martires del compas territorios sevilla

TERRITORIOS SEVILLA 2015: CRÓNICA SÁBADO

Comenzó la segunda jornada de Territorios Sevilla con el anuncio de un ligero retraso en la hora de comienzo de algunos conciertos. Ligero retraso que a la postre se convirtió en una hora y media para ver a Calle 13 y de casi una hora para The Ting Tings. Pero esta circunstancia no pareció importarle a casi nadie. El público que inundaba los jardines del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo no tenía prisa. La noche es joven y las monedas de la viagra se transformaban en cervezas o en kebab de falafel.

A los bosnios Dubioza Kolektiv tampoco les importó romper el hielo. Estos siete tipos vestidos con camisetas amarillas de futbolistas de la marca Ziggi practican un ska saturado de esos graves que incitan a bailar. “USA” puso a la peña en danza, y de ese trote ya no nos bajaríamos. Repartieron leña a diestro y siniestro en canciones infecciosas como “European song”: la Merkel, Sarkozy, el FMI, Berlusconi y sus prostitutas (qué culpa tienen ellas de que les guste tostarse en las piscinas). El saxofón rocanroleaba de vez en cuando. Lanzaron confetti amarillo, uno de los dos cantantes saltó el foso para mezclar sus estribillos pegadizos con el público. Hicieron apología de la piratería musical enarbolando una bandera de pirata, de pirata de la bahía. Con movimientos coreografiados felicitaron al Betis, al Sevilla, a las camareras más guapas del mundo. En la segunda parte del set aludieron a sus inicios, a sus raíces balcánicas. Pero ni eso les salvó de un cierto aire de monotonía.

Veinte años después de su nacimiento, y tras ocho años de ausencia, Mártires del Compás volvían a reunirse para la gira “Hola y adiós”. El simpar Chico Ocaña irrumpió en el escenario con sudadera turquesa, gorra marrón y gafas de sol. Como un rapero de sí mismo. Flanqueado por sus músicos más comprometidos, el sabor de la guitarra flamenca de Manuel Soto y el arte, el cante y el baile de Rocío Vázquez, la Martiresa, que le guía por el camino y le sopla algunas letras. Fueron los mártires el eslabón necesario entre Martirio y Pata Negra en unos 90 con algún que otro desafortunado flamenquismo. Y en este multiecléctico Territorios consiguieron poner a sus pies por igual a erasmus, rastafaris, hipsters y simpatiquísimos fans sureños de toda la vida. Renació con brío y nostalgia esa “antropología de los sentimientos”, esas viñetas de la sevillanía urbana y surrealista difícilmente extrapolable a otra latitud. Fueron cayendo clásicos como “Oremus” o “Tiriti rap”, al tiempo que Chico no dejaba de congratularse por la debacle de Zoido. Funky rap del extrarradio en canciones como “Dulce”, flamenco medioambiental en “La lava tóxica” o “Galicia calidade”, tango en la historia de amor desesperada de “El tangao”, rumba en la emocionante “Cara a cara” o sonidos étnicos en “Quiere y no puede”. Como si el tiempo no hubiera pasado. Así de a gustito estaban estos mártires del nuevo siglo. Tanto que Chico se quitó las gafas y la gorra y dejó al viento su pelo planchado para enfilar la recta final, en la que guiñaron a Nino Bravo, Chayanne o Prince en sui generis relecturas de “Libre”, “Torero” y “Purple Rain”. Al final, para sublimar el tópico de lo andalusí, otro lote de sevillanas y blues: “Por el centro”, “Sevillanas billy” y “Jorge”. Por favor, que no pasen otros ocho años sin subirse a un escenario.

Una intro con sonidos de balas advierten de que vivimos en tiempos de fuego cruzado. ¿Pero no fue siempre así? Seguro. Pero para ese público adolescente que descubrió ayer a Ilegales el mundo comienza hoy. Como ya se ha dicho por ahí, el repertorio de Jorge Martínez no solo no ha perdido vigencia, sino que parece recién escrito. Y consciente de ello, la bestia de Avilés, acostumbrada a conciertos de más de dos horas, confeccionó para el festival un programa de hora y veinte minutos repleto de ira, convulsión y desespero juvenil. Temas de su último disco (“Voy al bar”, “Hipster”, “Regresa a Irlanda”, “El teléfono y el mal”) se entrelazaron sólidamente con gemas de todos sus discos anteriores, biblia sagrada del rock cantado en español. Empezar con “Los chicos desconfían” y “Europa ha muerto” es poca broma, pero si después le siguen “Chicos pálidos para la máquina” y “Suena en los clubs un blues secreto”, ambas con una importancia especial de los teclados, no cabe duda de que el juego va muy en serio. Estuvo El Demonio menos locuaz que de costumbre, no era cosa de gastar el poco tiempo de que se disponía en explicar lo que ya hacen por sí solas canciones como “No me gusta el trabajo”, “Yo soy quién espía los juegos de los niños” o “Todos están muertos”, que algún chaval del público confesaba habérsela escuchado cantar a su hermano a los cuatro años. Con “Agotados de esperar el fin” y “Dextroanfetamina” comenzó en las primeras filas el inevitable pogo de cualquier misa ilegal que se precie, para desespero de las fans que esperaban a Calle 13. “Para siempre” y “Regreso al sexo químicamente puro” son canciones turbias y hermosas. Acabar con “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”, “Soy un macarra”, “Eres una puta” y “Destruye” te garantiza un podio en la gloria de este festival.

Los hermanastros René Pérez Joglar, “Residente”, y Eduardo Cabra Martínez, “Visitante”, o sea, Calle 13, llegaron a Territorios con una gran banda que incluía metales y percusiones varias. Venían a presentar su último y multipremiado disco, “Multiviral”, y sin duda fueron los triunfadores del festival, los que consiguieron congregar a un mayor número de personas. Nadie pudo parar de bailar   con esta batidora de ritmos latinos, que lo mismo apelaba al sexo y a Freud en “Fiesta de locos” que a la diferencia de clases en “Como bailan los pobres”. En esta fiesta de la reivindicación no faltó la potentísima “El aguante”, los recuerdos a Ada Colau y momentos románticos como “No hay nadie como tú”. La cumbia y el acordeón cobraron protagonismo en “Los aburridos”, el hip-hop conciliador en “Adentro” y el son cubano en “Pa’l norte”. La canción “Multiviral” se abrió paso con un potente riff de guitarra. Con “Tango del pecado” fue imposible parar los pies. “Ojos color sol”, el tema que compusieron con Silvio Rodríguez, fue un bajón de inspiración. El groove volvió con “Calma pueblo”. “Atreve te te” dignificó el reggaeton, y la gran fiesta terminó con la balada “Muerte en Hawai” y una nueva invitación a romper las reglas a través del ska latino “Vamo’ a portarnos mal”.

Entre cervezas voladoras, redes móviles caídas y el tedio de la espera, llegó el dúo de Manchester The Ting Tings, reconvertidos en trío para su presentación en directo. Ya habían anunciado en su entrevista para Bythefest que sus directos son agresivos y algo alejados del formato de un concierto de pop. Y bien claro que lo dejó Katie White, la chica de la voz, la guitarra, el bajo y el cencerro, que después de despachar dos de sus primerizos éxitos, “Shut up and let me go” y “Great Dj”, nos  invitó a que nos sintiésemos como en un club ibicenco donde convivieron el sonido industrial con las primeras referencias de Madonna.

Texto: Marcos Gualda

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