Entradas

MAD COOL FESTIVAL 2017 LOGO 699

YA ESTÁN AQUÍ LOS HORARIOS DEL MAD COOL FESTIVAL 2017

Ya puedes consultar los horarios y disposición por escenarios de la segunda edición de Mad Cool Festival que se celebrará los días 6, 7 y 8 de julio de 2017, repitiendo emplazamiento en el recinto de La Caja Mágica en Madrid.

Foo Fighters, Green Day y Kings Of Leon encabezan un cartel de más de 60 artistas de primera línea internacional e internacional; entre los que se incluyen nombres como Wilco, M.I.A., Foals, Alt-J, Foster The People, Ryan Adams, Belle & Sebastian, Rancid, Manic Street Preachers, The Lumineers, George Ezra, Moderat, Kodaline, Roÿksopp, Dinosaur Jr, Catfish and The Bottlement, Savages, Quique González y Los Detectives, Slowdive, Kurt Vile & The ViolatorsSpoon, Warpaint, Trentemøller, Fuel Fandango, Cage The Elephant, UNKLE y un largo etcétera.

Con cinco escenarios al aire libre, el festival madrileño ofrecerá en exclusiva la oportunidad de ver en directo a grandes bandas que llevan años sin pisar nuestro país, habiendo conseguido un sold out de 45.000 entradas diarias para cada una de sus tres jornadas.

ASÍ TE CONTAMOS EL MAD COOL FESTIVAL 2017

MAD COOL FESTIVAL 2017 LOGO 699

RYAN ADAMS, WILCO, DINOSAUR JR Y SPOON, ENTRE LAS NUEVAS CONFIRMACIONES DEL MAD COOL FESTIVAL 2017

(noticia confirmada)

Pasada la medianoche y por sorpresa, nos hemos encontrado un artículo en la web de El País, en el que se desvelaban las confirmaciones que, en principio, iba a mostrarnos mañana el Mad Cool Festival. Todo parece ser que ha sido un lapsus, uno de esos artículos preparados y embargados que pasan de ser borrador a publicación con un simple click accidental. Pero bueno, aquí están los nombres hasta que mañana nos los confirmen de forma definitiva.

Entre los nombres que incluye este artículo, están los de un Ryan Adams esquivo en los últimos tiempos en nuestro país –no nos visita desde el Azkena Rock 2004-, y que presentará su nuevo disco “Prisoner”. También estarán artistas de la importancia de Wilco, Dinosaur Jr o Spoon, que nos visitan más asiduamente y que siempre son bien recibidos; Kurt Vile & The Violators, que facturaron uno de los mejores discos del año pasado; además de Foster the People, Kodaline y el incendiario dúo de rockeras Deap Vally.

El cartel del Mad Cool Festival 2017 también incrementa su nómina electrónica con la presencia de Kiasmos, Röyksopp, Boys Noize y Moderat; el reggae del surfista australiano Xavier Rudd y Belako, únicos representantes españoles de esta tanda de artistas.

ASÍ TE CONTAMOS EL MAD COOL FESTIVAL 2016

El cartel del Mad Cool 2017 ya contaba con la presencia de Foo Fighters, Green Day,  Kings of Leon, Alt-J, Belle & Sebastian, Wolf Alice y Machinedrum, Rancid, The Lumineers y Warpaint.

La segunda edición del festival se celebrará los días 6, 7 y 8 de julio de 2017 en La Caja Mágica (Madrid) y contará con más de 60 artistas de primera línea internacional e internacional.

 

dcode mark ronson 940

CRÓNICA DEL DCODE 2016

Texto: Elena Rosillo

Vuelve el DCode un año más, en una edición reducida a un solo día (con sus agotadoras 18 horas de música) y un horario de lo más ecléctico. No es cuestión de ponerse cuñados criticando la elección de ciertos grupos en ciertas franjas (León Benavente a las 2 de la tarde, Nothing But Thieves a las 12 del mediodía, Mark Ronson a las 3 de la mañana), ya que todo aficionado a los festivales conoce que estas posiciones no suelen ser tanto cosa del programador sino de la circunstancia- que si vuelos, etc.- Pero, si algo podemos decir del DCode Fest 2016, es que ha resultado agotador. Aguantar desde Petit Pop hasta Mark Ronson era toda una cuestión de ingeniería que (quizá) sólo llegó a cumplir el gremio de prensa (y organización) por obligación. Entre medias de ambos, una retahíla de pequeños nombres que definían un festival que ha resistido a la cancelación tras la desbandada de sus principales cabezas de cartel en el último momento. Las fuentes indican que este año la asistencia ha sido mínima (16.000 personas). Lo cual, en realidad, no deja de confirmar la triste realidad de que los festivales – concepto que nació originalmente como lugar de descubrimiento, de apertura mental, de compartir (ay, los hippies)-, ahora sobreviven sólo gracias a los dinosaurios que ya conoce todo el mundo. Y que el público, ya que estamos, no está interesado en descubrir nada más que aquello que sabe que va a funcionar. El consumidor de indie parece más dispuesto a ver una y otra vez la misma película a pagar por irse al Kinépolis a ver una de estreno y nuevecita. Porque, si bien es cierto lo que arengaba Víctor Lenore hace pocos días, que el Dcode Fest 2016 ha salido sin un concepto claro ni un gancho que haga que los guays se sientan cómodos y dispuestos a pagar un modesto cartel, sí que debemos saber valorar otros puntos a favor del Dcode más pequeño de su historia. Por ejemplo, que la media de edad de los grupos invitados rondara los 20 años. O que el cartel hiciera gala de una igualdad de género casi perfecta, algo que, desgraciadamente, no suele darse en los festivales indies.

Nothing But Thieves recogía el testigo de los consagrados Petit Pop (pop para niños – muchos, por cierto – de la mano de miembros de Nosoträsh, Pauline en la Playa, Penélope Trip…) con un rock moderno y guitarrero que pasaba de los solos stoner del bajista (Philip Blake) a riffs al más puro estilo Red Hot Chili Peppers, con un Conor Mason dejándose las cuerdas vocales en puro entusiasmo al desgranar su homónimo “Nothing But Thieves” (RCA, 2016), el primero de su carrera. Les seguían los vascos Belako, de la manera más bruta, lanzándose al público José Ximun desde el minuto cero, solventando unos problemas de sonido que se vendrían repitiendo de manera sistemática, tanto en el Escenario Complutense (el más pequeño), como en el Dcode 1 (uno de los dos escenarios principales). Profesionalidad a golpe de rock contestatario en “Hamen” (2016, Mushroom Pillow) y algunos temas nuevos, aún sin grabar, que regalaron a la modesta audiencia. Les seguían León Benavente, maduritos perdidos entre tanto millenial, y con Abraham con la pata Boba por una lesión (qué malo es esto de escribir de madrugada, disculpen ustedes mi humor). Aun así, sublimes en su propuesta, transformados de una vez por todas en una de las mejores bandas (así, sin prefijos) de este país, y no en el eterno concepto de superbanda. “2” (Warner / Marxophone, 2016) sonó con el cinismo y la ironía que requiere, acompañado de los temas principales en la carrera de los León Benavente. Mención especial requiere el divismo de Boba. Pero vamos a seguir con los jovencitos.

León Benavente

Cintia Lund abría el escenario Dcode 2 con una paupérrima audiencia y un sol abrasador. La canaria de ascendencia sueca, ganadora del Bdcoder, se convierte en otra nínfula del imaginario indie y estética Primavera Sound. Una Zara Larson en potencia. Pocos minutos después se reunía Noise Nebula en el Complutense. Los problemas de sonido no ayudan a la psicodelia, un género que pierde fuelle cuando los temas han de completarse por piezas, como los puzzles, al fallar primero la guitarra, luego la voz… eso sí, muy bien compensados por la energía y el arrojo de estos millenials de Carabanchel con gusto por lo noventero. Una de las mejores bandas del panorama nacional, a la que todavía hay que buscar por los pequeños espacios de los festivales y en las salas. “Northern Islands / Hideout” (MadMoon Music, 2016) sonó extraña, pero aun así hermosa, entre tanto desconcierto.

Cintia Lund

Le llegaba el turno a Bear’s Den (no son millenials, ni falta que les hace para atraerles), los ingleses seguidores de Altman, Carver y Hopper, con cuyas referencias han construido uno de los discos más atmosféricos y delicados del nuevo pop folk de este año: “Red Earth & Pouring Rain” (Communion Records, 2016), correcto en su puesta en escena, arropados por compatriotas británicos entre el público a pesar de la solana. Me esperaba algo más de sentimiento, pero quizá la flema inglesa no permite ciertos arranques a las 4 de la tarde.

Bambikina arrasaba el Complutense con su country folk millenial (millenial es el adjetivo de este artículo, y no tiene posibilidad de sinónimo). La que se hiciera conocida gracias a Ikea ha dado cuenta de su talento para crear composiciones tan delicadas como chocantes a base de folk y sonidos tex-mex. Mr. Ward le enmendó la plana desde el escenario Dcode 2, con una banda compuesta por veteranos (¿quizá para disimular su propia edad?) y la ilusión de seguir haciendo gala de ese adjetivo, “atípico”, que tanto le ha acompañado. “More Rain” (Merge Records, 2016) sonó descafeinado pero con actitud. A M. Rain tampoco le gusta el sol, y eso que viene de California (otro chiste).

M. Ward

Por fin el primero de los momentos de éxtasis de la jornada (iban haciendo falta para levantar el ánimo) llegó con Jimmy Eat World y su octavo LP, “Damage” (RCA, 2013). Pop noventero de tintes EMO y oscuridad calculada entre arranques de entusiasmo y, por fin, la fuerza y seguridad que faltaba en el resto de escenarios. Jesse Hughes y Dave Catching, de Eagles of Death Metal, les observaban desde la barrera. Como contraste a la dilatada carrera de los americanos, la noruega Dagny seguía la estela marcada por Cintia Lund, desgranando sus singles “Blackout” y “Ultraviolet”. Con más simpatía que languidez y las ganas de darlo todo, la noruega no paró de bailar. Algo que, de nuevo, contrastaba con el escenario vecino, en el que los británicos Oh World resumen un año entero de creación (una canción nueva al mes desde septiembre del 2014 a septiembre del 2015) en su homónimo “Oh Wonder” (Autoeditado, 2015). Josephine Vander y Anthony West se llevan bien compositivamente, como también dentro del escenario. Quizás, demasiado bien, como dice Ignatius Farray, “está feo que me lo pase yo mejor que ustedes”. Pues eso. A los ingleses les encanta su propia música, pero la capacidad para conseguir que el público también se entusiasme brilla por su ausencia. A pesar de sus coreografías.

Jimmy Eat World

Eagles of Death Metal volvían a levantarnos de la pereza en su primera cita en Madrid tras dos cancelaciones. Pese a que Jesse Hughes puede presumir de tanta labia como la de nuestro oriundo Fernando Pardo, sus circunloquios en esta ocasión perdían fuerza al ir intercalados con (otra vez) fallos de sonido que apalancan la acción y cortaban ese flow rockero que tanto beneficia a los californianos. Aun así, “Zipper Down” (Universal Music, 2015) se abrió paso entre el sudor, los punteos y solos que caracterizan al buen rock. “Gracias por colocaros con EODM”, nos decía Jesse. (No todos, no todos) antes de marcarse un sentido homenaje a David Bowie y enfangarse en un duelo de guitarras con Dave Catching.

Eagles of Death Metal

La sueca Zara Larson hacía su aparición tras los rockeros, devolviéndonos a la era millenial a golpe del contoneo de sus cuatro bailarinas. Dicen que el público alternativo no hace más que consumir propuestas que podrían pasar por mainstream si no fuera por el filtro de la estética y el tamiz post-moderno. En este caso, Zara Larson bien podría considerarse la Beyoncé del indie, como Kodaline (sus sucesores en el escenario Dcode 2) los Backstreet Boys. El público volvía a masificarse (dentro de lo que cabe) con Love of Lesbian, dejando de lado a Garden City Movement en el escenario Complutense. Una propuesta divertida, inorgánica pero basada en los conceptos del reggae, con lección vital incluida: “toda esta mierda que te está pasando, just let it go and Move On!”, y a tomar vientos los zapatos de la formación. La banda de Tel Aviv pasó desapercibida a pesar de hacer bailar a todo el público al ritmo de un cencerro (esto no es un chiste).

Zara Larsson

Por fin llegaba la hora de Bunbury, al que seguramente estarían viendo los 16.000 fieles al Dcode. Comenzando con “Iberia Sumergida” y terminando con “Lady Blue”, el maño no dejó sin recorrer ninguna de las “Mutaciones” que le han llevado, durante estos 30 años, a ser el único rockero de verdad de toda nuestra historia musical. Acompañado de una banda de verdaderos superdotados, y un repertorio de instrumentos y guitarras que haría llorar al mejor luthier, Enrique (como bien corearon su nombre todos los presentes) se mostraba más descafeinado que otras veces, pero igual de dispuesto a recuperar su puesto dentro de la música actual, saludando al público e incluso dejándose abrazar por la masa.

Bunbury

Parecía imposible rebatir el final del concierto del maño, tan metafórico como significativo (“dejo esta grabación a falta de algo mejor, la soledad es un lugar tan vacío siempre”), pero Triángulo de Amor Bizarro lo hacían desde la barrera, dando cuenta de su rock noise, tan espeso y asfixiante como luminoso en su envoltorio siniestro. Solo ellos son capaces de cantar “vamos a pudrirnos en el mismo ataúd” sin que suene oscuro, sino optimista. Decido no moverme ya del Complutense, el escenario que más alegrías me ha dado durante la extensa jornada, y escucho a Jungle de lejos. Siguen sin decirme nada. Delorean, en cambio, con su pop inorgánico, sintético y espacial, de imágenes abstractas y ritmos bailables, hacen aguantar la espera hasta Mark Ronson con clase. Y, hablando de clase, los 2 Many DJs, mientras tanto, haciendo salir a los electro-duendes de sus agujeros a golpe de Chimo Bayo, sin despeinarse ni arrugarse la corbata. Mark Ronson nos devolvía, como desenlace de la eterna jornada, al Nueva York de los años 90, cargado tan sólo de su portátil, una bomber roja y la selección de temas afro reggae – r&B que le convirtió en iluminado del género. Como diría Víctor Lenore, un hombre blanco cisgénero adueñándose del lenguaje popular de las minorías para ser engullidas por el sistema-. Pero de eso ya hablaremos en otro Dcode. Porque seguro que, a pesar de este batacazo, el Dcode aguanta. Actitud, ganas y profesionalidad le sobra. O ese, al menos, es mi deseo.

 

Mark Ronson

ENTREVISTA A CARLA MORRISON

DCODE 2016 PORTADA

LIGA DCODE: LOVE OF LESBIAN, EAGLES OF DEART METAL, KODALINE Y DELOREAN SALTAN AL TERRENO DE JUEGO

Un año más Dcode incluye el deporte en sus actividades con la organización de una liga de fútbol que tendrá lugar en las instalaciones deportivas de la UCM y en la que participarán integrantes de algunas de Love Of Lesbian, Kodaline, Delorean e Eagles Of Death Metal, entre otros. Por supuesto, el público también está invitado a calzarse las botas y saltar al campo con sus ídolos. Hasta las 12h del 8 de septiembre pueden inscribirse aquí.

CRÓNICA DEL DCODE 2015

Kaiser Chiefs

ASÍ TE CONTAMOS EL ARENAL SOUND 2016

Texto: Carla Sifer

JUEVES

Ya es agosto, hace un calor de cojones, aunque no iba a ser para menos. Venga, el coche ya está a punto para salir de Ciudad Palmera con destino Burriana. Este año seré la corresponsal más indie de todo byTHEFEST, lo comprobaréis en los siguientes párrafos. Cuatro jornadas de Arenal Sound me esperan, ¿sobreviviré a esta nueva aventura? Soy una valiente, sobrina de Thor, mitad mujer mitad cyborg, la pesadilla de Sarah Connor.

Después de dejar mis cosas en mi piso franco me dirijo al recinto del festival para recoger la acredita y beberme dos litros de agua para reponer líquido elemento. Ya estoy un poco mayor, y los años pasan factura, lo del camping quedó en el pasado para mi, tengo muy buenos recuerdos, pero aprecio mi vida.

Al concierto de La Raíz llegué casi acabado. La masa se movía de un costado a otro del escenario principal, para demostrar que las horas, si gusta, no importan. Reivindicación, protestas y patrias.

Arenal Sound / La Raiz

Mi inicio en este Arenal Sound quedó musicalmente bautizado por Fuel Fandango. Con nuevo trabajo en este 2016, la banda de Nita y Ale Acosta siempre nos asegura espectáculo, fusión y pasión. Parece que “Aurora, además de ser su tercer trabajoes la prueba de que Fuel Fandango son una marca auténtica y única.Los bailes de Nita hipnotizan a cualquiera que estuviera mirando al escenario. Era evidente que el público iba a enloquecer con “Salvaje” y “New Life”, canciones casi posesivas, rudas y fuertes, un gustazo. Una fusión de sonidos que hasta yo misma dancé. Después lo hablé con Ernesto de Pink; “Oye, que chulo ha estado el bolo“.Me encantan esos conciertos que me sacan de mi zona de confort,  ayer Fuel Fandango me dejaron felizmente fuera de juego. Por cierto, yo en otra vida me casaré con Nita, poco a poco comprobaréis mis tendencias musico-lesbicas.

Fuel Fandango / Abel Gimeno Fotografía

He de admitir que nunca he sido una gran fan de Love of Lesbian, pero también admito que en sus conciertos me meto en el papel de cualquier John Boyque se precie. El típico comentario cada vez que los lesbianos estrenan nuevo trabajo es que no se parece a lo anterior… ¿Quién ha estipulado que lo nuevo tenga que ser como lo pasado?¿QUIÉN? Si algo consiguen Santi Balmes y los suyos es hacer lo que les da la gana y ser amados. Imágenes e improntas en el escenario que aumentan esa emoción que muchas canciones de LOL generan. Más allá de contenerse con el nuevo disco, la banda regaló un set de lo más completo que sostuvo “1999”, “Algunas plantas” o “Incendios de nieve”.

Arenal Sound / Love of Lesbian

Crystal Fighters: ellos y algunos otros son fiesta real y palpable. Todos y cada uno de los conciertos que he vivido de la banda son como un viaje de fin de curso eterno; alegría y felicidad. Sabía con toda seguridad que su bolo en este Arenal no iba a ser para menos. Desde arriba del escenario se podía ver como el “mogollón” danzaba y saltaba como si fuera el fin del mundo“At Home”, “Plage” o la posesiva “I Love London”. Un público que parece haberse enamorado de la banda, que haga lo que haga es vitoreada. Eso sí, en esta ocasión, como en tantas otras, estuvieron a la altura.

Crystal Fighters / Nerea Coll Photography

A los catalanes Yall los sigo desde hace unos años. Cuando mi vida estaba en Barcelona y los conocí con sus 16 pantallas de televisiónapiladas como formato para sus visuales. Ahora todo eso ha cambiado, pero la esencia de Yall sigue siendo la misma. El petardazo de “Hundred Miles” es real, lo dicen las reproducciones en YouTube, las capturas de melodías en Shazam y las escuchas en Spotify. El trío consiguió mantener el ambiente con un “temazo” tras otro en el Escenario Negrita.

Mi romance con Vitalic empezó al mismo tiempo que con el Jägermeister. Cuando antes de salir de fiesta me ponía “My Friend Dario”para motivarme, aunque con veintipocos tampoco hace falta motivarse mucho.  De anoche poco se pudo sacar, y no es que yo sea propensa a quejarme, pero sorpresa hubo poca. Eché de menos el hard-techno del que presumió en un pasado. Una sesión bastante lineal que agradó o simplemente sostuvo a los que ya estaban allí porque tocaba.

Arenal Sound / Vitalic

Vicetone son el típico nombre que encuentras en el cartel del Arenal Sound, pero no en mucho más del panorama nacional (por no decir en ninguno). Uno de los nombres de la jornada para la chiquillería, pero también patrocinador de momentos de fiesta para el targetmás electrónico de público del AS. A mi personalmente me aportó poco, lo justo y meramente necesario.

Y después migré a casa, la playa esperará para mi hasta una o dos jornadas más, que creo que allí se me ha perdido poco. Descansen comadrejas, que este Arenal, da para mucho.

VIERNES

Viernes de despertarse bien, demasiado para lo que me merezco. Pero claro, cuando uno quiere todo, todo y todo, debe pagar el precio o descansar más. Cojo mi bólido blanco para dirigirme de nuevo al recinto del Arenal Sound. El calor es casi insoportable, pero yo soy una bebedora compulsiva de Red Bull, creo que como mínimo deberían patrocinarme.

Empezar una larga jornada de festival con Perro, es empezar la casa por el tejado. La verdad es que no me importaría iniciar o finalizar cualquier día de conciertos con ello, pero sí que es verdad, que después de sus bolos termino agotada y satisfecha, como después de un polvo magistral. Me comentaba un chaval que había a mi lado, que era muy temprano y hacía mucho calor, a mí me importaba bien poco, iba a acabar sudando igual.

La primera vez que escuché “Tiene melodía, tiene bacalao”, no terminé de encontrar mi conexión con la banda, lo admito. Atrás queda ese tiempo, ahora me los pongo en bucle en cualquier momento del día. Cada vez que suena “OLRAIT”, como en este Arenal Sound, hay algo que me llevara a empujar y bailar como si quisiera simular la centrifugadora de una lavadora industrial. “Rencor Sabadell”, “Ediciones Reptiliano”, cercanos como siempre, arrolladores, pues como siempre también. No sabemos si había algún tipo de problema de sonido, no porque lo notáramos, si no por algunos cortes entre canciones demasiado largos. Lo que me sabe mal, es que en festivales como el Arenal quizás no se aprecie la calidad de esta “pequeña banda murciana” (por favor, véase la ironía).Público valiente, “madrugador” y entregado. Cerrar con “Marlotina”, un acierto.

Perro

Yo soy catalana, muy mucho catalán y claro, Manel me flipa pepinillos. Parece que el Arenal Sound se hermana en ocasiones con las bandas de lengua catalana, y eso, es de admirar. La locura y pasión que para mí rodean a la banda, no se reflejó del todo en el público del festival, claro que puede que fuera demasiado pedirles. Abriendo con “Les cosines” cerrando con “Sabotaje”, sin olvidarse de “Teresa Rampell” por supuesto. Inquietos, eficaces y bonitos, Manel son muy bonitos. Menos mal que ya iba cayendo el sol y la temperatura se hacía al menos, llevable.

Destino Escenario Ron Negrita, era el turno de Luis Alberto y su banda. La magia de los océanos llegó de la mano de L.A. La banda mallorquina sigue sumando puntos en cada uno de los conciertos que apunto e mi lista. Aunque aferrándose a los temas de siempre, pueden permitirse regalarnos su último disco, que a mi parecer ha sido un punto en el que la banda ha conseguido superarse. “Stop the clocks”, “Hands” o “Living bu the ocean” formaron parte de su set.  Quizás un poco lineal, pero con una calidad musical delicada y sincera.

¿Cuál fue la primera vez que escuché a los Kaiser? Los británicos entraron en mi vida en una sala ilicitana que se llamaba KGB a la que todo buen indie de la comarca del Vinalopó debía pasarse de vez en cuando. Kaiser Chiefs son los reyes del espectáculo, saben lo que funciona y van a lo seguro, no podemos culparles por ello. A veces sabe mal que la gente “pase” un poco de ellos cuando no tocan “Everyday I Love You Less and Less” o “Ruby Ruby”, aunque claro, estos temas son los que les han subvencionado los discos. Para no romper las buenos costumbres, estuvimos ante un Rick Wilson showman, con la chaqueta “rosa de zara” y una banda que pareció crecerse a medida que el concierto avanzaba.

Kaiser Chiefs

De vuelta al Escenario Ron Negrita con Varry Brava siempre aseguran unos bailes, y tengo que deciros que muchos de los que dicen que no irían a su concierto, anoche acabaron moviéndose al ritmo de “Fiesta”, “Fantasmas” o “No gires”. Si lo negáis sois unos cobardes, lo canalla os gusta, admitirlo. Debajo del confetti, nadie podrá juzgaros.

Tenía planeado descansar, o hacer cualquier otra cosa durante el concierto de Fangoria. Peor uno nuevos amigos de este Arenal insistieron en acercar al foso, y más tarde mezclarnos con el resto de público.  Si por un lago el playblack era bastante obvio, y los bailes eran algo pobres y mecánicos, Fangoria se metió al público con bastante facilidad en un escenario con dos esferas y una pirámide invertida gigante. “A quién le importa”, “Ni tú, ni nadie” y versiones de “Bailando” de Astrud (que a su vez, ya es una versión) “Yo quiero bailar” de Sonia y Selena (si, lo prometo).

Crystal Castles llenaron de luces y sonido un Escenario Hawkers que se les quedó grande, cierto. Escogiendo los temas de siempre, casando torpemente con creaciones al menos. Tras un parón de unos diez minutos, finalmente pudieron terminar, sin pena ni gloria, en mi opinión. Con “Crimewave” “Not in love”, consiguieron llevarme de nuevo a 2009, cuando eran los reyes de una electrónica sucia en el mejor sentido de la palabra.

Después de un Low en que Miami Horror nos supieron a poco, este Arenal Sound siguió en la línea de lo básico. No hubo grandes sorpresas y no quise quedarme mucho más tiempo a comprobar que los tenía algo sobrevalorados. No soy muy de los artistas como Borgore. Me parece que lejos de sus temas “hits” todos pinchan lo mismo. Y oye, que pasármelo, me lo paso teta, pero no me parece que estos tipos de shows aporten mucho, pero oye, que el público del Arenal Sound estaba literalmente loco con él.

Miami Horror / Foto: Foto Nerea Coll photography

No pensaba ir a playa, pero acabé allí, En el Escenario Beach Club. Viendo el final del set de Eme Dj, cómoda, disfrutando, más electrónica que indie, pero en este caso, bastante acertada.

Lo de después no sé si tacharlo o calcarlo de espectáculo. Chimo Bayo era el siguiente en pasar por el Beach Club del Arenal Sound y bueno, ¿lo habéis visto alguna vez en directo? Metido en un traje que en su momento pudo parecer del futuro, se entregó de lleno durante el tiempo que duró su sesión. Carteles con “I LOVE CHIMO” o “RUTA DEL BACALAO” podían verse entre el público. No quiero ser seca, pero parece que el público realmente va a ver “que hace este hombre”. Antes de terminar, comentó que iba a enseñar algo nuevo, para octubre o noviembre… drum and bass con esos “UH AH” por los que Bayo es tan conocido. Un show poco serio que entretuvo a los que allí estábamos, pero bueno, nadie ha dicho que la música tenga que ser sería, que hemos venido a un festival, no a misa.

Y con esto me fui a descansar,  botella de litro y medio bien fría en mano, y una auténtica  odisea para buscar un taxi que me llevase a caer en cualquier cama.

SÁBADO

Tengo que contaron algo antes de seguir. Las auténticas olimpiadas están en Burriana. Que no os engañen, que os digan la verdad. Llevamos una encima que no podrán con nosotros, eso si, puede que después de este Arenal necesitemos algún tipo de trasplante o rehab específico.

Si os gustan las carreras, podréis protagonizar la marcha hacia la Beach Club, y si sois más de distancias cortas, marcaos los 100m lisos entre Escenario Negrita y Escenario Hawkers. Todo sea por mantener la estupenda línea que nos avala a los indies.  El sábado empezó al sol para nosotros con los últimos acordes de Belize; musicalidad y ligereza con lo poco que pudimos probar.

Miss Caffeina se preparaban en el Escenario principal para lucirse mientras el sol se escondía. Tonino y su bajo “casi de estreno”, junto a los demás caffeinos (como diría mi sabia madre) se disponían a calentar una gran jornada festivalera. Con los temas de su nuevo trabajo “Detroit” y con algunas de las piezas más conocidas, la banda se metió sin mucha dificultada al público en el bolsillo. Sonaba “She´s a maniac”mientras muchos imitaban el famoso paso de baile. Nos contaban que en este último disco habían tenido que experimentar con el reggeaton por exigencias contemporáneas, por suerte es verdad, pero solo un poquito. Pero si es verdad que en este último trabajo la banda ha jugado más con los teclados y sintes (a manos de Toni). Referencias a obispos anticuados, libertades y unos Miss Caffeina que sin duda se encontraban a gusto con el público del Arenal Sound; “Capitán” y “Modo avión” entre otras, y la festiva “Mira como vuelo” para cerrar. La prueba de que la banda tiene cada vez un lugar más afianzado en el indie patrio.

Miss Caffeina / Foto: Jota Martínez Fotografía

Traslado casi instantánea al Escenario Negritapara llegar  a Second desde el segundo cero. Si eres indie tienes que ir a ver a Second, y si no, acabarás cayendo si estas cerca de su ratio de sonido, aviso. Utilizando un repertorio que la banda murciana domina a la perfección. Siendo capaz de aunar temas de su último disco y de los anteriores, sin que decaiga la motivación entre todos los asistentes. “Serpientes”, “Primera vez” o la nostálgica “Nada”.

Second / Foto: Jota Martínez Fotografía

Si, antes de ir al arenal hice un repaso de la discografía de I´m from Barcelona porque conocía poco más allá de “Violins”, canción que gracias a elyella djs he disfrutado unas cuantas veces. Trece personitas subidas encima de un escenario, un grupo de amigos, así es, os lo justo. Casi todos con la misma chaqueta vaquera, curiosamente parecidos entre ellos. Incluyendo en sus temas una trompeta, que a mi normalmente me sabe a solamente a Beirut. Buenrollismo a pesar de la linealidad, bastantes más joviales que Kodaline, que a pesar de su calidad musical, no consiguieron despegar de su escenario. Creemos que la opinión fue bastante generalizada, por aquello que iban contándonos los colegas. A mí es que el piano y la voz “Bon Jovi” a esas horas de la noche, solo me inspira al sueño.

Kodaline / Foto: Nerea Coll

Lo de Two Door Cinema Club es de primer disco, le pese a quien le pese, es así. Y aunque en sus conciertos consigan teletransportarnos a 2007, la realidad es que ellos no están teletransportándose, siguen allí, cuando la NME les elevaba a lo más alto. Aunque piense todo esto, y parece que acabe de sentenciar a la banda, ahora es cuando digo que sin duda es el concierto de la jornada, uno de los mejores del festival por ahora. Alternancia entre temas punteros y nuevas melodías, que se entrelazaban con luces blancas y potentes. Ocho (o siete, no tengo la exactitud) pantallas verticales que mostraban diseños y marcaban con más facilidad la dirección del concierto. Eso sí, el sonido para nuestro gusto algo bajito, con tanto ímpetu nos faltaron algunos decibelios.

Two Door Cinema Club / Foto: Nerea Coll

Sobre el Secret Show solo tengo palabras buenas. Aunque el secreto de sumario se desveló poco antes de la sesión. Ya algunos quisimos acertar que los encargados de cerrar el Escenario Negrita anoche erán elyella djs. Iniciando su set con la centríguda de Eric Pridz. Haciendo guiños a algunas de las bandas que pasaban por el festival, y subiendo al escenario a los componentes de “I´m from Barcelona”, para transformar junto al conffetti, su sesión en la fiesta que cualquier sábado necesito

DOMINGO

Finalmente tuve que seguir a mi instinto… Ese mismo que me despertó de la cama para llevarme a ver a Pendulum en la #ClandestineSound de Red Bull en este Arenal Sound. Aunque la meteorología siguiera con su línea de quemar aquello que se pusiera ante ella, una pequeña brisa acompañó el hipotético descanso dominical. De todos modos, durante la Clandestine, varios puntos eran los encargados de mojar con agua en todo momento al público.

Un Pendulum que no bajó la guardia ni un solo instante. Casi dos horas de una lección de cómo hacer las cosas bien. Hubiera flipado mucho más en colores si el momento de ayer hubiera sucedido hace 10 años, pero de cualquiera de las maneras, aluciné. Iniciando su set con “Tarantula”, y pasando por algunas de las melodías más famosas de Pendulum, también se permitió introducir a Prodigy entre otros. Sin parar, un no parar, NON STOP, parecía insaciable.

Después de hacer una parada para reponer fuerzas, era el turno de volver al recinto situado en el camping MalvarrosaParece que Full siguen haciéndose nombre poco a poco. No pretendo ni quiero comparar, no voy a hacerlo. Solo diré que estas carreras que se afianzan granito a granito, pero con pasos firmes, nos recuerdan a otros triunfos. Esta es si cabe una buena comparación, una de camino estable tras el duro esfuerzo. Aunque fuera poquito, me faltó algo de gas, quizás sea cosa del domingo. En el público cantaron “Alabama”, “Distintos” o “Aullando” como si ya fueran sus propios himmos.

Full / Abel Gimeno Fotografía

Izal se han recorrido un par de veces la península en los últimos años. Bueno, eso,  y México, donde piden su vuelta y apenas hace unas semanas que se han marchado. La mujer de verde debe de estar bastante orgullosa de estos cinco que hacen una fiesta de las gordas cada uno de sus conciertos; el Escenario Hawkersles esperaba repleto. Algunos no se explican muy bien el quidde su esencia, pero otros la verdad es que sabemos disfrutar de lo que otros tachan. Es tan fácil como abogar que en la variedad está el gusto, pero es que parece que haya una lista de bandas a las que criticar, a Izal los quieres o los odias. Abriendo con “Copacabana” (Barry Manilow, ¿dónde estás?) y con un medley que condensa “Oro y Humo”, “28 horas” o “Palos de ciego”, utilizaron su arsenal de canciones. Esas que en tan solo tres discos han conseguido un séquito de fieles que pueden ver a la banda una, y otra, y otra vez. Terminando con “El baile” me esperaba los fuegos artificiales con los que nos sorprendieron en Les Arts, pero parece que la pirotecnia estaba guardada para otro.

Izal / Jota Martínez Fotografía

La melena de Carlos Sadness lleva paseándose por las noches del Arenal Sound cuatro años ya. En realidad podríamos decir días y/o noches, porque al cantante e ilustrador lo suelen programar para esas horas en que tocar supone sudar la gota gorda. Con unos looks de banda que me recordaron a la línea Crystal Fighters, regalaron para todo aquel que abarrotaba el Escenario Negrita, un concierto alegre y mucho más dulce de que lo que Sadness suele ser. Parece que esta “Idea Salvaje” tiene cada vez más seguidores, esos mismos que se daban algún que otro empujón por una primera fila.

Bueno, y ahora viene cuando yo me quito el sombrero, me lo pongo, me lo quito y vuelvo a proceder tantas veces como hagan falta. The Hives fueron sin duda el gran espectáculo de ayer, INCREÍBLES. Enfundados en sus trajes mitad blancos, mitad negros, protagonizaron un concierto que mostraba las grandes pautas para el éxito (al menos a principios de los 2000). Actitud, fuerza musical, y un ninja que hacía las veces de backliner, mientras todo el público levantaba polvaredas de humo al ritmo los Hives.

The Hives / Foto: Arenal Sound

La Gran Pegatina por fin han visto su deseo de tocar en el escenario “grande” del Arenal Sound cumplido. Un concierto que no ha faltado en ninguna edición del festival (que yo recuerde), y que se merecía el bombo del escenario principal. Yo que no soy gran fan de ellos, me limité a escuchar y ver el espectáculo desde la barrera del VIP, observando como un Arenal hasta la bandera, bailaba durante dos horas sin parar ni un instante con la gran orquesta levantina.

La Gran Pegatina / Abel Gimeno Fotografía

Entonces se desató para mí el drama, Steve Aoki, tú fuiste el culpable… ¿Dónde estaba yo anoche cuando todo el mundo parecía disfrutar de la fiesta del año? ¿Seré la única que estaba continuamente preguntándose qué coño estaba haciendo el dj? Estaba allí, pero supongo que no conseguí interiorizar lo que el showman tenía preparado. Desde un primer momento necesité más volumen, mucho más volumen, cosa que nunca sucedió. Un set lleno de “temazos” de los que a mi parecer Aoki abusó, eché de menos esa marca que le acompañaba hace ahora unos 7 años, cuando todavía no abusaba de las tartas y el champange. A pesar de incluir a Nirvana, Calvin Harris o incluso ese mítico “Freed from Desire” de Gala, no terminé de hermanarme ayer con el gran nombre de la jornada. Si pinchas lo que pueden pinchar todos, para mi dejaste de ser especial hace un tiempo, querido Steve Aoki.

Steve Aoki / Abel Gimeno Fotografía

Y así de cierran para mi cuatro jornadas de Arenal Sound completo y diferente. En el que creo que el tema de las ubicaciones ha sido un flaco favor, ¿quizás un acierto fortuito? Parece que con esta decisión final, el público del Beach Clubal que mucha de la programación musical del festival se la pelaba, ha podido disfrutar de un espacio más propio, sin mezclar las prioridades por las que vienes a un festival. Y bueno, al final, estoy viva, ahora queda preguntar, ¿qué pasará el año que viene?

Portada: Kaiser Chiefs / Portada: Nerea Coll

 

 

 

portada arenal sabado nerea coll

ARENAL SOUND 2016: CRÓNICA SÁBADO

Texto: Carla Sifer

Tengo que contaron algo antes de seguir. Las auténticas olimpiadas están en Burriana. Que no os engañen, que os digan la verdad. Llevamos una encima que no podrán con nosotros, eso si, puede que después de este Arenal necesitemos algún tipo de trasplante o rehab específico.

Si os gustan las carreras, podréis protagonizar la marcha hacia la Beach Club, y si sois más de distancias cortas, marcaos los 100m lisos entre Escenario Negrita y Escenario Hawkers. Todo sea por mantener la estupenda línea que nos avala a los indies.  El sábado empezó al sol para nosotros con los últimos acordes de Belize; musicalidad y ligereza con lo poco que pudimos probar.

Miss Caffeina se preparaban en el Escenario principal para lucirse mientras el sol se escondía. Tonino y su bajo “casi de estreno”, junto a los demás caffeinos (como diría mi sabia madre) se disponían a calentar una gran jornada festivalera. Con los temas de su nuevo trabajo “Detroit” y con algunas de las piezas más conocidas, la banda se metió sin mucha dificultada al público en el bolsillo. Sonaba “She´s a maniac”mientras muchos imitaban el famoso paso de baile. Nos contaban que en este último disco habían tenido que experimentar con el reggeaton por exigencias contemporáneas, por suerte es verdad, pero solo un poquito. Pero si es verdad que en este último trabajo la banda ha jugado más con los teclados y sintes (a manos de Toni). Referencias a obispos anticuados, libertades y unos Miss Caffeina que sin duda se encontraban a gusto con el público del Arenal Sound; “Capitán” y “Modo avión” entre otras, y la festiva “Mira como vuelo” para cerrar. La prueba de que la banda tiene cada vez un lugar más afianzado en el indie patrio.

Miss Caffeina / Foto: Jota Martínez Fotografía

Traslado casi instantánea al Escenario Negritapara llegar  a Second desde el segundo cero. Si eres indie tienes que ir a ver a Second, y si no, acabarás cayendo si estas cerca de su ratio de sonido, aviso. Utilizando un repertorio que la banda murciana domina a la perfección. Siendo capaz de aunar temas de su último disco y de los anteriores, sin que decaiga la motivación entre todos los asistentes. “Serpientes”, “Primera vez” o la nostálgica “Nada”.

Second / Foto: Jota Martínez Fotografía

Si, antes de ir al arenal hice un repaso de la discografía de I´m from Barcelona porque conocía poco más allá de “Violins”, canción que gracias a elyella djs he disfrutado unas cuantas veces. Trece personitas subidas encima de un escenario, un grupo de amigos, así es, os lo justo. Casi todos con la misma chaqueta vaquera, curiosamente parecidos entre ellos. Incluyendo en sus temas una trompeta, que a mi normalmente me sabe a solamente a Beirut. Buenrollismo a pesar de la linealidad, bastantes más joviales que Kodaline, que a pesar de su calidad musical, no consiguieron despegar de su escenario. Creemos que la opinión fue bastante generalizada, por aquello que iban contándonos los colegas. A mí es que el piano y la voz “Bon Jovi” a esas horas de la noche, solo me inspira al sueño.

Kodaline / Foto: Nerea Coll

Lo de Two Door Cinema Club es de primer disco, le pese a quien le pese, es así. Y aunque en sus conciertos consigan teletransportarnos a 2007, la realidad es que ellos no están teletransportándose, siguen allí, cuando la NME les elevaba a lo más alto. Aunque piense todo esto, y parece que acabe de sentenciar a la banda, ahora es cuando digo que sin duda es el concierto de la jornada, uno de los mejores del festival por ahora. Alternancia entre temas punteros y nuevas melodías, que se entrelazaban con luces blancas y potentes. Ocho (o siete, no tengo la exactitud) pantallas verticales que mostraban diseños y marcaban con más facilidad la dirección del concierto. Eso sí, el sonido para nuestro gusto algo bajito, con tanto ímpetu nos faltaron algunos decibelios.

Two Door Cinema Club / Foto: Nerea Coll

Sobre el Secret Show solo tengo palabras buenas. Aunque el secreto de sumario se desveló poco antes de la sesión. Ya algunos quisimos acertar que los encargados de cerrar el Escenario Negrita anoche erán elyella djs. Iniciando su set con la centríguda de Eric Pridz. Haciendo guiños a algunas de las bandas que pasaban por el festival, y subiendo al escenario a los componentes de “I´m from Barcelona”, para transformar junto al conffetti, su sesión en la fiesta que cualquier sábado necesito

Portada: foto Nerea Coll

 

kodaline arenal sound 2016 portada 940

VITALIC Y KODALINE ENTRE LAS NUEVAS CONFIRMACIONES DEL ARENAL SOUND 2016

Tras estrenar el cartel la semana pasada con Two Door Cinema Club, hoy tocaba la primera tanda de confirmaciones del Arenal Sound 2016. Kodaline (en la foto), Vitalic (live)Love of Lesbian, Paradise of Lights, L.A., Fuel Fandango, Rayden + Mediyama+ Dj Mesh.

AFTERMOVIE ARENAL SOUND 2015

Toda la información del Arenal Sound en: http://bythefest.com/festivales/arenal-sound/

ASÍ TE CONTAMOS EL ARENAL SOUND 2015

Mumford & Sons MusicSnapper

ASÍ TE CONTAMOS EL BILBAO BBK LIVE 2015

JUEVES

El Bilbao BBK Live festival nació en 2006 en Kobetamendi, aun sin el patrocinio de la que hoy es Kutxabank (conformada, entre otras entidades, por el Bilbao Bizkaia Kutxa, BBK). Lo hizo con Ben Harper, que vuelve al festival para actuar hoy viernes, y Gun´s N´Roses -más concretamente, Axl Rose-. En apenas un año, amparado ya por principal caja de ahorros vasca, el evento creció hasta poner su marca en los 40.000 asistentes que reunió Metallica- fue la única edición con cuatro fechas en dos fines de semana, con Iron MaidenRed Hot Chili Peppers y Fito-.

En su tercera edición, bandas tan emblemáticas como The Police y R.E.M. actuaron en el festival, y durante 2008-2009, Kobetamendi acogió además, en apenas un par de semanas, Kobetasonik, festival de sonidos metaleros -con Judast PriestKissMarilyn Manson y Motley Crüe, entre otras bestias pardas-.

Añadiendo escenarios y modificando el recinto festivo año a año -expandiéndose hasta el bosque adyacente, donde los dj´s pincharán hasta el amanecer-, el festival bilbaíno supo después atraer al público extranjero, en su mayoría británico, incluyendo en la oferta de viaje un pase en rojo y blanco por Pamplona; escenario del “Running of the Bulls”.

En el pasado 2014, gracias sobre todo al tirón de The Black Keys, el festival bilbaíno alcanzó su cénit; “sold out” en la antesala de su décima edición. Una edición, esta, que no necesita ya luminarias tan rutilantes para que miles de urbanitas se echen al monte. El Bilbao BBK Live es ya un evento de relevancia al que, independientemente de quién actúe, hay que acudir. La música no es más que la excusa.

Así pareció serlo hasta que una vez anochecido aparecieron en escena Mumford & Sons, los únicos que fueron capaces de aglutinar a la audiencia delante del escenario principal, el Bilbao Stage. Pero dejemos su actuación para el final y rebobinemos.

El festival lo abrieron los locales Larregi, única banda de esta edición que canta en euskera -”demasiado”, significa su nombre-, y que se ganó el derecho a darse a conocer en el Bilbao BBK Live venciendo en la Banden Lehia -competición de bandas-.

Larregi. Foto: Tom Hagen

En una fabulosa jornada veraniega, los autobuses transportaban a miles de festivaleros desde el Botxo hasta la cima de Kobetamendi mientras actuaba Of Montreal -son de Athens (Georgia), ¡la misma ciudad que la que son R.E.M.!-, banda saltarina en la que destacó el atuendo de Kevin Barnes -maquillado y enjoyado-, quien acabó cantando al amor en shorts, con el torso desnudo. Presentaban su reciente “Aureate Gloom”, y lamentamos que no suscitaran demasiada atención.

La jornada comenzó a tomar color con Black Rebel Motorcicle Club. Comenzaron intensos con “Beat the Devil´s Tatto”; una actuación semiacústica que se fue diluyendo con medios tempos como “Returning”. La palidez del trío, que dejó un buen sabor de boca cerrando con “Spread Your Love”, hacía suponer que no están acostumbrados a horarios tan diurnos.

Black Rebel Motorcycle Club. Foto: MusicSnapper

Para cuando Future Islands se adueñó del escenario principal, el festival no había dejado de moverse de un lado a otro, casi más pendiente del merchandising (de regalo) o de entretenimientos varios -djs en carpas de megafonía, karaoke en stands de snacks…-. Synthpop, dicen que factura el trío de Ohio -cuarteto en directo-, que casi calcó la actuación que ofreció en Glastonbury a finales de junio -cerraron con “Seasons (Waiting on You)”, “Tin Man” y “Spirit”-; aunque lo verdaderamente determinante, en Future Islands, es el carisma de su frontman Samuel T. Herring. Ahora canta fino y después grueso -gutural-, ahora se machaca el pecho siguiendo el ritmo y después escribe en el aire cual poeta romántico. “¡Bailemos, bailemos!”, gritaba en castellano; el pobre acabó desfondado y deshidratado.

Future Islands. Foto: Rhythm And Photos

El ocaso acompañó a Counting Crows y comenzó a refrescar en Kobetamendi. Si hasta entonces se repitió el mismo patrón con todas las bandas, la de guardarse los singles para la traca final, la liderada por Adam Duritz y su peculiar peinado -¡ayer con camiseta de New York Dolls!-, próxima a cumplir 25 años, rompió la baraja con su  tercer tema, el hit “Mr. Jones” -seguido de “John Applesed´s Lament”, “Colorblind”…-. Se presentaron en septeto con David Bryson fino a la guitarra, buscando nuevos matices sonoros a ratos con acordeón y banjo. “Fly Away!”, cantaron, como colofón, en “Holiday in Spain” -tras su retirada sonó la omnipresente “California Dreamin´” de The Papas & The Mamas-.

Counting Crows. Foto: Rhythm And Photos

Aunque dedicado a sonidos actuales, los cabezas de cartel del Bilbao BBK Live rara vez llevan menos de una década de trayectoria, como en el caso de Mumford & Sons, capaces de atraer a más adolescentes, e incluso niños, que nunca a Kobetamendi -Muse ha cumplido 20 y The Jesus & Mary Chain se formó en 1984-. Formada a finales de la primera década del siglo XXI, en 2007, la banda londinense presentó su trabajo menos folkie y más eléctrico, “Wilder Mind”  -abrieron con “Snake Eyes”-, pero es con su vertiente más acústica con la que logró encandilar a la asistencia, como pronto se comprobó con “I Will Wait”, seguida de “Below my Feet” y, más adelante, de “Lovers of the Light”; de su eclosión mundial,  (Babel, 2012).

Aunque el cuarteto no nos parezca especialmente transcendente, hemos de reconocer que sus melodías son hermosas y que, experimentada ya en este tipo de formatos, domina la escena con comodidad, controlando los tempos del concierto a su antojo, con nervio. Marcus Mumford se mostró cercano y comunicativo; además de tocar la guitarra -sobre todo acústica- y esporádicamente la batería, bajó a cantar entre el público. En definitiva, funcionaron bien con “Believe” y “Tompkins Square Park”, pero vibrar, lograron hacer vibrar la pradera de Kobetamendi con “Little Lion Man”, de su álbum debut “Sigh No More”.

Mumford & Sons. Foto: MusicSnapper

Tras la banda principal de la jornada, Capital Cities ocupó el segundo escenario. El dúo de L.A., -californianos como Counting Crows y BRMC, estos últimos de Frisco- apeló al baile proponiendo coreografías, mientras pulseritas de colores iluminaban las muñecas de los asistentes. Como cuarteto en directo, con una formación atípica y una trompeta disparada, tocaron “Nothig Compares to You” de Sidnead O´Connor y con “Holiday”, de Madonna, interpelaron al público en castellano reclamando que se desnudase, al tiempo que agitaban al aire sus camisetas: “¡Quítense la ropa!”.

A pesar del entusiasmo de Capital Cities, hacía frío ya en la noche del Bilbao BBK Live. De las principales, la actuación de Disclosure era la última del día. Los británicos hermanos Lawrence tocaron, sobre bases programadas, percusiones y teclados de lado, uno de espaldas al otro. Su propuesta electrónica no es eminentemente visual; incita más al movimiento. El lanzamiento de su nuevo trabajo, “Caracal”, está previsto para finales de septiembre y, ante el inminente evento, interpretaron algún tema nuevo… hasta que ¡el volumen se apagó! mientras ellos siguieron tocando -sí, sí, como sucedió hace algún año con Garbage-.

Disclosure. Foto: MusicSnapper

Ajenos a los problemas de sonido de DisclosureNueva Vulcano cantaba “Hemos hecho cosas”. Sí, tocar encima de un bus a la entrada de un macrofestival, entre otras. Con “Novelería” reciente, convencieron al público, más numeroso a medida que avanzaba la actuación.

Del resto de escenarios -nos perdimos a Exxasens y a Bleachers, calificados por BTF como imperdibles-, únicamente nos adentramos en la carpa para saludar a unos viejos amigos, Triggerfingers, veterano trío belga que conocimos en el Azkena Rock de Vitoria-Gasteiz. ¿El directo más contundente del día.

Para cuando Nueva Vulcano finalizó Disclosure estaba de vuelta en el escenario, esta vez con los Lawrence, Howard y Guy, a la batería y al bajo. Así los dejamos cuando abandonamos Kobetamendi. En dirección contraria, la fiesta se adentraba ya en el bosque.

A última hora la organización informaba de que, además de los bonos y las entradas del sábado, durante el día de ayer se agotaron también las entradas del jueves, por lo que apenas quedan unas entradas para hoy viernes en taquilla. El festival comenzó así con una asistencia de 40.000 espectadores.

VIERNES

La música es mera excusa, decíamos ayer. Lo ratificamos hoy, pues solo así se podría entender que las colas para conseguir (gratis, eso sí) sombreritos naranjas -obsequio de una empresa de telefonía movil-, prismáticos de papel -cortesía de la radio Gaztea- o piruletas del patrocinador principal del festival, sean mayores que los grupos de gente que se atrinchera en la valla para estar en primera fila; o que se arremoline más gente en el puesto que tunea bambas y en el karaoke que bajo la carpa de actuaciones.

Por lo demás, la segunda jornada del Bilbao BBK Live, la del viernes, comenzó tan perezosa o más que la inaugural, pues la inusual meteorología invitada a pasear y disfrutar del Botxo. Sol radiante en Bilbao, con una agradable brisa que, seguro, tornaría en noche destemplada.

Las actuaciones arrancaron con Nazca, bilbaínos vencedores del concurso de maquetas Gaztea y los escoceses We Were the Promised Jetpacks; con la mayoría del público dispersado aún por la ciudad. Y es que Kobetamendi no desperezó hasta la irrupción de Azealia Banks, quién espabiló al público más joven con su dinámico hip hop tribal. La neoyorquina se presentó megáfono en mano, hizo un guiño al público cantando en español un ritmo latino -“¡mira como baila la niña morena!”- y no necesitó más que una pareja de bailarines y las bases de dj Cosmos como apoyo, cambio de vestuario incluido, para encender la mecha con un ritmo frenético de aerobitón. Tiene mucha clase; flow, que le dicen.

Azaelia Banks. Foto: MusicSnapper

Obviamos la programación de la carpa y el bus de la entrada para centrarnos en las actuaciones principales. El tránsito del día a la noche la realiza James Bay, cantante británico de buena voz que presenta “Chaos and the Calm”. Tras algún que otro blues elegante, cierra una actuación deslavazada y llena de interrupciones con la delicada “Hold Back the River”.

James Bay_ Foto: Tom Hagen

Entre Banks y Bay se foguean, cómo los guipuzcoanos Grises, en el bus de la entrada. Contentos de tocar cerca de casa, aglutinan un buen número de seguidores a los que encandilan con un directo muy animado de sonoridad diáfana y con temas de su último trabajo, “Animal”; y, sobre todo, con la optimista “Parfait” del anterior, en el que exclaman: “Sentir que todo es perfecto…”.

Grises Foto: RhythmAndPhotos

La jornada del viernes resultó estilísticamente más variada que la anterior y resultó artísticamente superior. Fue, en cierta forma, una jornada de retornos, pues Alt-J actuó en Kobetamend hace tan solo dos años -han crecido mucho desde entonces- y Ben Harper, junto a sus Innocent Criminals, en la primera edición del festival, en 2006. También los locales Zea Mays habían actuado con anterioridad en el Bilbao BBK Live, en 2012, al igual que Mumford & Sons. En cuanto al público, el recinto se presentaba un tanto más aglomerado -sold out también ayer-, con menos adolescentes y más veteranos, menos colorido y más camisetas negras. Seguía habiendo, eso sí, mucha gente disfrazada.

The Jesus and Mary Chain, a pesar de actuar temprano, eran a priori la  mayor luminaria de la jornada, papel a la postre ejercido por Alt-J y Ben Harper. Y es que los escoceses visitaban Bilbao para revisar “Psychocandy”, obra capital que, al cumplir 30  años, fue publicada antes de que un buen número de asistentes y participantes del festival naciera.

Comandado por Jim Reid, con sonido sucio y oscuro pero no muy fuerte, el quinteto nos gustó en la distancia corta. En la penumbra del contraluz, y totalmente estáticos, construyeron una capa de distorsión -a base de fuzz, marca de William Reid- en la que transitaron apenas una hora y diez minutos -sin bises-; tocando de principio a fín los quince temas de su disco de debut; el más recordado: “Just Like Honey” al “It´s so Hard”. Completaron una actuación in crescendo con cuatro temas más; la última, “Revenge”. Phil King (guitarra), Mark Crozer (bajo) y Brian Young (batería) conformaron el quinteto junto a los hermanos Reid.

The Jesus & Mary Chain Foto: MusicSnapper

Si mientras sonaba The Jesus and Mary Chain la chavalería aprovechó para cenar o tumbarse a la bartola, lo que nos permitió disfrutar de su actuación con espacio y a muy buena distancia, Alt-J logró saturar el Stage 2 apenas dos años después de actuar casi a primera hora en Kobetamendi; en un directo casi tan delicado y más sorprendente que el de ayer. Paradógicamente, el aglutinar a tantos espectadores no los hizo acreedores de suscitar su atención, pues apenas pasada la mesa de sonido el “publico” vociferaba ajeno al quehacer del cuarteto de Leeds. Su propuesta hipnótica, con frágiles melodías de voces agudas, estaría quizá mejor resguardado en un auditorio o teatro.

Alt-J conectó mejor con temas de “An Awesome Wave”, como “Something Good”, que con los de su más reciente “This is All Yours”. Parapetados en un precioso juego de luces, también a contraluz como The Jesus and Mary Chain; si los escoceses utilizaron colores cálidos los ingleses apostaron por los fríos -predominantemente azules-; si aquellos sonaron áridos, estos cristalinos; si los veteranos eran tierra los jóvenes fueron agua.

Alt-J. Foto: Rhythm And Photos

Sólido y líquido, The Jesus and Mary Chain vs. Alt-J. “I wanna die just like Jesuschris” cantaron los primeros como colofón; “… but please don´t go, I love you so…” los segundos, ahora sí, al unísono con la audiencia. ¡Ay el amor, siempre presente!

“Breezeblocks” coincide en tiempo con “Kukutza III”, canción emblemática que Zea Mays dedicó al mítico “Gaztetxe” (casa ocupada) del barrio de Rekalde, en Bilbao -demolido por la fuerza, tras mucha resistencia, en 2011-. En Kobetamendi, su recuerdo sonó contundente en la carpa, pues Zea Mays es un grupo de altura. Comandado por la destacada voz de Aiora Renteria, el cuarteto rockero ha traspasado fronteras cantando en euskera, gracias en parte al primaveral hit “Negua joan da ta” -han tocado en Berlín, Londres o Tokyo-. Ayer presentaba el autoproducido “Da”, fabuloso trabajo grabado y mezclado en Londres con producción del reputado Dave M. Allen (The Cure, Depeche Mode, Neneh Cherry…).

Zea Mays. Foto: Tom Hagen

Volvía a tocar Ben Harper con los Innocent Criminals, algo que al parecer no había hecho los últimos siete u ocho años, aunque en la primera edición del Bilbao BBK Live, hace ya diez años, estuvo acompañado de la superbanda con la que actuó ayer en sexteto.

La misa que ofició el de Pomona (California) -¡anda, como Tom Waits!- abrió con los tambores tribales de “Burn One Down” -no en vano tiene sangre Cherokee-, remitiendo a Bob Marley con su sonoridad reggae; como haría con Neil Young en las más rockeras-. Y es que la cálida voz de Harper da cabida además, tanto al blues como al country, e incluso al funk y al soul.

Tras endurecer su sonido con dentelladas rockeras, puso a cantar al público con la acústica “Diamonds on the Inside” y pasó a ritmos más relajados con “Roses from my friends”; mostró su maestría en la slide con una casi irreconocible “Don´t Take that Attitude to your Grave” y de vuelta al reggae se envalentonó con “With My Own Two Hands”, cantando “I Can Change the World”. Se despidió con “Amen Omen”, para volver con la celebrada “Better Way”.

Ben Harper. Foto: MusicSnapper

El contraste de la voz aterciopelada de Ben Harper al timbre chirriante de Shaka Ponk, abriendo a toda pastilla con “Black Listed”, es abismal. El sexteto -¿o son siete?- factura un sonido de grandes contrastes, difícil de clasificar; adecuado para cerrar la noche con sus inverosímiles visuales. “My little corazón is falling apart from you” dice uno de sus vocalistas tatuados; estos franceses y su hardcore dance.

La madrugada desplaza la fiesta hacia el bosque, donde el set se prepara con retraso -¿importa ya?- para Jupiter Lion. Mientras, Arizona Baby revientan la carpa felices de tocar tras Ben Harper, de quien hicieron una de sus primeras versiones. “Cantar  ayuda” explican, mientras tocan su canción fetiche, “Shiralee”. Si el jueves lo más peligroso que nos pasó fue que nos entraran pidiéndo pillar M, ayer un pavo, en primera fila del bosque, nos pregunta sobre Jupiter Lion; “vamos a proponerles hacer una jam, así tocamos todos un poco”.  Es hora de abandonar Kobetamendi.

SÁBADO

El sábado amanece encapotado en Bilbao, un gris que le sienta de maravilla a la ciudad y que muestra su climatología habitual, no vayan a pensar los visitantes al festival que aquí existe el verano. No es un gris plomizo que oscurece el día, sino un gris claro que apenas descargará al inicio de Muse, el nombre más destacado de los que han participado en la décima edición del Bilbao BBK Live. Junto al sol, también se ha retirado el viento, por lo que la noche de ayer sábado es la menos fría de las tres jornadas vividas.

Antes de “subir al monte”, aprovechamos la última oportunidad para asistir a los pequeños conciertos matutinos que se trasladan al centro de la ciudad -¿la extensión del festival por Bilbao es el próximo reto?-, para los curiosos que se preguntan cómo es que un evento musical pueda seducir a tantísima gente. Pensando ya en el vermouth, casi se me olvida presentar a la banda: son Nudozurdo quienes tocan frente al Teatro Arriaga -Los Punsetes lo hacen en los jardines Albia-. Aprovechando su visita a Bilbao el trío madrileño dedica un tema al falso monje Shaolín.

Miles de portadores de pulseritas rojas transitan entre las siete calles y, muy especialmente, descansa en las terrazas de la villa, como en las de la Plaza Nueva. Hasta el Guggenheim, emblema de titanio del nuevo Bilbao, menos canalla y más hospitalario, se ha sumado a la fiesta ofreciendo descuento en la entrada para los visitantes de Kobetamendi. Macrofestival musical y Basquiat en el mismo pack, ahí es nada para todo hipster que se precie.

Para evitar malentendidos, diremos que la música, esta vez sí, importa -la atracción de Muse se hace presente desde hora temprana-. Aunque seguimos pensando que sería difícil explicar un evento de esta envergadura enfocándola desde el plano méramente sonoro. “¡A qué se viene a un festival si no para hacer amigos!”, exclama una burgalesa que nos invita al mediodía a compartir mesa con su cuadrilla.

En Kobetamendi, la jornada se abre con los locales Señores, con la ya castigada audiencia a otra cosa. Muchos son los que ni siquiera prestarán atención a Vintage Trouble ni a The Cat Empire. Los primeros proceden de L. A. de California, facturan soul-rock y destacan en “Run Like the River”,  contando con el huracanado Ty Taylor como carismático frontman -nos sedujeron ya en la playa de la Zurriola, en el anterior Jazzaldía de San Sebastián-. Los segundos vienen desde las antípodas salpicados de ska; dos propuestas más que divertidas.

Vintage Trouble. Foto: Rhythm And Photos

El rítmo decae con Kodaline. Los melódicos irlandeses y la delicada voz de Steve Garrigan  requieren mayor atención pero resultan demasiado melosos y su recuerdo será efímero en nosotros; ni siquiera “All I Want” nos alcanza. Junto a ellos encuadramos a Bear´s Den, banda que coge su testigo en la carpa, también en acústico, y que suena algo más animosa aunque compita con la rave un tanto ruda, difícil de comprender y fácil de bailar, del dúo The Ting Tings; en trío con formación y disposición atípica en directo. Un macrofestival tiene mucho de menú degustación -o de buffet libre- y nos enmarañamos de un lado a otro tratando de abarcar todo e incapaces de apreciar (el fondo de) nada o casi. Del bus de la entrada, decir tan solo que el shoegaze de Neuman sonó muy bien.

The Ting Tings. Foto: MusicSnapper

Pero antes de picotear entre las tres bandas recientemente citadas, y con el firme propósito de prestar más atención que en jornadas anteriores a la carpa, nos encontramos allí a Sheppard, subrayados entre los imperdibles por la previa de BTF. “Geronimo”, hit guardado para el cierre, define y resume la vitalidad de la banda, tan colorida en las cabezas de sus músicos femeninos como en lo musical.

Sheppard. Foto: Rhythm And Photos

Si Emma y Amy Sheppard destacan al frente de los australianos, Nanna Bryndís dirige a los islandeses Of Monsters and Men vestida con una túnica negra. La noche anterior habían actuado en el Cruïlla de Barcelona, en cuya crónica relata Aïda Camprubí: “ofreciéndonos un concierto único (rezamos por su salud, para que no se repita)”; sin poder saber que sí, que repetirán jugada en Bilbao, ¿señal de que les funciona? Nos explicamos, Of Monsters and Men anunciaron un set más corto por enfermedad de su bajista.

Comenzaron contenidos con “Thousand Eye” y prosiguieron in crescendo con “King and Lionheart” y “Crystals”. Sin amilanarse ante tan nutrida audiencia -precedían a Muse en el escenario principal-, pronto tendrían al respetable coreando una a una las canciones, con gente subida a hombros de gente. Fue el suyo un bolo compacto, acústico -más pop que folk, pues en su reciente “Beneath The Skin” no hay una raíz a la que agarrarse- y que casaría muy bien con el de Mumford & Sons, cuya apoteósis llegó con “Little Talks”. Dejaron al público con ganas de más, lo cual (casi) siempre es bueno.

La brevedad del directo de Of Monsters and Men alargó la espera para la aparición de Muse (en más de una hora); hecho al que hay que sumar que fueron muchos los que decidieron defender su posición ante el stage uno -alguno llevaba allí quieto parado ¡desde las seis!-. ¿Sacaría provecho Muse de tanta expectación?

Mientras, solo unos pocos avezados supieron resguardecerse en la carpa, donde apabulló el dúo británico Zoot Woman. Su electrónica de voz en falsete resultó ser un predecesor ideal para Muse.

En el debate en contra o a favor de Muse como principal baza de un cartel, el del décimo aniversario, que a priori nos parecio un tanto flojo, nos alineamos claramente con Cervera, aun estando plenamente de acuerdo con lo escrito por Rodríguez Jimeno -los dos Rafas enfrentaban pareceres en BTF-; son “grandilocuentes” y suenan “ampulosos”. Lo hacemos a favor, porque saben a qué juegan y son prácticos, capaces de ofrecer al espectador lo que desea. Al fin y al cabo, el Bilbao BBK Live está para que el asistente vuelva a casa entusiasmado, como así parece fue con Muse, aunque no del todo en nuestro caso.

Comenzaron fuerte con “Psycho” y “Supermassive Black Hole”, sonando a masa delante y mejor detrás, y pasando no tan de puntillas por “Drones” -de su más reciente lanzamiento, además de “Psycho” y “Mercy”, sonaron “Reapers” y “Dead Inside”; cuatro (son doce) de diecisiete temas interpretados-. Después de darse un respiro en canciones como “Resistance”, que permitieron a Matt Bellamy sentarse al piano, ofrecieron todo sus hits al final, “Time Is Running Out” y “Mercy”, tras la cual lanzaron confetti y balones gigantes con “Reapers”, antes del colofón con “Uprising” y “Knights of Cydonia”; también en falsete, para deleite de viejos y nuevos fans. En un directo rodado, en el que solo sobró algún estéril rasgeo de mástil como interrupción entre canción y canción, sonó además algún riff de AC/DC en “Hysteria”.

Hoy (ayer para tí, lector), las praderas de Kobetamendi no son verdes ya, la aridez de la tierra se nota en el ambiente, la sensación no es tan agradable como la de pisar hierba. Si el jueves nos pareció estar en la jornada más plácida y relajada del Bilbao BBK Live estos últimos años, Muse nos trae al presente, este sí es el festival abarrotado de los últimos años, el de The Black Keys o el de Kings of Leon. ¡Con Muse, quién nos lo íba a decir!

Mientras la banda británica aún da sus últimos coletazos (o mejor, guitarrazos), nos adentramos en el bosque, donde nos espera Trajano!, presentando “Antropología”, con la voz engolada del personalísimo vocalista Lois Brea. Ante una audiencia inicial de apenas veinte personas, “somos Muse”, se presenta divertido. La mayoría del público que sigue con ganas de fiesta, que lo hay, opta por sumarse al trance de SBTRKT -pronunciese subtract-, enmascarado que esconde el dubstep de Aaron Jerome, presentado en trío. Solo unos pocos privilegiados pueden mecerse en la tarima de la carpa, donde unos arrolladores Delorean revitalizan el espíritu por medio  del baile. El cuarteto de Zarautz mudado a Barcelona ha presentado recientemente “Crystal” en Pichfork; suenan apabullantes en Kobetamendi.

El picoteo no da para mucho más -esperemos que Elyella Dj´s nos perdonen por marcharnos sin avisar-, pues el cansancio hace mella. Mientras son miles ya los que emprenden la bajada hacia el bus, la página web del festival activa la cuenta atrás con un segundero que anuncia: “¡ya queda menos!”. Afortunadamente, hoy nadie nos ha ofrecido pillar M o participar en una jam de madrugada; hubiéramos dicho sí a por lo menos una de las propuestas.

El festival, que ha colgado el sold out por segundo año consecutivo, ha reunido a más de 140.000  espectadores, pues a los 40.000 diarios que han acudido a Kobetamendi, la organizadora Last Tour suma la asistencia del ciclo Bereziak, 21.000, entre los que se incluyen los conciertos matutinos señalados al comienzo de la crónica.

 

CRÓNICA BILBAO BBK LIVE 2015: SÁBADO

El sábado amanece encapotado en Bilbao, un gris que le sienta de maravilla a la ciudad y que muestra su climatología habitual, no vayan a pensar los visitantes al festival que aquí existe el verano. No es un gris plomizo que oscurece el día, sino un gris claro que apenas descargará al inicio de Muse, el nombre más destacado de los que han participado en la décima edición del Bilbao BBK Live. Junto al sol, también se ha retirado el viento, por lo que la noche de ayer sábado es la menos fría de las tres jornadas vividas.

Antes de “subir al monte”, aprovechamos la última oportunidad para asistir a los pequeños conciertos matutinos que se trasladan al centro de la ciudad -¿la extensión del festival por Bilbao es el próximo reto?-, para los curiosos que se preguntan cómo es que un evento musical pueda seducir a tantísima gente. Pensando ya en el vermouth, casi se me olvida presentar a la banda: son Nudozurdo quienes tocan frente al Teatro Arriaga -Los Punsetes lo hacen en los jardines Albia-. Aprovechando su visita a Bilbao el trío madrileño dedica un tema al falso monje Shaolín.

Miles de portadores de pulseritas rojas transitan entre las siete calles y, muy especialmente, descansa en las terrazas de la villa, como en las de la Plaza Nueva. Hasta el Guggenheim, emblema de titanio del nuevo Bilbao, menos canalla y más hospitalario, se ha sumado a la fiesta ofreciendo descuento en la entrada para los visitantes de Kobetamendi. Macrofestival musical y Basquiat en el mismo pack, ahí es nada para todo hipster que se precie.

Para evitar malentendidos, diremos que la música, esta vez sí, importa -la atracción de Muse se hace presente desde hora temprana-. Aunque seguimos pensando que sería difícil explicar un evento de esta envergadura enfocándola desde el plano méramente sonoro. “¡A qué se viene a un festival si no para hacer amigos!”, exclama una burgalesa que nos invita al mediodía a compartir mesa con su cuadrilla.

En Kobetamendi, la jornada se abre con los locales Señores, con la ya castigada audiencia a otra cosa. Muchos son los que ni siquiera prestarán atención a Vintage Trouble ni a The Cat Empire. Los primeros proceden de L. A. de California, facturan soul-rock y destacan en “Run Like the River”,  contando con el huracanado Ty Taylor como carismático frontman -nos sedujeron ya en la playa de la Zurriola, en el anterior Jazzaldía de San Sebastián-. Los segundos vienen desde las antípodas salpicados de ska; dos propuestas más que divertidas.

Vintage Trouble. Foto: Rhythm And Photos

El rítmo decae con Kodaline. Los melódicos irlandeses y la delicada voz de Steve Garrigan  requieren mayor atención pero resultan demasiado melosos y su recuerdo será efímero en nosotros; ni siquiera “All I Want” nos alcanza. Junto a ellos encuadramos a Bear´s Den, banda que coge su testigo en la carpa, también en acústico, y que suena algo más animosa aunque compita con la rave un tanto ruda, difícil de comprender y fácil de bailar, del dúo The Ting Tings; en trío con formación y disposición atípica en directo. Un macrofestival tiene mucho de menú degustación -o de buffet libre- y nos enmarañamos de un lado a otro tratando de abarcar todo e incapaces de apreciar (el fondo de) nada o casi. Del bus de la entrada, decir tan solo que el shoegaze de Neuman sonó muy bien.

The Ting Tings. Foto: MusicSnapper

Pero antes de picotear entre las tres bandas recientemente citadas, y con el firme propósito de prestar más atención que en jornadas anteriores a la carpa, nos encontramos allí a Sheppard, subrayados entre los imperdibles por la previa de BTF. “Geronimo”, hit guardado para el cierre, define y resume la vitalidad de la banda, tan colorida en las cabezas de sus músicos femeninos como en lo musical.

Sheppard. Foto: Rhythm And Photos

Si Emma y Amy Sheppard destacan al frente de los australianos, Nanna Bryndís dirige a los islandeses Of Monsters and Men vestida con una túnica negra. La noche anterior habían actuado en el Cruïlla de Barcelona, en cuya crónica relata Aïda Camprubí: “ofreciéndonos un concierto único (rezamos por su salud, para que no se repita)”; sin poder saber que sí, que repetirán jugada en Bilbao, ¿señal de que les funciona? Nos explicamos, Of Monsters and Men anunciaron un set más corto por enfermedad de su bajista.

Comenzaron contenidos con “Thousand Eye” y prosiguieron in crescendo con “King and Lionheart” y “Crystals”. Sin amilanarse ante tan nutrida audiencia -precedían a Muse en el escenario principal-, pronto tendrían al respetable coreando una a una las canciones, con gente subida a hombros de gente. Fue el suyo un bolo compacto, acústico -más pop que folk, pues en su reciente “Beneath The Skin” no hay una raíz a la que agarrarse- y que casaría muy bien con el de Mumford & Sons, cuya apoteósis llegó con “Little Talks”. Dejaron al público con ganas de más, lo cual (casi) siempre es bueno.

La brevedad del directo de Of Monsters and Men alargó la espera para la aparición de Muse (en más de una hora); hecho al que hay que sumar que fueron muchos los que decidieron defender su posición ante el stage uno -alguno llevaba allí quieto parado ¡desde las seis!-. ¿Sacaría provecho Muse de tanta expectación?

Mientras, solo unos pocos avezados supieron resguardecerse en la carpa, donde apabulló el dúo británico Zoot Woman. Su electrónica de voz en falsete resultó ser un predecesor ideal para Muse.

En el debate en contra o a favor de Muse como principal baza de un cartel, el del décimo aniversario, que a priori nos parecio un tanto flojo, nos alineamos claramente con Cervera, aun estando plenamente de acuerdo con lo escrito por Rodríguez Jimeno -los dos Rafas enfrentaban pareceres en BTF-; son “grandilocuentes” y suenan “ampulosos”. Lo hacemos a favor, porque saben a qué juegan y son prácticos, capaces de ofrecer al espectador lo que desea. Al fin y al cabo, el Bilbao BBK Live está para que el asistente vuelva a casa entusiasmado, como así parece fue con Muse, aunque no del todo en nuestro caso.

Comenzaron fuerte con “Psycho” y “Supermassive Black Hole”, sonando a masa delante y mejor detrás, y pasando no tan de puntillas por “Drones” -de su más reciente lanzamiento, además de “Psycho” y “Mercy”, sonaron “Reapers” y “Dead Inside”; cuatro (son doce) de diecisiete temas interpretados-. Después de darse un respiro en canciones como “Resistance”, que permitieron a Matt Bellamy sentarse al piano, ofrecieron todo sus hits al final, “Time Is Running Out” y “Mercy”, tras la cual lanzaron confetti y balones gigantes con “Reapers”, antes del colofón con “Uprising” y “Knights of Cydonia”; también en falsete, para deleite de viejos y nuevos fans. En un directo rodado, en el que solo sobró algún estéril rasgeo de mástil como interrupción entre canción y canción, sonó además algún riff de AC/DC en “Hysteria”.

Hoy (ayer para tí, lector), las praderas de Kobetamendi no son verdes ya, la aridez de la tierra se nota en el ambiente, la sensación no es tan agradable como la de pisar hierba. Si el jueves nos pareció estar en la jornada más plácida y relajada del Bilbao BBK Live estos últimos años, Muse nos trae al presente, este sí es el festival abarrotado de los últimos años, el de The Black Keys o el de Kings of Leon. ¡Con Muse, quién nos lo íba a decir!

Mientras la banda británica aún da sus últimos coletazos (o mejor, guitarrazos), nos adentramos en el bosque, donde nos espera Trajano!, presentando “Antropología”, con la voz engolada del personalísimo vocalista Lois Brea. Ante una audiencia inicial de apenas veinte personas, “somos Muse”, se presenta divertido. La mayoría del público que sigue con ganas de fiesta, que lo hay, opta por sumarse al trance de SBTRKT -pronunciese subtract-, enmascarado que esconde el dubstep de Aaron Jerome, presentado en trío. Solo unos pocos privilegiados pueden mecerse en la tarima de la carpa, donde unos arrolladores Delorean revitalizan el espíritu por medio  del baile. El cuarteto de Zarautz mudado a Barcelona ha presentado recientemente “Crystal” en Pichfork; suenan apabullantes en Kobetamendi.

El picoteo no da para mucho más -esperemos que Elyella Dj´s nos perdonen por marcharnos sin avisar-, pues el cansancio hace mella. Mientras son miles ya los que emprenden la bajada hacia el bus, la página web del festival activa la cuenta atrás con un segundero que anuncia: “¡ya queda menos!”. Afortunadamente, hoy nadie nos ha ofrecido pillar M o participar en una jam de madrugada; hubiéramos dicho sí a por lo menos una de las propuestas.

El festival, que ha colgado el sold out por segundo año consecutivo, ha reunido a más de 140.000  espectadores, pues a los 40.000 diarios que han acudido a Kobetamendi, la organizadora Last Tour suma la asistencia del ciclo Bereziak, 21.000, entre los que se incluyen los conciertos matutinos señalados al comienzo de la crónica.

Foto de portada: Tom Hagen (Muse no dejaron hacer fotos durante su concierto, pero sus fans sí se dejaron)

Lollapalooza

Lo mejor del Lollapalooza 2014

Ya os contábamos a principio de semana como transcurrió el Lollapalooza 2014. Chicago y sus rascacielos fueron testigos por décima vez de uno de los festivales más representativos de los Estados Unidos. Tres jornadas que recopilaron a grandes artistas del momento y que no dejaron indiferente al mundo de la música.

Tres días después de su conclusión empiezan a aparecer en youtube los diferentes conciertos al completo. Nosotros hemos recopilado los que mejor calidad ofrecen para que podáis ver como fue transcurriendo el festival.

INTERPOL

CHVRCHES

SKRILLEX

ARCTIC MONKEYS

FOSTER THE PEOPLE

BOMBAY BICYCLE CLUB

KODALINE

PHANTOGRAM

WRESTLERS

cabecera Charlatans

ASÍ FUE EL FIB 2014

JUEVES

El FIB celebra en 2014 dos décadas de vida, y su jornada inaugural resumió, quizá involuntariamente, la evolución que ha sufrido el festival en todo ese tiempo. La presencia de James, por ejemplo, podría entenderse como un vestigio de los años de crecimiento y consolidación del proyecto. La veterana formación británica ofreció el mejor concierto del día, combinando temas de su notable último trabajo, “La petite mort”, con clásicos como “Come Home”. Tim Booth sigue siendo un frontman con carisma y personalidad: En el segundo tema ya estaba en el foso, confraternizando con el público de las primeras filas, y no paró de bailar como un epiléptico durante todo el show. Maestros en el arte de contener la épica pop, pasaron de la melancolía bailable de “Curse Curse” a la euforia de su célebre “Sometimes”, rematando una actuación que fue de menos a más, se benefició de las puntuales apariciones de trompeta o violín y dejó claro que no piensan en la jubilación.

 

 

Mientras que James encarnan la filosofía que puso en marcha y definió el FIB, el resto del cartel fue paradigmático de la deriva hacia la que se ha dirigido el festival en los últimos tiempos. Volcado en satisfacer la demanda de un público de abrumadora mayoría británica, el escenario principal va siendo ocupado cada vez con mayor frecuencia por una serie de artistas de indudable atractivo para la juventud working class que viaja hasta la costa mediterránea buscando playa y fiesta, pero de interés musical más que dudoso. El caso más evidente es el de Ellie Goulding, estrella masiva en el Reino Unido que cultiva un pop de consumo en el peor sentido del término y que podría haber salido de Factor X o un programa similar. De hecho, parecía una Spice Girl de extrarradio, enfundada en unos shorts y una camiseta de aire poligonero ideales para sus gestos de inspiración gimnástica. Ni su intento de interludio acústico en un tono más intimista redime un show digno de una gala de premios MTV.

 

 

Más o menos como el de Tinie Tempah, rapero de muy bajo perfil que se presentó con Dj Charles y ofreció un set populachero en el que abundó el karaoke, el sonido pregrabado y un hedonismo que se traduce en letras que invitan a la fiesta y el baile, incluida una canción dedicada a Ibiza (“From Miami to Ibiza”). Un vacío que se extiende a su puesta en escena, más efectista que espectacular, y que incluyó ocasionales lenguas de fuego incapaces de esconder la endeblez del discurso sonoro al que acompañaban.

 

 

Cerrando la noche, otra muestra del FIB del presente, y seguramente del futuro: Chase & Status. El inicio del show fue prometedor, e incluyó elementos de ragamuffin, drum’n’bass o jungle, en la línea de Prodigy, pero el grupo (que esta vez sí lo era, ya que contaba con batería y guitarra) se lanzó rápidamente por la senda del house más ramplón, con abundancia de temas cantados en los que los vocalistas hacían acto de presencia virtual a través de la pantalla de vídeo situada al fondo del escenario. Tanto en su actuación como en las de Tempah y Goulding, la respuesta de la gente fue entusiasta, dejando patente el cambio que se ha operado en el público del festival.

 

 

A mitad de camino entre el FIB del pasado y el actual, unos Klaxons que salieron uniformados de blanco y ofrecieron un repertorio en el que solo hay dos tipos de canciones. Por un lado, melódicos medios tiempos dignos de una boy band. Por otro, temas en que se acercan al maltratado post-punk para vulgarizar su vertiente bailable del mismo modo que los blockbusters de Hollywood han pervertido los hallazgos de las vanguardias cinematográficas. En ambos casos, canciones sin argumentos, que inscriben a la banda en esa tradición cada vez más nutrida de grupos que parecen existir únicamente para actuar en festivales y ante grandes audiencias.

 

 

¿Y dónde encajan los españoles en este panorama? Pues en un segundo escenario ante el que apenas se agrupan un par de cientos de personas (siendo muy optimistas). Una pena, porque pese al calor y la hora (abrieron el festival), los madrileños El Pardo ofrecieron un concierto de art-punk de combate en el que no dejaron títere con cabeza. Sus armas son una sólida mirada crítica (musical e ideológica), unas letras que conectan tanto con el Rock Radical Vasco como con el 15-M y una capacidad asombrosa para traducir en canciones el descontento de un país que ya no aguanta más a su clase política. Completarían un gran programa doble con Triángulo de Amor Bizarro.

 

 

Era lógico que, tras la indómita descarga de El Pardo, las canciones de Mucho supieran a poco, si se nos permite el chiste fácil. Sonaron mejor, pero mostraron menos ideas. Con un cantante de tesitura vocal cercana a Iván Ferreiro y un repertorio anclado en el rock de los setenta (con algún eventual desarrollo psicodélico), podrían competir por ser la banda de apoyo de Leiva. Tremendamente anodinos, y muy poco afortunados en los comentarios entre canciones.

 

 

Tampoco convenció el rock progresivo de Persons, liderados por un vocalista demasiado impersonal, que a menudo evoca a The Doors desde los teclados. Solo en el tramo final, cuando mostraron sus filias kraut, lograron levantar el vuelo. En cuanto a Aurora, es la enésima banda granadina según el agotado, cansino, inmovilista y repetitivo canon indie español, mientras que GAF y La Estrella de la Muerte lograron crear seductoras atmósferas a base de rock cósmico y ensimismado, mantras hipnóticos y obsesivos que apenas despertaron el interés de unos pocos espectadores (españoles, se entiende, ya que los ingleses habían acudido en masa a ver a Ellie Goulding).

 

 

En el mismo escenario, Rafa Cervera demostró durante dos horas un sano eclecticismo y un exquisito buen gusto a la hora de seleccionar los temas de una sesión desengrasante y con cierto sabor nostálgico (abundaron los hits del pasado). Era su primera incursión en la cabina del FIB y dejó claro que pincha tan bien como escribe (como se puede comprobar en byTHEFEST). Y también formando parte de la escuadra española, el madrileño John Gray, que acompañado de percusión electrónica y ritmos pregrabados sirvió una ración de trip-hop con aliño soul que recordó al descafeinado Seal hasta que le dio por versionear “Everybody” (Backstreet Boys).

 

 

La primera jornada del vigésimo Festival de Benicàssim deja tras de sí muchas luces, como la más que notoria asistencia de público o el excelente sonido de ambos escenarios, pero también algunas sombras, ya que ha faltado materia prima musical de calidad en el cartel. Por delante, tres días en los que desfilarán por los escenarios nombres de relevancia suficiente como para que la balanza artística se equilibre.

 

VIERNES

La segunda jornada en el Festival de Benicàssim tuvo dos protagonistas destacados. Por un lado, Kasabian, cabezas de cartel que respondieron a su condición y arrasaron un recinto en el que se congregó más gente que el jueves, en torno a unas treinta mil personas. Por otro, la lluvia, que hizo acto de presencia en forma de tromba de agua hacia las 22.30 h., sin llegar a trastocar en exceso los planes organizativos (solo afectó al concierto de Automatics, que han sido reubicados el sábado), aunque inutilizó los proyectores y dejó sin imágenes las pantallas de todos los escenarios.

 

 

La tarde se desperezó con un par de bandas españolas que comparten algunas señas de identidad. El trío madrileño Los Claveles destila candor e ingenuidad, y su sonido de vocación amateur recorre el amplio espectro que va de los Modern Lovers al sello K Records, pasando por la nueva ola española, con la que también se emparenta en ocasiones el discurso de Kokoshca, que pese a su nombre (inspirado en el pintor austríaco), no practican el expresionismo, pero ofrecieron apuntes interesantes, aunque estuvieron algo dispersos en el arranque y fueron cogiendo confianza con el paso de los minutos. Flojea la voz femenina, pero es fácil empatizar con la espontaneidad de la banda.

 

 

Los encargados de abrir el escenario principal fueron Razorlight, que no levantaron grandes pasiones. Anclados en tics rock de los setenta (en ocasiones parecían Steppenwolf), con un vocalista que se ha estudiado a conciencia las inflexiones vocales de Bowie y unas canciones (como “Vice”) que siempre dejaban al descubierto su fuente de inspiración, invitaban a comprobar cómo recibiría un FIB mayoritariamente británico a los catalanes Manel. Y lo cierto es que fue el grupo estatal que más público ha congregado hasta el momento. Su folk-pop de tonalidades amables gozó del favor de la audiencia española y demostró su eficacia sin altibajos, pero también sin momentos especialmente climáticos, más allá de canciones como “Boomerang” o “Teresa Rampell”.

 

 

A diferencia del día anterior, el viernes comenzaron a solaparse los horarios y se hizo necesario tomar decisiones que, por ejemplo, nos impidieron disfrutar en toda su extensión de los interesantes The Parrots, atisbados casi de reojo camino del show de Tom Odell, un joven cantante y pianista que hace lo que puede por ponerse sensible e intenso, pero resulta demasiado convencional. Canciones como “Another love” destilan un romanticismo trasnochado que podría convertirle en el Elton John de su generación (lo cual no es necesariamente un halago), y que a nosotros nos empujaron a cambiar de escenario y buscar el rock directo y sin imposturas de Albert Hammond Jr.

 

 

El californiano de alma neoyorquina sonó potente y enérgico, y sorprendió a la audiencia (mayoritariamente local) versioneando “Ever fallen in love (with someone)”, de los Buzzcocks. El resto de temas (como “St. Justice”) los extrajo de sus tres discos en solitario, pero tampoco olvidó hacer escala en el repertorio de The Strokes (una contundente lectura de “One way trigger”). Muy solvente.

 

 

Era el turno en el escenario Maravillas de uno de los pesos pesados del día: El legendario Paul Weller regresaba a Benicàssim y lo hizo a lo grande. Con el siempre fiel Steve Craddock a la segunda guitarra y un par de baterías, el veterano músico inglés encaró un concierto en el que derrochó clase a raudales. Como era de esperar, se centró en temas de sus últimas grabaciones, como el rotundo “Wake up the nation”, pero ya en el primer tramo del show dejó caer la magnífica “My ever changing moods”, perteneciente a su época con The Style Council. En la parte central de concierto se enmarañó en unos desarrollos algo espesos, pero volvió por sus fueros en la parte final, donde incluyó un “Start!” con el que reivindicó el legado de los inmortales The Jam. Un concierto de altura durante el cual ya se vislumbraron los primeros rayos de un tormenta que respetó al modfather, pero que estalló en cuanto terminó su pase.

 

 

Los más perjudicados por la borrasca, aparte de los miles de espectadores que buscaron refugio en las carpas, fueron Of Montreal, que en ese momento estaban actuando en el escenario Trident. No se amilanaron, y tampoco su entusiasta público, que aguantó el chaparrón con actitud ufana y continuó celebrando una colección de canciones espléndidas, impermeables y decididamente escoradas hacia el pop con sabor disco. El suyo fue el triunfo de la clase media, justo antes de que el festival viajara en el tiempo y se plantara durante algunas horas en pleno 1966.

 

 

El primero que se instaló cómodamente en el pasado fue Jake Bugg. El músico británico volvía al FIB solo un año después de su anterior comparecencia. Y si en 2013 se plantó en el escenario con el único acompañamiento de su guitarra, esta vez lo hizo con toda su banda, con la que recreó un puñado de canciones (sobre todo, las de su disco debut) que evocan sin disimulo alguno el sonido del Bob Dylan convertido a la fe eléctrica. Sin grandes despliegues ni aspavientos de cara a la galería, el joven cantautor jugó bien sus cartas y convenció sobradamente, aunque en su caso da la sensación de que todavía está buscando una voz propia que, sin duda, le permitirá volver en años venideros.

 

 

No nos bajamos de la máquina del tiempo para cambiar de escenario y asistir al show de Tame Impala. Proyecciones, sonido y actitud de la banda entroncan con una concepción de la psicodelia que se pretende contemporánea (básicamente, por las conexiones con el resurgir del género responsabilidad de The Flaming Lips), pero que evidencia una innegable tendencia retro. Que una de las canciones que tocaron se titule “Feels like only go backwards” parece toda una declaración de principios, y no es descabellado asociar su sonido con los Pink Floyd más ensimismados. El singular falsete de Kevin Parker y la convicción con que interpretan el repertorio (con temas como “Mind mischief” o “Half full glass of wine”) evita que su actuación se reduzca a un mero ejercicio revisionista del periodo flower power.

 

 

De vuelta a la explanada principal del recinto, la enorme pantalla rosa al fondo del escenario mostraba una cuenta atrás cuyos últimos diez segundos coreó una masa enfervorecida de público para recibir a Kasabian, que habían ganado antes incluso de aparecer sobre las tablas. Con “48:13” recién publicado y la mayoría de la gente a la espera de su show, los de Leicestershire comenzaron no obstante sin echar el resto, para poco a poco ir aumentado la temperatura hasta terminar logrando el KO por agotamiento del contrincante. Si se tratara de valorar el carisma de su cantante (más bien escaso) o la calidad de sus canciones (muy discutible), habría pie para establecer un debate. Pero si el objetivo era convertir Benicàssim en una fiesta, lo consiguieron con eficacia incuestionable.

 

 

Temas como “Bumblebee” o “Stevie” fueron caldeando a la gente en un progresivo crescendo en el que abundó el dance rock de garrafón, que banaliza las aportaciones de bandas de mayor envergadura como Primal Scream, pero que cumple con su meta de hacer bailar a decenas de miles de personas como si no hubiera mañana. Tras hora y media de show, en el que sonaron hits como “Underdog”, “L. S. F. (Lost Souls Forever)” o “Empire”, el vocalista Tom Meighan se despidió invocando el clásico “All you need is love” (The Beatles) y dejó a la gente preparada para que se distribuyera por las carpas en busca de otros estímulos sonoros que le permitieran prolongar la noche hasta que el cuerpo (y el DJ correspondiente) dijera basta. El nuestro, consciente de que quedan dos jornadas más de festival, optó por una retirada estratégica.

 

SÁBADO

El FIB sigue su curso tal como empezó: Combinando artistas destinados a satisfacer al joven público británico con nombres de peso que entroncan con los veinte años de historia del festival. No obstante, a primera hora de la tarde los protagonistas siguen siendo los grupos españoles emergentes. El sábado, por ejemplo, le tocó abrir fuego a Skizophonic, formación de Benicàssim que se presentó de negro riguroso y tiró la casa por la ventana incorporando para ocasión tan señalada a tres coristas. Pop con la mirada puesta en la tradición británica clásica revitalizada en los noventa, ejecutado con solvencia y algún apunte original (el trombón).

 

 

También de la tierra, aunque de Valencia, Maronda inauguraron el escenario principal a pleno sol, circunstancia poco habitual pero que enlaza con la luminosidad de sus melodías pop de raigambre sesentera y vocación contemporánea. El grupo liderado por Pablo Maronda, que cuenta entre sus filas con Marc Greenwood (La Habitación Roja), Alfonso Luna (Tachenko) y Paco Beneyto (Midnight Shots) solventó el envite con notable.

 

 

Entre ambos, en el escenario FIB Club, Hominidae descargaron un repertorio crudo, en el que las guitarras acaparan el protagonismo ante la ausencia de bajo, y que contiene ingredientes como el garage y el post-punk. A pesar de que el proyecto de los madrileños está en proceso de desarrollo, su pase resultó bastante más atractivo que el de Telegram, una banda con excelente imagen (pantalones de pitillo, ropa a la moda) pero pocas canciones a las que hincar el diente. Sonaron apagados, y en general parecieron más aptos para protagonizar anuncios en revistas de moda que para mantener una carrera musical de interés.

 

 

Alto y claro: Triángulo de Amor Bizarro es una de las mejores cosas que le han pasado a la música española en los últimos años. Y sí, se están sobreexponiendo en exceso y pueden acabar pagándolo, pero incluso a las ocho de la tarde, ante unos cuantos cientos de espectadores, son capaces de poner a pleno rendimiento su turbina de distorsión y mala leche eléctrica para dar un nuevo puñetazo en la mesa. Canciones como “El himno de la bala” o “El fantasma de la transición” siguen siendo cañonazos infalibles.

En el otro extremo, Jero Romero apuesta por la sutileza y el sonido limpio, casi aséptico. Bien conjuntado con su banda, ofreció una ración de soft rock netamente americano que como ejercicio de estilo admite pocos reproches, pero no es capaz de despertar pasiones. La indiscutible corrección de su pulcra actuación no resultó demasiado estimulante.

 

 

El primer plato fuerte de la jornada, al menos a priori, llegaba con Katy B (que no es pariente de Mel B, aunque nombre e imagen pudieran llevar a equívoco), que salió al escenario acompañada de cuatro bailarinas con aspiraciones de cheerleaders y una banda (básicamente, laptops y teclados) en la que destacaba el contundente batería. A las chicas del público no les costó identificarse con una cantante que se acerca al R&B o el neosoul, pero a la que le vendría muy grande el calificativo de diva, sobre todo por las ramplonas derivaciones dance de su repertorio. En el show, de estética eurovisiva, tampoco faltó la balada sensiblera con acompañamiento de piano, y la sensación general fue la de estar contemplando a una aprendiz de Madonna a muchos años luz de su modelo.

 

 

Lily Allen, en cambio, maneja registros más sugestivos, empezando por una puesta en escena bastante más elaborada y organizada en torno a imágenes de biberones (una posible metáfora sobre el público al que se dirige su espectáculo). Se presentó acompañada de una banda solvente y el obligatorio cuerpo de baile, pero la baza que la diferencia de su predecesora sobre el escenario Maravillas es un repertorio que, sin permitir lanzar las campanas al vuelo, sí que muestra mayor versatilidad, incluyendo, por ejemplo, elementos caribeños (“Smile”). Unido a su carisma personal, fue suficiente para contentar a su legión de fans, aunque la mujer que realmente triunfó el sábado en el FIB lo hizo en un escenario secundario.

 

 

Porque si hay que conjugar la jornada en femenino singular, es obligatorio hacerlo destacando el concierto ofrecido por Cat Power. Desde que pisó las tablas, la otrora imprevisible Chan Marsall dejó claro que estaba dispuesta a ofrecer una actuación para el recuerdo. Abrió con “The greatest”, y pese a los problemas con los monitores, que fueron constantes, supo ganarse al público desde los micrófonos (ya que utilizó dos en diversas ocasiones), dejando en manos de su banda la tarea instrumental. Decisión muy acertada que, a diferencia de cuando se presenta al piano, le permitió desenvolverse a sus anchas por el escenario. Tan cómoda se sintió que hasta se permitió chapurrear en castellano. Una mujer especial que convirtió su actuación en uno de los momentos memorables de una edición en la que no abundan.

 

 

Por el mismo escenario habían pasado antes unos convincentes Manic Street Preachers, que dieron un concierto sólido en el que repasaron su extensa discografía, desde la inaugural “Motorcycle Emptiness”, hasta un final en el que destacaron la siempre eficaz “You love us” o “If you tolerate this, your children will be next”. A lo largo de su actuación, presentaron temas de su último disco, revisaron “Suicide is painless” (de la película “M.A.S.H.”), recordaron al desaparecido Richey James Edwards (autor de la letra de “Revol”) y despertaron el fervor patriótico de los galeses presentes entre el público con “Design for life”. El sonido, que empezó dubitativo, acabó por afianzarse y contribuyó a que su actuación fuera una de las destacadas de un día que tuvo como cabezas de cartel indiscutibles a The Libertines.

 

 

El telón del fondo, con la imagen de portada de su primer álbum, y la aparición de Carl Barât, con la guerrera roja que hicieron famosa en sus primeras fotos promocionales, no dejaban lugar a dudas: El concierto iba a ser pura nostalgia. Eso sí, los años no pasan en balde y lo que la urgencia y la inmediatez disimulaban hace una década es ahora más difícil de ocultar: The Libertines son una banda de reciclaje sonoro con algunas canciones resultonas y mucha leyenda negra, pero a gran distancia de poder enarbolar la bandera que les sitúe como un grupo de referencia. Lo que no ha cambiado es su atropellado sonido, casi destartalado, que fue ganando en robustez a medida que avanzaba un concierto sin sorpresas, que terminó con el batería Gary Powell al borde del escenario y entonando el “Y viva España” de Manolo Escobar. Por suerte, tal salida de tono fue olvidada rápidamente gracias a un bis que comenzó Pete Doherty en solitario recuperando “What became of the likely lads”, y que coronó luego el grupo al completo con las incontestables “Up the bracket”, “What a waster” y “I get along”. Cumplieron con su papel de estrellas de la jornada más por deméritos ajenos que por méritos propios, pero en el ambiente previo flotaba una posibilidad de estafa que el grupo se encargó de desterrar, dejando un buen sabor de boca.

 

DOMINGO

Según las cifras oficiales, facilitadas por la organización del festival, una media de treinta mil espectadores ha acudido diariamente al recinto de conciertos de Benicàssim, donde el jueves y el domingo dio la sensación de haber menos gente que el viernes y el sábado. En cuanto a la procedencia del público, un 55% ha sido de nacionalidad británica o irlandesa, un 40% españoles y el residual 5% restante, de otros países. La edición de 2015, que se celebrará del 16 al 19 de julio, mantendrá la filosofía de este año, aunque se anunciaron cambios sutiles sin especificar, destinados a la captación de nuevos públicos.

 

 

Toda esta información fue facilitada a los medios la mañana del domingo. Por la tarde, a las 18 h., los australianos Blank Realm se subían al escenario Trident para abrir la última jornada del festival a base de canciones con personalidad y de adscripción indie, aunque con detalles de guitarras pop que podían evocar a los Go-Betweens, el grupo de referencia en el género cuando se trata de las antípodas. Tras ellos, el FIB Club acogía a Jessica Sweetman, cantautora sin guitarra que a las primeras de cambio se descolgó con una poco afortunada versión de “Glory Box” (Portishead). No se puede decir que destaque entre la abundante nómina de songwriters femeninas que puebla la escena internacional, y se movió en unas coordenadas estándar que la sitúan más cerca de Sheryl Crow que de Suzanne Vega.

 

 

La tarde se iba desperezando y el público seguía siendo escaso, incluso en un escenario Maravillas que entró en juego a las 20 h., con el show de Drenge, un joven dúo de guitarra (y voz) y batería que parece vivir dentro de “Bleach”, el primer disco de Nirvana. Sonido grunge según los preceptos del género que, en todo caso, ejecutan con energía y convicción. Tanta, que parecen llegados directamente desde 1991. Y, por muchas ganas que le pongan, el retraso es de casi veinticinco años.

 

 

Del Seattle imaginario en que habitan Drenge pasamos al real con The Presidents of the USA, que proceden de la ciudad y decidieron jugar sobre seguro, rompiendo el hielo con una versión de “Kick Out The Jams” (MC5). Después llegarían hits como “Kitty” o “Lump”, un homenaje a Mark Sandman (el malogrado líder de Morphine) o su conocida relectura de “Video Killed the Radio Star” (Buggles). Divertidos, sacando el máximo partido a un bajo de dos cuerdas y una guitarra de tres, ofrecieron la ración de rock cazurrete y saltarín que nunca falta en un festival, y que sin acabar nunca entre lo más destacado del día, proporciona un agradable soplo de aire fresco.

 

 

Como en anteriores jornadas, el nivel del relleno del cartel que ameniza la espera hasta la llegada de los primeros espadas fue tremendamente irregular. Si el sábado los Manic Street Preachers protagonizaron el momento galés de este año, el domingo fueron Kodaline quienes enarbolaron el orgullo irlandés. Su inofensivo folk-pop, con eventuales derivaciones épicas a base de crescendos vocales, se cimenta en la guitarra acústica de su líder, Stephen Garrigan, que guió al público en “All I Want”, cierre con aire de himno que recordó a Coldplay.

 

 

El discreto debut de Nina Nesbitt en España tampoco pasará a la historia. Es otra cantautora acompañada de banda que combina sensibilidad acústica y eléctrica en canciones sobre vivencias personales relacionadas con trastornos sentimentales (“Peroxide”), que pueden interesar a un sector de público en un abanico de edades muy concreto, pero tienen por delante mucho camino que recorrer si pretenden dejar alguna huella en el futuro. En otras coordenadas sonoras (rock de corte urbano con alguna pincelada de blues) se mueve Hozier, aunque comparte con la Nesbitt la incapacidad para trascender. En ambos casos, su concierto se olvidaba a los pocos minutos de haber finalizado.

 

 

Con la comparecencia de Travis se iniciaba la sucesión de nombres de relevancia del día. Y lo cierto es que la banda escocesa despachó un concierto de sonido impecable y repertorio digno (“My eyes”, “Flowers in the window”), pero también dio la sensación de que no acabarían nunca. Sosos en grado superlativo, con cierto matiz mesiánico, se abonaron a la guitarra de doce cuerdas de su líder, el barbudo Fran Healy, para sacar adelante una actuación que nos hizo pensar que, sin ser ni mucho menos un grupo de referencia, atravesaron momentos mejores en el pasado.

 

 

Menos mal que la jornada se arreglaría por fin con M.I.A., que ofreció un show total, cuarenta y cinco minutos non stop que supieron a muy poco (resulta injustificable que su pase fuera tan corto) y en los que arengó al público, se paseó por el foso y se mezcló con las primeras filas, se contoneó al lado de sus dos bailarines y, sobre todo, disparó material de gran calibre con la ayuda de su DJ, en un formato típico del hip hop, aunque en su repertorio abunde la mezcla de géneros. Los visuales subrayaban el carácter reivindicativo de muchas de sus letras, mientras temas como “Bring the Noize” o “Boyz” se iban sucediendo sin pausa, enlazados unos con otros, sin dar tregua a la audiencia. La corta duración del show impidió escuchar bombazos imprescindibles como “Jimmy” o “Born free”, pero así y todo la británica de origen tamil no tuvo dificultades para coronarse como reina del FIB 2014, gracias también a un final en el que brillaron las celebradas “Paper Planes” y “Bad Girls”. Brutal.

 

 

Aún bajo los efectos de su actuación, nos plantamos en el escenario Trident para vivir una regresión al FIB de otros tiempos, aquel en que la escena inglesa se enseñoreaba del cartel sin necesidad de recurrir a vulgares productos de consumo rápido. Era pues el turno de Charlatans, que volvían a Benicàssim tras actuar en la primera edición y en la del décimo aniversario, y que optaron por lo más eficaz en estos casos: Tocar los hits. “Can’t get out of bed”, “The only one I know”, “Weirdo” o “North Country Boy” fueron cayendo una tras otra mientras Tim Burgess oteaba satisfecho a los miles de personas que bailaban al son de sus canciones, siempre con un pie en el sonido Madchester y otro en la herencia de los Rolling Stones. ¿Previsible? Por supuesto. ¿Poco arriesgado? Sin duda. ¿Eficaz? Absolutamente. Como en el caso de los Manic Street Preachers en la jornada del sábado, el suyo fue un concierto que hubiera pasado desapercibido enmarcado en otro cartel, pero la falta de propuestas musicales de auténtica relevancia que ha padecido el FIB este año termina por situarles entre los destacados.

 

 

Prueba de esa escasez de argumentos musicales de peso en el escenario principal fue el concierto de Paolo Nutini, un guapo vocalista que practica blue eyed soul poniendo en el asador toda la carne de que dispone: Una voz que rompe cuando es necesario, una banda competente en la que no faltan coristas y sección de metal, unas interpretaciones de gran intensidad emocional… Y, sin embargo, no pasa de ser un sosias de Rod Stewart para adolescentes con las hormonas en ebullición. Un artista prácticamente ignoto en España, que visitó de nuevo Benicàssim para complacer al público británico (como muchos otros de los presentes en el cartel).

 

 

Electrónica de after y disc jockeys de diverso pelaje esperaban a quienes desearan apurar las horas que le quedaban a un festival que tiene por delante el reto de enderezar un rumbo que comenzó a variar con la llegada de Vince Power, y que sigue más pendiente del turismo inglés low cost que de su propia historia. En cada una de sus apariciones públicas, Melvin Benn ha subrayado su intención de volver a hacer del FIB algo grande. Este año llegó con el tiempo justo y arrastrando problemas heredados, pero en 2015 tendrá que concretar con hechos sus buenos propósitos. Parece que la coincidencia de fechas con el Latitude Festival (Suffolk), que también dirige, permitirá traer a nuestro país a muchos de los artistas que pasen por allí, pero que en la rueda de prensa de balance del festival asegurara que los cabezas de cartel son la guinda del pastel, una frase que prioriza el carácter vivencial y de experiencia vacacional del festival por encima de su contenido musical, no invita a la tranquilidad. Sobre todo, porque la clase media exhibida en el cartel de este año tampoco permite que se dispare el optimismo. Dentro de un año, la solución.

Fotos: Liberto Peiró

Paolo Nutini

CRÓNICA FIB 2014: DOMINGO

El FIB 2014 es historia. Según las cifras oficiales, facilitadas por la organización del festival, una media de treinta mil espectadores ha acudido diariamente al recinto de conciertos de Benicàssim, donde el jueves y el domingo dio la sensación de haber menos gente que el viernes y el sábado. En cuanto a la procedencia del público, un 55% ha sido de nacionalidad británica o irlandesa, un 40% españoles y el residual 5% restante, de otros países. La edición de 2015, que se celebrará del 16 al 19 de julio, mantendrá la filosofía de este año, aunque se anunciaron cambios sutiles sin especificar, destinados a la captación de nuevos públicos.

 

Jessica Sweetman

 

Toda esta información fue facilitada a los medios la mañana del domingo. Por la tarde, a las 18 h., los australianos Blank Realm se subían al escenario Trident para abrir la última jornada del festival a base de canciones con personalidad y de adscripción indie, aunque con detalles de guitarras pop que podían evocar a los Go-Betweens, el grupo de referencia en el género cuando se trata de las antípodas. Tras ellos, el FIB Club acogía a Jessica Sweetman, cantautora sin guitarra que a las primeras de cambio se descolgó con una poco afortunada versión de “Glory Box” (Portishead). No se puede decir que destaque entre la abundante nómina de songwriters femeninas que puebla la escena internacional, y se movió en unas coordenadas estándar que la sitúan más cerca de Sheryl Crow que de Suzanne Vega.

 

Drenge

 

La tarde se iba desperezando y el público seguía siendo escaso, incluso en un escenario Maravillas que entró en juego a las 20 h., con el show de Drenge, un joven dúo de guitarra (y voz) y batería que parece vivir dentro de “Bleach”, el primer disco de Nirvana. Sonido grunge según los preceptos del género que, en todo caso, ejecutan con energía y convicción. Tanta, que parecen llegados directamente desde 1991. Y, por muchas ganas que le pongan, el retraso es de casi veinticinco años.

 

The Presidents of the USA

 

Del Seattle imaginario en que habitan Drenge pasamos al real con The Presidents of the USA, que proceden de la ciudad y decidieron jugar sobre seguro, rompiendo el hielo con una versión de “Kick Out The Jams” (MC5). Después llegarían hits como “Kitty” o “Lump”, un homenaje a Mark Sandman (el malogrado líder de Morphine) o su conocida relectura de “Video Killed the Radio Star” (Buggles). Divertidos, sacando el máximo partido a un bajo de dos cuerdas y una guitarra de tres, ofrecieron la ración de rock cazurrete y saltarín que nunca falta en un festival, y que sin acabar nunca entre lo más destacado del día, proporciona un agradable soplo de aire fresco.

 

Kodaline

 

Como en anteriores jornadas, el nivel del relleno del cartel que ameniza la espera hasta la llegada de los primeros espadas fue tremendamente irregular. Si el sábado los Manic Street Preachers protagonizaron el momento galés de este año, el domingo fueron Kodaline quienes enarbolaron el orgullo irlandés. Su inofensivo folk-pop, con eventuales derivaciones épicas a base de crescendos vocales, se cimenta en la guitarra acústica de su líder, Stephen Garrigan, que guió al público en “All I Want”, cierre con aire de himno que recordó a Coldplay.

 

Nina Nesbitt

 

El discreto debut de Nina Nesbitt en España tampoco pasará a la historia. Es otra cantautora acompañada de banda que combina sensibilidad acústica y eléctrica en canciones sobre vivencias personales relacionadas con trastornos sentimentales (“Peroxide”), que pueden interesar a un sector de público en un abanico de edades muy concreto, pero tienen por delante mucho camino que recorrer si pretenden dejar alguna huella en el futuro. En otras coordenadas sonoras (rock de corte urbano con alguna pincelada de blues) se mueve Hozier, aunque comparte con la Nesbitt la incapacidad para trascender. En ambos casos, su concierto se olvidaba a los pocos minutos de haber finalizado.

 

Travis

 

Con la comparecencia de Travis se iniciaba la sucesión de nombres de relevancia del día. Y lo cierto es que la banda escocesa despachó un concierto de sonido impecable y repertorio digno (“My eyes”, “Flowers in the window”), pero también dio la sensación de que no acabarían nunca. Sosos en grado superlativo, con cierto matiz mesiánico, se abonaron a la guitarra de doce cuerdas de su líder, el barbudo Fran Healy, para sacar adelante una actuación que nos hizo pensar que, sin ser ni mucho menos un grupo de referencia, atravesaron momentos mejores en el pasado.

 

M.I.A.

 

Menos mal que la jornada se arreglaría por fin con M.I.A., que ofreció un show total, cuarenta y cinco minutos non stop que supieron a muy poco (resulta injustificable que su pase fuera tan corto) y en los que arengó al público, se paseó por el foso y se mezcló con las primeras filas, se contoneó al lado de sus dos bailarines y, sobre todo, disparó material de gran calibre con la ayuda de su DJ, en un formato típico del hip hop, aunque en su repertorio abunde la mezcla de géneros. Los visuales subrayaban el carácter reivindicativo de muchas de sus letras, mientras temas como “Bring the Noize” o “Boyz” se iban sucediendo sin pausa, enlazados unos con otros, sin dar tregua a la audiencia. La corta duración del show impidió escuchar bombazos imprescindibles como “Jimmy” o “Born free”, pero así y todo la británica de origen tamil no tuvo dificultades para coronarse como reina del FIB 2014, gracias también a un final en el que brillaron las celebradas “Paper Planes” y “Bad Girls”. Brutal.

 

The Charlatans

 

Aún bajo los efectos de su actuación, nos plantamos en el escenario Trident para vivir una regresión al FIB de otros tiempos, aquel en que la escena inglesa se enseñoreaba del cartel sin necesidad de recurrir a vulgares productos de consumo rápido. Era pues el turno de Charlatans, que volvían a Benicàssim tras actuar en la primera edición y en la del décimo aniversario, y que optaron por lo más eficaz en estos casos: Tocar los hits. “Can’t get out of bed”, “The only one I know”, “Weirdo” o “North Country Boy” fueron cayendo una tras otra mientras Tim Burgess oteaba satisfecho a los miles de personas que bailaban al son de sus canciones, siempre con un pie en el sonido Madchester y otro en la herencia de los Rolling Stones. ¿Previsible? Por supuesto. ¿Poco arriesgado? Sin duda. ¿Eficaz? Absolutamente. Como en el caso de los Manic Street Preachers en la jornada del sábado, el suyo fue un concierto que hubiera pasado desapercibido enmarcado en otro cartel, pero la falta de propuestas musicales de auténtica relevancia que ha padecido el FIB este año termina por situarles entre los destacados.

 

Paolo Nutini

 

Prueba de esa escasez de argumentos musicales de peso en el escenario principal fue el concierto de Paolo Nutini, un guapo vocalista que practica blue eyed soul poniendo en el asador toda la carne de que dispone: Una voz que rompe cuando es necesario, una banda competente en la que no faltan coristas y sección de metal, unas interpretaciones de gran intensidad emocional… Y, sin embargo, no pasa de ser un sosias de Rod Stewart para adolescentes con las hormonas en ebullición. Un artista prácticamente ignoto en España, que visitó de nuevo Benicàssim para complacer al público británico (como muchos otros de los presentes en el cartel).

 

Fin de fiesta

 

Electrónica de after y disc jockeys de diverso pelaje esperaban a quienes desearan apurar las horas que le quedaban a un festival que tiene por delante el reto de enderezar un rumbo que comenzó a variar con la llegada de Vince Power, y que sigue más pendiente del turismo inglés low cost que de su propia historia. En cada una de sus apariciones públicas, Melvin Benn ha subrayado su intención de volver a hacer del FIB algo grande. Este año llegó con el tiempo justo y arrastrando problemas heredados, pero en 2015 tendrá que concretar con hechos sus buenos propósitos. Parece que la coincidencia de fechas con el Latitude Festival (Suffolk), que también dirige, permitirá traer a nuestro país a muchos de los artistas que pasen por allí, pero que en la rueda de prensa de balance del festival asegurara que los cabezas de cartel son la guinda del pastel, una frase que prioriza el carácter vivencial y de experiencia vacacional del festival por encima de su contenido musical, no invita a la tranquilidad. Sobre todo, porque la clase media exhibida en el cartel de este año tampoco permite que se dispare el optimismo. Dentro de un año, la solución.

Fotos: Liberto Peiró