The Make Up Primavera 06 Primavera Sound 2017_Garbine Irizar PORTADA

PRIMAVERA SOUND 2017: CRÓNICA VIERNES

Texto: David Blutaski

Foto: The Make-Up / Foto: Garbiñe Irizar

La segunda jornada del Primavera Sound 2017 la desprecintamos viendo a Sinkane en el escenario que da entrada al festival, porque los suecos de The Radio Dept seguro que lo hicieron muy bonito en el Hidden Stage, pero propuestas tan excitantes como las de este angloafricano no son tan fáciles de ver por estos lares. Con una bandaza y una cantante espectacular, este tipo y sus acompañantes interpretaron una música que ha sabido traspasar sus étnicas raíces, que recogen todas las tradiciones negras que puedan enumerar, y fusionarlas con kraut, free jazz o post punk. Aquello sonaba increible y muy fresco, pero a pesar de lo gozoso del momento, tuvimos que hacer nuestra primera apuesta: marcharnos de allí para ir a ver a Mitski en el Escenario Pitchfork; la americana de ascendencia japonesa, publicó el año pasado “Puberty 2”, uno de los mejores álbumes de la temporada. Esta joven artista – aunque con 26 años ya ha publicado cuatro discos – escupió sus canciones de forma totalmente hierática, dejando que fueran ellas las que con sus opresivos mensajes nos dieran puñetazos en el estómago. Impertérrita, pero con una cara de furia capaz de derretir los casquetes polares, y mientras su guitarra y su batería se retorcían y sacaban jugo a sus instrumentos, Miski Miyawaki fue escupiendo temas de acuchillante indie rock de corte noventero, y poco a poco fue ganando la atención de un público que empezó frío, pero acabó rendido ante la fuerza y la actitud de una artista que terminó su show a pleno alarido.

Sinkane / Foto: Nuria Ríus

Cuando terminamos en el Pitchfork, nos entraron remordimientos de no haber visto a The Radio Dept y nos acercamos al Hidden Stage de Heineken para ver su final, pero “oh, cáspita”, el concierto estaba terminando y todavía había una cola de al menos cien personas esperando a entrar, cosas de ponerse de moda, así que directos al Escenario Heineken a ver a The Growlers. Ya les habíamos visto hace pocas ediciones, pero constatar su paso del escenario más pequeño al más grande del Primavera, nos parecía interesante. Tampoco es que hayan vivido un cambio significativo, que haya nada nuevo bajo el sol, siguen a su marcha de típica banda californiana de rock de aroma añejo, de garage lánguido y de toques psicodélicos de mínimo octanaje, pero se dejan disfrutar, eso sí. Se comenta que tienen fama de que en directo dan una de cal y una de arena, pero a mí ya me han tocado dos de cal, ¿o de arena? Bueno, dos actuaciones buenas, que a veces es más fácil decirlo de manera normal y directa.

The Growlers / Foto: Eric Pamies

Cuando empezaron el campechano Mac Demarco y sus locos acompañantes en el Escenario Mango–el batería iba en bolas- se nos ocurrió ir al baño un momento en la zona cercana al Night Pro y al salir de la puerta misma del Poly Klyn vivimos una situación desconcertante: cientos de personas se apresuraban en dirección a los escenarios grandes. ¿La gente no se había enterado de que Frank Ocean había suspendido su concierto hace unos días? ¿El habitual Mac Demarco había pasado de repente a ser una megaestrella? ¿Era yo el único que no se había enterado de otro concierto sorpresa de Arcade Fire? ¿La gente iba a pillar sitio para The XX un par de horas antes? Después de meditarlo un ratito, ya lejos de la marabunta que amenazaba con aplastarnos, llegamos a la conclusión de que era esto último; The XX son el cabeza de cartel del festival, el grupo más modernito y de moda de entre lo presente. Vale, el público siempre tiene la razón, pero por muchas X que se pongan en su nombre, nadie iba a impedir que nosotros nos fuéramos a ver a Descendents.

Mac DeMarco / Foto: Eric Pamies

Hay bandas de estilos musicales generacionales y eminentemente asociados a la rebeldía juvenil, que verles sobre un escenario a una edad madura puede llegar a ser patético, pero ese no es el caso de Descendents. Tres décadas después, con idas y venidas, cambios y fallecimientos, siguen dando un repaso de actitud a muchas bandas de punk rock actuales. Estos veteranos nos hicieron gozar con esos trallazos de hardcore melódico o ese punk de reminiscencias pop que luego sobreedulcoraron y llevaron a las masas bandas como Green Day. Tras la fresca sensación de Descendents, nos apetecía sumergirnos en los últimos coletazos de unos Swans que prometían sumergirnos en un tsunami de gravedad sónica. Michael Gira de espaldas al público, a modo de director de orquesta, se dedicó a exprimir una banda capaz de hacer aullar a sus instrumentos o de marcar unos ritmos que pondrían a marchar a todos los habitantes del averno, demostrando, una vez más, que son uno de los directos más demoledores que se han visto nunca.

Descendents / Foto: Nuria Ríus

El festival premió a Swans con dos horas de escenario para ellos solos, pero a mitad de actuación nos fuimos a ver a The Make-Up al Escenario Primavera. Teníamos el pálpito de que podíamos vivir una experiencia memorable, como así fue. Ya sabemos que Ian Svenonius es puro espectáculo y que, sea con el proyecto que sea, va a ponernos del revés, pero lo de ayer ya fue insuperable. A los diez segundos de la primera canción ya estaba correteando entre nosotros, gritándonos a la cara y bailando como si una bailarina tribal africana, James Brown, el cuerpo astral de Jon Spencer y un demonio epiléptico, luchasen por hacerse con el control de su cuerpo. Se pasó más del noventa por ciento del concierto sujetado de pie sobre el público, pasándose el micro con mucho estilo de mano a mano – cuando no lo tenía metido en la boca hasta la campanilla -, pero ninguno de estos excesos disminuía el poder de una música que podía ir del garage al góspel o del punk al rock sixties, y es pura adrenalina, sudor y sexo. Seguro que en estos días habrá muchos conciertos mejores, pero pocos tan impactantes.

The Make-Up / Foto: Garbiñe Irizar

Esperando a Sleaford Mods en el Escenario Ray-Ban nos las prometíamos felices rodeados de británicos con ansia de jarana, pero el comienzo de su set no pudo ser más caótico. Jason Williamson empezó a escupir la letra de “Army Nights” sobre las bases del sonriente Andrew Fearn, pero algo fallaba. No se oía un carajo, solamente nos llegaba el sonido de sus monitores, y el público empezó a gritar y quejarse. El dúo de Nottingham siguió a muerte con la canción pensando que los gestos del público eran la furiosa forma de expresión de una audiencia excitada, pero antes de terminarla les llegó el mensaje de que aunque ellos se escuchaban de puta madre –Vive Dios que tenían los monitores al once-, los de abajo no. Entonces llegó el cabreo, no de Andrew, que es un sonriente fumeta, de la bestia parda de Jason. Después de gritarles a los técnicos de la mesa de sonido que eran unos amateurs, de enseñar el culo y de cagarse en todo lo que meneaba, soltó el micro y se largó. Volvieron a los pocos minutos, empezaron la misma canción de nuevo y tras unos segundos sonando, se les fue de nuevo el sonido. “Fuckin spaniards” fue lo más suave que salió de la boca del cantante esta vez, pero los problemas técnicos, afortunadamente, ahora fueron cuestión de segundos. Atacaron de nuevo “Army nights” –son unos jodidamente maravillosos cabezones- y empezaron los pogos. Interpretaron “English Tapas” prácticamente al completo, pero también picotearon en el resto de sus álbumes, una discografía que es un compendio de ácidos y abruptos mensajes sobre lo más sucio de la cultura de barrio inglesa, escupidos sobre machacones beats. A poca empatía de clase que se tenga, imposible no conectar con su visceralidad mayúscula y sus esquizoides movimientos.

Sleaford Mods / Foto: Garniñe Irizar

Nuestra intención era ir a ver a Run The Jewels, lo juramos, pero cometimos el “error” de subir las escaleras del anfiteatro para echarle un vistazo a Front 242 y allí que nos quedamos. Es muy posible que fueran rescatados para esta edición, y en un escenario prominente, gracias al libro “Bacalao” de Luis Costa, pero los que de verdad vivimos La Ruta nunca les hemos olvidado. Quizá fuera un poco de abuelito cebolleta quedarse imbuido por los ritmos industriales del EBM de los belgas, pero cada uno tiene sus debilidades.

Front 242 / Foto: Sergio Albert

valora la calidad de este contenido
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Aún no hay valoraciones)
Loading...Loading...
0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

cinco × 2 =

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>