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PRIMAVERA SOUND 2016: CRÓNICA JUEVES

Al ponerme frente a los horarios del primer día de este Primavera Sound, y plantearme el tránsito entre artistas y escenarios, me parecería totalmente estúpido comenzar con el típico soniquete de “los fatídicos solapes”, “fue terrible tener que elegir entre fulanito o menganito”, cuando en este festival lo difícil es equivocarme gravemente al elegir  –en conjunto- o quedarme sin opciones de calidad para rellenar un hueco temporal. Venga, por favor, no es sano, ni realmente disfrutable, ver más de una docena de conciertos al día, verlos a medias, pasarse ocho horas corriendo, y asimilar la música como el que se come un bocadillo de butifarra de dos bocados. Mastiquen amigos, mastiquen, ustedes son los únicos culpables de esa absurda avaricia y la esquizofrenia en la que deriva. Recuerden que el cuñado del héroe de las películas de cazatesoros siempre muere con los sacos rebosando oro, mientras vuelve atrás a por más. Prefiero que haya varios artistas buenos actuando al mismo tiempo, que esa moda de no solapar los conciertos que se celebran en diferentes escenarios con la excusa de poder verlo todo. Excusa, sí señor, porque en la mayoría de casos se enmascara el hecho de que no hay suficiente programación para mantenerlos en marcha todo el tiempo. El problema es que no queremos verlo todo, que no queremos tener la obligación de comernos los garbanzos crudos, que los hay, y que no queremos esperar dos o tres horas para volver a ver algo decente. ¡Bendita sea la elección! ¡Benditos solapes!

En esta crónica voy a empezar a contaros mi travesía por el Primavera Sound 2016 con la primera jornada real del festival – la del jueves -, aunque tengo claro que este festival es muchas más cosas –destacables todas-, como una importante jornada de bienvenida gratuita, una oferta de muchos días de conciertos por la ciudad y un PrimaveraPro cada vez más importante e interesante. Quizá otro año nos planteemos ampliar el número de artículos e incluso cubrir el Pro, donde este año además de coloquios, presentaciones, etc. hay showcases de más de 30 bandas emergentes de medio mundo, pero este año no nos ha sido posible, así que al lío.

Ambiente del Escenario Heineken a primera hora / Foto: Eric Pamies

La única cosa realmente clara de la jornada, era que iba a empezar mi recorrido con Algiers, un grupo al que tenía ganas de ver después de escuchar en disco y leer las buenas críticas de su paso por el Primavera Club, pero lo más divertido de los planes es cambiarlos, y a última hora decidí calentar motores con Lee Ranaldo y el Rayo en el Hidden Stage de Heineken, cosas del directo.

Ver al más simpático y sonriente de los Sonic Youth, acompañado de la minibanda formada por Cayo Machancoses al bajo y Raül Refree a todo lo demás, siempre resulta atractivo, más todavía para escuchar a primera hora como apetitivo de una larga jornada. Con este formato de trío, Ranaldo se aleja de expresiones ruidistas y se instala en una posición de cantautor indie rock alternativo que le sienta como un guante. Las canciones de su último disco – con The Dust como banda y el mismo Refree como productor- , sirvieron de base para un concierto sobrio pero entretenido y en el que queda refrendado que el norteamericano tiene un hueco de actualidad alejado de herencias, y que Refree es un hombre renacentista al que imaginas friendo un huevo mientras pinta un cuadro y resuelve una ecuación en una pizarra. Vale para todo y todo lo hace bien.

El siguiente hito en el recorrido lo tenía marcado en el Escenario Pitchfork, dónde los sagrados prescriptores de la modernidad habían  programado a Car Seat Headrest, una banda marcada por el liderazgo y la personalidad de Wil Toledo, y que tras 12 discos publicados en bandcamp entre 2010 y 2015, Matador “descubrió” para publicarles “Teens of Style” y una continuación que verá la luz en breve. El concierto comenzó con este chaval poco expresivo y pinta de nerd que es Toledo solo en el escenario, interpretando “Way Down” con una maravillosa y abrasadora desgana a modo de larguísima intro a la que se fueron añadiendo sus compañeros de banda, y con ellos la correspondiente apisonadora de electricidad lo fi que nos acompañaría todo el concierto. Después de un concierto lleno de actitud – sí, porque el cantar estático e inerte, como si te impostase todo una mierda, también es actitud -, trufado de grandes canciones que recogen desde a Pavement a Dinosaur Jr. o a cualquier gran banda de referencia del circuito indie rock alternativo americano de finales del pasado milenio, podemos decir que no será raro que Car Seat Headrest se convierta en uno de los descubrimientos de esta edición. Además, aunque Wil Toledo parece tener menos sangre que una momia dejada al sol, la verdad es que es un tío con guasa, no dejo de bromear todo el rato con que eran Radiohead y acabó haciendo un atisbo de versión de “Paranoid Android” al final de su canción “Vincent”.

Daughter / Foto: Eric Pamies

La primera visita al escenario grande, el Heineken, fue para ver a los británicos Daughter y constatar que su pop sigue siendo hiriente, sutil pero barroco, pero que con su último trabajo “Not to disappear” suenan más completos y rellenan mejor los huecos en sus canciones. Ya no parecen “Elena Tonra y su banda”, ahora suenan más compactos. Eran las ocho y pico, y el recinto ya estaba lleno de gente.

De camino a la otra esquina del recinto había que parar a picar un poco en varios escenarios. El primer picotazo fue para disfrutar un poco de Destroyer en el escenario Ray-Ban, y es que es una gozada ver a la bandaza de Dan Bejar sobre las tablas. Lo suyo son las canciones atemporales de pop clásico vestidas con una instrumentación de lujo, algo que merecía un mejor sonido. De lo sutil a lo tosco, y es que Suuns lo son –toscos, claro-. Lo suyo es el sonido apabullante, las cadencias hipnóticas y oscuras, los bajos que se te meten hasta el tuétano y los mantras que se repiten como sirenas de barco. El Escenario Primavera parecía imbuido por una secta perversa, que te atrapa sin remedio, pero que al menos te deja bailar al ritmo de la música.

Y por fin lllegué a la otra punta del recinto, al escenario Martini, donde A.R. Kane certificaba ante nosotros un agradable retorno. Pocos les recuerdan, aunque había bastante público – es que en esta edición hay gente en todas partes por condena-, pero estos tipos fueron los responsables de abrir nuevos caminos mezclando música de baile y pop, rompiendo tabúes y batiendo cócteles sonoros que sirvieron para que después otros, con mejor o peor acierto, se apuntaran los tantos. Ayer hicieron lo que se les presuponía, hacernos bailar con un puñado de buenas canciones que realmente han aguantado muy bien el paso del tiempo.

Parece ser que el Primavera Sound no quiere encasillarse en el indie, y quizá por eso está cuidando y potenciando su programación de hip hop. Si fueron los primeros en traer hace un par de años al entonces emergente Kendrik Lamar, lo hacen ahora con Vince Staples, otro joven prodigio llamado a poner patas arriba el estilo. Con una puesta en escena sumamente austera, el californiano se marcó un set repleto de groove y de rimas envolventes, posiblemente de lo mejor del género que se puede disfrutar en la actualidad.

Vince Staples / Foto: Dani Cantó

Y como había caminado poco, me volví a marchar a la otra esquina del recinto, a la de los escenarios grandes. Tame Impala ya estuvieron y maravillaron en su anterior participación en el Primavera Sound de 2013 – lo mismo que en sus dos actuaciones en el FIB-, pero esta es la primera ocasión en la que venían con su nuevo disco “Currents”, su salto de la psicodelia rock a la psicodelia sintética, el trabajo que les ha hecho pasar de una gran banda a una banda grande, de la de escenario principal hasta los topes. Este sonido aperturista, esta moderna lisérgica, les ha abierto al gran público, pero ¿qué quieren que les diga? Aun ofreciendo un gran espectáculo, para mí ha sido el concierto más flojo de los cuatro que les he visto. ¿Qué es culpa de que su último disco es el que menos me ha atrapado? ¿Qué la culpa es mía? Sí, a todo sí, lo siento. Ninguno de sus tres discos es demasiado original, -agénciense una ouija y pregúntele a Syd Barret por los dos primeros-, pero tampoco han descubierto la vacuna contra el cáncer con su tercer trabajo. Eso sí, como ya he dicho, el espectáculo que han montado es brutal, las pantallas del Escenario H&M justificaron su seguramente alto precio reflejando el maravilloso juego visual de los australianos –el de siempre, pero mejor-. También demostraron ese salto a mega estrellas en el desarrollo y la forma de encarar el concierto, y es con la segunda canción ya soltaron “Let it Happens” y llenaron de confeti a media Barcelona.

Tame Impala / Foto: Eric Pamies

Antes del otro plato fuerte de la jornada –LCD Soundsystem-, queríamos disfrutar un poco de los africanos Mbongwana Star, y es que es alucinante como una banda liderada por dos señores en silla de ruedas puede contagiar tantas ganas de bailar y tan buen rollo. Esta propuesta no tiene nada de “banda para cubrir cuota étnica”, son un auténtico torbellino de sonidos, entre los que mezclan sin miedo el dub, el post punk más oscuro y los ritmos africanos más cálidos. Una maravillosa experiencia.

Si con los congoleños ya nos habían entrado ganas de bailar, con LCD Soundsystem ya no pudimos frenarnos, y es que si James Murphy manda, nosotros obedecemos. El capo de DFA Records estuvo en su salsa, bromista y simpático con su crew ofreció el mismo repertorio de hits que un par de días antes en la Sala BARTS, por lo que se confirmó que aquello fue un ensayo general a pequeña escala; pequeña porque esto fue muy grande, una pista de baile descomunal. Algunos reniegan de los retornos de bandas, pero es que cinco años no son una despedida, es un pequeño descanso.

LCD Soundsystem / Foto: Eric Pamies

Si antes de irme a casa, lo medicamente adecuado hubiera sido bajar pulsaciones con algo que preparara mi cuerpo para el descanso y el letargo, no pude saltarme de forma más descarada esta premisa que con el concierto de Thee Oh Sees. El acelerado garage del hiperactivo John Dwyer es pura adrenalina. Sin respiro, sin pausa, como un ejercicio atlético de alta intensidad, me encontré en un auténtico fuego cruzado, el de los trallazos de la banda sobre el escenario y el de un público desatado y sin freno. Tras esto, y ya sin energía, me fui a casa resoplando. Hoy toca de nuevo jornada intensiva, esta con propuestas mucho más calmadas, y es Radiohead no son la alegría de la huerta que digamos.

Portada Tame Impala /Foto: Eric Pamies

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