Caribou 01 Xarlene primavera sound portada

PRIMAVERA SOUND 2015: SÁBADO

Cuarto y último día de Primavera Sound en el Fòrum, el festival más importante del estado tocaba a su fin con todo prácticamente ganado, sólo había que rematar la jugada y salir vencedor. Y vale, no ha sido el gol de Messi de esta misma noche, pero en general lo hemos pasado bastante bien y se han visto buenos conciertos. Igual es impresión mía, pero me da la sensación que este año la música ha ganado la partida a las incomodidades típicas de este tipo de eventos, y eso se agradece. Bueno, esa es mi impresión, aunque también es verdad que esta vez he trabajado todos los días escribiendo estas crónicas en vez de estar haciendo el indio con mis amigotes.  Por tanto, me he tenido que comer una ristra de directos que antes ni se me pasaba por la cabeza ver. Pruébenlo para el año que viene, aunque no se lo publique nadie. Sus oídos, y sobre todo su hígado, lo agradecerán.

Como punto negativo, este 2015 no he visto grandes dosis de freaks, una de las cosas que me apasiona todos los años. Que me vengan a la mente: me he cruzado con un vikingo (no, en serio, un puto vikingo sin camiseta, chaleco de piel y sombrero de cuernos), un grupo de superhéroes que parecía una despedida de soltero, unos tipos vestidos de alcachofa (hay que estar enfermo) y, ojo aquí, unos pavos con caretas de Eduard Punset y Jordi Hurtado. Bravo, bravo y bravo, son ustedes los mejores.

Sin más dilación, vayamos a hablar de los conciertos.

A los barceloneses de bien – o de mal, según se mire-  hay pocas cosas que nos pongan de mejor humor que ver a Nueva Vulcano petando un escenario tan grande como el del Ray Ban en el Primavera Sound. Ya lo consiguieron hace cinco años, y este sábado lo han vuelto a hacer. Artur, Wences y Tato se rodean de todos los parroquianos –o sea, nosotros- para conseguir una comunión casi inédita en esta ciudad. Que por poco común no es inexplicable, ya que la manera de hacer, de ser y de contarte las cosas de los Nueva es la respuesta a todas sus preguntas. Nos traen situaciones próximas, familiares y que son nuestro pan de cada día. Esa complicidad les ha conseguido un mediana –no me atrevo a decir pequeña- legión de fans que no son sólo seguidores, son militantes. Puños al aire y pulmón machacado a grito pelado.  El power trio viene al festival acompañado de otro sospechoso habitual, Marc Clos, a las percusiones y vibrafono para empezar el ritual. Suenan los mejores temas de “Novelería”, claro (“80% Agua”, “La Jota”, “El Mirlo” o “Pop y Espiritualidad”), y un montón de hits de los de toda la vida. Canciones que son ellos y nosotros. “Te debo un baile”, no podría faltar, pero tampoco “Ley de costas”, “El dia del mañana” o el apoteósico fina con “Sagrada Familia”. Artur y Wences los disfrutan desde primera fila y nos miran contentos, la misa ha concluido, el ritual puede darse por terminado. Hasta la próxima vez que nos convoquen a todos los fieles. Allí estaremos, no tengan ningún atisbo de duda.

Nueva Vulcano / Foto: Xarlene

Pasamos de Gràcia a Canadá para ver a Mac Demarco, que es bastante lo más ahora mismo, y desde hace unos añitos. La verdad es que el tipo lo tiene casi todo para caerme un poquitín mal (fatal vaya). Esa sonrisa idiota, la gorra hipster –hoy no la llevaba- y todas esas cosas que hacen los jóvenes de hoy en día. Bueno, quizá es más envidia que oído, da igual. El caso es que Demarco es el prototipo de joven guay y rebelde, una rebeldía bastante superficial y vacía, me temo. La cuestión es que el tipo se conoce al dedillo los secretos del pop, que realmente es lo que importa. Súper inspirado en los ochenta, Demarco tiene tantas cosas que recuerdan a grupos que nos vuelven catacrokers -Orange Juice, Aztec Camera-, que nos tenía que gustar por pura aritmética. Había cierta incógnita en saber si al chaval (sólo tiene 25 años) se le quedaría un pelín grande el escenario Heineken. Y ni sí ni no. Su concierto no pasa de agradable y refrescante, aunque lo empieza con dos de sus mejores canciones “Salad Days” y “The stars keep on calling my name”,  su voz no suena demasiado nítida  Es evidente que Demarco conecta realmente bien con el público, que le ríe todas las gracias a él y a toda su tropa, también cuando se marcan una desternillante versión de “Yellow” de los Coldplay. Ataviado en un horrible peto militar, el canadiense tiene momentos bastante lucidos con “Ode to Viceroy” o “Annie” y aunque la batalla del público está ganada desde antes de salir, acaba tirándose sobre sus extasiadas fans (sí, había muchas más de ellas) y pasando un montón de tiempo de mano en mano. Demarco ha demostrado en este concierto en el escenario principal de todo un Primavera Sound que quizá le falta un poquitín para ser cabeza de cartel del festival. Pero el futuro es suyo, de eso no tengan ningún tipo de duda.

Hace poco el escritor Richard Price (autor de “Clockers”, “The Wanderers” o guionista de The Wire) dijo que ver a los Sleaford Mods era como ver a los Ramones en el CBGB en los setenta. Otros han hablado de ese concierto de los Pistols en Machester que terminaría con la fundación de Factory Records y Joy Division. En la era de internet es bastante arriesgado afirmarlo a la babalá, aunque lo que no tiene derecho a réplica que el dúo inglés te deja ojiplático en directo. Jason Williamson se cansó de tener bandas de pop corriente y decidió cambiar las reglas del juego. La anti-estrella, la rabia obrera y la chulería cockney, todo se concentra en él y su compi de batallas, Andrew Lindsay, que se limita a darle al play en una base grabada en su ordenador mientras agarra una bebida y observa como Jason escupe sus textos llenos cabezonería working class. A los de Nottingham les vimos hace un mes en el festival Primera Persona, y aún nos tiemblan las neuronas de semejante hostia recibida con la mano abierta. En el show de este sábado aún va más allá, ya que sin sillas que molesten al personal, la gente se mueve, pero algo menos de lo que esperaba. Sleaford Mods tocan sus temas más conocidos (“Jolly Fucker”, con el público devolviendo peinetas a tuttiplen, “A Little Dity” o “Tiswas”), aunque eso da un poco igual, aquí lo que importa es la actitud. Punk de verdad, contestatario, revolucionario y contracultural. We’re the mods, the Sleaford Mods.

Tras el dúo inglés toca ver a uno de los nombres destacados del cartel. Desde el escenario que queda debajo la placa fotovoltaica del Fòrum (¿recuerdan las risas cuando hablaba de ella Joan Clos? Menudo pájaro) vamos hasta el otro extremo del recinto para ver un rato a los Interpol. ¿Qué quieren que les diga? Las típicas estrellas de rock de estadio que lo hacen todo previsible y lineal. Evidentemente estos fulanos tocan bien y tienen un repertorio bastante apañado, además son extremadamente elegantes, cosa que es un punto a favor. Me he marchado de allí con la sensación de que a la gente le han gustado en general, aunque me ha pareció que su explanada estaba cada vez más vacía. A mi seguirán sin interesarme, pero su concierto no ha estado mal.

Corriendo de nuevo los tropocientos kilómetros hasta llegar al Pitchfork para ver algo de Mourn. Este cuarteto justo acaba de pasar la edad del pavo y son el último fenómeno aupado por Pitchfork. Además, se da la coincidencia que son de Cabrils (al ladito de Barcelona) y por tanto, ya las habíamos visto tocar antes de este pequeño boom internacional. Ojo, que esta gente están girando por todo el mundo. Por esto no ha extrañado ni el horario prime time ni el escenario (el mismo del magazine musical que tanto ha hablado de ellas). Y me temo que aunque las hubiesen puesto en alguno de los tres gordos, lo hubiesen hecho igual de bien. Su música está pasadísima de moda, una especie de punk-rock-grunge muy noventero y más visto que el TBO hace veinte años, pero lo hacen tan y tan bien que te quedas imantado al suelo mientras tocan. Desconsuelo adolescente en las letras y guitarras desgarradoras para presentar su nuevo EP, “Gertudis, Get Throught This”, y completar su disco de debut (que ha tocado prácticamente completo). Por cierto, les hemos escuchado un tema en catalán bastante molón.

Mourn / Foto: Dani Canto

De vuelta a la zona antipática del festival –la de los cabezones de cartel- para ver el concierto de The Strokes. Y verán, aquí me han pillado un poco en bragas, todo sea dicho. Tenía en mente una ristra de insultos y vejaciones bastante divertidas para unos norteamericanos que están pasados de vueltas de absolutamente todo. Pero miren ustedes por donde, resulta que la verbena tampoco ha estado tan rematadamente mal. Es muy posible que sea por las nulas expectativas que traía de casa, puede ser. Aún sobreponiéndose a un sonido tirando a  bastante deficiente, el bolo ha sido bastante divertido. Los tíos han tirado de hits desde primera hora y se han ganado a mi duro corazoncito con ese “Someday” casi para empezar y sus clásicos que han ido cayendo con suma facilidad (“Last Nite” incluido). Eso sí, el aspecto de Julian Casablancas era absolutamente lamentable ¿pero que ha hecho este tío para acabar así? No me lo digan, lo supongo. Con evidente sobrepeso, el peor peinado de la historia contemporánea (el puto pelo rojo) y vestido con una jodida camiseta amarilla. Este anda chiflado perdido, el pobre. Además no le queda nada de voz, todo el bolo ha necesitado tener la distorsión en el micrófono para llegar donde tocaba. Hacia medio concierto la cosa ha decaído un poquitín, pero bueno, los Strokes ya son eso en 2015 ¿no? Un grupo acabado que aún puede darte algún concierto divertido, sobre todo si tocan lo que todos conocemos.

Caribou / Foto: Xarlene

Son las dos de la madrugada y esto encara la recta final. Las horas del jolgorio y desenfreno, allí donde los más aguilillas se mueven con mayor agilidad. Vamos a ver a Caribou, que son él último gran plato del festival. Mis conocimientos sobre música electrónica son exactamente igual que tengo sobre  petanca, pero el canadiense hace mover el esqueleto al más pintado con sus dos baterías. Sin tener remota idea, la verdad es que lo he pasado bastante bien y hasta me he pegado unos bailecillos curiosos. Termina Dj Coco y el desfase es general. También el mío. Sólo que se hace de día y aún no he terminado este texto que debo entregar en dos horas, a las ocho. Tiran cohetes, la gente sube al escenario, los estupefacientes parece que los regalan y el pinchadiscos no para de poner hitazos. Mientras, servidor abandona el recinto hasta el año que viene. Sale el sol, enciendo el ordenador. Esto  ha sido un placer.

Texto: Jordi Garrigós

Portada: Caribou / Foto: Xarlene

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