TRUENORAYO

UNA OPCIÓN DIFERENTE (II): TRUENORAYO FEST

Uno de los temas que se trataron en la mesa redonda en la que participé la mañana del sábado, dentro de la programación del Truenorayo Fest en Puerto de Sagunto, era el de los festivales clónicos. Mi postura es muy clara al respecto: no pasa nada señores; siempre y cuando haya opciones diferentes para públicos diferentes, claro. Tenemos la insana costumbre de mirar al resto como rivales, como alguien que se está comiendo el pastel que a nosotros nos corresponde, pero creo que realmente el tema se puede analizar desde un punto de vista diferente, mucho más positivo. Que ahora existan festivales en cada esquina y que la mayoría esté cortado por el mismo patrón –festivales indies con alguna de las bandas nacionales que están de moda-, no responde más que al relevo de las fiestas populares de los pueblos en las que el ayuntamiento de turno -antes de arruinarse – contrataba al más puro estilo del Chelsea de Roman Abramovic a Los Secretos, M Clan, Miguel Bosé o la Pantoja. Esto es una moda y como tal hay que tomarla. Lo realmente preocupante es el poco apoyo y las dificultades que se encuentran las alternativas a este tipo de propuestas, la mayoría sin ambición mercantilista y con una visión tal vez demasiado romántica de lo que es esto de la música y su misión cultural. En resumen, me parece algo totalmente inservible, incluso hipócrita, quejarse de la abundancia de eventos que no nos gustan, cuando no nos esforzamos en apoyar iniciativas que responden perfectamente a esas “necesidades” que solicitamos cuando alguien “por amor al arte” nos las proporciona (es muy fácil ser alternativo y solicitar riesgos con la pasta de otros).

Uno de esos festivales diferentes, una de esas alternativas humildes y apetecibles, se celebró este pasado fin de semana en el Casal Jove del Puerto de Sagunto. El Truenorayo Fest, organizado por Hits With Tits, se lanzaba a la aventura de la segunda edición con un notable incremento de programación: diecisiete bandas llegadas de todos los rincones del país (incluso un grupo londinense) y casi todo a sus propios lomos. Realmente, aparte de la buena voluntad y el esfuerzo de los implicados, estas chicas sufren lo indecible para hacer que este festival gratuito se pueda llevar a cabo, pero están consiguiendo algo que a muchos les puede parecer increíble: hacer fuera de una gran ciudad un pequeño festival gratuito, con unas ayudas escuálidas y sin grandes sponsors.

Durante las dos jornadas del Truenorayo Fest, se puso de manifiesto la buena salud de las bandas emergentes alternativas de este país. El viernes, tras la presentación de las exposiciones de ilustraciones “POSTCARDS.2” y “TITS TOK”, nos encontramos con un interesante muestrario de la nueva música que se hace por tierras valencianas. The Hardbites, Nueva Internacional, Laverge, Black Bowl y Cinépoème, dejaron claro que las nuevas generaciones se lo toman muy en serio, que atrás ha quedado aquella costumbre de subirse a los escenarios con los mínimos mimbres o con un discurso que en muchas ocasiones se desmoronaba rascando ligeramente la pintura fresca del envoltorio. Aunque fue una noche poco concurrida, desde el grunge, el shoegaze, la psicodelia, el stoner rock o la electrónica experimental, cada uno de ellos mostró sus cartas con confianza y todos tenían buenas manos.

La jornada del sábado comenzó con la proyección del último documental sobre Kurt Cobain y con una mesa redonda titulada “Periodismo musical, medios digitales, festivales clónicos y otros males endogámicos” y moderada por Santi Barrachina (Radio Klara), donde periodistas y críticos musicales como Rafa Rodríguez (Verlanga), Marta Moreira (ABC, Esquire), Amalia Yusta (Alquimia Sonora, Las Provincias) y el que aquí les escribe, expusieron sus puntos de vista sobre tan suculentos temas. El éxito de esta acción, más que en las opiniones de los que se sentaron a la mesa, estuvo en la gran cantidad de gente que se interesó por llenar la sala donde se celebró la amigable charla antes que estar de vermú al aire libre.

Tras empezar con la imagen y la palabra, se continuó con el verdadero protagonista: la música. Hits With Tits y Blutaski Dj amenizaron en su labor de pinchadiscos el momento de la paella popular, imprescindible para coger fuerzas ante la extensa nómina de conciertos que teníamos por delante. El ambiente era magnífico – había incluso familias con niños- y mientras todo esto sucedía, Laura Castelló y Ada Díez pintaron un mural en la entrada del Casal Jove. Posiblemente, para algunas personas al frente de diversas instituciones públicas puede que el concepto y el fin de todo esto les parezca marciano: acciones culturales alternativas sin necesidad de volverse loco con la pasta.

Antes del comienzo del primer concierto –Kelly Kapowsky-, llegó el autobús (también gratuito) que acercaba a la gente de Valencia a Puerto de Sagunto, y desde entonces, y hasta el final de la noche, el ambiente fue envidiable. Se superaron las expectativas, llegando a completar el aforo de 250 personas de la sala de conciertos – con la gente que estaba fuera charlando, en los stands de los sellos discográficos o tomando una cerveza llegó a haber más de 300 personas-. El éxito de los conciertos, más allá de que las bandas estuvieron especialmente acertadas, fue que muchos de los asistentes se quedaron prendados de grupos que en bastantes casos no conocían. “Estos tocaron en el Primavera, ¿no?”, “me han dicho que esta banda tocó en el FIB y yo seguro que me estaba comiendo un truño recomendado por NME”, “no me jodas que estos son de Xátiva”, fueron algunas de las frases que se pudieron escuchar durante la noche.

Kelly Kaposwsky, PANE, Vietnam, Las Infantas, Mihassan, Árida, Ghost Transmission, Black Islands, Ghost Car, Celica XX, Axolotes Mexicanos y Los Nastys fueron las bandas de este sábado, pero más que hablar sobre ellos –algunos han pasado por las páginas de byTHEFEST y otros lo harán sin duda pronto – este artículo pretende reflejar la misma idea que cuando hablé del Transtropicalia, que existe “una opción diferente”.

No se lleven a engaño, no todo fue perfecto, ni mucho menos. Claro que hubo algún desajuste en el sonido –aunque el Casal Jove suena mejor que la mayoría de las salas pequeñas de muchas ciudades-, claro que hubo gente que hizo botellón en la calle –apenas media docena de chavales- y que algunos vecinos se quejaron del ruido; pero fueron molestias mínimas e insignificantes comparadas con cualquier evento popular realizado en la misma localidad. Todo esto es subsanable con un poco de buena voluntad de todas las partes y el necesario apoyo para este par de chicas que lo han montado todo ellas solas. Para eso también será fundamental que los políticos no utilicen cualquier queja como arma arrojadiza entre ellos, dejando en tierra hostil a las pocas personas que hacen cosas para la juventud más con esfuerzo y pasión que con dinero.

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