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SONORAMA ARANDA 2016: CRÓNICA SÁBADO

Cuando uno se plantea utilizar la última crónica de un festival para hacer una especie de valoración general, lo más fácil es caer en la tentación del buenrollismo generalizado o en el ombliguismo del arte y ensayo; yo intentaré ser escueto, o al menos ser comedido y explícito, aunque ahora que lo pienso, esto es como pedirle peras al olmo o eficacia y austeridad a un edificio de Calatrava.

Podríamos decir que la jornada del sábado la volvimos a comenzar en la Plaza del Trigo, pero sería totalmente falso; realmente fue en una calle aledaña, muy muy lejana, porque acercarse más nos resultó imposible y además lo consideramos poco saludable. Que el Sonorama haya convertido los mediodías en un clásico y que el disfrute diurno de este festival sea algo tan atractivo, es de agradecer, pero cuidado, ya saben ustedes que también se puede morir de éxito o incluso de previsibilidad. Bueno, los conciertos: que Amatria a primera hora, Modelo de Respuesta Polar en el entremés, y Shinova como extraña propuesta de plato principal, se encontraran en un enclave abarrotado y ávido de disfrute solo puede servir para sacar lo mejor de cada uno, y así parece ser que fue. Es difícil encontrar a un artista que haya tocado en estos conciertos que no te diga que esta no haya sido la experiencia más increíble de su vida. Pero como no solamente de Plaza del Trigo viven las mañanas del Sonorama, antes de sumergirnos en la marabunta que se forma en las horas centrales del día en la ya famosa Plaza, fuimos a disfrutar del pop naif y desinhibido de los murcianos Vacaciones delante de la preciosa iglesia de Santa María; no todo tiene que ser empujones, chorros de agua y camisetas manchadas de vino. Tras Rafa Skam y cía, volvimos al meollo para comprobar si la sorpresa de esta mañana era Ivan Ferreiro, como se rumoreaba, pero finalmente fueron Grises, algo que bendecimos y agradecimos bailando, que es lo estos jóvenes vascos nos propusieron y de buena gana aceptamos.

Grises / Foto: Diego Santamaría

Nuestra jornada vespertina comenzó con los últimos compases de unos Mucho cósmicos y juguetones como siempre –hoy prometo no extenderme en obviedades- y unos Maga en strikes back más que comes back. La banda de Martí Perarnau IV siempre da la sensación de querer hacernos el amor despacito a base de psicodelia –la del siglo XXI- y los sevillanos están de vuelta – su fuga ha sido corta- con las canciones de siempre; ya pueden hacer mil discos que no superarán jamás ese recurrente momento de “Agosto Esquimal”  + Diecinueve”. Tras Maga pasamos al escenario de enfrente para que Second descargaran más himnos que toda la fase previa de la Eurocopa. El devenir del resto de la noche podría haber sido un compendio de momentos reurrentes de no ser porque a Luis Brea y el Miedo se les ocurrió mostrarse mucho más contundentes que de costumbre, vistiendo un traje nuevo que parece sentarles muy bien; que Perro tuvieron más problemas técnicos/eléctricos que la silla de Stephen Hawkins si la tiras al Duero –aunque los solventaron con humor y ritmazo- y que es alucinante ver en lo que se han convertido unos desvestidos Mando Diao que un día fueron atractivos rockeros – musicalmente- y que ahora parecen acólitos de la Orden del Templo Solar –musicalmente-.

Mucho / Foto: Rodrigo Mena Ruiz

Podría darle toda la cera que quisiera a Izal que nada de lo que dijera serviría para que la bola dejara de girar a toda velocidad y haciendo strikes a cada tirada. Cuentan los festivales por baños de masas, la fórmula es de similar éxito al de la coca-cola, y aunque sean tan previsibles como el refresco de Atlanta, redundantes y grandilocuentes, el calor del público entregado desmonta cualquier disertación negativa posible. No soy sospechoso de rendirme a su épica melancólica y efectista, pero negar que su espectáculo es redondo y que dentro de su juego son maestros sería imperdonable hasta para mí.

Izal / Rodrigo Mena Ruiz

Lo siguiente que recuerdo es ver como la exquisita electrónica de Delorean la dejaba botando en el área pequeña y como David Kano y sus Cycle remataban a bocajarro con mucha menos sutileza. El guion fue mucho mejor que el del día anterior que fue de más a menos, esta vez fue de más a más (aunque en cuanto a cartel nos pareció la más floja de las jornadas).

Mientras les cuento esto me recuerdan que hoy sigue habiendo música en Aranda, que las plazas de la ciudad castellana van a acoger todavía a más bandas y Djs, que el vino puede resucitarme, que un cordero muerto da menos pena si te lo presentan en una cazuela, que agosto no es esquimal si no estival, que aunque la música ya no marque diferencias – en todos sitios parece que tocan los mismos- las formas y el cariño con las que se montan los festivales sí que lo hacen.

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