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SOS 4.8 2016: CRÓNICA VIERNES

Pablo es el novio de mi hermana. Se estaba liando un cigarro cuando me ha visto. Levanta la mirada y dice: “La hostia, hemos abierto nosotros el festival”. Son las cuatro y media de una tarde de mayo en Murcia. Comienza a sentirse ese apocalipsis calorífero que asola la ciudad hasta noviembre. Pablo y yo estamos en el escenario Estrella Levante del SOS 4.8, y sí: estamos abriendo el festival. Todavía hay grúas y señores con walkie talkie que caminan con tanta urgencia que le pregunto a Pablo si no le da vergüenza estar fumando mientras alguien salva el mundo. Entonces aparece Soleá Morente. Su banda de especialistas –maestros como Antonio Arias o Florent Muñoz- crea la atmósfera. Mientras, ella gira sobre sí misma y sonríe, pero se olvida de entrar a matar. El problema de apellidarte Morente y mezclar flamenco y rock es el mismo que tuvo Jordi Cruyff cuando le dio por patear un balón. Soleá explicita demasiado la fórmula y no llega a ningún sitio. Lo suyo suena a ejercicio de estilo. La teoría está bien: buenas guitarras, buenas voces y textos decentes. El problema es que no hay nada más. Entonces, un técnico decide que sus 15 minutos de gloria comienzan aquí y el cabrón de Pablo suelta: “¡Buah, fantástico juego de luces a las cinco de la tarde!”. Es raro, la verdad.

Soleá Morente

Belize tocan en el escenario Inside. De camino, me topo con un tipo ataviado con un pañuelo en la cabeza y una camiseta de John Boy. Mira un horario del festival como si fuese un mapa y estuviera perdidísimo. Yo solo espero que el tipo no decidiera ir a Belize, porque…joder. Los pamplonicas son pijos de náuticos-sin-calcetines-y-pantalones-remangados que dicen cosas como súper placer. Llevo diez minutos en su concierto y creo que me voy a pasar el resto de mi vida bebiendo Cocacola cero. He visto becerros cojos y ciegos más peligrosos que esto. El guitarrista está todo el rato sonriendo. Parece una mezcla macabra entre un psicópata y el protagonista de un libro llamado “Teo monta una banda de tonti pop y va al SOS”. De verdad: para montar un change.org que les impida volver a subir a un escenario.

Belize

Ofuscado, vuelvo al Estrella Levante. La alarma de puto hater está a punto de sonar en mi cerebro. Tengo esperanzas de que Corizonas la apaguen. Al primer acorde ya entiendo que esto es otra cosa. ¡JODER, ESTO ES! Yo qué sé: solo un poco de actitud. Esta gente no ha inventado nada, pero es imposible no moverse ante una fiesta de esa tradición llamada rock and roll. Corizonas van por ahí: spaghetti western, surf, garaje, un poco de country…y  a bailar como bestias en celo. Liberado de la guitarra, El Meister se ha convertido en un frontman que mezcla maneras de Mick Jagger y Rafaella Carrà. Su propuesta llega a resultar un pelín repetitiva, pero, joder, es difícil molar más que estos tíos. A mi lado, un señor ofendido le dice a su colega: Lo que es una puta vergüenza es que pongan a esta banda a las cinco de la tarde, macho. Si hoy no va a pisar Murcia una banda mejor…Yo respiro aliviado.

Corizonas

Me acerco a una barra y convierto los euros en tokens y los tokens en euros –por dios, que esto empiece a estudiarse en los colegios- y comprendo que un mini de cerveza cuesta 9€. Mareado, clamo al cielo. Dios, en su infinita sabiduría, no rebaja el precio de la cerveza, pero me regala algo mejor: una banda de la hostia. Se llaman Spring King. Son de Manchester y tienen las ideas muy claras: medio shoegaze, medio noise, todo unido a través del punk. Es imposible no pensar en Jesus & Mary Chain. Spring King tienen nervio, actitud y melodías salvavidas. Tocan ese himno potencial llamado Rectifier y yo me pregunto por qué cojones esta gente no es cabeza de cartel. Muy muy guapos.

Lo de Baywaves es diferente: se saben el santo grial de la psicodelia de memoria, pero no aportan nada. En un momento dado, me lío en una conversación al respecto con mi colega Mario. Mi colega vuelve la mirada al escenario y grita: ¡HOSTIAS, QUE EL CANTANTE SE ESTÁ MOVIENDO! La música de Baywaves es un poco así: giros y giros y giros sobre la misma idea para llegar a algo demasiado vacío. Lo bueno es que acaban de empezar y se saben la biblia. Si tienen algo más, acabará saliendo. Otros que giran y giran y giran son Toundra. Su mezcla de post-rock y metal progresivo está reventando el suelo de este país. Pocas bandas recientes han conseguido un respaldo tan rotundo de crítica y público. En directo suenan espectaculares, potentes, convencidos, entregados…hasta que aburren. Sí: me estoy aburriendo como una ostra. No sé si una propuesta así necesita unas mejores condiciones acústicas o si solo es que yo no soporto una hora de esta movida. Cavilando, me acerco a los váteres químicos. Entablo conversación con un tío engominado que dice que, al menos, este año no han puesto esos urinarios grises pentagonales. El tío me asegura que ni en las aldeas de Vietnam hay urinarios así. Entra a mear. Me doy cuenta de que este año hay menos gente. En ediciones anteriores, la conversación de la cola del váter terminaba con invitaciones de boda. El tío sale y me suelta, orgulloso: ¡Mira a ver, rapidico! ¿O no? Meao, drogao y de to…

Pongo un riñón encima de la barra de un kebab y me dan un falafel. En el Estrella Levante van a tocar Manic Street Preachers -uno de los cabezas de cartel- en el papel de estrella-british-venida-a-menos. Los galeses van a rememorar el vigésimo aniversario de “Everything must go” (Epic). Devoro el falafel como si mis padres no me hubieran enseñado a comer y me coloco sin problema en el tercio delantero de la explanada. Es extraño que pase eso con un cabeza de cartel. Las canciones se suceden. El contraste entre el escenario y el público es brutal: James Dean Bradfield se entrega a cada nota que canta; a mi lado, algunas personas resoplan, como diciendo que ya podía el tipo cantar un poco más flojo, que así no hay quien mantenga una conversación. Por momentos, los Manics suenan a leyenda, a banda que estuvo ahí y escribió unas cuantas canciones que trascenderán el paso del tiempo. Sin embargo, en el ambiente flota un aire descafeinado, como si esta no fuera una buena noche para hacer Historia. Bradfield canta una emocionante “No Surface all feeling” y se despide con el clásico “If you tolerate this your children will be next”. Agridulce.

Manix Street Preachers

Lo bueno de lo agridulce es que tiene una parte dulce, una parte buena. Así, el concierto de Love of Lesbian solo se puede resumir en una palabra: AGRIO. Juro que me he acercado de buenas al concierto de los catalanes. Me venía mentalizando de un tiempo a esta parte. LOL y yo íbamos a empezar de cero. El problema es que esto ha sido como cuando intentas empezar de cero con tu novia de cuatro años y, a los diez minutos, recuerdas por qué querías empezar de cero. En los últimos diez minutos, yo he recordado por qué no soporto a Love of Lesbian: facilones, afectados, haciendo caso a Coldplay en pleno 2016, grandilocuentes, repetitivos…lo suyo es de traca. Iba tan dispuesto a disfrutar que me coloqué en las primeras filas. Después de “Club de fans de John Boy” escapo, porque no entiendo nada. Intento ver en los ojos del resto del público alguna respuesta, pero no la encuentro. El rollo es que, si la calidad de un concierto viene determinada por la conexión entre artista y público, este es el concierto del siglo. Nunca he visto a un público tan entregado. Por algo será, seguro. Yo no encuentro la razón. Me acerco al escenario Jaggermeister a ver a Trepàt y una voz dentro de mí grita ¡¡SON LAS CANCIONES, IDIOTA!! Sí, son las canciones. En “Onix”, por ejemplo, está todo: tensión, cosas implícitas, un estribillo tatuable y una actitud que no va de poner cara de perro apaleado. Trepàt mezclan con tiento oscuridad y brillantez. Suenan angulosos, grandes, pero siempre desde algo muy pequeño. Algo así como un aleph musical. Y lo mejor: tienen el camino. Esa onda Protomartyr, esa forma de entender el postpunk como un término que contiene la palabra punk, nos traerá la salvación.

Love of Lesbian

Entonces me pongo la camiseta, me levanto y me dirijo al Inside como si no hubiera pasado nada. Suena un bucle de teclado y yo pienso que hay pocas bandas con la personalidad de León Benavente. En dos álbumes, este cuarteto de especialistas ha desarrollado una identidad –pop pluscuamperfecto de resistencia, dejes kraut, noise y no-wave- abrumadora. “Ánimo, valiente”, “California”, “La palabra”…los conciertos apoteósicos de esta gente se gestan en la grabación de canciones de esta categoría. De la otra mitad se encarga una banda en estado de gracia, con ese frontman endiablado llamado Abraham Boba al frente. Y luego hay otra: solo con que hubieran escrito “Ser brigada” ya se habrían ganado el cielo. Qué canción, señora. LO-CU-RA.

El concierto ha terminado y sigo gritando a lo hooligan y cantándole a mi presidente que se pudra como un ramo de rosas. “Vamos a ver a las zagalas”, dice mi colega Mario. Las zagalas son The Big Moon, un cuarteto británico de lo-fi garajero con muchos oooohs y aaaahs. Es curioso que, siendo inglesas, suenen tan americanas. Me vienen a la cabeza Pavement, Pixies y unas Ex Hex que mamaran flanera noventera. Lo suyo mola: tienen canciones, actitud y humor. Si este es un mundo justo, no les puede ir mal.

Entonces noto que tengo los gemelos reventados. Me siento en el suelo y un tipo que se parece mucho a Ángel Stanich me ofrece speed. Le digo que no, que tengo que escribir una crónica. Él dice: Pero si así vas a escribir mejor, tío. Yo le contesto que no, que soy peligroso y que…el tío no me deja terminar. Dice: Ah, que tú eres de los míos. Es el momento de pirarse.

Ha sido un viernes de conciertos muy irregulares. No decepcionantes, porque el cartel tampoco apuntaba a otra cosa, pero quizá se espera otro nivel de un festival (supuestamente) asentado.

Llego a Trapería y Murcia está desierta y el suelo está mojado. Tengo la cabeza como un bombo. Me apetece este silencio. Creo que es imposible disfrutar de 12 conciertos en un día. Entonces oigo pasos detrás de mí y creo que alguien me persigue. Acelero.

Texto: Santini Rose

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3 comentarios
  1. mikel says:

    Hola.
    Que decir sobre la critica de Belize? Ojalá este tipo no tuviese el atrevimiento de hablar para ofender entre malintencionadas lineas.
    Criticas una forma de vestir, una forma de ser, pensar o sentir, en vez de hablar de sus canciones, su puesta en escena o cualquier cosa referente a su música. Sin temor a poder dañar la imagen de unos chicos que hacen lo que les gusta, de la manera que les gusta y sin complejos. Parece que todos tenemos que ser de una forma determinada o te dan duro….
    Quizás podrías haber pensado que comentarios de este tipo pueden doler….Qué manera tan profesional de hacer crónicas.

    ¿Qué te parece un change.org para no vuelvas a escribir “crónicas” basadas en argumentos estupidos?

    Mikel

    Responder
    • Redacción ByTHEFEST says:

      Sentimos que te haya ofendido la crónica, simplemente es opinión y consideramos que todo es opinable (como el trabajo que nosotros hacemos).
      Un saludo.

      Responder

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