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SONORAMA RIBERA 2015: CRÓNICA SÁBADO

Tras las maratonianas dos jornadas anteriores del Sonorama, nos esperaba una última no menos intensa y repleta de puntos de atención interesantes. Como es habitual, empezamos nuestro recorrido en los conciertos de la Plaza del Trigo con Tórtel, una de las bandas menos conocidas recomendadas en nuestro artículo previo. La banda valenciana liderada por Jorge Pérez, ha ido avanzando y sumando elementos en cada uno de sus tres discos hasta, desde el eclecticismo, encontrar una fórmula propia entre la que podemos encontrar guiños latinos, melodías pop clásicas, letras tan explícitas como evocadoras y ritmos que conducen a la épica desde la vertiente del positivismo. Su concierto fue incrementando el pulso hasta un final lleno de energía con temas como “En defensa propia”, “El baile extraño”, “Queríamos más”, “Entonces sí” o “Rayo inmortal”. Un muy buen comienzo en una plaza que empezaba a llenarse mientras tocaba esta banda que extrañamente ha visto como les adelantaban otras con mucha menos valía y discurso. Cosas del indie español. Tras ellos, tomaron el relevo Señores, otra interesante banda que bebe tanto del indie rock americano de los 90, como del hardcore melódico pasado por el filtro de Nueva Vulcano, lo que hace que su música, y por lo tanto su directo, tenga un componente emocional que engancha. La Plaza del Trigo empezaba a rebosar y el ambiente a caldearse.

La última banda anunciada para la mañana eran Rufus T. Firefly, una nueva apuesta del festival, como demuestra que en esta, su primera participación, ocuparan un espacio tan privilegiado en una hora y un día tan importantes. No son nuevos en esto, su tercer y último disco “Nueve” indica los años que llevan de carrera, pero es ahora cuando empiezan a despuntar, cuando se disputa la batalla por subir el peldaño de la sucesión al trono que estrenó Vetusta Morla (con los que comparten sonidos e influencias) hace unos años, y se lo disputan los que estaban en el mismo lugar el día anterior –Full- y ellos. Con estos condicionantes e ingredientes su concierto tuvo una acogida tan calurosa que por primera vez en este año los miembros de Protección Civil tuvieron que rociar con agua desde los balcones.

Rufus T. Firefly / Foto: Jacobo Revenga

El cartel de bandas había concluido, pero como ya se ha convertido en costumbre quedaba la actuación sorpresa. La Plaza y las calles adyacentes estaban saturadas hasta lo preocupante y entre los asistentes se hacían cábalas sobre quien se subiría al escenario; continuaban los que insistían en Izal –su batería había acompañado a Tórtel en la última canción- y también los había que juraban haber visto por las inmediaciones a Iván Ferreiro, pero la sorpresa fue mayor y muy agradecida. El Sonorama Ribera tenía este año como bandera solidaria el proyecto Leaozinho, cuya cabeza visible es el locutor de Radio 3 Ángel Carmona, y en un bonito gesto para darle visibilidad a esa causa, prepararon un evento en el que él y la banda con la que hace sus pinitos artísticos –Aloha Carmouna- acompañados por la voz de importantes cantantes indie nacionales, interpretaron canciones de otros compañeros; Xoél López cantó “Turnedo” de Iván Ferrreiro; Pucho de Vetusta Morla interpretó “Ser Brigada” de León Benavente; Zahara hizo lo propio con “Que no” de Deluxe; John de Smile recuperó “On my mind” de The Sunday Drivers; Ángel Stanich continuó con “Mi realidad” de Lori Meyers; y Marc de Sidonie remató con “John Boy” de Love of Lesbian. Como no pudo ser de otra manera, y con estos ingredientes, fue el metaéxtasis indie.

Marc Ros de Sidonie en el concierto sorpresa de la Plaza del Trigo / Foto: Jacobo Revenga

Nuestro recorrido vespertino comenzó con el concierto de Zahara avanzado, aunque nos dio tiempo a intuir una actuación similar a la que vimos hace un par de semanas en el Arenal Sound y ratificarnos en nuestra opinión; la banda con la que se ha rodeado desde su último trabajo “Santa” le da un empaque mucho más sólido y algunos guiños interesantes –es difícil no escuchar a unos Queens of Stone Age rebajados de octanaje en “Crash”-.

Uno de los momentos importantes del día era tener el privilegio y el placer de volver a ver a los renacidos Mercromina. La banda de Joaquín Pascual, junto a Chucho y Doctor Explosion, formaron el cartel de la primera edición del Sonorama en 1998, y además tienen una hoja de servicios más que suficiente para estar para siempre en el olimpo del indie nacional. Desde el comienzo, con “La gran aventura” y “Lo que dicta el corazón”, se vio que los albaceteños estaban vibrantes y engrasados, y los desarrollos instrumentales de canciones como “El libro de oro”, “Ciencia de ficción” o “Cacharros de cocina” eran demoledores ejercicios sónicos que ponían los pelos literalmente de punta. Se les veía disfrutar y a sus seguidores con ellos –aunque su actuación estuvo concurrida para ser poco más de las ocho de la tarde, la fractura de edad con lo que posteriormente se iba a vivir era más que evidente-. Llegaron a la recta final con “En un mundo tan pequeño”, donde la voz femenina estuvo a cargo de Ángela Pascual, la hija de Joaquín, la venerada y maravillosa “Evolution” y “Chaqueta de pana”, un himno al reencuentro, con un tremendo final eléctrico a la orden de Joaquín Pascual: “¡Todo a tope!. Un concierto espléndido, de una banda memorable que recoge influencias míticas pero desarrolladas con suma personalidad, algo que contrasta con mucho de lo que hoy en día está de moda. ¿Cuándo se produjo la fractura generacional?

Mercromina / Foto: Jacobo Revenga

Tras este estupendo concierto otro veterano del festival ocupó el escenario principal con la valentía de hacerlo totalmente solo, Xoél López. Las canciones que tras la desaparición de Deluxe -aunque recuperó “Que no” al final de su set- y su marcha al otro lado del océano fueron su único abrigo, e interpretadas al piano o a la guitarra y complementadas por la armónica o el juego de voces que él solo se montó con otro micrófono demostraron que las buenas composiciones pueden sonar igual sin demasiado artificio. La historia de Xoél es como si la historia de la música fuera rebobinada y Bob Dylan dejara la electrica en Newport y volviera a la crudeza del folk de antaño. Qué contento estaría Pete Seeger.

Xoél López / Foto: Jacobo Revenga

El Sonorama Ribera se caracteriza por programar, entre su abundante producto nacional, un puñado de artistas internacionales interesantes y escogidos, como es el caso de Anna Calvi. La británica tiene una presencia elegante y oscura, una voz portentosa y una colección de canciones densas y en ocasiones barrocas que atrapan como cantos de sirena. Muchos temas de su primer e imprescindible disco, como “Desire”, “Susanne and I” o la versión de “Jezebel” que fue popularizada en los 50 por Frankie Laine y Edith Piaf, además de la interesante versión de “Wolf like me” de TV on the Radio o “Eliza” de su segundo trabajo “One Breath”, fueron los mejores argumentos de uno de los mejores conciertos de esta edición. La grave voz de Calvi es deslumbrante, pero cuando se encaraba a los agudos parecía capaz de quebrar toda la cristalería de los asadores de Aranda.

Anna Calvi / Foto: Jacobo Revenga

En nuestro paso por el Escenario Burgos Origen y Destino para ver a alguna de las bandas nuevas o emergentes, nos encontramos con Majestad, nuevo proyecto electrónico de Pepo Márquez, que junto a David T. Ginzo, deambulan elegantemente desde el dream pop hasta el synth rock melancólico. Una propuesta interesante a la que estar atento y seguirle la pista.

En este mismo escenario vimos empezar a Aloha Carmouna, la banda con la que se divierte en sus ratos libres el locutor Ángel Carmona, acompañado por Martí Perarnau IV de Mucho, Ramiro Nieto y Utah de The Right Ons y David Montijano de Nocturnos. Suenan descacharrantes, pero lo divertidos y simpáticos que son sus integrantes, la solidaridad de un Ángel –comprometido con la causa Leaozinho-  que nos despierta con una sonrisa todas las mañanas y que nos cuentan que terminaron con ”Cinnamon Girl” de Neil Young, hace que se les pueda perdonar todo.

En la hora previa al concierto de Vetusta Morla se veía claramente que había tanta gente en el recinto viendo conciertos, como preparándose o avituallándose en las inmediaciones o las calles del servicio el mismo, pero estaba empezando a rugir la marabunta. Nos cruzamos con numerosos grupos de gente que acudían con la única misión de ver a “su” banda, personas que acababan de comprarse la entrada y entraban por primera vez al festival y en resumen, fans que abarrotarían el escenario principal y conrearían de principio a fin el concierto de los madrileños. Que Vetusta Morla es el fenómeno de indie fans más importante de los últimos tiempos, aparte de cualquier tipo de valoración musical, es un hecho irrefutable, y su mística y melodramática forma de encarar la música y sus actuaciones son el caldo de cultivo perfecto para que esto continúe. “Golpe maestro”,  “Cuarteles de invierno”, “Valiente”, “La cuadratura del círculo”, “Al respirar” o “Los días raros” hicieron las delicias de un público entregado que se emocionó en las interminables y cansinas prolongaciones metafísicas de los temas, marca inconfundible de la casa y de los sorprendentes tiempos que corren. Solamente puedo recordar la pregunta dejada sin responder al final de mi comentario sobre el concierto de Mercromina.

Vetusta Morla / Foto: Kike Oquillas

Mientras tanto, en el escenario Burgos Origen y Destino Berri Txarrak celebraban sus 20 años de carrera y la publicación de un ambicioso álbum triple con un concierto arrollador de rock hardcore en euskera. Su escenario estaba abarrotado al igual que el Vetusta, por lo que está claro que en el Sonorama Ribera hay espacio suficiente para todos y que es algo que debería potenciarse o al menos mantenerse, por la salud de todos, de festival y público.

Con la última nota colgando de unos interminables Vetusta Morla, empezaron Neuman en el escenario opuesto. Los murcianos son de los grupos que más festivales han recorrido este año, aunque si lo comparamos con la banda a la que sucedían, está afirmación es irrisoria. Sus directos son compactos y rotundos, algo que parece acentuarse al desprenderse del sintetizador, pero claramente brilla más con canciones cortas y directas como “Hell” o “By Fear/Hi Love” de su Ep en colaboración con Ken Stringfellow, o “Turn it” o “Tell you” de su último disco “If”, que con las de mayor duración y desarrollo denso herederas de sus primeros tiempos. Pero, sin lugar a dudas, Neuman tienen un gran directo.

La misión de clausurar el escenario principal quedaba en manos de Sidonie, que hacía tres años que no pasaban por un festival donde son habituales. Salieron al escenario de forma muy divertida; bailando al son de Califormia Girls de los Beach Boys y ataviados con camisas hawaianas, toallas, palas de playa y una sombrilla enorme, escenificando lo que sería su concierto, una fiesta de verano. La fórmula fue simple, dar un concierto animado encadenando singles como “Fascinado”, “La sombra”, “Te quiero”, “Un día más en la vida”, “En el bosque”, “Costa azul”, “Nuestro baile del viernes” o “Fascinado”; introducir alguno de los temas de su último disco como “Sierra y Canada”, “Yo soy la crema” o “Un día de mierda”; y jugar entre ellos y con el público – es completa la conexión con Edu y Marcel, los nuevos miembros de la banda, y la complicidad que tienen todos en una actuación que es pura diversión-. Fue una pena no escuchar ninguna canción de “Shell Kids” o el clásico “Sidonie goes to moog” de su primer disco, que tanto nos ha hecho bailar desde su primera visita al Sonorama en 2002, pero no importa, porque completaron un fenomenal fin de fiesta y se marcharon de nuevo con su sombrilla y los Beach Boys acompañándoles.

Sidonie / Foto: Jacobo Revenga

Con la machacona sesión de Carlos Jean diciendo “¡Arriba los brazos!” y el mixtape de Eme DJ repleto de clásicos nos marchamos a casa.

El festival arandino nos continúa fascinando, a grandes conciertos como los de Vive Morente!, Australian Blonde, Biznaga, Calexico, Mercromina o Anna Calvi, se une la conexión con las nuevas masas de Supersubmarina o Vetusta Morla, la programación de montones de bandas emergentes y los momentos mágicos en la Plaza del Trigo. Y aunque el nuevo indie nos pueda gustar más o menos, son signo de nuestro tiempo y en un festival que tienen cabida diferentes y variadas propuestas, siempre se puede encontrar motivo para acudir año tras año, sin contar el buen rollo y la comodidad con la que se vive, aunque esto último puede perderse si continúa aumentando el número de asistentes, porque su sostenibilidad parece haber llegado al límite.

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