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SONORAMA RIBERA 2016: CRÓNICA JUEVES

Un festival que cumple diecinueve años y sigue creciendo poco a poco, se ríe en la cara de la tan cacareada “burbuja festivalera”, y es que el Sonorama Ribera tiene que denominarse clásico y no moda. Esta edición 2016 decidimos empezarla por la mañana, en la Plaza del Trigo, en el meollo, en lo que marca diferencias. Marca diferencias porque aunque el cartel del festival ofrece una abrumadora oferta de bandas, realmente a la mayoría de ellas puedes verlas en otros eventos, y es la oferta de actividades diurnas, el disfrute del pueblo, es lo que hace de este festival una experiencia incomparable.

El escenario en la Plaza del Trigo tuvo como primeros invitados a los valencianos Polock, algo realmente sorprendente porque la primera hora del primer día no debería ser el sitio natural para una banda de reconocida valía, con dos trabajos excelsos y de las pocas nacionales con proyección internacional. Pero lo bueno es que estos conciertos en el centro de Aranda se han puesto tan de moda que aquello estaba abarrotado nada más empezar. A pesar de que las virtudes que hemos expuesto de Polock las creemos a pies juntillas, sí que es cierto que es un grupo desaprovechado, que no ha acabado de explotar, que ha espaciado mucho sus trabajos y que no parece haberse vendido correctamente; esperamos que eso cambie, están a tiempo. Sin necesidad de trucos efectistas más allá de un popurrí de todas sus canciones editadas, resolvieron su concierto con una solvencia abrumadora; ya sabemos que pueden sonar frescos como Phoenix o que “Everlasting” podría ser incluso single para Julian Casablancas, referencias a agradecer en un indie invadido por la épica y la impostura.

Polocl / Foto: Kike Oquillas

Tras Polock, con la plaza a reventar y con Protección Civil refrescando al personal con una manguera, le tocó el turno a The Purple Elephants. Estos murcianos practican una suerte de blues rock con marcadas influencias de los años 70 – al menos son evidentes tanto The Doors, como Led Zeppelin-, algo curioso en el indie actual. Dedicaron su concierto a animar al público, tanto con las canciones de su debut “Danza Funeral”, una versión en la que se enfundaron en las mallas de Alaska, confetis y globos. Todo esto funcionó y fue lo apropiado para una actuación en este marco concreto, pero necesitan claramente encontrar una personalidad propia en sus canciones y no sonar tanto a sus referencias.

El cartel de la mañana lo cerraban Siloé, otra de las bandas aspirantes al trono del indie. Un trono que, al ritmo que impone a los que lo ocupan, necesita relevos cada tres o cuatro años. En este grupo que ha publicado su debut en Mushrrom Pillow encontramos un sonido muy Vetusta Morla y una lírica abrumadora con mucha, mucha vida interior, ¿demasiada? Puede ser. Tras los tres conciertos programados en el cartel ya nadie se marcha de la Plaza del Trigo, porque todo el mundo sabe que habrá una sorpresa – un poco sinsentido ¿no?-, y la sorpresa fue Miss Caffeina. Si estos tipos ya dominan los escenarios por las tardes-noches, imaginen al mediodía ante un público ávido, receptivo y extasiado. Con los jóvenes danzando con brío, dejamos el centro de Aranda en pos de una paletilla de cordero y unas copas de vino de la tierra.

Miss Caffeina / Foto Kike Oquillas

La jornada vespertina la empezamos con los últimos compases de La Frontera, que fueron los encargados de inaugurar el Escenario Castilla y León. Nos dio tiempo a hacer el karaoke de “Judas el Miserable” y de “El Límite” y de que tuviéramos la sensación de que si esta banda de tan largo recorrido ha quedado para abrir festivales indies, es mejor que Javier Andreu y los suyos recojan los bártulos y enfilen un digno retiro antes de convertirse en un inmerecido esperpento.

Que en una misma edición, incluso en una misma jornada, podamos ver en el Sonorama Ribera a algún clásico del rock nacional, bandas festivaleras de indie comercial y artistas tan reivindicativos, experimentales y arriesgados como Niño de Elche, habla muy bien de la falta de complejos del festival arandino. En versión corta de minutaje pudimos ver una vez más como “Voces del Extremo”, el disco que ha catapultado a boca de todos a Francisco Contreras “Niño de Elche” dejaba con la boca abierta a los que se acercaron con curiosidad y a los que no conocían en absoluto de que se trataba lo que allí se les ofrecía. La irreverencia reivindicativa, la clase de control vocal, la excéntrica pero calculada forma de interpretar del joven maestro y la envoltura sonora de sus Pony Bravo acompañantes, tienen un poder de enganche tremendo.

Niño de Elche / Foto Rodrigo Mena Ruiz

A Manel ya les hemos visto en muchos festivales este año, puede que su año, y ya a nadie le extraña que paseen sus canciones en catalán en el corazón de Castilla –joder, no debería ser tan raro, pero hubo un tiempo en que lo era-. Ese sonido sintético y fresco del nuevo disco es lo que ha posibilitado esa apertura a nuevos públicos y nuevas plazas, algo que agradecemos y alabamos, porque de no haberlo hecho estaban abocados a ser alimento de un nicho demasiado marcado y pequeño. A mí, me pareció fabuloso y muy curioso ver cantar y bailar “Jo competeixo” y “Sabotatge” en Aranda de Duero.

En el siguiente turno empezamos por ver el rock&roll de ascendencia alt country de Quique González & Los Detectives – nuestra versión patria de Ryan Adams – y acabamos por escuchar el pop genuinamente personal del zaragozano Ricardo Vicente. El primero derrochaba banda e instrumentación, vistiendo las canciones de un sabor añejo a bourbon tomado con paciencia, mientras que el segundo te susurraba con delicadeza unas canciones que fluyen musicalmente y te fascinan con una lírica exquisita; pop señores, se llama pop. En la entrevista que le hice a Ricardo Vicente cuando nos presentó “Hotel Florida”, quedó claro que este nuevo trabajo había dado en nuestra diana emocional, ayer su recital mereció una medalla de oro en tiro con arco.

A Ángel Stanich ya le vimos junto a su banda en el pasado Festival de les Arts, nos gustó bastante y ayer repitió fórmula, quizá esa fue la pega, lleva exprimiendo las mismas canciones mucho tiempo y el juego del Dylan eléctrico y del Neil Young rocoso tienen un límite, que quizá deba ponerle ya.

Tras el melenudo cántabro, tocó el turno de quitarle la naftalina al Dúo Dinámico. Las voces que han criticado la inclusión en el cartel de Manolo y Ramón han sido todavía más furibundas que las de 2014 con Raphael. Personalmente, creo que la programación de una banda en concreto en un cartel con docenas y docenas, no debería marcar la crítica a un festival y que los complejos los tienen realmente los que alzan la voz. Seguramente, esta política de sacar momias del sarcófago sea una estrategia de marketing – magnífica-, o quizá sea puramente un ejercicio de revisión nostálgica de todo corazón de los organizadores del festival, vayan ustedes a saber, pero en todo caso yo me quedo con lo contentas que estaban unas abuelitas que venían de Valencia para ver a su dúo preferido –ya estaban en la valla con Niño de Elche-. El concierto: un grupo de músicos de postín – como Raphael hace un par de años-, clásicos en metralleta –hasta yo moví las caderas con “Lolita”, mi preferida- y sorpresa final con la aparición en el escenario de Eva Amaral y Alberto Miss Caffeina– ojalá nunca hubiera oído los gallos de los dinámicos cantando a capela “Días de Verano” para presentar a Eva-. A los que les parecía una aberración este concierto, no tenían más que ir al otro escenario a ver a Igloo o estar hora y cuarto haciendo cola para recargar la pulsera cashless, ¡Dios mío, qué colas!, y Santas Pascuas. Los que estuvieron en el concierto acabaron saltando y bailando con “Quisiera ser”, “Oh Carol”, “Somos Jóvenes” y “Resistiré”, pero de eso a lo de titulares como “Dúo Dinámico, los primeros indies españoles”…. ¡Anda, no me toquen los huevos!

El Dúo Dinámico / Foto: Diego Santamaría

Sacrificamos a L.A., una banda que ya hemos visto y reseñado en numerosas ocasiones, por volver al Escenario Burgos Origen y Destino – lo que era la antigua Carpa Future Stars-  a ver un poco del concierto de Tigres Leones. Los madrileños siguen puliendo un proyecto para nada grandilocuente y totalmente desacomplejado, en el que se pueden encontrar estructuras cercanas al indie nacional de los 90, gotas de garage fresco, guitarras limpias para melodías sucias y letras de una enjundia que merecen el rebobinar para disfrutar.

Posiblemente estén un poco hartos de que todos los colaboradores de la revista alabemos a 091 en los bastantes conciertos que ya les hemos pillado en su retorno (Azkena Rock, Mundaka Festival o Low Festival), pero es que el cancionero de la banda sigue siendo un seguro y la solvencia y contundencia de estos tipos está fuera de toda duda. Esto de los retornos tiene cierta polémica, el tema de no pillar a las bandas en el momento en que sus canciones tenían su verdadero contexto temporal, el tema de las vueltas para hacer caja, etc. etc. Pero al menos nos queda que algunas de estas bandas dan verdaderos buenos conciertos, algo que a las actuales se les presupone pero que no siempre cumplen.

El nuevo trabajo de Triángulo de Amor Bizarro, ha supuesto un giro espectacular al sonido de un grupo que sin estar agotado sí que podía correr el peligro de caer en el estancamiento ruidista. Estas nuevas canciones son un complemento –realmente ahora centro-  de un repertorio avasallador, dotándole todavía de mayor atractivo y de herramientas para un juego al que siempre ganan. En el Sonorama Ribera llegaron, tocaron y vencieron; tienen sin lugar a dudas uno de los mejores directos nacionales, aunque sigue sorprendiendo que quienes ayer cantaban los himnos hipnóticos y nihilistas de los gallegos y movían la cabeza con sus guitarrazos hirientes, hoy lo vayan a gozar con Love of Lesbian; buscarle explicación daría para un ensayo titulado “misterios del indie español”.

Molotov / Foto: Rodrigo Mena Ruiz

Este año, los mexicanos Molotov han decidido darse un atracón de festivales españoles. Aquí se les tenía perdida la pista desde su debut “¿Dónde jugarán las niñas?” aunque en Latinoamérica siguen dando giras eternas y llenando estadios, aunque no han logrado repetir el pepinazo de aquel primer trabajo. También en Aranda, esos cuatro singles de los 90 y su versión de “Bohemian Rhapsody” fue lo que se coreó y el resto fue un asistir ojipláticos a los devenires de esta banda de fusión funky, metalera y hiphopera, como si fueran los hijos chicanos de un cruce de Red Hot Chili Peppers, Beastie Boys y Rage Against de Machine, pero de segunda, claro.

Fuel Fandango / Foto: Diego Santamaría

Fue una pena que Fuel Fandango tuvieran que suspender parte de su gira por culpa por enfermedad y perderse algunos festivales, porque son una banda ideal para este tipo de eventos. Una banda adulta, con sentido del espectáculo, con una particular mezcolanza arrebatadora y personal. Tocaron tarde, muy tarde, la gente aguantaba con una energía inusitada. Nosotros queríamos mover los pies pero solo los arrastrábamos y así llegamos a casa, arrastrándonos. Las jornadas del Sonorama son interminables, algo maravilloso pero que está lejos de ser saludable.

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