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PRIMAVERA SOUND 2016: CRÓNICA SÁBADO

Ty Segall y sus colegas han dado el conciertazo de este Primavera Sound. Lo siento, pero no podía guardármelo hasta el final. Una vez dicho esto, empiezo la habitual crónica de la jornada, la última de un Primavera Sound que ha sido sobresaliente y que nos dejará un buen puñado de momentos para el recuerdo.

Ayer no pude hacer siesta, porque a las cinco de la tarde tocaba Bob Mould en el Hidden Stage de Heineken. Difícilmente un tipo puede defender sus canciones en solitario durante cuarenta y cinco minutos a grito pelado y con el único acompañamiento de su guitarra eléctrica, pero a Bob Mould le sobra. Sonriente, entregado, enlazando canciones, el veterano maestro del hardcore ultramelódico dio ayer una lección de actitud, y los trescientos privilegiados que pudimos disfrutarlo se lo agradecimos manteniéndole en el escenario unos minutos tras su última canción a base de aplausos.

Con la sonrisa puesta y demasiada adrenalina en las venas para ser tan pronto, salí de la oscura y escondida sala que es el Hidden para ir a ver a Pájaro Jack en el Escenario Adidas; había que poner las pulsaciones en su sitio. Tras la avalancha de guitarrazos viscerales, el control de los granadinos me podía venir de perlas para encarar de nuevo la tarde. Pájaro Jack puede que hagan el mejor pop que se puede escuchar actualmente en nuestro país; clásico y sosegado, melancólico pero intenso. Ellos han sido la única banda nacional que he visto, y me sabe mal porque la programación de nacionales era estupenda, pero bueno, al menos esta elección ha merecido la pena. Continuando con el clasicismo, pero esta vez en forma de pop rock, me dirigí al Escenario Ray-Ban para disfrutar del retorno de The Chills, de sus clásicos, pero también de sus nuevas canciones, porque los kiwis han vuelto con nuevo disco  - “Silver Bullets” y es cojonudo. Nueva Zelanda es una pequeña isla a tomar por culo, de cuatro millones y medio de habitantes, dónde se juega el mejor rugby del mundo, donde sus maravillosos parajes naturales sirven para grabar superproducciones fantásticas y donde también se hace música cojonuda. ¡Viva Nueva Zelanda!

Ambiente en el concierto de Brian Wilson / Foto: Eric Pamies

Tras disfrutar de estos señores encaré con estoicismo la larga travesía que es viajar hasta el Escenario Heineken para ver a Brian Wilson interpretar el “Pet Sounds”. Este disco es sin lugar a dudas una de las mayores joyas con las que el ser humano puede escuchar, pero tenía miedo de Wilson, de que no estuviera fino, de que estuviera muy mayor o muy ido, y que no pudiera estar a la altura de su obra, y así fue. Está claro que los que somos conocedores de su historia, y somos fans de su música, no podemos tenerle más que cariño y admiración infinita, lo que no quita para que siendo objetivos nos demos cuenta de que parecía que a las mascotas les habían disparado dardos tranquilizantes, y que no había energía para interpretar ninguno de los maravillosos y ricos sonidos, ninguno de sus maravillosos coros, ninguno de sus impetuosos y sublimes arranques. Parecía que la banda había ralentizado sus biorritmos para no dejar atrás a un Wilson evidentemente ausente. El público se animó bastante con el final del repertorio, en el que llegaron los hits de The Beach Boys, pero a mí este concierto me puso triste.

Brian Wilson / Foto: Eric Pamies

Antes de volver al mismo lugar para ver a PJ Harvey, creí oportuno hacer un recorrido rápido por diferentes escenarios, cerveza y empanada argentina en mano. Me dio tiempo para escuchar la última canción de Richard Hawley y darme cuenta de lo que hubiera ganado eligiendo a este maravilloso crooner de voz profunda y guitarra majestuosa en vez de a Wilson; de ver como Los Chichos lo petaban incrédulos en un Escenario Adidas lleno hasta los topes; y de comprobar porque Drive Like Jehu influenciaron a tantas bandas, a pesar de su corta historia, a base de combinar pesados guitarrazos con poderosas melodías.

El concierto principal de la noche era sin lugar a dudas el de PJ Harvey, que volvía a Barcelona para presentar su último y más reivindicativo trabajo, “The Hope Six Demolition Project”. La realización audiovisual en blanco y negro fue exquisita y la puesta en escena de Polly Jean y su banda – entre los que estaban Mick Harvey y John Parish – de una elegancia absoluta, pero creo que adoleció de punch. Este nuevo trabajo es quizá demasiado etéreo, no tiene el desgarro emocional de “Let England Shake”, ni el desgarro rockero de anteriores trabajos. A ver como lo digo, está más cerca de Florence and The Machine que de Nick Cave. Ale, ya lo he dicho. Nada de esto empeña que el suyo fuera uno de los mejores conciertos de entre los cabezas de cartel, sobre todo con un concepto más coherente y un espectáculo más personal, lo que pasa es que a mí me gusta más otra PJ, nada más, no se me enfaden.

PJ Harvey / Foto: Eric Pamies

Lo siento, no soy mucho de Sigur Ros, y menos para verles rodeado de miles de desaprensivos que no me van a dejar meterme en su onírico mundo, por lo que me fui a echarle un vistazo a Julia Holter en el Escenario Ray-Ban. Esta chica es una auténtica heroína del pop de riesgo, de afilar las melodías y de encontrar el envoltorio perfecto para cada canción, desde la épica hasta la austeridad, siempre brillante. Stay Gold, Julia Holter.

Julia Holter / Foto: Xarlene

Y tras la Holter, el concierto que más ganas y también más miedo tenía del festival, el de Ty Segall & The Muggers. Ganas porque este chaval tiene una energía y un talento desbordante e insultante, miedo porque en algún momento tiene que cagarla y en este tipo de proyectos y viajes con colegas es dónde más fácil lo tiene. Pero no, no solo no la cagó si no que Ty Segall y su pandilla dieron un conciertazo brutal. Rodeado de escuderos como el tímido Mikal Cronin al bajo o King Tuff en modo guitar hero, se dedicó a desgañitarse a ritmo de garage rock pesado pero divertido, serio en concepto pero cachondo en ejecución. Ustedes saben que en este tipo de festivales no se hacen bises, ¿verdad? Pues el público obligó a que volvieran a salir al escenario para tocar otro tema. Al terminar me tuve que marchar del recinto para no empañar el momento.

Mi Primavera Sound 2016 había acabado, y mientras me asfixiaba en el tranvía camino del hotel hice un breve repaso mental de los hightlights del festival: los mejores conciertos grandes fueron los de The Last Shadow Puppets y PJ Harvey; disfruté como un enano con Dinosaur Jr; descubrí el poderío de White Fence, Car Seat Headrest y Suuns; Brian Wilson debería de quedarse en casita paseando por la playa junto a sus nietos; y Ty Segall volvió a volarme la cabeza. En resumen, un Primavera Sound sobresaliente si no fuera porque había tanta gente que había momentos asfixiantes.

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