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PLASTIKMAN: ALMA DE METAL

Pocos hombres blancos han sabido interpretar con tanto acierto y profundidad el llamado techno de Detroit como Richie Hawtin. Un británico de nacimiento, afincado durante su juventud en Canadá, que junto a su amigo John Acquaviva, con quien compartía aventura en el mítico sello Plus 8 a principios de los años noventa (casa también del gran Kenny Larkin), conducían a toda velocidad hacia la ciudad del motor para empaparse del nuevo soul negro. Tan negro que bebía por partes iguales de los más oscuros fundamentos de la música electrónica europea y del complicado lirismo del jazz. Pero para quien no haya escuchado esta música, o lo haya hecho de una forma quizás superficial (por ejemplo, yo durante años), se hace difícil atisbar por lo menos en un primer bautizo de fuego eco alguno de soul o de jazz. Es como decir que Ingrid Bergman procede del hombre negro, algo científicamente demostrado. Y menos con la austera reinterpretación dada por Hawtin en sus diversas encarnaciones, entre las que destacan F.U.S.E. y Plastikman, esta última la más conocida, reservando su propio nombre para las sesiones como DJ.

Hawtin se decantó por la zona más minimalista del devastado (ahora más que nunca) Detroit y por planteamientos que se inspiran en alguna de las paletas y pentagramas más atrevidos del arte del siglo XX, como Rothko, Reich, Glass o May. Los cornudos del arte postmoderno, como diría nuestro Dalí, muestran su fantasmagórica presencia en la aparente linealidad de silicio de un hombre que, por otro lado, ha sabido envolver su música de una cuidada imagen. El logotipo más reconocible de la música techno fue elideado por Hawtin para Plastikman: un duendecillo danzante de guiño ácido que queda muy bien sobre cualquier superficie (incluidos los polígonos industriales) y que ha protagonizado ya la portada de seis álbumes, publicados entre los años 1993 y 2003. Trabajos cada vez menos espartanos y en constante progresión, aunque ninguno de ellos puede considerarse una obra maestra, con la excepción del insondable “Consumed”(M_nus,1998). Una discografía escasa, en la que destaca por derecho propio “Dimension Intrusion”(Warp, 1993), de F.U.S.E., recopilatorio de temas primerizos registrados entre 1990 y 1993 y especialmente informados por el acid house. Un álbum comparable a lo mejor de 808 State y resto de estrellas fugaces del acid, pero que también incorporaba delicadezas como Theychx y A new day, piezas equiparables a Smokebelch I de Sabres Of Paradise (Andy Weatherall), We are the music makers (Aphex Twin) o Belfast (Orbital). Temas históricos que muestran la cara más melancólica y accesible de todos estos ravers consumados. Un camino rara vez perseguido por Hawtin en trabajos posteriores.

Como podía leerse en el libreto interior de “Dimension Intrusion”, el techno no tiene regionalidad a pesar de su origen en el Detroit subterráneo. Su naturaleza es estructural, en el sentido de esquelética, al dejar de lado la melodía y apostar por las estructuras rítmicas y sus matemáticas. Pero aunque el techno ha acabado infectando otros ámbitos (el pop, las bandas sonoras, el rock…), incluso desde los primeros días del precursor synth pop, Hawtin ha preferido seguir indagando en las múltiples posibilidades de las bases rítmicas y en ese perfil, llamémosle científico, no exento de componente lúdico, coetáneo inductor de otros ramajes del minimal techno, como el concebido en los sellos Basic Chanel y Chain Reaction con la ayuda del dub. Mucho ha llovido desde la concepción del techno en la segunda mitad de los años ochenta y primeros noventa. Pero los trabajos de Plastikman no sólo permanecen entre lo mejor de aquella cosecha, sino que continúan todavía vigentes. Su música intrigante y evolutiva va más allá de la criticada funcionalidad de un género cuya máxima realización no se encuentra necesariamente en el baile, saludable modalidad ampliamente promovida por nuestro artista.

Hawtin cerró su serie de discos largos con “Closer”(Novamute, 2003). El final aparente de una progresión iniciada con los prometedores, y ahora míticos, “Sheet One” (Novamute, 1993) y “Musik” (Novamute, 1994). Círculo que pareció cerrarse con la publicación de “Arkives 1993 – 2010″, pero que se ha reabierto recientemente con la presentación del espectáculo Objekt en el museo Guggenheim de Nueva York, protagonizada por una especie de monolito construido a base de LEDs que haría las delicias de los simios de Stanley Kubrick. Un entorno artístico único que ha llevado a la grabación del nuevo álbum de Plastikman, de título “Ex” y de próxima publicación . “Arkives“, que recopilaba toda su discografía hasta la fecha, además de remezclas nuevas y temas inéditos (que en su versión más amplia concluía en más de treinta horas de música), venía envuelto en un suntuoso contenedor confeccionado con materiales reciclables. Una auténtica obra de arte, de una sensibilidad visual que Hawtin y sus asesores han sabido trasladar con sabiduría a sus conciertos. Una experiencia psicodélica que llegó a Barcelona en estreno europeo gracias al nuevo Sónar, festival en el que también actuó un segundo día (esta vez de noche) en sesión especial bajo su propio nombre (leer aquí). Y que no será su única visita a nuestro país este año, puesto que también forma parte del cartel del Dreambeach Villaricos, que se celebra el 8 y 9 de agosto en las Cuevas del Almanzora (Almería).

José Manuel Caturla

 

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