Ian Svenonius

FUZZVILLE!!! #2: CRÓNICA SÁBADO

Amigos del rock&roll, perdonen la tardanza pero tras una larga carrera por las calles de Benidorm acabo de pillar a mi perro con la crónica en la boca. Todo el mundo sabe que este maldito chucho es adicto a la celulosa igual que su dueño lo es a las películas de John Landis.

Ayer les dejé – o ustedes me dejaron – en el Fuzzville tras una larga noche de viernes de garage, de punk y de mucho sudor, y con esto último retomamos esta crónica en la matinal del sábado que tuvo lugar en el mismo lugar que la Welcome Party del jueves, la Sala Rockstar de Benidorm. Decir que llegamos a disfrutar del renacentista del underground Ian Svenonius a los platos, o de los gallegos Sen Senra, sería más falso que cualquier pacto anticorrupción firmado por los partidos que nos han gobernado en democracia, así que ustedes y yo nos podemos ahorrar cualquier palabra hueca y pasar al meollo del asunto.

Realmente llegamos a la Sala Rockstar a la hora que bold Guardiola le acababa de dar una nueva lección de futbol a grumpy Mouriño en el duelo futbolístico de los equipos de Manchester –Benidorm entera estaba pendiente de esto-, para que el dúo animalesco de Los Bengala nos volviera a dejar con  la boca abierta. Borja – el batería –  se ha roto la clavícula, pero en vez de suspender conciertos han fichado a Alfonso Luna – Tachenko, Maronda- para hacer sus funciones a la percusión, pasando el pequeño aragonés a primera línea de escenario como frontman – algo así como aquello de mandar a Alexanko de delantero, pero esta vez marcando goles -. El espectáculo fue tremendo, de lo mejor del festival y en horario gratuito; adrenalina, monólogos divertidísimos y mucho rock and roll moderno pero de aroma muy clásico. Tocaron todo lo suyo – incluso algún avance de su próximo trabajo – además de ponerle piel de tigre asiático a Lone Star, Los Saicos o Niño Gusano, arrollando a una sala abarrotada y al borde del golpe de calor.

La jornada matutina acabó tan tarde que con gran pena en el corazón, y lágrimas negras tan grandes como el Espíritu de Grisogono, nos perdimos a los valencianos Holy Paul y a los americanos Bad Sports. La pena fue grande porque nos dijeron que estuvieron muy bien, pero el menú era de muchos platos y en diferentes mesas, y no había manera de sentarse a todas si no se es un triatleta, que no es el caso. Con Retraseres mandando a tomar por culo lo políticamente correcto y avasallando con un urgentísimo garage punk de estribillos tronchantes llegamos a “Saunaville”; una manera perfecta de calentarse sin necesidad de microondas. Puestos ya en situación fuimos al escenario principal porque preveíamos que algo grande podía pasar con Ian Svenonius y su banda – Chain and The Gang -. Este peculiar artista empezó su apabullante y magnético show después de pasearse por las primeras filas de espectadores y saludarles y agradecerles su presencia con un café en las manos. Rock&roll , góspel predicativo, funk, new wave y clase, mucha clase, todo ello alrededor de una fuerza de la naturaleza que es un Svenonius que no paraba de platicar con la audiencia, bajar al barro para captar su atención y derrochar tal sensacional repertorio de gritos, bailes y poses que tendría que volver a ver diez veces el concierto en vídeo para recordarlos todos. Suyo fue el primer gran concierto de la noche y posiblemente el mejor.

Chain and The Gang

Tras la emoción del momento, entramos en la sala de la discoteca en búsqueda de nuevos sonidos – falso, era en búsqueda de aire acondicionado- y la sorpresa fue mayúscula cuando, sin darnos cuenta, en vez de descansar nos pusimos a bailar con Texxcoco como si fuéramos peleles a merced de los uppercuts de Mani Pacquiao. Varias personas me preguntaron qué hacía una banda internacional en el Escenario Rufusville y a mí me entraba la risa diciendo que los chavales eran de Canarias. Saben esas bandas americanas punk rockeras, garageras y surferas tan de moda como Wavves, King Tuff, Fidlar, Bass Drum of Death o Best Coast – cada uno en lo suyo –, pues Texxcoco encajarían en esa lista de maravilla. Sonido empastado, estribillos pop dentro de una música aguerrida, cambios de ritmo dentro de cada canción… tampoco son Nicola Tesla y han inventado la radio – sí, coño, no fue Marconi-, pero es de agradecer que alguien por una vez siga el manual de las buenas prácticas.

Volvimos con muchas ganas al escenario principal para ver a The Boys; supervivientes del punk del 77 y con muchas buenas canciones que regalar. Realmente no sabía en qué estado físico me encontraría a estos señores, pero pasadas un par de canciones pudimos suspirar de alivio al ver que posiblemente no lleguaremos a su edad en tan buena forma – de alivio por el concierto, pero si lo pensamos bien es algo preocupante por nosotros – . Su punk rock melódico – les llamaban los Beatles del punk – nos puso la sonrisa en la cara, porque cada canción sonaba a himno tabernario y porque demostraron ser tan buenos – o mejores – en directo que los actuales Buzzcocks, si estos no tuvieran esos putos cuatro temas perfectos. Esa sonrisa se nos quitó de la cara con la bofetada del concierto de La Moto de Fernan. Punk campechano, jugando en casa y con las vísceras encima de la mesa: caballo ganador. Los alicantinos presentes se volvieron majaretas con este dúo de terroristas sónicos, pero yo me quedo con lo de que “con cada concierto suyo nace un galgo”.

The Boys

El mayor reclamo de esta edición eran, sin lugar a duda, unos Thee Oh Sees triunfadores en los dos últimos Primavera Sound. Quizá no llegaron a las cotas aquellos conciertos, pero el ritmo que John Dwyer, su bajista y sus dos baterías imprimieron a su actuación fue demoledor. Un ritmo garagero frenético y tan hipnótico y repetitivo que le daban la vuelta al estilo hasta llegar a la psicodelia hicieron inevitables los pogos, el enseñar las tetas y el llegar a la lipotimia. Realmente, musicalmente no aportan nada en absoluto, pero convierten ese nada en un espectáculo.

Thee Oh Sees

Nos tomamos un descanso para secarnos el sudor – Rafa Nadal hubiera usado ya seis camisetas- para ver a otro de los reclamos de esta edición, los americanos Radioactivity, que acabaron por ser la mayor decepción del festival. La verdad es que tenía ilusión en este concierto; tienen un par de temas muy pegadizos que entran como cuchillo caliente en mantequilla, pero su punk pop de skaters noventeros me bajó la moral a los suelos.

Pero como en el Fuzzville todo ocurre a velocidad vertiginosa, los gallegos Terbutalina me hicieron olvidar en dos canciones a los chavales adoradores de Offspring; no en vano tienen nombre de medicamento broncodilatador con propensión a la adicción – sí, de pequeño tuve asma-. No hay mejor definición para esta banda que la que usan en sus biografías promocionales: “garage punk festeiro”, porque lo que hacen es golperarte con el sonido – parecen un grupo de broma pero tocan de manera muy seria- y ganarte con esa retranca rockera gallega que tanto se echa en falta. Este, con permiso de Texxcoco, fue el mejor concierto del Escenario Rufusville del Fuzzville!!! #2. Ya solamente quedaba el fin de fiesta, y para esos menesteres no hay nadie mejor que Los Chicos. Rock&roll festivo, power pop vitamínico, country acuchillado, soul bastardo y todos los estilos que se pueden tocar con sombrero y botas son sus armas, y las usan con solvencia desde hace bastantes años. Solo se me ocurre una banda que se les asemeje en estilo y descaro, los americanos Supersuckers.

Derrotados y muertos, pero con esa mínima carga de electricidad en el hipotálamo que mueve a los zombies, rematamos el festival bailando lo que nos pinchaban los Djs Head & Banger y Oky Von Stoky.

Ya no se puede decir que Fuzzville!!! sea una sorpresa, se acabó lo de festival revelación, a partir de ahora simplemente debe ser una cita ineludible para los amantes de los sonidos sucios y la fiesta loca; del underground, del punk rock, del garage y del buen rock&roll, lo que de verdad es ahora lo alternativo.

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2 comentarios
  1. Kas says:

    Radioactivity…punkpop de skaters noventeros??? Joder,menos mal que no viste a Hakan,dirías que sonaban a Green Day. Y Marked Men,Ramones de cuarta,si. En una cosa sí que estoy de acuerdo:Oh Sees no aportan nada en absoluto. Supongo que es mejor ser “intenso” (je,dos baterías haciendo exactamente lo mismo;si meten quince sería la caña!) que hacer canciones.

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