Monkey Brain día 1

MONKEY BRAIN – JORNADA 1

Mientras la lluvia asumía el protagonismo meteorológico y trastocaba la distribución de escenarios del Monkey Week, en las Bodegas Osborne comenzaba la primera jornada de Monkey Brain, la sección para profesionales del festival, que este año engloba diversas mesas redondas y actividades en torno al lema “Music Discovery”, con la intención de “explorar las diferentes estrategias, tanto tradicionales como digitales, para dar a conocer nueva música”.

 

Una imagen del Monkey Market

 

La primera mesa redonda del día estuvo centrada en los circuitos de música en directo, planteando de qué forma pueden los artistas emergentes acceder a las oportunidades de promoción que ofrecen los circuitos de salas. Entre los participantes, el músico Luis Mendo, vicepresidente de AIE (España), responsable del circuito Artistas en Ruta, creado hace diecinueve años con objeto de llegar a acuerdos con salas para desarrollar conciertos a lo largo del año. La selección de artistas tiene una periodicidad semestral, y al año impulsa y financia unos doscientos conciertos. En la misma mesa, Rodrigo Palencia, de Mousike (Guadalajara, México), que se dedica a la programación y producción de shows internacionales. También Reinhold Seyfriedsberger, de INK Music (Austria), sello y agencia de booking y promoción de shows en Viena que ha trabajado con bandas españolas como Suicide of Western Culture y apuesta por el desarrollo de nuevos mercados. Finalmente, Andy Inglis, de 5000 Records (Gran Bretaña), que tras varios años de trabajo (manager, gestor de un club en Londres), desde 2010 se dedica a las giras y el management, con bandas como Savages o East India Youth.

 

Los integrantes de la primera mesa redonda

 

Ante el reto que supone para las bandas acceder a los circuitos que gestionan, Seyfriedsberger subrayó que “es muy importante para los artistas emergentes ganar socios a nivel local y formar equipo con ellos”. Viajar a tocar al extranjero no produce beneficios, pero sí puede resultar útil si se hace un trabajo previo potenciando los contactos con los medios del país. Para Rodrigo Palencia, “es fundamental disponer de un manager local que sepa lo que hace. No un amigo, sino un profesional. También tener buen material grabado y hacer un uso adecuado de las redes sociales”. Por su parte, Mendo explicó el funcionamiento de Artistas en Ruta: “Exigimos a los grupos participantes que tengan, como mínimo, un disco publicado legalmente. Solo tienen que mandar el material. Después hay una reunión del comité de selección donde se seleccionan la casi veintena de bandas que participan. La difusión y promoción es de AIE y la asociación de salas y managers de los grupos. Además, los grupos pueden usar el programa para los conciertos, pero pueden organizar más por su cuenta”. Finalmente, Inglis reconoció que “es muy difícil llamar la atención de los medios por parte de una banda nueva”. Al mismo tiempo, se sorprendía por haber recibido únicamente dos mails de bandas que actúan en el Monkey Week, cuando esperaba muchos más. Recomendó, entre otras cosas, “elegir como portavoz del grupo al componente que tenga un discurso propio y sepa expresarse ante los medios, porque una banda es como un pequeño negocio”. También observó que “la música tiende a focalizarse en lo grande, tanto en lo que se refiere a ciudades como a medios, pero existen otros canales. El NME lanza menos de 20.000 ejemplares, ya no es tan influyente ni lo lee tanta gente, así que es interesante buscar otros recursos, actuar de manera local, contactar con bandas de la ciudad, con las que quizá luego vayas de gira, y prestar atención al merchandising. Los americanos siempre llevan, y gracias a ellos hemos aprendido que es muy importante, porque contribuye a construir tu audiencia”.

 

 

Andy Inglis y Luis Mendo

 

La siguiente mesa redonda se centraba en ferias de música y festivales de showcases. Eric Smout, del Glimps (Gante, Bélgica), explicó que el evento se beneficia de la población estudiantil de la ciudad, que permite organizar durante tres días showcases de sesenta bandas (quince de ellas, belgas; el resto, del continente europeo), usando salas, bares, cafés o discotecas. Confecciona el cartel trabajando con asesores en diversos países y también cuenta con área profesional, de ahí que César Guisado, otro de los ponentes, y miembro del equipo organizador del Monkey Week, señalara la similitud entre ambas propuestas, añadiendo que “el espíritu del evento es apoyar a las bandas nuevas, porque hay mucho talento y a veces es difícil ponerlo en valor. El problema es el presupuesto, ya que no puedes gastarte mucho dinero en los nombres que venden los tickets”, señaló, “por lo que el objetivo es crear una marca y fidelizar a un público al que le gusta la música. Conseguir que la gente acuda sin conocer a los grupos, porque sabe que va a ver cosas que le van a interesar”.
El tercer integrante de la charla fue Manu Charritton, promotor general y programador del Marvin Festival, en México, que aglutina diez espacios y sesenta bandas con el South by SouthWest como modelo más cercano. En su opinión, los festivales de showcases tiene un claro beneficio para el talento emergente porque “no generan la tensión asociada a los nombres masivos, por lo que la competencia es más natural y cercana al tamaño de tu banda”. No obstante, admite que los grandes “hacen falta para captar a la gente”.

 

La segunda mesa, al completo

 

Por otra parte, al ser festivales con gran cantidad de propuestas, corren el riesgo de dispersar en exceso la oferta. Charritton lo asume: “Es cierto. Llegas a tocar a SXSW y hay mil bandas. Y tú eres desconocido y es difícil aprovecharlo o conseguir que te vean, por lo que el objetivo es otro, quizá las relaciones y el negocio. Nosotros tenemos sesenta grupos y hemos pensado reducir el número, para que la gente pueda concentrarse en lo que ve”. Eric Smout apuntaba: “Es importante que los grupos se preparen, que sepan quién va a ir al festival para establecer contactos profesionales. También necesitas apoyo económico, porque la banda no puede financiarlo todo. El festival es solo un paso en un proceso muy largo. Luego hay que continuar trabajando en los contactos”. O, como dice César Guisado, “asistir al festival es una inversión, por eso hay que prepararla”.

 

César Guisado, Eric Smout, Manu Charritton y Emilio R. Cascajosa

 

En la siguiente charla, directores de grandes festivales internacionales como Lalo Rojas (Corona Capital/Festival Ceremonia, México), Dan Panaitescu (Festivales Sziget, Volt y Balaton, Hungría), José Manuel Piñero (Low Festival, España) y Gunnar Lahrs (Fusion Festival, Alemania) trataron su relación con los artistas emergentes, para los que los festivales multitudinarios no siempre son un negocio lucrativo, aunque pueden jugar un papel importante en la consagración de aquellas bandas que consiguen acceder a sus principales escenarios. Aunque en Corona Capital han logrado consolidar un stage dedicado a las bandas menos conocidas, Rojas admitió que suelen ser las que actúan en los horarios menos agradecidos y cuando hay menos publico en el recinto. Panaitescu, por su parte, reconoció que siempre parten con desventaja respecto a los cabezas de cartel. Lahrs se desmarcó del resto de ponentes al explicar que el Fusion festival germano no tiene cabezas de cartel, y por lo tanto la categoría de todas las bandas es similar. En su intervención, José Manuel Piñero rompió una lanza por los escenarios secundarios, que son los que acogen a las bandas noveles, planteando su condición de alternativa frente a los grandes nombres que se repiten con frecuencia en los escenarios principales. De hecho, explicó las tres líneas de actuaciones del Low Festival en lo que respecta a su apoyo a las nuevas bandas: El concurso Emerge, el tercer escenario y la colaboración con la convocatoria institucional Sona la Dipu, que provee de bandas jóvenes al Tour Bus instalado en el festival.

La charla terminó derivando hacia el futuro de los grandes eventos: Todos los participantes coincidieron en la abundancia de propuestas y en que quizá no hay tanto público de festivales como de experiencias de ocio, por lo que no descartaron que el tiempo acabe por hacer una selección natural, especialmente en España, donde el mapa festivalero sufre una creciente saturación.

 

Gunnar Lahrs, Dan Panaitescu, José Manuel Piñero y Lalo Rojas

 

Asuntos relacionados con el mismo debate se pusieron sobre la mesa en el último panel de la jornada, sobre internacionalización y nuevos mercados, en el que se conversó sobre la ambición de las bandas de darse a conocer fuera de sus fronteras. La cantante Mercedes Ferrer, de Fundación SGAE, recordó su labor de promoción y divulgación ayudando en giras internacionales, proporcionando soporte directo a artistas en circuitos europeos y participando en el proyecto Sounds from Spain. También recordó que SGAE dispone de un programa abierto todo el año que contribuye a financiar los viajes de las bandas.

 

Gran afluencia de público en el cuarto panel del día

 

El resto de la mesa estuvo integrado por James Young, responsable de booking en el Cherry Rock de Melbourne (Australia), que fue tajante a la hora de explicar la manera de acceder a tocar en su festival “Si quieres venir, asegúrate de que eres bueno y tienes un gran directo. Y trabaja duro para que te vean”. También explicó que “la gente confía en la trayectoria del festival y viene sin necesidad de conocer a todas las bandas, porque abunda la gente de mente abierta con ganas de verlas. Los grandes festivales en Australia han caído en bancarrota y son los nuevos los que pujan fuerte ahora”. Por su parte,Justin Sweeting, del Festival Clockenflap (Hong Kong), aseguró que prestan mucha atención a las bandas emergentes, aunque reconoce que “para las españolas, el problema es la lengua, porque es imprescindible estar en plataformas como Pitchfork. Pero si eres bueno, da igual de dónde vengas, al final te escucharán”.

 

Justin Sweetin y James Young

 

Finalmente, Alonso Gorospe, de Distrito Global (México), redundó en las opiniones de sus colegas: “En nuestro festival las bandas nuevas son importantes porque abren espacios y generan motivaciones para que surjan otras bandas. Son las que más hambre y frescura tienen y pueden ofrecer algo nuevo, algo diferente. Nosotros las escogemos a partir de sugerencias de asesores conectados con los medios u otros festivales. Lo primero que hacemos es ver sus videos en directo. Tratamos de apoyarles con lo que podemos, pero los presupuestos son limitados”, concluyó.

De este modo terminaba una intensa mañana de debate e intercambio de experiencias profesionales que quizá no solucionó los problemas que afectan a la escena de festivales, pero al menos ahuyentó la lluvia. Al salir de la bodega en busca de alimentos, lucía nuevamente el sol en el Puerto de Santa María.

 

Fotos: Liberto Peiró

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