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ESCUCHA EL NUEVO SINGLE DE MODELO DE RESPUESTA POLAR

Modelo de Respuesta Polar ha estrenado su nuevo single “Momentos similares” en Hoy Empieza Todo de Radio 3. Tras un exitoso crowdfunding, Modelo de Respuesta Polar, está a pocas semanas de publicar su nuevo disco, que verá la luz el 15 de abril. Un tema que será, durante toda esta semana, el “Melocotonazo apadrinado” en el programa que presenta Ángel Carmona.

Con este estreno, Modelo de Respuesta Polar da el pistoletazo de salida a una nueva etapa en la que la evolución y las letras de Borja Mompó cobran una nueva dimensión. Una voz mucho más personal y fuerte de la que Ricky Falkner (su productor) ha sabido sacar toda la sustancia y unas vivencias contadas desde lo cotidiano y lo más íntimo. Una nueva etapa en la que camina de la mano junto a Hook Management tras su reciente fichaje.

Modelo de respuesta polar estarán este año en festivales como el SanSan Festival, Sos 4.8, Sonorama Ribera y Mad Music City

Foto portada: Juan Pérez-Fajardo

libertines al IbizaRocks

THE LIBERTINES, FIGURAS DESTACADAS DE LAS CONFIRMACIONES DEL SOS 4.8 2016

The Libertines, son sin lugar a dudas las estrellas de las nuevas confirmaciones del  SOS 4.8, que celebrará su novena edición los próximos 6 y 7 de mayo de 2016, y que también suma a The Martinez Brothers, Blonde Redhead, Pional, Nudozurdo y Modelo de Respuesta Polar.

Las nuevas confirmaciones están encabezadas por The Libertines, el regreso de una de las bandas británicas más importantes de los últimos 20 años, con Pete Doherty convertido en ídolo de una generación entera. También Martinez Brothers, dos jóvenes del Bronx que ya están instalados cómodamente en la élite del house mundial y que vendrán acompañados en exclusiva de Seth Troxler, otro nombre clave del house, que completará una actuación que se antoja memorable. Blonde Redhead, el trío de New York a medio camino entre el pop electrónico y el rock underground (Fugazi se los llevaron de gira la primera vez que los vieron), es una de las sorpresas que nadie esperaba en el cartel de este año. Pional, una de las referencias más importantes dentro de la escena electrónica internacional, demostrará una vez más que deposita todo su talento en el poder de la armonía aplicada a la pista de baile. También estarán en esta novena edición del SOS 4.8 Nudozurdo, una banda que se ha ido abriendo camino poco a poco desde que grabaran Sintética, con su rock profundo, ambiental y salvaje, y los valencianos Modelo de Respuesta Polar, que están a punto de editar un disco que los va a poner en el siguiente nivel.

El SOS 4.8 ya contaba para su edición 2016 con ChvrchesMatt and Kim,  Love of LesbianAmaral, Mew,ToundraTriángulo de Amor Bizarro,  Kiko VenenoLeón BenaventeSecondÁngel StanichBelize Corizonas además de las confirmaciones de electrónica dentro del SOS Dance: Addcitive TVEdu ImernonGonçalo y Luciano.

Toda la información del SOS 4.8 en: http://bythefest.com/festivales/sos-4-8/

ASÍ TE CONTAMOS EL SOS 4.8

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KULA SHAKER Y OTRO BUEN PUÑADO DE LO MEJOR DEL INDIE NACIONAL EN EL NUEVO AVANCE DEL SONORAMA RIBERA 2016

Kula Shaker es la sorpresa que nos tenía reservada para el día de hoy el Sonorama Ribera ,que celebrará su decimonovena edición en Aranda de Duero del 11 al 14 agosto. El clásico festival arandino siempre se ha caracterizado, además de su incondicional apoyo al indie nacional, por escoger a sus artistas internacionales de forma cuidada y sin limitarse a los programados por todos los festivales de temporada, incluso rescatando a bandas que habían desaparecido del foco pero con mucha personalidad.

Además de la banda de Crispin Mills, que están de retorno con nuevo disco, el festival, dentro de la tanda de artistas que acaba de  en el programa 180 grados de Radio 3, confirma a León Benavente, Triángulo de Amor Bizarro, Quique González y los DetectivesBelako, BuffetlibreTrajano!, Modelo de Respuesta Polar, Copiloto, Disciplina, Atlántico, Drow, Elyella djs, Exsonvaldes, Julieta 21, LeSuite, Sidecars, Siloé y Supercroma.

El Sonorama Ribera 2016 contaba ya con un cartel formado por The HivesThe Bohicas,Mando Diao091Niño de ElcheIzal,  Love of Lesbian, BarbottBelizeCarlos SadnessClara PlathDelorentosEllosIglooKitaiLa FronteraLuis Brea y el MiedoMiss CaffeinaMuchoRicardo VicenteSecondSeñoresShinovaThe Great BarrierThe Purple Elephant y Tigres Leones.

Toda la información del Sonorama Ribera en: http://bythefest.com/festivales/sonorama/

ASÍ TE CONTAMOS EL SONORAMA RIBERA 2015

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L.A., MISS CAFFEINA Y ZAHARA ENTRE LOS NUEVOS ARTISTAS CONFIRMADOS PARA EL SANSAN FESTIVAL 2016

También se suman Amatria, Dinero y Modelo de Respuesta Polar a una programación que sigue cogiendo forma poco a poco. Después de anunciarse esta misma semana la presencia de los albaceteños Chucho con nuevo disco en primicia, el cartel de la tercera edición del SanSan Festival sigue aumentando, siendo la mejor opción para vivir unas vacaciones musicales únicas repletas de sol, playa y amigos.

Los mallorquines L.A., (entrevista) encabezados por Luis A. Segura, están acumulando kilómetros a su particular carrera musical gracias a la presentación de su exitoso álbum From The City To The Ocean Side (Sony Music, 2015). Las diez nuevas canciones de los isleños les han llevado a países extranjeros como Alemania, donde llevaron a cabo un extenso tour.

El cuarteto Miss Caffeina ofrecerá el primer concierto de presentación de su nuevo disco Detroit (Warner Music, 2016) en un festival al aire libre en Gandia. En su directo mezclarán sus habituales sonidos de rock electrónico donde los sintetizadores reclaman protagonismo creando una atmósfera envolvente, futurista y sofisticada.

La jienense Zahara llegará dentro de la segunda parte de la gira de Santa (G.O.Z.Z. Records, 2015), largo que entró directamente al #3 de los discos más vendidos en la semana de su lanzamiento. Desde entonces la joven artista ha ofrecido medio centenar de conciertos, alternando los formatos acústicos y eléctricos, con llenos en la mitad de sus shows.

También con nuevo disco bajo el brazo llegará Amatria, proyecto liderado por Joni Antequera (voz, guitarra, teclado, sintetizador) y completado en directo por Marcos Carnero (bajo y guitarra) y Pablo García (batería). Su homónimo disco Amatria (Subterfuge Records, 2015) está repleto de hits bailables como ‘Chinches’, el rompepistas de la temporada.

El power-trío Dinero está ultimando la grabación de su cuarto trabajo discográfico en formato largo, aún sin título, que presentará en nuestro festival. Rock’n’roll facturado con calidad distingue a este gran grupo que continúa creciendo a base de trabajo y constancia. Sus directos, tan electrizantes como intensos, siempre gustan a propios y extraños.

Los últimos confirmados en esta nueva tanda son Modelo de Respuesta Polar, quienes están grabando y mezclando su nuevo disco. Con misterio sobre sus nuevas composiciones, están trabajando junto a Ricky Falkner en los Estudios Reno (Madrid) en lo que serán sus nuevas melodías gracias su particular proyecto de micromecenazgo.

El Sansan Festival 2016 ya contaba con ChuchoDorianFullGrisesÁngel StanichCorizonasPolockSecond, La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.), MuchoNunatakThe ParrotsCarmen Boza, Ochoymedio djs Eme DJ.

ENTREVISTA A L.A.

ENTREVISTA A LA M.O.D.A. 

ENTREVIATA A NUNATAK

CUESTIONARIO DJ: OCHOYMEDIO DJ

CUESTIONARIO DJ: EME DJ

La tercera edición de SanSan Festival tendrá lugar durante las jornadas del jueves 24, viernes 25, sábado 26 y domingo 27 de marzo en Gandia (Valencia), localidad costera por excelencia que ofrece un atractivo turístico altamente demandado en dichas fechas. Las entradas anticipadas en sus distintas modalidades (abono 4 días, abono VIP y abono Súper VIP) están a la venta en www.ticketbell.com.

 

 

izal festival de los sentidos

EL MAD MUSIC CITY NACE CON LA CONFIRMACIÓN DE IZAL

El Mad Music City tampoco es que sea un festival nuevo, es una evolución de lo que el año pasado se llamó Festival Mat Mad, y se celebrará en la misma ubicación -Matadero Madrid- y en las mismas fechas -día europeo de la música- , aunque ampliando jornadas entre el 15 y el 19 de junio. Este evento pretende ser el Festival Multidisciplinar de referencia en la capital, con cinco días de actividades relaciones con la música.

Según anuncian en su propio cartel, el Mad Music City contará con actividades como Mad Mat, Mad Kids, Mad <18, Mad Amateurs, Mad Cine, Mad Eco, Mad Games, Mad Jazz y Mad Swing.

Satellite-Stories SOS 4.8

SOS 4.8: NUEVAS INCORPORACIONES

El festival SOS 4.8, que se celebrará el 1 y 2 de mayo en Murcia, no para de generar noticias, si hace unos días era la distribución por días o el nuevo Escenario Jägermusic, hoy es el turno de nuevas confirmaciones. I’m From BarcelonaSatellite Stories (en la foto), Los Fresones RebeldesBuffetlibreNeumanLos Últimos BañistasEl Bueno El Feo y el MenaBelöpViva SueciaLovelife DJsSecond DjsWe Are England DjsWomen BeatLawyersCorreosAlborotador GomasioAmatriaModelo de Respuesta Polar, Gaizka Mendieta y Jon Gasteiz y Toxicosmos son las nuevas incorporaciones al cartel del SOS 4.8 edición 2015.

Los artistas confirmados hasta ahora son: MorrisseyThe National2Manydjs DJ setThe VaccinesPalma VioletsMetronomyTemplesYears&YeatsGlass AnimalsFM BelfastDJs from MarsLunaSupersubmarinatienne de Crécy Digitalism Dj setKrangkarussell DJ set Les Castizos, Lori MeyersXoel LópezBiggotAnni B. SweetCrudo PimentoDer PantherDisco las Palmeras!Jupiter LionJuventud Juché, Olde GodsSen SenraThe Parrots, The Zephyr Bones  NunatakDorianMi CapitánLos PunsetesMurciano TotalEl Último VecinoPerro y Elyella DJs. 

Toda la información sobre el SOS 4.8http://bythefest.com/festivales/sos-4-8/

Primal Scream Vida 2015

CONOCE LA DISTRIBUCIÓN POR DÍAS DEL VIDA 2015

En la rueda de prensa de ayer noche que ofrecieron los responsables del Vida Festival, además de presentar el cartel del Vida 2015 con la incorporación de Super Furry AnimalsEzra Furnan, Krystal Klear DjsTiger & Woods DJsModelo de Respuesta Polar, Dj Coco, Joan Thelorious, Indiespot Dj, Monami Dj, EOTR Djs, Miguel Martín (Stand Up Comedy) y Vida Djs también se desveló la distribución por días de los artistas del cartel.

Toda la información del VIDA 2015http://bythefest.com/festivales/vida-festival/

 

Los Punsetes

CRÓNICA MBC FEST: VIERNES

Entre Usain Bolt y Éric Moussambani hay un término medio. Si uno se aleja debe saber que asume riesgos. Y que luego no va a ser fácil desembarazarse de ellos. Cuando el MBC Fest se presentó en sociedad parecía una de esas fiestas que monta el rey de la velocidad después de una de sus victorias. No había ningún jamaicano bailando, pero sí mucha aspiración de marca mundial. La palabra gourmet se repetía hasta la saciedad. Después, se la llevó el viento a trompicones. Y como si de la isla de “Lost” se tratara, el festival anunciaba que se movía físicamente. A punto estuvo de dejar Puerto de Sagunto para acabar en el despropósito sonoro de una feria de muestras. Afortunadamente, lo que nunca varió fue su fecha de inicio. El 3 de abril. Ayer.

Los primeros grupos de los festivales tienen algo de los trailers que se proyectan antes de las películas. Nadie va a verlos exclusivamente, pocos les prestan atención y para ellos no es más que una breve presentación con la que despertar el futuro interés del espectador. Claro está, si tiene la suerte de que este último asista, que no fue el caso. Césped de Verdad abrieron el festival con su triturado proto-noise de aristas distorsionadas, como clamando en un desierto en el que los fieles apenas empezaban a aterrizar. A ellos les fueron sucediendo, alternando escenarios, unos excesivamente lineales The Soda Club, la efectividad puesta al día del decálogo blues-rock-folk de Johnny B. Zero, los anodinos Correos y el voluntarioso power pop de Testarosa, en la tradición de los mejores Weezer, vamos los del principio.

Testarosa

El MBC Fest empezó a desperezarse con Coleccionistas. Un nuevo proyecto que viene a confirmar aquello de que el orden de los factores no altera el producto. En otros ámbitos se hablaría de supergrupo. No es para menos. Remi Carreres (exGlamour y exComité Cisne, pero alérgico a la nostalgia barata, e inquieto y experimental músico como Jean Montag o con su propio nombre) + Jorgé Pérez (Tórtel, nada más que añadir) + Víctor Ramírez (ojo con el disco que acaba de firmar con su apellido, “Book of youth”, talento elevado a la quintaesencia). Melodías hipnóticas, que rezuman libertad compositiva, y arrastraron a la contagiosa danza tribal, cuando la luz aún permanecía, entre nosotros, tímidamente. Una batidora que aunó, sin despeinarse, todos los sonidos imaginables, del pop pluscuamperfecto al neotropicalismo, bajo la supervisión de San Brian Eno. Sus bucles cósmicos arrancaron los primeros aplausos y bailes de devoción, que para algo era Viernes Santo. Sí, gourmet es una buena palabra.

Coleccionistas

El sur también existe y es espacial. Holögrama bien lo saben y por eso mezclan los espetos con Neu! Son de Cádiz, viven en Granada y han publicado disco (“Waves”) con un sello de Chicago, Trouble In Mind, el mismo de Ty Segall o Jacco Gardner. Su música de no-baile que incita al mismo, podría ser familia lejana de Suicide o Spacemen 3. El peligro de esta psicodelia multicapas de habitación es querer trasladar, miméticamente, lo grabado al directo. Por fortuna, los andaluces no cometieron este error, sino todo lo contrario. Expandieron su arsenal sonoro, acentuaron los loops buscando la complicidad del público y por momentos parecía que habían invocado, a la vez, a Pink Floyd, Triana y Kraftwerk. Tal vez más limitados en el aspecto vocal, supieron resarcirse de unos pequeños problemas de sonido que acabaron incorporados a su propuesta.

Modelo de Respuesta Polar fueron la otra cara de la moneda. Su disco, “El cariño”, no es un punto de partida en sus conciertos, sino el puerto de llegada. Y eso acaba lastrando su actuación. Excesivamente introspectivos y apáticos en el escenario, acaban transpirando frialdad cuando aspira a ser intensidad. Eso sí, sus fans encantados.

Modelo de Respuesta Polar

Pocas bandas como Univers han asimilado las enseñanzas del curso del 86. Sus canciones, en el punto exacto en el que el shoegaze y el dreampop menos lánguido se encuentran, aseguran un repertorio para la juventud eterna. Tal vez, ayer, demasiado escorados hacia el harcore de escuela catalana, acabaron perdiendo matices en favor de las danzas sincopadas y los brazos en alto. Y tratándose de un festival puede que no fueran desencaminados.

Cada concierto de Grupo de Expertos SolyNieve se vive con la incertidumbre (y por extensión, la pasión) de si será el último. No hay razones fundadas para sospecharlo, por su agenda y por las referencias que (últimamente, eso sí, con cuentagotas) van editando, pero el temor parece flotar en el ambiente y en el escenario. Cuando suenan las primeras notas y ellos adoptan el papel escénico de unos Crosby, Still, Nash & Young del siglo XXI, las brumas se disipan. Tienen repertorio, solvencia y calidad. Atacan los temas con carácter sureño. A pesar de no ejercer de showmans, la química con el público está a prueba de balas. Y aunque puede que abusaran de tiempos medios, que acabaron ralentizado en exceso un directo nacido para desbordar, su cierre con “La Reina de Inglaterra” coreada a pulmón entre los presentes, ayudó a que mucha gente hiciera las paces, definitivamente, con el MBC.

Grupo de Expertos Solynieve

Las influencias hay que asumirlas porque de lo contrario acaban siendo una piedra en el zapato. A Siberian Wolves les siguen pesando. Pensaron que sonando más fuertes y más rápidos saldrían victoriosos, pero su rock potente, de clara inspiración “ledzeppeliana”, con paradas en el grunge más musculoso y en la herencia de The White Stripes, acabó en una burbuja ampulosa estancada. Como esos Royal Blood con los que tanto comparten (bajo vs guitarra al margen), los árboles no dejan ver el bosque.

The Pains of Being Pure at Heart son como Guti o Iván de la Peña, aquellos jugadores talentosos de los noventa que acabaron en dique seco. Entre la excesiva veneración a sus referentes y cierto ombliguismo formal, su carrera acabó diluyéndose en un callejón sin salida. Al grupo norteamericano no parece preocuparle, por ahora, que ese pudiera ser su futuro. A sus seguidores tampoco. Y es que después de haber maquillado su shoegaze de manual con ciertos trazos pop, sus estribillos son, todavía, más contagiosos. La receta funciona en directo. Menos oscuros y más The Smiths y Style Council, concisos y directos, celebrados y trotones. El reto es saber si acabarán encontrando su propio camino o jugando para la galería. Lo segundo, al menos, lo hacen muy bien y se agradece.

The Pains of Being Pure at Heart

Con Mujeres se sobrepasaba la medianoche y empezaba (aunque estos actuaron en otro escenario) un pequeño mini-festival no oficial dentro del mismo MBC Fest. Cuatro bandas nacionales que tienen en el directo una de sus bazas principales. Distintas las unas de las otras como los hijos de Brangelina. Mujeres fueron un auténtico torbellino, con su rock de guitarras nerviosas y estribillos infinitos, allá donde el punk y el rockabilly procrean. Su entrega y la comunión con el público fue total. Diversión máxima y sudor a granel, con versión de Kokoscha incluida.

A Los Punsetes (en la foto de portada) cuanto más se les conoce más se les quiere. Han sabido actualizar su deuda con La Movida saliendo indemnes en el empeño. Ya han pasado cuatro discos y no cuela lo de tacharlos de hype moderno. El estatismo de su cantante, mientras la gente corea y salta sus pequeños hits es la mejor fotografía posible de sus conciertos. Aquí no se dejaron ninguno por tocar. Y si hubieran repetido el tracklist desde el inicio, muchos lo hubieran celebrado.

Ellos hubo un tiempo en que parecía que se iban a comer el mundo. También anoche flotaba esa sensación, cuando salieron siete personas al escenario impecablemente vestidas de blanco. La puesta en escena invitaba a creer que sería un directo arrollador. Pero su electro-pop, de claras reminiscencias ochenteras, naufragó por inanición sonora. Querer jugar a ser Morrissey o Jarvis Cocker no está al alcance de todos.

Ellos

Perro son como un puñetazo gracioso en la cara. Algo imposible de encajar, pero fácil de imaginar. No hacen ascos a ningún tipo de sonido, lo fagocitan todo, son una apisonadora adorable, una máquina de fabricar saltimbanquis. Así sonaría Poch de estar vivo. Fue el mejor concierto del día. Eso sí, seguramente, programados a otra hora hubieran hecho volar el escenario. Tuvieron que conformarse con nuestras cabezas. El mejor sabor de boca posible antes de la retirada. El cartel, del que se había caído Yuksek, aún anunciaba más nombres con el baile como objetivo, pero quedan dos jornadas y ya saben aquello de que una retirada a tiempo es una victoria.

Fotos: Óscar L. Tejeda

Manual de uso del MBC Festhttp://bythefest.com/mbc-fest-manual-de-uso/

Todas las entrevistas de los artistas del MBC Festhttp://bythefest.com/las-entrevistas-del-mbc-fest/

Toda la información del MBC Fest en: http://bythefest.com/festivales/mbc-fest-valencia/

Grupo de expertos solynieve

CRÓNICA DELESTE FESTIVAL

Los festivales urbanos es lo mejor que le ha pasado a los festivales en mucho tiempo. Recintos cerrados, aforos limitados, sonido estupendo, aglomeraciones inexistentes, indiferencia climatológica y pequeños grandes lujos como acudir en autobús, dormir en casa (siempre que uno resida en la ciudad que acoge el evento) o no tener que aguantar, al lado, el roce de un torso sudado sin camiseta. Llámenlo, si quieren, comodidad burguesa, pero bienvenida sea. La gente acude porque les interesa la música. ¿A todos? Siempre hay parlanchines dispuestos a robarle protagonismo a lo que sucede encima del escenario. Nadie, ni nada, es perfecto.

 

El Deleste es uno de esos festivales. Tres ediciones le han bastado para vender todo el papel en una ciudad tan imprevisible como Valencia. Un mérito digno de reconocer, sobre todo en un año en el que la presencia internacional (Fanfarlo y Josh T. Pearson en 2012 y The Pastels y Nice Weather for Ducks en 2013) se había esfumado del cartel. Como contrapeso indirecto nacía el Deleste Loft, una apuesta por la música electrónica que, sin embargo, no ha obtenido la respuesta esperada. Más que un problema de nombres parece haber sido de horarios. Bastará con una simple redefinición de los mismos para acabar de consolidar una oferta que ha saciado las expectativas generadas.

 

Buen ambiente en Valencia

 

El festival ha logrado lo más difícil, una comunidad propia a la que por fortuna nadie ha bautizado con aberrantes nombres como delesters o algo así. Un punto más a favor de estas propuestas. Con el sold out de la presente edición el apuntalamiento del certamen es una realidad. La fórmula funciona. Y esa debería seguir siendo la filosofía del futuro. Hay público y la mejor de las noticias es que no corresponde a ningún estereotipo fácil. Un antropólogo babearía ante la posibilidad de analizar a este colectivo y cómo ha ido siendo su evolución a lo largo de la historia festivalera en este país. Resulta curioso cómo los años han ido arrinconando las camisetas con nombres de grupo (aquí la presencia era testimonial y gracias a bandas del pasado como The Stone Roses, Dinosaur Jr, Sonic Youth o The Police) que antes eran (casi) el ADN de sus portadores y ha globalizado el perfil de los asistentes. Otra buena noticia que nos ha dejado el Deleste ha sido la abundante presencia de músicos locales como espectadores.

 

A los apresurados en tiempos de twitter, el Deleste Festival 2014 se les podría resumir con una explicación bien sencilla: está el Grupo de expertos Solynieve por un lado y el resto por el otro. Ni siquiera unos pequeños problemas de sonido pudieron frenar la exhibición musculosa y pasional del grupo de Manu Ferrón y J. Temperamento sureño para unas canciones que crecen en el escenario gracias a una mutación instrumental que arrasa con todo lo que se encuentra en su camino. Algo así como una especie de Crosby, Stills, Nash & Young & (Robert) Pollard.

 

Grupo de Expertos Solynieve

 

Eso es precisamente todo lo que se echó en falta en el set del otro cabeza de cartel, El Columpio Asesino, que en la primera jornada del festival se limitaron a ejecutar las canciones con tal parsimonia que costaba creer que fueran los mismos que han parido un disco tan visceral y crudo como “Ballenas muertas en San Sebastián”. Cuando recuperaron “Motel”, de su disco debut, y repitieron aquello de “Y me quieres engañar pero estás domado”, daba la sensación de que exorcizaban una sesión de psicoanálisis en público. Los consabidos (y esperados) hits encadenados al final de su concierto levantaron el ánimo de sus seguidores, pero no borraron esa sensación de oportunidad perdida que flotaba en el aire.

 

El Columpio Asesino

 

La misma que acompañó a Modelo de Respuesta Polar y Polock. Ambos jugaban en casa y este debía haber sido uno de esos puntos de inflexión que marcan una carrera. Los primeros han crecido paralelamente al Deleste (es el primer grupo que repite participación en el mismo), pero su dosis de melancolía introspectiva acabó traduciéndose en una desgana interpretativa que sucumbía, en algunas zonas del recinto, al murmureo incontinente del respetable. Los segundos deberían haberse comido el escenario y canciones no les faltan para ello. Falló la actitud, esa que permite esquivar la sensación lineal y repetitiva para los no fans. Los que sí lo son, lo pasaron en grande.

 

Polock

 

Maria Coma tuvo la simple difícil papeleta de subir el telón del festival el viernes a las siete de la tarde. El auditorio de La Rambleta ya presentaba una buena entrada, presagio tal vez de lo que iba a ocurrir en ambas jornadas. La catalana no renuncia a nada y, por ello, no anda lejos de que su música sea categorizada como vanguardista. Acompañada de un necesario Pau Vallvé (que después daría uno de los conciertos más refrescantes y lúcidos del fin de semana con su proyecto personal), juega con el academicismo de la música clásica y las prestaciones de la electrónica (esos maravillosos loops tan bien utilizados) al tiempo que guiña un ojo al pop independiente, entendido tal con una amplitud de miras muy estimulante.

 

Otro de los aciertos del Deleste es evitar que se solapen las actuaciones, por lo que es posible ver absolutamente todo lo ofertado. Luego surgen necesidades vitales como calmar un estómago desbocado de hambre que bien podría inspirar un tema de los mismísimos Za! La mención no es gratuita porque fue uno de lo grupos que despertó más piropos entre los que presenciaron su directo. Otros optamos por el turismo gastronómico de la zona en clave kitsch y mientras el dúo reventaba las pulsaciones de los presentes, acabamos en un bar con un jamón en una urna en el que se había aparecido la efigie de Cristo.

 

Za!

 

La anécdota, de haberla conocido, seguro que la hubieran incorporado a su repertorio Pony Bravo. Ellos abrían el viernes el escenario Jägermeister (que, al contrario que en otros festivales, no estaba copado de promesas futuras) y gozaron de las primeras mareas de gente entregada, manos y puños en alto. Su festivo eclecticismo y sus letras, supuestamente graciosas, les colocan en la línea delgada que separa la broma de raíz verbenera de No Me Pises Que Llevo Chanclas con el rock andaluz de los setenta, evolucionado gracias a una batidora sin prejuicios. Y ahí siguen, haciendo equilibrios sin caer en el lado equivocado.

 

Pony Bravo

 

Belako no despertaron dudas. Son jóvenes y por eso tocan como si se fueran a morir mañana. No hay otra opción. Pero lo más interesante no es ese huracán que arrancó de su pasividad hasta al más inmóvil, sino el margen de crecimiento que muestran. Han saqueado las arcas sonoras de décadas precedentes (Joy Division, Pixies, Dinosaur Jr, Nirvana…) como punto de partida y no como dogma de fe, y hacen con ellas lo que quieren. Podrían entregarse a la velocidad sin sentido, pero prefieren salir de caza a por la melodía perfecta. Si el público del Deleste tuviera que otorgar un premio, seguramente lo hubieran ganado ellos. Y, además, merecidamente. Durante cuarenta y cinco minutos todos nos volvimos a encontrar con nuestra juventud.

 

Belako

 

Esa sensación, ese reencuentro con el pasado emocional y personal, es el que suele marcar las sesiones, llamémoslas, infantiles de los festivales. El Deleste Kids se llenó, el sábado por la mañana, de padres e hijos. Zumos, selfies y bailes trotones ocuparon el espacio. Me and The Bees adaptaron, en la medida de las posibilidades, su efervescente pop lofi a la ocasión. Sonaron con la frescura y diversión que garantiza un repertorio como el suyo. Mentiríamos si no reconociéramos que nos hubiera gustado volverlos a ver por la tarde sin tiernos infantes por medio. A Red Buffalo alguien les debería haber recordado el leit motiv de la sesión en cuestión. Metieron la directa y lucieron con excesiva energía su rock americano, aún demasiado deudor de sus maestros, en una matinal que acabó con overbooking en el castillo hinchable. La causa-efecto en su máximo esplendor.

 

La tarde del sábado tenía uno de esos terribles enemigos enfrente que todo evento intenta driblar. Nada que ver con la siesta post-paella, sino con el partido Real Madrid – Barça. La asistencia se resintió, pero no el ánimo de los afectados. Alberto Montero volvió a demostrar que cada vez se siente más cómodo en un escenario. Sobrio en la puesta en escena y acompañado por Román Gil, volvió a dar lustre a su folk bucólico, que bebe en Robert Wyatt y el sonido Canterbury. Presentó canción nueva, sonaron las castañuelas en otra y versionó el “Caramelo de limón” de Vainica Doble. Un golazo por la escuadra. Holzwarth, en cambio, transmitió todo el rato la sensación de estar calentando. Su propuesta electrónica no pudo fajarse de cierta bisoñez, pese a sus intentos danzarines.

 

Vista general del recinto

 

Casualidad o no, pero después de que Benzema colocara el 3-1 en el partido en cuestión, el auditorio empezó a recibir un goteo incesante de gente. Madee llenaban el recinto, incluso quedando personas de pie. ¿Quién se lo iba a decir a ellos? Su concierto no provocó sorpresa alguna, aunque bien seguro que nadie las esperaba ni deseaba. La fórmula, para bien y para mal, se la sabían todos de memoria: nervio y contundencia con esas líneas melódicas subterráneas que actúan como argamasa de las canciones.

 

Joe la Reina son vascos, pero bien podrían haber nacido en el sur. Por fortuna abandonaron el folk de manual con el que se dieron a conocer con su primer ep y abrieron puertas y ventanas para que entrara el aire. Y bien que oxigenó. El Deleste era una prueba de fuego para ver cómo defendían su debut grande, un disco renqueante, que alterna momentos de lucidez con otros peligrosamente épicos. La balanza se decantó por lo primero. Como unos Triana con Nick Cave al frente, regalaron algunos de los momentos más fibrosos del festival. Sin poses gratuitas ni histrionismo escénico, fueron compartiendo (posiblemente, el verbo que mejor se acopla a su directo) unas canciones que pueden resultar sencillas, pero son ricas en matices.

 

Nueva Vulcano la liaron

 

Todo lo contrario que Fuckin’ Bollocks, que les tomaron el relevo en el cartel. Garage a piñón fijo a mayor gloria del sudor del público. Tocar rápido no siempre es sinónimo de intensidad. Y a Nueva Vulcano (último grupo en actuar, tras los pases ya comentados de Polock y Grupo de Expertos Solynieve) alguien se lo debería recordar. Sobre todo, porque sus discos son mucho más que eso. Sin embargo, dieron la sensación de que tienen tan asumidas las enseñanzas de la licenciatura hardcore (su cantante ya retozó en el suelo con su primera canción), que han decidido que la velocidad lo tiene que ver todo con el tocino.

 

Con el bucle sonoro retumbando en nuestras cabezas, había cierto miedo por traspasar la puerta de La Rambleta y decir adiós. No porque fuera de noche y el cementerio esté, prácticamente, al lado. Sino por pensar que el Deleste Festival era un espejismo vivido en Valencia. Sin duda, ya va siendo hora de que dejemos de pellizcarnos.

 

Fotos: Liberto Peiró

 

HANDSOME FAMILY

ASÍ TE CONTAMOS EL MONKEY WEEK

La sexta edición del Monkey Week comenzó con suspense. Las previsiones meteorológicas en El Puerto de Santa María auguraban lluvia, y el viernes 10 por la mañana se cumplieron, pero a mediodía escampó y la jornada vespertina de conciertos se desarrolló tal como estaba previsto. Un auténtico alivio para el público, que debido al formato del festival (decenas de conciertos en numerosos espacios repartidos por toda la ciudad), obliga a desplazarse constantemente para ir degustando las actuaciones.

 

 

Tras una mañana de intensa actividad teórica en el Monkey Brain, nuestro periplo comenzó con las gallegas Agoraphobia, ganadoras del Vodafone-yu Music Talent 2013. El quinteto femenino, con varias componentes muy jóvenes, dejó una impresión grata, aunque su sonido no destaque por la originalidad (garaje, hard rock, grunge) y su imagen resulte bastante deslavazada (todas cuidan la estética, pero cada cual tiene una diferente). Le pusieron ganas, aunque les queda trecho por recorrer, circunstancia que resultó evidente cuando fueron relevadas en el mismo escenario (la pequeña terraza del Bar Santa María) por las danesas Nelson Can, la gran sorpresa del día. En su primera actuación en España, el trío dejó claro por qué está llamando la atención allá por donde pasa. Imagen atractiva (todas rubias y de negro) y sonido poderoso, únicamente basado en un bajo proclive a la distorsión y una batería eficaz y sin alardes. La escasez de instrumentación y sus canciones crudas y carentes de adornos han suscitado comparaciones con los White Stripes, aunque la voz y los movimientos de la vocalista Selina Gin remiten a Siouxsie. Sus incursiones entre la gente, impertérrita la mirada y desafiante la actitud, demostraron que tiene madera de estrella. Por la noche, todo el mundo hablaba de ellas.

 

 

A diferencia de otros festivales en que los grupos se alternan en un par de escenarios, en el Monkey Week es imposible asistir a todos los conciertos. Programa de mano en ristre, se trata de organizar una hoja de ruta y escoger un itinerario que puede terminar resultando acertado (el descubrimiento de Nelson Can) o estar salpicado de errores (de los que uno se percata cuando, en los corrillos, se comenta en términos superlativos uno de los conciertos que había descartado). Por eso hay que moverse rápido de un lugar a otro y tratar de cazar todo lo que se pueda. En el escenario del Monkey Market pudimos ver a Pelo Mono, un dúo instrumental de guitarra (Pedro de Dios, de Guadalupe Plata) y batería (Antonio Pelomono) que se presenta enmascarado en escena y se interna por los territorios del blues y el surf pantanoso. Sugestivos. Tras ellos, unos Modelo de Respuesta Polar a los que habíamos visto en el Low Festival y que nos dejaron la misma sensación que entonces: Ejecución impecable, desarrollos instrumentales de connotaciones paisajísticas, una voz que a veces hace demasiadas concesiones a la galería y una actitud que parece impostada (aunque quizá no lo sea). Se puede comprar o no su propuesta con ribetes post-rock, pero no se le pueden hacer reproches.

 

 

Salida de la Bodega Osborne, donde está instalado el mercadillo de stands, y de nuevo a las calles camino de La Cristalera, donde había cierta expectación por ver a Orthodox. El dúo sevillano (trío hasta hace poco) puso una de las escasas notas de metal moderno en el festival, ofreciendo un pase con raigambre doom en el que bajo y batería (los dos únicos instrumentos de la banda) provocaron un tsunami donde se podían detectar barnices jazz e incluso aflamencados (especialmente en la voz). Contundentes.

 

 

Una breve visita a El Cielo de Cayetana nos permitió también echar un vistazo a Royal Mail, finalistas del Circuito Joven Pop Rock de Andalucía. La sombra de los Simple Minds menos estimulantes se cernía sobre los temas que escuchamos, quizá pocos para hacer una valoración completa de la banda, pero la sala Mucho Teatro reclamaba el protagonismo en el cierre de la noche y hacía allí encaminamos nuestros pasos para encontrarnos con Suomo, grupo local (del mismo Puerto de Santa María) que combina reminiscencias de la era siniestra con tecno en la estela de Depeche Mode. Les benefició la reverberación del local, aunque su repertorio no despierta pasiones, pese a los esfuerzos de su vocalista por lucir una imagen (gafas de sol, pelo engominado, larga camisa negra, estatismo en escena) que quizá causara impacto en los ochenta, pero que hoy por hoy resulta retro.

 

 

El sonido no mejoraría con Betunizer, la mejor banda post-punk con que se puede topar uno hoy en día en Europa. Su actuación fue sencillamente apabullante. Incluso Dorian Wood estaba entusiasmado entre las primeras filas (con razón lleva al batería Marcos Junquera en la formación con la que está girando por España). Se ha convertido en tópico hablar de engranajes bien engrasados y máquinas de precisión para describir a las bandas que funcionan con la eficacia de un martillo neumático, pero es que son comparaciones que parecen ideadas pensando en el trío valenciano. Tres músicos excepcionales (a Junquera hay que sumar el bajista Pablo Peiro y el guitarrista José Guerrero) que saben perfectamente lo que quieren y cómo conseguirlo. Una banda que te da un navajazo en el costado y después te proponer bailar mientras te desangras, un mecanismo perfecto en el que la efectividad rítmica se complementa de tal manera con los riffs que es imposible permanecer impasible ante el prodigio matemático que despliegan en sus conciertos. En su caso no cabe hablar ya de grupo emergente ni de promesa. Con tres discos en el mercado y después de varias giras continentales, Betunizer es una de las bandas más importantes de la escena rock estatal.

 

 

Tras su soberbia demostración de fuerza, la bóveda de Mucho Teatro siguió engullendo el sonido que se producía en el escenario, en este caso a cargo de los canadienses Holy Fuck, que parten de una base rock (batería, bajo y ocasional guitarra) para incorporar elementos electrónicos (casios, sintetizador) con los que generan un sonido dance-rock que igual puede remitir al carrusel breakbeat de The Chemical Brothers que a las locuras de Happy Mondays, siempre con un componente personal que se concreta en una puesta en escena que deriva hacia el caos controlado, y en la que también juegan un papel importante el ruido y el aderezo extravagante (una montadora de celuloide utilizada como herramienta generadora de sonidos). Sala a rebosar y show de eficacia incontestable para cerrar nuestro recorrido por la primera jornada de un festival que cumple con lo que promete su acertado lema, que propone descubrir hoy a las bandas del mañana, pero que además ofrece la posibilidad de disfrutar de muchas que ya gozan de un presente deslumbrante.

 

 

 SÁBADO 11

Más de 75 actuaciones en una veintena de recintos. Ese era el menú que ofrecía el sábado el programa del Monkey Week. A todas luces inabarcable. Como bien sabe todo aquel que haya visitado el festival, aquí no se trata de verlo todo, sino de escoger y encomendarse a la suerte. Trazar una ruta y dejarse llevar por la ciudad, de escenario en escenario. Un South by South West en miniatura que convierte el Puerto de Santa María en un hervidero de actividad musical. La lluvia, que fue muy intensa en algunos momentos de la jornada, nos obligó a modificar los planes en algunos tramos del recorrido, al que se añadió, además, un concierto sorpresa. Pero vayamos por partes.

Los cambios de sala forzados por las inclemencias del tiempo (hubo que reubicar los shows al aire libre) provocaron algunos pequeños retrasos que, unidos a lo apretado del cartel, podían derivar en situaciones anómalas, como llegar a conciertos en los que el grupo todavía estaba montando el equipo (o probando sonido) o encontrarse con otros en los que la banda de turno ya andaba recogiendo el material.

 

 

El primer caso nos sucedió con Copo, que regresaban a la localidad gaditana donde grabaron su último disco, “Todos a la guerra” (a las órdenes de Paco Loco), para ofrecer un concierto en el Trocadero que se inició con bastantes problemas de sonido, pero que fue mejorando a medida que desaparecían los acoples y las guitarras comenzaban a sonar. Su pop de ribetes indie en la estela de Niños Mutantes o Lori Meyers podría encontrar hueco en una escena propicia, aunque también bastante saturada. Actuaron para un público bastante escaso, circunstancia que se repite en el Monkey Week con frecuencia, debido a la enorme oferta del festival y a que no todas las bandas despiertan (o son capaces de generar) el mismo interés.

 

 

El menú degustación del día (por la tarde, la única posibilidad de ver muchos grupos pasa por ver quince minutos de cada uno y salir a toda prisa hacia el siguiente local) nos encaminó a continuación hacia el centro cultural donde se había reubicado a los grupos que debían tocar en el Muelle del Vapor. El primero de la lista era Juventud Juché, un trío post-punk madrileño que podría ser el paradigma de una nueva generación de atractivas bandas españolas interesadas en hacer música con aristas, y que han sido capaces de generar un circuito propio (salas, sellos), al margen de los cauces convencionales, que funciona con gran fluidez y crece a ojos vista. La prueba es que ya ha llamado la atención de marcas como Jägermeister, que está patrocinando un puñado de artistas habitualmente olvidados por los grandes medios y los departamentos de marketing de las empresas de bebidas. Sonaron sólidos y vehementes, conscientes de que su mayor virtud es la actitud que derrochan.

 

 

Una rápida escapada a la sala Gold para hacer acto de presencia en la fiesta organizada por el Low Festival con dos aguerridas bandas punk de Benidorm (La Moto de Fernan y Emergency Ponchos) y nueva escala en el Trocadero, para completar el repaso provincial con las alicantinas Rosy Finch. Musicalmente se ajustan a cánones muy reconocibles (grunge, stoner), pero la poderosa presencia de Mireia Porto, su potencia vocal (¿la Courtney Love española?) y el sonido huracanado de su guitarra (Marshall a tope de potencia) son capaces de tumbar a cualquiera. Muy serio lo suyo, y con claras posibilidades de funcionamiento en los circuitos internacionales del género.

 

 

Los siguientes en la lista eran Jardín de la Croix, bestias pardas del rock instrumental con ingredientes math rock, doom y post, que en sus derivas progresivas incluso podían recordar a los italianos Goblin. Tan virtuosos como pétreos, quizá se adornan en exceso, pero es una de las señas de identidad de los estilos que cultivan, así que pocos reproches se les pueden hacer, sobre todo teniendo en cuenta que desarrollaron un show compacto y sin fisuras, de una profesionalidad incuestionable.

 

 

Entonces fue también cuando comenzó a correrse la voz de que en la bodega Grant iba a comenzar un concierto fuera de programa. Un “secret show” que ya estaba amenizando desde los platos Florent (Los Planetas) y que iba a significar la puesta de largo en el festival de “Perspectiva Caballera”, el nuevo álbum de Sr. Chinarro. Así que hacía allí nos fuimos. Como es habitual en estos conciertos secretos, el lugar estaba lleno y no faltaba nadie: promotores, medios, profesionales y demás farándula ya disfrutaban de la primera actuación de la noche, protagonizada por una Maika Makovski dicharachera y parlanchina, que defendió su repertorio únicamente con la guitarra eléctrica y se sintió tan cómoda que incluso se arrancó con una canción en macedonio (según contó, ha viajado recientemente al país en busca de sus orígenes).

 

 

La relevó en el escenario Jero Romero, pero nuestros pasos se encaminaban ya hacia un nuevo destino: Era la hora de Jupiter Lion, que venían de compartir varias fechas por el país con Holy Fuck, pero que nunca se sintieron cómodos en escena. Su repertorio es de los que obligan a mover el cuerpo al compás de sus ritmos maquinales, pero la acumulación de problemas técnicos, que les impedían escucharse en condiciones y establecer las sincronías necesarias para que el animal de tres cabezas que es el grupo funcionara a pleno rendimiento, terminaron por consumir su paciencia, y tras solo media de hora de concierto, y ante la imposibilidad de entendimiento con la mesa de sonido, tiraron la toalla. Una pena, porque pese a los imponderables técnicos, el magma sónico que elaboran a partir de instrumentos rock (batería, bajo) y herramientas electrónicas (sintetizadores) había logrado poner en estado de trance a un público que iba aumentando de manera notoria, mientras en el exterior los relámpagos iluminaban el cielo y una fuerte tromba de agua vaciaba las calles de la ciudad.

 

 

Nada que no tuviera remedio, ya que Sr. Chinarro tocaba bajo techo. Al salir tuvo un hermoso detalle recordando al recientemente fallecido Fernando Cañas y acto seguido la emprendió con un concierto que sirvió para saborear los temas de su nuevo disco y para constatar la renovación de su entente con Jordi Gil y compañía. Como en todas las grandes historias de amor, la de Antonio Luque y sus músicos está llena de desplantes y reconciliaciones, casi un ingrediente más del combustible que permite avanzar al proyecto. El concierto dejó buen sabor de boca y nos devolvió al asfalto, camino de la sala Mucho Teatro, donde Ginferno y los Saxos del Averno ofrecían su show de despedida.

 

 

Ni que decir tiene que se fueron por la puerta grande. Kim Warsen fue el maestro de ceremonias perfecto durante un set en el que la banda hizo trizas cualquier adscripción genérica posible. Ellos hablan de afro-rockabilly, calypso-punk, swing asiático o garage aborigen, pero en realidad su propuesta está más allá de etiquetajes ingeniosos. Música multiforme, que dispara al mismo tiempo al cerebro y a las piernas, dinámica en su concepción rítmica y sobrada de recursos a la hora de sacar partido a su exuberante sección de metal. La fiesta total en un mundo perfecto, hasta el punto de que parecía una broma macabra que estuvieran diciendo adiós desde la discreción justo antes de que la descafeinada (y, claro, exitosa) tropa de Delafé y las Flores Azules ocupara el mismo escenario. Era el momento de salir de nuevo a la calle, donde Cabezafuego y sus amigos animaban al personal desplegando energía hillbilly, y de paso aprovechar para visitar un espacio en el que todavía no habíamos hecho parada: El Teatro Muñoz Seca.

 

 

Un recinto de lujo (acústica perfecta, butacas) para acoger a un artista superlativo, único, irrepetible: Dorian Wood. El viernes, en una comida de hermandad organizada por el incansable Joan Vich Montaner, se había subido a un pequeño tablao flamenco para cantar tres canciones mientras una numerosa y hambrienta parroquia daba cuenta de un sabroso guiso de berza. Su imponente presencia física y la intensidad emocional con que las interpretó hicieron que se detuviera el tiempo. Verlo acompañado de su banda española en el teatro era, sin duda, uno de los platos fuertes de la noche, pese a lo avanzado de la hora y el cansancio acumulado. Y el americano no defraudó. Se plantó en medio del escenario con una camiseta en la que lucía la palabra “Maricón”, y en cuanto comenzó a cantar, la atmósfera cambió. Wood da un sentido a la interpretación que se basa tanto en la voz como en su capacidad expresiva (tiene background como performer), llevando las canciones a otra dimensión, creando una atmósfera especial en la que también juega un papel clave la instrumentación (acordeón, contrabajo, guitarra eléctrica y batería, mayoritariamente tocada con mazas). En la misma liga que Antony Hegarty (tiempo al tiempo), pero con sangre latina en las venas, Wood es un personaje bigger than life al que es difícil olvidar después de haberlo visto en directo. Focalizando la atención desde el centro de la escena o sentado al piano, convierte cada canción en un momento de trascendencia espiritual. Sublime.

 

 

Con el ánimo y el alma machacados, aún quedaba una última parada, de vuelta a Mucho Teatro. En su tercera visita al Monkey Week, los murcianos Perro mostraron la enorme evolución que han experimentado en muy poco tiempo. Son ya una banda de primera división, parte de la magnífica generación a la que hacíamos referencia al principio del texto al hablar de Juventud Juché, y la orgia polirrítmica que imprimen sus dos baterías les otorga un matiz de peculiaridad que impulsa el aquelarre lúdico orquestado por guitara, bajo y voz. Tienen bacalao, tienen melodía, y tienen un talento descomunal, que les permitió meterse en el bolsillo al numeroso público que abarrotaba la sala y que aún tendría premio extra por su asistencia: El show final de los gallegos Unicornibot, siempre una garantía en directo. No obstante, la luz de reserva llevaba ya horas encendida en el panel de mandos de nuestros cuerpos, así que enfilamos hacia el hotel mientras caíamos en la cuenta de que ni siquiera habíamos tenido tiempo para cenar. Es lo que tiene el Monkey Week.

 

DOMINGO 12

Después de la larga travesía del sábado, el Monkey Week amaneció el domingo legañoso y con resaca. Sin jornada profesional matinal, los conciertos comenzaron a recibir el goteo de espectadores a mediodía, especialmente los de carácter gratuito, que se celebran en la plaza Alfonso X, donde nos topamos con Villanueva, banda pop gallega que tiene su mayor activo en Josete Díaz, un vocalista con personalidad. También en la plaza, los chilenos Prehistöricos demostraron poco después que no solo comparten la diéresis con sus compatriotas de Dënver; también el gusto por las canciones pop teñidas de melancolía y con protagonismo de los teclados.

 

 

Un par de aperitivos matinales que dieron paso a un recorrido vespertino iniciado a primera hora de la mano de Little Cobras, trío atípico (dos guitarras y batería) que practica un rock and roll primitivo y directo, con alguna esquirla garagera. Volumen atronador, empatía con el público (jugaban en casa) y chulería (uno de ellos llevaba una camiseta con el lema “Death to Hipsters”) les bastaron para completar un concierto que se hizo corto y congregó a bastante público en el bar Santa María.

 

 

La siguiente parada fue en la sala Gold, donde actuaban los malagueños Tentacles, un trío instrumental (bajo, batería y teclado/sampler) de puesta en escena poco atractiva y sonido a mitad de camino entre el prog-jazz y la música de videojuego. Entre el escaso público que había en el local y la indefinición de su propuesta, el asunto no llegó a cuajar, al menos durante el tiempo que pudimos dedicarles, porque ya se sabe que la simultaneidad es la norma que rige la programación del Monkey Week y otras salas y grupos reclamaban también nuestra atención. Como El Lobo en tu Puerta, banda de Chiclana que se presentaba en la sala Milwaukee y que nos dejó con la boca abierta, porque hay que verlos para creerlos: El batería parece que acaba de aparcar el camión con el que ha llegado desde algún lugar lejano, el guitarrista empuña una Gibson Flying V de la que extrae riffs con un pie en el stoner y otro en el metal, mientras que el cantante salta y grita las letras como si le fuera la vida en ello al tiempo que hace sonar el theremin. Si la mezcla parece extraña es porque realmente lo es, pero de algún modo inexplicable deriva en un todo poderoso y coherente, un espectáculo atronador y caótico, pero de fuerza indiscutible, que a buen seguro haría las delicias de los Beastie Boys.

 

 

 

Aún aturdidos, y sin solución de continuidad, nos dirigimos a ver a Terrier, otra de esas bandas que parece haber encontrado hueco en la escena emergente que saca la cabeza desde el underground, aunque sus miembros ya cuentan con experiencia previa en anteriores formaciones. Una propuesta mixta (dos chicas y dos chicos) y de sonido destartalado (podrían grabar para K Records) que, en el fondo, se sustenta en canciones pop de toda la vida, con las melodías a tres voces como principal baza. Desenfadados y nada pretenciosos, podrían ser el paradigma de cierta actitud amateur (o quizá únicamente despreocupada) que se ha convertido en seña de identidad de muchos grupos estatales de nueva hornada.

 

 

Maria Rodés ya estaba en el escenario cuando cruzamos el umbral de El Cielo de la Cayetana. Casi en penumbra, como si la timidez con que presenta su repertorio se tradujera a nivel visual, desgranó con su guitarra acústica algunas de las coplas que ha reelaborado en su último disco, con el único acompañamiento de otro guitarra (eléctrico) que iba agregando pequeños matices (y ocasionales coros) a los temas. Sencillez y delicadeza extremas, que se vieron perjudicadas por el runrún constante de un sector del público (un mal universal e imposible de erradicar), pero que aún así llegaron hondo a la audiencia de las primeras filas.

 

 

Con Trajano! la sensación es que hay base sobre la que trabajar. Tienen imagen, juventud y las ideas muy claras, pero de momento parecen unos Joy Division a los que hubieran dejado caer en Rock-Ola en 1982. Sonido convincente, aunque muy codificado (con muchas canciones que arrancan a partir de un riff de bajo), en el que reclama protagonismo la personal voz de Lois Brea, un frontman consciente de su atractivo. Podrían haber aparecido en “Arrebato” (Iván Zulueta, 1980), pero su tiempo es el actual, y su público ni siquiera había nacido cuando se grabaron los discos que inspiran su repertorio. Un grupo en desarrollo, que cuenta con unos cimientos bien compactados sobre los que empezar a construir su propia historia, la que les desligue de los nombres que se repiten de manera insistente al hablar de ellos.

 

 

Su caso no es único. De hecho, no hay grupo que no dé sus primeros pasos mimetizando sus influencias más evidentes. También es lo que ocurre, por ejemplo, con Red Buffalo, que viajaron hasta el Monkey Week en calidad de ganadores de un concurso organizado por Ticketea. El rock americano de Kings of Leon, o lo que es lo mismo, la mirada retro que algunas bandas actuales ponen sobre el legado de Creedence Clearwater Revival, The Band o The Jayhawks, es el combustible con el que llenan el depósito de su vehículo sonoro, conducido por tres guitarras a todo volumen, lo cual les hace ganar en rotundidad y perder en matices.

 

 

Rodeo, la sala que acogió su concierto, fue también el lugar donde Miraflores ofrecieron su descarga de rock turbio y enfermizo. Emilio R. Cascajosa es un vocalista convencido de su carisma, que arrastra hacia el abismo a un grupo con las cartas bien a la vista: Una mano ganadora que bebe en la tradición australiana, la suciedad eléctrica y el ruido desafiante. En efecto, se trata de nuevo de una banda derivativa, pero ante la actual avalancha de ejercicios de estilo pop y su hueco desparpajo festivo, también se agradece algo de espíritu malsano. Jeffrey Lee Pierce estaría orgulloso de ellos.

 

 

La insultante juventud de sus miembros es una de las características principales tanto de The Saurs como de Los Nastys, las dos bandas que tuvimos ocasión de ver después. Los primeros se dedican a lo que toca a su edad: Pasarlo bien, gritar y divertirse. Que lo hagan mediante canciones frescas, directas, sin complicaciones y con deje garagero también tiene lógica, ya que es un género que se presta a tales requisitos. El tiempo dirá si pueden convertirse en un hype o si la creciente aparición de grupos en la misma línea acabará por establecer una criba, pero si algo tienen es futuro.

 

 

En cuanto a Los Nastys, ya son presente. Comparten a Alejandro de Lucas con The Parrots (hablando de hypes…) y convirtieron su concierto en la sala Mondongo en una juerga descomunal, que puso al público en órbita y terminó con la banda extenuada y sudorosa. Su impacto es inmediato y va directo al estómago, aunque musicalmente ofrezcan la enésima revisión del garage-punk, que al paso que va el asunto dejará de ser una escena para convertirse en tendencia mayoritaria. En todo caso, convertir un local pequeño en una olla a presión no es tarea fácil, y ellos lo lograron sin dificultad. La juventud vuelve a ser un valor en su caso, aunque el discurso musical que la acompaña no deja de estar basado en el revivalismo. Fresco, entusiasta, provocador, cachondo, empático y desvergonzado, pero revivalismo a fin de cuentas.

 

 

Es el signo de los tiempos, y no lo capitalizan los recién llegados, sino que alcanza a artistas más curtidos como Paul Zinnard, que actuó en El Cielo de la Cayetana. Escuchando sus canciones es inevitable pensar en Bob Dylan, Bruce Springsteen, Elliott Murphy, Tom Petty o Lou Reed, excelentes referentes que, en todo caso, comparte con una ingente cantidad de compañeros de faena, y ya se sabe que para destacar hay que ofrecer algo diferente, o al menos singular. En todo caso, y teniendo en cuenta que no tocó con su banda habitual, dejó sobrada constancia de la honestidad de sus planteamientos. Si con eso basta es una decisión que debe tomar el público.

 

 

Llegada la medianoche, tocaba poner rumbo al Teatro Pedro Muñoz Seca, donde tendría lugar el cierre del festival, de la mano de dos bandas norteamericanas. Abrieron The Handsome Family, de Chicago y en formato trío. La excelente acústica del recinto permitió disfrutar de un concierto antológico, en el que la sobriedad del repertorio no fue óbice para que el matrimonio formado por Brett y Rennie Sparks bromeara constantemente (la mayoría de veces, a costa del español de ella). Una lección magistral de country, en la que no faltó “Far From Any Road”, la canción que les ha reportado algo más de visibilidad gracias a la serie “True Detective”. Gótico americano teñido de oscuridad y tristeza lírica, que se impuso al cansancio del respetable y preparó el terreno para The Sadies.

 

 

Con el cuarteto de Toronto siempre se juega sobre seguro. Imposible que defrauden en directo. Impecablemente vestidos, volvieron a dar un repaso por los géneros musicales americanos (del surf al country & western, de la psicodelia al rock) en un show sin aspavientos de ninguna clase, únicamente sustentado en canciones de muchos quilates, interpretadas con tanta clase como entusiasmo, que pusieron de inmediato en pie al público asistente. Modestos (como todos los grandes) y sobrados de recursos (la alternancia entre guitarra y violín de Travis Good), se dejaron la piel para rubricar el broche de oro de un Monkey Week que ha cumplido con creces sus objetivos, deja alto el listón para el año que viene.

 

Fotos: Liberto Peiró

 

Betunizer en concierto

CRÓNICA MONKEY WEEK: VIERNES

La sexta edición del Monkey Week comenzó con suspense. Las previsiones meteorológicas en El Puerto de Santa María auguraban lluvia, y por la mañana se cumplieron, pero a mediodía escampó y la jornada vespertina de conciertos se desarrolló tal como estaba previsto. Un auténtico alivio para el público, que debido al formato del festival (decenas de conciertos en numerosos espacios repartidos por toda la ciudad), obliga a desplazarse constantemente para ir degustando las actuaciones.

 

Agoraphobia

 

Tras una mañana de intensa actividad teórica en el Monkey Brain, nuestro periplo comenzó con las gallegas Agoraphobia, ganadoras del Vodafone-yu Music Talent 2013. El quinteto femenino, con varias componentes muy jóvenes, dejó una impresión grata, aunque su sonido no destaque por la originalidad (garaje, hard rock, grunge) y su imagen resulte bastante deslavazada (todas cuidan la estética, pero cada cual tiene una diferente). Le pusieron ganas, aunque les queda trecho por recorrer, circunstancia que resultó evidente cuando fueron relevadas en el mismo escenario (la pequeña terraza del Bar Santa María) por las danesas Nelson Can, la gran sorpresa del día. En su primera actuación en España, el trío dejó claro por qué está llamando la atención allá por donde pasa. Imagen atractiva (todas rubias y de negro) y sonido poderoso, únicamente basado en un bajo proclive a la distorsión y una batería eficaz y sin alardes. La escasez de instrumentación y sus canciones crudas y carentes de adornos han suscitado comparaciones con los White Stripes, aunque la voz y los movimientos de la vocalista Selina Gin remiten a Siouxsie. Sus incursiones entre la gente, impertérrita la mirada y desafiante la actitud, demostraron que tiene madera de estrella. Por la noche, todo el mundo hablaba de ellas.

 

Selina Gin (Nelson Can) encarada con el público

 

A diferencia de otros festivales en que los grupos se alternan en un par de escenarios, en el Monkey Week es imposible asistir a todos los conciertos. Programa de mano en ristre, se trata de organizar una hoja de ruta y escoger un itinerario que puede terminar resultando acertado (el descubrimiento de Nelson Can) o estar salpicado de errores (de los que uno se percata cuando, en los corrillos, se comenta en términos superlativos uno de los conciertos que había descartado). Por eso hay que moverse rápido de un lugar a otro y tratar de cazar todo lo que se pueda. En el escenario del Monkey Market pudimos ver a Pelo Mono, un dúo instrumental de guitarra (Pedro de Dios, de Guadalupe Plata) y batería (Antonio Pelomono) que se presenta enmascarado en escena y se interna por los territorios del blues y el surf pantanoso. Sugestivos. Tras ellos, unos Modelo de Respuesta Polar a los que habíamos visto en el Low Festival y que nos dejaron la misma sensación que entonces: Ejecución impecable, desarrollos instrumentales de connotaciones paisajísticas, una voz que a veces hace demasiadas concesiones a la galería y una actitud que parece impostada (aunque quizá no lo sea). Se puede comprar o no su propuesta con ribetes post-rock, pero no se le pueden hacer reproches.

 

Modelo de Respuesta Polar

 

Salida de la Bodega Osborne, donde está instalado el mercadillo de stands, y de nuevo a las calles camino de La Cristalera, donde había cierta expectación por ver a Orthodox. El dúo sevillano (trío hasta hace poco) puso una de las escasas notas de metal moderno en el festival, ofreciendo un pase con raigambre doom en el que bajo y batería (los dos únicos instrumentos de la banda) provocaron un tsunami donde se podían detectar barnices jazz e incluso aflamencados (especialmente en la voz). Contundentes.

 

Orthodox

 

Una breve visita a El Cielo de Cayetana nos permitió también echar un vistazo a Royal Mail, finalistas del Circuito Joven Pop Rock de Andalucía. La sombra de los Simple Minds menos estimulantes se cernía sobre los temas que escuchamos, quizá pocos para hacer una valoración completa de la banda, pero la sala Mucho Teatro reclamaba el protagonismo en el cierre de la noche y hacía allí encaminamos nuestros pasos para encontrarnos con Suomo, grupo local (del mismo Puerto de Santa María) que combina reminiscencias de la era siniestra con tecno en la estela de Depeche Mode. Les benefició la reverberación del local, aunque su repertorio no despierta pasiones, pese a los esfuerzos de su vocalista por lucir una imagen (gafas de sol, pelo engominado, larga camisa negra, estatismo en escena) que quizá causara impacto en los ochenta, pero que hoy por hoy resulta retro.

 

Suomo

 

El sonido no mejoraría con Betunizer, la mejor banda post-punk con que se puede topar uno hoy en día en Europa. Su actuación fue sencillamente apabullante. Incluso Dorian Wood estaba entusiasmado entre las primeras filas (con razón lleva al batería Marcos Junquera en la formación con la que está girando por España). Se ha convertido en tópico hablar de engranajes bien engrasados y máquinas de precisión para describir a las bandas que funcionan con la eficacia de un martillo neumático, pero es que son comparaciones que parecen ideadas pensando en el trío valenciano. Tres músicos excepcionales (a Junquera hay que sumar el bajista Pablo Peiro y el guitarrista José Guerrero) que saben perfectamente lo que quieren y cómo conseguirlo. Una banda que te da un navajazo en el costado y después te proponer bailar mientras te desangras, un mecanismo perfecto en el que la efectividad rítmica se complementa de tal manera con los riffs que es imposible permanecer impasible ante el prodigio matemático que despliegan en sus conciertos. En su caso no cabe hablar ya de grupo emergente ni de promesa. Con tres discos en el mercado y después de varias giras continentales, Betunizer es una de las bandas más importantes de la escena rock estatal.

 

Betunizer

 

Tras su soberbia demostración de fuerza, la bóveda de Mucho Teatro siguió engullendo el sonido que se producía en el escenario, en este caso a cargo de los canadienses Holy Fuck, que parten de una base rock (batería, bajo y ocasional guitarra) para incorporar elementos electrónicos (casios, sintetizador) con los que generan un sonido dance-rock que igual puede remitir al carrusel breakbeat de The Chemical Brothers que a las locuras de Happy Mondays, siempre con un componente personal que se concreta en una puesta en escena que deriva hacia el caos controlado, y en la que también juegan un papel importante el ruido y el aderezo extravagante (una montadora de celuloide utilizada como herramienta generadora de sonidos). Sala a rebosar y show de eficacia incontestable para cerrar nuestro recorrido por la primera jornada de un festival que cumple con lo que promete su acertado lema, que propone descubrir hoy a las bandas del mañana, pero que además ofrece la posibilidad de disfrutar de muchas que ya gozan de un presente deslumbrante.

 

Holy Fuck

 

Fotos: Liberto Peiró

 

 

cabecera horrors

ASÍ TE CONTAMOS EL LOW FESTIVAL 2014

VIERNES

Alrededor de veintitrés mil personas, según cifras oficiales de la organización, se reunieron en la Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm para asistir a la primera jornada del Low Festival, que este año perdió el apellido Cost para afianzarse de manera definitiva entre las principales citas estivales del país. Como viene siendo habitual, la abundancia de espacios esponsorizados es lo primero que llama la atención del visitante, asaltado por los cuatro costados por marcas y promociones de todo tipo a lo largo y ancho de un recinto cómodo y practicable en el que, eso sí, resulta imposible encontrar un rincón en el que no suene música: Carpas, disc jockeys, escenarios grandes, medianos, pequeños… La saturación acústica es una de las características que definen el Low.

 

 

The Milkyway Express y Delaire abrieron el escenario Matusalem a primera hora de la tarde. Dos bandas emergentes con mucho camino por delante que actuaron ante poco público y mostraron más carencias que virtudes, especialmente en el caso de los segundos, demasiado cautivos de unas influencias muy evidentes (de Foo Fighters a The Knack) y con un vocalista demasiado engolado.

 

 

En el escenario Budweiser también rompía el hielo un grupo novel, aunque en este caso con mejores argumentos. Lyann apuntan interesantes maneras en sus largos desarrollos instrumentales, colindantes con la psicodelia o el post-rock. Ganarían puntos si personalizaran su propuesta cantando en castellano, algo que sí hacen Modelo de Respuesta Polar, banda más veterana y con sólida carrera discográfica que, sin embargo, pagó las consecuencias de tocar en el escenario Wiko. Mientras Borja Mompó trataba de compartir con el público esa intensa vida interior que traslada a sus canciones, se escuchaba a Triángulo de Amor Bizarro en el escenario principal, la prueba de sonido del autobús del Red Bull Tour y la música de baile de la carpa Jägermeister. Demasiados impedimentos para conectar con esa densidad emocional que el grupo pretende transmitir y que siempre deja en el aire la duda de si es real o impostada.

 

 

Si se les oía en la otra punta del recinto es evidente que Triángulo de Amor Bizarro ofrecieron otro de sus demoledores conciertos en el Low. Los gallegos empiezan a pedir a gritos mejores horarios (casi siempre les toca actuar de día), pero como ya apuntamos a su paso por el FIB, también corren el riesgo de saturar al personal (este año están en casi todos los festivales del país). Una situación, por cierto, similar a la de León Benavente, que están aprovechando el momento dulce que atraviesan. Solo pudimos ver el principio de su show, pero la sensación es la de siempre: Cuatro músicos que parecen llevar toda la vida juntos y que se entienden a la perfección, armados con un repertorio en el que abundan los himnos. El público ya tararea casi todas sus canciones, un triunfo que también tiene su parte peligrosa, aunque da la sensación de que los componentes del grupo, como veteranos que son, están sabiendo digerirlo.

 

 

La razón por la que abandonamos a León Benavente a su suerte es que en el escenario Budweiser había una cita ineludible con la primera banda internacional del día: The Hives. Los suecos son conscientes de que musicalmente no han inventado la rueda (lo suyo es garage rock de toda la vida), así que echan el resto en todo lo relacionado con el envoltorio de sus canciones. Y vaya si les funciona la fórmula. El llamativo telón de fondo (un personaje gigante que mueve los hilos de los músicos como si fueran marionetas), la iluminación (únicamente a base de blancos), los trajes a juego, la sintonía de salida (el tema de John Williams para la película “Tiburón”) y hasta los roadies (vestidos de ninja) conforman una puesta en escena infalible, que además cuenta con un maestro de ceremonias inigualable, el vocalista Howlin’ Pelle Almqvist, un animal de escenario que se defendió en un castellano bastante correcto. Abrieron con “Come on!” y ya todo fue cuesta abajo, aunque inicialmente al sonido le faltó fuerza. Pero a medida que avanzaba el concierto y se iban sucediendo temas como “Main offender”, “I want more” (más que inspirada en la versión de “I love rock and roll” popularizada por Joan Jett) o “Tick Tick Boom”, se hizo evidente que ya había triunfador de la jornada. El bis, que cerraron con la celebrada “Hate to say I told you so” no hizo más que ratificarlo.

 

 

De vuelta al escenario Matusalem, el dúo Blood Red Shoes no se amilanó, pero demostró menos recursos para defender su rock primario basado en potentes riffs de guitarra. Como si fueran el reverso de The White Stripes (ingleses, el hombre a la batería y la mujer a la guitarra), proclamaron su admiración por The Hives y captaron la atención con temas como “Red river” o “The perfect mess”, en el que Laura-Mary Carter se soltó del todo a nivel vocal, pero entre que no captaron la atención de demasiado público y que su propuesta sonora es algo lineal, acabaron por ofrecer menos de lo que prometía el arranque de su concierto, que no obstante valió la pena.

 

 

Al directo de Vetusta Morla no se le pueden hacer reproches. Un grupo de sus dimensiones debe ofrecer un espectáculo de primer orden, y los madrileños se apoyan en un diseño de luces y una puesta en escena intachables, desde el telón que se viene abajo a la media hora de concierto a los visuales que ilustran las canciones. El problema es que si no se conecta con sus canciones, todo ese envoltorio no es suficiente. En sus discos se puede apreciar con detalle su interés por las texturas y las capas de sonido, pero en directo son una banda de rock bastante convencional, y esos matices (que suelen ser los que propician las comparaciones con Radiohead) se pierden en el marasmo de decibelios que proyecta el grupo. Algo parecido pasa con Pucho, su vocalista, de una profesionalidad fuera de duda, pero poco convincente cuando se adentra por vericuetos existenciales.

 

 

Con Sidonie surgen menos dudas. Es cierto que se han ganado a pulso el éxito de que disfrutan, pero sus conciertos son de una insustancialidad abrumadora. Y no se trata de que en su repertorio casi no queden ya vestigio de psicodelia o que el giro electrónico de su último disco apenas tenga traducción tangible al directo. Es una cuestión de actitud: Pasarse el concierto jaleando al personal con el sempiterno “¡Vamonos!” acaba asociando su show a una verbena de fiesta mayor, y cuando encima anuncian la primera versión de la noche y se marcan el “Video killed the radio star” (The Buggles), la sensación se hace aún más evidente. No nos quedamos a averiguar cuáles eran las siguientes, porque en otro escenario comenzaban Holy Ghost!

 

 

Y la verdad es que, teniendo en cuenta lo avanzado de la hora, los neoyorquinos supieron dar a la (escasa) audiencia lo que necesitaba: dance oriented rock de primer nivel, apoyado en elementos orgánicos (batería, guitarras) y sintéticos (teclados, samples), con puntual protagonismo para un kit de percusión que en ocasiones acercaba la rítmica a los Talking Heads, aunque en general sonaran bastante más cerca de Lipps Inc. (y no es una recriminación). No son LCD Soundsystem (aunque trabajaron con los capos del sello DFA), pero temas como “Dumb disco ideas” resultaron perfectos para despedir la jornada moviendo las caderas, que era de lo que se trataba.

 

 

SÁBADO

En ocasiones se dice que un grupo puede paralizar un festival. Normalmente, en sentido figurado, como metáfora de su capacidad para focalizar la atención del público durante su actuación. Massive Attack lo hicieron el sábado en el Low. Y en sentido literal, ya que obligaron a detener la actividad musical del festival mientras ofrecían su concierto, con objeto de eliminar molestas interferencias sonoras procedentes de otros puntos del recinto, y hasta el punto de interrumpir la actuación de Corizonas, que se estaba desarrollando en otro de los escenarios. No fue una decisión caprichosa. Los de Bristol ofrecieron un espectáculo total, que eclipsó todo lo visto hasta el momento en la Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm.

 

 

Abrieron con “Battlebox”, cantada por Martina Topley-Bird, y las pantallas comenzaron a escupir datos sobre los beneficios que algunos medicamentos proporcionan a las industrias farmacéuticas. Robert del Naja, Grant Marshall y los músicos que les acompañaban (incluyendo dos baterías) avisaban desde el principio: Se trataba de un concierto, pero también de una declaración de principios de innegable contenido político y profundo trasfondo humanista. Las grandes corporaciones multinacionales, la sociedad tecnológica o la confusión mediática fueron algunos de los blancos sobre los que dispararon certeros dardos visuales y sonoros, con el legendario cantante jamaicano Horace Andy brillando en “Girl I Love You” y “Angel”.

 

 

El show está concebido a partir de una sobredosis de estímulos que el espectador recibe al mismo tiempo que disfruta de un repertorio en el que no faltan los clásicos trip-hop que hicieron del grupo un referente mundial en los noventa, como “Teardrop” (de nuevo con Martina Topley-Bird), “Future Proof” o “Risingson”. El apabullante sonido se refuerza con unas proyecciones basadas mayoritariamente en la palabra, y que hacen especial hincapié en la idea de que en el origen de todo conflicto bélico anidan motivaciones económicas. Una batería de rótulos convenientemente traducidos al castellano hacía referencia a las posturas de Gran Bretaña y Estados Unidos en la guerra de Irak, pero también incluyeron, como hicieron la semana pasada en el Longitude Festival (Dublín), una mención en defensa del pueblo palestino durante la interpretación de “Unfinished Sympathy”, ya en el tramo final, que provocó el aplauso del público. El final perfecto para un concierto memorable.

 

 

La otra actuación estelar de la jornada fue la de The Horrors, que pese a comenzar a tocar cuando aún no se había puesto el sol (un error de programación, dadas las características de su puesta en escena), demostraron que son una de las realidades más sólidas de la escena británica contemporánea. “Chasing Shadows” les sirvió para poner la directa y mantener un nivel que no decayó en todo su pase. Faris Badwan sabe aprovechar su tesitura vocal para evocar a David Bowie o Richard Butler (The Psychedelic Furs), y la banda le sigue a ciegas en su empresa de revisitar con personalidad el sonido de los ochenta, introduciendo en la fórmula elementos de shoegazing y psicodelia. Canciones incontestables como “Who Can Say” o “So Now You Know” fueron apuntalando un concierto in crescendo, al tiempo que anochecía y los juegos de luces y el humo contribuían a redondear un show que terminó con una soberbia “I See You”. Impecables.

 

 

El día había comenzado con “Buenos Aires”, el tema que utilizaron para inaugurar su concierto Xoel López y su banda. El otrora amante de las esencias pop anglosajonas (Deluxe) ha dado un giro a su carrera para adentrarse en sonidos relacionados con el folclore latinoamericano, y escuchando sus canciones es inevitable pensar en las declaraciones de Triángulo de Amor Bizarro sobre algunos artistas del panorama indie español. Composiciones pulcras, sin aristas, perfectamente ejecutadas, entre las que Xoel también incluyó rescates del pasado, como “El amor valiente”, y que el público joven tarareó con ganas, probablemente sin sospechar que no andan lejos de las que sus padres escuchaban cuando tenían su edad.

 

 

Poco después, los londinense Yuck demostraron su amor por el indie rock de los noventa (Dinosaur Jr., Sonic Youth) tal como hicieron en su reciente gira española por salas. Sus canciones son ejercicios de estilo tan depurados que ni la marcha de su líder, Manuel Schupak, parece haberles afectado demasiado. Puro revivalismo, inofensivo y de agradable escucha, que dibujó algunas sonrisas cómplices entre el respetable cuando la banda acometió una versión de “Age of Consent”. Al menos, cuando se trata de tocar un tema ajeno, no resultan tan previsibles como cuando interpretan los suyos.

 

 

Hasta que les cortaron el sonido por orden de Massive Attack, Corizonas habían ofrecido uno de sus conciertos habituales: Rock vaquero con unos cimientos tan sólidos como reconocibles a cargo de Los Coronas y Arizona Baby en feliz entente. Sorprende el éxito de la propuesta, más allá de la convicción con que la ponen en práctica, especialmente porque parece difícil que sus entusiastas seguidores vayan a indagar en las raíces americanas de su sonido. La trompeta da un toque fronterizo a algunos de los temas de un repertorio que no pudieron finalizar, aunque tras el corte de fluido se mantuvieron sobre las tablas para tocar un tema más sin amplificación. Se resarcirían de sobra más tarde, en la carpa Gibson, ante un público tan numeroso como entregado.

 

 

El repaso de la jornada en el Low Festival se completa con Editors. “The Weight of Your Love”, su flojo disco de 2013, no hacía presagiar nada bueno, y para confirmarlo empezaron con “Sugar”, una de esas canciones que resume su idiosincrasia a la perfección: Aspiraciones de trascendencia, épica pasada de rosca, lirismo de manual, falsa densidad emocional… La posterior recuperación de temas como “An End Has a Start” tampoco sirvió para que alzaran el vuelo, pese a los esfuerzos del vocalista Tom Smith. Cada giro melódico y cada redoble resultan tan previsibles en sus composiciones que el margen para lo inesperado es mínimo, y el concierto se convierte en un trámite en el que tanto la banda como la audiencia cumplen con lo pactado, pero en el que las emociones brillan por su ausencia.

 

 

La última cita de la noche fue con Karen Marie Ørsted, más conocida como Mø. Su mezcla de electrónica y pop se beneficia de haber estado expuesta a las artes de Diplo (“XXX 88”), sobre todo por lo que respecta a su componente rítmico, pero las canciones de la hiperactiva vocalista (no para quieta en todo el concierto) carecen de la fuerza necesaria para arrastrar a la gente, que asistió a su pase con cierta indiferencia, como si hubiera acudido a verla por curiosidad (o porque en ese momento no había nada más en los demás escenarios) y no le acabaran de convencer del todo los gritos de la danesa, en cuyo favor hay que decir no escatimó esfuerzos a la hora de intentar empatizar con el público.

 

DOMINGO

Tras el sold out registrado el sábado, el Low Festival afrontó una última jornada en la que el reclamo internacional de peso se reducía casi exclusivamente a la presencia de Kaiser Chiefs. Expertos en la materia, los británicos asumieron galones como cabezas de cartel y salieron al escenario a darlo todo, aunque el sonido no les acompañó hasta pasada media hora de concierto. No importó demasiado. La banda de Leeds se lleva el britpop de borrachera y después lo mete en un estadio de fútbol en pleno derby, o lo que es lo mismo: Funciona a base de canciones con aroma hooliganesco, fáciles de corear y repletas de “na-na-na-nas” y “ooooo-u-oooos”. Un repertorio, huelga decirlo, ideal en el contexto de un festival. De hecho, después de salir al escenario al son de “War”, la canción de Edwin Starr (apropiado guiño al título de su nuevo álbum), no tardaron nada en tocar “Na Na Na Na Naa”, un hit de 2005, para levantar al personal.

 

 

El vocalista Ricky Wilson se echó a la espalda al grupo en temas como “Ruffians on Parade” o “Coming Home” (que presentó recordando una visita a Benidorm cuando era un crío), y en su afán por empatizar con el público llegó incluso a escenificar una celebrada aunque innecesaria broma taurina. No obstante, más allá de sus proclamas y sus carreras por el escenario, el combustible que sirvió a la banda para completar un show notable fueron canciones infalibles como “Ruby” y “I predict a Riot”, tocadas una detrás de otra en un tramo final que desató la locura. El cierre, con “The Angry Mob”, demostró que también tienen cierta conciencia social, aunque es bastante posible que la intención crítica de la letra quede diluida por el festivo tono general de una actuación que se completaría, ya en el bis, con “Oh My God”.

 

 

Kaiser Chiefs actuaron en el escenario principal embutidos entre dos bandas españolas que gozan de un éxito tan rotundo como inexplicable. Por un lado, Izal. Parece un misterio digno de Iker Jiménez comprender cómo es posible que un grupo tan simple haya obtenido una repercusión masiva de gran calibre. No es que el timbre de voz de Mikel Izal (¿o era Pau Donés?) recuerde al de Pucho, sino que incluso utiliza el mismo tipo de inflexiones a la hora de cantar. La banda no le va a la zaga, conformando una especie de versión “Tú si que vales” de Vetusta Morla que hay que ver para creer. Una propuesta caduca, basada en fórmulas gastadas (esa insistencia en los ritmos sincopados), pródiga en poses manidas y socorridos solos de guitarra, y coronada con unas letras que se dirían llegadas de una realidad paralela. Canciones como “Palos de ciego” (un medio tiempo que va creciendo hasta convertirse en un vulgar rock de manual) ejemplifican los escasos recursos de una formación que de algún modo representa el cambio de parámetros que se ha operado en la radio española (responsable de su éxito) en los últimos tiempos.

 

 

El grupo que ocupó el escenario principal tras Kaiser Chiefs fue Love of Lesbian. Y se repitió el fenómeno paranormal: Decenas de miles de jóvenes parecían hechizados por un espectáculo que, desde su inicio, resultó más digno de un circo que de un concierto pop. Santi Balmes ejerce de jefe de pista y se regodea en los sonrojantes juegos de palabras (supuestamente ingeniosos) de unas letras que en ocasiones roban el protagonismo a la música, mucho más tosca y rudimentaria en directo de lo que sugieren sus discos. Además de interpretar sus hits de costumbre, aprovecharon para tocar “Mal español”, uno de los temas nuevos aparecidos en el reciente “Nouvelle cuisine caníbal”, con el que se apuntan a la ola de canciones críticas recientes de la escena musical mainstream estatal. No aporta grandes novedades (el habitual “todos los políticos son iguales”), pero fue curioso que Balmes lo presentara dedicándoselo a la gente que está harta del establishment político, sobre todo teniendo en cuenta que Love of Lesbian son parte del establishment cultural del país. Digresiones aparte, la cosa se saldó con la fanfarria de rigor, el esperado karaoke masivo y la sensación permanente de que nos estábamos perdiendo algo (aunque no sabemos qué) al mantenernos ajenos a la euforia colectiva que se desató en el campo de fútbol.

 

 

Hay, por supuesto, otra España musical. Y se le pudo echar un ojo a otras horas y en otros escenarios. Abriendo la jornada, por ejemplo, estuvieron Pony Bravo, que pusieron rápidamente las cartas sobre la mesa: “Noche de setas” y “El político neoliberal” (una manera de hacer comentario político diferente a la de Love of Lesbian) fueron suficientes para darse cuenta de que los sevillanos son otra cosa. Solo a una banda con la idiosincrasia típica del sur se le ocurriría batir en el mismo recipiente funk, jazz, kraut, salsa y post-punk y salir victoriosa del envite. Iconoclastas, divertidos, irónicos e irreverentes, demostraron una personalidad arrolladora (aunque no den demasiado juego en escena, pese a los cambios de instrumentos).

 

 

Poco después, Pablo Maronda destiló canciones pop de muchos quilates, también a pleno sol. Lo suyo comienza a ser un secreto a voces, gracias, entre otras cosas, a que su guitarrista es Marc Greenwood, que también ejerce de bajista en La Habitación Roja, una banda a punto de cumplir veinte años que ha sabido mantener su personalidad pese a los vaivenes de las modas y que se puede permitir ofrecer un concierto de alto nivel en el que la mitad del repertorio pertenece a su último disco. El excelente sonido y un brillante trabajo en las voces marcaron la actuación de los valencianos, que pertenecen a una clase media capaz de mantener la posición en la escena sin hacer concesiones. Una pelea nada fácil, en la que llevan también unos cuantos años los granadinos Niños Mutantes. Menos certeros en su pertrecho de canciones, pero igual de perseverantes, se marcaron una actuación bastante digna, en la que no faltó alguna frivolidad (esa cita al “Neverending story” de Limahl).

 

 

En el apartado internacional, el Low Festival ofrecía el domingo opciones de perfil medio y bajo entre las que había de todo. Resultó curioso, por ejemplo, reencontrarse con Los Campesinos! ¿Alguien recuerda cuándo parecía que su indie-pop ingenuo y efervescente podía hacer de ellos algo grande? Nosotros tampoco. Ha llovido bastante desde entonces, y también se han sucedido cambios en la banda galesa, que no obstante no han afectado a su sonido. Actualmente son un grupo corriente, del montón, que defiende con ganas un repertorio que tiene más conexiones con el pasado que con el futuro.

 

 

En la misma línea, aunque de formación más reciente, pudimos echar un vistazo a los londinenses Cheatahs. Más sonido de los noventa (recordemos que Yuck también estaban en el cartel) con alguna conexión shoegazing, ramalazos de Seattle y vocación dream-rock. No despertaron el interés de mucha gente, y obligan a replantearse si aquel “Gimme Indie Rock” que gritó Sebadoh en 1991 no habrá hecho más daño de lo previsto. Sin embargo, no todo está perdido. Un paseo por el pequeño escenario Wiko sirvió para descubrir uno de esos pequeños tesoros que a veces esconden los festivales: El australiano Steve Smyth, que ya ha girado por salas españolas en años anteriores, se marcó un magnífico concierto en el que demostró que por sus venas corre la sangre de Tom Waits y la de Jeff Buckley. Un songwriter de casta que más de uno descubrió gracias a su presencia en Benidorm.

 

 

Tras el golpe de timón del año pasado, el Low se ha consolidado definitivamente entre los grandes festivales de verano en España. La combinación de grandes cabezas de cartel internacionales y reclamos masivos nacionales ha demostrado ser una fórmula rentable, más allá del balance artístico que se pueda hacer de unos y otros. El reto ahora es equilibrar la programación y mantener los mismos objetivos de cara a un 2015 en el que, después de Portishead y Massive Attack, el festival bien se podría plantear completar el triunvirato clásico del trip-hop con la presencia de Tricky. Sería una buena excusa para volver a la costa alicantina.

Fotos: Liberto Peiró