Pony-Bravo

PONY BRAVO: LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO

No han sido pioneros al hacerlo, ni tampoco son una excepción. Cada vez más artistas ofrecen sus discos en descarga libre. Es un hecho: Después de arremangarse y lanzarse a la autoedición, ahora los músicos comienzan a dar el siguiente paso: ofrecer su música gratis. Los sevillanos Pony Bravo lo llevan haciendo desde que debutaron, y no parece haberles ido nada mal.

Primero fue “Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias” (2008), y después “Un gramo de fe” (2010), dos álbumes notables que, gracias a la difusión gratuita, empezaron por darles a conocer, y más tarde, fueron ampliando su público. Ambos, así como el reciente “De palmas y cacería”, se encuentran bajo licencia Creative Commons, de tal modo que pueden ser compartidos siempre que se cite la fuente original. Una opción cada vez más extendida que se ha encontrado con furibundos detractores desde la industria convencional y desde algunos medios. De hecho, no es la primera vez en los últimos años que los cambios en el entorno musical pillan con el pie cambiado a un sector inmovilista, empapado de nostalgia por una época perdida, en la que la industria manejaba de manera caprichosa y unidireccional un negocio que cada vez lo es menos.

ABRIR LAS OREJAS

Los discos de Pony Bravo demuestran que el modo de llegar al público no está reñido con la calidad de lo que se ofrece. Si su éxito creciente se debiera a la difusión gratuita de sus canciones, no serían una feliz excepción en un panorama independiente en el que cada vez abundan más quienes se acogen a las licencias Creative Commons sin obtener una respuesta tan entusiasta como los sevillanos. Así pues, hay que buscar las razones en el único argumento válido cuando se trata de música: Las canciones. Y resulta que las de Pony Bravo poseen una personalidad inaudita en una escena mimética, autocomplaciente e incapaz de ampliar sus referentes sonoros más allá del rock alternativo de los noventa, los clásicos de los sesenta y setenta o la nueva ola española.

Es en su escasa falta de prejuicios y en su sano eclecticismo donde residen las claves del éxito de una banda que no recoge los dividendos de sus discos en royalties, sino en la fidelidad de un público creciente que invierte el dinero que se ahorra en sus discos acudiendo a sus conciertos. Porque la difusión gratuita exige una predisposición incuestionable a coger carretera y manta, la única manera de rentabilizar hoy en día una banda de rock que pretenda ganarse la vida con sus canciones. Como Guadalupe Plata, Pony Bravo saben que no hay alternativa, pese a que los resultados no siempre sean satisfactorios. Pero hay que pisar muchos escenarios y actuar a menudo ante audiencias exiguas para consolidar un proyecto que, si lo merece, normalmente acaba por despegar. Y el suyo ya lo ha hecho: Este año, el público de SOS 4.8, Contempopránea, Low, Arenal Sound o Anfi-rock será testigo.

DIME CON QUIEN ANDAS…

Si hay algo evidente es que Pony Bravo merecen de sobra su situación actual. No es casual que, frente a una mayoría de grupos indies obsesionados por la música anglosajona, ellos fundamenten su sonido en tres pilares alejados del rock eurocéntrico: El rock andaluz, los ritmos latinos y el krautrock. En “De palmas y cacería”, su tercer álbum, han logrado depurar de tal modo su idiosincrasia sonora, que tal amalgama de influencias (inicialmente delirante) se traduce en un puñado de canciones con arrolladora personalidad propia. El primer single escogido, “El político neoliberal”, es un ejemplo perfecto: “¡Vótenme, porque mi rumba está buena!”, cantan en un estribillo cuya clave se encuentra en el videoclip de la canción, que incluye una entrevista televisiva con el gran Héctor Lavoe, en la que el maestro de la salsa pronuncia la frase. Sí, no es habitual encontrar grupos indies españoles que reivindiquen a Lavoe. Y menos con el sentido del humor de Pony Bravo, que en la misma canción hacen un demoledor retrato de la clase política española. No ha faltado quien ha asociado esa capacidad irónica con otra banda sevillana: No Me Pises Que Llevo Chanclas. Ellos no lo toman como una ofensa (han llegado a pinchar “Las calles de Chicago” en alguna sesión), pero se alinean con otro tipo de mirada humorística, la que representa el segundo invitado ilustre en el clip de “El político neoliberal”: Ramón Gómez de la Serna. Una vez más: ¿Cuántas bandas del indie patrio pueden hacer gala de semejantes fuentes de inspiración?

La canción citada no es una excepión, sino que marca la norma de un disco inagotable, que comienza retratando la capital andaluza en la línea crítica de la película “Grupo 7″ (Alberto Rodríguez, 2012) en “Turista ven a Sevilla”, un espléndido tema en el que colabora el cantaor Niño de Elche y resuenan ecos de los mejores Veneno, y donde sigue presente un sentido del humor que alcanza sus mayores cotas de sarcasmo en “Mi DNI”, despiadada radiografía de la endogamia que atenaza la escena musical española. Paco Loco, el sello Mushroom Pillow, Carlos Jean, Mondo Sonoro o Rockdelux desfilan por su letra, que no deja títere con cabeza.

“De palmas y cacería” destila una actitud tan necesaria como poco común en el pop estatal. Reivindica a Triana y Derribos Arias, a Can y Captain Beefheart, a Pere Ubu y Fela Kuti, pero además logra lo más difícil: conjugar felizmente sus posicionamientos artístico e ideológico (en ese sentido, hasta la portada resulta de una meridiana claridad), con ejemplos como “Zambra de Guantánamo”, donde electrónica, flamenco y discurso beligerante cohabitan con gran soltura.

“Eurovegas” o “Dick Cheney” también protagonizan canciones específicas en un álbum que, además, juguetea con el hedonismo bailable (la reveladora “Ibitza”) y no se inscribe en otra corriente que no sea la particular de Pony Bravo, que destaca por su tremenda singularidad y confirma al grupo sevillano, que ya había llamado la atención de selectas minorías con sus dos anteriores trabajos, como una de las propuestas más estimulantes del pop español del nuevo siglo.

Eduardo Guillot

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