Supersubmarina Festival de les Arts - Luis Crown portada

FESTIVAL DE LES ARTS 2015: CRÓNICA VIERNES

Ayer fue la primera jornada de la primera edición del Festival de les Arts, un festival que nace con el propósito de ser el festival al aire libre referente en la ciudad de Valencia y que se instala en un enclave excepcional como es la Ciutat de Les Arts. Este majestuoso complejo ya recibió eventos musicales como el MTV Winter, por donde pasaron en sus cuatro ediciones bandas como Actic Monkeys, Franz Ferdinand o The Cure, que se celebraba de manera gratuita antes de la llegada de la primavera –gratuita era la asistencia ese día, aunque fue pagado a razón de un millón por año de las arcas municipales, la hucha de todos-. Un lugar que también ha sido protagonista de algunos anuncios y eventos promocionales, además de una reciente película de Hollywood –Tomorrowland-, pero que difícilmente podrá desmarcarse de ser un símbolo de una época de despilfarro bochornosa en nuestra historia reciente.

En cualquier caso, y como lo que hemos venido es a hablar de música, a las tres de la tarde ya estábamos bajo el sol para ver a la jovencísima (es un adjetivo recurrente, pero es que tienen diecinueve años) Nuria Graham, cuyo debut “Bird Eyes” ha supuesto un poco de aire fresco entre el maremágnum de clones folkies. La catalana aporta personalidad eléctrica y atmósferas tensas a un género replicado hasta el aburrimiento. El único problema fue el inverosímil horario (¿Estamos en Glastonbury, tocan 500 bandas y no me he enterado?) por lo que solamente la disfrutamos una veintena de valientes.

Seguidamente, pero a una hora igual de intempestiva (no lo voy a repetir más aunque, hasta por lo menos tres o cuatro conciertos después, lo fue) actuaron Mishima. Los catalanes tuvieron una actitud encomiable, a pesar de que en algún momento, al ver la frente de David Carabén, estuve tentado de llamar al hospital para reservar cama en la unidad de quemados. Desplegaron todo su arsenal de pop melancólico y épico, haciendo bailar y cantar al par de cientos de incondicionales que les acompañaron. Bueno, valientes los que estuvieron al sol, listos los que vieron el concierto bajo el puente que el señor Calatrava nos construyó a tal efecto por unos millones de euros de nada (es el mejor uso que se le ha dado a esta construcción porque, en mi opinión, para cruzar un rio seco se puede usar algo más económico).

A La Bien Querida tampoco le sentó bien el horario. Además de que al pop sintético, melancólico y oscuro de su nuevo disco le hubiera venido mejor el abrigo de la noche, era algo desagradable escuchar cómo se colaban en su set las pruebas de sonido de los otros dos escenarios (el festival contó con tres escenarios, que salvo en un par de ocasiones no estuvieron en marcha al mismo tiempo. Casi doce horas para poco más de una docena de grupos). Posiblemente su actuación fue la más deslucida de la jornada. Al menos venía con nuevo disco, lo que se traduce en “nuevas cosas que enseñar”, algo que en teoría debería de ser normal, pero parece carecer de importancia en esto de los festivales.

De nuevo en el escenario maligno (el del sol en la cara) León Benavente empezaron algo espesos un concierto que en el último año y medio han llevado a prácticamente todos los festivales y salas del país. No fue hasta la tercera o cuarta canción, cuando una vez superadas (o asumidas) las hostiles circunstancias la banda empezó a meterse de lleno en el concierto. Los gritos de Abraham Boba arengaron a un cuarteto que, como una metrelleta, fusiló los temas de su único álbum y el Ep que lo complementa. Ritmos, cadencias y arengas ganaron en intensidad y mostraron lo de siempre, tablas. Tienen uno de los mejores directos nacionales (raro es el que alguien no disfrute con el final épico, aunque recurrente, de “Ser Brigada”), pero necesitan, y merecen, descansar y ponerse a hacer un nuevo disco. Al menos sumaron una nueva canción en el repertorio, la versión de “Bandera Blanca” del inmenso Franco Battiato.

Los primeros conciertos en solaparse (una situación solamente repetida más tarde con Supersubmarina y Bigott), fueron los de Betunizer, que entraron el día de antes en el cartel por un problema de salud de una de las componentes de Hinds, y Dorian. Dos grupos totalmente opuestos, los valencianos afilados y desafiantes y los catalanes, que están en su gira de décimo aniversario aunque parece que sigan repitiendo eternamente sus dos primeros discos, accesibles y previsibles. Los segundos fueron el primer concierto multitudinario y los primeros solamente gozaron de la presencia de unos cientos.

Como en el caso de León Benavente con su disco de debut, Triángulo de Amor Bizarro han exprimido “Victoria Mística” lo indecible y más, algo que sería un fastidio si su música y su directo, como en el caso de los anteriormente nombrados, no fuera de lo mejorcito del indie nacional. Sobre el escenario son una apisonadora. Fusionan el ruido y las melodías adrenalínicas de manera soberbia y sus actuaciones son una concatenación de hits que pocos consiguen tener en tan solo cuatro discos. Sin lugar a dudas lo mejor de la jornada.

Tras los gallegos, en el escenario grande comenzaba la primera actuación internacional de la jornada, Everything Everything. La banda de Manchester es, dentro de las bandas indies de nueva hornada, un soplo de buen gusto. Su concierto se sustentó en un buen puñado de temas adictivos que giran en torno a las percusiones y la voz en falsete de Jonathan Higgs. También tiene buena parte de culpa la encomiable actitud del cuarteto disfrazado de coro de góspel futurista. Pero a pesar de ser una banda indie-accesible-internacional que actuaba en el escenario principal, donde posiblemente quepan hasta 20.000 almas, fueron después Second, en un escenario secundario, los que congregaron a una multitud de fervientes espectadores. Los murcianos finalizaron la gira “La montaña rusa” en La Riviera el 25 de abril por todo lo alto, pero claro, los festis son otra cosa, no son gira. Mi opinión es distinta, como cuando Faemino le preguntaba, en uno de los sketches clásicos de “El Orgullo del Tercer Mundo”, a Javier Cansado: “Doctor, ¿el cordero es carne?”, y este le contestaba: “Claro hijo mío, el cordero también es carne”. Nadie quiere perderse la oportunidad de tocar en un festival y para eso vale cualquier fórmula, aunque la gira haya terminado o el disco esté más sobado que “Pavo Real” de El Puma. Dicen que al Cid no le ataron a un caballo después de muerto para ganar una batalla, lo hicieron para actuar en un festival.

El plato fuerte de la jornada, al menos para el target del público asistente, eran Supersubmarina, la banda omnipresente en los carteles de todos los festivales, hasta que Vetusta Morla han dicho: “Aquí estoy yo”. Estas bandas arrasan, posiblemente porque han encontrado la centralidad, eso que buscan todos los partidos políticos pero ninguno consigue, o el pantalón que pega con todo, o el pellizco que no molesta, llámenlo como quieran, pero lo han conseguido, es evidente. Compren un pollo, quítenle las plumas, trocéenlo hasta que no parezca un pollo, lávenlo hasta que no sepa a pollo y rebócenlo con harina poco sabrosa. Con eso conseguirán un pollo que todos los niños se comerán sin hacerle demasiados ascos. No sé si se han dado cuenta, pero no estaba hablando realmente de pollo. Pero como ya dijo Jose El Chino en el SOS 4.8: “a muchos no les gustamos y seguiremos sin gustarles, pero ante la duda lo mejor es bailar”. Llenazo, coros y danzas. Triunfo para los de Baeza.

Tras Supersubmarina les tocaba lidiar con la gente “ya sobradamente satisfecha con su concierto del día” a unos The Wave Pictures que sacan discos a una velocidad, quizá, excesiva y que nos visitan, posiblemente, también en exceso. Son interesantes, inquietos, no se limitan a los estándares más comerciales, pero si concentraran su esfuerzo serían una bandaza. Tienen cosas de los Modern Lovers, de Talking Heads, del pop de Nick Lowe, no le tienen miedo a los ritmos étnicos y mil cosas más pero…

El fin de fiesta corrió a cargo de The Sounds, unos suecos que hace unos años lanzaron unos cuantos hits de pista de baile jugando con un mucho de new wave y un poco de post punk. Esa es su fórmula, lo malo es que esa fórmula no es la de la penicilina y que tuvo su gracia hasta “Dying to say this to you” de 2006. Al menos nos quedaba disfrutar en directo de los felinos movimientos de Maja Iversson, pero ayer ni eso, quizá un francotirador apostado en lo más alto de la cúpula del Ágora la amenzaba por el pinganillo con volarle la cabeza si bailaba o sonreía.

Foto de portada: Luis Crown /Festival de les Arts

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5 comentarios
  1. Dani says:

    Hola,coincido contigo con lo de Supersubmarina y Vetusta Morla. Una lástima el concierto de The Sound, les he visto mejores actuaciones.
    Un detalle: he cambiado tres veces de ratón por clicar en falso sobre tus subrayados de naranja que aparentan enlaces ;)

    Responder
    • Redacción ByTHEFEST says:

      Dani, gracias por leernos :)

      Vaya fastidio con el ratón, lo siento, es que nuestras negritas son así. Sorry.

      Responder

Trackbacks y pingbacks

  1. […] Supersubmarina vinieron y besaron el santo. Los asistentes venían a verles expresamente y no defraudaron. Una multitud de masas se rindieron a ellos. Aunque  con respecto a lo que supone la fórmula musical que han creado, nosotros nos quedamos con la valoración de “el pollo” de BYTHEFEST […]

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