The New Pornographers 03 Dani Canto portada

PRIMAVERA SOUND 2015: CRÓNICA VIERNES

Viernes, segundo día de Primavera Sound. ¿Quién dijo cansancio? Pues miren, yo. Dos días de festival y ya me duelen casi todos los huesos del cuerpo y la ciática. Y eso que no sé que es, pero tengan claro que me duele. Además sumo dos días durmiendo entre poco y nada. Les voy a contar un secreto: esta crónica que están leyendo ahora mismo no se hace sola,  es obra de un anciano reumático –el menda- que es elaborada mientras ustedes duermen la mona al volver del Fòrum. Un senil octogenario atrapado en un cuerpo de treintañero,  escribiendo sandeces sobre grupos con su vieja Hispano Oliveti. Toda esta introducción, que viene poco al caso, me sirve para contarles que: 1- estoy realmente cansado y 2- no se lo tengan en cuenta al autor ante cualquier mendruguez que encuentren en este texto.

Tullido y con un ojo a la virulé llego al Fòrum a las 17h de la tarde. Sí, peña, son las jodidas cinco de la tarde y ya estamos fichando en el festival,  como zombies buscando entrañas en un cementerio. Nos movemos por instinto y apetito. Lo primero es comer, ya saben. Y como estamos enfermos de esto, nuestro primer, y único plato del menú, es la música pop. “Hemos venido a emborracharnos, y el resultado nos da igual” que cantaba la grada de las Brigadas Amarillas en el Carranza de Cádiz.

Sedientos de pop y saltando rayos de sol como Javier Sotomayor conseguimos no llegar desmayados hasta el Hidden Stage para ver a The Pastels. A ver, reflexionemos un momento. ¿Vienen a tocar los Pastels a Barcelona y lo hacen en un escenario oculto casi de mediodía? No, en serio. ¿Nos hemos vuelto todos locos?  The Pastels son el grupo más grande de este año en el Primavera. Llámenme exagerado (que lo soy), pero la influencia y todo lo que han construido estos tipos no tiene parangón. Apunten estos nombres: The Vaselines, Belle & Sebastian, BMX Bandits, Teenage Fanclub, Camera Obscura o hasta los primerizos Primal Scream. Todos son hijos bastardos de Stephen Pastel y Katrina Mitchell. Estos amados escoceses fueron los primeros, sin más. En el 83 ya estaban sacando un single de indie-pop con Rough Trade, y un año más tarde eran de las primeras referencias de Creation. En una década estarían viajando a Olympia  para tocar en el festival de K Records y sacar un single con ellos. Su colección de temazos twee es majestuosa, y aunque su último disco es regulero a más no poder, en la gira española de presentación se olvidaron de tocar en Barcelona. Hoy toca rendir cuentas con el grupo de indie pop más molón del mundo. Aunque sea a las 17h del mediodía y en un escenario poco digno. The Pastels se presentan con el formato ideal para presentar “Slow Summits2, su elepé del año pasado, y eso se nota en que se han traído de Escocia a una flauta travesera y una trompeta, aunque está sonará de manera mucho más ocasional. Si que escuchamos alguno de los temas de siempre, como la coreadísima “Nothing to be done” pero el ritmo del concierto, bastante bajado de revoluciones, lo marcan los temas del disco, que sin ser nada del otro mundo les llega para tocar canciones bonitas como “Check my heart” y “Summer Rain”, seguidas y en su momento más inspirado. No era la hora ni el lugar, pero los Pastels hacen un buen concierto, sin estridencias, como son ellos. Quizá han perdido un poquitín de punch, pero no importa en absoluto, les querremos siempre, se lo han ganado a pulso.

Acabados los legendarios escoceses pequeño momento de relax antes de empezar la maratón del día. Ojo al rastrillo de grupos seguidos que tenemos hoy: The New Pornographers, The Julie Ruin, Belle & Sebastian, Sleater-Kinney, Ride, Ariel Pink y Alt-J. Seguidos y casi sin tiempo entre uno y otro. Molaría cenar o hidratarse en algún momento. O ir al baño, joder, eso sería genial ¿Pero de donde voy a sacar el tiempo para esas inmundicias? Me siento en el césped del ATP con la mirada perdida y reflexiono sobre el puto sentido de todo esto. Pero antes que la gente empiece a subir fotos mías en instagram con los hashtags de #tioraro o #tiodrogado me despierta de golpe.

Ante mi están los The New Pornographers. Amo a estos tíos, pero los amos de verdad. Más que algunos parientes lejanos. No me importaría en absoluto que Neko Case o Ac Newman fueran la madrina y el padrino del hijo que no tengo. Que le trajeran La Mona en pascua (para los no catalanes, una tarta extracalórica decorada con muñequitos de plástico y pajarillos amarillos de un extraño material que regalamos en Semana Santa). De acuerdo que la desaparición de Zumpano nos hundió en la más absoluta miseria, pero como mínimo a Newman se le ocurrió reclutar a esta tropa para formar el supergrupo más estable del mundo. Sus tres primeros discos (“Mass Romantic”, “Electric Version” y “Twin Cinema”) son obras maestras del power pop y el indie rock que elevó a la categoría de dios al bueno de Rivers Cuomo. Todo lo que vino tras los dos primeros discos de Weezer sería menor, pero los The New Pornographers recogieron genial esa herencia.  Los canadienses presentan disco en el Primavera Sound y lo hacen sin Neko, a la que sí vimos en solitario el año pasado en el mismo escenario. Decir que da igual que no esté es pasarse, que la Case es mucha Case, pero su sustituta sorprende al personal con una voz afinadísima y hace que ni nos acordemos que no figura la alineación titular. Newman está entrañable, como siempre, y recuerda su último concierto en el Primavera Sound, también en ese escenario y antes de Belle & Sebastian. Además, se ha colocado una chapa con una bandera estelada (roja) en el pecho mientras va cambiando entre guitarra acústica y eléctrica. The New Pornographers suenan limpios y sus harmonías saben a gloria, aunque se dejan algunos de los  mejores hits fuera del setlist – no suenan “Twin Cinema”, “The Slow Descent into Alcoholism”, “Use it” o “Sweet talk Sweet talk”- sí hacen alguna concesión entre tanto tema del nuevo elepé. Clásicos como “The Laws have changed” o “Mass Romantic” ponen la guinda de un pastel tan goloso como siempre. Estos tíos deberían venir cada año, los Shellac del pop, o algo así.

The New Pornographers / Foto: Dani Canto

Nunca vi a Le Tigre en directo -me interesaban más bien poco en ese momento-, y mucho menos a Bikini Kill, así que por primera vez me dispuse a ver a Kathleen Hanna en directo, con The Julie Ruin, donde también está Kathi Wilcox, de su primer grupo. Aún resonaba en mi cabeza la cancelación del grupo el año pasado, debido a la Enfermedad de Lyme que padece Kathleen, así que tenía claro que este año no me perdía su concierto en ningún caso. Ya saben que Hanna es la tipa más guay del mundo, una de las incitadoras del Riot grrrl a principios de los 90 en Olympia y Washington DC, activista, feminista y todo de cosas en las que hay que militar sí o sí. Pues bien, la cantante de The Julie Ruin estuvo dando la cara en todos y cada uno de ellos. Resumiendo, si Kathleen toca en un festival que hacen en tu ciudad, tienes que estar muy majara para no ir a verla y mostrarle tus respetos. La explanada –y gradas- del Ray Ban empiezan a presentar ya una buena entrada cuando la banda empieza su show. Esto es punk rock y así nos lo hace saber Hanna, que se contornea en el escenario y baila sin parar, demostrando que ese es su territorio y hace lo que la da la real gana. Como era de esperar, la frontwoman de The Julie Ruin es rematadamente simpática, y tanto se ruboriza por la edad de los chavales de las primeras filas, como se saca de la manga una proclama política de las suyas: “La revolución será feminista o no será”, dice en un macarrónico castellano. Como ya esperábamos, el grupo no es un derroche de técnica o virtuosismo ¿pero qué más dará? la voz chillona y la presencia de Hanna arrasan con todo. Excelente concierto de punk, eso es lo que queríamos.

The Julie Ruin / Foto: Xarlene

Bueno, y llegó el momento de Belle & Sebastian. Durante unos años de mi vida estuve absolutamente tarado por este grupo. Tengo todos sus discos y la mayoría de singles. Carteles enmarcados en casa, camisetas, calendarios. Una Pamela Des Barres en potencia preocupantemente cerca de la demencia. Me pasa a veces con algunos grupos, que se yo, en realidad aún tengo esa locura con alguno. Pero no con ellos. Belle & Sebastian sigue siendo un buen grupo de música pop y de vez en cuando aún son capaces de hacer canciones que no están mal. El problema es que estos tíos eran los mejores, y claro, están a años luz de todo aquello, de hecho sus últimos discos rayan la vergüenza y me los tomo casi como un menosprecio.  El cambio del indie pop y el folk al pop barroco ya fue duro, pero el convertirse en casi una banda de baile hortera es directamente sonrojante. Pero aquí estamos, una vez más, como en los viejos tiempos, esperando a que Stuart, Stevie, Sarah y compañía salgan al escenario. Y para que les voy a engañar, la cosa es tan mala como intuíamos. O peor. Belle & Sebastian vuelven a lidiar con el peor sonido del festival, y digo vuelven porque les pasa siempre, así que igual, ya no es casualidad y es que ellos son malos a rabiar. En cualquier caso el concierto no tiene alma, sus canciones nuevas son superficiales y banales, sin ninguna profundidad. ¿Eso es lo que queríais? Lanzan rápido “I’m a cucko” y “Another sunny day”, algunos de los mejores temas de su última etapa, pero no remontan el vuelo ni así. Stuart Murdoch está encantador,  como siempre, y se muestra feliz de tocar en un festival donde también están The Vaselines o The Pastels. El momento cumbre de la vergüenza ajena, aumentada en todo momento por unos visuales que parecen sacados de Eurovisión,  es la bochornosa versión a dos por hora de “Piazza New York Catcher”. Los últimos cuatro temas son de su primera etapa –la buena, para entendernos- con “Electronic Renaissance”, “Get me away from here I’m Dying”, “The Boy with the Arab Strap” (donde Murdoch vuelve a hacer el numerito que lleva diez años haciendo, de subir gente a bailar al escenario) más “I Didn’t see it coming”, de “Write About Love”.Ni con estas obras de arte salvan el ridículo anterior. El peor concierto que he visto nunca de Belle & Sebastian, y son unos cuantos, y también el último, se lo aseguro.

Belle & Sebastian / Foto: Dani Cantó

Se ha discutido a lo largo y ancho sobre las bandas que se reúnen para volver a tocar sus canciones de siempre tropecientos años después. Con mis amigos es un tema bastante recurrente de hablar, seguro que ustedes saben a qué me refiero. La noche nos mostraba dos ejemplos bien diferenciados, de un lado las Sleater-Kinney, con disco nuevo, por el otro Ride, con lo de toda la vida, es decir, sin novedad –canciones nuevas- en el frente desde el año 1996 (aunque sacaron un EP seis años después). Ayer tocaba visita a Dock Brown para regresar al pasado. Dos grupos de los noventa y prácticamente seguidos. El primero en salir a escena son las Sleater-Kinney, con el power trio habitual más una guitarra que les acompaña. Y para qué vamos a darle rodeos a la cosa, el concierto que hicieron fue apabullante. Un directo sin descanso y con Carrei Brownstein en un estado de forma envidiable. Voz poderosísima y presencia increíble. Y Janet, la batería, tampoco se le quedó atrás. Una hora que pasó volando y que nos mantuvo a todos con la boca abierta y sin posibilidad a mover los pies de la arena rocosa de la explanada gigante donde se concentran los conciertos más masivos. Durante estos días he odio varios apelativos al respecto: Zona Mordor, Zona l’Hospitalet y Zona Infierno. Quédense la que más le guste. Y créanme, si alguien ha creado raíces de entre las piedras, esas serán Sleater-Kinney.

Como he avanzado al principio estoy cansado en demasía. Realmente cansado. Pero lo que no haré es mentirles, así que la verdad por delante: Me daba una pereza tremebunda ver a Ride, los recordaba como un peñazo de proporciones descomunales.  Me estoy haciendo mayor en serio, o quizá me han puesto algo en la bebida y yo sin darme cuenta, pero en el concierto de los británicos me lo he pasado realmente bien. Han empezado con un clasicorro como “Leave them all behind” y como han seguido con “Like a Daydream” ya se ha visto rápido que la cosa tiraba para greatest hits. Claro, no tienen otra cosa que enseñar que sus viejas canciones, y eso han hecho sin compasión: “Seagull”, “Ox4” o ”Time of her time” (creo que el “Going Back Again” ha sido el álbum más masacrado). El setlist era tan ideal que eso lo estropeaba ni el horrendo gorro que llevaba Mark Gardener. Por cierto, contentos de ver al bueno de Andy Bell con los Ride, así como mínimo se te olvida que ha formado parte de bandas tan detestables como Oasis o Beady Eye.

Ride / Foto: Eric Pamies

Gracias a mis musculosas piernas, y a un sprint considerable aún me ha dado tiempo a ver algo de Ariel Pink en el Pitchfork. Lo majara que está este tipo no es ni medio normal. Como una auténtica regadera, pero de verdad. El caso es que el señor rosa ha sido divertidísmo, chaladuras aparte. Ariel tío, dedícate a hacer esas canciones bonitas que tú me haces y deja el rollo darkie y ruidoso para otra gente. De verdad, que el pop no se te da genial, aprovéchalo. Con un escenario a reventar, y absolutamente entregado, han sonado canciones maravillosas entre locura y locura tanto de Pink como de su batería (que se ha puesto en bikini, con el viruji que corría a esas horas). “Four Shadows”,  “Baby” o la extraordinaria “One summer night”  han sonado de lujo, pero algunos de sus experimentos me resultan incomprensibles.

Ariel Pink / Foto: Xarlene

Y hablando de palazos, bastante grande el de Alt J. Aún reconociendo que está a años luz de lo que es mi música favorita, su concierto en el escenario Heineken ha saltado del minimalismo aburrido -eso no había quien lo bailara, por el amor de dios- a la épica de rock (moderno, eso sí) de estadio más inocua que te puedes tirar a la cara. Con la mano en el pecho les digo, no creo que estos chicos hayan tenido un día poco inspirado, es que son así de sosainas. El caso es que he aguantado todo el concierto estoicamente de pie, esperando ver algo que me hiciese entender porque estos tíos son cabezas de cartel de este festival. Señal de que a ellos les va bien y yo sigo tan cascarrabias como siempre. No, no, no, de este burro no me voy a bajar, ha sido un rollazo monumental.

Alt-J / Foto: Eric Pamies

Texto: Jordi Garrigós

Foto de portada: The New Pornographers / Dani Canto

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