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SOS 4.8: La fiesta tiene nombre propio y es Crystal Fighters

Los accesos al SOS están desbordados de gente. En las colas, mucha impaciencia, dentro suena ya Kakkmaddafakka y Begun, y en no demasiado irrumpirán en el escenario nada más y nada menos que The xx. La aplicación para smartphones que ha creado el SOS es una auténtica guía de supervivencia dentro del recinto: mapa, artistas y horarios. Antes de entrar de lleno en la parte musical visitamos la Mustang Art Gallery, allí se encuentra el trabajo de Marcel·lí Antúnez, Carlota Juncosa, David Bestué, Juan José Rosado, Pioneros del SXXI, Venga Monjas, Víctor Jaenada y Black Tulip. Un recorrido a través de cabinas donde están expuestas o están siendo proyectadas las obras de los participantes.

Tras esto, nos preparamos para asistir al espectáculo melancólico y desgarrador de The xx, que presentan Coexist. La recepción del público es desigual; de una parte encontramos a los fans que cantan todo y entran en éxtasis con temas como Try o Angels, y por otra a los que necesitan algo más explosivo para continuar la fiesta. El espectáculo de luces deja un par de equis frente al escenario. Jamie, que luego actuará en solitario, se encarga de que la gente se mueva, dentro de lo que permite el género. Pese a no ser un show para perder el control, el pop intimista del grupo aporta un punto distinto al festival que se agradece.

Concierto de The xx. 

Concierto de The xx

De ahí a Bloc Party, una de las bandas más esperadas. La presencia de Kele Okereke y los suyos ha generado grandes expectativas entre el público. El repertorio resulta algo ecléctico, con canciones de Four, su cuarto disco, pero también de Silent Alarm, su debut, generando estas últimas momentos de gloria en un concierto que por otro lado, no termina de fluir. Kele pasa de abrazar su guitarra, a soltarla para animar al personal. Si bien fue algo irregular, las guitarras de Bloc Party rugieron para reclamar su territorio en una noche muy electrónica.

La siguiente cita es con John Talabot, en una parte del recinto más oscura, atravesada por los haces de luz que se proyectan desde un escenario en el que el catalán trabaja para que la gente lo pase bien. Alguien a mi lado exclama que le encanta este sonido de Miami en los ochenta. Otros sencillamente levantan sus vasos de cerveza y se agitan eufóricos. Los asistentes se convierten en apariciones fugaces, visibles sólo cuando un rayo o un destello recorta su silueta contra la oscuridad. En estos momentos en que las caras de alegría quedan congeladas en tus retinas es cuando te das cuenta de la felicidad que hay a tu alrededor.

A las dos y media de la madrugada viene el hit de la noche. Crystal Fighters arranca con un Sebastian Pringle de camisa brillante y aspecto de profeta sesentero. Encadenan Solar System, Champion Sound y Follow, y la locura se desata. La suerte está echada. Ese hombre, como dice una amiga, es una rave en sí mismo. Se contorsiona sumergido en el clamor de la txalaparta, su melena de Jesús de Nazaret en Jesucristo Superstar serpentea en el aire al ritmo de sus bailes chamánicos. Habla de amor y se comunica todo el tiempo con el público, que está encantado y se ha contagiado del mensaje del grupo. Queda claro que los festivales y directos en general son un hábitat en el que los integrantes de Crystal Fighters se sienten especialmente cómodos. Wave y Separator, dos temas del nuevo álbum, son coreados al máximo, como si fuesen ya viejos conocidos. Buena señal para la banda. El final es una última explosión en un concierto que no decae en ningún momento, todo lo contrario. Cuando tras Home y Plague llega I love London, la gente baila hasta bastante tiempo después de que el grupo haya acabado y se haya marchado del escenario. Nadie quiere que el sabor que ha dejado los ingleses desaparezca.

Crystal Fighters

A partir de las cuatro de la madrugada, Modeselektor y Elyella se reparten a la facción del público que queda, todavía muy numerosa e incombustible. En el Escenario Jägermeister, los segundos hacen estragos. Tan pronto suena por allá algo de los sudafricanos Die Antwoord como de Nirvana como de Mumford & Sons. Nada está fuera de su alcance. Sólo se ven brazos en el aire.

Son más de las seis y ya hay bastante gente abandonando el festival. De camino a la salida compruebo como en el escenario SOS Club by Ron Brugal, Gomad! & Monster lo están dado todo por el dubstep. Decido parar porque el ambiente es inmejorable. Pensaba acostarme ya, pero ya tendré tiempo para dormir. El SOS ha dado el pistoletazo de salida a la temporada de festivales y tengo la suerte de estar aquí. No puedo rechazar la invitación que supone ese bestiario electro y bizarro que hay sobre el escenario. Alguien moja a la gente con una botella de agua. Otros se tumban y abrazan en el césped. Otros se besan. Y mañana sigue.

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