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VETUSTA MORLA: “NO PODEMOS GUSTARLE A TODO EL MUNDO”

La banda madrileña Vetusta Morla ha publicado este año “La deriva”, un esperado tercer álbum que se anunció urgente en el sonido y comprometido en los textos, marcados por la crisis actual, pero que en esencia se mantiene fiel a su trabajos precedentes. El disco llega tras el “Concierto benéfico por el Conservatorio Narciso Yepes de Lorca”, que grabaron con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (para recaudar fondos destinados a la reconstrucción del centro), y de “Los ríos de Alice”, un álbum instrumental concebido como banda sonora para un videojuego. El guitarrista Guillermo Galván habla sobre el momento actual del grupo.

 

Habeis comentado que “La deriva” es fruto de la urgencia. ¿En qué sentido?

Era casi una necesidad, porque veníamos de grabar con una orquesta sinfónica y de componer la banda sonora de un videojuego, dos proyectos donde la elaboración y el arreglo definían el concepto. Al empezar a trabajar en este disco, nos dimos cuenta de que volvíamos a estar nosotros seis solos, sin ningún músico más, con los instrumentos de siempre, y queríamos tener una fe más clara en el instinto que en lo racional. La idea era intentar ser un poquito más secos, sobre todo en lo estilístico, hacer un disco más basado en el ritmo, con menos ambientes. Tanto las letras como los arreglos estaban marcados por la premura. No era cuestión de prisa ni de intentar hacer las cosas rápido, sino de dejarnos guiar por la primera idea e intentar confiar en nosotros mismos.

 

Una vez terminado, ¿responde a lo que buscabais?

Sí, totalmente. Al apostar por una contundencia mayor en lo musical, queríamos también que hubiera menos metáforas o subtramas en las letras, a diferencia de canciones y discos anteriores, aunque siempre manteniendo nuestra manera de escribir. Probablemente es el disco que más aire tiene y que más grande suena, porque hay menos cosas.

 

Las letras, efectivamente, son un poco más claras, teniendo en cuenta que solían ser bastante crípticas. ¿Tiene que ver con los temas que se abordan?

Todo va de la mano. Igual que en discos anteriores hemos jugado más con atmósferas y con capas sonoras y eso estaba relacionado con lo que se decía en las letras, que eran más metafóricas, en este disco hemos trabajado mucho el qué y el cómo, el contenido y la forma, y por las circunstancias nos parecía que era el momento de hacer un disco más directo, en el que quizá las cosas fueran menos interpretables. El reto era ser directos, pero sin perder la forma de hacer las cosas que tenemos, sin dejar de lado el trabajo con las imágenes, ciertas texturas musicales… Tiene que ver con lo que quieres contar. El disco ha sido muy urgente a la hora de componerlo y grabarlo, pero ha habido muchas reuniones previas para buscar lo que queríamos.

 

La coincidencia temporal y esas letras más explícitas han propiciado que los medios hayan asociado vuestro disco con los de Amaral y Nacho Vegas. ¿Sentís alguna conexión con ellos?

En una situación como la que estamos viviendo, hay ciertos elementos de empatía no solo con bandas, sino con un montón de gente que a lo mejor hace unos años no tenían mucho que ver a nivel estilístico pero, de repente, coinciden en la forma de ver lo que está sucediendo y de entender el mundo. No solo pasa en la música. Tanto en cine como en teatro están surgiendo formas diferentes de hacer las cosas. Y no es solo cuestión de mensaje. A veces nos centramos en que alguien pone el grito en el cielo en una canción, pero estas cosas tienen también mucho que ver con que haya tanta gente trabajando por su cuenta, sin grandes compañías detrás, siendo responsables de sus propios proyectos, planteando un nuevo tipo de industria. En ese sentido, hay bandas con las que coincidimos, aunque tengan intenciones estéticas distintas.

 

“La deriva” se ha presentado como el disco que marca un cambio en Vetusta Morla. ¿Es así?

Entendemos el disco como un cambio respecto al anterior, pero es verdad que tiene más que ver con ciertos planteamientos y enfoques que con un cambio total. Una de las cosas que nos gusta es que sigue sonando a Vetusta Morla. ¿Qué es el sonido Vetusta Morla? Pues no tengo ni idea, pero hay una cierta relación con lo anterior y un cable a tierra con todo lo que hemos venido haciendo. El planteamiento previo de producción y la manera de grabar son muy diferentes de “Mapas”. Para enfocar un disco nuevo siempre nos parece importante saber que vamos a hacer cosas distintas al anterior. Meternos en jardines que no conocemos, salir de la zona de confort, más allá de llegar a un sitio muy distinto, que no creo que sea el caso.

 

¿Os sentís culpables por las bandas clónicas que han aparecido a partir de vuestro éxito?

Vivimos en un sector donde parece que lo más fácil siempre es comparar con el que acaba de hacer algo en la misma línea. A nosotros, cuando empezamos, nos comparaban también con un montón de grupos. Y entiendo que la prensa o los críticos establezcan ciertas coordenadas. Eso es una cosa. De ahí a descalificar a grupos que están empezando y se lo están trabajando muy dignamente, me parece una falta de respeto. No es que nos moleste que les comparen con Vetusta Morla, sino que lo hagan despectivamente, quitándoles mérito.

 

Suele ser despectivo. De hecho, os habeis convertido en el blanco preferido para ciertos sectores cuando se habla de indie mainstream.

Bueno, no sé, tendrán sus motivos… Vuelvo a lo de antes. Si a alguien no le gusta Vetusta Morla, es normal, es sano y justificable. No podemos gustarle a todo el mundo. Pero de ahí a pensar que somos los responsables de sus traumas, hay una distancia. A muchos de mis amigos no les gusta Vetusta Morla. En España hay bandas de todo tipo, y si una no te gusta, a veces es más positivo hablar de lo bien que lo hacen otras que quedarte solo con lo poco que te gusta una. No es algo que nos quite el sueño.

 

Habeis pasado de “Mapas”, un concepto que sugiere una hoja de ruta clara, a “La deriva”, que significa pérdida de rumbo. ¿Casualidad?

Eso está ahí. Si lo has pensado es que hemos soltado ese cable para que la gente lo pueda tener en cuenta. Lo cierto es que “La deriva” surgió casi como un nexo de unión en un momento en que acabamos la gira de “Mapas” y nos íbamos a tomar un tiempo, porque atravesamos unas situaciones personales en las que estaban cambiando muchas cosas en nuestras vidas y nuestro entorno familiar era un poco extraño… “La deriva” nos parecía interesante desde el punto de vista narrativo, porque nos gustaba que las canciones partieran del momento siguiente a que algo hubiera fallado, ese punto en que te das cuenta de que las cosas no van a ser como iban a ser y se necesita una transformación tanto personal como colectiva para llegar a otro lugar. Era un material muy atractivo.

 

Lo que no cambia es la vocación épica. ¿Os sentís herederos de Héroes del Silencio?

Nos lo han dicho en otras ocasiones, pero somos banda muy distintas, sobre todo porque Héroes del Silencio nacen en un momento en que todavía existía la supebanda de rock, de hecho ellos han sido la última en España, antes de que en los noventa se fragmentara todo. En el sentido de tener mucha presencia, seguidores y una imaginería personal, sí podría existir una relación. En cuanto a la manera de entender la música y la estética no creo que tengamos mucho que ver, pero puedo llegar a entender que haya gente a la que le pueda recordar el fenómeno. A mi es una banda que me interesó mucho en su momento, y cuando tenía 14 o 15 años iba a sus conciertos.

 

“Fuego”, uno de los temas del nuevo disco, podría ser vuestro “Sunday Bloody Sunday”. Solo le faltan los redobles de batería.

Solemos jugar mucho con las intensidades y las dinámicas, y es un tema con un ritmo muy marcado desde el principio hasta el final, casi de corte marcial, aunque no tanto como “Sunday Bloody Sunday”. Puede tener cosas en común con canciones de ese estilo. La letra toca cuestiones muy básicas, en tanto que seres humanos, como mantener lo que nos individualiza. Habla de fuego, pero puede ser la esencia, la dignidad, un montón de cosas…

 

¿Y “¡Alto!”? ¿Cómo surgió un estribillo tan folklórico?

Es una canción que tiene un ritmo complejo, de 7×8, extraño para una canción de sus características, pero es de las que da lo mismo cantarla con una guitarra, un ukelele o sin instrumentos. Tiene referencias a música tradicional, folklórica, de otros países. Escuchamos música de Sudamérica y hay cosas que se te quedan porque son muy interesantes. Es una canción que funciona como receso dentro del disco, y habla de la gente que se ha tenido que ir, de cómo se han sentido prácticamente expulsados de su propia tierra.

 

¿Cómo planteasteis los arreglos de las canciones?

Los únicos músicos adicionales que hay son los de la sección de metal, y fue casi una transgresión, porque decidimos que no iba a haber ninguna colaboración. Al final pensamos que en “Una sonata fantasma” nos venía al pelo, teníamos una melodía de metales en la cabeza cada vez que sonaba la canción y decidimos que el concepto no fuera superior a las ganas que teníamos de hacerlo.

 

En todo caso, son arreglos que pecan más por defecto que por exceso.

Sí, eso es. Ha habido un ejercicio bastante importante de contención. La relación entre las dos guitarras ha sido distinta a “Mapas”, y también la manera de enfocar los acordes… Ha habido cosas que se han quedado en las mezclas. No grabamos mucho, está lo imprescindible. Y también hay un trabajo vocal muy importante por parte de Pucho.

 

En los próximos meses pasareis por festivales como el BBK Live, Cruïlla, PortAmérica, Low, Ebrovisión, DCode y Lemon Pop, entre otros. ¿Cómo van a ser los shows?

Hemos planteado una gira en dos partes. La primera la terminamos en La Riviera y fueron conciertos exclusivamente nuestros, en salas o espacios grandes. Tocamos “La deriva” al completo y el show está basado en el disco, aunque también tiene canciones de los anteriores. Y, por primera vez, lleva asociada una puesta en escena. Es una propuesta muy interesante, que hemos trabajado con el diseñador Maxi Gilbert y que divide el show en tres partes: Una primera de concepto más teatral, luego una más rockera y después el final. En festivales lo que hacemos es una mezcla de los tres discos que, por necesidades de guión, es más corta. Tocamos dos horas en sala y en festivales serán unos 75 minutos. Estamos trabajando en la manera de reconvertir el espíritu de lo que hemos estado haciendo en salas para adaptarlo a los festivales.

 

¿No está saturado el mercado de festivales? ¿No tocais siempre los mismos?

Aunque tiene grandes bandas, la escena musical española tampoco es tan grande. Hay tantos festivales, que es normal que se repitan los carteles, no queda otra. Pero pasa en todas partes. Si miras el cartel de Vive Latino (México) de los últimos diez años, el 80% de las bandas son repetidas. Es complicado. ¿Dónde está el equilibrio entre el mantenimiento de la escena y la aparición de nuevas propuestas que la vayan renovando? Y, al mismo tiempo, que sean atractivas para el público. Durante muchos años ha habido un boom de festivales y es verdad que a veces tenías dos a 40 km de distancia con los mismos grupos. Eso es inviable, una saturación evidente, pero también es cierto que aunque sea de una manera más tímida que en otras ocasiones, están saliendo bandas. Pienso en León Benavente, que es gente que viene de otros grupos, pero el año pasado sacó un disco, empezó a tocar y va a ser uno de los platos fuertes en festivales este año. O Fuel Fandango, que están siendo casi de cabeza de cartel en muchos sitios… Hay que darles tiempo, pero los festivales necesitan permeabilidad para que salgan nuevas bandas. Pasa en España y en todos lados.

Eduardo Guillot

Fotos: Jerónimo Álvarez

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