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GIJÓN SOUND FESTIVAL: SORPRESA, SORPRESA

Gijón no tendrá (por ahora) equipo de fútbol en Primera División, pero a nivel cultural no hay ninguna duda que milita en la máxima categoría. El Festival Internacional de Cine, la Semana Negra, el Euroyeyé o La Feria Europea de Artes Escénicas para Niños y Niñas (FETEN) así lo corrobora. A todos ellos hay que sumar, además, el Gijón Sound Festival que empezó a andar el año pasado.

En su primera edición apostó por un formato bien curioso con una jornada a la mayor gloria de Jorge Ilegal (acompañado de músicos tan variopintos como Sr. Chinarro, Johnny Burning, Jaime Urrutia, Triángulo de Amor Bizarro o Los Rebeldes) y otra consagrada a bandas asturianas (Doctor Explosion, Tuya o Los Guajes, además de The Cynics cuya formación cuenta con un 50% de músicos locales).

Este año, a pesar de los cambios introducidos (del mes de mayo al de abril, de dos días a tres, diversificación de los escenarios por distintos puntos de la ciudad, mayor presencia internacional,…) el GSF sigue luchando por diferenciar su oferta del resto de certámenes. Y si bien en la programación confluyen nombres más habituales en los escenarios españoles (Sidonie, Julio de la Rosa o Howe Gelb), hay unas cuantas razones por las que dejarse sorprender en la ciudad asturiana del 3 al 5 de abril. Tomad nota.

The Stranglers

Aunque el cartel del festival no destaque cabeza alguna y opte por una enumeración alfabética de los grupos participantes, hay dos nombres que resaltan por historia y trayectoria. Casualmente, ambos son británicos y surgieron en los albores del punk, pero ninguno acabó militando en sus filas musicales por más que se empeñen algunos. Se trata de The Stranglers y The Fall. Los primeros andan celebrando su cuarenta aniversario, eso sí, sin material nuevo desde hace dos años. Y a poco que repitan su concierto en el FIB del 2011, en el que se comieron con patatas a The Strokes, ni falta que les hace. Teloneros de Ramones en sus primeras visitas británicas, pero más interesados en el legado sonoro de The Doors, su carrera ha sido una continua huída de la comodidad y el conformismo, con sus aciertos y errores. Crecieron con el pub-rock; prefirieron a Zappa antes que a la camarilla del imperdible; abrazaron el pop, la psicodelia, el rock progresivo o los sintetizadores según creyeron conveniente; lucieron palmito arty; versionearon a The Kinks o Burt Bacharach; denunciaron a Elastica por plagio evidente; se sobrepusieron al abandono de su cantante; practicaron el manido lema de “sexo, drogas y rock and roll” hasta la extenuación; y, lo más importante (y “Giants”, su último álbum hasta la fecha es el mejor ejemplo), han llegado a nuestros días fabricando canciones por encima de la media.

Cuando Mark E. Smith tituló “Psykick Dance Hall” una de las primeras canciones de The Fall cuesta creer que no fuera consciente que nos estuviera regalando la mejor definición posible de su música. De hecho, es lo mínimo que se puede esperar de alguien que asegura que antes de músico fue vidente. Conjeturas sobrenaturales a un lado, lo que sí parece de otra dimensión es la carrera de The Fall. O lo que es lo mismo la del propio Smith, que hace y deshace cómo y cuando quiere en un grupo que bien podría llevar solo su nombre. Más punk que los propios punks, lleva treinta y ocho años fiel a un estilo al que el prefijo “post” se le queda pequeño. Su manera de cantar fraseando (con algún grito desgañitado), la crudeza instrumental, los obsesivos cambios de ritmo o las melodías espasmódicas, han perdurado sin perder frescura alguna en su prolífica carrera. Sin The Fall seguramente no existirían (o serían algo distinto) bandas como Pavement (la inspiración llegaba incluso a las portadas de los discos) o Franz Ferdinand, por poner dos ejemplos.

Si en la primera edición del Gijón Sound Festival llamó poderosamente la atención la alianza musical que se produjo entre Jorge Ilegal y algunos artistas, en principio, fuera de su círculo de influencia, este año han decidido repetir la experiencia con una colaboración sorprendente: Luz Casal y Nouvelle Vague. No son unos desconocidos, porque el grupo francés hizo una remezcla del tema “18 años” de la primera, y juntos grabaron una versión de “Amado mío”. Pero los distintos registros en que se mueven no auguraban que la alianza fuera a durar más allá. La cantante gallega se encuentra en plena promoción de “Almas gemelas”, su primer disco con temas propios en 6 años y para el que ha contado con la ayuda de músicos tan diferentes como Vangelis o Pepe Begines (ex No Me Pises Que Llevo Chanclas). Nouvelle Vague llevan ya cuatro álbumes versioneando, a ritmo de bossa nova, clásicos de The Cure, The Undertones, Joy División, Depeche Mode, Blondie, The Cramps o New Order con resultados asombrosos. Detrás del proyecto, dos productores galos, Marc Collin y Olivier Libaux que seleccionan diversas vocalistas para dar lustro a sus “covers”.

The Fall

No es la única actuación a dos que habrá en el festival. En esta ocasión trasciende el hecho meramente musical, porque el dibujante Mauro Entrialgo (autor de algunas portadas de discos, miembro de grupos tan descacharrantes como Fat Esteban o Esteban Light y colaborador de, entre otras publicaciones, la revista Mongolia) acompañará con sus rotuladores cada una de las canciones que ejecuten Los Tiki Twangers, a viñeta por tema. El repertorio está compuesto de revisiones de clásicos de country, rockabilly y surf. Las ilustraciones se sortearán después del concierto.

Descubrir grupos es uno de los alicientes por los que mucha gente se acerca a los festivales. Si sois de los que lleváis un bloc en el bolsillo para ir apuntando, en Gijón tendréis faena. En el apartado internacional, dos nombres: Paws y The Tanks. Paws son de Glasgow y no cambiarán la historia de la música, pero su efectivo primer disco adscrito al patrón indie de los 90, ora Dinosaur Jr ora The Lemonheads, promete un set lleno de estribillos en la mejor tradición shoegazer. Aterrizan en el GSF de rebote (son los teloneros de la gira mundial de We Are Scientists que también actúan en el certamen), pero tienen muchos números para ser una de las sorpresas.

Lo de The Tanks es algo similar. Ellos están abriendo para The Stranglers por toda Europa y Asturias no será una excepción. Son de Toulousse, Francia, y sus canciones funcionan mejor cuando buscan la inspiración de The Clash o Violent Femmes que al decantarse por la épica introvertida y repetitiva de Radiohead o Coldplay.

Entre el, más numeroso, contingente de grupos nacionales, dos citas especialmente recomendables: Kaplan y Chiquita y Chatarra. Pueden parecer grupos de distintos padres, pero en realidad son las dos caras de una misma devoción por los estribillos contagiosos. Kaplan lo aplica con lo aprendido en la escucha compulsiva de pop luminoso, folk que firmarían Donovan o los primeros Simon & Garfunkel, unas gotas de psicodelia tarareable y las discografías completas de The Beatles, The Beach Boys y The Byrds. Angel (cómo no) Kaplan compone todas las canciones del grupo, al tiempo que toca con Peralta (también presentes en Gijón) y The Cynics y produce a unos cuantas bandas.

Chiquita y Chatarra

Chiquita y Chatarra son Patricia Álvarez y Amelia Díaz, un dúo asturiano con tres discos a sus espaldas que se mueven con desparpajo entre el rock musculoso y sucio, el garage cavernícola, el after punk pantanoso y los aullidos vocales. Por si fuera poco, en su más reciente trabajo, “Niagara Fallers”, con Jorge Explosion a los mandos, no le han hecho ascos al pop tridimensional que popularizó Joe Meek y se marcan coros o palmas en mitad de las canciones que desarman al más pintado.

Capítulo aparte merecen tres bandas con las que cerramos nuestras recomendaciones: Lucas 15, Borealis y Los Hermanos Cubero. Todos beben de la tradición musical para estructurar su propio discurso.

Lucas 15 surgió de la necesidad de Xel Pereda y Nacho Vegas por recuperar y reinventar el cancionero tradicional asturiano. El trabajo se vio plasmado en un disco homónimo editado hace ya más de cinco años. Ahora llega la segunda entrega para la que ha habido que recurrir al micromecenazgo y en la que Pereda se presenta como único ideólogo. Gijón será una de las primeras paradas de este viaje ancestral que contará con la participación del Coro de Cimadevilla y del propio Vegas, entre otros invitados.

Borealis es Eduardo Suárez, inquieto músico que ha llevado sus ganas de experimentar al extremo. Lejos quedan sus devaneos kraut o metalcore en diversos grupos. Él y sus guitarras acústicas de seis o doce cuerdas parieron “Tumba para un caballo cojo”, un disco de solo seis temas (si bien el último supera los 17 minutos) de fuerte raigambre, imposibles de desligar de cierta tradición céltica.

Los Hermanos Cubero no hay que interpretarlos en clave moderna. Son como Lorena Álvarez y su Banda Municipal. No buscan adaptar su folklore a los tiempos actuales, sino impedir que caiga en el olvido y demostrar que es tan disfrutable como cualquier otro estilo. Su repertorio podría encajar, sin levantar sospecha alguna, en los festejos de cualquier pueblo de La Alcarria. Ya llevan dos discos y como dicen en uno de sus hits “Tocando canciones nuevas / y otras que ya se sabrán / al estilo de Castilla / con alguna novedad”. Jota hillbilly.

Además de todos los mencionados, el cartel del Gijón Sound Festival se completa con Christina Rosenvinge, Elle Belga, Pingüino, Pablo Und Destruktion y Alexandra in Grey.

Rafa Rodríguez Gimeno

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