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Nuevos abonos para el Low Festival

Tras el éxito cosechado la semana pasada, el Low festival vuelve a lanzar la oferta para conseguir abonos para su edición 2015, a precio reducido (esta vez son algo más caros que la anterior). A partir del jueves 21 a las 10:00 am y durante 48 horas (siempre y cuando no se agoten antes) se podrán adquirir los abonos al siguiente precio (gastos de distribución no incluido):

Abono general: 40 €

Abono VIP: 75 €

Abono VIP Pool: 105 €

Si tienes claro que vas a ir al Benidorm el año que viene, esta es tu oferta. Infórmate y consigue los abonos aquí a partir del jueves.

 

 

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ASÍ TE CONTAMOS EL LOW FESTIVAL 2014

VIERNES

Alrededor de veintitrés mil personas, según cifras oficiales de la organización, se reunieron en la Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm para asistir a la primera jornada del Low Festival, que este año perdió el apellido Cost para afianzarse de manera definitiva entre las principales citas estivales del país. Como viene siendo habitual, la abundancia de espacios esponsorizados es lo primero que llama la atención del visitante, asaltado por los cuatro costados por marcas y promociones de todo tipo a lo largo y ancho de un recinto cómodo y practicable en el que, eso sí, resulta imposible encontrar un rincón en el que no suene música: Carpas, disc jockeys, escenarios grandes, medianos, pequeños… La saturación acústica es una de las características que definen el Low.

 

 

The Milkyway Express y Delaire abrieron el escenario Matusalem a primera hora de la tarde. Dos bandas emergentes con mucho camino por delante que actuaron ante poco público y mostraron más carencias que virtudes, especialmente en el caso de los segundos, demasiado cautivos de unas influencias muy evidentes (de Foo Fighters a The Knack) y con un vocalista demasiado engolado.

 

 

En el escenario Budweiser también rompía el hielo un grupo novel, aunque en este caso con mejores argumentos. Lyann apuntan interesantes maneras en sus largos desarrollos instrumentales, colindantes con la psicodelia o el post-rock. Ganarían puntos si personalizaran su propuesta cantando en castellano, algo que sí hacen Modelo de Respuesta Polar, banda más veterana y con sólida carrera discográfica que, sin embargo, pagó las consecuencias de tocar en el escenario Wiko. Mientras Borja Mompó trataba de compartir con el público esa intensa vida interior que traslada a sus canciones, se escuchaba a Triángulo de Amor Bizarro en el escenario principal, la prueba de sonido del autobús del Red Bull Tour y la música de baile de la carpa Jägermeister. Demasiados impedimentos para conectar con esa densidad emocional que el grupo pretende transmitir y que siempre deja en el aire la duda de si es real o impostada.

 

 

Si se les oía en la otra punta del recinto es evidente que Triángulo de Amor Bizarro ofrecieron otro de sus demoledores conciertos en el Low. Los gallegos empiezan a pedir a gritos mejores horarios (casi siempre les toca actuar de día), pero como ya apuntamos a su paso por el FIB, también corren el riesgo de saturar al personal (este año están en casi todos los festivales del país). Una situación, por cierto, similar a la de León Benavente, que están aprovechando el momento dulce que atraviesan. Solo pudimos ver el principio de su show, pero la sensación es la de siempre: Cuatro músicos que parecen llevar toda la vida juntos y que se entienden a la perfección, armados con un repertorio en el que abundan los himnos. El público ya tararea casi todas sus canciones, un triunfo que también tiene su parte peligrosa, aunque da la sensación de que los componentes del grupo, como veteranos que son, están sabiendo digerirlo.

 

 

La razón por la que abandonamos a León Benavente a su suerte es que en el escenario Budweiser había una cita ineludible con la primera banda internacional del día: The Hives. Los suecos son conscientes de que musicalmente no han inventado la rueda (lo suyo es garage rock de toda la vida), así que echan el resto en todo lo relacionado con el envoltorio de sus canciones. Y vaya si les funciona la fórmula. El llamativo telón de fondo (un personaje gigante que mueve los hilos de los músicos como si fueran marionetas), la iluminación (únicamente a base de blancos), los trajes a juego, la sintonía de salida (el tema de John Williams para la película “Tiburón”) y hasta los roadies (vestidos de ninja) conforman una puesta en escena infalible, que además cuenta con un maestro de ceremonias inigualable, el vocalista Howlin’ Pelle Almqvist, un animal de escenario que se defendió en un castellano bastante correcto. Abrieron con “Come on!” y ya todo fue cuesta abajo, aunque inicialmente al sonido le faltó fuerza. Pero a medida que avanzaba el concierto y se iban sucediendo temas como “Main offender”, “I want more” (más que inspirada en la versión de “I love rock and roll” popularizada por Joan Jett) o “Tick Tick Boom”, se hizo evidente que ya había triunfador de la jornada. El bis, que cerraron con la celebrada “Hate to say I told you so” no hizo más que ratificarlo.

 

 

De vuelta al escenario Matusalem, el dúo Blood Red Shoes no se amilanó, pero demostró menos recursos para defender su rock primario basado en potentes riffs de guitarra. Como si fueran el reverso de The White Stripes (ingleses, el hombre a la batería y la mujer a la guitarra), proclamaron su admiración por The Hives y captaron la atención con temas como “Red river” o “The perfect mess”, en el que Laura-Mary Carter se soltó del todo a nivel vocal, pero entre que no captaron la atención de demasiado público y que su propuesta sonora es algo lineal, acabaron por ofrecer menos de lo que prometía el arranque de su concierto, que no obstante valió la pena.

 

 

Al directo de Vetusta Morla no se le pueden hacer reproches. Un grupo de sus dimensiones debe ofrecer un espectáculo de primer orden, y los madrileños se apoyan en un diseño de luces y una puesta en escena intachables, desde el telón que se viene abajo a la media hora de concierto a los visuales que ilustran las canciones. El problema es que si no se conecta con sus canciones, todo ese envoltorio no es suficiente. En sus discos se puede apreciar con detalle su interés por las texturas y las capas de sonido, pero en directo son una banda de rock bastante convencional, y esos matices (que suelen ser los que propician las comparaciones con Radiohead) se pierden en el marasmo de decibelios que proyecta el grupo. Algo parecido pasa con Pucho, su vocalista, de una profesionalidad fuera de duda, pero poco convincente cuando se adentra por vericuetos existenciales.

 

 

Con Sidonie surgen menos dudas. Es cierto que se han ganado a pulso el éxito de que disfrutan, pero sus conciertos son de una insustancialidad abrumadora. Y no se trata de que en su repertorio casi no queden ya vestigio de psicodelia o que el giro electrónico de su último disco apenas tenga traducción tangible al directo. Es una cuestión de actitud: Pasarse el concierto jaleando al personal con el sempiterno “¡Vamonos!” acaba asociando su show a una verbena de fiesta mayor, y cuando encima anuncian la primera versión de la noche y se marcan el “Video killed the radio star” (The Buggles), la sensación se hace aún más evidente. No nos quedamos a averiguar cuáles eran las siguientes, porque en otro escenario comenzaban Holy Ghost!

 

 

Y la verdad es que, teniendo en cuenta lo avanzado de la hora, los neoyorquinos supieron dar a la (escasa) audiencia lo que necesitaba: dance oriented rock de primer nivel, apoyado en elementos orgánicos (batería, guitarras) y sintéticos (teclados, samples), con puntual protagonismo para un kit de percusión que en ocasiones acercaba la rítmica a los Talking Heads, aunque en general sonaran bastante más cerca de Lipps Inc. (y no es una recriminación). No son LCD Soundsystem (aunque trabajaron con los capos del sello DFA), pero temas como “Dumb disco ideas” resultaron perfectos para despedir la jornada moviendo las caderas, que era de lo que se trataba.

 

 

SÁBADO

En ocasiones se dice que un grupo puede paralizar un festival. Normalmente, en sentido figurado, como metáfora de su capacidad para focalizar la atención del público durante su actuación. Massive Attack lo hicieron el sábado en el Low. Y en sentido literal, ya que obligaron a detener la actividad musical del festival mientras ofrecían su concierto, con objeto de eliminar molestas interferencias sonoras procedentes de otros puntos del recinto, y hasta el punto de interrumpir la actuación de Corizonas, que se estaba desarrollando en otro de los escenarios. No fue una decisión caprichosa. Los de Bristol ofrecieron un espectáculo total, que eclipsó todo lo visto hasta el momento en la Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm.

 

 

Abrieron con “Battlebox”, cantada por Martina Topley-Bird, y las pantallas comenzaron a escupir datos sobre los beneficios que algunos medicamentos proporcionan a las industrias farmacéuticas. Robert del Naja, Grant Marshall y los músicos que les acompañaban (incluyendo dos baterías) avisaban desde el principio: Se trataba de un concierto, pero también de una declaración de principios de innegable contenido político y profundo trasfondo humanista. Las grandes corporaciones multinacionales, la sociedad tecnológica o la confusión mediática fueron algunos de los blancos sobre los que dispararon certeros dardos visuales y sonoros, con el legendario cantante jamaicano Horace Andy brillando en “Girl I Love You” y “Angel”.

 

 

El show está concebido a partir de una sobredosis de estímulos que el espectador recibe al mismo tiempo que disfruta de un repertorio en el que no faltan los clásicos trip-hop que hicieron del grupo un referente mundial en los noventa, como “Teardrop” (de nuevo con Martina Topley-Bird), “Future Proof” o “Risingson”. El apabullante sonido se refuerza con unas proyecciones basadas mayoritariamente en la palabra, y que hacen especial hincapié en la idea de que en el origen de todo conflicto bélico anidan motivaciones económicas. Una batería de rótulos convenientemente traducidos al castellano hacía referencia a las posturas de Gran Bretaña y Estados Unidos en la guerra de Irak, pero también incluyeron, como hicieron la semana pasada en el Longitude Festival (Dublín), una mención en defensa del pueblo palestino durante la interpretación de “Unfinished Sympathy”, ya en el tramo final, que provocó el aplauso del público. El final perfecto para un concierto memorable.

 

 

La otra actuación estelar de la jornada fue la de The Horrors, que pese a comenzar a tocar cuando aún no se había puesto el sol (un error de programación, dadas las características de su puesta en escena), demostraron que son una de las realidades más sólidas de la escena británica contemporánea. “Chasing Shadows” les sirvió para poner la directa y mantener un nivel que no decayó en todo su pase. Faris Badwan sabe aprovechar su tesitura vocal para evocar a David Bowie o Richard Butler (The Psychedelic Furs), y la banda le sigue a ciegas en su empresa de revisitar con personalidad el sonido de los ochenta, introduciendo en la fórmula elementos de shoegazing y psicodelia. Canciones incontestables como “Who Can Say” o “So Now You Know” fueron apuntalando un concierto in crescendo, al tiempo que anochecía y los juegos de luces y el humo contribuían a redondear un show que terminó con una soberbia “I See You”. Impecables.

 

 

El día había comenzado con “Buenos Aires”, el tema que utilizaron para inaugurar su concierto Xoel López y su banda. El otrora amante de las esencias pop anglosajonas (Deluxe) ha dado un giro a su carrera para adentrarse en sonidos relacionados con el folclore latinoamericano, y escuchando sus canciones es inevitable pensar en las declaraciones de Triángulo de Amor Bizarro sobre algunos artistas del panorama indie español. Composiciones pulcras, sin aristas, perfectamente ejecutadas, entre las que Xoel también incluyó rescates del pasado, como “El amor valiente”, y que el público joven tarareó con ganas, probablemente sin sospechar que no andan lejos de las que sus padres escuchaban cuando tenían su edad.

 

 

Poco después, los londinense Yuck demostraron su amor por el indie rock de los noventa (Dinosaur Jr., Sonic Youth) tal como hicieron en su reciente gira española por salas. Sus canciones son ejercicios de estilo tan depurados que ni la marcha de su líder, Manuel Schupak, parece haberles afectado demasiado. Puro revivalismo, inofensivo y de agradable escucha, que dibujó algunas sonrisas cómplices entre el respetable cuando la banda acometió una versión de “Age of Consent”. Al menos, cuando se trata de tocar un tema ajeno, no resultan tan previsibles como cuando interpretan los suyos.

 

 

Hasta que les cortaron el sonido por orden de Massive Attack, Corizonas habían ofrecido uno de sus conciertos habituales: Rock vaquero con unos cimientos tan sólidos como reconocibles a cargo de Los Coronas y Arizona Baby en feliz entente. Sorprende el éxito de la propuesta, más allá de la convicción con que la ponen en práctica, especialmente porque parece difícil que sus entusiastas seguidores vayan a indagar en las raíces americanas de su sonido. La trompeta da un toque fronterizo a algunos de los temas de un repertorio que no pudieron finalizar, aunque tras el corte de fluido se mantuvieron sobre las tablas para tocar un tema más sin amplificación. Se resarcirían de sobra más tarde, en la carpa Gibson, ante un público tan numeroso como entregado.

 

 

El repaso de la jornada en el Low Festival se completa con Editors. “The Weight of Your Love”, su flojo disco de 2013, no hacía presagiar nada bueno, y para confirmarlo empezaron con “Sugar”, una de esas canciones que resume su idiosincrasia a la perfección: Aspiraciones de trascendencia, épica pasada de rosca, lirismo de manual, falsa densidad emocional… La posterior recuperación de temas como “An End Has a Start” tampoco sirvió para que alzaran el vuelo, pese a los esfuerzos del vocalista Tom Smith. Cada giro melódico y cada redoble resultan tan previsibles en sus composiciones que el margen para lo inesperado es mínimo, y el concierto se convierte en un trámite en el que tanto la banda como la audiencia cumplen con lo pactado, pero en el que las emociones brillan por su ausencia.

 

 

La última cita de la noche fue con Karen Marie Ørsted, más conocida como Mø. Su mezcla de electrónica y pop se beneficia de haber estado expuesta a las artes de Diplo (“XXX 88”), sobre todo por lo que respecta a su componente rítmico, pero las canciones de la hiperactiva vocalista (no para quieta en todo el concierto) carecen de la fuerza necesaria para arrastrar a la gente, que asistió a su pase con cierta indiferencia, como si hubiera acudido a verla por curiosidad (o porque en ese momento no había nada más en los demás escenarios) y no le acabaran de convencer del todo los gritos de la danesa, en cuyo favor hay que decir no escatimó esfuerzos a la hora de intentar empatizar con el público.

 

DOMINGO

Tras el sold out registrado el sábado, el Low Festival afrontó una última jornada en la que el reclamo internacional de peso se reducía casi exclusivamente a la presencia de Kaiser Chiefs. Expertos en la materia, los británicos asumieron galones como cabezas de cartel y salieron al escenario a darlo todo, aunque el sonido no les acompañó hasta pasada media hora de concierto. No importó demasiado. La banda de Leeds se lleva el britpop de borrachera y después lo mete en un estadio de fútbol en pleno derby, o lo que es lo mismo: Funciona a base de canciones con aroma hooliganesco, fáciles de corear y repletas de “na-na-na-nas” y “ooooo-u-oooos”. Un repertorio, huelga decirlo, ideal en el contexto de un festival. De hecho, después de salir al escenario al son de “War”, la canción de Edwin Starr (apropiado guiño al título de su nuevo álbum), no tardaron nada en tocar “Na Na Na Na Naa”, un hit de 2005, para levantar al personal.

 

 

El vocalista Ricky Wilson se echó a la espalda al grupo en temas como “Ruffians on Parade” o “Coming Home” (que presentó recordando una visita a Benidorm cuando era un crío), y en su afán por empatizar con el público llegó incluso a escenificar una celebrada aunque innecesaria broma taurina. No obstante, más allá de sus proclamas y sus carreras por el escenario, el combustible que sirvió a la banda para completar un show notable fueron canciones infalibles como “Ruby” y “I predict a Riot”, tocadas una detrás de otra en un tramo final que desató la locura. El cierre, con “The Angry Mob”, demostró que también tienen cierta conciencia social, aunque es bastante posible que la intención crítica de la letra quede diluida por el festivo tono general de una actuación que se completaría, ya en el bis, con “Oh My God”.

 

 

Kaiser Chiefs actuaron en el escenario principal embutidos entre dos bandas españolas que gozan de un éxito tan rotundo como inexplicable. Por un lado, Izal. Parece un misterio digno de Iker Jiménez comprender cómo es posible que un grupo tan simple haya obtenido una repercusión masiva de gran calibre. No es que el timbre de voz de Mikel Izal (¿o era Pau Donés?) recuerde al de Pucho, sino que incluso utiliza el mismo tipo de inflexiones a la hora de cantar. La banda no le va a la zaga, conformando una especie de versión “Tú si que vales” de Vetusta Morla que hay que ver para creer. Una propuesta caduca, basada en fórmulas gastadas (esa insistencia en los ritmos sincopados), pródiga en poses manidas y socorridos solos de guitarra, y coronada con unas letras que se dirían llegadas de una realidad paralela. Canciones como “Palos de ciego” (un medio tiempo que va creciendo hasta convertirse en un vulgar rock de manual) ejemplifican los escasos recursos de una formación que de algún modo representa el cambio de parámetros que se ha operado en la radio española (responsable de su éxito) en los últimos tiempos.

 

 

El grupo que ocupó el escenario principal tras Kaiser Chiefs fue Love of Lesbian. Y se repitió el fenómeno paranormal: Decenas de miles de jóvenes parecían hechizados por un espectáculo que, desde su inicio, resultó más digno de un circo que de un concierto pop. Santi Balmes ejerce de jefe de pista y se regodea en los sonrojantes juegos de palabras (supuestamente ingeniosos) de unas letras que en ocasiones roban el protagonismo a la música, mucho más tosca y rudimentaria en directo de lo que sugieren sus discos. Además de interpretar sus hits de costumbre, aprovecharon para tocar “Mal español”, uno de los temas nuevos aparecidos en el reciente “Nouvelle cuisine caníbal”, con el que se apuntan a la ola de canciones críticas recientes de la escena musical mainstream estatal. No aporta grandes novedades (el habitual “todos los políticos son iguales”), pero fue curioso que Balmes lo presentara dedicándoselo a la gente que está harta del establishment político, sobre todo teniendo en cuenta que Love of Lesbian son parte del establishment cultural del país. Digresiones aparte, la cosa se saldó con la fanfarria de rigor, el esperado karaoke masivo y la sensación permanente de que nos estábamos perdiendo algo (aunque no sabemos qué) al mantenernos ajenos a la euforia colectiva que se desató en el campo de fútbol.

 

 

Hay, por supuesto, otra España musical. Y se le pudo echar un ojo a otras horas y en otros escenarios. Abriendo la jornada, por ejemplo, estuvieron Pony Bravo, que pusieron rápidamente las cartas sobre la mesa: “Noche de setas” y “El político neoliberal” (una manera de hacer comentario político diferente a la de Love of Lesbian) fueron suficientes para darse cuenta de que los sevillanos son otra cosa. Solo a una banda con la idiosincrasia típica del sur se le ocurriría batir en el mismo recipiente funk, jazz, kraut, salsa y post-punk y salir victoriosa del envite. Iconoclastas, divertidos, irónicos e irreverentes, demostraron una personalidad arrolladora (aunque no den demasiado juego en escena, pese a los cambios de instrumentos).

 

 

Poco después, Pablo Maronda destiló canciones pop de muchos quilates, también a pleno sol. Lo suyo comienza a ser un secreto a voces, gracias, entre otras cosas, a que su guitarrista es Marc Greenwood, que también ejerce de bajista en La Habitación Roja, una banda a punto de cumplir veinte años que ha sabido mantener su personalidad pese a los vaivenes de las modas y que se puede permitir ofrecer un concierto de alto nivel en el que la mitad del repertorio pertenece a su último disco. El excelente sonido y un brillante trabajo en las voces marcaron la actuación de los valencianos, que pertenecen a una clase media capaz de mantener la posición en la escena sin hacer concesiones. Una pelea nada fácil, en la que llevan también unos cuantos años los granadinos Niños Mutantes. Menos certeros en su pertrecho de canciones, pero igual de perseverantes, se marcaron una actuación bastante digna, en la que no faltó alguna frivolidad (esa cita al “Neverending story” de Limahl).

 

 

En el apartado internacional, el Low Festival ofrecía el domingo opciones de perfil medio y bajo entre las que había de todo. Resultó curioso, por ejemplo, reencontrarse con Los Campesinos! ¿Alguien recuerda cuándo parecía que su indie-pop ingenuo y efervescente podía hacer de ellos algo grande? Nosotros tampoco. Ha llovido bastante desde entonces, y también se han sucedido cambios en la banda galesa, que no obstante no han afectado a su sonido. Actualmente son un grupo corriente, del montón, que defiende con ganas un repertorio que tiene más conexiones con el pasado que con el futuro.

 

 

En la misma línea, aunque de formación más reciente, pudimos echar un vistazo a los londinenses Cheatahs. Más sonido de los noventa (recordemos que Yuck también estaban en el cartel) con alguna conexión shoegazing, ramalazos de Seattle y vocación dream-rock. No despertaron el interés de mucha gente, y obligan a replantearse si aquel “Gimme Indie Rock” que gritó Sebadoh en 1991 no habrá hecho más daño de lo previsto. Sin embargo, no todo está perdido. Un paseo por el pequeño escenario Wiko sirvió para descubrir uno de esos pequeños tesoros que a veces esconden los festivales: El australiano Steve Smyth, que ya ha girado por salas españolas en años anteriores, se marcó un magnífico concierto en el que demostró que por sus venas corre la sangre de Tom Waits y la de Jeff Buckley. Un songwriter de casta que más de uno descubrió gracias a su presencia en Benidorm.

 

 

Tras el golpe de timón del año pasado, el Low se ha consolidado definitivamente entre los grandes festivales de verano en España. La combinación de grandes cabezas de cartel internacionales y reclamos masivos nacionales ha demostrado ser una fórmula rentable, más allá del balance artístico que se pueda hacer de unos y otros. El reto ahora es equilibrar la programación y mantener los mismos objetivos de cara a un 2015 en el que, después de Portishead y Massive Attack, el festival bien se podría plantear completar el triunvirato clásico del trip-hop con la presencia de Tricky. Sería una buena excusa para volver a la costa alicantina.

Fotos: Liberto Peiró

Love Of Lesbian

CRÓNICA LOW FESTIVAL 2014: DOMINGO

Tras el sold out registrado el sábado, el Low Festival afrontó una última jornada en la que el reclamo internacional de peso se reducía casi exclusivamente a la presencia de Kaiser Chiefs. Expertos en la materia, los británicos asumieron galones como cabezas de cartel y salieron al escenario a darlo todo, aunque el sonido no les acompañó hasta pasada media hora de concierto. No importó demasiado. La banda de Leeds se lleva el britpop de borrachera y después lo mete en un estadio de fútbol en pleno derby, o lo que es lo mismo: Funciona a base de canciones con aroma hooliganesco, fáciles de corear y repletas de “na-na-na-nas” y “ooooo-u-oooos”. Un repertorio, huelga decirlo, ideal en el contexto de un festival. De hecho, después de salir al escenario al son de “War”, la canción de Edwin Starr (apropiado guiño al título de su nuevo álbum), no tardaron nada en tocar “Na Na Na Na Naa”, un hit de 2005, para levantar al personal.

 

Kaiser Chiefs

 

El vocalista Ricky Wilson se echó a la espalda al grupo en temas como “Ruffians on Parade” o “Coming Home” (que presentó recordando una visita a Benidorm cuando era un crío), y en su afán por empatizar con el público llegó incluso a escenificar una celebrada aunque innecesaria broma taurina. No obstante, más allá de sus proclamas y sus carreras por el escenario, el combustible que sirvió a la banda para completar un show notable fueron canciones infalibles como “Ruby” y “I predict a Riot”, tocadas una detrás de otra en un tramo final que desató la locura. El cierre, con “The Angry Mob”, demostró que también tienen cierta conciencia social, aunque es bastante posible que la intención crítica de la letra quede diluida por el festivo tono general de una actuación que se completaría, ya en el bis, con “Oh My God”.

 

Ricky Wilson (Kaiser Chiefs), en pleno vuelo

 

Kaiser Chiefs actuaron en el escenario principal embutidos entre dos bandas españolas que gozan de un éxito tan rotundo como inexplicable. Por un lado, Izal. Parece un misterio digno de Iker Jiménez comprender cómo es posible que un grupo tan simple haya obtenido una repercusión masiva de gran calibre. No es que el timbre de voz de Mikel Izal (¿o era Pau Donés?) recuerde al de Pucho, sino que incluso utiliza el mismo tipo de inflexiones a la hora de cantar. La banda no le va a la zaga, conformando una especie de versión “Tú si que vales” de Vetusta Morla que hay que ver para creer. Una propuesta caduca, basada en fórmulas gastadas (esa insistencia en los ritmos sincopados), pródiga en poses manidas y socorridos solos de guitarra, y coronada con unas letras que se dirían llegadas de una realidad paralela. Canciones como “Palos de ciego” (un medio tiempo que va creciendo hasta convertirse en un vulgar rock de manual) ejemplifican los escasos recursos de una formación que de algún modo representa el cambio de parámetros que se ha operado en la radio española (responsable de su éxito) en los últimos tiempos.

 

Izal

 

El grupo que ocupó el escenario principal tras Kaiser Chiefs fue Love of Lesbian. Y se repitió el fenómeno paranormal: Decenas de miles de jóvenes parecían hechizados por un espectáculo que, desde su inicio, resultó más digno de un circo que de un concierto pop. Santi Balmes ejerce de jefe de pista y se regodea en los sonrojantes juegos de palabras (supuestamente ingeniosos) de unas letras que en ocasiones roban el protagonismo a la música, mucho más tosca y rudimentaria en directo de lo que sugieren sus discos. Además de interpretar sus hits de costumbre, aprovecharon para tocar “Mal español”, uno de los temas nuevos aparecidos en el reciente “Nouvelle cuisine caníbal”, con el que se apuntan a la ola de canciones críticas recientes de la escena musical mainstream estatal. No aporta grandes novedades (el habitual “todos los políticos son iguales”), pero fue curioso que Balmes lo presentara dedicándoselo a la gente que está harta del establishment político, sobre todo teniendo en cuenta que Love of Lesbian son parte del establishment cultural del país. Digresiones aparte, la cosa se saldó con la fanfarria de rigor, el esperado karaoke masivo y la sensación permanente de que nos estábamos perdiendo algo (aunque no sabemos qué) al mantenernos ajenos a la euforia colectiva que se desató en el campo de fútbol.

 

Santi Balmes (Love of Lesbian)

 

Hay, por supuesto, otra España musical. Y se le pudo echar un ojo a otras horas y en otros escenarios. Abriendo la jornada, por ejemplo, estuvieron Pony Bravo, que pusieron rápidamente las cartas sobre la mesa: “Noche de setas” y “El político neoliberal” (una manera de hacer comentario político diferente a la de Love of Lesbian) fueron suficientes para darse cuenta de que los sevillanos son otra cosa. Solo a una banda con la idiosincrasia típica del sur se le ocurriría batir en el mismo recipiente funk, jazz, kraut, salsa y post-punk y salir victoriosa del envite. Iconoclastas, divertidos, irónicos e irreverentes, demostraron una personalidad arrolladora (aunque no den demasiado juego en escena, pese a los cambios de instrumentos).

 

Pony Bravo

 

Poco después, Pablo Maronda destiló canciones pop de muchos quilates, también a pleno sol. Lo suyo comienza a ser un secreto a voces, gracias, entre otras cosas, a que su guitarrista es Marc Greenwood, que también ejerce de bajista en La Habitación Roja, una banda a punto de cumplir veinte años que ha sabido mantener su personalidad pese a los vaivenes de las modas y que se puede permitir ofrecer un concierto de alto nivel en el que la mitad del repertorio pertenece a su último disco. El excelente sonido y un brillante trabajo en las voces marcaron la actuación de los valencianos, que pertenecen a una clase media capaz de mantener la posición en la escena sin hacer concesiones. Una pelea nada fácil, en la que llevan también unos cuantos años los granadinos Niños Mutantes. Menos certeros en su pertrecho de canciones, pero igual de perseverantes, se marcaron una actuación bastante digna, en la que no faltó alguna frivolidad (esa cita al “Neverending story” de Limahl).

 

La Habitación Roja

 

En el apartado internacional, el Low Festival ofrecía el domingo opciones de perfil medio y bajo entre las que había de todo. Resultó curioso, por ejemplo, reencontrarse con Los Campesinos! ¿Alguien recuerda cuándo parecía que su indie-pop ingenuo y efervescente podía hacer de ellos algo grande? Nosotros tampoco. Ha llovido bastante desde entonces, y también se han sucedido cambios en la banda galesa, que no obstante no han afectado a su sonido. Actualmente son un grupo corriente, del montón, que defiende con ganas un repertorio que tiene más conexiones con el pasado que con el futuro.

 

Los Campesinos!

 

En la misma línea, aunque de formación más reciente, pudimos echar un vistazo a los londinenses Cheatahs. Más sonido de los noventa (recordemos que Yuck también estaban en el cartel) con alguna conexión shoegazing, ramalazos de Seattle y vocación dream-rock. No despertaron el interés de mucha gente, y obligan a replantearse si aquel “Gimme Indie Rock” que gritó Sebadoh en 1991 no habrá hecho más daño de lo previsto. Sin embargo, no todo está perdido. Un paseo por el pequeño escenario Wiko sirvió para descubrir uno de esos pequeños tesoros que a veces esconden los festivales: El australiano Steve Smyth, que ya ha girado por salas españolas en años anteriores, se marcó un magnífico concierto en el que demostró que por sus venas corre la sangre de Tom Waits y la de Jeff Buckley. Un songwriter de casta que más de uno descubrió gracias a su presencia en Benidorm.

 

Steve Smyth

 

Tras el golpe de timón del año pasado, el Low se ha consolidado definitivamente entre los grandes festivales de verano en España. La combinación de grandes cabezas de cartel internacionales y reclamos masivos nacionales ha demostrado ser una fórmula rentable, más allá del balance artístico que se pueda hacer de unos y otros. El reto ahora es equilibrar la programación y mantener los mismos objetivos de cara a un 2015 en el que, después de Portishead y Massive Attack, el festival bien se podría plantear completar el triunvirato clásico del trip-hop con la presencia de Tricky. Sería una buena excusa para volver a la costa alicantina.

Fotos: Liberto Peiró

cabecera horrors

CRÓNICA LOW FESTIVAL: SÁBADO

En ocasiones se dice que un grupo puede paralizar un festival. Normalmente, en sentido figurado, como metáfora de su capacidad para focalizar la atención del público durante su actuación. Massive Attack lo hicieron el sábado en el Low. Y en sentido literal, ya que obligaron a detener la actividad musical del festival mientras ofrecían su concierto, con objeto de eliminar molestas interferencias sonoras procedentes de otros puntos del recinto, y hasta el punto de interrumpir la actuación de Corizonas, que se estaba desarrollando en otro de los escenarios. No fue una decisión caprichosa. Los de Bristol ofrecieron un espectáculo total, que eclipsó todo lo visto hasta el momento en la Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm.

 

Martina Topley-Bird (Massive Attack)

 

Abrieron con “Battlebox”, cantada por Martina Topley-Bird, y las pantallas comenzaron a escupir datos sobre los beneficios que algunos medicamentos proporcionan a las industrias farmacéuticas. Robert del Naja, Grant Marshall y los músicos que les acompañaban (incluyendo dos baterías) avisaban desde el principio: Se trataba de un concierto, pero también de una declaración de principios de innegable contenido político y profundo trasfondo humanista. Las grandes corporaciones multinacionales, la sociedad tecnológica o la confusión mediática fueron algunos de los blancos sobre los que dispararon certeros dardos visuales y sonoros, con el legendario cantante jamaicano Horace Andy brillando en “Girl I Love You” y “Angel”.

 

Grant Marshall (Massive Attack)

 

El show está concebido a partir de una sobredosis de estímulos que el espectador recibe al mismo tiempo que disfruta de un repertorio en el que no faltan los clásicos trip-hop que hicieron del grupo un referente mundial en los noventa, como “Teardrop” (de nuevo con Martina Topley-Bird), “Future Proof” o “Risingson”. El apabullante sonido se refuerza con unas proyecciones basadas mayoritariamente en la palabra, y que hacen especial hincapié en la idea de que en el origen de todo conflicto bélico anidan motivaciones económicas. Una batería de rótulos convenientemente traducidos al castellano hacía referencia a las posturas de Gran Bretaña y Estados Unidos en la guerra de Irak, pero también incluyeron, como hicieron la semana pasada en el Longitude Festival (Dublín), una mención en defensa del pueblo palestino durante la interpretación de “Unfinished Sympathy”, ya en el tramo final, que provocó el aplauso del público. El final perfecto para un concierto memorable.

 

The Horrors

 

La otra actuación estelar de la jornada fue la de The Horrors, que pese a comenzar a tocar cuando aún no se había puesto el sol (un error de programación, dadas las características de su puesta en escena), demostraron que son una de las realidades más sólidas de la escena británica contemporánea. “Chasing Shadows” les sirvió para poner la directa y mantener un nivel que no decayó en todo su pase. Faris Badwan sabe aprovechar su tesitura vocal para evocar a David Bowie o Richard Butler (The Psychedelic Furs), y la banda le sigue a ciegas en su empresa de revisitar con personalidad el sonido de los ochenta, introduciendo en la fórmula elementos de shoegazing y psicodelia. Canciones incontestables como “Who Can Say” o “So Now You Know” fueron apuntalando un concierto in crescendo, al tiempo que anochecía y los juegos de luces y el humo contribuían a redondear un show que terminó con una soberbia “I See You”. Impecables.

 

Xoel López

 

El día había comenzado con “Buenos Aires”, el tema que utilizaron para inaugurar su concierto Xoel López y su banda. El otrora amante de las esencias pop anglosajonas (Deluxe) ha dado un giro a su carrera para adentrarse en sonidos relacionados con el folclore latinoamericano, y escuchando sus canciones es inevitable pensar en las declaraciones de Triángulo de Amor Bizarro sobre algunos artistas del panorama indie español. Composiciones pulcras, sin aristas, perfectamente ejecutadas, entre las que Xoel también incluyó rescates del pasado, como “El amor valiente”, y que el público joven tarareó con ganas, probablemente sin sospechar que no andan lejos de las que sus padres escuchaban cuando tenían su edad.

 

Yuck

 

Poco después, los londinense Yuck demostraron su amor por el indie rock de los noventa (Dinosaur Jr., Sonic Youth) tal como hicieron en su reciente gira española por salas. Sus canciones son ejercicios de estilo tan depurados que ni la marcha de su líder, Manuel Schupak, parece haberles afectado demasiado. Puro revivalismo, inofensivo y de agradable escucha, que dibujó algunas sonrisas cómplices entre el respetable cuando la banda acometió una versión de “Age of Consent”. Al menos, cuando se trata de tocar un tema ajeno, no resultan tan previsibles como cuando interpretan los suyos.

 

Corizonas

 

Hasta que les cortaron el sonido por orden de Massive Attack, Corizonas habían ofrecido uno de sus conciertos habituales: Rock vaquero con unos cimientos tan sólidos como reconocibles a cargo de Los Coronas y Arizona Baby en feliz entente. Sorprende el éxito de la propuesta, más allá de la convicción con que la ponen en práctica, especialmente porque parece difícil que sus entusiastas seguidores vayan a indagar en las raíces americanas de su sonido. La trompeta da un toque fronterizo a algunos de los temas de un repertorio que no pudieron finalizar, aunque tras el corte de fluido se mantuvieron sobre las tablas para tocar un tema más sin amplificación. Se resarcirían de sobra más tarde, en la carpa Gibson, ante un público tan numeroso como entregado.

 

Editors

 

El repaso de la jornada en el Low Festival se completa con Editors. “The Weight of Your Love”, su flojo disco de 2013, no hacía presagiar nada bueno, y para confirmarlo empezaron con “Sugar”, una de esas canciones que resume su idiosincrasia a la perfección: Aspiraciones de trascendencia, épica pasada de rosca, lirismo de manual, falsa densidad emocional… La posterior recuperación de temas como “An End Has a Start” tampoco sirvió para que alzaran el vuelo, pese a los esfuerzos del vocalista Tom Smith. Cada giro melódico y cada redoble resultan tan previsibles en sus composiciones que el margen para lo inesperado es mínimo, y el concierto se convierte en un trámite en el que tanto la banda como la audiencia cumplen con lo pactado, pero en el que las emociones brillan por su ausencia.

 

 

La última cita de la noche fue con Karen Marie Ørsted, más conocida como Mø. Su mezcla de electrónica y pop se beneficia de haber estado expuesta a las artes de Diplo (“XXX 88”), sobre todo por lo que respecta a su componente rítmico, pero las canciones de la hiperactiva vocalista (no para quieta en todo el concierto) carecen de la fuerza necesaria para arrastrar a la gente, que asistió a su pase con cierta indiferencia, como si hubiera acudido a verla por curiosidad (o porque en ese momento no había nada más en los demás escenarios) y no le acabaran de convencer del todo los gritos de la danesa, en cuyo favor hay que decir no escatimó esfuerzos a la hora de intentar empatizar con el público.

Fotos: Liberto Peiró

Vetusta Morla

CRÓNICA LOW FESTIVAL: VIERNES

Alrededor de veintitrés mil personas, según cifras oficiales de la organización, se reunieron en la Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm para asistir a la primera jornada del Low Festival, que este año pierde el apellido Cost para afianzarse de manera definitiva entre las principales citas estivales del país. Como viene siendo habitual, la abundancia de espacios esponsorizados es lo primero que llama la atención del visitante, asaltado por los cuatro costados por marcas y promociones de todo tipo a lo largo y ancho de un recinto cómodo y practicable en el que, eso sí, resulta imposible encontrar un rincón en el que no suene música: Carpas, disc jockeys, escenarios grandes, medianos, pequeños… La saturación acústica es una de las características que definen el Low.

 

Buen ambiente en Benidorm

 

The Milkyway Express y Delaire abrieron el escenario Matusalem a primera hora de la tarde. Dos bandas emergentes con mucho camino por delante que actuaron ante poco público y mostraron más carencias que virtudes, especialmente en el caso de los segundos, demasiado cautivos de unas influencias muy evidentes (de Foo Fighters a The Knack) y con un vocalista demasiado engolado.

 

Lyann

 

En el escenario Budweiser también rompía el hielo un grupo novel, aunque en este caso con mejores argumentos. Lyann apuntan interesantes maneras en sus largos desarrollos instrumentales, colindantes con la psicodelia o el post-rock. Ganarían puntos si personalizaran su propuesta cantando en castellano, algo que sí hacen Modelo de Respuesta Polar, banda más veterana y con sólida carrera discográfica que, sin embargo, pagó las consecuencias de tocar en el escenario Wiko. Mientras Borja Mompó trataba de compartir con el público esa intensa vida interior que traslada a sus canciones, se escuchaba a Triángulo de Amor Bizarro en el escenario principal, la prueba de sonido del autobús del Red Bull Tour y la música de baile de la carpa Jägermeister. Demasiados impedimentos para conectar con esa densidad emocional que el grupo pretende transmitir y que siempre deja en el aire la duda de si es real o impostada.

 

Modelo de Respuesta Polar

 

Si se les oía en la otra punta del recinto es evidente que Triángulo de Amor Bizarro ofrecieron otro de sus demoledores conciertos en el Low. Los gallegos empiezan a pedir a gritos mejores horarios (casi siempre les toca actuar de día), pero como ya apuntamos a su paso por el FIB, también corren el riesgo de saturar al personal (este año están en casi todos los festivales del país). Una situación, por cierto, similar a la de León Benavente, que están aprovechando el momento dulce que atraviesan. Solo pudimos ver el principio de su show, pero la sensación es la de siempre: Cuatro músicos que parecen llevar toda la vida juntos y que se entienden a la perfección, armados con un repertorio en el que abundan los himnos. El público ya tararea casi todas sus canciones, un triunfo que también tiene su parte peligrosa, aunque da la sensación de que los componentes del grupo, como veteranos que son, están sabiendo digerirlo.

 

León Benavente

 

La razón por la que abandonamos a León Benavente a su suerte es que en el escenario Budweiser había una cita ineludible con la primera banda internacional del día: The Hives. Los suecos son conscientes de que musicalmente no han inventado la rueda (lo suyo es garage rock de toda la vida), así que echan el resto en todo lo relacionado con el envoltorio de sus canciones. Y vaya si les funciona la fórmula. El llamativo telón de fondo (un personaje gigante que mueve los hilos de los músicos como si fueran marionetas), la iluminación (únicamente a base de blancos), los trajes a juego, la sintonía de salida (el tema de John Williams para la película “Tiburón”) y hasta los roadies (vestidos de ninja) conforman una puesta en escena infalible, que además cuenta con un maestro de ceremonias inigualable, el vocalista Howlin’ Pelle Almqvist, un animal de escenario que se defendió en un castellano bastante correcto. Abrieron con “Come on!” y ya todo fue cuesta abajo, aunque inicialmente al sonido le faltó fuerza. Pero a medida que avanzaba el concierto y se iban sucediendo temas como “Main offender”, “I want more” (más que inspirada en la versión de “I love rock and roll” popularizada por Joan Jett) o “Tick Tick Boom”, se hizo evidente que ya había triunfador de la jornada. El bis, que cerraron con la celebrada “Hate to say I told you so” no hizo más que ratificarlo.

 

The Hives

 

De vuelta al escenario Matusalem, el dúo Blood Red Shoes no se amilanó, pero demostró menos recursos para defender su rock primario basado en potentes riffs de guitarra. Como si fueran el reverso de The White Stripes (ingleses, el hombre a la batería y la mujer a la guitarra), proclamaron su admiración por The Hives y captaron la atención con temas como “Red river” o “The perfect mess”, en el que Laura-Mary Carter se soltó del todo a nivel vocal, pero entre que no captaron la atención de demasiado público y que su propuesta sonora es algo lineal, acabaron por ofrecer menos de lo que prometía el arranque de su concierto, que no obstante valió la pena.

 

Blood Red Shoes

 

Al directo de Vetusta Morla no se le pueden hacer reproches. Un grupo de sus dimensiones debe ofrecer un espectáculo de primer orden, y los madrileños se apoyan en un diseño de luces y una puesta en escena intachables, desde el telón que se viene abajo a la media hora de concierto a los visuales que ilustran las canciones. El problema es que si no se conecta con sus canciones, todo ese envoltorio no es suficiente. En sus discos se puede apreciar con detalle su interés por las texturas y las capas de sonido, pero en directo son una banda de rock bastante convencional, y esos matices (que suelen ser los que propician las comparaciones con Radiohead) se pierden en el marasmo de decibelios que proyecta el grupo. Algo parecido pasa con Pucho, su vocalista, de una profesionalidad fuera de duda, pero poco convincente cuando se adentra por vericuetos existenciales.

 

Vetusta Morla

 

Con Sidonie surgen menos dudas. Es cierto que se han ganado a pulso el éxito de que disfrutan, pero sus conciertos son de una insustancialidad abrumadora. Y no se trata de que en su repertorio casi no queden ya vestigio de psicodelia o que el giro electrónico de su último disco apenas tenga traducción tangible al directo. Es una cuestión de actitud: Pasarse el concierto jaleando al personal con el sempiterno “¡Vamonos!” acaba asociando su show a una verbena de fiesta mayor, y cuando encima anuncian la primera versión de la noche y se marcan el “Video killed the radio star” (The Buggles), la sensación se hace aún más evidente. No nos quedamos a averiguar cuáles eran las siguientes, porque en otro escenario comenzaban Holy Ghost!

 

Sidonie

 

Y la verdad es que, teniendo en cuenta lo avanzado de la hora, los neoyorquinos supieron dar a la (escasa) audiencia lo que necesitaba: dance oriented rock de primer nivel, apoyado en elementos orgánicos (batería, guitarras) y sintéticos (teclados, samples), con puntual protagonismo para un kit de percusión que en ocasiones acercaba la rítmica a los Talking Heads, aunque en general sonaran bastante más cerca de Lipps Inc. (y no es una recriminación). No son LCD Soundsystem (aunque trabajaron con los capos del sello DFA), pero temas como “Dumb disco ideas” resultaron perfectos para despedir la jornada moviendo las caderas, que era de lo que se trataba.

 

Holy Ghost!

 

Fotos: Liberto Peiró

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LOW FESTIVAL: OUTFITS BYTHEFEST

Ubicado en la tercera ciudad más turística de Europa, el Low Festival ha logrado consolidarse como uno de los festivales de referencia en el panorama nacional. Este año contará con un mega cartel de más de 100 artistas, encabezado con nombres como Massive Attack, Kaiser Chiefs, The Horrors, Vetusta Morla, Editors, Love Of Lesbian, Blood Red Shoes, Ivan Ferreiro, Triángulo de Amor Bizarro o El Columpio Asesino. Aquí tienes el manual de uso que hemos preparado para que no te pierdas lo mejor del festival.

Pero además de la música, el Low Festival cuenta con 7 espacios al aire libre con más de 30.000 metros cuadrados de césped, piscinas, zonas de relax, etc… con la premisa de “aglomeraciones no, gracias”

El recinto esta listo y tú ¿sabes ya que vas a ponerte?. En Bythefest, siguiendo con la sección “Outfits festivaleros”, os recomendamos la siguiente combinación:

Tal y como comentamos en el post anterior dedicado al Outfit del FIB, la comodidad y sencillez han de ser la idea básica a la hora de elegir vestuario, por tanto, elegimos un estupendo top con estampado tropical, combinado con unos shorts rasgados de Topshop, pensando siempre en los calurosos días veraniegos de la costa mediterránea.

Además, añadiremos un look motero a nuestro outfit, con los femeninos botines de Mustang. ¡¡Let’s Rock Lowers!!.

Y como complemento, recomendamos el bolso de tejido jean de Mustang, que combinará de maravilla con nuestros shorts, y un collar corto color dorado de H&M para darle nuestro toque personal.

Ya estamos listas para darlo todo en el Low y sin dejar de lado las tendencias!!

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LOW FESTIVAL 2014: MANUAL DE USO

El de 2013 fue un paso decisivo, sin posible vuelta atrás. La presencia en el cartel de Portishead y el acuerdo con el Primavera Sound para la contratación de artistas internacionales permitía al festival Low Cost de Benidorm plantearse ambiciosos objetivos de futuro. Su apuesta fue acertada, hasta el punto de que los lectores de la revista Rockdelux elevaron la cita de Benidorm al segundo lugar en sus votaciones a la hora de elegir el mejor festival del año, poniéndolo por delante de otros mucho más veteranos.

Así que en 2014 tocaba ratificar la decisión tomada y mantenerse en la misma senda. De ahí que haya acortado su nombre, dejándolo solo en Low, para evitar comparaciones con los numerosos festivales de bajo perfil (y coste) que pueblan el denso mapa de eventos veraniegos en España desde hace algunos años.

 

 

No obstante, el cambio de denominación no sería mas que un brindis al sol si no fuera acompañado de un cartel que lo refrendara. Y en ese sentido puede decirse que el Low ha optado por fidelizar a su nuevo público sin perder al antiguo. Es decir, que aquellos que en 2013 acudieron atendiendo a la llamada de Beth Gibbons (y, no hay que olvidarlo, Belle & Sebastian), este año tienen un grupo en su misma órbita, Massive Attack. Mientras que la tropa más joven, que entiende la asistencia al festival como parte de una experiencia lúdica con banda sonora en directo, tiene a Vetusta Morla, Love of Lesbian, Sidone o Izal para divertirse a sus anchas. Una buena organización de horarios permite a unos y a otros disfrutar de la programación sin sobresaltos, y con las consabidas paradas técnicas para avituallarse, descansar o darse un paseo por el amplio recinto de la Ciudad Deportiva Guillermo Amor, ubicación cómoda y amplia que, pese a la exageradísima presencia de reclamos comerciales (lo cierto es que hoy en día no hay festival sin patrocinadores), permite al espectador tomarse un respiro en sus zonas verdes.

Sin lugar a dudas, Massive Attack son el principal reclamo del cartel. Pero, ha diferencia de Portishead el año pasado, su concierto no será exclusivo en España, ya que en junio pasaron por el Sónar, donde el dúo formado por Robert del Naja y Grantley Marshall presentó un espectáculo diseñado junto al documentalista Adam Curtis. Ofrecieron dos pases, y si en el primero decepcionaron, el segundo les sirvió para congraciarse con su público. A Benidorm llegarán más rodados, y será difícil que defrauden.

 

 

Otra de las bazas del pelotón internacional es la presencia de los festivaleros Kaiser Chiefs, aunque resulte menos estimulante que la de The Horrors, que presentan “Luminous”, su hipnótico cuarto disco, donde consolidan su apuesta por un sonido que combina space-rock, psicodelia y aires de de los ochenta en canciones extensas y envolventes, plagadas de densos delays. A tenor de su concierto en Contempopránea, será uno de los platos fuertes del festival.

Otros nombres a tener en cuenta son los de los suecos The Hives, infalibles con su rock garagero pasado por el salón de belleza, y unos Editors que han ido a menos desde que su debut les permitiera colarse por la puerta de atrás en la ola de revivalismo post-punk de principios de siglo.

 

 

Más interés tienen a priori las comparecencias del dúo synth-pop neoyorquino Holy Ghost! o los Blood Red Shoes. El año en que cumple una década, la pareja ha publicado un cuarto disco de título homónimo que reafirma su identidad y destierra las comparaciones que les persiguieron en los inicios de su carrera.

Reciente aún su gira por salas, Yuck tratarán de seguir convenciendo al público de que su revisión del indie rock estadounidense de los noventa puede tener sentido tras la fuga de Daniel Blumberg, vocalista (y coautor de la mayoría del repertorio) de su debut. Complicado lo tienen.

 

 

Además, la joven cantante danesa Mø, que ha debutado este año con “No mythologies to follow”, deberá ratificar la validez de su propuesta electrónica, mientras que entre el resto de bandas internacionales abunda el patrón indie global que pueden representar tanto los Palma Violets, que repiten tras su solvente pase de 2013, como Los Campesinos! Sin olvidar la mezcla de shoegaze y rock de Cheatahs o la bacanal percusiva de los portugueses Paus, ubicuos en los festivales españoles gracias al padrinazgo del Primavera Sound.

Aunque cada vez va adquiriendo más peso la presencia de artistas foráneos, el Low no reniega de sus inicios, basados en el producto nacional. Su tirón entre el público más joven es obvio y no parece que la reiteración de artistas en diferentes convocatorias estivales les reste público. Así que en Benidorm estarán este año casi todos los que lideran la escena mainstream, empezando por unos Vetusta Morla que siguen presentando “La deriva”, su esperado tercer disco, más urgente en el sonido y comprometido en los textos que sus predecesores, pero fiel a su sonido épico e intenso.

 

 

La lista se completa con Love of Lesbian, ineludibles en cualquier jolgorio estatal que se precie; un Iván Ferreiro que, por lo visto en el San San Festival, cada vez está más cerca de los cantantes melódicos de los setenta; los murcianos Second, que han logrado el premio a su perseverancia aguantando en tierra de nadie hasta que los vientos han sido propicios… Una lista interminable que incluye a los anodinos Izal, los desorientados Sidonie, el reciclado Xoel López o el sainete vaquero de Corizonas.

A punto de alcanzar su estatus, los excesivos León Benavente, We Are Standard o Niños Mutantes, y con un discurso de mayor envergadura, Triángulo de Amor Bizarro, El Columpio Asesino, La Habitación Roja, Oso Leone y Pony Bravo. De todo, como en botica.

 

 

Además, el Low se expande en diversas direcciones con toda una serie de escenarios menores en los que la música no deja de sonar a lo largo de todo el día. Desde una amplia nómina de disc jockeys hasta los grupos valencianos que llegan patrocinados por el concurso Sona la Dipu, el recinto es un hervidero de propuestas que denota la voluntad del festival por mantener la posición que alcanzó el año pasado. Y no solo en lo que respecta al cartel, sino también a los servicios que ofrece al visitante (pulseras inteligentes, etc). 2014 es el año en que Benidorm consolida su posición en la cartografía festivalera estatal, y byTHEFEST estará allí para contarlo.

cabecera Kaiser Chiefs

ENTREVISTA: KAISER CHIEFS

Kaiser Chiefs es una de esas bandas que parecen nacidas para tocar en festivales. Representantes de la penúltima generación de formaciones británicas que utiliza melodías pop y descaro punk para componer festivos himnos de estadio, estarán en el Low Festival de Benidorm para presentar “Education, Education, Education & War”, su quinto disco. Hablamos con Simon Rix, bajista del grupo.

 

“Education, Education, Education & War” es ya vuestro quinto álbum. ¿Qué objetivos os marcasteis al entrar en el estudio?

Por un montón de razones, estábamos muy emocionados con este disco. Nos sentimos como ante una pizarra limpia, en la misma situación que cuando grabamos el primer álbum, como si tuviéramos muchas cosas que demostrar a la gente sobre la banda y lo que nos gusta de ella. También queríamos que las letras tuvieran un significado para nosotros mismos que además fuera extrapolable al resto del mundo. No que solo fueran palabras que sonaran bien. Y buscábamos un sonido individualizado, que hiciera del disco algo único. Dar un paso adelante y probar cosas que no habíamos hecho hasta ahora. Componer canciones que pudieran quedarse en nuestro repertorio durante muchos años en la línea de “I Predict a Riot” o “Ruby”. La idea era ir a por ello y no contenernos.

 

El productor es Ben H. Allen (Gnarls Barkley, Animal Collective, Deerhunter). ¿Qué buscabais al trabajar con él?

Ben ha hecho un montón de cosas. La verdad es que no consultamos los datos biográficos cuando escogemos a un productor, porque en realidad nunca sabes con seguridad quién hizo qué. Pero, en su caso, ha hecho algo de hip hop, algunas bandas de guitarras, algo de pop, y parecía alguien que podía encajar con facilidad en ese terreno a mitad de camino entre muchas cosas en que creemos que estamos nosotros. Nos reunimos con él en Londres durante los ensayos y nos impresionó de inmediato. Tenía tanta hambre como nosotros por hacer un gran álbum. El nuestro es el primer disco que ha producido que ha ido directo al número 1 de las listas. Y su visión del sonido era muy similar a la nuestra. Fue como arriesgarse con una apuesta, pero bueno, en eso consiste la vida.

 

¿Fue decisión suya grabar en Atlanta?

Él está allí, y era más cómodo. Pero también nos seducía la idea, porque nunca habíamos grabado un disco fuera de Gran Bretaña y pensamos que podía ser beneficioso. No estábamos seguros por anticipado de qué efecto podía tener, pero sabíamos que alguno tendría. Y creo que en vez de hacer nuestro sonido más americano, lo que ha hecho ha sido consolidar lo que tiene de específicamente británico.

 

 

El título del disco es una cita de Tony Blair. ¿Puedes explicar qué significa?

Es una cita de Blair, pero solo en parte. Durante algún tiempo, pensamos titular el disco “Education & War”, porque pensamos que son los temas que aborda. Nuestra educación y nuestra guerra para hacer el álbum. En la canción “Cannons” se dice “Education, Education & War”, pero el actor Bill Nighy, que colabora en ese tema, siempre lo llamaba “Education, Education, Education & War”, que se corresponde con la cita de Blair. Nos gustó el ribete político, era un pequeño comentario que encajaba.

 

Como en discos anteriores (“Start the revolution without me”, “The future is medieval”), parece que la ironía juega un papel importante a la hora de escoger el título. ¿O es cinismo?

Quizá un poco de ambos. Procedemos del norte de Inglaterra, así que el escepticismo forma parte de nuestra naturaleza. Somos un poco desgraciados, pero nos lo tomamos con humor. Hay mucha autoconsciencia. Así que el título es en parte un chiste, en parte serio y en parte una buena frase muy adecuada para Kaiser Chiefs.

 

Canciones como “Ruffians on parade” demuestran que sigue siendo sencillo para vosotros componer himnos. ¿Tan fácil resulta?

No estoy seguro de que sea posible sentarse y decir: “Vamos a hacer un hit” o plantearse escribir un himno. Pero lo cierto es que en este disco nuestro objetivo era componer canciones grandes. Material que sonara potente al aire libre, en festivales y en la radio. Así que sí, era nuestro propósito.

 

¿Crees que el éxito ha cambiado a la banda?

No demasiado. Seguimos siendo prácticamente la misma gente. Hemos cambiado, obviamente, pero tiene más que ver con el hecho de habernos pasado diez años de gira. Todo el mundo cambia en un periodo de una década.

 

 

 

Hace ya dos años que se marchó el batería Nick Hodgson. ¿Lo echais de menos?

Mantenemos el contacto con él. Fue una pena que optara por no salir más de gira, pero fue su decisión y ahora tenemos en su lugar a Vijay Mistry (procedente de la banda Club Smith), que es fantástico.

 

Participasteis en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres tocando “Pinball Wizard” (The Who). ¿Fue elección vuestra? ¿Qué otras bandas de los sesenta admirais?

Nos asignaron la canción. La ceremonia celebraba los grandes movimientos musicales británicos y a nosotros nos tocaron los mods. Fue una gran honor que nos llamaran para formar parte de aquella historia. ¿Bandas de los sesenta que nos gusten? The Kinks, The Beatles, The Hollies, Rolling Stones, The Velvet Underground, Byrds, Small Faces, The Left Banke, Fleetwood Mac, The Doors, The Supremes, Spencer Davis Groups, Bob Dylan, Donovan, Booker T, Edwin Starr, Frank Wilson, los Jackson 5, Martha Reeves, Love, Brian Auger, Georgie Fame, Jimi Hendriz, The Stooges…

 

Creo que son suficientes. Volveis a España para tocar en el Low Festival, pero no es vuestra primera visita. ¿Es vuestro formato de concierto más cómodo?

Nos encanta tocar en festivales, y siempre lo hemos pasado en grande en España, así que diría que los presagios son muy buenos.

 

¿Teneis algún recuerdo especial de vuestros conciertos en festivales españoles?

¡Y tanto! La primera vez que fuimos a un festival en España fue a Benicàssim, como espectadores, y durmiendo en el camping. Una locura. Años después tocamos en el Summercase y Ricky Wilson, nuestro cantante, tuvo que intervenir en una pelea que se organizó entre John Lydon (Sex Pistols) y Kele Okereke (Bloc Party), antes de regresar al hotel de Mogwai para pillar bebida. Ya te digo que siempre lo hemos pasado bien en España.

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EL LOW FESTIVAL COMPLETA SU CARTEL

El Low Festival de Benidorm cierra definitivamente su cartel con los suecos The Royal Concept (en la foto), Steve Smyth, The Milkyway Express, Maronda, Cowboy Lovers, Emergency Ponchos, Sra. Robinson, el showcase de Stereo Djs y los ganadores del certamen Budweiser_emerge 2014, los valencianos Lyann. Todos ellos pasarán por los diversos escenarios de la Ciudad Deportiva Guillermo Amor entre el 25 y el 27 de julio. Además, la Red Bull Music Academy cierra su programación de Djs en el escenario flotante de la VIP POOL con Ewan Pearson, Gerd Janson, bRUNA, Kigo, Clip! y Viktor Flores.

The Royal Concept coronan esta nueva tanda de confirmaciones con su mezcla de soul-pop con toques electrónicos. Tras la publicación en 2012 de un EP homónimo se marcaron una gira americana abriendo para The Wombats y  su sencillo “Goldrushed” fue incluida en la banda sonora de “FIFA 13″. El australiano Steve Smyth es un cantautor de brumosa vida itinerante que publicará nuevo trabajo este año, grabado con Joey Waronker en la batería (Atoms For Peace, Thom Yorke, Beck) y Gus Seyffert en el bajo (The Black Keys , Norah Jones). The Milkyway Express mezclan southern rock y blues lisérgico, mientras que Maronda se decantan por el pop de inspiración sesentera.

 

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CANCELADO ELECTROBEACH 2014

No habrá Electrobeach 2014. Se cancela el evento de música electrónica, que debía celebrarse en Benidorm los próximos 1 y 2 de agosto, y que ya contaba con un cartel cerrado en el que destacaban los nombres de Deep Dish, Luciano, Paul Kalkbrenner, Apollonia (Shonky, Dan Ghenacia & Dyed Soundorom), Alan Fitzpatrick, Álvaro Martín, Ben Sims, Carl Craig, Chris Liebing, Dj Murphy vs. A. Professor, Edu Imbernon, Fatima Hajji, Hito, Javy Union, John Digweed, Miss Kittin, Nina Kraviz, Paul Ritch, Pet Duo o Spherical Coordinates.

 

A través de un comunicado, la organización del festival explica las circunstancias que le han llevado a tomar la decisión:

“Después de  presentar un pliego de condiciones exigido  por el Ayuntamiento de Benidorm, incluyendo un escrito firmado por las tres asociaciones de vecinos de la Colonia Madrid, en el que se solicitaba al Ayuntamiento la celebración del festival en las Instalaciones de la Ciudad Deportiva Guillermo Amor, en el día  de hoy se nos informa desde este Ayuntamiento que no  autoriza a realizar el Festival en las mencionadas instalaciones.. Por tanto, la organización, muy a pesar suyo, ha decidido cancelar el evento,  ya que la negativa del ayuntamiento  de Benidorm a  facilitar un recinto que cumpla con todas las medidas de seguridad, como se habían comprometido con la organización,  para un evento de estas características, hacen del todo imposible hacer frente con total normalidad a los 2 días del Festival.

Queremos dejar claro que nuestra prioridad es la de garantizar la seguridad de todos los asistentes al Festival, por lo que rechazamos de pleno la alternativa que nos ofrece el Ayuntamiento puesto que un informe de nuestros técnicos desaconseja la celebración del festival en un recinto que no cumple con las mínimas condiciones de seguridad y salubridad para los asistentes.

Estamos absolutamente decepcionados con su gestión, y tenemos que dejar claro que fue el propio Ayuntamiento quien nos ofreció como alternativa la Ciudad Deportiva Guillermo Amor el año pasado, cuando nos encontramos con los primeros problemas en el antiguo recinto de Terra Mítica., negándonos ahora dicho recinto por motivos que a día de hoy desconocemos.

Tenemos que aclarar también que nada de esto ha sido por motivos profesionales en cuanto a la organización; cuyos objetivos coinciden con la supuesta promoción de la cultura y el ocio joven que promueve el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Benidorm.

En los próximos días haremos una rueda de prensa informando de todos los detalles por los que ha pasado el festival, para dejar claro mediante pruebas, conversaciones y detalles que la cancelación del Festival ha sido un acto totalmente político, y que teníamos autorización verbal desde el pasado septiembre del actual año para la realización del evento en el un recinto que no fuera Terra Mítica pero que contara con las medidas de seguridad mínimas para este tipo de Eventos.

Queremos disculparnos ante todos nuestros seguidores muchos de los cuales ya tienen su entrada, pero aseguramos que nuestra tristeza y desconsuelo es mucho mayor; hemos tirado a la basura siete meses de trabajo, ilusión, dedicación y una cantidad de dinero desorbitada, y nada de todo eso ha sido culpa nuestra ni de las miles de personas ilusionadas en asistir. Desde nuestra postura personal, creemos que el Ayuntamiento ha actuado de forma inadecuada; en primer lugar por quitar a miles de jóvenes un evento lúdico por un aspecto político (y no de molestias a la ciudadanía, como puedan transmitir) y en segundo lugar por ilusionar tanto a los asistentes como a la organización de un posible nuevo emplazamiento que finalmente ha sido denegado.

Estamos francamente decepcionados con todo este asunto, ya que nuestra filosofía se basaba en un evento emprendedor y profesional, organizado por jóvenes y para jóvenes y en una ciudad que carece totalmente de este tipo de actividades”.

Devolución del importe de las entradas
El importe de las Entradas será devuelto con la mayor brevedad posible, entre el 16 y el 26 de Junio mediante los mismos canales de venta donde fueron adquiridas.
- Compradas en ENTRADASATUALCANCE; devolución en el mismo punto de venta.

- Compradas a través de relaciones públicas; devolución personal por parte de cada relaciones públicas (entregando la entrada)

NOTA PRENSA junio dias

LOW FESTIVAL: PROGRAMACIÓN POR DÍAS

El Low Festival de Benidorm ha desvelado su programación diaria y la salida a la venta de las entradas por día.

El cartel queda configurado de la siguiente manera:

 

VIERNES 25 DE JULIO

VETUSTA MORLA – THE HIVES – HOLY GHOST!

IVAN FERREIRO – SIDONIE – THE MAGICIAN – BLOOD RED SHOES – WE ARE STANDARD – TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO – LEÓN BENAVENTE – BELAKO – JACK KNIFE – JOHN GRAY – MODELO DE RESPUESTA POLAR – DJ COCO – MANCORA – DAZE OF DAWN – AUTOMATIC – GIPSY CASINO – DELAIRE

 

SÁBADO 26 DE JULIO

MASSIVE ATTACK – EDITORS – MO – THE HORRORS

CORIZONAS – SEBASTIAN – YUCK – SECOND – WE HAVE BAND – XOEL LOPEZ – EL COLUMPIO ASESINO – ELYELLA DJS – THE PARROTS – MONEY FOR ROPE – CARLOS SADNESS – BARALIDES – PAJARO – WEE ANDIE AND THE MIDNIGHT SOUND – EMPTY BOTTLES – EMMERSON – THE SODA CLUB – DESAYUNO – DEZERVERS

 

DOMINGO 27 DE JULIO

KAISER CHIEFS – LOVE OF LESBIAN – IZAL

LA HABITACIÓN ROJA – PALMA VIOLETS – LOS CAMPESINOS! – NIÑOS MUTANTES – OSO LEONE – PONY BRAVO – CHEATAHS – PAUS – THE SUICIDE OF WESTERN CULTURE – REFREE – THE FREE FALL BAND V LADY´S GARDEN – NANGA PARBAT – METROPOL – 5TH AND PONTIAC

 

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MØ SE INCORPORA AL LOW FESTIVAL

MØ, The Suicide of Western Culture, Jack Knife, Empty Bottles y Modelo de Respuesta Polar son las nuevas confirmaciones del Low Festival, que se celebra en Benidorm del 25 al 27 de julio. Además, BFlecha y Alizzz se suman a la programación de la Red Bull Music Academy.

Karen Marie Ørsted, más conocida como MØ, es una joven danesa que presentará su nuevo disco, editado hace unos meses: “No Mythologies To Follow”. A nivel estatal, también pasará por Benidorm el duo electrónico catalán The Suicide of Western Culture, los madrileños Jack Knife, los alicantinos Empty Bottles y los valencianos Modelo de Respuesta Polar, sin olvidar a BFlecha (la Dj Belen Vidal) y Alizzz.

Todos ellos se unen a los  confirmados Massive Attack, Kaiser Chiefs, Editors, The Horrors, Palma Violets, Vetusta Morla, Love Of Lesbian y The Hives, entre otros.