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SÓNAR 2016: CRÓNICA JUEVES + VIERNES

Cuando eres un crio esperas todo el año a que sea tu cumpleaños, a que empiecen las vacaciones o a que lleguen las fiestas de tu pueblo. Cuando creces y entras en la adolescencia, las fiestas de tu pueblo se ponen a la cabeza y por lo demás pierdes un poco el interés.

A mí que la pubertad me queda lejos, y que además no tengo pueblo, lo que espero durante todo el año es el Sónar. Aún recuerdo mi primer Sónar, que por otro lado tan solo hace un lustro. Empecé por las noches, pero claro, después descubrí la jornada completa y de ahí no me saca ni Dios.

Sónar, sin duda, la clase hecha festival. Si crees que exagero, puede que nunca hayas pisado el Sónar, o que no tengas mucha idea del tema (sin ser yo experta de la vida en nada). Y no hablamos tan solo del ámbito musical, hablamos de todo, Sónar es un elemento común y mil piezas que se encajan perfectamente. Poseemos la gran suerte de tener uno de los festivales de electrónica más avanzados del mundo. Además, año a año, comprobamos como la experiencia Sónar se expande a más rincones del planeta en forma de franquicia. Parece que la marca España no siempre es un desastre.

La putada es no llegar poder llegar jueves, pero la vida, los cambios y las obligaciones laborales, a veces nos sabotean las fiestas del pueblo. Entonces se te parte el alma por perderte a James Rhodes… estas cosas duelen, mucho. Pero entonces los astros se alinean y estás pillando un coche camino a la ciudad condal.

JUEVES DAY /

Inicié mi andadura por el Sónar 2016 con la necesaria visita al Sónar+D. Una visión amplia y kaleidoscópica del universo electrónico y digital. En el Sonar+D, se busca encontrar un espacio para el intercambio de ideas. Es posible encontrar partners, ideas, hasta incluso financiación. Testear ese producto que quieres lanzar al mundo, Sonar+D es una puerta, inmensa. Puedes probar los “cacharritos” que todavía están en pruebas, ponerte unas gafas de realidad virtual y viajar a “El Ministerio del Tiempo”. Más de 50 países de todo el mundo están presentes en Sonar+D, interactuando y sobre todo inspirando.

MaketLab en el Sónar+D /Foto: Ariel Martini

La fórmula de Acid Arab funciona a la perfección y el Sónar lo sabe. La entrada en el SonarVillage no pudo ser mejor. Los parisinos estaban esperándonos con su techno house ácido, ¡qué ocurrente! En serio, si a priori piensas en este género como una clase de linealidad, Acid Arab rompen esquemas con sonidos y melodías que dan ese toque picante y misceláneo a su música. Guido Minisky y Hervé Carvalho disfrutaron casi tanto como el público que bajo la brisa y el sol bailaba sin control su sesión, como si de la melodía de dos sitares se tratase.

Acid Arab / Foto: Ariel Martini

Treinta minutos fueron suficientes para que Lady Leshurr se llevase a los asistentes del SonarVillage al bolsillo. Formamos parte entre bailes de su “Queen Speech”, ese mismo que ha recibido más de veinte millones visitas en YouTube.

La MC de freestyle original del suburbio de Kingshurt salió al escenario a ganarse a todos los que estábamos allí. Aunque las comparaciones (al menos físicas) con Azealia Banks se nos pasaron por la cabeza, tuvimos que desecharlas a los cinco minutos de show. Haciendo partícipe al público, Leshurr, no cesó ni un instante con su bailes y energía. Enfundada en un mono blanco con ropa interior de Calvin Klein consiguió que la atención se focalizase en cada uno de sus movimientos.

Seguidamente y con las prisas oportunas, me escape de mis colegas hacia el SonarComplex, llegaba el turno de James Rodhes. Os juro que estaba muy nerviosa. Además de seguir a James musicalmente, en mi último cumpleaños me regalaron su libro “Instrumental”. Sé que sin duda esa ha sido la manera definitiva de conectarme con él y su música. Me conseguí colocar en una de las butacas delanteras del Complex, cuando la cola que se hacía fuera era bastante larga. Justo iba a comenzar, mientras buscaba el sitio estaba tan emocionada que no escuché las primeras palabras de Rhodes.

Clase, maravillosidad y delicadeza. Será que el piano como instrumento me absorbe y consigue que me evada del cualquier universo. Un público, que en un silencio sepulcral, parecía unirse en la inmensidad de la oscuridad de la sala. Entre pieza y pieza, Rhodes se levantaba rápidamente, introducía la siguiente y así continuaba, como si se tratase de una función escolar. Cuando estaba a punto de presentar la última pieza, me incorporé e inspiré el aire, entonces pasó, “La Chacona”, esa pieza que Bach dedicó a su amada. Después de una vida de desgracias, de perder a sus padres, a numerosos hijos, y finalmente a su mujer, Bach escribió la que a mi parecer y al de James Rhodes, es sin duda, la más exquisita y desgarradora. Después de una interpretación limpia y perfecta, James se levantó para irse. Tardó escasos segundos en volver a salir al escenario y dijo; “I´m very drunk, I´m high, I´ll play one more song”, y se volvió a sentar.

James Rhodes / Foto: Bienca del Pilar

El SonarVillage empezaba a ponerse hasta los topes y el sol apenas se notaba, suerte que la brisa nos ayudó durante toda la jornada. Los canadienses Bob Moses fueron los encargados de sacarme del trance sentimental en el que todavía estaba sumergida. Casan a la electrónica más delicada y cuidada, con los ritmos más básicos del pop, aunque personalmente, creo que les sienta mejor la electrónica. Me permití durante el set a recordar en alguna ocasión a los consagrados Hot Chip o incluso a la magia del virtuoso James Blake. Voces y melodías que crean la marca Bob Moses, sonidos oscuros que no pierden delicadeza, flotar en el baile es una asignatura obligada con los de Canadá.

Dos horas con Kenny Dope nos supieron a poco, la leyenda del house, garaje y hip hop hizo las delicias de los que quería bailar y volar en el SonarVillage. Subidas y bajadas que parecían salirse innatas del pecho. Como el soulful puede confluir de una manera natural con el hip hop, eso es Dope. La mezcla de registros se convirtió en la protagonista de un final de jornada diaria magistral, eso sí, con un cierre quizás demasiado, seco.

VIERNES DAY /

Al sol, al sol, con lluvia y una Estrella Damm por bandera para refrescar la garganta. No os voy a hablar de la alergia porque esta es otra que quiere que el fin de mis días se acerque. Mala hierba, Carla Sifer.

El SonarVillage es la maravilla de cualquier buen amante del festival. Sobre todo de aquellos que afirman que el verdadero Sónar se vive durante el día. La primera vez que escuché al Guincho fue porque un colega, un amante de Canadá Editorial, me recomendó su vídeo “Bombay”. Sí, yo es que a veces llego tarde a los sitios. El canario empezó en el panorama musical cuando vivía en Barcelona. Tocaba la batería en Coconot, pero yo eso no lo sabía. Su talento y gancho pop es cuestionado por algunos, pero yo le soy fiel.

Después de “Alegranza” y “Pop Negro”, tenía un poco de miedo de saboreas las delicias de “HiperAsia”, pero el resultado fue mejor de lo que esperaba. Quizás el show se vio mermado por la lluvia y problemas de sonido, esas cosas que pasan.

El Guincho / Foto: Ariel Martini

Llega el momento de desdoblarse, de buscar un replicante y querer estar en todos los escenarios. SonarDôme, nos vamos con Sapphire Slows. Productora, DJ, teclista, virtuosa de los sintetizadores y cantante crepuscular. Entonces cierras los ojos y se te mete dentro. Sonidos acuosos que se cuelan por tus oídos para llegar hasta el pecho, flotar es fácil.  Pasábamos de ritmos etéreos a baladas dream pop, para entrar más tarde en sonidos mucho más desgarradores.

Cuando Ata Kak empezó en esto de la música yo no había hecho ni la comunión, no me juzguéis por haber tomado el cuerpo de Cristo, hay que ser más progres. Más de veinte años después estaba yo en el SonarVillage esperándole. Ya nos avisaban desde el festival que la fiesta con AK estaba asegurada, y razón no les faltaba. Ritmos que se antojan sencillos y por eso te los meriendas tan bien. Comunión, confesión y boda con cualquier tipo de reggae que podáis imaginar. Bob Marley y Nirvana a pasear.

20.00h, es el turno de Santigold. Ella es uno de los motivos por los que dejaría de lado mi heterosexualidad, aunque claro, no son pocos. Después de tenernos a palo seco durando cuatro años, Santi White ha vuelto con un trabajo que ha merecido la pena esperar. Cambiarse hasta dos veces de vestuario, sacar al público al escenario, la marca mola, eso está claro.

Santigold / Foto: Leaf Hopper

Cambios de lo más dorado a los rincones más oscuros. Entonces te sube a un par de decenas de público al escenario y llega la locura. Acompañada en todo de unos visuales desenfadados pero pensado, muy de marca M.I.A.. Aplauso al ébano, al cambio y a las largas esperas que son buenamente recompensadas. Grande Santi, por algo ha colaborado con nombres como Jay-Z, M.I.A., Diplo, Switch, Dave Sitek o The Streets.

Parece que le pillamos gusto al espacio del SonarVillage, no nos importa que el césped sea de mentirijilla. Mi primer contacto con Matias Aguayo fue gracias a un ligue que acabó siendo buen amigo. Él me decía que cuando las cosas fueran mal tenía que ponerme el “Sucu-Tucu” y bailarlo muy fuerte. No siempre funciona, pero oye, lo sigo poniendo en práctica siempre que puedo.

Creo que sin duda era la mejor manera posible finalizar este “VIERNES DAY”. Desde Chile, pasando por Frankfurt con amor. Sabemos que “Cómeme” es sin lugar a dudas el sello electrónico latino más importante, al menos que a nosotros nos conste. Una revolución que a día de hoy otros muchos siguen, prueba de ello son Ana Helder, Alejandro Paz o Daniel Maloso (mi prefe entre ellos).

Se con toda seguridad que ha sido el rollo más hot que podían darle a este Sónar, calentito y maleable. “Turbulencias” en la pista de baile y movimientos imposibles, “Lecciones de Perreo” para casi todos los públicos y cambios de registro tan geniales como chocantes.

VIERNES NIGHT /

En el Sonar+D deberían ir pensando en eso del fomento del teletransporte. Aunque Sónar día y noche se encuentren ahora algo más cerca y mejor comunicados que antes, a veces la gestión se complica. No pensamos si en cenar, eso es un hecho sobrevalorado.

El espacio del Sónar noche es inconfundible. Cuando entras en sus bloques, te dispones a no salir hasta que amanezca, ya que si sales, no podrás volver a entrar. El calor propio de junio, las oscuridades ambiguas, los coches de choque y la orientación por números que no suele funcionar.

James Blake significa para mí un estado musical al que pocos artistas consiguen transportarme. Después de líos y habladurías, la publicación  sorpresa de su último trabajo llegó a menos de un mes de la cita en el Sónar. Una manera única y delicada de flotar, gracias a ese señorito sentado al piano.

Ya sabíamos por ocasiones anteriores que James sabe brillar en el Sónar, con su luz especial, con su sonido penetrante y sus melodías ligeras pero intensísimas. Llenar el SonarClub en todos los sentidos, prueba superadísima. Además de los temas de su nuevo disco “The Sound of the Silence”, pudimos vibrar con temas más que conocidos #TT de más de una playlist. Destacando por su nitidez, controlando como siempre de manera magistral unos bajos que penetran en cada rincón de la piel. Lo más exquisito de la jornada nocturna. James Blake lo volvió a hacer y tenemos la ligera impresión de que será así por mucho tiempo.

El de Flume era un debut que muchos estaban pidiendo a gritos desde la génesis del artista. Vaya, ahora ya sabemos con certeza porque Harley Edward Streten es el productor australiano con más éxito internacional. Además de presentar las canciones de su último y reciente álbum “Skin”, esperábamos por supuesto esos cortes que lo han llevado a donde está. Estrenado el 26 de mayo, este trabajo tiene colaboraciones golden con Vince Staples, AlunaGeorge o Beck entre otros. La marca Flume se consolida y anoche fuimos testigos de ello. Si feats con Disclosure o Chet Faker terminarían de tirarlo a la piscina, ahora Flume nada con total naturalidad.

Un SonarPub entrega durante la hora del espectáculo. Sin perder en ningún momento la belleza musical que caracteriza al artista, las voces de sus temas elevan más aún la calidad que desprende su trabajo. Obación y locura en ciertos momentos, uno de los momentos más intensos del Sónar Night, Mezclas perfectas que casan como si hubieran sido creadas por separado para terminar uniéndose en el matrimonio sonoro.

Volvemos al SonaClub con Mind Against. Lapareja de hermanos italianos no era una de mis apuestas más fuertes, admitirlo es el primer paso. Algunos de mis colegas me aconsejaron que ahora era el momento, que tenía que aprovechar antes de que se subieran definitivamente a la ola. A pesar de su nacionalidad en el pasaporte, ha quedado muy claro que musicalmente han bebido de Berlín. Siendo desde hace un tiempo hasta ahora, uno de los buques insignias de su sello, Life&Death.

Si las joyas de su corona son Astral o Several Times, son muchas las ocasiones en las que estos hermano no las sacan a relucir en sus sesiones. Esto es realmente un arma de doble filo, aquel el que está bajo las tablas puede que premie tu decisión por innovar, pero también puede que la rechace, aunque este hecho en la electrónica es mucho más bienvenido que en otros estilos musicales.

Posiblemente hayas perdido la cuenta de las veces que has visto a Richie Hawtin, o no. Por aquí sí, pero eso no es motivo para faltar a un show nuevo como esperado. Prometiendo un compromiso con el arte, la música y la tecnología, Richie Hawtin firmaba su set del Sónar. Hecho, que por otro lado, estamos acostumbrados a que sea de cierre. . Nos esperaba un cierre de altura. Raíces desde lo más profundo de Estados Unidos, eso es lo que trajeron The Martinez Brothers. Dos hermanos, djs y productores, que desde 2006 en el mismísimo Bronx, se han entregado en cuerpo y alma a conquistas las pistas y lugares de todo el mundo. Empezando en fiestas clandestinas y siendo ahora líderes de Ibiza, están creciendo como la espuma de las últimas cervezas del barril. Chris y Steve Jr. Martinez marcaron un set lleno de energía, transmitida por el sonido y por cada uno de los hermanos. Lograron adaptarse al exigente público del Sónar, como lo hubieran hecho con los asistentes al más hermético club neoyorkino. Pudimos disfrutarlos manteniendo en casi todo momento el equilibrio entre su esencia underground.

Texto: Carla Sifer

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