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PRIMAVERA SOUND 2016: CRÓNICA VIERNES

La verdad es que no sé qué contaros que vosotros no sepáis de lo que pasó ayer en el Primavera Sound. Porque ayer estábamos todos, ¿no? Y si no estábamos todos, al menos casi todos, quizá demasiados. Bueno, seguro que demasiados. ¡Joder, cuanta gente! Bueno, aunque seguro que nos cruzamos en algún escenario abarrotado, tercera fila de una barra o larga cola de un baño, os voy a contar lo que yo viví ayer en el Fòrum, para eso he venido.

El recorrido de la jornada lo comencé  a eso de las seis y pico de la tarde con White Fence dando un conciertazo en el Escenario Primavera. La banda de Tim Presley gozó de un sonido potente y compacto, algo totalmente imprescindible para poner en valor una propuesta basada en garage rock psicodélico. Lograron transmitir la tensión eléctrica de sus canciones, lo que quiere decir que consiguieron su propósito.

Tras ellos, bajamos las escalinatas del Escenario Ray-Ban para ver a Ben Watt junto a Bernard Butler dar una lección de pop minúsculo en pretensión y mayúsculo en ejecución. Esas son las premisas de la carrera en solitario del exEverything But The Girl, algo para lo que el exguitarrista de Suede se ha sumado de una manera sorprendente, con contención pero con una destreza exquisita. El enorme tamaño de un festival como el Primavera Sound te permite estas cosas, picar a cada momento de propuestas que distan años luz unas de otras. Porque esa es la distancia entre Ben Watt y Titus Andronicus, la banda de punk adolescente del desaliñado Patrick Stickles. Aunque el nuevo disco de los de New Jersey es demasiado conceptual y pesado – aburrido- para un grupo que tiene su razón de ser en lo urgente, en lo divertido y en lo contundente, el concierto fue, gracias a Dios, el entretenido desenfreno al que nos tienen acostumbrados. Con “Buenos días, Barcelona. Somos Titus Andronicus, rock&roll hero number one, ¡órale!”, empezaron los guitarrazos, y así hasta el final, versión de “Blitzkrieg Bop” incluida.

Savages / Foto: Eric Pamies

Como ya estaba en la zona de los escenarios grandes –en el Primavera Sound juegan un papel muy importante las distancias a la hora de elegir el recorrido musical-, lo preceptivo era acercarse al Escenario Heineken para ver a Savages. La oscuridad rabiosa se adueñó de la gran esplanada del escenario principal, y es que con su segundo disco han conseguido las herramientas perfectas para mantenernos en tensión sin descanso durante más de una hora. Sus canciones te llevan a un límite que se mantiene pero no se sobrepasa, como descargas eléctricas de estudiada intensidad que realmente no te dañan pero te dejan extenuado.

De nuevo en un tremendo giro, tanto musical como de concepto, en el escenario de enfrente le tocó el turno a Beirut. Una banda que, afortunadamente, ha vuelto a abrazar el pop preciosista, melancólico y épico que es marca inconfundible de su música. Es increíble como parece que sin esfuerzo logran recrear melodías pop, aunque vestidas de folk, tan acertadas que suponen un auténtico bálsamo tras el concierto de Savages. Porque aunque nos guste fustigarnos, también nos gusta luego aplicarnos pomadas sobre las heridas.

Beirut / Foto: Eric Pamies

Tras Beirut llegó el dilema de la noche –realmente para mí no lo era-, decidir si ver a Dinosaur Jr o a Radiohead, o una combinación de ambos. Si estuviera en el festival únicamente como espectador no habría duda de que me hubiera decantado por ver únicamente a Mascis y a Barlow y luego comerme una rica empanada argentina – el verdadero descubrimiento del festival- en cualquier esquina poco concurrida, pero como estoy aquí para ser vuestros ojos, repartí mi tiempo entre los americanos y los británicos. Comenzamos en el escenario Ray-Ban con Dinosaur Jr – su concierto era más corto, y viendo la mitad del mismo todavía nos quedaba más de una hora de “quejíos” de Thom Yorke y compañía -. Dinosaur Jr no hicieron nada que no estuviese en el guion: interpretar un repertorio que empezaba con canciones de su último trabajo –con el que también estuvieron en el Primavera de hace un par de años-  y que derivaba hacia los ruidosos grandes éxitos de la banda. Una maravilla, que por reiterativa no deja en absoluto de serlo. Estuvieron ágiles y atronadores –las características torres de amplis tras los dos veteranos artistas parecían de chiste, pero no lo era- y el fiel público que se congregó para disfrutarles –el que no era muy fan estaba en Radiohead- lo agradeció extasiado.

Cuando llegué al abarrotado concierto de Radiohead, compañeros de prensa me contaron que habían empezado con temas de su reciente nuevo disco, que la marabunta de gente les había respetado los silencios absortos y que si Thom Yorke hubiera aprovechado para decirles que pusieran todo su dinero al 17 rojo, todos lo hubieran hecho. Cuando yo llegué ya empezaban a caer canciones de todos sus discos, aunque la gente donde realmente se emocionaba y se abrazaba era con temas como “No Surprises”, “Karma Police” o “Paranoid Android” – ¿Qué hubiera sido de Radiohead sin “OK Computer”-, aunque realmente fueron canciones de “In Raimbows” o “Kid A” las que sostuvieron el esqueleto del concierto. Terminaron el espectáculo con “Creep”, su hit repudiado ahora recuperado, un tema que realmente poco o nada tiene que ver conceptualmente con el repertorio reciente de la banda, pero bueno, eso a la gente le importa tres pimientos.

Radiohead / Foto: Eric Pamies

Si Radiohead era el grupo anhelado de este festival, lo mismo podemos decir de The Last Shadow Puppets, pero es que el Primavera Sound 2016 se ha llevado a todos los gatos al agua. Realmente si miras al cartel solo ves gatos –los mejores cabezas de cartel de este año en nuestro país- y nada de agua. Solamente dos tipos con tanto talento como Turner y Kane pueden hacer de un artefacto “only for fun” un proyecto con tanta enjundia y tantas buenas canciones, porque aunque “Everything You’ve Come To Expect” es mucho más musculoso y menos sutil que aquel debut que nos pilló por sorpresa y nos robó el corazón, todavía podemos rascar en él los trazos de Ray Davis o Scott Walker, las inspiradas letras de estos dos jóvenes talentos y el descaro de dos chavales que pueden poner el mundo a sus pies con solo chasquear sus dedos. Sonaron redondos, estuvieron divertidos y se les vio sobrados, aunque parece que el juego cómico que llevan al escenario ha calado más hondo en un Turner atrapado en un impersonator de “Elvis de vacaciones en la Costa Azul”. Tras este concierto, en el escenario de enfrente, Beach House diluyeron en dream pop la emoción del momento. Porque realmente nadie estaba ya allí para comerse las natillas, por muy buenas que estuvieran, después de meterse entre pecho y espalda a dos grandes búfalos.

The Last Shadow Puppets / Foto: Eric Pamies

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