MASSIVE ATTACK: A SALVO DE TODO DAÑO

Mira que entre rave y rave surgieron artistas interesantes durante la (tantas veces despreciada por insustancial) música de baile de finales de los años ochenta y principios de los noventa. Pero su descarado hedonismo también trajo consigo algunas actitudes desafiantes, como no revelar el rostro en público (Altern 8, Daft Punk y algunos otros, ya lo sé, con referentes carnavaleros de solera, como The Monks y The Residents), gesto que asumía un saludable posicionamiento “antipop” o aparente menosprecio por el ego a favor del concepto y la substancia. Massive Attack no es que fueran disfrazados, pero además de participar sin ególatras aspavientos de un quehacer colectivo de altos quilates, también supieron traspasar desde el primer surco el umbral del precario do it yourself campante en la música electrónica del momento, conservando de paso toda su autenticidad. Los de Bristol se encuadraban en la comuna artística The Wild Bunch cuyo núcleo duro estaba formado por socios fundadores como Andrew “Mushroom” Vowles, Grant “Daddy G” Marshall y Robert “3D” del Naja, miembros originales de Massive Attack con permiso del humeante Tricky. El uso de los samplers, la vieja técnica del cut-up, su (elegante, orgánica y europea) adaptación del hip hop norteamericano, del dub jamaicano y del soul psicodélico en temas primerizos como Safe from harm, Five man army, Hymn of the big wheel o One love, alumbró una fórmula imbatible a pesar de los reiterados intentos de imitación que algunos convinieron en bautizar trip hop. Una auténtica plaga, vamos. Hasta Marc Almond triphopeó (con perdón).

Desde el canonizado Daydreaming, primer single de éxito de Massive Attack a costa del proscrito Any love, su primera referencia discográfica, hasta “Heligoland” (2010), su último y peor álbum, sólo Del Naja y el vocalista jamaicano Horace Andy han tenido el honor de ser el denominador común en tan elegante proyecto. Andrew Vowles se precipitó en 1999 y Daddy G descansó en “100th Window”(2003), uno de sus discos más claustrofóbicos. Es obligatorio mencionar también a Neil Davidge, colaborador fijo desde el infravalorado “Mezzanine”(1998) y uno de los principales responsables en el oscurecimiento del sonido de la banda. La buena noticia es que al parecer Adrian “Tricky” Thaws, cuya última participación data de 1994 y el álbum “Protection”, estará en el nuevo trabajo de Massive Attack. Y para completar el cuadro de colaboraciones estelares, no estaría de más recordar el paso de vocalistas femeninas, seña de identidad del grupo, como Shara Nelson, Tracy Thorn (Everything But The Girl), Elisabeth Fraser (Cocteau Twins), Hope Sandoval (Mazzy Star) o Sinead O’Connor. Los aristogatos, vamos.

La postura de Massive Attack frente a los medios y la industria en general se encuadraría en la escuela de gente tan sobrada como David Bowie o Lou Reed, personajes que han sabido servirse de la industria a su antojo gracias, entre otras cosas, a una autoestima a prueba de meteoritos. Si de repente se abriera el telón, podríamos titular la obra: “Cómo ser cool y merecerlo”. Y es que hace más de veinticinco años que Del Naja y Marshall parecen observar el mundo desde su Olimpo ultramoderno, un terreno propio no exento de cierto activismo político de salón, o mejor dicho, de escenario, que es mucho más valiente. Pero sobre todo, de una intachable discografía con cinco álbumes cuanto menos interesantes, bandas sonoras aparte, y la obra maestra”Blue Lines”(1991) como unánime estandarte. Trabajos todos ellos editados en Virgin a ritmo de koala, que no servirá para hacerles ricos, pero que sí ha servido para alejarles de las modas, batiendo su propio récord con los siete años de gestación de “Heligoland”, un trabajo que chirrió a manido a pesar de cortes tan acertados como Atlas Air (cuya parte vocal se reservó astutamente Del Naja). Los dioses también se equivocan aunque haya quienes se empeñen en justificarles. Y no lo digo solo por ti, San Agustín.

Donde no suelen fallar Massive Attack es en sus directos, siempre motivo de celebración. Lo podremos comprobar a mediados de junio en el Sònar barcelonés y a finales de julio en el Low Cost, simplificado este año a Low. De barato a bajo y no se lo reprocho. Pero no se lleven a engaño. Salvo por el error que supuso juntar demasiado los escenarios (seguro que ya está corregido), Benidorm fue una fiesta el año pasado, con estrellas como los también bristolianos Portishead y, ya en terreno del indie, los escoceses Belle And Sebastian. Una acertada deriva hacia propuestas internacionales de renombre (aunque todavía predominen en el cartel los sufridos grupos nacionales) para el sustituto no precisamente natural del tan casposo como mítico Festival Internacional de la Canción de Benidorm, que parece haber explotado definitivamente, y esperemos que para bien. Massive Attack elevarán todavía más el caché de ambos eventos con un espectáculo denominado gilm por uno de sus artífices. Estamos hablando del polémico documentalista Adam Curtis y uno de esos palabros sin futuro compuesto por gig (concierto) y film (película). No será, por tanto, un concierto a la vieja usanza, sino un llamémosle espectáculo de carácter marcadamente político en el que no servirá de nada posicionarse a la izquierda o a la derecha del escenario, porque tú serás, y eres, el centro de esa realidad. Porque no todo van a ser sex dwarfs en el Rincón de Loix. También es bueno pensar un poco, amiguitos.

José Manuel Caturla

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