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HEINEKEN® ARRANCA EL PRIMAVERA SOUND CON LOS CONCIERTOS PRIMAVERA ALS BARS

Por cuarto año consecutivo, Heineken®  arranca el festival Primavera Sound de Barcelona con los conciertos Primavera als Bars, llenando locales de pequeño formato de música en directo. Del miércoles 3 al miércoles 24 de mayo, Primavera als Bars ofrecerá las actuaciones gratuitas de once artistas y bandas emergentes en locales que, pese a no formar parte del circuito habitual, se convertirán en escenarios musicales.

Con este ciclo de conciertos de bandas emergentes en enclaves icónicos pero poco habituales, Heineken® reafirma su apoyo a la música en directo y su papel como descubridor de nuevas experiencias musicales, con más de 20 de años de colaboración con festivales nacionales e internacionales, salas de conciertos y giras de artistas.

Heineken® consolida así también su relación con la ciudad de Barcelona, proponiendo nuevos planes de ocio y acercando la música a todos los públicos en las semanas previas al festival Primavera Sound, donde un año más contará con el Escenario Heineken® y su exclusivo Escenario Heineken® Hidden Stage, cuyo cartel se desvelará en breve.

Heineken® Primavera als Bars reunirá muy diversos estilos y grupos nacionales e internacionales, como el crooner francés Ryder The Eagle, Jazz (nuevo proyecto de Yago Alcover del grupo Mujeres), el pop elegante y sensible de Silent James, el clasicismo con ecos brit de The Harlock, el divertido paseo por los 80 de Papá Topo, el rock atmosférico de Aldrin y Collins, el folk experimental de All Indians No Chief, el indie rock de Belushi, los aires mediterráneos del dúo mallorquín Donallop y la canción lo-fi de Regalim.

A través de las redes sociales y con el hashtag #HeinekenPrimaveraSoundHeineken® informará de la agenda de conciertos e invitará a sus seguidores a compartir experiencias.

cabecera Branford Marsalis

EL CARTAGENA JAZZ FESTIVAL AVANZA CARTEL

El Cartagena Jazz Festival cumple 34 años, y lo celebrará con el saxofonista estadounidense Branford Marsalis, el cantante Gregory Porter (acompañado por primera vez en España por una Orquesta Sinfónica), la revelación jazzística Zara McFarlane y y una de las artistas femeninas más emblemáticas del indie estadounidense: Cat Power. La programación completa se presentará el 17 de septiembre. La edición de este año se celebra del 6 al 22 de noviembre.

 

Zara McFarlane

 

Branford Marsalis (en la foto superior) se dio a conocer junto a su hermano, el trompetista Wynton Marsalis, en el seno de los Jazz Messenguers de Art Blakey, en 1981, y posteriormente pasó a formar parte del grupo de su hermano, con quien estuvo entre 1982 y 1985. Pronto emprendió su propia carrera en solitario, sin dejar las magnificas colaboraciones con otros músicos, como el trabajo con Sonny Rollins o con el mismo Miles Davis, en la ultima etapa de su carrera, formando parte de su quinteto.

La británica de origen jamaicano Zara McFarlane es la última gran esperanza del jazz vocal. Fan de Nina Simone, su presencia en Cartagena significará su debut en España. “If you knew her” es su segundo disco, tras “Until tomorrow” (2011), y para su grabación volvió a contar con la colaboración del productor y locutor radiofónico Gilles Peterson.

 

Cat Power

 

Gregory Porter se ha convertido en una de las grandes figuras del jazz vocal con sólo tres discos. El más reciente lo publicó en 2013, se titula “Liquid Spirit” y le valió un Grammy. Porter bebe del soul, el blues y el jazz, y en su concierto estará acompañado por la Orquesta Sinfónica Región de Murcia.

Por último, Chan Marshall, la cantautora que se esconde bajo el nombre artístico de Cat Power. El espléndido “Sun”, su último trabajo (y noveno de su carrera), llegó en 2012, tras seis años sin publicar material original. Creado y producido íntegramente por la artista, es probablemente su álbum más personal hasta la fecha. Marshall lo bautizó como «un renacimiento», y ya demostró de lo que es capaz de hacer con sus canciones en su magnífica actuación del pasado Festival de Benicàssim.

Armstrong

“JAZZ ON A SUMMER’S DAY”: LA MÚSICA SERÁ BELLA O NO SERÁ

Aunque pueda parecer que Bert Stern se había sacado la oposición a la posteridad gracias a la célebre última sesión de fotos que le hizo a Marilyn Monroe en agosto de 1962, seis semanas antes de que muriera el mito, en realidad este fotógrafo neoyorquino ya había conseguido su plaza para la Historia en 1960: ese fue el año en el que se estrenó “Jazz on a summer’s day”, el primer documental sobre un festival de música que se conoce. Así que, además de por capturar los mimos postreros de una actriz de leyenda a un paso de la desaparición, Bert Stern también es inmortal por haber inaugurado un género de películas. Él, junto a Aram Avakian, fue el comadrón que asistió el parto del cine sobre documentales de música, vamos.

Es posible que las condiciones para que se produzca semejante alumbramiento requieran de un creador que no esté versado precisamente en las artes del cine, del documental, del periodismo o de la música. La mirada externa, el intrusismo feliz y la insensatez de un novato a veces deparan joyas como ésta. Si se decide que un fotógrafo de moda como Bert Stern sea el que deje testimonio de la edición de 1968 del Newport Jazz Festival de Rhode Island, es de esperar que su mirada no vaya a ser convencional. Y, efectivamente no lo es en absoluto: casi como si fuera un feliz accidente no programado, Stern se fija más en el aspecto ultra-cool de los asistentes al evento, en los músicos participantes cuando no están en el escenario tocando, si no cuando están paseando por el recinto o asistiendo a otras actuaciones, en los yates que disputaban la Copa América en la misma localización en paralelo al festival o en los colores, luces e instantáneas de joie de vivre y/o dolce far niente de un día de verano en la región de Nueva Inglaterra de Estados Unidos.

Esta inclinación tan particular, tan de esteta, a menudo ha sido acusada de preciosista. Es posible. Pero quizá era necesario un gesto artístico de estas características para dar carta de naturaleza al género naciente. ¿Por qué? Pues porque trascendía. Porque desbordaba sus propios márgenes (¿o quizá los establecía?). Porque ofrecía algo distinto, mucho más ambicioso artísticamente, a las grabaciones de los noticiarios sobre eventos musicales, a los documentos audiovisuales de los estudiosos de antropología sonora o a las actuaciones musicales que en aquella época se registraban para televisión. Ofrecía, en definitiva, estilización y posibilidades.

La parte estética de este film es tan importante, pues, como la musical. Bert Stern, por si no ha quedado claro, buscaba la gran belleza que se deriva de la música. Así que casi se podría tener “Jazz on a sumer’s day” puesta en la televisión de casa en bucle, sin volumen, como si fuera un cuadro. Esta es la dimensión que hace a esta película tan atractiva y seductora, incluso, para un público al que no le guste el jazz, no le guste la música, no le gusten los documentales o no le guste el cine. Vamos, que es imposible que este documental no endulce el ojo de quien lo ve.

Pero, bueno, ¿y la música qué? Porque “Jazz on a summer’s day”, si se contempla con volumen, por supuesto, gana muchísimo. Las actuaciones del Chico Hamilton Quintet, de Louis Armstrong, de Gerry Mulligan o de Mahalia Jackson son de alto copete. También la de Thelonius Monk, pero buena parte de su comparecencia sirve de excusa para un montaje de imágenes de veleros. De nuevo, la belleza antes que la descripción puramente expositiva. No obstante, hay un momento en el que Bert Stern sí se da cuenta de que lo que está pasando en el escenario es irrefutablemente hermoso: Anita O’Day se planta delante de un micro añejo con vestido sin mangas negro y carmín rojo, pamela bicolor y guantes largos blancos. En ese instante, ella es lo único que importa. Casi no hay ni un solo plano de los músicos que lleva detrás. ¿Para qué? Su sola estampa ya es la viva imagen de la elegancia hecha música. Estos planos, además, fijaron el look de Anita O’Day para los restos. De hecho, el también magnífico documental “Anita O’Day: the life of a jazz Singer”, que hicieron Robbie Cavolina & Ian McCrudden en el 2007, los usa indiscriminadamente para embellecer sus acabados.

Es curioso como este documental sobre un festival de jazz ha acabado siendo el punto de fuga de todos los documentales sobre festivales de rock que vinieron después (y la presencia de Chuck Berry entre las actuaciones que acabaron dentro de la película no parece motivo suficiente). Pero es que aquí se encuentra todo el ADN de los documentales sobre festivales: la ausencia de narración verbalizada, el montaje en paralelo de los músicos sobre el escenario y el público, la crónica impresionista de ambiente, la música como hilo conductor, el intento de capturar un espíritu más allá de los hechos objetivos… Todos estos elementos aparecieron aquí por primera ocasión y se replicaron millones de veces después. Por utilizar una paráfrasis bíblica: en el principio, fue “Jazz on a summer’s day”. En otras, palabras, esta película es el génesis.

Joan Pons

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