa noche. Porque ante cada interpelación del cantante, el público respondía con entusiasmo. El show arrancó con Johnny Cool al micrófono, que demostró gran presencia, y tras un par de temas empezó a oírse desde el fondo la inconfundible voz de Anthony B, que a partir de ese momento contó con la entrega del público en una fiesta colectiva que tuvo picos de intensidad gracias a su mezcla de reggae music y new roots. La entrega del cantante se vio recompensada por el público, que estalló en bailes masivos cuando sonaron algunos de sus éxitos. Para empezar, dejó una soberbia versión de “Higher Meditation”, y no bajó ya el listón en todo el show, que continuó con enérgicas lecturas de “Territory”, “Born to be Free”, “Freedom Fighter”, “Police”, “Living my Life” (que tiene poco de reggae y mucho de rock facilón, pero a la que logra imprimir su sello y convertirla en un eficaz y potente himno), “Whip Dem Jah Jah” o “My Yes & My No”, entre otros temazos. Muy prescindible resultó el “Imagine” de John Lennon, incluido en su último disco, “Tribute to Legends”. Acabó el show con un gesto de respeto a los mayores, Interpretando una gran versión de “One Love”, de Bob Marley.

 

 

El final del día fue, pues, apoteósico, pero no había empezado nada mal. Más tranquilos dieron inicio a la tarde Gladiators con nuevo cantante al frente, Droop Lion, un joven cachorro de gran voz, muy educada, de textura algo rota, al estilo de Joseph Hill (Culture), que le imprimió mucha energía al concierto de este combo de la foundation de la roots music. Mucho respeto para los orígenes y amor es lo que recibió el grupo por parte del público. Echaron mano de algunos de sus éxitos y de temas de su nuevo disco, así que pudimos escuchar clásicos como “Dreadlocks the Time is Now”, “Dread Natty Dread” o “Mix Up” con renovada energía e intensidad. La voz de Droop Lion es perfecta para actualizar la propuesta anclada en el pasado de este grupo de referencia del roots, porque se mueve entre el góspel y el soul aportando mucha vitalidad.

 

 

A continuación, Jesse Royal ocupó el escenario con algo de timidez, pero demostrando un gran potencial, por lo que no sería raro que en poco tiempo se convierta en una estrella. Royal es una de las referencias más destacadas del nuevo roots que se está haciendo en Jamaica actualmente y ha ligado su carrera a uno de los productores más destacados en la nueva escena jamaicana con vocación internacional, Major Lanze. Su show demostró que como cantante es completamente solvente y logra transmitir y conectar con el público, como vimos en “Butterflies”, la versión que hizo de Mama Africa (Garnett Silk) y, por supuesto, en su hit “Modern Day Judas”.

 

 

MARTES 19

La jornada del martes 19 estuvo dominada por el mensaje de Jah Rastafari, de la mano de la joven generación de artistas roots que ha dado Jamaica. Tras el intenso debate desatado el día anterior en la carpa de la Reggae University sobre la consistencia del movimiento Reggae Revival, el tema volvió a surgir en la conferencia que tuvo lugar en la misma carpa con Chronixx, Micah Shemaiah, Infinite y Exile di Brave. Bajo el título de “Jah ova Evil” (Jah sobre el demonio), los artistas, moderados por Pete Lily, de la revista Riddim, explicaron en qué consiste el mensaje rastafari en el nuevo reggae. Lily dio las claves que hicieron nacer al movimiento y aseguró que se trata de una operación de marketing. Eso sí, se trata de un marketing que vende un mensaje positivo destinado a millones de jóvenes pobres alrededor del mundo. ¿Invalida la supuesta falta de compromiso de los artistas su labor educativa? Obviamente, no.

 

 

Los artistas del Reggae Revival, que fueron pasando a lo largo del día por el stand de I-Nation (situado junto a la Reggae University y punto de encuentro de la intelligentsia del movimiento, donde comprar sus discos y merchandising), dominaron la programación. Tras la conferencia, algunos de ellos acudieron a la Dub Academy, donde Addis Pablo ofreció una sesión de dub con melódica sobre los ritmos pinchados por los Suns of Dub. Una actuación intensa, densa, cargada de meditation y grandes ritmos clásicos. La sorpresa llegó cuando Infinite, Shemaiah y Exile di Brave se unieron a la fiesta sin estar anunciados y comenzó un auténtico jolgorio improvisado, con el micro pasando de mano en mano y Pablo soltando fraseos con la melódica. Se nota que funcionan como un equipo y que les une algo más que el trabajo. Un momento auténtico de sound de Kingston, donde vimos a unos jóvenes expertos en ese terreno pasarlo bien, disfrutar y transmitirlo. A mitad de la actuación nos dirigimos a ver a su otro colega, Chronixx, con la conciencia de estar dejando atrás una experiencia única.

 

 

De la oscuridad y el minimalismo de la Dub Academy cambiamos a la magnificencia del Main Stage para ver a la estrella emergente, Chronixx, un joven de Kingston miembro de la nueva escena roots que demostró que está llamado a ser una estrella, pese a que aún le falta presencia en el escenario. Esto se notó, especialmente, en su versión de “Somewhere”, que bajó la intensidad del espectáculo, para recuperarla de nuevo en cuanto volvió a apoyarse en temas propios como “Smile Jamaica” o “Here comes the Trouble”. Lo más interesante lo dejó para el final del concierto, con sonidos propios del dub más denso que suena en los sound systems, con sirenas y mucho bajo de alto octanaje. Sonidos gruesos para un mensaje iluminado de liberación individual y resistencia, que rompieron con lo habitual en este tipo de show, un riesgo que bien gestionado puede hacer que el artista brille, como fue el caso. Chronixx dio al público lo que esperaba y más, mantuvo la calidad en su puesta en escena, pero aún le falta experiencia para llegar a ser un cabeza de cartel solvente.

 

 

La organización debía tenerlo muy claro, porque ese puesto lo dejaron en manos de un valor seguro, Alpha Blondy. El de Costa de Marfil lleva lustros funcionando con la misma propuesta, sin sobresaltos, sin riesgos, basada en sus viejos éxitos, salpicada con algún tema actual. Y así se comportó la noche del martes en Benicàssim, sin saltarse ni una línea del guión. Desplegó un espectáculo de luces apabullante, guitarras épicas de corte rockero, clásicos y una puesta en escena rebosante de energía, sin parar de moverse por el escenario, demostrando que aún es capaz de defender su set con total solvencia. Sonaron los clásicos de siempre, “Politiqui”, “Cocody Rock”, la versión “I Wish You Were Here” (Pink Floyd) y la enorme “Peace in Liberia” que presentó con un discurso en el que repasó todos los conflictos armados actuales para pedir que cesen las matanzas, haciendo especial hincapié en la masacre de Gaza. Fue un momento electrizante, en el que el artista dejó clara su postura política y su conocimiento de lo que ocurre alrededor del mundo. De nuevo el mensaje de “Jah Ova Evil” reinaba en la noche de Benicàssim. Alpha Blondy sigue funcionando. El público le sigue venerando como a una gran estrella y no parece buscar nada nuevo en sus conciertos, que son una fiesta al son de su reggae africano, de factura más dulce que el jamaicano.

 

 

MIÉRCOLES 20

Lo que todos temíamos sucedió el miércoles. Nada más arrancar el concierto de Junior Kelly en el Main Stage, se desató una tromba de agua típica del Mediterráneo, intensa y corta, por lo que, tras la descarga, la vida volvió al recinto. Y la organización respiró tranquila, porque la noche del miércoles era de peso. Por el escenario principal tuvimos al veterano Kelly, al gran rastaman Luciano y al ganador de Grammys y fabricante de hits internacional, Sean Paul. Un cartel ambicioso, y algo incoherente, por la presencia del más que comercial Sean Paul, cuyo mensaje (o ausencia de él) entra en confrontación con las ideas rastas desplegadas por los otros dos artistas. Vayamos por partes.

 

 

Al final, pudimos verlos a todos, aunque Junior Kelly tuvo que acortar su show para adaptarse a las condiciones. Kelly, una de las luminarias del llamado New Roots que surgió en Jamaica en los noventa, ha reaparecido este año con nuevo disco, tras casi ocho años de silencio. Se presentó en Benicàssim con un show basado en algunos hits, como “Love so Nice”, en combinación con temas nuevos. El sonido que busca es accesible para todo el público y roza lo facilón, aunque hay que ser conscientes de que asistimos a un show corto y adulterado, por lo que resulta casi imposible emitir una opinión sobre lo que vimos.

 

 

Mediada la noche llegó el rastaman Luciano, demostrando una fuerza y una energía desbordantes, plasmada en forma de volteretas y carreras por el escenario. Repasó algunos de sus clásicos y dejó un testimonio de su apuesta por la roots music con un show emocionante y cargado de intensidad. La misma que cautivó a los asistentes a la sesión de Iration Stepas en el rincón de la Dub Academy, donde el cantante apareció con su bastón para cantar algunos temas en directo sobre bases que le iba poniendo el sound selector. Fue un momento mágico, de comunión total entre el artista y el escaso público asistente.

 

 

Antes de entrar en terrenos dub y otras densidades, tuvimos la oportunidad de ver a la megaestrella Sean Paul. El jamaicano vino para presentar su último disco, “Full Frequency”, aunque adaptó el set al festival que le acogía con algunos guiños al reggae. Fue una noche en la que se cantó a las mujeres, al éxito y al amor de telenovela y en la que el artista no dejó de apelar a las chicas sexy. Literal. En cualquier caso, el recinto se llenó por primera vez hasta la bandera para ver este producto hecho a sí mismo, a base de bombazos que suenan en clubs y discotecas de todo el mundo con su mezcla de dancehall, hip hop, r&b y pop. Sean Paul no defraudó. Dio de sí lo que se esperaba. El espectáculo remitía directamente al universo MTV y sus propuestas grandilocuentes que, ciertamente, chirrían con la esencia del festival. De repente, Rototom dejó de ser una ciudad alternativa para usar cañones de humo y confeti, proyectar juegos de luces asombrosos y construir el espectáculo a base de bailarinas sobre tarimas, entre otros fuegos de artificio. Su propuesta quedó bien definida con su versión de “Bailando” (Enrique Iglesias). Escuchar este tema en Rototom fue doloroso para quien espera del reggae un discurso musical y de contenido emancipado y lúcido. “Gimmie the Light” y otros de sus éxitos sonaron poco convincentes junto a temas de su nuevo disco.

 

 

Afortunadamente, el festival siempre ofrece contenidos que llevarse a la boca con gusto. Fue el caso del show vespertino de (nuevamente) Addis Pablo, con su inseparable melódica, apoyado por la banda de Mafi & Fluxi, que ofreció un conciertazo de dub vibrante, con un bajo asesino, ajustado al milímetro, que no dejaba escapar ni un compás sin sonar amenazante. Un concierto menor, comparado con el resto de la programación, pero deslumbrante e hipnótico.

JUEVES 21

Tras el mal sabor de boca que dejó Sean Paul (cuyo show del miércoles fue cuestionado hasta por el propio Rodigan), Rototom nos volvió a ofrecer el jueves una noche de conciertos mágica. En el Main Stage abrieron los veteranos del roots más puro, The Wailing Souls, un trío vocal que comenzó su carrera grabando para el mítico sello Studio One (una especie de Motown a la jamaicana), etapa que dio paso a la marcada por el sonido pesado y militante de Channel One, para el que trabajaron durante los años esenciales del periodo roots. Se trata de otro de los grupos que hemos podido ver en distintas ocasiones, con un show que no sorprende, pero que resulta eficaz. Siguen haciendo lo suyo, lo de siempre, pero sin defraudar a pesar de su avanzada edad. El recinto no se llenó, era pronto aún y todavía quedaba artillería por delante.

 

 

Sobre las 22 horas tomó el escenario (o lo barrió como un torbellino, aún estamos tratando de digerir lo que vimos) la gran sorpresa y confirmación de la noche y hasta ahora, del festival: Jah9. Menuda de tamaño, Jah9 es una mujer luchadora, emancipada, apasionada, iluminada, con una misión y una gran fe rastafari. Y encima del escenario lo pudimos ver y sentir. Ofreció un gran espectáculo, cargado de electricidad, compartiendo sus puntos de vista e ideas con el público entre las canciones, con una garganta portentosa. Un show en el que la fuerza y la intensidad venían envueltas en la sutileza de su voz, los ritmos hipnóticos, la actitud aguerrida y la fe de su mensaje. Una gran voz soul que estuvo perfectamente acompañada por Dubtonic Kru, una gran banda que protagonizó un momento de conexión total con la artista. El repertorio estuvo centrado, sobre todo, en temas nuevos y singles, a pesar de lo reciente de su disco, “New Name”, del que sólo tocó un par de canciones: la enorme “Mr. Preacher Man” y la que da título al álbum. El concierto y la artista fueron creciendo a lo largo de un set basado en sonidos reggae de corte contemporáneo, muy hipnótico, buscando paisajes sonoros base de ritmos contenidos y mucha elegancia. Ya hay quien la ha coronado como la reina de esta edición del Rototom.

 

 

Jah9 es un personaje fascinante. La habíamos podido escuchar en una de las mesas redondas de los primeros días del festival acerca del mensaje rasta en la música reggae. Allí vimos a una mujer con ansias por transmitir, por compartir sus puntos de vista, de hacer proselitismo de su fe rastafari. Habló de emancipación de la mujer, de resistencia frente al capitalismo, de cómo los rastas no han dejado un pensamiento político escrito ni les interesa, porque la revolución para ellos es algo cotidiano en sus comunidades, donde han logrado una especie de sociedad paralela a la que gobierna Jamaica. La artista se quejó también de que su música está dejada de lado en su país, donde es ninguneada sin recibir cobertura mediática ni presencia en el mundo del sound system jamaicano, donde otros artistas del Reggae Revival como Chronixx sí se han situado.

 

 

Las buenas vibraciones que dejó la reina del Reggae Revival resurgieron con la presencia de otro grupo místico y con mensaje rasta. Midnite, de la isla de St. Croix, una de las citas obligadas del cartel. Aparecieron para compartir su energía con el público mediante canciones hipnóticas, circulares, de tempo lento, sin prisas, generando un momento colectivo de misticismo con el que la audiencia disfrutó y ante el que mostró su apoyó en todo momento. La voz de Vaughn Benjamin sigue en estado de gracia y continúa siendo una de las más carismáticas del reggae actual. De hecho, todo el grupo es una excepción dentro de la escena mundial, por su sonido, composiciones y letras. Se trata de una propuesta única en la que se perciben las raíces africanas, que remite al universo sonoro del reggae del continente negro, marcado por una dulzura que se mezcla con la aspereza urbana de la gran ciudad y la densidad del dub más hipnótico.

 

 

Con la sensación de que ya nada podía igualar lo vivido, y tras recorrer el recinto buscando propuestas interesantes, nos topamos casi por casualidad con uno de los grupos más interesantes de los últimos años en la escena del ska británico, anclada en muchos clichés y carente de creatividad. Se trata de The Delegators, que dieron un gran show sobre el escenario del Ska Club, conducido casi en su totalidad por su cantante, Janet Kumah, quien demostró tener todo lo necesario para ser una gran estrella, algo que no parece que vaya a ocurrir, dado el género musical que ha elegido para desarrollar su carrera, el early reggae, el ska y el rocksteady. Unos estilos olvidados y maltratados con demasiada frecuencia. Janet no paró de moverse con elegancia y fuerza, mientras la banda iba cumpliendo su papel con exactitud. Su voz nos remite al soul de los sesenta, y su presencia sobre el escenario lo llena todo. Un dulce caramelo que llevarnos a la boca antes de ir a dormir tras una de la mejores (si no la mejor) jornada vivida hasta ahora en el Rototom.

 

 

VIERNES 22

Con dos cabezas de cartel tan dispares como el facilón Shaggy (supuesta estrella de la noche) y el arrollador Femi Kuti, al día siguiente Rototom volvió a mostrar su compleja personalidad, que da cabida a propuestas tan distintas que resultan casi opuestas. A grandes rasgos, el viernes el festival sonó a África. La presencia en el escenario principal de la estrella del afrobeat Femi Kuti, hijo del inmortal Fela, propició que a su alrededor se articularan varias actividades para reivindicar los orígenes de las víctimas de la diáspora. Así, la periodista Sagrario Luna presentó la biografía “Fela Kuti: Espíritu indómito”, en el espacio African Village, donde a lo largo de toda la semana se han ido sucediendo actuaciones y actividades que dan visibilidad a las muchas culturas del continente negro. Luna dio algunas claves del personaje, que revolucionó la música en su país con un compromiso claro y no exento de polémica. Asimismo, el escenario del Showcase también sonó a afrobeat con la energía y más que correcta actuación de Café Touba. En el mismo espacio, los Hermanos Thioune, senegales afincados en España, aportaron sonidos más tradicionales, pero igual de comprometidos.

 

 

La estrella de la noche era Shaggy, aunque Femi Kuti, segundo cabeza de cartel, despertaba a priori más interés entre quienes esperan algo de complejidad y profundidad en la música, entre ellos muchos africanos que ven en él una voz que se levanta frente a las injusticias que asolan África. Y así fue: resultó infinitamente más interesante y divertido Femi Kuti que el saltarín Shaggy. Son dos conceptos diametralmente opuestos. No nos equivoquemos, ambos buscan la implicación del público, que baile, que coree y responda. En definitiva, ambos montan una fiesta comunal inmensa, pero la gran diferencia es que uno, el jamaicano, opta por el histrionismo y el exceso, mientras que el nigeriano lo hace con una entrega absoluta, una banda competente, compacta, potente y resolutiva y optando por la calidad y la excelencia, demostrando que no es necesario recurrir a o obvio para transmitir fuerza e intensidad y emocionar al público.

 

 

Femi Kuti apareció ataviado con un colorido traje africano y rodeado por un grupo de músicos que le ayudaron a llegar a lo más alto, siempre bajo su férrea dirección y control (en ocasiones recordaba a un director de orquesta). Condujo el show por donde le interesó y logró que el público se involucrara y disfrutara con un set de temas vibrantes y bailables, en el que no faltó la adaptación a coordenadas reggae de alguna de sus canciones. Apabullante, como las tres bailarinas que le acompañan, que vestidas con una ligera indumentaria africana desplegaron una energía asombrosa a base de bailes infinitos que enlazaban los bailes del dancehall actual con la tradición africana. Femi es un torbellino sobre el escenario, baila, canta, anima al público, toca diversos instrumentos y pilota su nave musical arrastrando a todo el recinto hasta para lanzar desde ese estado frenético sus soflamas políticas y de denuncia. El concierto de la noche, sin duda.

 

 

A continuación llegó la fiesta jamaicana de Shaggy, que no resultó tan desastroso como Sean Paul, pero estuvo algo falto de forma. El simpático chico que había logrado llevar el dancehall al terreno del pop más comercial y entrar en listas de éxitos, llegó con la voz tocada, por lo que se apoyó en colaboradores que salían al escenario para suplirle en algunos pasajes. Fue un concierto deslavazado, que tuvo algún momento con música pinchada al estilo sound system: Para sorpresa de todos, en un divertido y original guiño se pudo escuchar a Camarón en un sound system style. Lamentablemente, las ansias de Shaggy por asegurar la fiesta y la diversión le llevan a convertirse en un showman sobrecargado, hiperactuado y cargante por su manera de increpar sin parar al público buscando su reacción.

 

 

El repertorio estuvo plagado de éxitos, así que no faltaron “Boombastic”, “Sexy Lady”, “Feel the Rush” o “It Wasn’t Me”, entre otros. Dio cabida a temas de su nuevo disco, “Out of many, One music”, que no funcionaron tan bien entre el público, como por ejemplo, “Bridges”, grabada con el cantante de Reggae Revival Chronixx. No paró de gritar y de dirigirse al público buscando la respuesta colectiva, que al final consiguió mientras el show se iba dirigiendo hacia ninguna parte. Un set errático, en el que Shaggy metió de todo, desde homenajes a grandes cantantes clásicos hasta un baño con un barreño de agua fría en solidaridad con la campaña mundial por la lucha contra la ELA, aunque él no supo especificar el motivo por el que lo hacía (puro show frívolo), y al final dejó al espectador con mal sabor de boca. Shaggy es un animal sobre el escenario, pero le sobra manierismo y le falta forma y coherencia.

 

 

Pese a todo, con una programación tan amplia como la del Rototom, siempre hay grandes momentos que recordar. Antes de Shaggy y sus excesos, habíamos tenido música roots y cultura africana. Los seguidores del roots tradicional disfrutaron de una buena ración con la impecable actuación de los veteranos Twinkle Brothers, que arrancaron su carrera dejando clásico absolutos como su primer LP “Rasta P’on Top”, hundido de lleno en el sonido roots más puro de los años setenta, para evolucionar con el tiempo hasta convertirse en unos de los embajadores de los sonidos más oscuros y densos que recorren sounds systems y fiestas de toda Europa. No faltaron aromas de dub electrónico y roots digital -forman parte de su propuesta actual-, pero pasados por el filtro de sus músicos, que les hizo ganar en calidez. Y para deleite de los presentes, tampoco olvidaron sus clásicos. Un concierto equilibrado, en el que cupo todo, perfectamente ejecutado por parte de unos hermanos Grant que derramaron alma.

 

 

SÁBADO 23

Agradecidos a Jah y, especialmente, a la climatología por habernos evitado las fuertes lluvias que se anunciaban, encaramos el sábado el tramo final de una edición del Rototom que, según su director, Filippo Giunta, ha logrado batir las cifras de asistencia del año pasado, alcanzando los doscientos cincuenta mil espectadores. Pero en un festival dedicado al reggae y sus culturas y movimientos, resultó decepcionante para muchos de sus asistentes veteranos ver que el gran momento del festival estaba dedicado a una artista ajena a su cultura. El sábado era el día de Lauryn Hill, y se dejó notar en el número superior de personas que abarrotaban el recinto y en el tipo de público que se unió a los habituales habitantes del Rototom, gentes más tranquilas y sosegadas.

 

 

Con todo, el día volvió a dejar buenos momentos para la reggae people. Bajo el título “Everything is Great”, se celebró una mesa redonda con un invitado valiosísimo por su importancia en el desarrollo de la música jamaicana y por haber sido uno de los protagonistas del nacimiento del reggae, tal y como hoy lo conocemos: El señor Bunny Lee. Le acompañaron en su hijo Striker Jr y los miembros del grupo Inner Circle: Ian Lewis, 
Roger Lewis, Bernard “Touter” Harvey y Lancelot Hall. Entre risas y buen humor, estas leyendas vivas del reggae estuvieron compartiendo con los asistentes a la carpa de la Reggae University, recuerdos, ideas, impresiones y anécdotas de una vida pasada en el mismo epicentro del reggae. Recordemos que Bunny “Striker” Lee vivió su época dorada como productor durante el período de transición entre el rocksteady y el reggae, dejando grandes éxitos (le llamaban Mr Hitmaker) y ritmos que siguen vivos en la actualidad, ya que son recuperados una y otra vez por los artistas del dancehall. Sobre este aspecto, Lee comentó, sin cargar las tintas contra nadie, que es normal que esto suceda, porque la música que produjo estaba hecha con alma, por lo que es eterna. Lo que está por ver, dijo, es si estos artistas dancehall de ahora logran dejar un legado que viva tanto tiempo, porque tiene la impresión de que falta alma y amor en el dancehall jamaicano actual. Tras la charla, el productor de más de 74 años, estuvo cercano y amable con los fans, dejándose retratar y entablando conversación con quien se acercara.

 

 

Mientras Mr. Lee saludaba y mostraba su cercanía, Inner Circle salieron para el Main Stage, donde abrían la programación. Esperábamos un reggae más blando y festivo, ese que parece grabado para anunciar cervezas en verano, pero, por el contrario, lograron lo que Shaggy había buscado histéricamente el día anterior: Llenar el recinto y ganarse al público con una gran fiesta. No se trató de mística rastafari, fue puro baile y diversión, pero de gran calado, muy bien realizado, sin caer en clichés y con estilo rub-a-dub, tan del gusto jamaicano durante los años ochenta. No faltaron dubs, algo de raggamuffin y efectos de sound system, que se entremezclaban fabulosamente con algunos de sus clásicos como su versión del clásico “Games People Play”, una impresionante “Bad Boys”, e incluso una dignísima versión de su megaéxito, la pegajosa “Sweat”, que en directo se situó en los terrenos del onedrop, mejorando infinitamente la versión grabada. El público entregado, los músicos encantados y cierre con broche de oro.

 

 

A continuación pasaron por el escenario los franceses Danakil, una banda de largo recorrido, enclavada en la vertiente rasta del reggae, que ha girado a nivel internacional. Los vimos correctos, pero después de tanto concierto, el suyo quedó un poco gris, en tierra de nadie.

 

 

Y por fin llegó el turno en el Main Stage de la diva del soul revolucionario, del rap consciente y del activismo exhibicionista. Lauryn Hill tardó 45 minutos en salir a escena, mientras, en el escenario sonaban clásicos del rap y el dancehall, que no hacían prever lo que íbamos a ver. Al final, con un público entregado de antemano, a cantante salió con un vestido retro blanco y llenando todo el escenario con su presencia. El volumen era mayor que en los otros conciertos que hemos visto, por lo que resultaba casi imposible no moverse al ritmo que marcaba la banda.

 

 

El show transcurrió entre temas soul de su disco “The Miseducation of Lauryn Hill”, canciones grabadas con The Fugges (como el estándar “Killing me Softly With His Song”), una versión de “Bang Bang”, de Cher y Sonny Bono, rapeos, baladas (marcaron un punto de bajada de intensidad importante) y una obsesión incompresible por homenajear a Bob Marley, del que llegó a tocar hasta cuatro temas (“Jammin’”, “Turn the Light Low”, “Is This Love” y “Could you be Loved”. Evidentemente, se trataba de enganchar así al público del Rototom, pero llegó a resultar cargante escuchar el último día de festival una selección de éxitos de Marley en clave reggae pop. Numeroso público abandonó el recinto antes de que acabara el espectáculo, buscando otras sensaciones por el resto de escenarios que estaban en marcha en aquel momento.

 

 

La cantante y el grupo lograron un sonido casi perfecto, bien armado, incontestable y que dejaba bien claro cuál es la diferencia entre una estrella y un aspirante. Ella desplegó su talento y energía. Demostró una gran eficacia tanto como cantante de soul como rapeando. Del lado negativo, la inclusión compulsiva de temas de Marley y el dudoso criterio de selección por parte del festival por incluir a una estrella innegable como Hill en un festival de reggae. Acabamos la noche vibrando en la Dub Academy, con un show mucho más profano pero cargado de vibes, como fue el de los franceses Stand High Patrol con Pupa Jim, quienes dieron una lección, desde los platos y micrófonos, de los nuevos caminos por los que evoluciona el dub de la mano de jóvenes europeos.

 

 

Terminado el Rototom, las ideas se agolpan en el cerebro, pero sobre todo hay una reflexión que nos queda clara: Los criterios de gestión de un festival son complejos, hay que equilibrar muchas facetas y satisfacer muchos intereses que viven en tensión, pero toda organización debe saber hacia donde va y, en caso de crecer, tener claro para qué quiere hacerlo y qué coste y riesgos conlleva. Larga vida al Rototom, punto de encuentro de tantas personas maravillosas y artistas cercanos al público. Un festival bien organizado, que ha logrado que el público se sienta bien tratado y atendido. Donde se tiene la sensación de vivir en la capital del reggae mundial y donde todo es posible. Si esa esencia se pierde algún día, Rototom se diluirá como un azucarillo, porque sin sus gentes no sería posible. Positive vibrations!

FEMI KUTI

CRÓNICA ROTOTOM: JUEVES, VIERNES Y SÁBADO

Tras el mal sabor de boca que dejó Sean Paul (cuyo show del miércoles fue cuestionado hasta por el propio Rodigan), Rototom nos volvió a ofrecer el jueves una noche de conciertos mágica. En el Main Stage abrieron los veteranos del roots más puro, The Wailing Souls, un trío vocal que comenzó su carrera grabando para el mítico sello Studio One (una especie de Motown a la jamaicana), etapa que dio paso a la marcada por el sonido pesado y militante de Channel One, para el que trabajaron durante los años esenciales del periodo roots. Se trata de otro de los grupos que hemos podido ver en distintas ocasiones, con un show que no sorprende, pero que resulta eficaz. Siguen haciendo lo suyo, lo de siempre, pero sin defraudar a pesar de su avanzada edad. El recinto no se llenó, era pronto aún y todavía quedaba artillería por delante.

 

The Wailing Souls (Foto: Violeta Palazón)

 

Sobre las 22 horas tomó el escenario (o lo barrió como un torbellino, aún estamos tratando de digerir lo que vimos) la gran sorpresa y confirmación de la noche y hasta ahora, del festival: Jah9. Menuda de tamaño, Jah9 es una mujer luchadora, emancipada, apasionada, iluminada, con una misión y una gran fe rastafari. Y encima del escenario lo pudimos ver y sentir. Ofreció un gran espectáculo, cargado de electricidad, compartiendo sus puntos de vista e ideas con el público entre las canciones, con una garganta portentosa. Un show en el que la fuerza y la intensidad venían envueltas en la sutileza de su voz, los ritmos hipnóticos, la actitud aguerrida y la fe de su mensaje. Una gran voz soul que estuvo perfectamente acompañada por Dubtonic Kru, una gran banda que protagonizó un momento de conexión total con la artista. El repertorio estuvo centrado, sobre todo, en temas nuevos y singles, a pesar de lo reciente de su disco, “New Name”, del que sólo tocó un par de canciones: la enorme “Mr. Preacher Man” y la que da título al álbum. El concierto y la artista fueron creciendo a lo largo de un set basado en sonidos reggae de corte contemporáneo, muy hipnótico, buscando paisajes sonoros base de ritmos contenidos y mucha elegancia. Ya hay quien la ha coronado como la reina de esta edición del Rototom.

 

Jah9 (Foto: Luca D’Agostino)

 

Jah9 es un personaje fascinante. La habíamos podido escuchar en una de las mesas redondas de los primeros días del festival acerca del mensaje rasta en la música reggae. Allí vimos a una mujer con ansias por transmitir, por compartir sus puntos de vista, de hacer proselitismo de su fe rastafari. Habló de emancipación de la mujer, de resistencia frente al capitalismo, de cómo los rastas no han dejado un pensamiento político escrito ni les interesa, porque la revolución para ellos es algo cotidiano en sus comunidades, donde han logrado una especie de sociedad paralela a la que gobierna Jamaica. La artista se quejó también de que su música está dejada de lado en su país, donde es ninguneada sin recibir cobertura mediática ni presencia en el mundo del sound system jamaicano, donde otros artistas del Reggae Revival como Chronixx sí se han situado.

 

Jah9, diamante reggae (Foto: Maria Stawska)

 

Las buenas vibraciones que dejó la reina del Reggae Revival resurgieron con la presencia de otro grupo místico y con mensaje rasta. Midnite, de la isla de St. Croix, una de las citas obligadas del cartel. Aparecieron para compartir su energía con el público mediante canciones hipnóticas, circulares, de tempo lento, sin prisas, generando un momento colectivo de misticismo con el que la audiencia disfrutó y ante el que mostró su apoyó en todo momento. La voz de Vaughn Benjamin sigue en estado de gracia y continúa siendo una de las más carismáticas del reggae actual. De hecho, todo el grupo es una excepción dentro de la escena mundial, por su sonido, composiciones y letras. Se trata de una propuesta única en la que se perciben las raíces africanas, que remite al universo sonoro del reggae del continente negro, marcado por una dulzura que se mezcla con la aspereza urbana de la gran ciudad y la densidad del dub más hipnótico.

 

Midnite (Foto: Luca Sgamellotti)

 

Con la sensación de que ya nada podía igualar lo vivido, y tras recorrer el recinto buscando propuestas interesantes, nos topamos casi por casualidad con uno de los grupos más interesantes de los últimos años en la escena del ska británico, anclada en muchos clichés y carente de creatividad. Se trata de The Delegators, que dieron un gran show sobre el escenario del Ska Club, conducido casi en su totalidad por su cantante, Janet Kumah, quien demostró tener todo lo necesario para ser una gran estrella, algo que no parece que vaya a ocurrir, dado el género musical que ha elegido para desarrollar su carrera, el early reggae, el ska y el rocksteady. Unos estilos olvidados y maltratados con demasiada frecuencia. Janet no paró de moverse con elegancia y fuerza, mientras la banda iba cumpliendo su papel con exactitud. Su voz nos remite al soul de los sesenta, y su presencia sobre el escenario lo llena todo. Un dulce caramelo que llevarnos a la boca antes de ir a dormir tras una de la mejores (si no la mejor) jornada vivida hasta ahora en el Rototom.

 

Janet Kumah, vocalista de The Delegators (Foto: Carlo Crippa)

 

Con dos cabezas de cartel tan dispares como el facilón Shaggy (supuesta estrella de la noche) y el arrollador Femi Kuti, al día siguiente Rototom volvió a mostrar su compleja personalidad, que da cabida a propuestas tan distintas que resultan casi opuestas. A grandes rasgos, el viernes el festival sonó a África. La presencia en el escenario principal de la estrella del afrobeat Femi Kuti, hijo del inmortal Fela, propició que a su alrededor se articularan varias actividades para reivindicar los orígenes de las víctimas de la diáspora. Así, la periodista Sagrario Luna presentó la biografía “Fela Kuti: Espíritu indómito”, en el espacio African Village, donde a lo largo de toda la semana se han ido sucediendo actuaciones y actividades que dan visibilidad a las muchas culturas del continente negro. Luna dio algunas claves del personaje, que revolucionó la música en su país con un compromiso claro y no exento de polémica. Asimismo, el escenario del Showcase también sonó a afrobeat con la energía y más que correcta actuación de Café Touba. En el mismo espacio, los Hermanos Thioune, senegales afincados en España, aportaron sonidos más tradicionales, pero igual de comprometidos.

 

Hermanos Thioune (Foto: Luca Valenta)

 

La estrella de la noche era Shaggy, aunque Femi Kuti, segundo cabeza de cartel, despertaba a priori más interés entre quienes esperan algo de complejidad y profundidad en la música, entre ellos muchos africanos que ven en él una voz que se levanta frente a las injusticias que asolan África. Y así fue: resultó infinitamente más interesante y divertido Femi Kuti que el saltarín Shaggy. Son dos conceptos diametralmente opuestos. No nos equivoquemos, ambos buscan la implicación del público, que baile, que coree y responda. En definitiva, ambos montan una fiesta comunal inmensa, pero la gran diferencia es que uno, el jamaicano, opta por el histrionismo y el exceso, mientras que el nigeriano lo hace con una entrega absoluta, una banda competente, compacta, potente y resolutiva y optando por la calidad y la excelencia, demostrando que no es necesario recurrir a o obvio para transmitir fuerza e intensidad y emocionar al público.

 

Femi Kuti (Foto: Liberto Peiró)

 

Femi Kuti apareció ataviado con un colorido traje africano y rodeado por un grupo de músicos que le ayudaron a llegar a lo más alto, siempre bajo su férrea dirección y control (en ocasiones recordaba a un director de orquesta). Condujo el show por donde le interesó y logró que el público se involucrara y disfrutara con un set de temas vibrantes y bailables, en el que no faltó la adaptación a coordenadas reggae de alguna de sus canciones. Apabullante, como las tres bailarinas que le acompañan, que vestidas con una ligera indumentaria africana desplegaron una energía asombrosa a base de bailes infinitos que enlazaban los bailes del dancehall actual con la tradición africana. Femi es un torbellino sobre el escenario, baila, canta, anima al público, toca diversos instrumentos y pilota su nave musical arrastrando a todo el recinto hasta para lanzar desde ese estado frenético sus soflamas políticas y de denuncia. El concierto de la noche, sin duda.

 

Femi Kuti, embajador afrobeat (Foto: Luca D’Agostino)

 

A continuación llegó la fiesta jamaicana de Shaggy, que no resultó tan desastroso como Sean Paul, pero estuvo algo falto de forma. El simpático chico que había logrado llevar el dancehall al terreno del pop más comercial y entrar en listas de éxitos, llegó con la voz tocada, por lo que se apoyó en colaboradores que salían al escenario para suplirle en algunos pasajes. Fue un concierto deslavazado, que tuvo algún momento con música pinchada al estilo sound system: Para sorpresa de todos, en un divertido y original guiño se pudo escuchar a Camarón en un sound system style. Lamentablemente, las ansias de Shaggy por asegurar la fiesta y la diversión le llevan a convertirse en un showman sobrecargado, hiperactuado y cargante por su manera de increpar sin parar al público buscando su reacción.

 

Shaggy (Foto: Liberto Peiró)

 

El repertorio estuvo plagado de éxitos, así que no faltaron “Boombastic”, “Sexy Lady”, “Feel the Rush” o “It Wasn’t Me”, entre otros. Dio cabida a temas de su nuevo disco, “Out of many, One music”, que no funcionaron tan bien entre el público, como por ejemplo, “Bridges”, grabada con el cantante de Reggae Revival Chronixx. No paró de gritar y de dirigirse al público buscando la respuesta colectiva, que al final consiguió mientras el show se iba dirigiendo hacia ninguna parte. Un set errático, en el que Shaggy metió de todo, desde homenajes a grandes cantantes clásicos hasta un baño con un barreño de agua fría en solidaridad con la campaña mundial por la lucha contra la ELA, aunque él no supo especificar el motivo por el que lo hacía (puro show frívolo), y al final dejó al espectador con mal sabor de boca. Shaggy es un animal sobre el escenario, pero le sobra manierismo y le falta forma y coherencia.

 

Las cosas de Shaggy (Foto: Luca Valenta)

 

Pese a todo, con una programación tan amplia como la del Rototom, siempre hay grandes momentos que recordar. Antes de Shaggy y sus excesos, habíamos tenido música roots y cultura africana. Los seguidores del roots tradicional disfrutaron de una buena ración con la impecable actuación de los veteranos Twinkle Brothers, que arrancaron su carrera dejando clásico absolutos como su primer LP “Rasta P’on Top”, hundido de lleno en el sonido roots más puro de los años setenta, para evolucionar con el tiempo hasta convertirse en unos de los embajadores de los sonidos más oscuros y densos que recorren sounds systems y fiestas de toda Europa. No faltaron aromas de dub electrónico y roots digital -forman parte de su propuesta actual-, pero pasados por el filtro de sus músicos, que les hizo ganar en calidez. Y para deleite de los presentes, tampoco olvidaron sus clásicos. Un concierto equilibrado, en el que cupo todo, perfectamente ejecutado por parte de unos hermanos Grant que derramaron alma.

 

Twinkle Brothers (Foto: Tato Richieri)

 

Agradecidos a Jah y, especialmente, a la climatología por habernos evitado las fuertes lluvias que se anunciaban, encaramos el sábado el tramo final de una edición del Rototom que, según su director, Filippo Giunta, ha logrado batir las cifras de asistencia del año pasado, alcanzando los doscientos cincuenta mil espectadores. Pero en un festival dedicado al reggae y sus culturas y movimientos, resultó decepcionante para muchos de sus asistentes veteranos ver que el gran momento del festival estaba dedicado a una artista ajena a su cultura. El sábado era el día de Lauryn Hill, y se dejó notar en el número superior de personas que abarrotaban el recinto y en el tipo de público que se unió a los habituales habitantes del Rototom, gentes más tranquilas y sosegadas.

 

El recinto, a tope el sábado (Foto: Luca D’Agostino)

 

Con todo, el día volvió a dejar buenos momentos para la reggae people. Bajo el título “Everything is Great”, se celebró una mesa redonda con un invitado valiosísimo por su importancia en el desarrollo de la música jamaicana y por haber sido uno de los protagonistas del nacimiento del reggae, tal y como hoy lo conocemos: El señor Bunny Lee. Le acompañaron en su hijo Striker Jr y los miembros del grupo Inner Circle: Ian Lewis, 
Roger Lewis, Bernard “Touter” Harvey y Lancelot Hall. Entre risas y buen humor, estas leyendas vivas del reggae estuvieron compartiendo con los asistentes a la carpa de la Reggae University, recuerdos, ideas, impresiones y anécdotas de una vida pasada en el mismo epicentro del reggae. Recordemos que Bunny “Striker” Lee vivió su época dorada como productor durante el período de transición entre el rocksteady y el reggae, dejando grandes éxitos (le llamaban Mr Hitmaker) y ritmos que siguen vivos en la actualidad, ya que son recuperados una y otra vez por los artistas del dancehall. Sobre este aspecto, Lee comentó, sin cargar las tintas contra nadie, que es normal que esto suceda, porque la música que produjo estaba hecha con alma, por lo que es eterna. Lo que está por ver, dijo, es si estos artistas dancehall de ahora logran dejar un legado que viva tanto tiempo, porque tiene la impresión de que falta alma y amor en el dancehall jamaicano actual. Tras la charla, el productor de más de 74 años, estuvo cercano y amable con los fans, dejándose retratar y entablando conversación con quien se acercara.

 

Bunny Lee, una leyenda en la Reggae University (Foto: David Sandoval Cantos)

 

Mientras Mr. Lee saludaba y mostraba su cercanía, Inner Circle salieron para el Main Stage, donde abrían la programación. Esperábamos un reggae más blando y festivo, ese que parece grabado para anunciar cervezas en verano, pero, por el contrario, lograron lo que Shaggy había buscado histéricamente el día anterior: Llenar el recinto y ganarse al público con una gran fiesta. No se trató de mística rastafari, fue puro baile y diversión, pero de gran calado, muy bien realizado, sin caer en clichés y con estilo rub-a-dub, tan del gusto jamaicano durante los años ochenta. No faltaron dubs, algo de raggamuffin y efectos de sound system, que se entremezclaban fabulosamente con algunos de sus clásicos como su versión del clásico “Games People Play”, una impresionante “Bad Boys”, e incluso una dignísima versión de su megaéxito, la pegajosa “Sweat”, que en directo se situó en los terrenos del onedrop, mejorando infinitamente la versión grabada. El público entregado, los músicos encantados y cierre con broche de oro.

 

Inner Circle (Foto: Luca Sgamellotti)

 

A continuación pasaron por el escenario los franceses Danakil, una banda de largo recorrido, enclavada en la vertiente rasta del reggae, que ha girado a nivel internacional. Los vimos correctos, pero después de tanto concierto, el suyo quedó un poco gris, en tierra de nadie.

 

Danakil (Foto: Luca D’Agostino)

 

Y por fin llegó el turno en el Main Stage de la diva del soul revolucionario, del rap consciente y del activismo exhibicionista. Lauryn Hill tardó 45 minutos en salir a escena, mientras, en el escenario sonaban clásicos del rap y el dancehall, que no hacían prever lo que íbamos a ver. Al final, con un público entregado de antemano, a cantante salió con un vestido retro blanco y llenando todo el escenario con su presencia. El volumen era mayor que en los otros conciertos que hemos visto, por lo que resultaba casi imposible no moverse al ritmo que marcaba la banda.

 

Lauryn Hill (Foto: Liberto Peiró)

 

El show transcurrió entre temas soul de su disco “The Miseducation of Lauryn Hill”, canciones grabadas con The Fugges (como el estándar “Killing me Softly With His Song”), una versión de “Bang Bang”, de Cher y Sonny Bono, rapeos, baladas (marcaron un punto de bajada de intensidad importante) y una obsesión incompresible por homenajear a Bob Marley, del que llegó a tocar hasta cuatro temas (“Jammin’”, “Turn the Light Low”, “Is This Love” y “Could you be Loved”. Evidentemente, se trataba de enganchar así al público del Rototom, pero llegó a resultar cargante escuchar el último día de festival una selección de éxitos de Marley en clave reggae pop. Numeroso público abandonó el recinto antes de que acabara el espectáculo, buscando otras sensaciones por el resto de escenarios que estaban en marcha en aquel momento.

 

Lauryn Hill: soul y rap, pero poco reggae (Foto: Luca D’Agostino)

 

La cantante y el grupo lograron un sonido casi perfecto, bien armado, incontestable y que dejaba bien claro cuál es la diferencia entre una estrella y un aspirante. Ella desplegó su talento y energía. Demostró una gran eficacia tanto como cantante de soul como rapeando. Del lado negativo, la inclusión compulsiva de temas de Marley y el dudoso criterio de selección por parte del festival por incluir a una estrella innegable como Hill en un festival de reggae. Acabamos la noche vibrando en la Dub Academy, con un show mucho más profano pero cargado de vibes, como fue el de los franceses Stand High Patrol con Pupa Jim, quienes dieron una lección, desde los platos y micrófonos, de los nuevos caminos por los que evoluciona el dub de la mano de jóvenes europeos.

 

El sueño continúa (Foto: Violeta Palazón)

 

Terminado el Rototom, las ideas se agolpan en el cerebro, pero sobre todo hay una reflexión que nos queda clara: Los criterios de gestión de un festival son complejos, hay que equilibrar muchas facetas y satisfacer muchos intereses que viven en tensión, pero toda organización debe saber hacia donde va y, en caso de crecer, tener claro para qué quiere hacerlo y qué coste y riesgos conlleva. Larga vida al Rototom, punto de encuentro de tantas personas maravillosas y artistas cercanos al público. Un festival bien organizado, que ha logrado que el público se sienta bien tratado y atendido. Donde se tiene la sensación de vivir en la capital del reggae mundial y donde todo es posible. Si esa esencia se pierde algún día, Rototom se diluirá como un azucarillo, porque sin sus gentes no sería posible. Positive vibrations!

ROTOTOM 2014

CRÓNICA ROTOTOM: LUNES, MARTES Y MIÉRCOLES

Rototom ha ido cogiendo forma y creciendo en los días que lleva en activo y ya ha dejado muy buenos momentos en todos los sentidos, no sólo en el musical. Atendiendo a estos detalles, merece la pena destacar el debate que se desató en la carpa de la Reggae University, durante la ponencia posterior al pase del documental “Living in Waterhouse”, de la productora de Fernando García-Guereta, Nice Time. Tras su visionado, se celebro una mesa redonda en la que García-Guereta planteó la necesidad de acompañar de acciones y reacciones las denuncias y las soflamas revolucionarias en Jamaica, donde la población asiste pasiva a abusos continuos por parte del poder, sin mover un dedo. El debate sobre si el Reggae Revival es un truco de marketing o un movimiento real sigue encima de la mesa. A continuación, Addis Pablo (hijo de Augustus, una de las cabezas visibles del desarrollo del dub en los setenta) estuvo explicando en qué medida el dub ha reaparecido en la escena jamaicana actual.

 

Un momento de la mesa redonda tras la proyección de “Living in Waterhouse” (Foto: Tato Richieri)

 

Por el escenario principal, el lunes las cosas estuvieron calientes. Anthony B, estrella de la noche, no tenía nada que demostrar. Se le puede achacar que artísticamente está en un momento poco creativo, pero su puesta en escena sigue siendo impoluta. Apareció ataviado con un elegante traje de corbata, turbante Bobo Ashanti (una de las sectas rastas) y su bastón de mando en la mano (simbología rasta, en referencia al bastón de Joshua). Como en otras ocasiones, el artista demostró estar en plena forma, sin parar de animar, arengar y saltar. Mucho “jaka jaka jo” se coreó esa noche. Porque ante cada interpelación del cantante, el público respondía con entusiasmo. El show arrancó con Johnny Cool al micrófono, que demostró gran presencia, y tras un par de temas empezó a oírse desde el fondo la inconfundible voz de Anthony B, que a partir de ese momento contó con la entrega del público en una fiesta colectiva que tuvo picos de intensidad gracias a su mezcla de reggae music y new roots. La entrega del cantante se vio recompensada por el público, que estalló en bailes masivos cuando sonaron algunos de sus éxitos. Para empezar, dejó una soberbia versión de “Higher Meditation”, y no bajó ya el listón en todo el show, que continuó con enérgicas lecturas de “Territory”, “Born to be Free”, “Freedom Fighter”, “Police”, “Living my Life” (que tiene poco de reggae y mucho de rock facilón, pero a la que logra imprimir su sello y convertirla en un eficaz y potente himno), “Whip Dem Jah Jah” o “My Yes & My No”, entre otros temazos. Muy prescindible resultó el “Imagine” de John Lennon, incluido en su último disco, “Tribute to Legends”. Acabó el show con un gesto de respeto a los mayores, Interpretando una gran versión de “One Love”, de Bob Marley.

 

Anthony B (Foto: Luca Sgamellotii)

 

El final del día fue, pues, apoteósico, pero no había empezado nada mal. Más tranquilos dieron inicio a la tarde Gladiators con nuevo cantante al frente, Droop Lion, un joven cachorro de gran voz, muy educada, de textura algo rota, al estilo de Joseph Hill (Culture), que le imprimió mucha energía al concierto de este combo de la foundation de la roots music. Mucho respeto para los orígenes y amor es lo que recibió el grupo por parte del público. Echaron mano de algunos de sus éxitos y de temas de su nuevo disco, así que pudimos escuchar clásicos como “Dreadlocks the Time is Now”, “Dread Natty Dread” o “Mix Up” con renovada energía e intensidad. La voz de Droop Lion es perfecta para actualizar la propuesta anclada en el pasado de este grupo de referencia del roots, porque se mueve entre el góspel y el soul aportando mucha vitalidad.

 

Gladiators (Foto: Luca Valenta)

 

A continuación, Jesse Royal ocupó el escenario con algo de timidez, pero demostrando un gran potencial, por lo que no sería raro que en poco tiempo se convierta en una estrella. Royal es una de las referencias más destacadas del nuevo roots que se está haciendo en Jamaica actualmente y ha ligado su carrera a uno de los productores más destacados en la nueva escena jamaicana con vocación internacional, Major Lanze. Su show demostró que como cantante es completamente solvente y logra transmitir y conectar con el público, como vimos en “Butterflies”, la versión que hizo de Mama Africa (Garnett Silk) y, por supuesto, en su hit “Modern Day Judas”.

 

Jesse Royal (Foto: Tato Richieri)

 

La jornada del martes 19 estuvo dominada por el mensaje de Jah Rastafari, de la mano de la joven generación de artistas roots que ha dado Jamaica. Tras el intenso debate desatado el día anterior en la carpa de la Reggae University sobre la consistencia del movimiento Reggae Revival, el tema volvió a surgir en la conferencia que tuvo lugar en la misma carpa con Chronixx, Micah Shemaiah, Infinite y Exile di Brave. Bajo el título de “Jah ova Evil” (Jah sobre el demonio), los artistas, moderados por Pete Lily, de la revista Riddim, explicaron en qué consiste el mensaje rastafari en el nuevo reggae. Lily dio las claves que hicieron nacer al movimiento y aseguró que se trata de una operación de marketing. Eso sí, se trata de un marketing que vende un mensaje positivo destinado a millones de jóvenes pobres alrededor del mundo. ¿Invalida la supuesta falta de compromiso de los artistas su labor educativa? Obviamente, no.

 

Los cachorros del Reggae Revival, en la Reggae University (Foto: Carlo Crippa)

 

Los artistas del Reggae Revival, que fueron pasando a lo largo del día por el stand de I-Nation (situado junto a la Reggae University y punto de encuentro de la intelligentsia del movimiento, donde comprar sus discos y merchandising), dominaron la programación. Tras la conferencia, algunos de ellos acudieron a la Dub Academy, donde Addis Pablo ofreció una sesión de dub con melódica sobre los ritmos pinchados por los Suns of Dub. Una actuación intensa, densa, cargada de meditation y grandes ritmos clásicos. La sorpresa llegó cuando Infinite, Shemaiah y Exile di Brave se unieron a la fiesta sin estar anunciados y comenzó un auténtico jolgorio improvisado, con el micro pasando de mano en mano y Pablo soltando fraseos con la melódica. Se nota que funcionan como un equipo y que les une algo más que el trabajo. Un momento auténtico de sound de Kingston, donde vimos a unos jóvenes expertos en ese terreno pasarlo bien, disfrutar y transmitirlo. A mitad de la actuación nos dirigimos a ver a su otro colega, Chronixx, con la conciencia de estar dejando atrás una experiencia única.

 

Addis Pablo (Foto: Violeta Palazón)

 

De la oscuridad y el minimalismo de la Dub Academy cambiamos a la magnificencia del Main Stage para ver a la estrella emergente, Chronixx, un joven de Kingston miembro de la nueva escena roots que demostró que está llamado a ser una estrella, pese a que aún le falta presencia en el escenario. Esto se notó, especialmente, en su versión de “Somewhere”, que bajó la intensidad del espectáculo, para recuperarla de nuevo en cuanto volvió a apoyarse en temas propios como “Smile Jamaica” o “Here comes the Trouble”. Lo más interesante lo dejó para el final del concierto, con sonidos propios del dub más denso que suena en los sound systems, con sirenas y mucho bajo de alto octanaje. Sonidos gruesos para un mensaje iluminado de liberación individual y resistencia, que rompieron con lo habitual en este tipo de show, un riesgo que bien gestionado puede hacer que el artista brille, como fue el caso. Chronixx dio al público lo que esperaba y más, mantuvo la calidad en su puesta en escena, pero aún le falta experiencia para llegar a ser un cabeza de cartel solvente.

 

El show de Chronixx (Foto: Luca Valenta)

 

La organización debía tenerlo muy claro, porque ese puesto lo dejaron en manos de un valor seguro, Alpha Blondy. El de Costa de Marfil lleva lustros funcionando con la misma propuesta, sin sobresaltos, sin riesgos, basada en sus viejos éxitos, salpicada con algún tema actual. Y así se comportó la noche del martes en Benicàssim, sin saltarse ni una línea del guión. Desplegó un espectáculo de luces apabullante, guitarras épicas de corte rockero, clásicos y una puesta en escena rebosante de energía, sin parar de moverse por el escenario, demostrando que aún es capaz de defender su set con total solvencia. Sonaron los clásicos de siempre, “Politiqui”, “Cocody Rock”, la versión “I Wish You Were Here” (Pink Floyd) y la enorme “Peace in Liberia” que presentó con un discurso en el que repasó todos los conflictos armados actuales para pedir que cesen las matanzas, haciendo especial hincapié en la masacre de Gaza. Fue un momento electrizante, en el que el artista dejó clara su postura política y su conocimiento de lo que ocurre alrededor del mundo. De nuevo el mensaje de “Jah Ova Evil” reinaba en la noche de Benicàssim. Alpha Blondy sigue funcionando. El público le sigue venerando como a una gran estrella y no parece buscar nada nuevo en sus conciertos, que son una fiesta al son de su reggae africano, de factura más dulce que el jamaicano.

 

Alpha Blondy (Foto: Luca D’Agostino)

 

Lo que todos temíamos sucedió el miércoles. Nada más arrancar el concierto de Junior Kelly en el Main Stage, se desató una tromba de agua típica del Mediterráneo, intensa y corta, por lo que, tras la descarga, la vida volvió al recinto. Y la organización respiró tranquila, porque la noche del miércoles era de peso. Por el escenario principal tuvimos al veterano Kelly, al gran rastaman Luciano y al ganador de Grammys y fabricante de hits internacional, Sean Paul. Un cartel ambicioso, y algo incoherente, por la presencia del más que comercial Sean Paul, cuyo mensaje (o ausencia de él) entra en confrontación con las ideas rastas desplegadas por los otros dos artistas. Vayamos por partes.

 

Junior Kelly (Foto: Carlo Crippa)

 

Al final, pudimos verlos a todos, aunque Junior Kelly tuvo que acortar su show para adaptarse a las condiciones. Kelly, una de las luminarias del llamado New Roots que surgió en Jamaica en los noventa, ha reaparecido este año con nuevo disco, tras casi ocho años de silencio. Se presentó en Benicàssim con un show basado en algunos hits, como “Love so Nice”, en combinación con temas nuevos. El sonido que busca es accesible para todo el público y roza lo facilón, aunque hay que ser conscientes de que asistimos a un show corto y adulterado, por lo que resulta casi imposible emitir una opinión sobre lo que vimos.

 

Luciano (Foto: Luca Valenta)

 

Mediada la noche llegó el rastaman Luciano, demostrando una fuerza y una energía desbordantes, plasmada en forma de volteretas y carreras por el escenario. Repasó algunos de sus clásicos y dejó un testimonio de su apuesta por la roots music con un show emocionante y cargado de intensidad. La misma que cautivó a los asistentes a la sesión de Iration Stepas en el rincón de la Dub Academy, donde el cantante apareció con su bastón para cantar algunos temas en directo sobre bases que le iba poniendo el sound selector. Fue un momento mágico, de comunión total entre el artista y el escaso público asistente.

 

Sean Paul y sus chicas (Foto: Luca Valenta)

 

Antes de entrar en terrenos dub y otras densidades, tuvimos la oportunidad de ver a la megaestrella Sean Paul. El jamaicano vino para presentar su último disco, “Full Frequency”, aunque adaptó el set al festival que le acogía con algunos guiños al reggae. Fue una noche en la que se cantó a las mujeres, al éxito y al amor de telenovela y en la que el artista no dejó de apelar a las chicas sexy. Literal. En cualquier caso, el recinto se llenó por primera vez hasta la bandera para ver este producto hecho a sí mismo, a base de bombazos que suenan en clubs y discotecas de todo el mundo con su mezcla de dancehall, hip hop, r&b y pop. Sean Paul no defraudó. Dio de sí lo que se esperaba. El espectáculo remitía directamente al universo MTV y sus propuestas grandilocuentes que, ciertamente, chirrían con la esencia del festival. De repente, Rototom dejó de ser una ciudad alternativa para usar cañones de humo y confeti, proyectar juegos de luces asombrosos y construir el espectáculo a base de bailarinas sobre tarimas, entre otros fuegos de artificio. Su propuesta quedó bien definida con su versión de “Bailando” (Enrique Iglesias). Escuchar este tema en Rototom fue doloroso para quien espera del reggae un discurso musical y de contenido emancipado y lúcido. “Gimmie the Light” y otros de sus éxitos sonaron poco convincentes junto a temas de su nuevo disco.

 

Sean Paul superstar

 

Afortunadamente, el festival siempre ofrece contenidos que llevarse a la boca con gusto. Fue el caso del show vespertino de (nuevamente) Addis Pablo, con su inseparable melódica, apoyado por la banda de Mafi & Fluxi, que ofreció un conciertazo de dub vibrante, con un bajo asesino, ajustado al milímetro, que no dejaba escapar ni un compás sin sonar amenazante. Un concierto menor, comparado con el resto de la programación, pero deslumbrante e hipnótico. Y aún quedan tres días por delante.

cabecera Femi Kuti

ENTREVISTA: FEMI KUTI

Conexión telefónica con Nigeria. ¿Motivo? Charlar con Femi Kuti, hijo del legendario Fela Kuti, heredero de su legado afrobeat y embajador musical del continente negro, que actua en el Rototom el viernes, 22 de agosto. El afrobeat es un género surgido a finales de los años sesenta, confluencia sonora entre el jazz, el soul y la música de baile, voluntariamente desmarcada de la tradición popular yoruba, aunque con influencias jùjú y fuji. Su figura central es Fela Anikulapo Kuti (1938-1997). La popularidad del soul en Lagos (en especial de Geraldo Pino, un imitador de James Brown procedente de Sierra Leona) introdujo a Kuti en el género, pero a partir de un viaje a EE UU en 1969, durante el que estableció contacto con activistas negros, cambió su orientación política y comenzó a desarrollar las bases del afrobeat, secundado por el grupo Africa ‘70.

Las contribuciones de Tony Allen (batería), Maurice Ekpo (bajo) y Peter Animasaun (guitarra) fueron decisivas en la evolución de su sonido, así como la ampliación de la banda con congas, elementos percusivos, sekere y sección de metal. Durante más de dos décadas, el afrobeat se mantuvo dentro de los mismos cánones musicales, aderezado con un creciente acento político. La irrupción de Seun y Femi Kuti, hijos del maestro, hizo que el género comenzara a diversificarse y a explorar nuevos rumbos.

 

Femi Kuti & The Positive Force (Foto: Bernd Ott)

 

¿Supone una responsabilidad añadida llevar el apellido Kuti cuando se sale al escenario?

Es algo que no me planteo. Mi objetivo principal es hacer buena música, que pueda servir de inspiración a la gente. Tampoco lo considero un privilegio, porque es algo que me viene de nacimiento. Estoy orgulloso de mi padre y de su lucha por la justicia y contra la corrupción. Es algo que aprendí desde pequeño.

 

Comenzaste de la mano de tu padre. ¿Te resultó difícil encontrar tu propia identidad como músico?

Cuando empecé, tendría unos dieciséis años, y sí, fue duro, porque mi padre es una gran estrella en Nigeria, todo el mundo le conoce. Me costó diez años, desde 1986 hasta 1996, conseguir que la gente en mi país apreciara lo que hago sin necesidad de recurrir a mi padre. Así que, ciertamente, resultó complicado

 

Vienes a tocar al Rototom, un festival especializado en reggae. ¿Crees que es un género afín al afrobeat?

Sí, encuentro muchas similitudes. No olvides que el reggae es de origen africano, y por tanto conserva muchos ritmos del continente. La diferencia, en mi opinión, radica en que el afrobeat es más complejo, especialmente en lo que respecta a los ritmos. El reggae tiene un ritmo bastante estandard, no hay muchas diferencias entre las canciones del género, mientras que el afrobeat es más cerca del jazz, tiene mayor complicación rítmica.

 

Y en ambos casos se trata de rebel music, ¿no?

Sí, bueno, pero tienes que recordar que no todo el reggae es música rebelde. Muchas canciones no tienen nada que ver con la revolución o los movimientos negros. Jimmy Cliff ha usado su música muy a menudo para luchar contra la injusticia. En su caso, o en el de gente como Peter Tosh y Bob Marley, sí lo es.

 

¿De qué modo ha evolucionado el afrobeat desde los años setenta hasta hoy?

Ha cambiado muchísimo. Desde la época de mi padre han pasado muchas cosas, y eso es muy importante para la música, que en ningún caso debe permanecer anquilosada. Mi padre ya evolucionó en diferentes direcciones a lo largo de su trayectoria, y yo mismo, en cada disco que grabo, intento buscar nuevos caminos, hacer cosas distintas, no repetirme y ganar en energía rítmica. Siempre mirando hacia adelante.

 

 

A lo largo de la historia del pop, no son pocas las bandas americanas o europeas que han reconocido la influencia de la música africana. ¿Qué opinas al respecto?

No es algo que me sorprenda, porque es cierto que históricamente ha ocurrido siempre. Hay muchas bandas americanas y europeas inspiradas por los ritmos africanos, especialmente por mi padre. Y no solo en el terreno del pop: En su autobiografía, Miles Davis admite que Fela Kuti fue una fuente de inspiración constante. James Brown también admitió que el afrobeat fue una revelación para él. Y qué decir del hip hop, que utiliza muchos patrones rítmicos africanos. Ya te digo, no es una sorpresa.

 

Sin embargo, muchos de esos músicos que inspiran a americanos o europeos siguen siendo unos grandes desconocidos.

Es una situación complicada. No quiero entrar en una cuestión en la que podríamos hablar de racismo. Prefiero celebrar que la gente utilice ritmos afro.

 

En 2013 publicaste “No place for my dream”. ¿Cuál es tu sueño y por qué no hay sitio para él?

Mi sueño es la paz, el fin de las injusticias y que todo el mundo sea feliz. Pero desde el principio del mundo hasta hoy siempre ha habido guerras e injusticias, corrupción y muchos problemas.

 

¿Qué puede hacer la música por cambiar esa situación?

Imagínate un mundo sin música. Estoy seguro de que habría aún más violencia. La música es comunicación, hace que la gente se inspire, puede alegrarte el ánimo cuando te sientes mal y confortarte. Es una fuerza vital para el desarrollo del mundo, sin necesidad de que las canciones sean revolucionarias.

 

 

Lideras The Positive Force, una banda muy amplia. ¿Es fácil mantenerla unida y en forma?

Somos un montón de gente en el escenario, me gusta que las bandas sean numerosas. Cuanta más gente, más inspiración para el público. A veces tengo que ser un jefe duro, depende de las circunstancias. Si veo que la banda se relaja, debo recordarles de qué va esto. Tienes que entender que soy el líder del grupo, y que la gente que se sube al escenario puede atravesar por problemas o momentos difíciles en su vida, que a veces afectan a su interpretación. Es entonces cuando me toca señalarles que deben olvidarse de sus tribulaciones personales en el escenario y transmitir a la gente energía positiva. Puedo entender su situación, así que trato de reconfortarlos en el plano personal, pero les presiono a nivel profesional. Los músicos no pueden llevarse los problemas consigo al escenario. La gente ha ido a divertirse, porque ya tiene sus propios problemas, y tu trabajo es hacerla feliz.

 

¿Puedo preguntar por tu relación con tu hermano Seun Kuti? Ambos sois embajadores de la música de vuestro padre.

¿Mi hermano? Somos amigos. No tengo mucho que decir. Entiendo que la gente quiera oír otras cosas, pero somos amigos.

 

¿Compartís opiniones musicales? ¿Qué tipo de relación manteneis?

Obviamente, ambos tocamos el mismo tipo de música, pero te recuerdo que yo soy bastante más mayor que él, así que vemos las cosas de manera diferente. No obstante, los lazos familiares son muy sólidos, pero no interferimos en la carrera del otro, lo cual es muy importante. Él tiene libertad para hacer lo que quiere, y yo también. Si coincidimos en Nigeria solemos vernos, e incluso hacer alguna jam session juntos, del mismo modo que si tocamos en el mismo festival podemos compartir escenario en algún momento concreto. No hay problemas entre nosotros.

 

Coristas y bailarinas, no esposas

 

Tengo otra pregunta personal. En una foto promocional apareces rodeado de mujeres…

Son mis coristas y bailarinas, sí. No mis esposas (risas).

 

Veo que ves por dónde iba la pregunta.

Sí (risas). Una de las mujeres que aparece en la foto es mi novia. No estamos casados, pero vivimos juntos.

 

La cuestión, efectivamente, estaba relacionada con la poligamia, que es legal en Nigeria. De hecho, es un tema que ya causó tensiones entre tu padre y los medios occidentales. Nos cuesta entender esa relación entre hombres y mujeres en tu país.

Por supuesto, porque nuestras culturas son muy diferentes. A veces, nosotros tampoco entendemos vuestro modo de vida, y eso es lo hermoso de este mundo, que podemos apreciarnos igualmente teniendo costumbres muy distintas. Esto es África, y tenemos nuestra cultura. Nosotros no intentamos cambiar o cuestionar la vuestra, aunque no entendamos por qué los americanos se casan y se divorcian, y luego se vuelven a casar y se divorcian otra vez… Muchas veces se pasan la vida así. Es difícil de comprender.

 

¿Qué podemos esperar de tu show en el Rototom?

Va a ser un concierto muy energético, poderoso y lleno de color. Estoy seguro de que va a ser una gran noche y la gente va a disfrutar.

ROTOTOM SUNSPLASH

ROTOTOM SUNSPLASH: MANUAL DE USO

Acercarse al Rototom Sunsplash es hacerlo a una cultura compleja y aparentemente impenetrable, con códigos indescifrables, que tiene su reflejo en el propio festival. Vamos a intentar poner algo de orden en esta nube de nombres y estilos. Para empezar, abran la mente a nuevos conceptos como la efervescente y joven escena del Reggae Revival que está tomando Jamaica en los últimos años; enfrente se sitúa el dancehall (estilo que ha ido variando a lo largo de los años, en el que prima la fiesta, la pose y los ritmos digitales) y, por último, los sound systems (epicentro de todo lo que ocurre en referencia a la música en la isla).

 

Imagen del Main Stage (Foto: Luca D’Agostino)

 

Arrancamos. Reggae es cultura. Obviamente, pero no sólo por tratarse de cultura musical, sino por las muchas expresiones colaterales y movimientos distintos que genera y que vienen a trascender el mero hecho musical. Es más, a diferencia de otras formas de música popular, el reggae y su gente no olvidan sus raíces, al contrario, se enorgullecen de ellas y muestran un respeto absoluto hacia los protagonistas de su historia (la llamada foundation). Esto hace del reggae en una escena irrepetible, con sus peculiaridades, subgéneros, ramificaciones y millones de anécdotas y matices que la convierten en una masa informe e impenetrable para el neófito.

 

No hay escenario sin público (Foto: Ominonero)

 

Así se explica que el Rototom haya ido creciendo en todas direcciones, en un intento por dar cabida a las diferentes expresiones que bajo el paraguas del reggae tienen lugar. De ahí que su cartel sea atractivo más allá de la novedad del momento. Se trata de música de raíces y para el aficionado tiene tanto interés ver en directo a los Skatalites (banda clave en el desarrollo del reggae en los años sesenta) como al último hype salido de la frenética escena dancehall jamaicana. Sólo con esta visión se puede comprender gran parte de lo que ocurre en esta edición del festival, en el que vamos a ver a viejas glorias como Jimmy Cliff compartiendo el escenario principal con luminarias como el contemporáneo Sean Paul, mientras en una zona llamada Reggae University se debate sobre la importancia del mensaje rasta en el reggae, por poner sólo un ejemplo.

 

El Foro Social y la Reggae University, a tope (Foto: Luca Valenta)

 

En este sentido, el cartel del festival bascula entre las fuerzas del pasado más remoto (años sesenta y setenta), el ayer más reciente (años noventa) y el presente inmediato. Todo es reggae, pero en realidad, cada época tiene sus señas de identidad propias y sus marcadas diferencias estilísticas y de actitud, todo un mundo por descubrir. También es importante comprender que la música jamaicana no está concebida para su disfrute en forma de directos, sino, básicamente, en sesiones de sound systems donde, con equipos autoconstruidos, los pinchadiscos (selectores en la jerga) sirven bases que enloquecen a las masas mientras el llamado DJ canta y rapea en directo. Esta variedad se refleja en la misma estructura del festival, que dedica su propio espacio a cada una de las distintas disciplinas estilísticas.

 

Primera parada: Dub Academy

Empecemos la ruta. Para muchos, lo más importante ocurrirá en la zona más oscura y densa, la denominada Dub Academy; un área acotada físicamente por los 24 scoops autoconstruidos (cajas de madera con altavoces de graves de miles de vatios cada uno) del sound system francés Blackboard Jungle. No es casualidad que los sounds que podremos disfrutar allí sean, en su mayoría, británicos y franceses. La tradición en Gran Bretaña se remonta a finales de los años cincuenta, con la llegada de los primeros inmigrantes jamaicanos, y desde entonces la actividad no ha cesado, dando lugar, en sitios como Brixton y Bristol, a mezclas con la cultura de club británica como el trip hop, el dubstep o el grime. Los sounds británicos han creado su propia industria y tienen su propia voz en cuanto a producciones. Por su parte, la francesa es la escena continental actual más activa, marcada por un corte trascendental y profundo que se nutre tanto del dub clásico como del digital actual.

 

Brother Culture

 

Los sounds Jah Youth y Jah Revelation Muzik son ejemplos del estilo británico clásico. También representando a las islas británicas estarán los habituales del festival, Iration Steppas, con los cantantes Kenny Knots y Mikey General. Una crew implacable con dos voces jamaicanas de prestigio y largo recorrido. Entre los franceses destaca la presencia de OBF, quienes contarán con el jamaicano-inglés Brother Culture y sus líricas conscientes. La Dub Academy representa la parte más auténtica del reggae, en la que podemos disfrutar de sesiones de sound systems consolidados, sus selecciones y sus dubplates atronando en un sistema cuyos bajos llegan a cotas irrepetibles en otros equipos.

 

Dancehall Stage

En la otra punta del recinto y del espectro musical, nos encontramos con el saltarín y musculoso escenario del dancehall, que nos ofrece la experiencia más cercana a acudir a día de hoy a una fiesta actual jamaicana. Allí veremos a Bass Odyssey, una máquina apisonadora con una trayectoria más que solvente, con varios triunfos en míticos sound clashes internacionales (competiciones entre sounds que marcan la vida de esta escena). También podremos alucinar con el show de otro superviviente jamaicano, el DJ Freddie Krugger, un explosivo talento cuyo rapeo ha sonado durante años con el mítico sound Killamanjaro. Con todo, también hay cabida para la historia, con genios como Rodigan (el británico loco que desde principios de los setenta ha luchado con los sounds más consolidados del planeta y cuya maleta y su show hacen botar a los públicos más duros) o el clásico Downbeat The Ruler, un ejemplo de la vieja escuela rub-a-dub neoyorquina (equilibrio entre buen rollo bailable y cultura). Ante estos pesos pesados, unos chicos pálidos reinventaron las remezclas de estilo jamaicano desde su Polonia natal, los geniales Dreadsquare, quienes desde la libertad creativa se adentraron en varios géneros con un resultado arrasador. Han grabado como productores a una gran selección de artistas de primera fila del dancehall.

 

Rodigan

 

Escenario Principal

Pero no nos engañemos, todos los focos apuntarán al escenario principal (Main Stage), cuya selección de artistas es una combinación de clásicos y artistas actuales, salpicada de propuestas tangenciales al género, como la superestrella del rap y nu-soul Lauryn Hill o el hijo del mítico Fela Kuti y seguidor de su estela afrobeat, Femi Kuti. Sobre este escenario veremos a megaestrellas como Sean Paul, con su dancehall hiphopero plagado de guiños a la cultura de la MTV, temas enfocados a las pistas de baile mundiales y un Grammy bajo el brazo (el obtenido en 2002 por “Dutty Rock”). No será el único artista con Grammy que veremos. Beenie Man, otro peso pesado de alto octanaje, estará desplegando su energía “dancehallera”. Palabras mayores. Si queremos saber lo que es el dancehall más duro no podemos perdérnoslo. Dentro de este estilo bailable, pero anterior y con un carácter más menos combativo, se encuentra otra estrella que brillo en los años ochenta con luz propia, un producto exportable con sus ritmos dancehall inofensivos, el simpático Shaggy. La cara más festiva del baile jamaicano. Por último, no podemos perdernos a otra generación del dancehall, la encarnada por la estrella actual Bussy Signal. Precisamente, este artista es un ejemplo de la creciente importancia que está teniendo el Reggae Revival en la isla, ya que en su último disco, abraza la causa de este movimiento, incluyendo entre sus invitados a Chronixx.

 

 

En paralelo a algunos de estos artistas del dancehall (y como reacción a su cultura superficial y violenta, en mucho casos) surgió una generación que también estará presente en este Main Stage, son los artistas del Nu Roots de los años noventa. Un género que dejó buenos recuerdos y mantuvo vivas las letras conscientes de denuncia mezcladas con salmos religiosos, pero cuya influencia parece desvanecerse. Hablamos del fiero Anthony B, quien desplegará de nuevo en España su personal estilo salvaje de singjay (mitad rapeado, mitad cantado). Asimismo, veremos a otro de los reyes del estilo, aquel que con su voz dulce y enérgica preconizaba el fin de Babilonia y hacía proselitismo de su fe rastafari, Luciano. Con su estética militante, mensaje profético y voz educada en el soul, se espera que deje huella en Benicàssim. Al igual que Junior Kelly, otra de las cabezas visibles de aquel movimiento, muchas de cuyas posiciones son compartidas por el Reggae Revival.

 

 

Los históricos

Por su parte, este escenario también dará espacio al legado histórico, que estará representado por clásicos como Twinkle Brothers (presentes también en la Reggae University, dando testimonio como uno de los grupos activos más longevos de Jamaica), Wailing Souls, Gladiators (con enérgico cantante nuevo, Cornell Campbell) y el gran Jimmy Cliff. Todos ellos comenzaron sus andanzas en los años sesenta, aunque lograron la inmortalidad en los setenta gracias al roots. Jimmy Cliff, el protagonista de la película “The harder they come” (encarnando a un rude boy inspirado en el gangster real Ryghin), estaba destinado a ser el repuesto de Bob Marley, el nuevo producto exportable de la isla, pero la mala suerte hizo que el sueño no acabara de cuajar. Eso no impidió que Cliff hiciera carrera como estrella menor del reggae y que nos haya dejado numerosos clásicos, como el tema que da título a la película mencionada, por ejemplo. Afincado en Inglaterra desde hace años, recientemente publicó un disco con el sello Trojan Records en el estilo que mejor domina, el reggae de principios de los setenta. Por su parte, Gladiators se presentan remozados con nuevo cantante al frente, aportando una gran fuerza y mística a sus directos. Un grupo que ha dejado ritmos inmortales.

 

 

Ska Club

Si queremos reducir intensidad, lo mejor es dirigirse al escenario más tradicional del recinto, el dedicado al ska. Aquí no hay urgencia, ni últimas tendencias, ni frecuencias espaciales de graves. Al contrario, se trata de mirar a los inicios, de rendir tributo a los sonidos primitivos que dieron origen a la industria musical del gueto jamaicano. Así, el asistente no debe esperar retos, ni sorpresas. Tampoco sonidos densos o trascendentales: Es ni más ni menos que ska. Este año, por allí pasarán tres selectores de enjundia y larga trayectoria. En primer lugar, el DJ de la BBC, jamaicano de nacimiento e inglés de adopción, Gladdy Wax. Compartirá cabina con otra de las almas activas que mantienen viva la leyenda, el británico Earl Gateshead, miembro del Trojan Sound System, ligado al sello discográfico Trojan Records, asociado al ska, rocksteady y early reggae publicado en las islas británicas. Otra colección de discos impresionantes que sonará por allí, es la de Natty Bo, cantante de Ska Cubano y selector residente en el club londinense de Gaz Mayall, hijo del famoso bluesman británico, el Gaz’s Rockin’ Club.

 

Gladdy Wax

 

Meet the now generation. Reggae Revival

Por último, hay que reseñar que el Rototom es una magnífica oportunidad de tomarle el pulso a una nueva escena que se abre camino desde hace unos años en Jamaica, el Reggae Revival. Varios de las personas involucradas en este movimiento acuden este año a Benicàssim para dejar su música y su testimonio, ya sea sobre el Main Stage, el escenario Showcase para nuevos talentos o en charlas y coloquios en la Reggae University. Esta nueva etiqueta aglutina a una pléyade de nuevos artistas, que en vez de dejarse llevar por los cantos de sirena que hablan de una vida de lujo, música facilona y frivolidad gangsteril han optado por la rigurosidad del mensaje que movía a los sound systems en los años setenta, cuando, bajo el ritmo marcial del one-drop, atronaban apocalípticos mensajes tomados de la doctrina rasta, rebeldes en esencia, radicales e inflexiblemente críticos con una sociedad capitalista salvaje que pisaba al hombre corriente. Estilísticamente, también mira hacia los clásicos del roots de los setenta y el one-drop, reivindicando forma y ética. Desde hace años existe un debate sobre el papel del mensaje en la música, la necesidad de dar letras positivas a la juventud del gueto y desde el Reggae Revival se identifica la música digital con la parte más negativa y nociva de la música jamaicana (como todo en Jamaica, es un debate mucho más complejo y con demasiadas aristas como para abordarlo aquí, pero en Benicàssim se hablará sobre todo esto con sus protagonistas). Agrupados bajo el nombre de Reggae Revival, estos nuevos artistas están mostrando talento y conciencia. Están rompiendo las reglas del juego, tanto en la forma como en el fondo, y están demostrando que los mensajes positivos también pueden llegar al gueto y competir en ventas con canciones sobre zapatos caros, pistolas o culos de chicas bailarinas. Su presencia se dejará ver en forma de conciertos y charlas en la programación de la Reggae University, la carpa donde sucede todo lo relacionado con la formación, la cultura rasta y el reggae. Por allí pasarán artistas de la nueva hornada como su abanderado, Chronixx. También podremos ver y escuchar al hijo del mítico Augustus Pablo (una leyenda del reggae consciente y serio de los años setenta), Addis Pablo, a la cantante y poetisa Jah9, al grupo Dubtonic Kru o a Infinite, presentes en imprescindibles actuaciones en distintos días y escenarios.

 

 

Hasta un festival de cine

Ya que estamos en ese punto caliente de la zona del festival que es la Reggae University, vale la pena aprovechar y asistir a los pases de películas que se van a realizar, bajo el nombre de Rototom Film Festival, que contará con algunos estrenos. Sin duda, una de las cintas más esperadas este año es el documental inédito en España “I am the Gorgon”, sobre la vida del productor Bunny Lee, una de las figuras clave en el desarrollo del reggae. Bunny Lee ha definido parte del sonido del reggae a través de sus producciones desde el año 1967, en la época del rocksteady. Ha trabajado con todos los grandes de la isla, tal como refleja el documental, que recoge el testimonio de decenas de artistas y productores de casi todas las épocas. Una cinta que documenta la historia del reggae a través de uno de sus protagonistas principales.

 

 

También habrá que acercarse a ver “Living in Waterhouse”, una mirada al gueto de Kingston, lugar crucial en la historia de la música jamaicana que albergó los cuarteles generales de King Jammy y King Tubby, entre otros. Se trata de un documental producido y dirigido por dos españoles, Fernando García-Guereta y Rafael Marín, respectivamente, que indaga en la difícil situación del barrio. Una labor parecida a la llevada a cabo por el director Greg Pond en su documental “Born in Trenchtown”, otro de los barrios cruciales en la historia del reggae, cuna de Bob Marley y los Wailers, en los años sesenta, cuando era un hervidero de creatividad a pesar de las condiciones de miseria.

 

Una imagen que se repetirá este año (Foto: Luca Valenta)

 

Por su parte, y siguiendo con la programación cultural paralela a la musical, el Foro Social volverá a dar cabida a charlas de temática social que irán desde un análisis de la situación de la inmigración que trata de penetrar en Europa a un homenaje a la memoria de Nelson Mandela, pasando por un repaso de las fórmulas de producción que actualmente están tomando forma en distintos puntos del planeta como alternativas al sistema capitalista. Un porgrama extenso y lleno de atractivos, tanto en lo escenarios como en las sedes paralelas, que convertirá el recinto de conciertos de Benicàssim en el epicentro de la cultura jamaicana durante ocho días, del 16 al 23 de agosto.

cabecera Charlatans

ASÍ FUE EL FIB 2014

JUEVES

El FIB celebra en 2014 dos décadas de vida, y su jornada inaugural resumió, quizá involuntariamente, la evolución que ha sufrido el festival en todo ese tiempo. La presencia de James, por ejemplo, podría entenderse como un vestigio de los años de crecimiento y consolidación del proyecto. La veterana formación británica ofreció el mejor concierto del día, combinando temas de su notable último trabajo, “La petite mort”, con clásicos como “Come Home”. Tim Booth sigue siendo un frontman con carisma y personalidad: En el segundo tema ya estaba en el foso, confraternizando con el público de las primeras filas, y no paró de bailar como un epiléptico durante todo el show. Maestros en el arte de contener la épica pop, pasaron de la melancolía bailable de “Curse Curse” a la euforia de su célebre “Sometimes”, rematando una actuación que fue de menos a más, se benefició de las puntuales apariciones de trompeta o violín y dejó claro que no piensan en la jubilación.

 

 

Mientras que James encarnan la filosofía que puso en marcha y definió el FIB, el resto del cartel fue paradigmático de la deriva hacia la que se ha dirigido el festival en los últimos tiempos. Volcado en satisfacer la demanda de un público de abrumadora mayoría británica, el escenario principal va siendo ocupado cada vez con mayor frecuencia por una serie de artistas de indudable atractivo para la juventud working class que viaja hasta la costa mediterránea buscando playa y fiesta, pero de interés musical más que dudoso. El caso más evidente es el de Ellie Goulding, estrella masiva en el Reino Unido que cultiva un pop de consumo en el peor sentido del término y que podría haber salido de Factor X o un programa similar. De hecho, parecía una Spice Girl de extrarradio, enfundada en unos shorts y una camiseta de aire poligonero ideales para sus gestos de inspiración gimnástica. Ni su intento de interludio acústico en un tono más intimista redime un show digno de una gala de premios MTV.

 

 

Más o menos como el de Tinie Tempah, rapero de muy bajo perfil que se presentó con Dj Charles y ofreció un set populachero en el que abundó el karaoke, el sonido pregrabado y un hedonismo que se traduce en letras que invitan a la fiesta y el baile, incluida una canción dedicada a Ibiza (“From Miami to Ibiza”). Un vacío que se extiende a su puesta en escena, más efectista que espectacular, y que incluyó ocasionales lenguas de fuego incapaces de esconder la endeblez del discurso sonoro al que acompañaban.

 

 

Cerrando la noche, otra muestra del FIB del presente, y seguramente del futuro: Chase & Status. El inicio del show fue prometedor, e incluyó elementos de ragamuffin, drum’n’bass o jungle, en la línea de Prodigy, pero el grupo (que esta vez sí lo era, ya que contaba con batería y guitarra) se lanzó rápidamente por la senda del house más ramplón, con abundancia de temas cantados en los que los vocalistas hacían acto de presencia virtual a través de la pantalla de vídeo situada al fondo del escenario. Tanto en su actuación como en las de Tempah y Goulding, la respuesta de la gente fue entusiasta, dejando patente el cambio que se ha operado en el público del festival.

 

 

A mitad de camino entre el FIB del pasado y el actual, unos Klaxons que salieron uniformados de blanco y ofrecieron un repertorio en el que solo hay dos tipos de canciones. Por un lado, melódicos medios tiempos dignos de una boy band. Por otro, temas en que se acercan al maltratado post-punk para vulgarizar su vertiente bailable del mismo modo que los blockbusters de Hollywood han pervertido los hallazgos de las vanguardias cinematográficas. En ambos casos, canciones sin argumentos, que inscriben a la banda en esa tradición cada vez más nutrida de grupos que parecen existir únicamente para actuar en festivales y ante grandes audiencias.

 

 

¿Y dónde encajan los españoles en este panorama? Pues en un segundo escenario ante el que apenas se agrupan un par de cientos de personas (siendo muy optimistas). Una pena, porque pese al calor y la hora (abrieron el festival), los madrileños El Pardo ofrecieron un concierto de art-punk de combate en el que no dejaron títere con cabeza. Sus armas son una sólida mirada crítica (musical e ideológica), unas letras que conectan tanto con el Rock Radical Vasco como con el 15-M y una capacidad asombrosa para traducir en canciones el descontento de un país que ya no aguanta más a su clase política. Completarían un gran programa doble con Triángulo de Amor Bizarro.

 

 

Era lógico que, tras la indómita descarga de El Pardo, las canciones de Mucho supieran a poco, si se nos permite el chiste fácil. Sonaron mejor, pero mostraron menos ideas. Con un cantante de tesitura vocal cercana a Iván Ferreiro y un repertorio anclado en el rock de los setenta (con algún eventual desarrollo psicodélico), podrían competir por ser la banda de apoyo de Leiva. Tremendamente anodinos, y muy poco afortunados en los comentarios entre canciones.

 

 

Tampoco convenció el rock progresivo de Persons, liderados por un vocalista demasiado impersonal, que a menudo evoca a The Doors desde los teclados. Solo en el tramo final, cuando mostraron sus filias kraut, lograron levantar el vuelo. En cuanto a Aurora, es la enésima banda granadina según el agotado, cansino, inmovilista y repetitivo canon indie español, mientras que GAF y La Estrella de la Muerte lograron crear seductoras atmósferas a base de rock cósmico y ensimismado, mantras hipnóticos y obsesivos que apenas despertaron el interés de unos pocos espectadores (españoles, se entiende, ya que los ingleses habían acudido en masa a ver a Ellie Goulding).

 

 

En el mismo escenario, Rafa Cervera demostró durante dos horas un sano eclecticismo y un exquisito buen gusto a la hora de seleccionar los temas de una sesión desengrasante y con cierto sabor nostálgico (abundaron los hits del pasado). Era su primera incursión en la cabina del FIB y dejó claro que pincha tan bien como escribe (como se puede comprobar en byTHEFEST). Y también formando parte de la escuadra española, el madrileño John Gray, que acompañado de percusión electrónica y ritmos pregrabados sirvió una ración de trip-hop con aliño soul que recordó al descafeinado Seal hasta que le dio por versionear “Everybody” (Backstreet Boys).

 

 

La primera jornada del vigésimo Festival de Benicàssim deja tras de sí muchas luces, como la más que notoria asistencia de público o el excelente sonido de ambos escenarios, pero también algunas sombras, ya que ha faltado materia prima musical de calidad en el cartel. Por delante, tres días en los que desfilarán por los escenarios nombres de relevancia suficiente como para que la balanza artística se equilibre.

 

VIERNES

La segunda jornada en el Festival de Benicàssim tuvo dos protagonistas destacados. Por un lado, Kasabian, cabezas de cartel que respondieron a su condición y arrasaron un recinto en el que se congregó más gente que el jueves, en torno a unas treinta mil personas. Por otro, la lluvia, que hizo acto de presencia en forma de tromba de agua hacia las 22.30 h., sin llegar a trastocar en exceso los planes organizativos (solo afectó al concierto de Automatics, que han sido reubicados el sábado), aunque inutilizó los proyectores y dejó sin imágenes las pantallas de todos los escenarios.

 

 

La tarde se desperezó con un par de bandas españolas que comparten algunas señas de identidad. El trío madrileño Los Claveles destila candor e ingenuidad, y su sonido de vocación amateur recorre el amplio espectro que va de los Modern Lovers al sello K Records, pasando por la nueva ola española, con la que también se emparenta en ocasiones el discurso de Kokoshca, que pese a su nombre (inspirado en el pintor austríaco), no practican el expresionismo, pero ofrecieron apuntes interesantes, aunque estuvieron algo dispersos en el arranque y fueron cogiendo confianza con el paso de los minutos. Flojea la voz femenina, pero es fácil empatizar con la espontaneidad de la banda.

 

 

Los encargados de abrir el escenario principal fueron Razorlight, que no levantaron grandes pasiones. Anclados en tics rock de los setenta (en ocasiones parecían Steppenwolf), con un vocalista que se ha estudiado a conciencia las inflexiones vocales de Bowie y unas canciones (como “Vice”) que siempre dejaban al descubierto su fuente de inspiración, invitaban a comprobar cómo recibiría un FIB mayoritariamente británico a los catalanes Manel. Y lo cierto es que fue el grupo estatal que más público ha congregado hasta el momento. Su folk-pop de tonalidades amables gozó del favor de la audiencia española y demostró su eficacia sin altibajos, pero también sin momentos especialmente climáticos, más allá de canciones como “Boomerang” o “Teresa Rampell”.

 

 

A diferencia del día anterior, el viernes comenzaron a solaparse los horarios y se hizo necesario tomar decisiones que, por ejemplo, nos impidieron disfrutar en toda su extensión de los interesantes The Parrots, atisbados casi de reojo camino del show de Tom Odell, un joven cantante y pianista que hace lo que puede por ponerse sensible e intenso, pero resulta demasiado convencional. Canciones como “Another love” destilan un romanticismo trasnochado que podría convertirle en el Elton John de su generación (lo cual no es necesariamente un halago), y que a nosotros nos empujaron a cambiar de escenario y buscar el rock directo y sin imposturas de Albert Hammond Jr.

 

 

El californiano de alma neoyorquina sonó potente y enérgico, y sorprendió a la audiencia (mayoritariamente local) versioneando “Ever fallen in love (with someone)”, de los Buzzcocks. El resto de temas (como “St. Justice”) los extrajo de sus tres discos en solitario, pero tampoco olvidó hacer escala en el repertorio de The Strokes (una contundente lectura de “One way trigger”). Muy solvente.

 

 

Era el turno en el escenario Maravillas de uno de los pesos pesados del día: El legendario Paul Weller regresaba a Benicàssim y lo hizo a lo grande. Con el siempre fiel Steve Craddock a la segunda guitarra y un par de baterías, el veterano músico inglés encaró un concierto en el que derrochó clase a raudales. Como era de esperar, se centró en temas de sus últimas grabaciones, como el rotundo “Wake up the nation”, pero ya en el primer tramo del show dejó caer la magnífica “My ever changing moods”, perteneciente a su época con The Style Council. En la parte central de concierto se enmarañó en unos desarrollos algo espesos, pero volvió por sus fueros en la parte final, donde incluyó un “Start!” con el que reivindicó el legado de los inmortales The Jam. Un concierto de altura durante el cual ya se vislumbraron los primeros rayos de un tormenta que respetó al modfather, pero que estalló en cuanto terminó su pase.

 

 

Los más perjudicados por la borrasca, aparte de los miles de espectadores que buscaron refugio en las carpas, fueron Of Montreal, que en ese momento estaban actuando en el escenario Trident. No se amilanaron, y tampoco su entusiasta público, que aguantó el chaparrón con actitud ufana y continuó celebrando una colección de canciones espléndidas, impermeables y decididamente escoradas hacia el pop con sabor disco. El suyo fue el triunfo de la clase media, justo antes de que el festival viajara en el tiempo y se plantara durante algunas horas en pleno 1966.

 

 

El primero que se instaló cómodamente en el pasado fue Jake Bugg. El músico británico volvía al FIB solo un año después de su anterior comparecencia. Y si en 2013 se plantó en el escenario con el único acompañamiento de su guitarra, esta vez lo hizo con toda su banda, con la que recreó un puñado de canciones (sobre todo, las de su disco debut) que evocan sin disimulo alguno el sonido del Bob Dylan convertido a la fe eléctrica. Sin grandes despliegues ni aspavientos de cara a la galería, el joven cantautor jugó bien sus cartas y convenció sobradamente, aunque en su caso da la sensación de que todavía está buscando una voz propia que, sin duda, le permitirá volver en años venideros.

 

 

No nos bajamos de la máquina del tiempo para cambiar de escenario y asistir al show de Tame Impala. Proyecciones, sonido y actitud de la banda entroncan con una concepción de la psicodelia que se pretende contemporánea (básicamente, por las conexiones con el resurgir del género responsabilidad de The Flaming Lips), pero que evidencia una innegable tendencia retro. Que una de las canciones que tocaron se titule “Feels like only go backwards” parece toda una declaración de principios, y no es descabellado asociar su sonido con los Pink Floyd más ensimismados. El singular falsete de Kevin Parker y la convicción con que interpretan el repertorio (con temas como “Mind mischief” o “Half full glass of wine”) evita que su actuación se reduzca a un mero ejercicio revisionista del periodo flower power.

 

 

De vuelta a la explanada principal del recinto, la enorme pantalla rosa al fondo del escenario mostraba una cuenta atrás cuyos últimos diez segundos coreó una masa enfervorecida de público para recibir a Kasabian, que habían ganado antes incluso de aparecer sobre las tablas. Con “48:13” recién publicado y la mayoría de la gente a la espera de su show, los de Leicestershire comenzaron no obstante sin echar el resto, para poco a poco ir aumentado la temperatura hasta terminar logrando el KO por agotamiento del contrincante. Si se tratara de valorar el carisma de su cantante (más bien escaso) o la calidad de sus canciones (muy discutible), habría pie para establecer un debate. Pero si el objetivo era convertir Benicàssim en una fiesta, lo consiguieron con eficacia incuestionable.

 

 

Temas como “Bumblebee” o “Stevie” fueron caldeando a la gente en un progresivo crescendo en el que abundó el dance rock de garrafón, que banaliza las aportaciones de bandas de mayor envergadura como Primal Scream, pero que cumple con su meta de hacer bailar a decenas de miles de personas como si no hubiera mañana. Tras hora y media de show, en el que sonaron hits como “Underdog”, “L. S. F. (Lost Souls Forever)” o “Empire”, el vocalista Tom Meighan se despidió invocando el clásico “All you need is love” (The Beatles) y dejó a la gente preparada para que se distribuyera por las carpas en busca de otros estímulos sonoros que le permitieran prolongar la noche hasta que el cuerpo (y el DJ correspondiente) dijera basta. El nuestro, consciente de que quedan dos jornadas más de festival, optó por una retirada estratégica.

 

SÁBADO

El FIB sigue su curso tal como empezó: Combinando artistas destinados a satisfacer al joven público británico con nombres de peso que entroncan con los veinte años de historia del festival. No obstante, a primera hora de la tarde los protagonistas siguen siendo los grupos españoles emergentes. El sábado, por ejemplo, le tocó abrir fuego a Skizophonic, formación de Benicàssim que se presentó de negro riguroso y tiró la casa por la ventana incorporando para ocasión tan señalada a tres coristas. Pop con la mirada puesta en la tradición británica clásica revitalizada en los noventa, ejecutado con solvencia y algún apunte original (el trombón).

 

 

También de la tierra, aunque de Valencia, Maronda inauguraron el escenario principal a pleno sol, circunstancia poco habitual pero que enlaza con la luminosidad de sus melodías pop de raigambre sesentera y vocación contemporánea. El grupo liderado por Pablo Maronda, que cuenta entre sus filas con Marc Greenwood (La Habitación Roja), Alfonso Luna (Tachenko) y Paco Beneyto (Midnight Shots) solventó el envite con notable.

 

 

Entre ambos, en el escenario FIB Club, Hominidae descargaron un repertorio crudo, en el que las guitarras acaparan el protagonismo ante la ausencia de bajo, y que contiene ingredientes como el garage y el post-punk. A pesar de que el proyecto de los madrileños está en proceso de desarrollo, su pase resultó bastante más atractivo que el de Telegram, una banda con excelente imagen (pantalones de pitillo, ropa a la moda) pero pocas canciones a las que hincar el diente. Sonaron apagados, y en general parecieron más aptos para protagonizar anuncios en revistas de moda que para mantener una carrera musical de interés.

 

 

Alto y claro: Triángulo de Amor Bizarro es una de las mejores cosas que le han pasado a la música española en los últimos años. Y sí, se están sobreexponiendo en exceso y pueden acabar pagándolo, pero incluso a las ocho de la tarde, ante unos cuantos cientos de espectadores, son capaces de poner a pleno rendimiento su turbina de distorsión y mala leche eléctrica para dar un nuevo puñetazo en la mesa. Canciones como “El himno de la bala” o “El fantasma de la transición” siguen siendo cañonazos infalibles.

En el otro extremo, Jero Romero apuesta por la sutileza y el sonido limpio, casi aséptico. Bien conjuntado con su banda, ofreció una ración de soft rock netamente americano que como ejercicio de estilo admite pocos reproches, pero no es capaz de despertar pasiones. La indiscutible corrección de su pulcra actuación no resultó demasiado estimulante.

 

 

El primer plato fuerte de la jornada, al menos a priori, llegaba con Katy B (que no es pariente de Mel B, aunque nombre e imagen pudieran llevar a equívoco), que salió al escenario acompañada de cuatro bailarinas con aspiraciones de cheerleaders y una banda (básicamente, laptops y teclados) en la que destacaba el contundente batería. A las chicas del público no les costó identificarse con una cantante que se acerca al R&B o el neosoul, pero a la que le vendría muy grande el calificativo de diva, sobre todo por las ramplonas derivaciones dance de su repertorio. En el show, de estética eurovisiva, tampoco faltó la balada sensiblera con acompañamiento de piano, y la sensación general fue la de estar contemplando a una aprendiz de Madonna a muchos años luz de su modelo.

 

 

Lily Allen, en cambio, maneja registros más sugestivos, empezando por una puesta en escena bastante más elaborada y organizada en torno a imágenes de biberones (una posible metáfora sobre el público al que se dirige su espectáculo). Se presentó acompañada de una banda solvente y el obligatorio cuerpo de baile, pero la baza que la diferencia de su predecesora sobre el escenario Maravillas es un repertorio que, sin permitir lanzar las campanas al vuelo, sí que muestra mayor versatilidad, incluyendo, por ejemplo, elementos caribeños (“Smile”). Unido a su carisma personal, fue suficiente para contentar a su legión de fans, aunque la mujer que realmente triunfó el sábado en el FIB lo hizo en un escenario secundario.

 

 

Porque si hay que conjugar la jornada en femenino singular, es obligatorio hacerlo destacando el concierto ofrecido por Cat Power. Desde que pisó las tablas, la otrora imprevisible Chan Marsall dejó claro que estaba dispuesta a ofrecer una actuación para el recuerdo. Abrió con “The greatest”, y pese a los problemas con los monitores, que fueron constantes, supo ganarse al público desde los micrófonos (ya que utilizó dos en diversas ocasiones), dejando en manos de su banda la tarea instrumental. Decisión muy acertada que, a diferencia de cuando se presenta al piano, le permitió desenvolverse a sus anchas por el escenario. Tan cómoda se sintió que hasta se permitió chapurrear en castellano. Una mujer especial que convirtió su actuación en uno de los momentos memorables de una edición en la que no abundan.

 

 

Por el mismo escenario habían pasado antes unos convincentes Manic Street Preachers, que dieron un concierto sólido en el que repasaron su extensa discografía, desde la inaugural “Motorcycle Emptiness”, hasta un final en el que destacaron la siempre eficaz “You love us” o “If you tolerate this, your children will be next”. A lo largo de su actuación, presentaron temas de su último disco, revisaron “Suicide is painless” (de la película “M.A.S.H.”), recordaron al desaparecido Richey James Edwards (autor de la letra de “Revol”) y despertaron el fervor patriótico de los galeses presentes entre el público con “Design for life”. El sonido, que empezó dubitativo, acabó por afianzarse y contribuyó a que su actuación fuera una de las destacadas de un día que tuvo como cabezas de cartel indiscutibles a The Libertines.

 

 

El telón del fondo, con la imagen de portada de su primer álbum, y la aparición de Carl Barât, con la guerrera roja que hicieron famosa en sus primeras fotos promocionales, no dejaban lugar a dudas: El concierto iba a ser pura nostalgia. Eso sí, los años no pasan en balde y lo que la urgencia y la inmediatez disimulaban hace una década es ahora más difícil de ocultar: The Libertines son una banda de reciclaje sonoro con algunas canciones resultonas y mucha leyenda negra, pero a gran distancia de poder enarbolar la bandera que les sitúe como un grupo de referencia. Lo que no ha cambiado es su atropellado sonido, casi destartalado, que fue ganando en robustez a medida que avanzaba un concierto sin sorpresas, que terminó con el batería Gary Powell al borde del escenario y entonando el “Y viva España” de Manolo Escobar. Por suerte, tal salida de tono fue olvidada rápidamente gracias a un bis que comenzó Pete Doherty en solitario recuperando “What became of the likely lads”, y que coronó luego el grupo al completo con las incontestables “Up the bracket”, “What a waster” y “I get along”. Cumplieron con su papel de estrellas de la jornada más por deméritos ajenos que por méritos propios, pero en el ambiente previo flotaba una posibilidad de estafa que el grupo se encargó de desterrar, dejando un buen sabor de boca.

 

DOMINGO

Según las cifras oficiales, facilitadas por la organización del festival, una media de treinta mil espectadores ha acudido diariamente al recinto de conciertos de Benicàssim, donde el jueves y el domingo dio la sensación de haber menos gente que el viernes y el sábado. En cuanto a la procedencia del público, un 55% ha sido de nacionalidad británica o irlandesa, un 40% españoles y el residual 5% restante, de otros países. La edición de 2015, que se celebrará del 16 al 19 de julio, mantendrá la filosofía de este año, aunque se anunciaron cambios sutiles sin especificar, destinados a la captación de nuevos públicos.

 

 

Toda esta información fue facilitada a los medios la mañana del domingo. Por la tarde, a las 18 h., los australianos Blank Realm se subían al escenario Trident para abrir la última jornada del festival a base de canciones con personalidad y de adscripción indie, aunque con detalles de guitarras pop que podían evocar a los Go-Betweens, el grupo de referencia en el género cuando se trata de las antípodas. Tras ellos, el FIB Club acogía a Jessica Sweetman, cantautora sin guitarra que a las primeras de cambio se descolgó con una poco afortunada versión de “Glory Box” (Portishead). No se puede decir que destaque entre la abundante nómina de songwriters femeninas que puebla la escena internacional, y se movió en unas coordenadas estándar que la sitúan más cerca de Sheryl Crow que de Suzanne Vega.

 

 

La tarde se iba desperezando y el público seguía siendo escaso, incluso en un escenario Maravillas que entró en juego a las 20 h., con el show de Drenge, un joven dúo de guitarra (y voz) y batería que parece vivir dentro de “Bleach”, el primer disco de Nirvana. Sonido grunge según los preceptos del género que, en todo caso, ejecutan con energía y convicción. Tanta, que parecen llegados directamente desde 1991. Y, por muchas ganas que le pongan, el retraso es de casi veinticinco años.

 

 

Del Seattle imaginario en que habitan Drenge pasamos al real con The Presidents of the USA, que proceden de la ciudad y decidieron jugar sobre seguro, rompiendo el hielo con una versión de “Kick Out The Jams” (MC5). Después llegarían hits como “Kitty” o “Lump”, un homenaje a Mark Sandman (el malogrado líder de Morphine) o su conocida relectura de “Video Killed the Radio Star” (Buggles). Divertidos, sacando el máximo partido a un bajo de dos cuerdas y una guitarra de tres, ofrecieron la ración de rock cazurrete y saltarín que nunca falta en un festival, y que sin acabar nunca entre lo más destacado del día, proporciona un agradable soplo de aire fresco.

 

 

Como en anteriores jornadas, el nivel del relleno del cartel que ameniza la espera hasta la llegada de los primeros espadas fue tremendamente irregular. Si el sábado los Manic Street Preachers protagonizaron el momento galés de este año, el domingo fueron Kodaline quienes enarbolaron el orgullo irlandés. Su inofensivo folk-pop, con eventuales derivaciones épicas a base de crescendos vocales, se cimenta en la guitarra acústica de su líder, Stephen Garrigan, que guió al público en “All I Want”, cierre con aire de himno que recordó a Coldplay.

 

 

El discreto debut de Nina Nesbitt en España tampoco pasará a la historia. Es otra cantautora acompañada de banda que combina sensibilidad acústica y eléctrica en canciones sobre vivencias personales relacionadas con trastornos sentimentales (“Peroxide”), que pueden interesar a un sector de público en un abanico de edades muy concreto, pero tienen por delante mucho camino que recorrer si pretenden dejar alguna huella en el futuro. En otras coordenadas sonoras (rock de corte urbano con alguna pincelada de blues) se mueve Hozier, aunque comparte con la Nesbitt la incapacidad para trascender. En ambos casos, su concierto se olvidaba a los pocos minutos de haber finalizado.

 

 

Con la comparecencia de Travis se iniciaba la sucesión de nombres de relevancia del día. Y lo cierto es que la banda escocesa despachó un concierto de sonido impecable y repertorio digno (“My eyes”, “Flowers in the window”), pero también dio la sensación de que no acabarían nunca. Sosos en grado superlativo, con cierto matiz mesiánico, se abonaron a la guitarra de doce cuerdas de su líder, el barbudo Fran Healy, para sacar adelante una actuación que nos hizo pensar que, sin ser ni mucho menos un grupo de referencia, atravesaron momentos mejores en el pasado.

 

 

Menos mal que la jornada se arreglaría por fin con M.I.A., que ofreció un show total, cuarenta y cinco minutos non stop que supieron a muy poco (resulta injustificable que su pase fuera tan corto) y en los que arengó al público, se paseó por el foso y se mezcló con las primeras filas, se contoneó al lado de sus dos bailarines y, sobre todo, disparó material de gran calibre con la ayuda de su DJ, en un formato típico del hip hop, aunque en su repertorio abunde la mezcla de géneros. Los visuales subrayaban el carácter reivindicativo de muchas de sus letras, mientras temas como “Bring the Noize” o “Boyz” se iban sucediendo sin pausa, enlazados unos con otros, sin dar tregua a la audiencia. La corta duración del show impidió escuchar bombazos imprescindibles como “Jimmy” o “Born free”, pero así y todo la británica de origen tamil no tuvo dificultades para coronarse como reina del FIB 2014, gracias también a un final en el que brillaron las celebradas “Paper Planes” y “Bad Girls”. Brutal.

 

 

Aún bajo los efectos de su actuación, nos plantamos en el escenario Trident para vivir una regresión al FIB de otros tiempos, aquel en que la escena inglesa se enseñoreaba del cartel sin necesidad de recurrir a vulgares productos de consumo rápido. Era pues el turno de Charlatans, que volvían a Benicàssim tras actuar en la primera edición y en la del décimo aniversario, y que optaron por lo más eficaz en estos casos: Tocar los hits. “Can’t get out of bed”, “The only one I know”, “Weirdo” o “North Country Boy” fueron cayendo una tras otra mientras Tim Burgess oteaba satisfecho a los miles de personas que bailaban al son de sus canciones, siempre con un pie en el sonido Madchester y otro en la herencia de los Rolling Stones. ¿Previsible? Por supuesto. ¿Poco arriesgado? Sin duda. ¿Eficaz? Absolutamente. Como en el caso de los Manic Street Preachers en la jornada del sábado, el suyo fue un concierto que hubiera pasado desapercibido enmarcado en otro cartel, pero la falta de propuestas musicales de auténtica relevancia que ha padecido el FIB este año termina por situarles entre los destacados.

 

 

Prueba de esa escasez de argumentos musicales de peso en el escenario principal fue el concierto de Paolo Nutini, un guapo vocalista que practica blue eyed soul poniendo en el asador toda la carne de que dispone: Una voz que rompe cuando es necesario, una banda competente en la que no faltan coristas y sección de metal, unas interpretaciones de gran intensidad emocional… Y, sin embargo, no pasa de ser un sosias de Rod Stewart para adolescentes con las hormonas en ebullición. Un artista prácticamente ignoto en España, que visitó de nuevo Benicàssim para complacer al público británico (como muchos otros de los presentes en el cartel).

 

 

Electrónica de after y disc jockeys de diverso pelaje esperaban a quienes desearan apurar las horas que le quedaban a un festival que tiene por delante el reto de enderezar un rumbo que comenzó a variar con la llegada de Vince Power, y que sigue más pendiente del turismo inglés low cost que de su propia historia. En cada una de sus apariciones públicas, Melvin Benn ha subrayado su intención de volver a hacer del FIB algo grande. Este año llegó con el tiempo justo y arrastrando problemas heredados, pero en 2015 tendrá que concretar con hechos sus buenos propósitos. Parece que la coincidencia de fechas con el Latitude Festival (Suffolk), que también dirige, permitirá traer a nuestro país a muchos de los artistas que pasen por allí, pero que en la rueda de prensa de balance del festival asegurara que los cabezas de cartel son la guinda del pastel, una frase que prioriza el carácter vivencial y de experiencia vacacional del festival por encima de su contenido musical, no invita a la tranquilidad. Sobre todo, porque la clase media exhibida en el cartel de este año tampoco permite que se dispare el optimismo. Dentro de un año, la solución.

Fotos: Liberto Peiró

Paolo Nutini

CRÓNICA FIB 2014: DOMINGO

El FIB 2014 es historia. Según las cifras oficiales, facilitadas por la organización del festival, una media de treinta mil espectadores ha acudido diariamente al recinto de conciertos de Benicàssim, donde el jueves y el domingo dio la sensación de haber menos gente que el viernes y el sábado. En cuanto a la procedencia del público, un 55% ha sido de nacionalidad británica o irlandesa, un 40% españoles y el residual 5% restante, de otros países. La edición de 2015, que se celebrará del 16 al 19 de julio, mantendrá la filosofía de este año, aunque se anunciaron cambios sutiles sin especificar, destinados a la captación de nuevos públicos.

 

Jessica Sweetman

 

Toda esta información fue facilitada a los medios la mañana del domingo. Por la tarde, a las 18 h., los australianos Blank Realm se subían al escenario Trident para abrir la última jornada del festival a base de canciones con personalidad y de adscripción indie, aunque con detalles de guitarras pop que podían evocar a los Go-Betweens, el grupo de referencia en el género cuando se trata de las antípodas. Tras ellos, el FIB Club acogía a Jessica Sweetman, cantautora sin guitarra que a las primeras de cambio se descolgó con una poco afortunada versión de “Glory Box” (Portishead). No se puede decir que destaque entre la abundante nómina de songwriters femeninas que puebla la escena internacional, y se movió en unas coordenadas estándar que la sitúan más cerca de Sheryl Crow que de Suzanne Vega.

 

Drenge

 

La tarde se iba desperezando y el público seguía siendo escaso, incluso en un escenario Maravillas que entró en juego a las 20 h., con el show de Drenge, un joven dúo de guitarra (y voz) y batería que parece vivir dentro de “Bleach”, el primer disco de Nirvana. Sonido grunge según los preceptos del género que, en todo caso, ejecutan con energía y convicción. Tanta, que parecen llegados directamente desde 1991. Y, por muchas ganas que le pongan, el retraso es de casi veinticinco años.

 

The Presidents of the USA

 

Del Seattle imaginario en que habitan Drenge pasamos al real con The Presidents of the USA, que proceden de la ciudad y decidieron jugar sobre seguro, rompiendo el hielo con una versión de “Kick Out The Jams” (MC5). Después llegarían hits como “Kitty” o “Lump”, un homenaje a Mark Sandman (el malogrado líder de Morphine) o su conocida relectura de “Video Killed the Radio Star” (Buggles). Divertidos, sacando el máximo partido a un bajo de dos cuerdas y una guitarra de tres, ofrecieron la ración de rock cazurrete y saltarín que nunca falta en un festival, y que sin acabar nunca entre lo más destacado del día, proporciona un agradable soplo de aire fresco.

 

Kodaline

 

Como en anteriores jornadas, el nivel del relleno del cartel que ameniza la espera hasta la llegada de los primeros espadas fue tremendamente irregular. Si el sábado los Manic Street Preachers protagonizaron el momento galés de este año, el domingo fueron Kodaline quienes enarbolaron el orgullo irlandés. Su inofensivo folk-pop, con eventuales derivaciones épicas a base de crescendos vocales, se cimenta en la guitarra acústica de su líder, Stephen Garrigan, que guió al público en “All I Want”, cierre con aire de himno que recordó a Coldplay.

 

Nina Nesbitt

 

El discreto debut de Nina Nesbitt en España tampoco pasará a la historia. Es otra cantautora acompañada de banda que combina sensibilidad acústica y eléctrica en canciones sobre vivencias personales relacionadas con trastornos sentimentales (“Peroxide”), que pueden interesar a un sector de público en un abanico de edades muy concreto, pero tienen por delante mucho camino que recorrer si pretenden dejar alguna huella en el futuro. En otras coordenadas sonoras (rock de corte urbano con alguna pincelada de blues) se mueve Hozier, aunque comparte con la Nesbitt la incapacidad para trascender. En ambos casos, su concierto se olvidaba a los pocos minutos de haber finalizado.

 

Travis

 

Con la comparecencia de Travis se iniciaba la sucesión de nombres de relevancia del día. Y lo cierto es que la banda escocesa despachó un concierto de sonido impecable y repertorio digno (“My eyes”, “Flowers in the window”), pero también dio la sensación de que no acabarían nunca. Sosos en grado superlativo, con cierto matiz mesiánico, se abonaron a la guitarra de doce cuerdas de su líder, el barbudo Fran Healy, para sacar adelante una actuación que nos hizo pensar que, sin ser ni mucho menos un grupo de referencia, atravesaron momentos mejores en el pasado.

 

M.I.A.

 

Menos mal que la jornada se arreglaría por fin con M.I.A., que ofreció un show total, cuarenta y cinco minutos non stop que supieron a muy poco (resulta injustificable que su pase fuera tan corto) y en los que arengó al público, se paseó por el foso y se mezcló con las primeras filas, se contoneó al lado de sus dos bailarines y, sobre todo, disparó material de gran calibre con la ayuda de su DJ, en un formato típico del hip hop, aunque en su repertorio abunde la mezcla de géneros. Los visuales subrayaban el carácter reivindicativo de muchas de sus letras, mientras temas como “Bring the Noize” o “Boyz” se iban sucediendo sin pausa, enlazados unos con otros, sin dar tregua a la audiencia. La corta duración del show impidió escuchar bombazos imprescindibles como “Jimmy” o “Born free”, pero así y todo la británica de origen tamil no tuvo dificultades para coronarse como reina del FIB 2014, gracias también a un final en el que brillaron las celebradas “Paper Planes” y “Bad Girls”. Brutal.

 

The Charlatans

 

Aún bajo los efectos de su actuación, nos plantamos en el escenario Trident para vivir una regresión al FIB de otros tiempos, aquel en que la escena inglesa se enseñoreaba del cartel sin necesidad de recurrir a vulgares productos de consumo rápido. Era pues el turno de Charlatans, que volvían a Benicàssim tras actuar en la primera edición y en la del décimo aniversario, y que optaron por lo más eficaz en estos casos: Tocar los hits. “Can’t get out of bed”, “The only one I know”, “Weirdo” o “North Country Boy” fueron cayendo una tras otra mientras Tim Burgess oteaba satisfecho a los miles de personas que bailaban al son de sus canciones, siempre con un pie en el sonido Madchester y otro en la herencia de los Rolling Stones. ¿Previsible? Por supuesto. ¿Poco arriesgado? Sin duda. ¿Eficaz? Absolutamente. Como en el caso de los Manic Street Preachers en la jornada del sábado, el suyo fue un concierto que hubiera pasado desapercibido enmarcado en otro cartel, pero la falta de propuestas musicales de auténtica relevancia que ha padecido el FIB este año termina por situarles entre los destacados.

 

Paolo Nutini

 

Prueba de esa escasez de argumentos musicales de peso en el escenario principal fue el concierto de Paolo Nutini, un guapo vocalista que practica blue eyed soul poniendo en el asador toda la carne de que dispone: Una voz que rompe cuando es necesario, una banda competente en la que no faltan coristas y sección de metal, unas interpretaciones de gran intensidad emocional… Y, sin embargo, no pasa de ser un sosias de Rod Stewart para adolescentes con las hormonas en ebullición. Un artista prácticamente ignoto en España, que visitó de nuevo Benicàssim para complacer al público británico (como muchos otros de los presentes en el cartel).

 

Fin de fiesta

 

Electrónica de after y disc jockeys de diverso pelaje esperaban a quienes desearan apurar las horas que le quedaban a un festival que tiene por delante el reto de enderezar un rumbo que comenzó a variar con la llegada de Vince Power, y que sigue más pendiente del turismo inglés low cost que de su propia historia. En cada una de sus apariciones públicas, Melvin Benn ha subrayado su intención de volver a hacer del FIB algo grande. Este año llegó con el tiempo justo y arrastrando problemas heredados, pero en 2015 tendrá que concretar con hechos sus buenos propósitos. Parece que la coincidencia de fechas con el Latitude Festival (Suffolk), que también dirige, permitirá traer a nuestro país a muchos de los artistas que pasen por allí, pero que en la rueda de prensa de balance del festival asegurara que los cabezas de cartel son la guinda del pastel, una frase que prioriza el carácter vivencial y de experiencia vacacional del festival por encima de su contenido musical, no invita a la tranquilidad. Sobre todo, porque la clase media exhibida en el cartel de este año tampoco permite que se dispare el optimismo. Dentro de un año, la solución.

Fotos: Liberto Peiró

Paul Weller

CRÓNICA FIB 2014: VIERNES

La segunda jornada en el Festival de Benicàssim tuvo dos protagonistas destacados. Por un lado, Kasabian, cabezas de cartel que respondieron a su condición y arrasaron un recinto en el que se congregó más gente que el jueves, en torno a unas treinta mil personas. Por otro, la lluvia, que hizo acto de presencia en forma de tromba de agua hacia las 22.30 h., sin llegar a trastocar en exceso los planes organizativos (solo afectó al concierto de Automatics, que han sido reubicados el sábado), aunque inutilizó los proyectores y dejó sin imágenes las pantallas de todos los escenarios.

 

La tormenta, protagonista inesperada

 

La tarde se desperezó con un par de bandas españolas que comparten algunas señas de identidad. El trío madrileño Los Claveles destila candor e ingenuidad, y su sonido de vocación amateur recorre el amplio espectro que va de los Modern Lovers al sello K Records, pasando por la nueva ola española, con la que también se emparenta en ocasiones el discurso de Kokoshca, que pese a su nombre (inspirado en el pintor austríaco), no practican el expresionismo, pero ofrecieron apuntes interesantes, aunque estuvieron algo dispersos en el arranque y fueron cogiendo confianza con el paso de los minutos. Flojea la voz femenina, pero es fácil empatizar con la espontaneidad de la banda.

 

Razorlight

 

Los encargados de abrir el escenario principal fueron Razorlight, que no levantaron grandes pasiones. Anclados en tics rock de los setenta (en ocasiones parecían Steppenwolf), con un vocalista que se ha estudiado a conciencia las inflexiones vocales de Bowie y unas canciones (como “Vice”) que siempre dejaban al descubierto su fuente de inspiración, invitaban a comprobar cómo recibiría un FIB mayoritariamente británico a los catalanes Manel. Y lo cierto es que fue el grupo estatal que más público ha congregado hasta el momento. Su folk-pop de tonalidades amables gozó del favor de la audiencia española y demostró su eficacia sin altibajos, pero también sin momentos especialmente climáticos, más allá de canciones como “Boomerang” o “Teresa Rampell”.

 

Manel

 

A diferencia del día anterior, el viernes comenzaron a solaparse los horarios y se hizo necesario tomar decisiones que, por ejemplo, nos impidieron disfrutar en toda su extensión de los interesantes The Parrots, atisbados casi de reojo camino del show de Tom Odell, un joven cantante y pianista que hace lo que puede por ponerse sensible e intenso, pero resulta demasiado convencional. Canciones como “Another love” destilan un romanticismo trasnochado que podría convertirle en el Elton John de su generación (lo cual no es necesariamente un halago), y que a nosotros nos empujaron a cambiar de escenario y buscar el rock directo y sin imposturas de Albert Hammond Jr.

 

Tom Odell

 

El californiano de alma neoyorquina sonó potente y enérgico, y sorprendió a la audiencia (mayoritariamente local) versioneando “Ever fallen in love (with someone)”, de los Buzzcocks. El resto de temas (como “St. Justice”) los extrajo de sus tres discos en solitario, pero tampoco olvidó hacer escala en el repertorio de The Strokes (una contundente lectura de “One way trigger”). Muy solvente.

 

Albert Hammond Jr.

 

Era el turno en el escenario Maravillas de uno de los pesos pesados del día: El legendario Paul Weller regresaba a Benicàssim y lo hizo a lo grande. Con el siempre fiel Steve Craddock a la segunda guitarra y un par de baterías, el veterano músico inglés encaró un concierto en el que derrochó clase a raudales. Como era de esperar, se centró en temas de sus últimas grabaciones, como el rotundo “Wake up the nation”, pero ya en el primer tramo del show dejó caer la magnífica “My ever changing moods”, perteneciente a su época con The Style Council. En la parte central de concierto se enmarañó en unos desarrollos algo espesos, pero volvió por sus fueros en la parte final, donde incluyó un “Start!” con el que reivindicó el legado de los inmortales The Jam. Un concierto de altura durante el cual ya se vislumbraron los primeros rayos de un tormenta que respetó al modfather, pero que estalló en cuanto terminó su pase.

 

Paul Weller

 

Los más perjudicados por la borrasca, aparte de los miles de espectadores que buscaron refugio en las carpas, fueron Of Montreal, que en ese momento estaban actuando en el escenario Trident. No se amilanaron, y tampoco su entusiasta público, que aguantó el chaparrón con actitud ufana y continuó celebrando una colección de canciones espléndidas, impermeables y decididamente escoradas hacia el pop con sabor disco. El suyo fue el triunfo de la clase media, justo antes de que el festival viajara en el tiempo y se plantara durante algunas horas en pleno 1966.

 

Of Montreal

 

El primero que se instaló cómodamente en el pasado fue Jake Bugg. El músico británico volvía al FIB solo un año después de su anterior comparecencia. Y si en 2013 se plantó en el escenario con el único acompañamiento de su guitarra, esta vez lo hizo con toda su banda, con la que recreó un puñado de canciones (sobre todo, las de su disco debut) que evocan sin disimulo alguno el sonido del Bob Dylan convertido a la fe eléctrica. Sin grandes despliegues ni aspavientos de cara a la galería, el joven cantautor jugó bien sus cartas y convenció sobradamente, aunque en su caso da la sensación de que todavía está buscando una voz propia que, sin duda, le permitirá volver en años venideros.

 

Jake Bugg

 

No nos bajamos de la máquina del tiempo para cambiar de escenario y asistir al show de Tame Impala. Proyecciones, sonido y actitud de la banda entroncan con una concepción de la psicodelia que se pretende contemporánea (básicamente, por las conexiones con el resurgir del género responsabilidad de The Flaming Lips), pero que evidencia una innegable tendencia retro. Que una de las canciones que tocaron se titule “Feels like only go backwards” parece toda una declaración de principios, y no es descabellado asociar su sonido con los Pink Floyd más ensimismados. El singular falsete de Kevin Parker y la convicción con que interpretan el repertorio (con temas como “Mind mischief” o “Half full glass of wine”) evita que su actuación se reduzca a un mero ejercicio revisionista del periodo flower power.

 

Tame Impala

 

De vuelta a la explanada principal del recinto, la enorme pantalla rosa al fondo del escenario mostraba una cuenta atrás cuyos últimos diez segundos coreó una masa enfervorecida de público para recibir a Kasabian, que habían ganado antes incluso de aparecer sobre las tablas. Con “48:13” recién publicado y la mayoría de la gente a la espera de su show, los de Leicestershire comenzaron no obstante sin echar el resto, para poco a poco ir aumentado la temperatura hasta terminar logrando el KO por agotamiento del contrincante. Si se tratara de valorar el carisma de su cantante (más bien escaso) o la calidad de sus canciones (muy discutible), habría pie para establecer un debate. Pero si el objetivo era convertir Benicàssim en una fiesta, lo consiguieron con eficacia incuestionable.

 

Kasabian

 

Temas como “Bumblebee” o “Stevie” fueron caldeando a la gente en un progresivo crescendo en el que abundó el dance rock de garrafón, que banaliza las aportaciones de bandas de mayor envergadura como Primal Scream, pero que cumple con su meta de hacer bailar a decenas de miles de personas como si no hubiera mañana. Tras hora y media de show, en el que sonaron hits como “Underdog”, “L. S. F. (Lost Souls Forever)” o “Empire”, el vocalista Tom Meighan se despidió invocando el clásico “All you need is love” (The Beatles) y dejó a la gente preparada para que se distribuyera por las carpas en busca de otros estímulos sonoros que le permitieran prolongar la noche hasta que el cuerpo (y el DJ correspondiente) dijera basta. El nuestro, consciente de que quedan dos jornadas más de festival, optó por una retirada estratégica. Mañana, más.

Foto: Liberto Peiró

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FIB 2014: MANUAL DE USO

Pocos podían pensar en 1995, cuando el Velódromo de Benicàssim acogió la modesta primera edición del FIB, que dos décadas después el festival estaría conmemorando su vigésimo aniversario. Eso sí: la edición 2014 desprende mayor sensación de reinicio que de celebración. Buena señal, no obstante, a tenor de los augurios que se cernían sobre el festival en los últimos años (cambios en el accionariado, concuso de acreedores).

El responsable de reconducir el destino del FIB es Melvin Benn, nuevo director general de Maraworld, un hombre con experiencia y de trato cercano que ha tomado las riendas para, según sus propias palabras, “mantener a Benicàssim entre los festivales más importantes de Europa”. Su apuesta es a largo plazo, así que el futuro no peligra, y aunque este año el cartel todavía resulte algo irregular, es indudable que contiene nombres de interés. Además, será el único festival de nuestro país donde se pueda ver a Kasabian, tras su paso por Glastonbury. De manera discreta, el FIB también recupera este año algunas actividades previas, como los conciertos que se celebrarán en diversos enclaves de la localidad durante los días anteriores a un festival que espera recibir una media de treinta mil espectadores diarios durante las jornadas de viernes y sábado, las más fuertes de la programación.

 

 

Más allá de gustos, la presencia de Kasabian es una de las grandes bazas del festival. Los de Leicester no esconden sus cartas: Presentarán el reciente “48:13″ con el objetivo de que la chavalada baile. Y puede que lo suyo sea dance rock de garrafón, pero en su terreno son imbatibles: “Doomsday” es eficaz rave rock, “Treat” o “Eez-Eh” recuerdan a EMF, y en otros cortes conservan su ya característico estilo screamadelico. Tim Carter ha sustituido a Jay Mehler sin traumas y el grupo se dispone a rendir Benicàssim a sus pies. Lo conseguirán.

 

 

M.I.A., que actúa por primera vez en el FIB, ejerce de cabeza de cartel alternativa. La británica de origen tamil sigue siendo garantía de calidad y espectáculo. “Matangi” (2013), su última entrega discográfica, le ha devuelto todo el crédito, y su mezcla de pop, electrónica, banghra, hip hop y actitud de combate no dejan indiferente a nadie.

Otros que tiene disco nuevo y encajan como un guante en la filosofía del FIB son James. “La petite mort” les muestra en forma, y recuerda a los olvidadizos que son anteriores (y destilan más clase) que otros cultivadores del pop intenso y de ribetes épicos, como Coldplay o los escoceses Travis, que se traen bajo el brazo “Where you stand”, el disco que editaron el año pasado.

 

 

No faltarán ejemplos de historia viva del mejor pop inglés, como Paul Weller, siempre una garantía sobre el escenario, aunque en sus últimas entregas discográficas haya alternado la excelencia (“Wake up the nation”, 2010) con el desconcierto (“Sonik kicks”, 2012). Y hablando de historia: The Charlatans regresan al lugar del crimen veinte años después de participar en la primera edición del FIB. La banda de Tim Burgess se encuentra grabando nuevo disco, y nunca parece haber sido la favorita de nadie, pero sobrevivió a Madchester y al britpop facturando estupendos discos de pop bailable en los que ponía al día la herencia de los Rolling Stones o la psicodelia. Quizá no ofrecerán el concierto del año, pero será muy difícil que decepcionen.

 

 

En cambio, con Cat Power es cuestión de tener suerte. Ya no protagoniza los espectáculos lamentables del pasado en sus conciertos, pero su puesta en escena sigue teniendo mucho que ver con su estado de ánimo. Repertorio no le falta, y tiene clase de sobra, así que hay que confiar en que tenga un buen día. Lo mismo que con The Libertines, el comeback más sonado de este año. Las generaciones más jóvenes tendrán la oportunidad de verlos por fin sobre un escenario, y quienes asistieron a su bochornosa gira de 2002 (“too much junkie business”, que diría Johnny Thunders) podrán quitarse la espina. El otro regreso teñido de nostalgia será el de The Presidents of The USA (“Lump” o “Peaches” pondrán patas arriba el recinto), mientras que Of Montreal pondrán el toque de distinción pop y Manic Street Preachers la guerrilla rock.

 

 

En segundo plano, pero con argumentos musicales a tener en cuenta, nombres propios como los de Jake Bugg (que repite), Albert Hammond Jr (de The Strokes) o la controvertida Lily Allen, que ha sacado disco este mismo año (“Sheezus”) y se ha llevado collejas por todas partes, pero promete un vistoso show en directo. Tampoco conviene olvidarse de unos The Klaxons que lideraron la moda nu-rave y han sido capaces de sobreponerse a su desaparición (aunque no dejan de aparecer bandas imitándolos). Además, son de los que parecen nacidos para tocar en festivales.

Y habrá que prestar atención al rapero londinense Tinie Tempah, discípulo aventajado de Dizzee Rascal que, con solo un par de álbumes, ha puesto a la escena a sus pies. Se lo pueden preguntar a Chase & Status, que grabaron con él “Hitz”. Y ya que transitamos terreno bailable, no conviene dejar de lado el combinado de house, electro, dubstep y drum’n’bass de Sub Focus, un joven sobradamente preparado para convertir el recinto en una macrofiesta bien entrada la madrugada.

 

 

Además, el FIB suma decenas de bandas de perfil menos llamativo que, si bien es cierto que en algunos casos responden a la necesidad de captar público británico (parece el caso de Paolo Nutini, que ya estuvo en 2011 y aparece como destacado en el cartel), se ven compensadas con creces por una selección estatal en la que no falta el retorno histórico de rigor (Automatics), pero que también apuesta por bandas emergentes o al margen de la corriente general como The Parrots, Los Claveles, El Pardo, Juventud Juché, Maronda, GAF y La Estrella De La Muerte o El Último Vecino, además de los ubicuos Triángulo de Amor Bizarro y los castellonenses Skizophonic. Como siempre, hay razones de sobra para acudir al FIB.

 

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JESSE ROYAL CIERRA EL MAIN STAGE DEL ROTOTOM

El cartel de la 21ª edición del Rototom Sunsplash, que se celebrará del 16 al 23 de agosto en Benicàssim, incorpora al joven valor jamaicano Jesse Royal a su Main Stage, por el que también pasarán Lauryn Hill, Sean Paul, Jimmy Cliff, Shaggy o el nigeriano Femi Kuti.

Jesse Royal pertenece a una nueva generación de músicos jamaicanos que está poniendo al día la vieja escuela de la música reggae, la que en los años setenta se hizo universal con Bob Marley y otros grandes nombres que también pasarán este año por el escenario principal del Rototom, como Alpha Blondy (acompañado por The Solar System), Twinkle Brothers o The Gladiators. El roots reggae de letras comprometidas y amplitud de miras musicales vive en Jamaica un auténtico renacimiento, con figuras como los citados cantantes o Dubtonic Kru.

Entre las nuevas confirmaciones en el Showcase destacan dos jóvenes cantantes jamaicanos: RC (Righteous Child) y Micah Shemaiah, acompañado por su vocalista Infinite, así como Addis Pablo, hijo del legendario Augustus Pablo –ambos, genios de la melódica–.  Además, el escenario acogerá una noche dedicada a los sonidos de África.

Por lo que se refiere al resto de escenarios, en el Dancehall se incorporan los franceses Zion High Foundation ft. G-Style a un cartel que también incluye a Bass Odyssey, Downbeat The Ruler o Rodigan MBE; en el Ska Club destacan The Toasters, The Delegators, The Bluebeaters, Christopher Ellis, Natty Bo, Gladdy Wax y Earl Gateshead, además de Andy Smiths, como principales atractivos; y en la Dub Academy estarán los Jah Youth,Dubkasm, Addis Pablo & Suns of Dub, Mikey General, OBF, Blackboard Jungle o Stand High Patrol.

Discoteca Rototom

ROTOTOM ESTRENA “MORE THAN TWENTY”

Tal como anunciamos hace unos días, el Rototom ha estrenado hoy el documental “More Than Twenty”, que explica la historia del festival en una serie de ocho capítulos de quince minutos de duración cada uno.

Este es el avanbce de contenidos de cada uno de los capítulos que lo integran, y que se podrán ir viendo en fechas sucesivas:

 

CAPÍTULO 1

A finales de 1991 nació la discoteca Rototom en Gaio di Spilimbergo (Porderone, FGV, Italia), una sala que acogería toda la música alternativa de aquella época (desde Ramones a Sick of it all o CSI). Fundada por cuatro personas, desde el inicio fue un proyecto que unió amistad y trabajo. Tal y como recuerda Costantino, uno de los protagonistas, “bajo estaba la discoteca y arriba dormíamos nosotros”. La discoteca se convirtió también en un punto de referencia para aquellos que buscaban una alternativa vital en esta provincia del noreste italiano.

Además, en 1993 nacía en Gaio el festival reggae Rototom Sunsplash. Las imágenes de hoy se entremezclan con las del pasado. Junto a los relatos de los fundadores del Rototom y los vecinos de Spilimbergo encontramos las anécdotas de amigos como el músico Michele Poletto, el músico y compositor Teho Teardo, el fundador y director del Arezo Wave Festival Mauro Valenti y el grupo musical BTK.

http://www.rototom.tv/7738/more-than-twenty

 

CAPÍTULO 2

En el año 1998 el experimento Rototom se convirtió en algo demasiado grande y tuvo que buscar una nueva sede. En el Rototom de Zoppola (Pordenone) actuaron decenas de artistas, algunos de los cuales ya eran importantes a nivel internacional, como Bill Evans, Michel Petrucciani, Ozric Tantacles o Massive Attack. Otros, en cambio, estaban sentando las bases de sus respectivas carreras, como Elisa, Vinicio Capossela o Irene Grandi. Aquí se organizaron iniciativas en defensa de los gays, lesbianas y simpatizantes, tal y como recuerda Alfredo Follia, gay entonces y trans hoy.

Para hablar de esta nueva etapa, además de los testimonios de los organizadores y material de archivo, encontramos a Paolo Baldini (músico, bajista de Africa Unite), Teho Teardo, Marco Boccitto (redactor jefe de Il Manifesto), Michele Poletto, Misty in Roots (grupo musical británico) y Pier Tosi (DJ y experto en reggae).

 

CAPÍTULO 3

En 1998 el festival Sunsplash se asentó durante dos ediciones en el camping Girasole, en Latisana (Udine), en la costa friulana. La afluencia fue grande y el festival dejó de ser una propuesta únicamente atractiva para los amantes del reggae para convertirse en numerosas ocasiones en un símbolo de la música y de la convivencia pacífica.

Son los años de la guerra de Yugoslavia y en 1999 la asociación Rototom organizó un memorable concierto por la paz ante la base de aviación de la OTAN.

La presencia de un festival reggae en una costa tan turística no pasó desapercibida y en 1999 la presencia e injerencia de las fuerzas del orden se convirtió en algo insoportable.

 

CAPÍTULO 4

La asociación Rototom se convirtió en un punto de referencia en la realidad friulana y a finales del año 2000 se dio a conocer junto a otras realidades culturales y musicales de la zona durante una ocupación tan breve (tres meses) como viva e importante en el recuerdo para todas las personas que participaron en ella.

Durante este periodo se ocupó la antigua fábrica Cerit, centralizando toda la escena cultural de la zona. Hablan de ello Teho Teardo, Piero Colussi (fundador de Cinemazero), Flavio Massaruto (experto en música jazz). A través de las imágenes de archivo de la Cineteca del Friuli recuperamos la historia de la región de Friuli, la guerra o el terremoto. Como explica Sergio Colussi, “somos una región en la que las personas están acostumbradas a esforzarse para poder cumplir sus aspiraciones”.

ento, antigua fábrica Cerit.

 

CAPÍTULO 5

Los fundadores del Rototom llegaron al confín extremo de Italia: Gorizia. Una frontera importante porque separaba el país del bloque comunista.

Algunos de ellos se conocían desde la escuela y otros se encontraron a finales de los años 80 en el primer bar musical de la ciudad, el Baobar, gestionado por Filippo Giunta, presidente del Rototom.

Vivían todos juntos en una casa de campo, Villa Sparta. Y, precisamente en calidad de

“espartanos” se convirtieron en invitados especiales del programa de televisión de Daria Bignardi “Tempi Moderni” dedicado a las familias alternativas.

La amistad es la argamasa que hace superar las dificultades y permite dar el gran salto. En el año 2000 el festival Sunsplash se establece en el parque del Rivellino de Osoppo (Udine), donde permanecerá diez años.

Tras superar numerosas dificultades económicas, la asociación encuentra sin embargo tiempo para organizar durante dos años un festival musical en Brasil, en Chanoa en Chamas.

 

CAPÍTULO 6

En Osoppo el festival se convierte en algo importante a nivel internacional y logra reunir a 150.000 personas para disfrutar de diez días de música y acampada. La atmósfera es increíble. El espacio dedicado al debate crece hasta convertirse en una característica esencial del festival, reuniendo a decenas de ponentes de diferentes partes del planeta, con concurridísimas sesiones diarias.

El carácter alternativo del Rototom y, sobre todo, la entrada en vigor de la Ley Fini-Giovanardi relativa a las drogas, sentaron las bases de lo que se convirtió en una ola represiva contra el festival (“en 2009 hubo una verdadera guerra contra el Sunsplash”, afirma el abogado Mario Cudini) que hizo que los organizadores decidieran dejar Italia, tal y como el mismo Filippo Giunta explicó dramáticamente desde el escenario durante la despedida de la edición de 2009.

El capítulo cuenta con testimonios como el de Viviana Londero (ex alcaldesa de Osoppo), miembros de Protección Civil de Osoppo, Mario Cudini (abogado), Africa Unite (grupo musical italiano).

 

CAPÍTULO 7

El día siguiente a la clausura de la edición de 2009, el Rototom votó por unanimidad dejar Italia. La elección recayó en España. Comenzó entonces la costosa, sufrida (y documentada en vídeo por los propios organizadores) tarea de encontrar un sitio nuevo (“sientes que te han echado a la calle de tu propia casa”, recuerda Manuela) hasta llegar a Benicàssim (edición de 2010).

Las razones por las que el Rototom tuvo que trasladarse son en parte atribuibles a la Ley Fini-Giovanardi, pero también se enmarcan en un complejo cuadro que refleja la dificultad de promover la cultura y organizar festivales y grandes eventos en Italia por parte de promotores independientes. En el capítulo intervienen el jurista Stefano Rodotà y la banda italiana Mellow Mood.

 

CAPÍTULO 8

La edición de 2013 representa los 20 años del festival, que en España ha crecido más que nunca, a pesar de que las ideas son todavía muchas (“nos sentimos casi más en nuestra casa en Latinoamérica en este momento que en Europa”, afirma Filippo Giunta). Nace entonces el Reggae Contest Latino, que abarca numerosos países de Sudamérica (Argentina, Uruguay, Colombia, San Andrés, Venezuela o Chile).

Para construir el balance de estos 20 años de historia se ha contado con el testimonio de los propios organizadores, además de Claudio Trotta (Barley Arts), Sergio Giuliani (organizador de eventos musicales como Rock en Roma) Mauro Valenti (Arezzo Wave festival), Marco Boccitto, Flavio Massarutto o la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú.