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NILE RODGERS, EL HEDONISTA ELEGANTE

Durante una gira por Inglaterra, cuando todavía formaba parte del grupo New York City, a Nile Rodgers le robaron el dinero, el pasaporte y la guitarra, y tuvo que quedarse más tiempo del previsto en Londres. Gracias a eso, Rodgers asistió a un concierto de Roxy Music, y vio con claridad el camino artístico a seguir. Poco después nacía Chic, el grupo que reinó dentro y fuera de la disco music, un emblema cultural que terminaría influyendo en la música pop a diversos niveles, gracias al talento de Rodgers y su irreemplazable socio, el bajista Bernard Edwards. Juntos constituyeron el cuerpo y el alma de Chic –que también tuvo en el batería Tony Thompson a otro de sus músicos clave–, y compusieron y produjeron algunos de los más grandes éxitos de la música negra de los 70.

La trayectoria de Chic fue azarosa y lo mejor de su producción se concentra entre su debut en 1977 y 1982, año en que publican “Believer”. Pero su legado es indiscutible. El bajo de “Good Times” abrió un nuevo camino para la música de baile, y se convirtió en el cimiento rítmico para la primera generación de músicos de hip hop que estaba a punto de nacer. Su línea de bajo inspiró “Rapper’s Delight”, de Sugarhill Gang, y como los grupos blancos también estaban prestando atención, tuvo mucho que ver en “Another One Bites The Dust”, de Queen, e incluso en “Rapture”, de Blondie. La música de Chic era hedonista pero elegante, un concepto que sin duda está ligado a la visión que Rodgers tuvo cuando vio en directo a Roxy Music. La sofisticación de su sonido y de su imagen, incluso las dos modelos que aparecen en la portada de “Chic”, le deben mucho al grupo de Bryan Ferry.

Hasta que fue iluminado por Roxy Music, la idea que Rodgers tenía en la cabeza era la de crear un grupo de rock con músicos negros, una idea que causaba rechazo entre los sellos discográficos a los que les ofrecía el proyecto. Previamente había formado parte de formaciones como los mencionados New York City, pero para cuando se unió a estos, ya había encontrado en Bernard Edwards a su alma gemela. La música había ayudado a Rodgers a escapar de una vida inestable. Creció en Greenwich Village, criado por su madre y su padrastro, ambos yonquis. Militó en los Black Panthers y eso, unido a la ingesta de LSD un día en Central Park, le empujó a escribir “At Last I’m Free”, una de las canciones más conocidas de Chic, que Robert Wyatt terminó haciendo suya en 1978. A Edwards le unió el interés por la música más allá de cualquier género. La conjunción de su guitarra y el poderoso bajo de Edwards terminó por crear un sonido único, un estilo que nació con la música disco, pero acabó trascendiendola. De hecho, las canciones firmadas por Rodgers/Edwards dan continuidad en los 80 a una tradición pop creada y mantenida por otros equipos como el de Holland/Dozier/Holland en Motown o Gamble/Huff en el sonido Filadelfia. A pesar de que sus canciones y su estilo como productores hicieron populares a otros artistas además de a Chic, ellos nunca le robaron protagonismo a la música.

“Dance, Dance Dance”, “Le Freak”, “I Want Your Love”, “My Forbidden Lover” o “Everybody Dance” fueron los emblemas de la época dorada de la música de baile, en la segunda mitad de los 70, cuando el género dominaba las listas de éxitos gracias también al boom de la película “Fiebre del sábado noche”. Chic formaban parte de esa banda sonora de noches interminables de las que el Studio 54 se había convertido en meca. Por eso mismo, también fueron la diana de los ataques que demonizaban al género, tendencia que acabó promoviendo la quema de vinilos discotequeros en un estadio. Del mismo modo que el rock & roll había sido acusado en sus comienzos del música del diablo, la música disco se convirtió en objeto de rechazo por parte de los sectores más reaccionarios del rock, que bajo el lema “Disco sucks”, usaron argumentos homófobos y racistas para intentar erradicar el género. Pero ni la faceta más reaccionaria del rock pudo contener su éxito. Y como ya había ocurrido con Sister Sledge, terminó contagiando a otros artistas, que bajo el toque Rodgers/Edwards tuvieron un notable resurgir comercial, como ocurrió con Diana Ross y el clásico “Upside Down”.

En un gesto poco habitual, el dúo –que operaba bajo el nombre de Chic Organisation cuando trabajaba para otros– comenzó a producir a artistas blancos. Como tales firmaron “KooKoo” (1981), el primer disco de Debbie Harry, grabado cuando la cocaína circulaba por el entorno de Chic con asiduidad. Rodgers y Edwards empezaron a trabajar en solitario y el primero, además de grabar “The Land Of The Good Groove” (1983), comenzó a ser reclamado como productor. Uno de los primeros en llamarle fue Bowie, que le enseñó un álbum de Little Richard y le dijo: “Esto es lo que quiero hacer”. El resultado fue “Let’s Dance” (1983), que con más de siete millones de copias vendidas es hasta ahora el álbum más comercial de Bowie. A continuación le encargaron que produjera el segundo disco de Madonna, artista en la que Warner tenía depositadas grandes esperanzas. “Like A Virgin” (1984) cumplió sobradamente con dichas expectativas, iniciando el periodo estelar de la carrera de Madonna. Chic se iba apagando, pero Rodgers se convirtió en sinónimo de toque midas con sus producciones para Duran Duran, INXS, Peter Gabriel y B-52’s.

La historia de la música pop nos demuestra casi a diario que, salvo contadas excepciones, no importa el éxito que hayas tenido o lo influyente que has sido en un momento determinado, cada tanto tienes que recordarle al público quién fuiste y quién sigues siendo. Rodgers, que perdió a Edwards cuando éste murió a causa de una neumonía en 1996, durante una gira de Chic, se encuentra ahora mismo disfrutando de ese proceso. El libro “Le Freak” (2011), lo devolvió a la actualidad gracias a un relato sincero de una vida y una carrera en las que había momentos de gloria y también de miseria. La intervención de su guitarra en “Get Lucky”, de Daft Punk, no fue casualidad. La que fuera la canción del año 2013 celebraba el optimismo de la misma manera que lo hizo “Good Times” en 1979, y para ello, el toque Rodgers resultaba imprescindible. Un cáncer de próstata ya superado le mantuvo en jaque durante unos meses, pero no pudo con él. Rodgers sigue actuando y colaborando con nuevos artistas, como el astro de la EDM Avicci, o La Roux, en cuyo nuevo disco también han dejado rastro sus guitarras. Él asegura que sueña con poder trabajar con Janelle Monáe, y mientras tanto, exhibe su inolvidable legado musical por los escenarios de medio planeta, como el del Sónar, haciendo aquello que le convirtió en un músico inconfundible.

Rafa Cervera

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